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viernes, 31 de julio de 2026

Disertación sobre el verdadero espíritu jesuita



A propósito del retrato que pintó Rubens de San Ignacio de Loyola

El 31 de julio es el dies natalis, o día que nació en el Cielo, de uno de los más grades sacerdotes y fundadores de la historia de la Iglesia: San Ignacio de Loyola, que falleció en esa fecha del año 1556 y fue canonizado en 1622. Desde luego, San Ignacio es muy conocido por haber fundado la Compañía de Jesús, la orden jesuita. Esta orden ha dado a la Iglesia muchos de sus más intrépidos y exitosos misioneros, que han llegado a los rincones más apartados de la Tierra. Nos acordamos de San Francisco Javier; se calcula que a lo largo de sus viajes el santo navarro bautizó a unos 30.000 conversos, impulsado por el amor de Dios y la preocupación por el trágico destino eterno cuantos mueren fuera de la Iglesia.

Un magnífico cuadro del pintor flamenco Pedro Pablo Rubens (1577–1640), devoto católico, realizado hacia la época de la canonización del santo, capta gráficamente muchas de las cualidades que hicieron grandes a San Ignacio y a su orden.


Aparece con la mirada alzada al cielo en profunda meditación a la espera de que Dios lo ilumine indicándole su voluntad, infundiendole la guía y la fortaleza del Espíritu Santo. Sin duda, es una alusión a los ejercicios espirituales con los que San Ignacio, a partir de su honda vida espiritual y su experiencia en dirección de almas, formuló unas reglas concretas por las que los cristianos podían discernir entre la voz de Dios y las voces contrarias del mundo, el demonio y la carne. Medio ideal para abrirse paso en un mundo azotado por la tempestad de la rebelión protestante, que los jesuitas combatieron con un ardor que culminó en la impresionante fortaleza de la muchedumbre de mártires jesuitas que derramaron su sangre en la Inglaterra isabelina.

Rubens representa la cara del santo con expresión serena y decidida, resuelto a hacer lo que Dios quiera, como Él quiera y cuando Él quiera. Sin la frenética prisa del temerario que se arroja al peligro impulsado por un falso entusiasmo, ni la pusilánime vacilación del que duda, cuestiona o se acobarda ante el dolor y las dificultades. Tiene la actitud del caballero cristiano dispuesto a empuñar las almas contra una avalancha de obstáculos.

Ha bebido serenamente de la Fuente misma –Dante cantó que en la voluntad de Dios encontramos paz–, y puede por tanto irradiarla a los demás, atrayéndolos así para que lo sigan en amistosa compañía, la Compañía de Jesús. El sutil pincel de Rubens nos permite captar también una mezcla de remordimiento por los propios pecados y lamento por la penosa situación de otros, en particular herejes, cismáticos, infieles y paganos, por cuya conversión se volcaron él y sus hijos espirituales.

San Ignacio aparece ante el altar vistiendo casulla, pues era sacerdote del Altísimo y ofrecía cada día el Sacrificio incruento que lleva a cabo nuestra redención:

Los jesuitas nunca han tenido fama de buenos liturgistas, pero siempre han entendido que la Santísima Eucaristía es la ardiente caldera de la caridad que impulsa toda nuestra oración y trabajo. Para San Ignacio, la sagrada liturgia era ciertamente fuente y culmen de toda su vida cristiana. Esta devoción a la Presencia Real se hace patente en los espléndidos templos barrocos desperdigados por Europa y otros continentes, todas ellas tabernáculos de Emanuel.

Que Rubens pintara a San Ignacio con una casulla roja ricamente recamada en oro –el oro de la dignidad real y el rojo del testimonio abnegado y el fuego del Espíritu Santo–, transmite un mensaje solemne: que no hay nada más importante y valioso que el culto a Dios, en el que debemos poner todo empeño y diligencia. Al igual que el firme mármol del altar, el santo se alza inalterable en la Fe católica que fue llamado a defender.

Todo ello lo hace según reza el lema que figura en la cabecera de la página del libro que tiene colocado sobre el altar, Ad majorem Dei gloriam, para mayor gloria de Dios. Aquí no cabe la menor duda sobre quién está primero, la criatura o el Creador, el Verbo o el mundo. Dios es el principio y el fin, y a Él debemos la existencia, la vida, el culto y la eterna bienaventuranza. Nada ni nadie puede contradecir su primado: somos siervos suyos, hijos de su Esposa, y hemos de pensar y actuar conforme a ello.


Desgraciadamente, en comparación con San Ignacio y con muchos nobles miembros de la orden que siguieron sus huellas, la Iglesia actual nos pone ante los ojos el escándalo de numerosos jesuitas influyentes que han traicionado cuanto propugnaba su fundador.

En vez de apoyar con humildad el rico, complejo y lleno de sentido culto romano según se fue desarrollando bajo la dirección de la Divina Providencia, el jesuita Josef Jungman sentó las bases de su derribo. Contemplando el cuadro de Rubens, podríamos decir que Jungman cambió los brocados barrocos por cortinajes de poliéster.

En vez de combatir el error del evolucionismo darwinista, el jesuita Pierre Teilhard de Chardin lo abrazó como un nuevo paradigma del catolicismo en el que la Iglesia y su doctrina quedan subordinadas al espíritu de los tiempos y la expansión del universo.

En vez de resistir el pernicioso error consecuencialista (que un fin bueno justifica un medio malo), el jesuita Josef Fuchs lo promovió durante décadas en la Pontificia Universidad Gregoriana, envenenando con ello a generaciones enteras de teólogos morales. Los mismos que combaten impíamente la doctrina católica sobre matrimonio, familia y vida, en particular sobre conceptos fundamentales de actos intrínsecamente malos; es decir, que por su propia naturaleza son malos siempre y en todo lugar.

En vez de poner sus talentos al servicio de la conversión y curación de homosexuales practicantes que se destruyen a sí mismos y perjudican el bien común de la sociedad, el jesuita James Martin siembra confusión en la moral y la Iglesia, de una manera más diabólica todavía al presentarla de una forma que parezca cosa de sentido común, moderación y misericodia.

Y sobre todo, en vez de confirmar a sus hermanos en la verdadera Fe recibida de los Apóstoles, transmitida por los Padres, formulada por los Doctores, experimentada por los místicos, de la que dieron testimonio con su sangre los mártires de la Compañía y que el Magisterio perenne ha ido confirmando a lo largo de todas las generaciones, el jesuita Jorge Bergoglio dio ante el mundo el escándalo sin precedentes de un pontífice que sembraba confusión en cuanto al dogma y la moral católicos, haciéndoles el juego al programa secularista mundial y al libertinaje imperante en el Occidente de hoy (un detallado elenco de ejemplos pueden verlo en el libro The Disastrous Pontificate de Dominic J. Grigio.


En vez de una Iglesia que convierta al mundo, observamos una iglesia convertida por el mundo. Es la antítesis misma de lo que fue el verdadero San Ignacio de Loyola, que habría expulsado de la Compañía a los sacerdotes arriba mencionados e incoado procesos de excomunión contra ellos.

En su audiencia general del 9 de octubre de 2019, el papa Francisco dijo lo siguiente: «¿Pertenezco a la Iglesia universal (buenos y malos, todos) o tengo una ideología selectiva? ¿Adoro a Dios o adoro las fórmulas dogmáticas?»

Aparte la falsa contraposición y el sentimentalismo implícitos en la segunda pregunta, que recuerdan más al verano del amor de los hippies de Woodstock que a la caridad cristiana que ama a Dios y al prójimo con base en la fe en la divina Revelación, me gustaría señalar que el papa Bergoglio se aleja del gusto por la aprobación de definiciones dogmáticas que albegaban señalados miembros de su orden, intelectuales modernos a los que se suele elogiar (e incluso está de moda hacerlo). Francisco era un caso aparte aun entre los suyos. Veamos algunos ejemplos, teniendo presente que no afirmo que ninguno de dichos jesuitas sea ortodoxo (por desgracia, en las últimas décadas es raro encontrar uno que lo sea).

El Pierre Rousselot, S.J. (1878–1915) escribió lo siguiente en The Intellectualism of St. Thomas Aquinas:

«Es natural que un amor apasionado por la Mente absoluta engendre amor al dogma. La verdad de la Fe es el fundamento de nuestra religión. Si la religión fuera un mero producto humano, y el dogma la pura expresión de reacciones humanas a las realidades del dogma, sería la mayor de las necedades sacrificar la felicidad humana o la vida humana por el dogma. Pero el dogma contiene verdad, es más cierto aún que la ciencia, y el objeto del dogma está por encima y más allá del hombre. Del mismo modo, los pecados contra el dogma son los más graves, y los errores en cuanto a ideas son más que peligrosos que los relativos a hombres. Si desechamos el dogma, desechamos a Dios. Atacar el dogma es atacar a Dios. Pecar contra el dogma es pecar contra Dios.»

Tenemos que indagar el motivo de tan sorprendentes afirmaciones. En el caso de un ser humano, lo que es, quién es y cuáles son sus cualidades, ideas y voliciones varían de una persona a otra. Aunque hay unidad sustancial, la diversidad accidental es mayor. Por eso, atacar las ideas o decisiones de alguien no es lo mismo que atacar a la propia persona, su naturaleza humana o su dignidad personal.

Con Dios es muy diferente. Dios, su naturaleza, su personalidad, sus ideas, sus intenciones, su verdad y su amor tienen identidad entre sí. Es totalmente uno. Sería, por tanto, imposible amar a Dios sin amar igualmente todo lo que es verdad en Él y sobre Él. Dios es verdad. Por esa razón, es imposible adherirse al dogma sin adherirse a Dios. La medida en que uno está dispuesto a abrazar el dogma determina con precisión nuestro amor a Él. Manifestamos amor a Dios abrazando su verdad, y abrazamos su verdad porque lo amamos.

En su magnífica obra El Cuerpo Místico de Cristo, el P. Emile Mersch SJ (1890–1940), con semejante entusiasmo por el don divino del intelecto y la nobleza inherente de la verdad, habla de virtudes y de vicios para entender iluminado por la fe:

«Dice el dogma [al cristiano]: “¡Piensa! Piensa con todas tus fuerzas, con toda tu lealtad; piensa como debe pensar un hombre cuando piensa con Dios”. Pero cuando Dios confió su verdad al intelecto de los hombres respondiendo a su necesidad de entender, ¿acaso no les impuso el deber de buscarla? Al incorporarse Dios a la humanidad en el mundo encarnado, ¿acaso no quiso impartirles un nuevo conocimiento, y despertarlos así a una nueva forma de entender digna de Aquel que los ayuda a alcanzarlo y digno también de los hijos de la luz. Cuando Dios viene a habitar en el intelecto como verdad, ¿va a querer que el intelecto se salve sin cooperar? Cuando instala su verdad en la mente, ¿no equivaldría reprimir el deseo de conocerla a expulsarla del alma? ¿Acaso la falta de interés en comprender no es pecado de omisión, acaso el desprecio y la blasfemia no son análogos en el orden del conocimiento a la indiferencia por el bien y a la neutralidad en el orden de la volición? Una fe que renuncia a entender renuncia a la vida […] El mismo Cristo reside en los pronunciamientos dogmáticos, la autoridad magisterial oficial de la Iglesia y la vida de la gracia […] pues la Verdad es Cristo […] Los cristianos viven de la verdad».

Como para desarrollar más el concepto expresado por sus compañeros de orden, el influyente patrólogo Henri de Lubac SJ (1896–1991) dijo lo siguiente de la herejía en su libro Nuevas paradojas:

«Si los herejes ya no nos suscitan horror como en tiempos de nuestros antepasados, ¿estamos seguros de que es porque somos más caritativos? ¿O no sería quizás, en demasiados casos y aunque no nos atrevamos a decirlo, porque la manzana de la discordia, es decir la sustancia misma de nuestra fe, ya no nos interesa? Al tener una fe excesivamente familiar y pasiva, es posible que los dogmas no sean ya para nosotros el Misterio en que apoyamos nuestra vida, el Misterio que ha de cumplirse en nosotros. De ahí que la herejía ya no nos escandalice. Al menos, ya no nos horroriza ni lo vemos como algo capaz de arrebatarnos el alma […] Por eso no nos importa tratar con amabilidad al hereje ni hacemos ascos a codearnos con él […] Desgraciadamente, no siempre es la caridad la que ha aumentado o está mejor iluminada; es en muchos casos la fe, el gusto de lo eterno, lo que ha menguado.

El P. Piet Fransen, SJ (1913–1983), teólogo e historiador belga, precisó en su libro Intelligent Theology que su preferencia por el existencialismo no lo convertía en un relativista:

«Si el Hijo de Dios vino a nosotros y nos habló en nombre del Padre sirviéndose de nuestras palabras, símbolos e imágenes humanas, y si confió su verdad a la Iglesia, institución humana aunque fuera fundada por Dios, y que está unida como su Cuerpo que es y es Esposa del propio Cristo, el acto redentor que fue simultáneamente acto de revelación de los pensamientos y verdades de Dios sobre Sí mismo y el hombre, no sólo nos proporciona la posibilidad, sino el deber de pensar en esas verdades, defenderlas contra posibles deformaciones, traducirla a otros idiomas para otros tiempos y culturas […] Creo firmemente en el bien y el mal, en la verdad y la falsedad, en la ortodoxia y la herejía. A mí me parece que en cuanto la teología desiste de alcanzar la verdad ya no es teología cristiana».

El P. Avery Dulles, SJ (1918–2008) escribió en Magisterium: Teacher and Guardian of the Faith:

«Como oráculo divino, a la Iglesia se le ha encomendado la misión de dar un testimonio autorizado de la Revelación de Dios en Cristo […] Su autorizada enseñanza impone a los miembros de la Iglesia cierta obligación de creer. Al contrario que las sociedades civiles, la Iglesia es una sociedad de fe. Sus miembros están unidos porque profesan una comunidad de verdades reveladas, las cuales se expresan en forma de credos y dogmas. Rechazar la fe común es excluirse de la Iglesia como sociedad. Así pues, la enseñanza del Magisterio tiene una fuerza de ley semejante a los preceptos y leyes humanos […] Por haber recibido la Palabra de Dios, la Iglesia tiene el deber ineludible de transmitirla, explicarla y defenderla de errores».

Podríamos multiplicar indefinidamente estas citas de autores jesuitas, pero no hace falta. Lo que observamos es que la lamentable afición que tenía Francisco a los falsos contrarios (oponer dogma a amor, teoría a práctica, principios a realidad, tradición a progreso y tantas otras cosas), no sólo era repulsiva para el instinto de los fieles y su sentido común sobrenatural (como explicó Roberto de Mattei en una conferencia sobre el sensus fidelium), sino que ni siquiera se ajusta a la teología de los mejores jesuitas actuales sobre el valor absoluto de la verdad racional y dogmática y el grave peligro de abrazar el error o someterse a él, el cual si es grave nos aparta de Dios y la salvación con la misma eficacia de la torpeza moral o el odio al prójimo.

Lo cual nos lleva de vuelta al hombre que fundó la Compañía impulsándola en su trascendental paso por la historia. ¿Qué pensaría San Ignacio de sus hijos de cada época, hasta la nuestra? Que este gran santo de la Contrarreforma –padre, guía y modelo de tantos santos; qué digo, ¡algunos de los más grandes santos de la historia!– interceda por la Iglesia militante afligida y, en concreto, por la orden descarriada que afirma seguir teniéndolo por modelo, para que recupere la ortodoxia y santidad ad majorem Dei gloriam.

Peter Kwasniewski

sábado, 16 de septiembre de 2023

Bergoglio promueve las falsas religiones



Bergoglio en el encuentro interreligioso de Mongolia el 03/09/2023


El domingo 3 de septiembre, en el teatro Hun de Ulán Bator, Mongolia, Bergoglio[1] llevó a cabo un acto interreligioso junto a otras comunidades religiosas, tanto cristianas como budistas -mayoritarias en Mongolia-, además de musulmanes, chamanes, hindúes, judíos y baha’is. Seguidamente transcribo algunos pasajes relevantes de su discurso[2]:

(…) Las tradiciones religiosas, en su originalidad y diversidad, comportan un formidable potencial de bien al servicio de la sociedad.

(…) Quien nos ofrece hoy la oportunidad de estar juntos para conocernos y enriquecernos mutuamente es el amado pueblo mongol, que puede presumir de una historia de convivencia entre representantes de diversas tradiciones religiosas. Es hermoso recordar la virtuosa experiencia de la antigua capital imperial Karakórum, donde se albergaban lugares de culto pertenecientes a diferentes «credos», que daban testimonio de una armonía admirable.

(…) Hermanos, hermanas, por el modo en que logremos la armonía con los demás peregrinos sobre la tierra y en la forma que consigamos transmitir armonía, allí donde vivimos, se mide el valor social de nuestra religiosidad. Cada vida humana, en efecto, y con mayor razón cada religión, tiene que «medirse» en base al altruismo; no a un altruismo abstracto, sino concreto, que se traduzca en la búsqueda del otro y en la colaboración generosa con el otro, porque “el sabio se regocija dando”.

(…) Las religiones están llamadas a ofrecer al mundo esta armonía, que el progreso técnico por sí solo no puede dar, porque, apuntando sólo a la dimensión terrena y horizontal del hombre, corre el riesgo de olvidar el cielo para el cual hemos sido creados. Hermanas y hermanos, hoy estamos aquí juntos como humildes herederos de antiguas escuelas de sabiduría. Al reunirnos hoy, nos comprometemos a compartir todo ese bien que hemos recibido, para enriquecer a una humanidad que, en su caminar, a menudo se encuentra desorientada por miopes búsquedas de lucro y bienestar; y a menudo también es incapaz de volver a encontrar el hilo conductor.

(…) Mongolia, que se encuentra en el corazón de este continente, custodia un gran patrimonio de sabiduría, que las religiones que aquí se difundieron han contribuido a crear, y que quisiera invitar a todos a redescubrir y valorar.


Encuentro interreligioso por la paz en Dhaka, Bangladesh el 01/12/2017

(…) La humanidad reconciliada y próspera, que como representantes de diferentes religiones ayudamos a promover, está representada simbólicamente por ese estar juntos, armonioso y abierto a lo trascendente, donde el compromiso por la justicia y la paz encuentran su inspiración y su fundamento en la relación con lo divino.

(…) en las sociedades pluralistas que creen en los valores democráticos, como Mongolia, cada institución religiosa, reconocida normativamente por la autoridad civil, tiene el deber y, en primer lugar, el derecho de ofrecer aquello que es y aquello que cree, respetando la conciencia de los otros y teniendo como fin el mayor bien de todos. En ese sentido, quiero confirmarles que la Iglesia católica desea caminar así, creyendo firmemente en el diálogo ecuménico, en el diálogo interreligioso y en el diálogo cultural. (…)

Hagamos florecer esta certeza de que nuestros esfuerzos comunes para dialogar y construir un mundo mejor no son vanos. Cultivemos la esperanza. (…) Que las oraciones que elevamos al cielo y la fraternidad que vivimos en la tierra alimenten la esperanza; que sean el testimonio sencillo y creíble de nuestra religiosidad, de nuestro caminar juntos con la mirada elevada hacia lo alto, de nuestro habitar este mundo en armonía, como peregrinos llamados a proteger el medio hogareño.

Comentario personal: Todo esto es modernismo puro e indiferentismo religioso en su más prístina expresión, condenados por la Iglesia innumerables veces de manera inequívoca. Huelga añadir que toda esta inmudicia interreligiosa que practica el apóstata caracterizado y blasfemador serial argentino no constituye en absoluto una particularidad suya, puesto que se basa en los documentos heréticos del CVII -en especial, “Dignitatis humanae”, “Nostra aetate” y “Unitatis redintegratio”-, así como en el pseudo magisterio ecuménico de sus predecesores concilares: los aquelarres multiconfesionales de Asís, organizados por JPII[3] y BXVI[4] en varias ocasiones, son una prueba fehaciente de ello.

Además, el mismo día, luego de la Misa, Bergoglio citó e hizo una apología del jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin, uno de los modernistas más influyentes del siglo pasado[5]:

La Misa es acción de gracias, “eucaristía”. Celebrarla en esta tierra me ha hecho recordar la oración del padre jesuita Pierre Teilhard de Chardin, elevada a Dios hace exactamente cien años, en el desierto de Ordos, no muy lejos de aquí. Dice así: “Me prosterno, Dios mío, ante tu Presencia en el Universo, que se ha hecho ardiente, y en los rasgos de todo lo que encuentre, y de todo lo que me suceda, y de todo lo que realice en el día de hoy, te deseo y te espero”. El padre Teilhard trabajaba en investigaciones geológicas. Deseaba ardientemente celebrar la Santa Misa, pero no tenía consigo ni pan ni vino. Fue entonces cuando compuso su “Misa sobre el mundo”, expresando su ofrenda de este modo: “Recibe, Señor, esta Hostia total que la Creación, atraída por Ti, te presenta en esta nueva aurora”. Y una oración similar había nacido ya en él durante la Primera guerra mundial, mientras estaba en el frente, ejerciendo como camillero. Este sacerdote, a menudo incomprendido, había intuido que “la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo” y que es “el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable” (Laudato Si’, 236), incluso en un tiempo de tensiones y de guerras como el nuestro. Recemos hoy, por tanto, con las palabras del Padre Teilhard: “Verbo resplandeciente, Potencia ardiente, Tú que amasas lo múltiple para infundirle tu vida, abate sobre nosotros, te lo ruego, tus manos poderosas, tus manos previsoras, tus manos omnipresentes.”

Transcribo seguidamente el Monitum del Santo Oficio del 30/06/1962 sobre la obra del sacerdote francés:

Varias obras del P. Pierre Teilhard de Chardin, algunas de las cuales fueron publicadas en forma póstuma, están siendo editadas y están obteniendo mucha difusión. Prescindiendo de un juicio sobre aquellos puntos que conciernen a las ciencias positivas, es suficientemente claro que las obras arriba mencionadas abundan en tales ambigüedades e incluso errores serios, que ofenden a la doctrina católica. Por esta razón, los eminentísimos y reverendísimos Padres del Santo Oficio exhortan a todos los Ordinarios, así como a los superiores de institutos religiosos, rectores de seminarios y presidentes de universidades, a proteger eficazmente las mentes, particularmente de los jóvenes, contra los peligros presentados por las obras del P. Teilhard de Chardin y de sus seguidores.[6]

He aquí una breve síntesis de sus errores[7]:

L’Osservatore Romano del 30 de junio/1 de julio de 1962 publicaba ese monitum, acompañándolo de un extenso artículo sin firma titulado “Pierre Teilhard de Chardin e il suo pensiero sul piano filosofico e religioso”. En ese artículo se afirma que Teilhard incurre en una indebida transposición al plano metafísico y teológico de términos y conceptos tomados del evolucionismo, incurriendo así en diversos graves errores. Concretamente se indican: 1. Un defectuoso concepto de creación, que no salva la gratuidad del acto creador ni la ausencia de un sujeto preexistente. 2. Puntos débiles en la descripción de las relaciones entre Dios y el cosmos, no dejando clara la trascendencia divina. 3. Una extraña presentación de Cristo, como parte del cosmos, que no salva la gratuidad de la Encarnación. 4. Ignorancia de los límites entre la materia y el espíritu. 5. Una concepción insuficiente del pecado, que queda reducido más bien a algo de carácter colectivo. 6. Una concepción naturalista de la ascesis y del sentido de la vida cristiana.

El Padre Leonardo Castellani enumera las fallas de su pensamiento desde una perspectiva católica[8]:

– El transformismo darwiniano dado como verdad cierta.
– La negación de la parusía o Segunda Venida de Cristo tal como la entiende la Iglesia.
– La negación de la redención por la obra personal de Cristo.
– La negación del pecado original, a la manera de Pelagio.
– Monismo materialista evolucionista parecido al de Spencer y Haeckel.
– Panteísmo sutil a la manera de Bergson.
– Interpretación modernista de todos los sacramentos, empezando por la eucaristía, a la manera de Guenther.
– Negación del fin primario del matrimonio y constitución del fin primario del matrimonio en la “ayuda espiritual mutua de los esposos”.
– Aprobación de los medios contraconceptivos en el matrimonio, a la manera de Malthus.
– Negativa implícita de la autoridad de la Iglesia para definir, a la manera de Loisy, Tyrrel y otros.

Extraordinariamente reveladora es la carta escrita a un ex dominico que, a raíz de la encíclica Humani generis, había abandonado la Iglesia para unirse a los “viejos católicos”, y que escribió a Teilhard invitándolo a seguirlo[9]:

Esencialmente considero como usted que la Iglesia (como toda realidad viviente al cabo de cierto tiempo) llega a un periodo de muda o reforma necesaria. Al cabo de dos mil años, es inevitable. La humanidad está en trance de mudar. ¿Cómo no debería hacerlo el cristianismo? Más precisamente, considero que la Reforma en cuestión (mucho más profunda que la del siglo XVI) no es simple cosa de instituciones o de costumbres, sino de Fe. De alguna manera, nuestra imagen de Dios se ha desdoblado: transversalmente (si se puede decirlo así) al Dios tradicional y trascendente de lo En Alto, surge para nosotros una especie de Dios de lo En Adelante, desde hace un siglo, en dirección a algún ‘ultra-humano’. A mi juicio, todo está ahí. Se trata para el hombre de repensar a Dios en términos, no ya de Cosmos, sino de Cosmogénesis: un Dios que no se adora y que no se alcanza más que a través del acatamiento de un Universo que él ilumina y “amoriza” (e irreversibiliza) desde dentro. Sí, lo En Alto y lo En Adelante se sintetizan en un Por-Dentro.

Ahora bien, ese gesto fundamental de engendrar una nueva Fe para la Tierra (Fe en lo En Alto combinada con la fe en lo En Adelante), sólo, yo creo (e imagino que usted es de mi parecer), sólo el cristianismo puede hacerlo, a partir de la asombrosa realidad de su Cristo-Resucitado: no entidad abstracta, sino objeto de una amplia corriente mística, extraordinariamente adaptable y viva. Estoy convencido: es de una Cristología nueva extendida a las dimensiones orgánicas de nuestro nuevo Universo de donde se apresta a salir la Religión de mañana.

Esto establecido (y es aquí donde nosotros diferimos: pero ¿no procede la vida por buenas voluntades titubeantes?), esto establecido, yo no veo en ningún caso medio mejor para mí, para promover eso que anticipo, que trabajar en la reforma (tal como antes la he definido) desde dentro: es decir, en adhesión sincera al phylum del que espero su desarrollo. Muy sinceramente (¡y sin querer criticar su gesto!) sólo en el tallo romano, tomado en su integridad, veo el soporte biológico suficientemente vasto y diferenciado para obrar y soportar la transformación esperada. Y esto no es pura especulación. Desde hace cincuenta años, he visto de demasiado cerca, en torno a mí, revitalizarse el pensamiento y la vida cristiana -a pesar de toda Encíclica- para no tener una inmensa confianza en los poderes de reanimación del viejo tallo romano. Trabajemos cada uno por nuestra parte. Todo lo que sube converge. Muy cordialmente suyo, Teilhard de Chardin.

Inquietantes palabras que hacen pensar en otras pronunciadas nada menos que por el entonces Cardenal Giovanni Battista Montini, en una conferencia dada en Turín, el 27 de marzo de 1960 -tres años antes de convertirse en “Pablo VI”-, intitulada “Religión y trabajo”, las que muestran una notable coincidencia con las elucubraciones “teológicas” del jesuita francés:

¿Acaso el hombre moderno no llegará un día, a medida que sus estudios científicos progresen y descubran leyes y realidades ocultas bajo el rostro mudo de la materia, a prestar oídos a la maravillosa voz del espíritu que palpita en ella? ¿No será ésa la religión del mañana? El mismísimo Einstein previó la espontaneidad de una religión del universo.[10]

Por todo esto es que el Padre Philippe de la Trinité O.C.D. pudo decir respecto al pensamiento de Teilhard de Chardin que[11]:

el teilhardismo es, en el fondo, una deformación del cristianismo, metamorfoseado en evolucionismo monista y panteísta.

Conclusión.

Pues bien, es a ese siniestro personaje que Bergoglio ha elogiado en público -dando a entender que el Monitum del Santo Oficio es fruto de una desafortunada “incomprensión”-, luego de celebrar misa en uno de sus subversivos viajes “apostólicos”. Sin olvidar la mención que hizo en la encíclica Laudato Si’, como él mismo ha recordado expresamente ante su auditorio en Mongolia, con lo que no quedan dudas acerca de su pertinacia en el error. Me parece que no hace falta abundar en comentarios: las conclusiones caen de su peso. Cuando menos, para cualquiera que no haya perdido completamente el uso natural de la lógica ni la virtud teologal de la fe…

ANEXO

Como lo he dicho antes, estos despropósitos de Bergoglio no son en absoluto exclusividad suya. A continuación suministraré un elenco de citas de JPII y de BXVI que prueban la continuidad del discurso y de la praxis modernista de los “papas conciliares”. Todo lo dicho en este artículo acerca del “ecumenismo”, la “interreligiosidad” y la adhesión a la gnosis teilhardiana se aplica con total propiedad a sus antecesores conciliares, lo cual resulta particularmente manifiesto en los “conservadores” Wojtyla y Ratzinger. Estimo indispensable establecer este hecho de manera contundente, a fin de poner en evidencia la profunda incoherencia -amén del absurdo rayano en lo grotesco-, de aquellos que se rasgan las vestiduras y ponen el grito en el cielo por los desmanes y los atropellos bergoglianos -con toda razón-, pero luego proponen como prototipos de ortodoxia y modelos a imitar a quienes en realidad no han sido más que sus precursores inmediatos en la ejecución de la apostasía eclesial a la que asistimos azorados desde el aciago CVII.[12]

I. Con respecto al “ecumenismo” y a la “interreligiosidad”.[13]

A. Juan Pablo II.

1. “Ante todo, es preciso tener presente que toda búsqueda del espíritu humano en dirección a la verdad y al bien, y, en último análisis, a Dios, es suscitada por el Espíritu Santo. Precisamente de esta apertura primordial del hombre con respecto a Dios nacen las diferentes religiones. No pocas veces, en su origen encontramos fundadores que han realizado, con la ayuda del Espíritu de Dios, una experiencia religiosa más profunda. Esa experiencia, transmitida a los demás, ha tomado forma en las doctrinas, en los ritos y en los preceptos de las diversas religiones. En todas las auténticas experiencias religiosas la manifestación más característica es la oración. Teniendo en cuenta la constitutiva apertura del espíritu humano a la acción con que Dios lo impulsa a trascenderse, podemos afirmar que toda oración auténtica está suscitada por el Espíritu Santo, el cual está misteriosamente presente en el corazón de cada hombre. En la Jornada mundial de oración por la paz, el 27 de octubre de 1986 en Asís, y en otras ocasiones semejantes de gran intensidad espiritual, hemos vivido una manifestación elocuente de esta verdad.”[14]

2. “[…] hay que aplicar lo que se ha dicho [sobre el ecumenismo] a la actividad que tiende al acercamiento con los representantes de las religiones no cristianas, y que se expresa a través del diálogo, los contactos, la oración comunitaria, la búsqueda de los tesoros de la espiritualidad humana que -como bien sabemos- no faltan tampoco a los miembros de estas religiones. ¿No sucede quizá a veces que la creencia firme de los seguidores de las religiones no cristianas, –creencia que es efecto también del Espíritu de verdad, que actúa más allá de los confines visibles del Cuerpo Místico- haga quedar confundidos a los cristianos […], tan propensos al relajamiento de los principios de la moral y a abrir el camino al permisivismo ético?”[15]


El ecumenismo, cuyos actos emblemáticos son las reuniones interreligiosas de Asís -convocadas por los últimos tres papas-, es incompatible con el Magisterio de la Iglesia y con la Revelación Divina

3. “Que estas palabras, y otras expresiones de los libros sagrados de las grandes tradiciones religiosas presentes en el suelo fecundo de la India, sean fuente de inspiración para todos los pueblos, y para sus líderes, en la búsqueda de la justicia entre los pueblos y la paz entre todas las naciones del mundo. Mahatma Gandhi enseñó que si todos los hombres y mujeres, independientemente de las diferencias entre ellos, se aferran a la verdad, con respeto por la dignidad única de cada ser humano, se puede lograr un Nuevo Orden Mundial, una Civilización del Amor. Y hoy todavía lo escuchamos suplicar al mundo: vencer el odio por el amor, la falsedad por la verdad, la violencia por el sufrimiento. ¡Que Dios nos guíe y nos bendiga mientras nos esforzamos por caminar juntos, tomados de la mano, y construir juntos un mundo de paz!”[16]

4. “El acontecimiento de Asís puede ser considerado, pues, como una ilustración visible, una lección de hechos, una catequesis inteligible para todos, de lo que presupone y significa el compromiso ecuménico y el recomendado diálogo interreligioso promovido por la Concilio Vaticano II.”[17]

5. “A este Dios confiesa el trapense o el camaldulense en su vida de silencio. A Él se dirige el beduino en el desierto, cuando llega la hora de la oración. Y tal vez también el budista que, concentrado en su contemplación, purifica su pensamiento preparando el camino hacia el nirvana. (…) La Iglesia del Dios viviente congrega a todos los hombres que, en cualquier forma, toman parte de esta maravillosa trascendencia del espíritu humano. Y todos ellos saben que nadie logrará colmar sus deseos más profundos. La manifestación de esta trascendencia de la persona humana la constituye la oración de fe, pero en ocasiones también el profundo silencio. Este silencio, que a veces parece separar al hombre de Dios, es no obstante un acto especial de la unión vital entre Dios y el espíritu humano. La Iglesia de nuestro tiempo se ha hecho particularmente consciente de esta verdad y, por ello, a su luz ha logrado redefinir, en el Concilio Vaticano II, su propia naturaleza.”[18]

Nota aclaratoria: La cita anterior está tomada de los Ejercicios espirituales de Cuaresma del año 1976 predicados a Pablo VI y a la Curia Romana, posteriormente compilados en forma de libro. Wojtyla reconoce que la nueva eclesiología del CVII constituye una ruptura respecto al magisterio tradicional. Por tanto, la manida “hermenéutica de la continuidad” pregonada por Ratzinger no es sino una impostura destinada a ocultar este hecho de una gravedad inaudita. Veamos la nueva definición:

Esta Iglesia [de Cristo], establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, si bien, fuera de su estructura, se encuentran muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica.[19]

Esto fue ratificado por la declaración Dominus Iesus, de la Congregación para la doctrina de la fe del 06/08/2000, n. 16/17:

Con la expresión subsistit in el Concilio Vaticano II quiere armonizar dos afirmaciones doctrinales: por un lado, que la Iglesia de Cristo, no obstante las divisiones entre los cristianos, sigue existiendo plenamente sólo en la Iglesia católica, y, por otro lado, que fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad, ya sea en las Iglesias como en las Comunidades eclesiales separadas de la Iglesia católica […] Las Iglesias (esto es herético, porque existe una única Iglesia fundada por Cristo, a saber, la Iglesia Católica) que no están en perfecta comunión (como si existiera una “comunión imperfecta”, noción completamente contradictoria) con la Iglesia católica pero se mantienen unidas a ella por medio de vínculos estrechísimos como la sucesión apostólica (no es cierto, pues la sucesión apostólica implica el poder de jurisdicción sobre los fieles –potestas iurisdictionis-, no basta con la transmisión válida del poder de orden –potestas ordinis-; un sucesor de los apóstoles es, por definición, miembro de la Iglesia católica) y la Eucaristía válidamente consagrada, son verdaderas iglesias particulares (esto es mentira: son sectas heréticas y cismáticas, las iglesias particulares son las diferentes diócesis católicas). Por eso, también en estas Iglesias está presente y operante la Iglesia de Cristo […].[20]

Esto es muy diferente de lo que enseñaba Pío XII al respecto:
Algunos no se consideran obligados por la doctrina -que, fundada en las fuentes de la revelación, expusimos Nos hace pocos años en una encíclica [Mystici Corporis]-, según la cual el Cuerpo místico de Cristo y la Iglesia católica romana son una sola y misma cosa.[21]
B. Benedicto XVI.

1. Distinguidos huéspedes, queridos amigos: Os acojo esta mañana en el palacio apostólico y os agradezco una vez más vuestra disponibilidad a participar en la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, que celebramos ayer en Asís, veinticinco años después de aquel primer encuentro histórico (…) Mirando hacia atrás, podemos apreciar la clarividencia del Papa Juan Pablo II al convocar el primer encuentro de Asís, y la necesidad continua de hombres y mujeres de distintas religiones de testimoniar juntos que el viaje del espíritu siempre es un viaje de paz.[22]

2. Lugares de culto, como esta estupenda mezquita de Al-Hussein Bin Talal (…) se alzan como joyas sobre la superficie de la tierra. Desde las antiguas a las modernas, desde las espléndidas a las humildes, todas hacen referencia a lo divino, al Único Trascendente, al Omnipotente (…) Musulmanes y cristianos (…) tienen que comprometerse hoy por ser conocidos y reconocidos como adoradores de Dios fieles a la oración, deseosos de comportarse y vivir según las disposiciones del Omnipotente, misericordiosos y compasivos, coherentes para dar testimonio de todo lo que es justo y bueno, recordando siempre el origen común y la dignidad de cada persona humana, que constituye la cumbre del designio creador de Dios para el mundo y la historia.[23]


Benedicto XVI en la reunión interreligiosa de Asís en 2011[24]

3. Queridos hermanos y hermanas, en el Mensaje para la Jornada de la Paz de hoy subrayé que las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la familia humana, y recordé, al respecto, que en este año 2011 se celebrará el 25° aniversario de la Jornada mundial de oración por la paz que el venerable Juan Pablo II convocó en Asís en 1986. Por esto, el próximo mes de octubre, iré como peregrino a la ciudad de san Francisco, invitando a unirse a este camino a los hermanos cristianos de las distintas confesiones, a los representantes de las tradiciones religiosas del mundo, y de forma ideal, a todos los hombres de buena voluntad, con el fin de recordar ese gesto histórico querido por mi predecesor y de renovar solemnemente el compromiso de los creyentes de todas las religiones de vivir la propia fe religiosa como servicio a la causa de la paz. Quien está en camino hacia Dios no puede menos de transmitir paz; quien construye paz no puede menos de acercarse a Dios. Os invito a acompañar esta iniciativa desde ahora con vuestra oración.[25]

4. En todo país democrático corresponde a las autoridades civiles garantizar la libertad efectiva de todos los creyentes y permitirles organizar libremente la vida de su propia comunidad religiosa. Como es obvio, deseo que los creyentes, independientemente de la comunidad religiosa a la que pertenezcan, sigan beneficiándose de esos derechos, con la certeza de que la libertad religiosa es una expresión fundamental de la libertad humana y de que la presencia activa de las religiones en la sociedad es un factor de progreso y de enriquecimiento para todos […] Seguramente el reconocimiento del papel positivo que desempeñan las religiones dentro del cuerpo social puede y debe impulsar a nuestras sociedades a profundizar cada vez más su conocimiento del hombre y a respetar cada vez mejor su dignidad, poniéndolo en el centro de la acción política, económica, cultural y social.[26]

C. Un ejemplo en nuestro país


¡Recemos a Buda, a Alá o a Krishna y se hará la paz en el mundo!

La Conferencia Episcopal Argentina, la Acción Católica Argentina y la Comisión Nacional de Justicia y Paz invitan a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a la iniciativa “un minuto por la paz”. La misma busca sumar nuestro compromiso y oración por la paz, todavía quebrada o amenazada en distintas regiones del mundo. Convocado en todo el mundo por el Foro Internacional de Acción Católica y la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, la idea es que ese día, a las 13.00 hs, cada uno de nosotros nos detengamos un momento, durante un minuto, rezando cada uno según su propia tradición. Podremos hacerlo solos o en grupo, en nuestros hogares o lugares de trabajo o estudio, o compartiendo una celebración en el templo.[27]

D. La verdadera enseñanza católica.

[…] Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión. […] Tales empresas no pueden ser aprobadas por los católicos de ninguna manera, ya que se basan sobre la teoría errónea según la cual todas las religiones son todas más o menos buenas, en el sentido de que todas, aunque de maneras diferentes, manifiestan y significan el sentimiento natural e innato que nos conduce a Dios y nos lleva a reconocer con respeto su poder. La verdad es que los partidarios de esa teoría se extravían en pleno error, pero además, pervirtiendo la noción de la verdadera religión, la repudian […] La conclusión es clara: solidarizarse con los partidarios y los propagadores de tales doctrinas es alejarse completamente de la religión divinamente revelada[28]. Pío XI, encíclica Mortalium Animos n. 2 y 3, 06/01/1928.

II. Con respecto al evolucionismo panteísta de Teilhard de Chardin.

A. Juan Pablo II.

1. Cuando pienso en la Eucaristía, mirando mi vida de sacerdote, de Obispo y de Sucesor de Pedro, me resulta espontáneo recordar tantos momentos y lugares en los que he tenido la gracia de celebrarla. Recuerdo la iglesia parroquial de Niegowic donde desempeñé mi primer encargo pastoral, la colegiata de San Florián en Cracovia, la catedral del Wawel, la basílica de San Pedro y muchas basílicas e iglesias de Roma y del mundo entero. He podido celebrar la Santa Misa en capillas situadas en senderos de montaña, a orillas de los lagos, en las riberas del mar; la he celebrado sobre altares construidos en estadios, en las plazas de las ciudades… Estos escenarios tan variados de mis celebraciones eucarísticas me hacen experimentar intensamente su carácter universal y, por así decir, cósmico.¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo. Ella une el cielo y la tierra. Abarca e impregna toda la creación. […] Verdaderamente, éste es el mysterium fidei que se realiza en la Eucaristía: el mundo nacido de las manos de Dios creador retorna a Él redimido por Cristo.[29]

2. La Encarnación de Dios-Hijo significa asumir la unidad con Dios no sólo de la naturaleza humana sino asumir también en ella, en cierto modo, todo lo que es ‘‘carne’’ toda la humanidad, todo el mundo visible y material. La Encarnación, por tanto, tiene también su significado cósmico y su dimensión cósmica. El ‘‘Primogénito de toda la creación’’, al encarnarse en la humanidad individual de Cristo, se une en cierto modo a toda la realidad del hombre, el cual es también ‘‘carne’’, y en ella a toda ‘‘carne’’ y a toda la creación.[30]

B. Benedicto XVI.

1. [Dios] Pudo así crear también en la resurrección una nueva dimensión de la existencia, pudo colocar, como dice Teilhard de Chardin, más allá de la biosfera y de la noosfera, una esfera nueva en la que el hombre y el mundo llegan a la unidad con Dios.[31]

2. La función del sacerdocio es consagrar el mundo para que se transforme en hostia viva, para que el mundo se convierta en liturgia: que la liturgia no sea algo paralelo a la realidad del mundo, sino que el mundo mismo se transforme en hostia viva, que se convierta en liturgia. Es la gran visión que tuvo también Teilhard de Chardin: al final tendremos una auténtica liturgia cósmica, en la que el cosmos se convierta en hostia viva.[32]

3. La creación con todos sus dones aspira, más allá de sí misma, hacia algo todavía más grande. Más allá de la síntesis de las propias fuerzas, y más allá de la síntesis de la naturaleza y el espíritu que en cierto modo experimentamos en ese trozo de pan, la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo.[33]

4. Un teólogo alemán dijo una vez con ironía que el milagro de un cadáver reanimado -si es que eso hubiera ocurrido verdaderamente, algo en lo que no creía- sería a fin de cuentas irrelevante para nosotros porque, justamente, no nos concierne. En efecto, el que solamente una vez alguien haya sido reanimado, y nada más, ¿de qué modo debería afectarnos? Pero la resurrección de Cristo es precisamente algo más, una cosa distinta. Es -si podemos usar por una vez el lenguaje de la teoría de la evolución- la mayor mutación, el salto más decisivo en absoluto hacia una dimensión totalmente nueva, que se haya producido jamás en la larga historia de la vida y de sus desarrollos: un salto de un orden completamente nuevo, que nos afecta y que atañe a toda la historia.[34]

C. Raniero Cantalamesa.

Para finalizar, no encuentro nada más adecuado que hacerlo transcribiendo un muy esclarecedor pasaje del sermón dado por el Padre Raniero Cantalamessa -predicador oficial de la Casa Pontificia-, en la basílica de San Pedro, durante el oficio de Vísperas de la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, instituida por Francisco el 06/08/2015[35]:

¡Cuánto ha tenido que esperar el universo, qué gran carrera tuvo que tomar para llegar a este punto! Miles de millones de años, durante los cuales la materia a través de su opacidad, avanzaba hacia la luz de la conciencia, como la linfa que del subsuelo sube con esfuerzo hacia la cima del árbol para expandirse en hojas, flores y frutos. Esta conciencia se alcanzó finalmente cuando apareció en el universo, lo que Teilhard de Chardin llama “el fenómeno humano”. Pero ahora que el universo ha alcanzado su objetivo, exige que el hombre cumpla su deber, que asuma, por así decirlo, la dirección del coro y entone en nombre de toda la creación: “¡Gloria a Dios en lo alto del cielo!”[36]

Alejandro Sosa Laprida



[1] Artículo publicado acá: https://gloria.tv/post/iQjRW1QPHgGZ4GyYNdMcr4hLW – Recomiendo acerca de esta cuestión la lectura del libro “Apostasía vaticana”, publicado en marzo, en venta en las librerías Vórtice y Club del Libro Cívico, Buenos Aires. Para más información ver en mi blog “Novedad editorial: Apostasía vaticana”: https://gloria.tv/post/7ynAG7ZfxBvK1MBD4MqN3aMxn


[3] “Juan Pablo II profesaba la herejía de la salvación universal”: https://gloria.tv/post/6zthWmGbzH4c1khnBxDXRbRGf

[4] “Benedicto XVI: ¿Doctor de la Iglesia?”: https://gloria.tv/post/QWAHiwPvTe3y1Fy9RnHPNGYb4




[8] Dinámica Social n. 63, Buenos Aires, noviembre de 1955 – http://www.opuslibros.org/Index_libros/Recensiones_1/teilhard_obr.htm

[9] Carta publicada en “Le Concile et Teilhard, l’Éternel et l’Humain”, M. Gorce, Neuchâtel, 1963, pp. 196-198. Recomiendo sobre el tema la lectura de “La cosmovisión de Teilhard de Chardin”, R. P. Julio Meinvielle, 1960: https://gloria.tv/post/VG8ivVrFnYBg2qmyRptVrM7sD

[10] “Francisco, Teilhard de Chardin y el panteísmo”: https://gloria.tv/post/kpjo9SAYhnqn1YM7HScvWZNZE

[11] “Rome et Teilhard de Chardin”, París, 1964, p. 38.

[12] “El Concilio Vaticano II inició la Pasión de la Iglesia”: https://gloria.tv/post/h9BNFYZP1fZX3ch72xV8np9nd

[13] “Ecumenismo y apostasía”: https://gloria.tv/post/RsfJFXSNoWkV666xPZ94u8VTL – “Apostasía en el Vaticano”: https://gloria.tv/post/bGpgetbcHdif6j2WsvcyisVwU – “El Vaticano promueve la apostasía y una religión global”: https://gloria.tv/post/bUsSsFR763PH42N9dkudYoCLQ – “Superar el egoísmo con Buda y Jesús”: https://gloria.tv/post/8BqX4JeSsmMC3PGUX8CQ4obSK – “La apostasía vaticana continúa”: https://gloria.tv/post/jovVg1X7jr8q1QrNENDTXHPUk – “El Vaticano promueve la religión de la masonería”: https://gloria.tv/post/hmTvG6Bj2QTy2GkwbhUqqgPEf – “Bergoglio pide religiosidad auténtica en un congreso interreligioso”: https://gloria.tv/post/eGxWLgdTKqJB63aWU8vHxdsNG – “Ayudemos al Santo Padre”: https://gloria.tv/post/RWaWjDfKZhxC4Bayz7T78chTH – “Crónicas de un falso profeta”: https://gloria.tv/post/7sBzz3NToDs4BBxzRWmxP8BQn





[18] Cardenal Wojtyla, Cuaresma de 1976. – Cardenal Wojtyla, Signo de contradicción, BAC, Madrid, 1978, p. 22 a 24.




[22] Discurso del 28/10/2011 a los representantes de las religiones que se reunieron en Asís el día anterior para participar en el encuentro interreligioso: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2011/october/documents/hf_ben-xvi_spe_20111028_religious-delegations.html


[24] “El pasado 1 de enero, después de la oración del Angelus, Benedicto XVI anunció su deseo de solemnizar el XXV aniversario del histórico encuentro que tuvo lugar en Asís, el 27 de octubre de 1986, por voluntad del venerable Siervo de Dios Juan Pablo II. Con motivo de dicha conmemoración, el Santo Padre tiene la intención de convocar, el próximo 27 de octubre, una Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, acudiendo como peregrino a la ciudad de san Francisco e invitando nuevamente a unirse a este camino a los hermanos cristianos de las distintas confesiones, a los exponentes de las tradiciones religiosas del mundo e, idealmente, a todos los hombres de buena voluntad.” – https://opusdei.org/es-es/article/asis-2011-peregrinos-de-la-verdad-peregrinos-de-la-paz/https://www.focolare.org/espana/es/news/2015/10/27/el-espiritu-de-asis/





[29] Encíclica Ecclesia de Eucharistia n. 8, 17/04/2003:







[35] Compartiendo con el amado hermano Bartolomé, Patriarca Ecuménico, la preocupación por el futuro de la creación (…) he decidido instituir también en la Iglesia Católica la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que, a partir del año en curso, será celebrada el 1 de septiembre, tal como acontece desde hace tiempo en la Iglesia Ortodoxa. Como cristianos, queremos ofrecer nuestra contribución para superar la crisis ecológica que está viviendo la humanidad. (…) La crisis ecológica nos llama por tanto a una profunda conversión espiritual: los cristianos están llamados a una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. De hecho, vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana. https://www.vatican.va/content/francesco/es/letters/2015/documents/papa-francesco_20150806_lettera-giornata-cura-creato.html – Sobre este asunto ver “La eco-encíclica Laudato Si”: https://gloria.tv/share/VY3JfB9otNjE21LJ73LEL7Y1W – “Bergoglio, apóstol ecologista”: https://gloria.tv/post/E8F1K8BoD4Fj6hbffjjQBxSqQ#15 – “Un estilo de vida eco-sostenible”: https://gloria.tv/post/1BvVGjCGukshDthgu71mPvyDe#5


Para más información:

“Diez años con Francisco”

NOVEDAD EDITORIAL

“Apostasía vaticana”

jueves, 31 de agosto de 2023

Fue necesario un Papa jesuita para demoler el Opus Dei. Así se hizo realidad la leyenda

IL SEPTIMO CIELO


Mucho se ha hablado de la enemistad entre la Compañía de Jesús y el Opus Dei. Pero los dirigentes de la Obra pensaron y temieron que el cuento de hadas se hiciera realidad desde el principio, cuando en 2013 el jesuita Jorge Mario Bergoglio ascendió al trono de Pedro. Su decisión fue encerrarse en un silencio total, adentrarse en las sombras como un topo en su agujero, con la esperanza de que este pontificado transcurriera sin hacerles daño, sin derribar sus conquistas en los años dorados de Benedicto XVI y más aún de Juan Pablo. II.

En cambio, esto es exactamente lo que sucedió. Primero con paso lento, luego con un movimiento cada vez más acelerado hasta el golpe final este mes de agosto, el Papa Francisco desmanteló lo que el Opus Dei había construido de sí mismo durante décadas.

En el título nada cambia: la Obra sigue siendo una «prelatura personal», la única con esta calificación en la Iglesia, pero primero con la constitución apostólica » Praedicate evangelium » del 19 de marzo de 2022, luego con la carta apostólica » Ad carisma tuendum ” del 14 de julio siguiente y luego nuevamente con el motu proprio del 8 de agosto de 2023, el Papa Francisco la vació de sustancia, la degradó a una «asociación clerical pública de derecho pontificio con facultad de incardinar a los clérigos», es decir, a una simple congregación de sacerdotes, hoy alrededor de 2 mil, sometidos a control. del dicasterio vaticano para el clero, al no tener autoridad sobre aquellos 90 mil laicos que eran su punto fuerte en la sociedad, que ahora han vuelto a depender, canónicamente, de sus respectivos párrocos y obispos. Así es: porque así lo establece el nuevo canon 296, modificado por Francisco, del código de derecho canónico, que a su vez remite al canon 107 del mismo código (a menos que se aplique la interpretación contraria) .(por Juan Ignacio Arrieta, secretario del departamento de textos legislativos, según el cual, según el canon 302 del mismo código, las asociaciones definidas simplemente como «clericales» están efectivamente gobernadas por clérigos, pero también están compuestas por fieles).

En las aspiraciones del Opus Dei, realizadas en gran medida en los años dorados, la prelatura personal debía ser una especie de diócesis sin territorio propio delimitado pero extendida al mundo entero, con su obispo en la persona del prelado de la Obra, su clero y sus fieles. Por tanto, debía formar parte, en esta forma tan especial, de la estructura jerárquica de la Iglesia, y referirse en la curia a la congregación de los obispos.

El reconocimiento del Opus Dei como prelatura personal se remonta a 1982, siete años después de la muerte del fundador, el español Josemaría Escrivá de Balaguer, proclamado santo en 2002. Sin embargo, contrariamente a sus expectativas, el Código de Derecho Canónico de 1983 no lo sitúa entre las estructuras jerárquicas sino en el capítulo “De populo Dei”.

Por otro lado, los dos sucesores de Escrivá fueron nombrados obispos: primero Álvaro del Portillo, luego Javier Echevarría, que estaba en el cargo cuando Bergoglio se convirtió en Papa. A su muerte, le sucedió en 2017 el actual prelado, Fernando Ocáriz (en la foto), a quien, sin embargo, Francisco no concedió la dignidad episcopal. Y este es ya el primer golpe que el Papa jesuita asesta a la Obra, preludio de la posterior prohibición absoluta en 2022 de que el prelado reciba la orden episcopal, sin perjuicio de su derecho a «utilizar las insignias correspondientes» al título honorífico. de “protonotario apostólico supernumerario”.

Al comienzo del pontificado de Francisco, el Opus Dei contaba con dos cardenales destacados: en la curia Julián Herranz Casado, un canonista autorizado; en Perú Juan Luis Cipriani Thorne, arzobispo de Lima. Además, en todo el mundo había numerosas diócesis gobernadas por miembros de la Obra: sólo en Perú media docena, todas con obispos conservadores, a los que regularmente se oponían, según el guión, obispos jesuitas de orientación opuesta.

El caso es que, bajo Francisco, Herranz y Cipriani abandonan rápidamente la escena, también por razones de edad, y también los obispos de la Obra van desapareciendo. Hoy sólo queda uno en Perú, Ricardo García García, al frente de la minúscula prelatura territorial de Yauyos-Cañete-Huarochiri.

En 2016, el nombramiento como director de la oficina de prensa del Vaticano del estadounidense Greg Burke, ex corresponsal en Roma de la revista Fox News y Time, el «numerario» del Opus Dei, es decir, su miembro célibe con derechos de castidad, pobreza y obediencia, como el famoso portavoz de Juan Pablo II Joaquín Navarro-Valls.

Burke sucedió al jesuita Federico Lombardi y, literalmente, había sido ascendido durante años en la Secretaría de Estado con el título de «asesor superior de comunicación», con vistas a su ascenso. Pero, en realidad, el Papa lo trató muy mal, utilizando sus propios encargados de comunicación personal y evitando sistemáticamente la oficina de prensa.

En octubre de 2018, durante el sínodo sobre la juventud, a Burke incluso se le negó la tarea de informar él mismo diariamente sobre lo que sucedía en la sala del tribunal. El 31 de diciembre siguiente dimitió del cargo, y con él su suplente, la española Paloma García Ovejero.

Hoy en el Vaticano, el Opus Dei ya no juega ningún papel importante, después de perder la presidencia del IOR, el «banco» de la Santa Sede, en el ya lejano 2012, con la expulsión de su «supernumerario» Ettore Gotti Tedeschi. En la jerarquía mundial, el único miembro destacado de la Obra hoy es José Horacio Gómez, arzobispo de Los Ángeles desde 2010 y presidente de la conferencia episcopal de Estados Unidos de 2016 a 2019, pero nunca nombrado cardenal por el Papa Francisco.

Mientras, por el contrario, la corte de los jesuitas crece dramáticamente en torno al Papa reinante, encabezada por tres cardenales: el luxemburgués Jean-Claude Hollerich, director del actual sínodo sobre la sinodalidad, el canadiense Michael Czerny y el italiano Gianfranco Ghirlanda, todos con roles protagónicos. También hay un cuarto cardenal jesuita, el español Luis Francisco Ladaria Ferrer, prefecto saliente del dicasterio para la doctrina de la fe, pero tiene el defecto de no estar de acuerdo con las derivas doctrinales permitidas por Francisco, que de hecho se liberó. de él enviándolo a su retiro y reemplazándolo con un personaje de dirección diametralmente opuesta.

Al día siguiente del motu proprio papal del 8 de agosto, el prelado del Opus Dei Ocáriz declaró la total sumisión a lo establecido. Lo que un gran conocedor del tema, Giancarlo Rocca , sacerdote de la Sociedad de San Pablo y director desde 1969 del monumental «Diccionario de los institutos de perfección», resumió así en «Settimana News»:

“El Papa Francisco redujo el Opus Dei a un estatus incluso inferior al de instituto secular, tal como había sido aprobado en 1950, con el orgullo de haber sido el primero y modelo de institutos seculares. Luego, como instituto secular, el Opus Dei tenía un presidente general y podía incardinar a sacerdotes y laicos. En la nueva formulación del Papa Francisco, sólo los clérigos pueden ser incardinados en la nueva asociación clerical pública bajo el dicasterio para el clero. Parece claro que el Opus Dei está privado de los laicos, que constituían su fuerza y ​​que ya no pueden ser considerados sus miembros”.

Geraldina Boni , profesora de derecho canónico y eclesiástico en la Universidad de Bolonia, ha identificado a su vez «una contradicción difícil de resolver» en la asimilación hecha por Francisco entre la calificación de «prelatura personal» todavía aplicada al Opus Dei y su nueva definición de asociación compuesta únicamente por clérigos.

Pero a pocos parece importarles esta enésima confusión creada por el Papa reinante, quizás también por esa aversión generalizada que ha penalizado al Opus Dei durante décadas, independientemente de sus méritos o defectos reales.

Una prueba clara de esta aversión histórica se puede leer, por ejemplo, aquí, en esta conversación publicada póstumamente en 2003 entre cuatro ilustres y estimados intelectuales católicos italianos, el primero de los cuales fue un hombre clave para determinar el desarrollo del Concilio Vaticano II:


No parece que Bergoglio pensara muy diferente sobre el Opus Dei que ellos, visto cómo lo redujo como Papa.

sábado, 26 de agosto de 2023

Nicaragua, polvos y lodos | Actualidad Comentada 25-8-2023 | P. Santiago Martín | Magnificat.tv

FRANCISCANOS DE MARÍA - MAGNIFICAT TV

El padre Santiago Martín analiza en el vídeo de esta semana las últimas medidas tomadas por el régimen de Daniel Ortega respecto a la Iglesia y, en especial, a la Compañía de Jesús. El cierre de la Universidad Centroaméricana y, recientemente, la suspension de la personalidad jurídica de los jesuitas en Nicaragua se han convertido en noticia mundial y en todo un hecho novedoso, debido a los estrechos vínculos que han existido siempre entre sandinistas y jesuitas


Duración 13:14 minutos