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domingo, 27 de noviembre de 2016

Card Burke: Los cardenales podrían actuar con “Acta formal de corrección de un grave error” si el Papa persiste en errores



Card Burke: Si el Papa persiste en los errores concernientes al matrimonio, los cardenales podrían actuar mediante un “Acta formal de corrección de un grave error”


“Cuando Cefas vino a Antioquía, yo le resistí, porque él debía ser corregido.” (San Pablo, en su Epístola a los Gálatas)

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Los poderes del Papa no son absolutos, sino todo lo contrario: el más importante y reciente Concilio Ecuménico dogmático moderno, Vaticano I, deja claro que “el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no para que ellos, mediante su revelación, dieran a conocer una nueva doctrina sino que, con su ayuda, puedan religiosamente guardar y exponer fielmente la revelación o depósito de la fe transmitida por los apóstoles ” (Vaticano I, Pastor Aeternus).

Los cuatro cardenales que hicieron público sus nombres en la dubia(preguntas) sobre los errores aparentes sobre el matrimonio y la cohabitación presentes en la exhortación apostólica Amoris Laetitia están siguiendo el procedimiento estándar. Si el Papa (por algún sentimiento personal) se niega a responder, no cumple con su obligación de confirmar a sus hermanos en la fe transmitida por los apóstoles.

Esto tiene consecuencias. La entrevista concedida por el cardenal Burke (uno de los firmantes de la dubia, junto con los cardenales Caffarra, Brandmüller, y Meisner) al National Catholic Register deja claro cuáles podrían ser esas consecuencias. El paso más importante es el siguiente:

P. Algunos podrían argumentar que son sólo cuatro cardenales, entre los cuales usted es el único que no está jubilado, y esto no es muy representativo de toda la Iglesia. En ese caso, podrían preguntarse: ¿Por qué el Papa debe escuchar y responderle a usted?

RBueno, los números no son el problema. El problema es la verdad. En el juicio de santo Tomás Moro, alguien le dijo que la mayoría de los obispos ingleses habían aceptado la orden del rey, pero él dijo que eso puede ser cierto, pero los santos en el cielo no lo aceptaron. Ese es el punto aquí. Pensaría que aunque otros cardenales no firmaron esto, compartirían la misma preocupación. Pero eso no me molesta. Incluso si fuéramos uno, dos o tres, si se trata de algo que es verdadero y es esencial para la salvación de las almas, entonces hay que decirlo.

P. ¿Qué sucede si el Santo Padre no responde a su acto de justicia y caridad y no da la clarificación de la enseñanza de la Iglesia que usted espera lograr?

REntonces tendríamos que hacer frente a esa situación. Hay, en la Tradición de la Iglesia, la práctica de la corrección del Romano Pontífice. Es algo que es claramente bastante raro. Pero si no hay respuesta a estas preguntas, diría que se trataría de un acto formal de corrección de un error grave.

P.  En un conflicto entre la autoridad eclesial y la Sagrada Tradición de la Iglesia, ¿cuál es obligatorio para el creyente y quién tiene la autoridad para determinar esto?

R: Lo que es vinculante es la Tradición. La autoridad eclesial existe sólo al servicio de la Tradición. Pienso en ese pasaje de san Pablo en la Carta a los Gálatas (1 8), que "si un ángel os predicase otro evangelio que no sea el que os predicamos, sea anatema".

P. Si el Papa enseñara un error grave o una herejía, ¿qué autoridad legal puede declarar esto y cuáles serían las consecuencias?

R. En tales casos, e históricamente ha sucedido, es el deber de los cardenales y obispos dejar claro que el Papa está enseñando el error y pedirle que lo corrija.


Este es un momento sin precedentes en el papado post-medieval; cualquiera que diga estar seguro de lo que sucederá no está diciendo la verdad. Con el poder de la Enseñanza siendo socavada, ¿qué queda del papado? ¿Los jardines y palacios de la Ciudad del Vaticano, a los que Francisco no les gusta? El papa Francisco debe andar con cuidado: estos valientes cardenales no tienen nada que perder.

[Traducido por Fabián González. Artículo original]

sábado, 26 de noviembre de 2016

El Papa Francisco muestra sus "sentimientos de pesar" por "la triste noticia del fallecimiento" del dictador comunista Fidel Castro

FUENTE: CATHOLICVS


Poco más se puede decir del telegrama enviado por el Papa Francisco al dictador comunista Raúl Castro, hermano del que también fuera dictador comunista en Cuba durante medio siglo, Fidel Castro -a quien el Papa Francisco visitó en dos ocasiones-, recientemente fallecido a la edad de 90 años, que lo que el propio telegrama dice.

Se comenta solo. Llama la atención, aparte de las que podrían considerarse fórmulas protocolarias ante un fallecimiento -como pudieran ser un simple "pésame" o "condolencias"-, la reiteración de palabras que expresan tristeza o dolor por la muerte de un dictador comunista -al que el Papa se refiere como "Excelentísimo Señor" y "dignatario"-, liberticida, con muchísimos asesinatos a sus espaldas -sin contar los presos políticos y exiliados-, y enemigo declarado de Cristo y de su Iglesia: "Al recibir la triste noticia", "mis sentimientos de pesar", "ofrezco plegarias por su descanso"...

También parece una burla que haga extensivo su pesar "al pueblo de esa amada nación" a quien, por lo visto, el Papa deseaba mucho más tiempo de tiranía

Una pena, sí señor.

El "no cristiano" es el imperialista Donald Trump, por querer "construir muros" en vez de "tender puentes"

En cambio, de éste, que directamente convirtió Cuba en una cárcel tropical, en la que no había necesidad de "muros" porque ya está el océano circundante lleno de tiburones, ni un reproche papal

Y sobre pateras -embarcación pequeña usada para el transporte de inmigrantes ilegales- ni una palabra: las que invaden Europa se deben al malvado capitalismo, que esquilma los países de origen de quienes emigran. 

Sin embargo, a los que huían del "paraíso terrenal" caribeño como alma que lleva el diablo, ni mentarlos, que esos eran disidentes egoístas que odiaban el reparto de la riqueza que disfrutan todos los cubanos, como buenos comunistas cristianos.

Sufragios para implorar a Dios la salvación de su alma no ha prometido; pero sí ofrece plegarias para que descanse -sin duda, van a descansar más los cubanos que aún hay vivos en la isla-. 

Como puede apreciarse, el Papa Francisco sigue, como suele, tan neutral y poco escorado a babor. Este es el telegrama íntegro, en español, precedido por la introducción que hace la edición de hoy del Boletín Oficial de la Sala de Prensa de la Santa Sede:
Telegrama del Papa por la muerte de Fidel Castro, 26.11.2016

El Santo Padre ha enviado un telegrama de pésame a Raúl Modesto Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba con motivo del fallecimiento a los 90 años de Fidel Castro, ex Presidente del Consejo de Estado y del Gobierno de la República de Cuba. Sigue el texto:
Excelentísimo Señor Raúl Modesto Castro Ruz
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros
de la República de Cuba
La Habana

Al recibir la triste noticia del fallecimiento de su querido hermano, el Excelentísimo Señor Fidel Alejandro Castro Ruz, ex Presidente del Consejo de Estado y del Gobierno de la República de Cuba, expreso mis sentimientos de pesar a vuestra excelencia y a los demás familiares del difunto dignatario, así como al gobierno y al pueblo de esa amada nación.

Al mismo tiempo, ofrezco plegarias al señor [en minúscula en la edición en español del Bollettino] por su descanso [omite el adjetivo "eterno" que siempre precede a este sustantivo] y confío a todo el pueblo cubano a la materna intercesión de nuestra señora de la caridad del cobre [en minúscula en la edición en español del Bollettino]patrona de ese país.

Francisco PP.
[Puede verse el original aquí]

NOTA
: Hay una preocupante simpatía de Francisco por la ideología comunista. Esto se puede ver en la entrevista realizada por Eugenio Scalfari a Francisco el pasado 7 de noviembre. El siguiente artículo, escrito en pdf, al que enlazo , de título Francisco y el comunismo, merece la pena de ser leído. Su autor es Juan Suárez Falcó. 

Los cardenales Burke y Pell retirados oficialmente de la Congregación para el Culto Divino



VATICANO, 23 de noviembre de 2016 (LifeSiteNews) – Los cardenales Raymond Burke y George Pell no seguirán siendo miembros de la Congregación para el Culto Divino, confirmó el Vaticano en una lista de los nuevos miembros de la oficina litúrgica. Burke y Pell son conocidos por su ortodoxia católica y sus posturas fuertemente pro-vida y pro-matrimonio

Burke es uno de los cuatro cardenales que ha solicitado formalmente que el Papa Francisco aclare si Amoris Laetitia está en desacuerdo con la enseñanza moral católica. Después de que la petición de los cardenales quedó sin respuesta durante dos meses, los cardenales hicieron públicas sus preocupaciones. Burke ha dicho que los cardenales tendrán que hacer un “acto formal de corrección” si el Papa Francisco no aclara los graves errores relacionados con la exhortación.

La nueva lista de miembros de la Congregación para el Culto Divino se puede ver aquí. La membresía de la oficina fue recientemente destruida, con numerosos progresistas nombrados como sustitutos.

El Cardenal Robert Sarah es el Prefecto de la Congregación para el Culto Divino. Sarah se ha opuesto sin temor a la ideología de género e instó a los sacerdotes y obispos a seguir más de cerca las rúbricas de la Forma Ordinaria de la Misa enfrentando ad orientem en lugar de versus populum.

En un cambio de última hora, el Papa Francisco habló recientemente en lugar de Sarah en el Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia en Roma.

Sarah entonces se retiró de un compromiso prominente de discurso al cual él había confirmado su participación varias veces.

Ayudar a superar las dudas (Fray Gerundio)

FUENTE: FRAY GERUNDIO

Los diecisiete nuevos cardenales nombrados el 19 de noviembre de 2016

Desde que la izquierda intelectual y progresista dictaminó que no hay verdades absolutas, ni dogmas atemporales, ni criterios seguros de certeza, se impuso la DUDA como algo necesario, conveniente e incluso tonificante para la mente.

Ya Descartes advirtió que estaba dispuesto a dudar de todo, menos de su duda misma.

Se quedó un poco corto, porque los teólogos modernistas que le acolitaron y superaron siglos después, dudan de todo -incluso de su propia duda-, aunque no dudan de que el modernismo es lo más seguro para caminar en la duda. Así lo impusieron en la Iglesia.

Total, que la duda se instaló en el pensamiento como si fuera un okupa de la mente. Y ahí hemos estado y estamos. Todo es relativo, todo se puede expresar de forma relativa y dudosa. Todo se puede edificar sobre la diversidad y la inquietud. Las preguntas absolutas sobran, porque la realidad misma es relativa. No a los dogmas ni a las imposiciones. No a las certezas. No a todo. Sí al no-a-todo ... Pero siempre aparece alguien que no entiende las cosas como son (en su absoluta-relatividad).

Resulta que cuatro cardenales vienen ahora con dudas (dubbia) acerca de lo dicho en Amoris Laetitia. ¿Pero cómo se atreven? Con lo claro que está lo escrito en ella.

Es verdad que hasta ahora no había verdades absolutas ni dogmas firmes, pero indudablemente la Amoris Laetitia viene a dar el último toque (el definitivo) a todas las dudas sobre el amor matrimonial. Después de la Amoris, ya no puede haber dudas, ¡qué caramba! ¿Cómo se atreven?

Así que Francisco se ha visto impelido a salir al paso. Lleva varios días lanzando darditos, puyas y venablos contra los cardenales díscolos que se permiten dudar.

Porque en este caso, -sépanlo todos-, la duda no es ya muestra de perfección modernista o de pensamiento filosófico avanzado, sino motivo de angustia y miedo. Sí. Tanto el miedo como la angustia son consecuencia de la duda. La duda genera incertidumbre y ésta aboca a la debilidad.

Así lo ha expresado Francisco en su catequesis de este miércoles, azuzado -sin duda-, por su enfado monumental con los cuatro indómitos y perturbadores príncipes de la Iglesia.

Todo esto dicho por el Pontífice, a propósito de las obras de misericordia, con el frescor de la doctrina bergogliana, que siempre trae aire fresco al corazón del cristiano.

Esta semana tocaba aquella que dice: Dar buen consejo al que lo necesita. Con total inverecundia [desvergüenza, desfachatez], ha llegado a decir que eso de dar consejos a los que lo necesitan es un verdadero acto de amor hacia las personas desorientadas o que tienen dudas.

Dar buen consejo al que lo necesita es un verdadero acto de amor hacia las personas que están desorientadas o tienen dudas.

O sea, que no es bueno tener dudas y por eso es misericordioso aquel que saca de las dudas a los pobres enredados en el maremágnum de su perplejidad.

Así mismo lo dice Francisco: Está bien que nos hagamos preguntas acerca de nuestra fe, si bien hay que superar las dudas.

Pues es verdad: estoy plenamente de acuerdo, pero no acabo de entender el razonamiento, como le he explicado hoy a mi Superior después de Laudes:

- Si estos pobrecillos cardenales dubitantes exponen humildemente sus dudas a Bergoglio -autor y productor ejecutivo de la Amoris Laetitia- ¿no sería una maravillosa obra de misericordia de Francisco acudir inmediatamente a sacarlos de su duda y explicarles claramente el significado de sus incertidumbres y reparos? Solamente hace falta hablar con claridad. Esto es lo que parece más sensato. Y con mayor razón en una persona que se llena la boca de misericordia (aunque ya haya terminado el año dedicado a ella).

- Aristóteles lo podría haber expresado así en pura Lógica:

Hay que ayudar a los que dudan, dándoles el buen consejo que necesitan.

Hay cuatro cardenales que tienen dudas.

Luego hay que darles un buen consejo a estos cuatro cardenales.

- Otro modo de expresarlo:

Bergoglio dice que la duda causa el miedo y la angustia.

Hay cuatro cardenales que tienen miedo y angustia, porque dudan de que el contenido de la Amoris Laetitia pueda ser herético.

Luego hay que sacarlos cuanto antes de la duda, no vayan a pensar que el Papa es hereje.

- Es todo muy fácil. Claro que el método que se le pide para salir de la duda, consiste en decir SÍ o NO. Y esto es lo peor que se le puede pedir a un modernista.

¿Cómo encerrar -dirá el modernista de turno-, en categorías absolutas algo tan dinámico como la fe? Lo que hay que hacer es que la fe sea vida, y así ya no hay necesidad de tantas dudas.

O sea que, en cuanto la fe se desenreda de las teorías (ojo al término) y se hace vida, todo fluye y la vida tiene otro color. Pasamos del gris marengo al arco iris gay. Y por supuesto, eso hace que se pueda poner al servicio de los más necesitados. [Al final siempre tienen que salir los más necesitados para rematar el argumento]. Esto es lo que dijo Francisco, sin ir más lejos [pinchar en cualquier punto de la expresión en rojo]

Además, el Pontífice pidió que no hagamos una teoría abstracta de la fe con la que se multiplican las dudas e invitó, más bien, a hacer de la fe nuestra vida, poniéndola en práctica en el servicio a los hermanos, especialmente a los más necesitados.

Y entonces – dijo el Papa al concluir – tantas dudas se desvanecen porque sentimos la presencia de Dios y la verdad del Evangelio en el amor que, sin ningún mérito nuestro, habita en nosotros para que lo compartamos con los demás.

- Al final de todo este embrollo bergogliano, yo tengo una sola dubbia:

¿Contestará Francisco a los Cuatro de la Fama?
¿Acudirá veloz a sacarlos de sus dudas ejercitando esa magnífica obra de misericordia?
¿Será capaz de decir con claridad, lo que ha dicho con ambigüedad en su ya maltrecha encíclica?
¿Saldrá al paso de las dudas de muchos católicos que ya han expresado sus temores sobre la doctrina aberrante que (dudan) hay en ella?

Si dice que SÍ, no habrá duda.
Si no contesta, no habrá duda.
Si dice que NO, tendrá que buscarse un monasterio en Buenos Aires.

Sin duda.

Fray Gerundio

La modernidad contra las mujeres (Javier Barraycoa)




La mayoría de autores que han fundamentado el pensamiento moderno, escribieron sin piedad contra las mujeres. Hoy nos han hecho creer que la modernidad trajo la liberación de la mujer
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La autocomprensión de nuestra modernidad como “liberación”, nos ha impedido atender a ciertas contradicciones más que evidentes. Hoy el feminismo, de hecho, se nos presenta como un movimiento moderno. No obstante, posiblemente, la mujer nunca fue tan denostada como en el pensamiento de los padres intelectuales de la modernidad.

Ya en la Ilustración se pusieron de moda las apostillas sobre las mujeres. Voltaire, por ejemplo, hacía reír al público con frases como: “Las mujeres son como las veletas, sólo se quedan quietas cuando están oxidadas”.


Kant, uno de los grandes teóricos de la democracia moderna, en su obra De lo bello y lo sublime, ironiza sobre la pretensión de las mujeres para alcanzar ciertos saberes científicos como las matemáticas e insinúa que para hablar de física deberían ponerse una barba postiza para adquirir el aspecto de “profundidad”. 


Schopenhauer, un burgués de izquierdas, en el Arte del buen vivir, describe el sexo femenino como absorbente y totalizante, obsesionado con un único objetivo: las relaciones sexuales


Hegel, teórico del Estado moderno, en la Fenomenología del Espíritu pone en marcha las categorías del pensamiento moderno para definir que el destino de la mujer está en el hogar y el de hombre en el Estado


Nietzsche, todavía hoy banderín de enganche del nihilismo postmoderno, se caracterizó por sus frecuentes ataques a la mujer y a todo movimiento feminista. En su obra Más allá del bien y del mal anunciaba: “desde la Revolución francesa la influencia de la mujer ha disminuido en Europa en la medida que sus derechos y pretensiones han aumentado, y la emancipación de la mujer se revela como un curioso síntoma de debilitamiento de esterilización gradual de los instintos femeninos primordiales”. En la misma obra, Nietzsche vindica el “abismo que separa al hombre y la mujer”, negando todo principio de igualdad entre ambos sexos. En Así habló Zaratustra, el filósofo alemán sigue arremetiendo: “¿No es mejor caer en manos de un asesino que en los sueños de una mujer lasciva?” Algo nos dice que la misoginia nietzscheana no es meramente accidental.



El padre del evolucionismo, Charles Darwin, aplicó su teoría no sólo al hombre en general, sino a distinguir la evolución entre el hombre y la mujer. En su obra El origen del hombre afirma que: “si los hombres están en decidida superioridad sobre las mujeres en muchos aspectos, el término medio de las facultades mentales del hombre estará por encima del de la mujer”


El entusiasmo que en ciertos ambientes sigue generando el psicoanálisis, contrasta con la comprensión freudiana de lo femenino. Freud siempre negó la existencia de la feminidad como algo natural, afirmándolo como algo que “se hace” culturalmente. Para el vienés sólo la masculinidad era innata en todos los individuos y la mujer vendría a ser “un hombre castrado”. Así, sobre la base de este principio, pretendía explicar las frustraciones sexuales de la mujer por añorar el elemento fálico del cuerpo masculino.


Por eso, durante mucho tiempo, el feminismo tuvo que dejar a Freud en el baúl de los recuerdos. Hoy en día psicoanalistas feministas como Karen Horney o Melanie Klein, han dado la vuelta al argumento freudiano y pretenden hacernos creer que es el hombre el que siente envidia por el cuerpo de la mujer. Pero Freud dijo lo que dijo

Podríamos coleccionar toda una retahíla de citas de los “padres de la modernidad” que nos llevarían a una sorprendente conclusión: la modernidad nunca contempló lo que hoy se denomina liberación de la mujer

Paradójicamente el feminismo se siente deudor para con la modernidad.

Javier Barraycoa

viernes, 25 de noviembre de 2016

Contradicciones de un jubileo que llega a su fin (Roberto de Mattei)




Sin duda alguna, entre las claves para interpretar el pontificado del papa Francisco está su amor por la contradicción. Esta disposición de ánimo se hace patente en la carta apostólica Misericordia et misera, firmada en la clausura del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. 
En dicha carta, el papa Bergoglio deja sentado que todos los que frecuentan las iglesias de los sacerdotes de la Fraternidad san Pío X pueden recibir válida y lícitamente la absolución sacramental. El Papa corrige, por tanto, lo que constituía el principal factor de irregularidad en la fraternidad que fundó monseñor Lefebvre: la validez de las confesiones. 
Sería contradictorio imaginar que una vez reconocidas como válidas y lícitas las confesiones no se consideren igualmente lícitas las misas celebradas por los sacerdotes de la Fraternidad que, en todo caso, son ciertamente válidas. A estas alturas no se entiende qué necesidad pueda haber de un acuerdo entre Roma y la Fraternidad fundada por monseñor Lefebvre, dado que la postura de los mencionados sacerdotes está de hecho regularizada, y que los problemas que aún están sobre el tapete, como salta a la vista, son de escaso interés para el Sumo Pontífice.
En la misma carta, «para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios», el papa Bergoglio concede, de ahora en adelante «a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto». 
En realidad, los sacerdotes ya estaban facultados para perdonar en la confesión el pecado de aborto. Ahora bien, según la doctrina multisecular de la Iglesia, el aborto se cuenta entre los pecados graves que se castigan automáticamente con la excomunión. «Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae», reza el Código de Derecho Canónico de 1983 en el canon 1398. Por tanto, los sacerdotes necesitaban autorización de su obispo para levantar la excomunión antes de poder absolver el pecado de aborto
Actualmente todo sacerdote puede levantar también la excomunión sin necesidad de recurrir a su obispo o haber recibido previa autorización de él. En la práctica, la excomunión desaparece y el aborto pierde la gravedad que le atribuía el derecho canónico.

En una entrevista emitida el pasado 20 de noviembre por Tv2000, el papa Francisco declaró que «el aborto sigue siendo un pecado grave», un «crimen horrendo», porque «pone fin a una vida inocente». 
¿Puede el Papa ignorar que su decisión de desvincular de la excomunión latae sententiae el delito de aborto relativiza ese horrendo crimen haciendo posible que los medios de difusión lo presenten como un pecado que la Iglesia ya no considera tan grave como antes y lo perdona con facilidad?
En su carta, el Papa afirma que «no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir cuando encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre». 
Pero, como se hace manifiesto en sus mismas palabras, la misericordia es misericordia porque presupone la existencia del pecado y, por lo tanto, de la justicia. ¿Por qué habla siempre sólo del Dios bueno y misericordioso, y nunca del Dios justo que premia y castiga según los méritos y culpas del hombre? 
Los santos, como se ha señalado, nunca han dejado de exaltar la misericordia de Dios, inagotable al dar; pero al mismo tiempo, hablan de temer su justicia, rigurosa al exigir. Sería contradictorio un Dios que sólo fuese capaz de amar y premiar el bien pero incapaz de odiar y castigar el mal.
A menos que se crea que la ley divina existe pero es abstracta e impracticable, que lo único que cuenta es la vida concreta del hombre, que no puede evitar pecar, y que  lo que importa no es la observancia de la ley, sino la confianza ciega en el perdón y la misericordia divina.
Pecca fortiter, crede fortius. Pero esa es la doctrina de Lutero, no la de la Iglesia Católica.


Roberto de Mattei

Tres obispos apoyan públicamente a los Cardenales Brandmuller, Burke, Caffarra y Meisner tras los ataques recibidos por presentar sus "dubia" al Papa Francisco

FUENTE: CATHOLICVS


En los últimos días, tres obispos han hecho público su apoyo a los cuatro cardenales (Brandmuller, Burke, Caffarra y Meisner) que enviaron las preguntas ("dubia") al Papa Francisco para que aclare los puntos confusos de la exhortación "Amoris Laetitia":

S. E. Mons. Jan Wątroba, Obispo de Rzeszów y Presidente del Consejo para la Familia de la Conferencia Episcopal Polaca.
S. E. Mons. Jósef Wróbel, Obispo titular de Suas y auxiliar de Lublin (Polonia).
S. E. Mons. Athanasius Schneider, Obispo titular de Celerina y auxiliar de María Santísima en Astaná (Kazajistán).

El primero lo ha hecho en unas declaraciones a la agencia de noticias católica de Polonia KAI (Katolicka Agencja Informacyjna), en las que considera que la publicación de la carta de los cuatro cardenales al Papa Francisco "no es reprobable", sino la "expresión de su compromiso y preocupación por la correcta comprensión de las enseñanzas de Pedro", y afirma que él también espera "con interés la respuesta, la clarificación, sobre todo porque yo mismo me hago esas preguntas, al igual que otros obispos y pastores". Asimismo, señaló que "es una lástima que no haya ninguna interpretación general ni un mensaje claro del documento y que haya que añadir interpretaciones a la exhortación apostólica. Yo, personalmente -quizá por costumbre, pero también por profunda convicción-, prefiero documentos como los de Juan Pablo II, que no requerían comentarios o interpretaciones de la enseñanza de Pedro".

El segundo, según afirma en una entrevista concedida a "La Fede Quotidiana", dice que "los cuatro cardenales han actuado bien y han ejercido lo que está previsto en la ley canónica", ya que "no solo tienen derecho, sino incluso la obligación" de presentar sus preguntas. Considera que es oportuna una clarificación del documento, especialmente de su capítulo octavo, porque es ambiguo y "está mal escrita" -la exhortación-, y por eso se producen tantas interpretaciones.

Y el tercero, a través de una carta que ha publicado en apoyo de los cuatro cardenales, coincide con el anterior: "al publicar una petición de clarificación en un asunto que concierne simultáneamente a la verdad y a la santidad de tres sacramentos, el Matrimonio, la Penitencia y la Eucaristía, los cuatro cardenales sólo cumplieron con su deber básico como obispos y cardenales, que consiste en contribuir activamente para que la Revelación, transmitida por los Apóstoles, pueda ser preservada sagradamente e interpretada fielmente". El obispo cree que "en nuestros días, la Iglesia entera debe reflexionar sobre el hecho de que el Espíritu Santo no ha inspirado en vano a San Pablo para que escriba en la carta a los Gálatas el incidente de su corrección pública a Pedro. Uno debe confiar en que el Papa Francisco aceptará esta súplica pública de los cuatro cardenales con el espíritu del Apóstol Pedro cuando San Pablo le ofreció una corrección fraterna por el bien de toda la Iglesia".

Y en lo referente a las desaforadas críticas y ataques de ciertos prelados a estos cuatro cardenales [como, por ejemplo, el publicado anteayer en este mismo blog, que puede verse aquí], opina que "las reacciones extraordinariamente violentas e intolerantes de algunos obispos y cardenales contra la pacífica y cautelosa súplica de los cuatro cardenales provocan un gran asombro", entre otras cosas porque "el Papa Francisco realiza frecuentes llamamientos al diálogo abierto y sin miedo entre todos los miembros de la Iglesia en asuntos concernientes a los bienes espirituales de las almas [...] Las reacciones negativas a la declaración pública de los cuatro cardenales se asemejan a la confusión doctrinal general durante la crisis arriana del siglo cuarto".

La carta original, completa, ha sido publicada por Rorate Caeli. Puede leerse la traducción al español en este enlace.

CATHOLICVS

jueves, 24 de noviembre de 2016

EXCLUSIVO: el Obispo Athanasius Schneider, en defensa de los cuatro cardenales




N.B.: El siguiente artículo fue enviado hoy a a Rorate Caeli por Su Excelencia el Obispo Athanasius Schneider. No sólo permitimos sino que animamos a todos los medios de comunicación y blogs tradicionales a publicar este artículo y llevar su mensaje crítico a todo el mundo. También: sabemos que es un hecho que otros prelados poseen tanto la verdadera fe como agallas. Ustedes, cardenales y obispos, también pueden aprovechar nuestro alcance global publicando en Rorate en defensa de los cuatro cardenales. Instamos a que lo hagan.
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Por el obispo Athanasius Schneider
Especial para Rorate Caeli23 de noviembre de 2016
“Nada podemos contra la verdad, sino a favor de la verdad” (2 Cor. 13: 8)
La Voz Profética de Cuatro Cardenales de la Santa Iglesia Católica Romana
Debido a “una profunda preocupación pastoral,” el 14 de noviembre de 2016, cuatro cardenales de la Santa Iglesia Católica Romana, Su Eminencia Joachim Meisner, Arzobispo emérito de Colonia (Alemania), Su Eminencia Carlo Caffarra, Arzobispo emérito de Bolonia (Italia), Su Eminencia Raymond Leo Burke, Patrón de la Soberana Orden Militar de Malta, y Su Eminencia Walter Brandmüller, Presidente emérito del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, publicaron un texto con cinco preguntas, llamadas dubia (“dudas” en latín), que habían enviado previamente, el 19 de septiembre de 2016, al Santo Padre y al cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, junto con una carta. 
Los cardenales solicitaron al papa Francisco que aclare la “grave desorientación y gran confusión” respecto a la interpretación y aplicación práctica de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, particularmente el capítulo VIII y los fragmentos relacionados a la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, así como la enseñanza moral de la Iglesia.
En su declaración con título “Buscando Claridad: Una súplica para deshacer los nudos de Amoris Laetitia” los cardenales dicen que para muchos – obispos, sacerdotes, y fieles, – estos párrafos aluden o inclusive enseñan explícitamente un CAMBIO en la disciplina de la Iglesia respecto a los divorciados que viven en una nueva unión.” 
Al decir esto, los cardenales sólo manifestaron hechos reales de la vida de la Iglesia. Estos hechos son demostrados en orientaciones pastorales de varias diócesis y por declaraciones públicas de algunos obispos y cardenales que afirman que en algunos casos los católicos divorciados vueltos a casar pueden ser admitidos a la sagrada comunión  aunque continúen haciendo uso de los derechos reservados por ley Divina a parejas válidamente casadas.
Al publicar un pedido de claridad en un asunto que concierne simultáneamente a la verdad y a la santidad de tres sacramentos, el matrimonio, la penitencia y la eucaristía, los cuatro cardenales sólo cumplieron con el deber básico como obispos y cardenales, que consiste en contribuir activamente para que la Revelación transmitida por los apóstoles pueda ser preservada sagradamente e interpretada fielmente. 
Fue especialmente el Concilio Vaticano Segundo que recordó a todos los miembros del colegio de obispos como legítimos sucesores de los apóstoles, su obligación según la cual “en virtud de la institución y precepto de Cristo [69], están obligados a tener por la Iglesia universal aquella solicitud que, aunque no se ejerza por acto de jurisdicción, contribuye, sin embargo, en gran manera al desarrollo de la Iglesia universal. Deben, pues, todos los Obispos promover y defender la unidad de la fe y la disciplina común de toda la Iglesia” (Lumen gentium, 23; cf. también Christus Dominus, 5-6).
Al publicar su solicitud al Papa, los obispos y cardenales debieron estar movidos por un afecto colegial genuino hacia el Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo en la tierra, siguiendo la enseñanza del Concilio Vaticano II (cf. Lumen gentium, 22); y al hacerlo ofrecer “ayuda consultiva a la función primacial” del Papa (cf. Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, 13).
En nuestros días, la Iglesia entera debe reflexionar sobre el hecho de que el Espíritu Santo no ha inspirado en vano a San Pablo para que escriba en la carta a los Gálatas el incidente de su corrección pública a Pedro. Uno debe confiar que el papa Francisco aceptará esta súplica pública de los cuatro cardenales con el espíritu del Apóstol Pedro cuando San Pablo le ofreció una corrección fraterna por el bien de toda la Iglesia
Que las palabras de aquel gran Doctor de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino, nos iluminen y nos reconforten: “en el caso de que amenazare un peligro para la fe, los superiores deberían ser reprendidos incluso públicamente por sus súbditos. Por eso San Pablo, siendo súbdito de San Pedro, le reprendió en público a causa del peligro inminente de escándalo en la fe. Y como dice la Glosa de San Agustín: Pedro mismo dio a los mayores ejemplo de que, en el caso de apartarse del camino recto, no desdeñen verse corregidos hasta por los inferiores.” (Summa theol., II-II, 33, 4c).
El papa Francisco realiza llamados frecuentes al diálogo abierto y sin miedo entre todos los miembros de la Iglesia en asuntos referidos a los bienes espirituales de las almas. En la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, el Papa habla de la necesidad “de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales. La reflexión de los pastores y teólogos, si es fiel a la Iglesia, honesta, realista y creativa, nos ayudará a encontrar mayor claridad” (n. 2). Más aún, las relaciones en todos los niveles dentro de la Iglesia deben estar libres de un clima de miedo o intimidación, tal como solicitó el papa Francisco en varios pronunciamientos.
A la luz de estos pronunciamientos del papa Francisco y del principio de diálogo y aceptación de la pluralidad legítima de opiniones, promovido por los documentos del Concilio Vaticano Segundo, las reacciones extraordinariamente violentas e intolerantes de algunos obispos y cardenales contra la pacífica y cautelosa súplica de los cuatro cardenales provocan un gran asombro
Entre estas reacciones intolerantes uno podría leer afirmaciones tales como, por ejemplo: los cuatro cardenales son tontos, cismáticos, herejes e incluso comparables a los herejes arrianos.
Tales juicios despiadados y terminantes no revelan sólo intolerancia, rechazo al diálogo y furia irracional, sino que también demuestran sometimiento a la imposibilidad de decir la verdad, sometimiento al relativismo en la doctrina y en la práctica, en la fe y en la vida
La reacción clerical antes mencionada contra la voz profética de los cuatro cardenales refleja, en última instancia, impotencia frente a los ojos de la verdad. Tal reacción violenta sólo tiene un objetivo: silenciar la voz de la verdad que perturba y fastidia la aparentemente pacífica y nebulosa ambigüedad de estos críticos clericales.
Las reacciones negativas a la declaración pública de los cuatro cardenales se asemejan a la confusión doctrinal general durante la crisis arriana del siglo cuarto. Es en beneficio de todos citar, en esta situación de confusión doctrinal de nuestros días, algunas afirmaciones de San Hilario de Poitiers, el “Atanasio del oeste”.
“Ustedes [los obispos de la Galia] que aún permanecen conmigo, fieles en Jesucristo, no se rindieron al verse amenazados por el surgimiento de la herejía y ahora, al enfrentarse a dicho surgimiento, han desatado su violencia. Sí, hermanos, ustedes han triunfado, para alegría inmensa de quienes comparten su fe: y su constancia inquebrantable obtuvo la doble gloria de mantener la conciencia pura y dar un ejemplo de gran autoridad.” (Hil. De Syn., 3).
“Su fe invencible [de los obispos de la Galia] mantiene la distinción honorable del valor consciente y, contentos en rechazar una acción astuta, vaga, o dubitativa, permanece segura en Jesucristo, preservando la profesión de su libertad. Debido a que todos nosotros sufrimos un dolor profundo y lamentable por las acciones de los malvados contra Dios, sólo dentro de nuestros límites se encontrará la comunión en Jesucristo, desde el tiempo que la Iglesia comenzó a verse agobiada por disturbios tales como la expatriación de obispos, la destitución de sacerdotes, la intimidación del pueblo, la amenaza de la fe, y la determinación del significado de la doctrina de Cristo por voluntad y poder humanos. Su decidida fe no pretende ser ignorante de estos hechos o profesar que puede tolerarlos, percibiendo que por el acto de consentirlos hipócritamente traería hacia sí el juicio de la conciencia” (Hil. De Syn., 4).
He dicho lo que yo mismo creo, consciente de que era mi deber como soldado al servicio de la Iglesia, según la enseñanza del Evangelio, el enviarles por estas cartas la voz del oficio que sostengo en Jesucristo. Corresponde a ustedes discutir, proveer y actuar, que puedan guardar con corazones celosos la fidelidad inviolable que mantienen y que continúen sosteniendo lo que hoy sostienen” (Hil. De Syn., 92).
Las siguientes palabras de San Basilio el Grande, dirigidas a los obispos latinos, pueden ser aplicadas, en ciertos aspectos, a la situación de quienes en nuestros días solicitan claridad doctrinal, incluyendo los cuatro cardenales
“El cargo que ciertamente asegura un severo castigo es mantener cuidadosamente las tradiciones de los padres. No estamos siendo atacados por riquezas, gloria, o beneficios temporales. Nos paramos en el campo a luchar por nuestra herencia común, por el tesoro de la fe profunda proveniente de nuestros padres. Aflíjanse con nosotros, todos ustedes que aman a sus hermanos, por el silencio de los hombres de verdadera Religión y la apertura de los labios osados y blasfemos de todos los que pronuncian injusticias contra Dios. Los pilares y la base de la verdad desparramados hacia afuera. Nosotros, cuya insignificancia ha permitido que seamos ignorados, estamos privados de nuestro derecho a hablar libremente” (Ep. 243, 2.4).
Hoy, estos obispos y cardenales que solicitan claridad y que intentan cumplir su deber guardando santa y fielmente la Revelación Divina transmitida en relación a los sacramentos del matrimonio y la eucaristía, ya no están exiliados como lo estaban los obispos nicenos durante la crisis arriana. Contrario al tiempo de la crisis arriana, tal como escribió en 1973 Rudolf Graber, obispo de Ratisbona, hoy el exilio de obispos es reemplazado por estrategias para silenciarlos y campañas de difamación (cf. Athanasius und die Kirche unserer Zeit, Abensberg 1973, p. 23).
Otro campeón de la fe católica durante la crisis arriana fue San Gregorio Nacianceno. Él escribió la siguiente descripción del comportamiento de la mayoría de los pastores de la Iglesia de aquel tiempo. Esta voz del gran Doctor de la Iglesia debiera ser una advertencia beneficiosa para los obispos de todos los tiempos: 
"Ciertamente los pastores actuaron como unos insensatos, porque salvo un número muy reducido, que fue despreciado por su insignificancia o que resistió por su virtud, y que había de quedar como una semilla o una raíz de donde renacería de nuevo Israel bajo el influjo del Espíritu Santo, todos cedieron a las circunstancias, con la única diferencia de que unos sucumbieron más pronto y otros más tarde; unos estuvieron en primera línea de los campeones y jefes de la impiedad, otros se unieron a las filas de los soldados en batalla, vencidos por el miedo, por el interés, por el halago o, lo que es más inexcusable, por su propia ignorancia” (Orat. 21, 24).
Cuando en el año 357 el papa Liberio firmó una de las denominadas fórmulas de Sirmium en la que descartaba deliberadamente la expresión dogmáticamente definida de “homoousios” y excomulgó a San Atanasio para tener paz y armonía con los obispos arrianos y semi-arrianos del este, algunos fieles católicos y obispos, especialmente San Hilario de Poitiers, se escandalizaron profundamente
San Hilario transmitió la carta que el papa Liberio escribió a los obispos orientales, anunciando la aceptación de la fórmula de Sirmium y la excomunión de San Atanasio. Con gran dolor y consternación, San Hilario agregó a la carta, en una especie de desesperación, la frase: “Anathema tibi a me dictum, praevaricator Liberi” (Yo te digo anatema, prevaricador Liberio), cf. Denzinger-Schönmetzer, n. 141. 
El papa Liberio quería paz y armonía a toda costa, incluso a expensas de la verdad divina. En su carta a los obispos heterodoxos latinos Ursace, Valence, y Germinius anunciándoles las decisiones mencionadas arriba, escribió que prefería paz y armonía antes que el martirio (cf. cf. Denzinger-Schönmetzer, n. 142).
En qué contraste dramático yacía el comportamiento del papa Liberio frente a la siguiente convicción de San Hilario de Poitiers: No conseguimos paz a expensas de la verdad, haciendo concesiones para adquirir la reputación de tolerantes. Conseguimos la paz luchando legítimamente según las reglas del Espíritu Santo. Hay un peligro en aliarse secretamente con el descreimiento que lleva el hermoso nombre de la paz.” (Hil. Ad Const., 2, 6, 2).
El beato John Henry Newman habló sobre estos lamentable e inusuales hechos con la siguiente afirmación sabia y equilibrada: 
“Si bien es históricamente cierto no es, de ninguna manera, doctrinalmente falso que un Papa, como doctor privado, y mucho más los obispos, cuando no enseñan formalmente, pueden errar, tal como vemos que erraron en el siglo cuarto. El papa Liberio podía firmar la fórmula Eusebia en Sirmium, y la misa de los obispos en Ariminum u otro lugar, y a pesar de ese error seguir siendo infalible en sus decisiones ex cathedra. (The Arians of the Fourth Century, London, 1876, p. 465).
Los cuatro cardenales con su voz profética demandando claridad doctrinal y pastoral  tienen un gran mérito frente a sus propias conciencias, frente a la historia, y frente a innumerables fieles católicos sencillos de nuestros días, empujados hacia la periferia eclesial por su fidelidad a las enseñanzas de Jesucristo sobre la indisolubilidad del matrimonio
Pero, sobre todo, los cuatro cardenales tienen un mérito grande a los ojos de Jesucristo. Debido al coraje de su voz, sus nombres brillarán ardientemente el día del Juicio Final, debido a que obedecieron a la voz de su conciencia, recordando las palabras de San Pablo: “Nada podemos contra la verdad, sino a favor de la verdad” (2 Cor 13: 8). 
Seguramente, en el Juicio Final los ya mencionados críticos de los cuatro cardenales, en su mayoría clérigos, no tendrán una respuesta fácil por su ataque violento al justo, valioso, y meritorio acto de estos cuatro miembros del Sagrado Colegio Cardenalicio.
Las siguientes palabras inspiradas por el Espíritu Santo retienen su valor profético, especialmente en vistas de la creciente confusión doctrinal y práctica respecto al sacramento del matrimonio en nuestros días: 
“Porque vendrá el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina, antes bien, con el prurito de oír, se amontonarán maestros con arreglo a sus concupiscencias. Y apartarán el oído de la verdad, pero se volverán a las fábulas. Tú, por tu parte, sé sobrio en todo, soporta lo adverso, haz obra de evangelista, cumple bien tu ministerio.” (2 Tim. 4: 3-5).
Que todos quienes en nuestros días aún toman seriamente sus votos bautismales y sus promesas sacerdotales y episcopales, reciban la fortaleza y la gracia de Dios para reiterar, junto con San Hilario, las palabras: 
“¡Que pueda estar siempre en el exilio, a menos para que la verdad comience a predicarse otra vez!” (De Syn., 78)Deseamos de todo corazón esta fortaleza y gracia a los cuatro cardenales así como a quienes los critican.
+ Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Saint Mary en Astana
(Traducido por Marilina Manteiga, equipo de traducción de Adelante la Fe. Artículo original)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Obispo polaco: "Los cuatro cardenales sólo ejercieron su deber"




En una entrevista con Michele M. Ippolito de La Fede Quotidiana, el obispo auxiliar Józef Wróbel, de Lublin (Polonia) parece ser el primero (de otros muchos prelados) en pronunciarse públicamente a favor de la Carta de los cuatro cardenales: "Los cuatro tenían razón al pedir aclaraciones sobre Amoris Laetitia. En todo caso, sólo se les debía responder "

-[Su] Excelencia [Obispo] Wrobel, ¿qué le parece la carta de aclaración sobre Amoris Laetitia enviada por cuatro cardenales al Papa?

-Han hecho bien y han ejercido correctamente las disposiciones del derecho canónico. Creo que no es sólo un derecho, sino incluso un deber. Hubiera sido justo responder a sus observaciones. No hicieron preguntas sobre el clima del día siguiente, sino sobre cuestiones relativas a la enseñanza de la Iglesia y por lo tanto a los fieles.

-Las dudas sobre la AL, ¿las encuentra pertinentes?

-Como he dicho antes, una aclaración sobre el documento, y especialmente sobre el capítulo ocho, es oportuna. El texto se presta efectivamente a varias interpretaciones. Es ambiguo.

-¿Por qué se presta a varias interpretaciones?

-Porque no estaba bien escrito. Probablemente con demasiada prisa, sin analizar los contenidos y las posibles consecuencias, sin el cuidado y atención que merecen. Hay una necesidad de llevar estas preguntas al Vaticano y a los colaboradores en quienes el Papa tiene confianza. La redacción de estos textos tan importantes con prisas no hace un buen servicio a la Iglesia.

-¿Se puede dar la comunión a los que se han vuelto a casar civilmente?

-No se podía dar [la Comunión] antes de Amoris Laetitia. No es posible tampoco ahora. La doctrina de la Iglesia no está sujeta a cambios: de lo contrario ya no sería la Iglesia de Cristo fundada en el Evangelio y la Tradición. No se le concede a nadie el modificar la doctrina en la medida en que nadie es el dueño de la Iglesia.

-¿Comunión a parejas homosexuales?

-No es posible, y la misericordia no es un permiso. Los actos homosexuales son un pecado muy grave, mucho más que los cometidos entre heterosexuales. De hecho, van contra la naturaleza.

(...)

-Inmigración, ¿qué hacer?

-La acogida está en el espíritu cristiano. Sobre todo, en la teología moral, la primacía está en la caridad. Ésta mira primero a los más cercanos [a nosotros], a los vecinos, para llegar después a los más alejados. Por lo tanto, primero debemos asegurarnos de que los que viven cerca de nosotros -parientes, hijos, padres, conciudadanos- estén bien y sólo después cuidemos a los que vienen de fuera. La demagogia no conduce a ninguna parte.

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Al igual que el Obispo Athanasius Schneider, el Obispo Wróbel es un auxiliar que se preocupa mucho más de la enseñanza católica y de los fieles que de avanzar en su propia carrera eclesiástica.

Y en cierto modo, su trabajo los eleva mucho más allá de la dignidad de una sede diocesana. Realmente se convierten en obispos mundiales.

Sólo podemos orar para que este sea el comienzo de una tendencia más amplia de apoyo a los cuatro cardenales de entre los sucesores apostólicos del mundo.

Roberto Tomasso contribuyó a esta traducción.

¿Qué podemos hacer los cristianos ante la situación actual? (Padre Alfonso Gálvez)

Duración 9:35 minutos

Mons. Papamanolis contra los cuatro cardenales (Bruno M.)

FUENTE: INFOCATÓLICA 


Parece ser que el obispo emérito de Syros, Santorini y Creta ha escrito una carta con acusaciones terribles a los cuatro cardenales que presentaron sus dubia al Papa sobre la Amoris Laetitia. Este obispo emérito de una diócesis griega con un número de católicos similar al de una parroquia pequeñita en España ha hecho públicas sus acusaciones con un lenguaje durísimo y altisonante contra los cardenales Caffarra, Meisner, Burke y Brandmüller, por el terrible delito de haber pedido aclaraciones sobre una serie de puntos oscuros de la exhortación Amoris Laetitia

[Texto completo de la carta de Mons. Frangkiskos Papamanolis  (en Aleteianoticias )]

¿Tendrá razón en lo que dice este obispo capuchino de nombre tan peculiar? Veamos brevemente sus acusaciones una a una.

1) Los cuatro cardenales deberían haber renunciado al cardenalato antes de presentar sus dubia y no deberían haber usado el título de cardenal.

¿En qué basa esta afirmación Mons. Papamanolis? En nada. Ni en el derecho canónico, ni en la moral, ni en las costumbres de la Iglesia, ni en el sentido común ni en nada. Aparentemente, es así porque él lo dice. Como dice el viejo adagio, quod gratis asseritur, gratis negatur. Cuando algo se afirma sin argumentos, no hace falta desmontarlo con argumentos, porque es una afirmación sin valor.

2) Causaron escándalo.

Esta acusación parece tener más peso. Es cierto que todo este asunto está creando escándalo en muchos fieles y el escándalo es algo que los católicos debemos tomarnos muy en serio, recordando las palabras de Cristo: Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Sin embargo, resulta deshonesto acusar de escándalo a quien lo único que hace es señalar la causa del problema. El culpable del escándalo es el que crea el problema, no el que lo señala para que se solucione.

La confusión que ha rodeado a algunas afirmaciones vagas del Papa en la exhortación apostólica y en declaraciones a los medios de comunicación, unidas a afirmaciones directamente heterodoxas de numerosos clérigos, incluidos obispos y cardenales, es la que ha causado y sigue causando un gran escándalo. La única solución posible a ese escándalo es clarificar lo que cada uno está diciendo, para que todos sepamos a qué atenernos.

3) Deberían haber escrito privadamente.

De hecho, eso es lo que hicieron. A pesar de que tenían todo el derecho del mundo a presentar sus dubia de forma pública, lo hicieron discretamente, de forma privada, demostrando así su buena fe. Y sólo al no recibir respuesta durante dos meses (y, es de suponer, cuando se les indicó que ya no se les iba a responder), hicieron públicas sus preguntas.

En cualquier caso, las afirmaciones que dieron lugar a los dubia fueron públicas y, por lo tanto, requieren una aclaración pública. En la Iglesia, la fe no es una cuestión privada de unos pocos privilegiados que mantienen en la ignorancia a los demás. La fe católica es la heredad de todos los católicos, tanto clérigos como fieles, y por lo tanto todos tienen derecho a que se aclare lo que está confuso.

4) Sus palabras son gravemente ofensivas para el Obispo de Roma.

Es difícil entender dónde puede estar la ofensa. Un dubium es la herramienta habitual por medio de la cual se solicitan explicaciones a la Santa Sede sobre algo que no está claro. En Roma se reciben multitud de ellas, sobre liturgia, moral, Sagrada Escritura, dogmas, sacramentos, competencias eclesiales, derecho canónico y un largo etcétera.

Nada tienen de raro estas preguntas, luego es de suponer que, si a alguien le molestan es porque prefiere que no se contesten con claridad.

5) Con sus palabras están juzgando a todo aquel que piensa diferente de ellos.

Esta afirmación es increíble. Según Monseñor Papamanolis ya no se puede defender la doctrina de la Iglesia porque eso significa juzgar a los demás. Esa actitud, llevada a sus últimas consecuencias, implica que no se puede decir nada de nada, porque siempre habrá alguien que no esté de acuerdo y que, según Mons. Papamanolis, estaría siendo juzgado.

Nada tiene esto que ver con lo que la Iglesia ha enseñado siempre. Juzgar a los demás en el sentido prohibido por Cristo es algo muy diferente de proclamar la fe católica y de juzgar los comportamientos a la luz de esa fe.

6) Han cometido un grave pecado de herejía y quizá de apostasía.

Esto sería cómico, si no diera cierta vergüenza ajena. En primer lugar porque, después de acusar de manera infundada a los cuatro cardenales de juzgar a los demás, pasa inmediatamente y sin ruborizarse a juzgarlos como pecadores, herejes y apóstatas.

Por otra parte, las acusaciones en sí son ridículas. ¿Sabrá monseñor Papamanolis lo que significan esos términos? ¿Cómo puede alguien caer en herejía y en apostasía por citar una encíclica de San Juan Pablo II? ¿También era un hereje y apóstata San Juan Pablo II? ¿Cómo va a convertirse alguien en hereje por preguntar al Papa lo que quiere decir con una frase confusa? Es un puro disparate.

7) A pesar de ese grave pecado de herejía y apostasía, supone que comulgarán, pero a la vez se escandalizarán de que los divorciados en una nueva unión comulguen también.

Como hemos visto, el supuesto grave pecado de herejía y apostasía es imaginario, así que esta acusación carece de sentido. En cualquier caso, incluso si ese pecado hubiera existido, nada tendría eso que ver con el hecho (evidente) de que alguien que está en situación de adulterio público no puede comulgar. Después del jardín de infancia, las acusaciones del tipo “Pero seño, Pepito es todavía peor que yo” no tienen ningún valor.

8) Se atreven a acusar al Papa Francisco de herejía.

Aquí ya la imaginación del buen obispo alcanza cotas estratosféricas. Preguntar a alguien qué quiere decir no es acusarle de herejía, sino justamente eso: preguntarle qué quiere decir. Si Mons. Papamanolis quiere saber lo que es acusar de herejía basta que lea su propia carta, en la que literalmente acusa de herejía y posible apostasía a los cuatro cardenales.

9) Rencores personales, que no vamos a analizar porque no vienen al caso (y que resulta llamativo que se hayan incluido en una carta pública).

En fin, a poco que se examinen las acusaciones realizadas por Mons. Papamanolis, resulta evidente que no tienen absolutamente ninguna sustancia.

Y uno no puede evitar preguntarse el porqué de estas reacciones desorbitadas contra los dubia de los cuatro cardenales. ¿Por qué no se responde a algo tan rutinario como unos dubia que sólo piden aclarar lo que se ha dicho? ¿Por qué todos los que hablan de dar la comunión a divorciados recasados “en circunstancias especiales” nunca explican cuáles son esas circunstancias? ¿Por qué prefieren moverse en la penumbra y la confusión sin arrojar luz sobre lo que realmente quieren decir? ¿Por qué les molesta que alguien pida claridad?

Todo el que obra mal odia la luz, y no se acerca a la luz para que sus acciones no queden expuestas (Jn 3, 20)
Bruno Moreno


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