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miércoles, 15 de abril de 2020

Celibato, Amazonia, Alemania. Vuelve al campo de juego el cardenal Sarah



 

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En la mañana del domingo de Pascua y en la mañana del lunes de Gloria la revista francesa “Valeurs actuelles” puso en red, en dos entregas, una entrevista ribereña al cardenal Robert Sarah, reunida por Charlotte d’Ornellas:

> “Là où règne la confusion, Dieu ne peut habiter!”: le cardinal Sarah appelle à l’unité de l’Eglise

> Cardinal Sarah: “Cette épidémie disperse la fumée de l’illusion”

En la primera entrega de la entrevista, Sarah se remite al libro escrito por él y publicado junto al papa emérito Benedicto XVI, con el título “Desde lo profundo de nuestro corazón”, en inclaudicable defensa del celibato sacerdotal.

El cardenal denuncia la instrumentalidad de las invectivas contra el libro y sus dos autores. Reafirma que su publicación, en el pasado mes de enero, ha sido hecha “con un espíritu de profunda obediencia filial al Santo Padre”. Y anhela que finalmente se lo discuta por lo que dice realmente y que el mismo papa Francisco ha mostrado que comparte, cuando dijo – repitiendo a Pablo VI – que “prefiero dar la vida antes de cambiar la ley sobre el celibato”.

Pero en la entrevista el cardenal Sarah habla también de otras cosas: del sínodo sobre la Amazonia, del sínodo de Alemania, de los enfrentamientos dentro de la Iglesia, de los abusos sexuales, además de la “crisis de la civilización” planteada por la pandemia del coronavirus.

A continuación presentamos un breve extracto de su entrevista, sobre los puntos más relevantes para la vida de la Iglesia.

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EL LIBRO SOBRE EL CELIBATO

Con Benedicto XVI hemos querido abrir un debate de fondo, una reflexión serena, objetiva y teológica sobre el sacerdocio y el celibato, apoyándonos en la Revelación y en los datos históricos. […] He leído muchas invectivas e injurias, pero muy poca reflexión teológica y pastoral, y sobre todo he visto muy pocos comportamientos cristianos.

Ahora bien, con Benedicto XVI hicimos propuestas audaces de reforma del modo de vida de los sacerdotes. Nadie ha recogido ni comentado las que creo que son las páginas más importantes de nuestra reflexión, las que se refieren a la necesaria renuncia a los bienes materiales por parte de los sacerdotes, las que apelan a una reforma fundamentada en la búsqueda de la santidad y en la vida de oración, las que invitan “a presentarse ante Ti y a servirte”. […] A todo esto se agrega la necesidad de servir a Dios y a los hombres. Nuestro libro quería ser espiritual, teológico y pastoral, mientras que los medios de comunicación y algunos expertos autodenominados tales han hecho una lectura política y dialéctica. Ahora que se han diluido las polémicas estériles, ¿quizás se lo podrá finalmente leer verdaderamente? ¿Quizás se lo podrá discutir pacíficamente?

EL SÍNODO SOBRE LA AMAZONÍA

Al día siguiente de la publicación de la exhortación apostólica “Querida Amazonía” del papa Francisco, algunos prelados han manifestado decepción y consternación. No estaban inquietos por los pueblos de la Amazonía, sino desilusionados, porque la Iglesia, según ellos, habría debido aprovechar esa ocasión para ponerse en sintonía con el mundo moderno. Se ha visto claramente en esta oleada que la cuestión amazónica había sido instrumentalizada. Se había utilizado la miseria de los pobres para promover proyectos ideológicos.

Debo confesar que tal cinismo me entristece profundamente, ya que en vez de trabajar para hacer descubrir a los pueblos de la Amazonía la profundidad y las riquezas únicas de la persona de Jesucristo y de su mensaje de salvación, se quiso “amazonizar” a Jesucristo y adosarle las creencias y las prácticas de los indígenas amazónicos, proponiéndoles un sacerdocio a medida humana, adaptado a su situación. Los pueblos de la Amazonía, al igual que los de África, tienen necesidad de Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los paganos, verdadero Dios y verdadero hombre, quien ha venido para salvar a los hombres manchados por el pecado, para regalarles la vida y reconciliarlos con Dios, haciendo la paz con la sangre de su cruz.

LOS CONTRASTES EN LA IGLESIA

La unidad de los católicos no es un simple afecto sentimental, sino que se fundamenta sobre lo que tenemos en común: la Revelación que Cristo nos ha dejado. Si cada uno defiende su propia opinión, su propia novedad, entonces la división se difundirá por todas partes. La fuente de nuestra unidad nos precede: la fe es una, es ella la que nos une. La herejía es la verdadera enemiga de la unidad. Me impresiona constatar cómo el subjetivismo torna histéricas las discusiones. Si se cree en la verdad se puede buscarla juntos, también se puede tener confrontaciones francas entre los teólogos, pero los corazones permanecen en paz, porque se sabe bien que al final la verdad aparecerá. Al contrario, cuando se cuestiona la objetividad intangible de la fe, entonces todo se transforma en rivalidad entre las personas, en lucha por el poder. La dictadura del relativismo, en tanto destruye la confianza pacífica en la verdad revelada, impide que haya un clima de serena caridad entre los hombres. […]

La unidad de la fe presupone la unidad del magisterio en el espacio y en el tiempo. Cuando se nos brinda una enseñanza nueva, siempre se la debe interpretar en coherencia con la enseñanza que precede. Si introducimos rupturas y revoluciones, destruiremos la unidad que gobierna a la santa Iglesia a través de los siglos, lo que no significa que estemos condenados al fijismo. Pero toda evolución debe ser una comprensión mejor y una profundización del pasado. La hermenéutica de la reforma en la continuidad que Benedicto ha enseñado tan claramente es una condición sine qua non de la unidad.

EL SÍNODO DE ALEMANIA

Lo que acontece en Alemania es terrible. Se tiene la impresión de que las verdades de fe y los mandamientos del Evangelio se ponen a votación. ¿Con qué derecho podemos decidir renunciar a una parte de la enseñanza de Cristo? Sé que numerosos católicos alemanes sufren por esta situación. Como ha dicho muchas veces Benedicto XVI, la Iglesia de Alemania es demasiado rica. Con el dinero se ha intentado hacer de todo: cambiar la Revelación, crear otro magisterio, una Iglesia no más una, santa, católica y apostólica, sino alemana. El riesgo para una Iglesia similar es pensarse como una de las instituciones mundiales. ¿Pero cómo entonces no terminaría pensándose como lo hace el mundo?

LOS ABUSOS SEXUALES

Esta crisis es ante todo una crisis de fe y una crisis profunda del sacerdocio. El descubrimiento de los crímenes abominables por parte de sacerdotes es el síntoma más aterrador. Cuando Dios no está en el centro, cuando la fe no determina más la acción, cuando ella no orienta más y no impregna más la vida de los hombres, entonces también esos delitos se tornan posibles. Es necesario que comencemos de nuevo, ha dicho Benedicto XVI, a vivir a partir de Dios y ante la mirada de Dios. Ante todo, los sacerdotes deben aprender a reconocer a Dios como el fundamento de su vida y no dejarlo aparte como si se tratara de una fórmula sin contenido real. Cuando una vida sacerdotal no tiene su centro en Dios, corre el riesgo de dejarse llevar por una forma de intoxicación del poder. Como decía también Benedicto XVI: “¿Por qué la pedofilia ha alcanzado proporciones similares? En último análisis, la razón de ello es la ausencia de Dios”.
 
Sandro Magister

NOTICIAS VARIAS 14 de abril de 2020



Pell: "Mis posiciones teológicas no son las de Francisco"

 
 
Hoy se ha emitido la entrevista ( aquí ) que el cardenal George Pell ha concedido a la agencia de noticias SkyNews. En el reportaje televisado con el presentador Andrew Bolt, el purpurado ha revelado, entre otras cosas, que está avergonzado por la forma en que la Iglesia ha tratado con el "cáncer" de los abusos sexuales de niños, por parte del clero. El cardenal impresionaba hablar con franqueza acerca del flagelo del abuso infantil dentro de la propia Iglesia, y de cómo esas muchas fallas del accionar intraeclesial aún persisten.

Tras asegurar que muchos en Roma, con altos cargos en la Curia Vaticana que simpatizan con las reformas financieras, relacionaron su proceso judicial en Australia precisamente con su intento de reformas, el cardenal sin embargo dijo que "ni siquiera mis oponentes teológicos en Roma creían las historias" de abuso sexual. Pero afirmó que no tiene prueba alguna de esa supuesta relación entre su actividad al frente de las finanzas vaticanas y lo que le ha ocurrido en Australia, aunque sí cree que algunos se aprovecharon del hombre que le acusó de haber abusado de él.

También recordó que el Papa, que le nombró Prefecto de la Secretaría de Economía, le mostró siempre su "apoyo absoluto" a pesar de que "mis posiciones teológicas no están precisamente alineadas con las de Francisco". Como se esperaba, nada dijo acerca del abandono jurídico con que el Vaticano lo dejó, sometido a la justicia secular.

Consultado acerca de cuál ha sido su peor momento en todos estos años, el cardenal respondió que eso sucedió cuando el Tribunal de Apelación de Victoria no revocó la sentencia condenatoria: "Nunca pensé que había la más remota posibilidad de que dos jueces no apoyaran mi apelación". La sentencia unánime de la Corte Suprema de Australia muestra que era lógico que el cardenal pensara así, ya que a lo largo de todo el proceso no se respetó nunca su presunción de inocencia. 

Retomando el tema de los abusos sexuales del clero, dijo: "Era como un cáncer... había que cortarlo". "Condeno totalmente este tipo de acciones y el daño que ha causado a tantas personas -continuó- Una de las cosas que me molesta es la sugerencia de que soy anti-víctimas, o que no simpatizo lo suficiente con ellos. Dediqué mucho tiempo y energía para tratar de ayudarlos, hacerles justicia, obtener ayuda y obtener una compensación". 

Buena parte de la entrevista el cardenal la dedicó también a describir los 405 días que pasó encerrado acusado de siete delitos sexuales contra niños, acusaciones que finalmente fueron anuladas por el Tribunal Superior de Australia. Se hizo amigo de varios reclusos, incluido un asesino convicto, y fue testigo de la devastación que la drogadicción tenía sobre quienes lo rodeaban. El cardenal Pell explicó que se sintió aliviado tras su liberación, pero que no siente "ira u hostilidad" hacia su acusador. Manifestando excelente humor, afirmó risueñamente que espera hacer la transición a una vida tranquila dedicándose "a la jardinería donde pueda concentrarse en cultivar rosas y repollos". 

Toda la entrevista, escuchar las palabras y el tono con el que habla el cardenal George Pell, y mirar su rostro sereno, es emotivo y reconfortante. Al fin de cuentas, tenemos que tomar conciencia que, de hecho, él es una víctima de la justicia. Con lo paradójico que esa expresión suena. Porque a decir verdad, deberíamos pensar que el sistema jurídico, y el poder policial, deberían ser actividades dedicadas a defender al inocente. Y sin embargo, la realidad a veces supera la más insospechada fantasía.

Por otra parte, es claro que el cardenal no le va a contar todo precisamente a SkyNews. Para comenzar, hay que suponer que su condición de creyente le hace callar su aceptado martirio: sólo él sabe lo que ha sufrido durante el año y medio que estuvo preso. De hecho, a simple vista se le nota debilitado y envejecido. No ha sido un año y medio normal, pues sabemos que el tiempo pasa de modo subjetivo en nuestra conciencia, para cada uno de modos diferentes, y cada uno siente el tiempo distinto a los demás: las indagaciones policiales, las distintas alternativas del juicio, la condena, el rechazo a las apelaciones, etc., todo eso le ha debido parecer una eternidad. Sin contar con los consabidos sufrimientos espirituales: la tentación del odio que debe rechazarse a cada momento, la angustia en la soledad, que debe superarse haciendo continuos actos de confianza en el Señor. Probablemente el daño que todo esto le ha producido sea irreparable en términos humanos. Aunque no mirado sobrenaturalmente.

Como más de un observador se ha dado cuenta de la paradoja del caso: cuando la policía y la justicia le abandonaron, fueron los presos, sus nuevos amigos de la prisión, los que creyeron en su inocencia. Precisamente aquellos que se saben culpables pudieron, de un modo intuitivo, darse cuenta, sentir, que entre sus muros tenían un hombre inocente.
Fr Filemón de la Trinidad