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domingo, 27 de mayo de 2018

Müller: “La ideología gay pone en riesgo el sentido de la existencia humana” (Carlos Esteban)

“A medida que más y más gobiernos por todo el mundo legalizan el matrimonio entre personas del mismo sexo, el debate interno en la Iglesia católica sobre si deberían reconocerse tales uniones -y si fuera así, cómo- es probable que se vuelva cada vez más intenso y divisivo”, se lee en un artículo del diario americano The Wall Street Journal titulado ‘La acechante lucha por las bendiciones homosexuales en la Iglesia Católica’.

¿Lucha? ¿Debate? ¿Sobre unas uniones consagradas a uno de los cinco pecados que, según las Escrituras, ‘claman la venganza de Yahwé’?

La palabra que están buscando es ‘aggionarnamento’, clave con la que se pretendía interpretar los nuevos tiempos en medios eclesiales inmediatamente antes, durante y en las postrimerías del Concilio Vaticano II. Actualización, puesta al día, sería el significado del término italiano, pero, ¿a qué día? ¿A qué tiempos?

‘Adaptarse a los tiempos’ es, naturalmente, una expresión tramposa: los tiempos serán lo que se quiera hacer con ellos, y abarcarán siempre muchas actitudes en conflicto, precisamente porque el mundo -o el Mundo, en su definición teológica, como uno de los enemigos del alma- es cambiante, frente a la Iglesia, que representa el Mensaje de Cristo, que es intemportal y perenne: Stat crux dum volvitur orbis, la Cruz permanece mientras el mundo da vueltas.

Pero lo que muchos explicaban, para tranquilizar conciencias, como una mera adaptación de las formas corre cada vez más el riesgo de tocar el núcleo, hasta el punto de que el reportaje del Journal no suena ya tan ridículo. La obsesión por el cambio que sacudió -y vació- la Iglesia postconciliar, de adaptarse a las modas ideológicas mundanas como conversos al mito del progreso, parecía haber entrado en una fase de replanteamiento y desaceleración con los dos pontificados anteriores, pero Francisco ha llegado para apretar el acelerador, siquiera con su actitud más que con pronunciamientos claros y concretos.

“Es difícil imaginar al Vaticano bajo el Papa Francisco prohibiendo categóricamente a los sacerdotes de todo el mundo tal actividad [la bendición de uniones del mismo sexo]”, se lee en el Journal. “Una prohibición así no solo chocaría con el tono de acogida que ha adoptado el Papa hacia los gays, sino que también entraría en conflicto con el énfasis que ha puesto en el ejercicio de la conciencia individual, más que el cumplimiento de normas estrictas, en el proceso de toma de decisiones morales”.

Ya saben, el famoso ‘discernimiento’ que, pese a todo lo que se repite de continuo, no parece de aplicación universal sino que se limitaría, oh casualidad, a las áreas en las que el ‘Zeitgeist’ más se aleja de la doctrina moral de la Iglesia. Cuando Su Santidad habla de los asuntos que le impone la agenda de la actualidad, de las ‘fake news’ al cambio climático o los riesgos de las altas finanzas, no hay referencias a la famosa ‘epiqueya’ ni se le ocurre exclamar que quién es él para juzgar.

Pero con la ‘bendición’ de las relaciones homosexuales habríamos llegado al ‘último discernimiento’, habríamos tocado fondo. Contradecir lo que no solo es una doctrina que se desprende diáfanamente de toda la concepción cristiana de la sexualidad, sino que ha sido repetida y contundentemente definida tanto en la Escritura como en la Tradición y el Magisterio llevaría ineluctablemente al paso final, es decir, negar que la Iglesia sea fuente de verdad infalible.

El Cardenal Gerhard Müller, que desde que fue cesado como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe parece haberse recuperado de su anterior afonía y no cesa de advertir del desastre, ha dicho durante la presentación de la edición italiana del libro de Daniel Mattson ‘Por qué no me defino como gay’, que “con la ideologia gay se pone en riesgo el sentido de la existencia humana”.

El Santo Padre ha mantenido en esto lo que ya es un peligroso patrón de conducta: lanzar dos opiniones sobre el mismo asunto, una a título privado, por un medio que permita negar que se haya expresado de la forma en que aparece públicamente, y otra con ocasión del algún acto oficial.

En el primer caso nos encontramos con las declaración de la víctima chilena de abusos clericales, Juan Carlos Cruz, en entrevista concedida a El País. En ella Cruz asegura que el Papa le dijo que “Dios le había hecho gay”. En este caso, la Oficina de Prensa del Vaticano ni siquiera se ha molestado en desmentirlo, y el editor del periódico jesuita estadounidense America, Padre James Martin, da las declaraciones por ciertas tuiteando la propia noticia de InfoVaticana:


Por otro lado, dirigiéndose a los obispos italianos reunidos en asamblea, el Santo Padre ha aconsejado a los purpurados que, “en la duda, es mejor que no entren” los homosexuales en los seminarios.

Es comprensible una actitud tal en un político, que lanza un ‘globo sonda’ para tomar la temperatura de la opinión pública sobre un cambio ideológico antes de decidirse a aplicarlo. En un Papa, resulta directamente aterrador.

Carlos Esteban

Pablo VI, nuevo Ordo Missae y hermenéutica de la continuidad



Hace varios días y con una sonrisa de ironía y de cierta perplejidad ante lo que leíamos, el vaticanista Sandro Magister intentaba justificar el desastre de la liturgia postconciliar y presentar a Pablo VI como una víctima inocente de asesores y demás (protagonista indiscutible el gran Annibale Bugnini).

Es una lógica que vemos últimamente en los nuevos conservadores, ante los desmanes perpetrados por los papas postconciliares.

Lo bueno es decisión de ellos, inspirados por el Espíritu Santo y lo malo o digamos (para que no se escandalicen los oídos débiles de los pápólatras) lo menos acertado es fruto de los malos consejos de sus colaboradores. Nadie habla de resistencia a la gracia o de resistencia al Espíritu Santo.

A estas alturas sería muy ingenuo negar las inclinaciones progresistas de Pablo VI, sería muy largo explicar sus debilidades durante el concilio y el postconcilio. No decimos que no se daba cuenta de lo que ocurría; claro que se daba cuenta y prueba de ello es que la frase archiconocida de “el humo de Satánas se ha colado en la Iglesia” es suya y muy suya , pero parece que muy poco hizo para tapar las rendijas por las que se colaba el malvado Satanás. Una de las rendijas más gruesas, quizás incluso agujero y al que él (Pablo VI), contribuyó de forma manifiesta, por mucho que Sandro Magister nos quiera convencer, fue el tema de la liturgia. Sólo Dios conocerá la ruptura que supuso y la contribución a la pérdida de la fe de tantos y tantos creyentes. Negar a estas alturas que el abandono de la liturgia tradicional no sea una de las causas de la apostasía que padecemos ya no se lo cree nadie.

Es algo que ni Francisco se hubiera atrevido, porque no lo olvidemos; todo lo que hace Francisco o “casi todo” es hermenéutica de la continuidad postconciliar porque la nueva Iglesia, para “ellos”, nació con el CVII.

Una prueba de la resistencia a la Nueva Misa fue un examen crítico que el cardenal Ottaviani y el cardenal Bacci escribieron al papa, alertando de la ruptura que suponía la nueva liturgia. Dicho examen fue precedido de una carta:

Carta a Pablo VI de los cardenales Ottaviani y Bacci

Santidad,

Después de haber examinado y hecho examinar el nuevo Ordo Missae preparado por los expertos de la Comisión para la aplicación de la Constitución conciliar sobre la Sagrada Liturgia, y después de haber reflexionado y rezado durante largo tiempo, sentimos la obligación ante Dios y ante Vuestra Santidad de expresar las siguientes consideraciones:

Como suficientemente prueba el examen crítico anexo, por muy breve que sea, obra de un grupo selecto de teólogos, liturgistas y pastores de almas, el nuevo Ordo Missae –si se consideran los elementos nuevos susceptibles de apreciaciones muy diversas, que aparecen en él sobreentendidas o implícitas– se aleja de modo impresionante, tanto en conjunto como en detalle, de la teología católica de la Santa Misa tal como fue formulada por la 20ª sesión del Concilio de Trento que, al fijar definitivamente los «cánones» del rito, levantó una barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera atentar a la integridad del Misterio.

Las razones pastorales atribuidas para justificar una ruptura tan grave, aunque pudieran tener valor ante las razones doctrinales, no parecen suficientes. En el nuevo Ordo Missae aparecen tantas novedades y, a su vez, tantas cosas eternas se ven relegadas a un lugar inferior o distinto –si es que siguen ocupando alguno– que podría reforzarse o cambiarse en certeza la duda, que por desgracia se insinúa en muchos ámbitos, según la cual las verdades que siempre ha creído el pueblo cristiano podrían cambiar o silenciarse sin que esto suponga infidelidad al depósito sagrado de la doctrina, al cual está vinculado para siempre la fe católica. Las recientes reformas han demostrado suficientemente que los nuevos cambios en la liturgia no podrán realizarse sin desembocar en un completo desconcierto de los fieles, que ya manifiestan que les resultan insoportables y que disminuyen incontestablemente su fe. En la mejor parte del clero esto se manifiesta por una crisis de conciencia torturante, de la que tenemos testimonios innumerables y diarios. 

Estamos seguros de que estas consideraciones, directamente inspiradas en lo que escuchamos por la voz vibrante de los pastores y del rebaño, deberán encontrar un eco en el corazón paterno de Vuestra Santidad, siempre tan profundamente preocupado por las necesidades espirituales de los hijos de la Iglesia. Los súbditos, para cuyo bien se hace la ley, siempre tienen derecho y, más que derecho, deber –en el caso en que la ley se revele nociva– de pedir con filial confianza su abrogación al legislador.

Por ese motivo suplicamos instantemente a Vuestra Santidad que no permita, –en un momento en que la pureza de la fe y la unidad de la Iglesia sufren tan crueles laceraciones y peligros cada vez mayores, que encuentran cada día un eco afligido en las palabras del Padre común–, que no se nos suprima la posibilidad de seguir recurriendo al íntegro y fecundo Misal romano de San Pío V, tan alabado por Vuestra Santidad y tan profundamente venerado y amado por el mundo católico entero.

Cardenal Ottaviani, prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe.

Cardenal Bacci.

Irlanda también ha caído. Ya es hora de que los cristianos dejemos de callarnos (Elentir)


Dos tercios de los irlandeses apoyan quitar sus derechos a otros seres humanos
El 66,4% de los irlandeses han votado a favor de suprimir ese derecho, lo que permitirá matar a los más inocentes e indefensos en ese país. Es un retroceso brutal en materia de derechos humanos, que deja a Europa sin su último gran santuario para los hijos por nacer. Sé que algún día nuestra sociedad se avergonzará de esto, tanto como hoy se avergüenzan otros pueblos de haber llamado “derecho” a la posesión de esclavos o de haber considerado “untermensch” (subhumanos) a millones de nuestros semejantes (judíos, discapacitados, gitanos, polacos, rusos…), a fin de negarles los derechos propios de la condición humana, empezando por el derecho más básico de todos, sin el que los demás quedan amenazados: el derecho a la vida.
La dictadura del relativismo: una amenaza para los derechos humanos
En 2010, el Papa Benedicto XVI advirtió: “La dictadura del relativismo puede llegar a destruir la libertad”. No le faltaba razón. Una sociedad relativista no acepta ninguna verdad absoluta ni universal, ni siquiera los derechos humanos. El relativismo conduce a la dictadura de la mayoría, cuya voluntad es manipulable a través de los medios de comunicación. Los diques jurídicos implementados después de la Segunda Guerra Mundial para frenar los abusos contra las minorías, empezando por la protección de los derechos humanos, se están quebrantando uno a uno en aras de una forma de pensamiento que lo tergiversa todo, incluso el mismísimo respeto por la vida humana. Deberíamos tener muy presente el aviso que hizo Santa Teresa de Calcuta en 1994 en el desayuno de Oración Nacional en Washington DC, Estados Unidos: Cualquier país que acepte el aborto, no le enseña a su gente a amar, sino a utilizar violencia para recibir lo que quieran“.
Las palabras de San Juan Pablo II a Irlanda en 1979
He citado a dos grandes referentes para los católicos. Añadiré a uno más. En 1995, el Papa San Juan Pablo II advirtióestamos ante un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, la muerte y la vida, la «cultura de la muerte» y la «cultura de la vida»“. La campaña para aprobar la 8ª Enmienda de la Constitución irlandesa, que protege a los no nacidos, se puso en marcha el 21 de enero de 1981. Quince meses antes, el Papa polaco había visitado Irlanda, diciendo lo siguiente en una homilía en Limerick el 1 de octubre de 1979: El aborto, como declara el Concilio Vaticano, es un “crimen abominable”. Atacar una vida que todavía no ha visto la luz en cualquier momento de su concepción es minar la totalidad del orden moral, auténtico guardián del bienestar humano. La defensa de la absoluta inviolabilidad de la vida todavía no nacida forma parte de la defensa de los derechos y de la dignidad humanos. Ojalá Irlanda no flaquee en su testimonio, ante Europa y el mundo entero, de la dignidad y sacralidad de toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte. Inspirados por aquel santo, los obispos irlandeses y diversas organizaciones católicas de la isla se implicaron de lleno en la iniciativa, recibiendo el apoyo de los tres principales partidos del país.
El perfil bajo de los obispos irlandeses y los pastores que rehusan serlo
La cosa ha sido muy diferente ante este nuevo referéndum. Varios medios se han jactado del “perfil bajo” adoptado por los Obispos irlandeses“Temerosa de alejar a los electores con un mensaje demasiado dogmático, o de movilizar a los del bando contrario, la Iglesia católica irlandesa ha optado por quedarse en segundo plano en la campaña del referéndum sobre el aborto”afirmaba France 24. El 5 de mayo, la Association of Catholic Priests (ACP), que afirma agrupar a un millar de curas católicos irlandeses (en 2014 había 2.627 sacerdotes católicos en Irlanda), publicó un comunicado en el que afirmaba: la vida humana es compleja, arrojando situaciones que son más a menudo grises que en blanco y negro y que nos exigen un enfoque pastoral sensible y sin prejuicios. Además, como líderes de una asociación formada por hombres que no están casados ​​y no tienen hijos, no estamos en la mejor posición para ser dogmáticos en este tema“. También criticaban que “algunas parroquias católicas permitan que sus púlpitos sean utilizados por activistas durante la Misa. Como hay entre los fieles católicos una gran variedad de opiniones sobre este voto, creemos que esto es inapropiado e insensible. Si se niegan a orientar moralmente a sus feligreses, ¿para qué son curas?
El silencio del Papa Francisco ante el referéndum irlandés
Pero la ausencia más notable en este debate ha sido la de Roma. El 14 de mayo, desde The Catholic World Report, Filip Mazurczak animaba a rezar para que el Papa se dirigiese a los irlandeses sobre este tema. Finalmente no lo ha hecho. A diferencia de la inspiración que recibieron los católicos irlandeses de San Juan Pablo II en 1979, el Papa Francisco no ha dirigido ningún mensaje espectífico a los fieles de Irlanda en relación al aborto. “No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible”, dijo el Papa Francisco en 2013 en una entrevista concedida a la revista La Civiltà Cattolica, y añadió: no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar“. Sin embargo, los defensores de la cultura de la muerte hablan de ello sin descanso. Y ahora acaban de conquistar también Irlanda. ¿Cambiará de opinión el Papa ante esta nueva derrota para la cultura de la vida? ¿Qué habría pasado en Irlanda si Francisco, haciendo uso de toda su popularidad, se hubiese pronunciado?
El deber de los cristianos hacia la sociedad
Los cristianos tenemos que asumir que nuestra fe tiene que proyectarse también en la vida pública. Tenemos el derecho y también el deber de hacer valer nuestros planteamientos en los asuntos que nos afectan a todos. ¿O acaso alguien piensa que los católicos somos ciudadanos de segunda y debemos estar callados para no “contaminar” a la sociedad con nuestras creencias? Es algo que no se le pide ni siquiera a los partidarios de una ideología totalitaria y responsable de más de 100 millones de muertos como es el comunismo. Precisamente, el papel de los cristianos en la caída de ese sistema opresivo fue importantísimo. Sin la actuación de San Juan Pablo II, sin el activismo de los católicos polacos de Solidarność, hoy en día media Europa seguiría bajo el yugo marxista. El silencio y los complejos de los cristianos en la vida pública está siendo aprovechado por ideologías igual de aberrantes que el marxismo, y en algunos casos descendientes de él. El terreno que perdemos nosotros lo ganan los partidarios de la cultura de la muerte y de la aberrante y totalitaria ideología de género. Y con ello no sólo perdemos los cristianos: está perdiendo toda la sociedad, empezando por aquellos cuyas vidas están comenzando en el vientre materno. El Cristianismo es la sólida base sobre la que Europa construyó su civilización, esta civilización en la que arraigó la libertad y la democracia. No tenemos que avergonzarnos de ser lo que somos. Ya es hora de que los cristianos dejemos de callarnos: tenemos mucho que aportar a la sociedad, y muchas vidas dependen de que nosotros las defendamos.
Elentir

Irlanda se entrega a la muerte



El país, antaño conocido por su defensa de la fe frente al imperio británico, se mancha las manos con la sangre de los miles de niños que morirán por causa de la perversa reforma aprobada ayer por el 66,4% de la población, que permitirá el aborto hasta las 12 semanas.

El histórico referéndum realizado el viernes 25 de mayo en Irlanda concluyó con la mayoría a favor de la derogación de la Octava Enmienda de la Constitución con la que se protege el derecho a la vida de la madre y el niño por nacer.

Este sábado 26, la Comisión encargada del conteo dio a conocer que un 66,4% de votantes apoyó la derogación de la enmienda mientras que el 33,6% votó para que se mantuviera.

Sólo en el condado de Donegal venció el “no” al aborto, con un 51,9%.

Con esta decisión, el gobierno de Irlanda podrá modificar las leyes para permitir el aborto hasta las 12 semanas de gestación, llegando hasta 24 en algunos casos.

La Octava Enmienda fue aprobada en 1983 con un 67% de los votos y señala:

“El Estado reconoce el derecho a la vida del no nacido y, con el debido respeto al mismo derecho a la vida de la madre, garantiza en sus leyes el respeto y, hasta donde sea practicable con sus normas, defiende y reivindica ese derecho”.
En declaraciones a CNN, Ailbhe Smyth, activista promotora del aborto, dijo sobre el resultado del referéndum que “ha sido un largo y duro camino, pero nunca lo perdimos de vista porque es esencial para nuestra existencia, para el ser de las mujeres que tengamos el control de nuestros propios cuerpos”.

Por su parte, el grupo Save the 8th campaign, que lucha por la vida en Irlanda, consideró que el resultado de la votación es una “tragedia de proporciones históricas”, pero felicitó a quienes votaron por defender la enmienda hasta el final.
Indicó también que seguirán en su lucha por el derecho a la vida. Y agregó: 
“Cada vez que un no nacido sea asesinado en Irlanda nos opondremos a ello y haremos que nuestras voces se escuchen”
“El aborto estaba mal ayer y sigue estando mal hoy. La Constitución puede haber cambiado, pero los hechos no”.
Por su parte, Marjorie Dannenfelser, presidenta del grupo provida Susan B. Anthony List, dijo este sábado que:
“El resultado del referéndum es una profunda tragedia para el pueblo irlandés y todo el mundo”.
“Mientras otros países occidentales incluyendo a Estados Unidos fueron accediendo al lobby del aborto, Irlanda siempre ha sido un brillante faro de esperanza por su firme defensa de los no nacidos y sus madres. Nos apena muchísimo este resultado”, resaltó. 

Fiesta de la Santísima Trinidad

Padre Alfonso Gálvez Morillas

Duración 47:43 minutos
Homilía del 22 de mayo de 2016

Conversando con Jesús: ¿Sueño o realidad? (3 de 5) [20 de 22] (José Martí)






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Jorge Bergoglio estaba aterrorizado. No podía negar nada de lo que Jesús le estaba diciendo, porque era la pura verdad; y se había quedado corto: las herejías en las que estaba implicado eran bastantes más de las que Jesús le había recordado.

Su falso concepto de misericordia [alejado de la verdad] había caído por los suelos. Había falsificado el Mensaje de Cristo; y ciertamente, pretendía pasar a la historia como el Papa que cambió el rumbo de la Iglesia hacia derroteros más modernistas. 

Se había considerado a sí mismo como intérprete del Espíritu Santo, cuando ese "espíritu" que él transmitía a los católicos no era, en realidad, sino sus propias ideas, su propio espíritu, ... , un espíritu mundano, que escamoteaba la Palabra de Dios, conforme a su criterio y a su visión de la realidad.

Pretendía hacer una reforma irreversible de la Iglesia, en contra de todo el Magisterio anterior de sus predecesores en el Papado. 

Pretendía hacer del Concilio Vaticano II el único Concilio definitivo, con menosprecio de los veinte concilios anteriores. 

Pretendía, en definitiva, adueñarse de la Iglesia e imponer sus propias reglas y su propio ideas, abusando de la autoridad que, como presunto vicario de Cristo, le había sido concedida. 

No contaba con el hecho (en el que no creía) de que el infierno era una realmente "real" (¡ahora sí lo sabía!) y que las almas de los inicuos no desaparecían ni se esfumaban; por el contrario, si no se arrepentían de corazón de sus pecados, serían condenados por toda la eternidad.

Había predicado que no hay verdades absolutas y que lo único importante era que cada uno actuara según su "conciencia" (no importando que ésta fuese errónea). 

Con este tipo de consideraciones, que eran -en realidad- un examen de conciencia, estuvo cavilando durante un buen rato (no sabría decir cuánto). La conclusión a la que llegó, sobre sí mismo, lo dejó fuera de combate. Había sido traidor a su misión. Había buscado sólo el aplauso de la gente. Había sido soberbio y no había atendido a los suyos, a los que el Señor le había encomendado, a los verdaderamente pobres y desvalidos, espiritualmente hablando. Ciertamente, su situación era lamentable. Y lo peor de todo es que, aun así, no acababa de dar su brazo a torcer: ¡El pecado de soberbia lo tenía hasta tal punto esclavizado que no entendía que nadie pudiera llevarle la contraria ... ni el mismo Señor! 

Abrumado por estos pensamientos, no sabía ya qué decir ... aunque no fue necesario, porque aquí intervino Jesús nuevamente:

- Mira, Jorge ... o si prefieres te llamo Francisco, presta mucha atención a lo que voy a decirte. Tendrás que tomar una decisión. Y esa decisión será definitiva. De lo que decidas dependerá el futuro que te espera: a bien a mi lado; o bien separado de Mí para siempre.

Balbuceando y como pudo, logró que de su boca salieron estas palabras, apenas audibles:

- Te escucho, Señor

Jesús lo miró. De nuevo volvieron a encontrarse sus miradas, pues Francisco, aunque angustiado, consiguió levantar la cabeza y abrir los ojos para mirarle. La mirada de Jesús era de una gran pena, pero estaba dotada de una seguridad indescriptible. Le atraía, porque veía en ella cariño auténtico, pero también ponía al descubierto toda su vida. Nada le era oculto. Nadie podía engañarle. Y esto le asustó. Se tapó los ojos, agachó la cabeza y se dispuso a escuchar:

- Lo que voy a decirte es de suma importancia. Pese a tus pecados, que son muy graves, Yo te sigo queriendo. Siempre ha sido así y seguirá siéndolo. Pero si quieres salvarte, es necesario que tú también me quieras y que me lo demuestres poniendo por obra todo lo que te diga. 
Continuará

Entrevista de Raymond Arroyo al padre Gerald Murray el 12 de abril de 2018

WORLD OVER

Duración 9:24 minutos

Algunas consideraciones  de interés sobre la exhortación apostólica Gaudete et exultate y otros temas, entre ellos la imposibilidad del acceso al sacerdocio para las mujeres.

Los “Incels” y el significado del sexo (Nicholas Senz)



Ciertos acontecimientos a veces introducen una nueva terminología en nuestra conciencia pública o llaman la atención a una palabra oscura. El reciente ataque en Toronto, en el cual un hombre arrolló a un grupo de mujeres con su auto por enojo sobre su estado actual de relación, produjo otra: “incel” o “célibe involuntario”. Estas dos palabras, y el incidente que las trajo a primer plano, dicen mucho sobre el estado actual de nuestra cultura.

El término aquí se refiere a una persona que no está actualmente en una relación sexual, pero que desea estar. Ahora, técnicamente, este es un uso inexacto del término “célibe”. No menciono esto para ser pedante, sino porque es revelador.

En la enseñanza católica, hay tres palabras “c” que explican diferentes aspectos de la sexualidad. "Castidad" es limitar la actividad sexual para que se ajuste a su estado de vida, respetando la fuerza del impulso sexual y las consecuencias naturales del acto sexual (es decir, niños). “Celibato” es ese estado en la vida que renuncia al matrimonio por el bien de algún otro propósito."Continencia" es la falta de actividad sexual. Entonces, si tuviéramos que ordenar las palabras correctamente, sería: para el célibe, la castidad requiere continencia.

Sin embargo, en el uso moderno, los tres distintos significados de estos términos se han reducido a uno solo, de modo que todos se consideran simplemente como “no tener relaciones sexuales”. De esta manera, cualquier sentido coherente del propósito detrás de la moralidad sexual cristiana ha desaparecido. El “porqué” de la castidad y el significado del celibato no se entiende bien.

Las revoluciones que la sociedad occidental experimentó en las últimas décadas muchas veces giraron en torno al sexo. Los revolucionarios políticos de los años sesenta y setenta sostuvieron el “amor libre” como un sello distintivo de su agenda anti-establishment de autorrealización. Y la llegada de “la píldora” hizo que esa agenda prácticamente fuera mucho más posible.

Una cultura que busca elevar al individuo no comprometido (es decir, radicalmente autónomo) por encima de todo lo demás, necesariamente debe tener una visión radical del sexo, porque el sexo en su raíz es un acto que naturalmente conduce a lazos y obligaciones. El sexo ahora se ve como un acto de autorrealización y cumplimiento del deseo más que como el sello de una relación permanente con efectos duraderos.

Así, incluso algunos católicos han intentado convertir la distinción entre los aspectos unitivo y procreativo del acto sexual en una división. Pero esto es un error. Separar lo unitivo de lo procreativo simplemente no separa los dos elementos para que se mantengan de forma independiente, precisamente porque no se puede.

Más bien, lo unitivo se desintegra y degenera en búsqueda del placer, dejando a un lado la vida. Cuando la noción del vínculo vivo, el niño, se elimina por completo de la ecuación o se ve como un subproducto accidental, entonces ¿qué otra cosa existe sino la sensación del momento? ¿Y qué, en ese sentimiento, requiere una obligación de la vida, aparte del sentimiento? El sentimiento no es un cemento suficientemente fuerte como para mantener unida cualquier ética.

Como Ross Douthat observó en una columna reciente, cuando una sociedad se organiza en torno al principio de la autonomía individual, y la autonomía se define como “tener derecho a hacer lo que me plazca”, y el acto sexual se convierte simplemente en otra actividad placentera, es inevitable que algunos vean el sexo como un derecho, como algo que se les debe. Y si no están teniendo relaciones sexuales, es sólo porque una persona o estructura injusta se lo retiene. No hay sentido de un apropiado abstencionismo de la actividad sexual, como en la continencia casta.

Esta actitud se manifiesta de diferentes maneras, desde el hombre que comete el asesinato en nombre de responder a esta supuesta injusticia, hasta aquellos que desean monetizar este fenómeno reclasificando la prostitución como “trabajo sexual”, simplemente un otro servicio prestado, otro producto comercializado por dinero en efectivo.

Sin embargo, aquí es justo donde la ideología se encuentra con la naturaleza y se rompe. El sexo es esencialmente un regalo de sí mismo para otro, y un regalo nunca se puede exigir como un derecho. Y lo mismo sucede con otra persona. Decir que uno se debe a la actividad sexual es decir que se tiene, al menos, un derecho general sobre el cuerpo de otra persona, o que la otra persona involucrada en el acto, su bien y su realización, es completamente irrelevante. (Este es el caso tanto de las prostitutas, con quienes sólo existe una relación transaccional, como del espectro infernal de los “robots sexuales”, a lo que Douthat alude). Esto necesariamente convierte el sexo en un acto deshumanizante.


Nicholas Senz (The Catholic Thing | 24 mayo, 2018)