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domingo, 17 de septiembre de 2023

¿Más sabio que Santo Tomás? (Bruno Moreno)



Hace tiempo, escribí un artículo titulado “Mejores que Jesucristo”, sobre la plaga de eclesiásticos que, claramente, consideran que son más misericordiosos, inteligentes y avanzados que el mismo Hijo de Dios encarnado. Generalmente, como es lógico, no se atreven a decirlo con esas palabras, pero sí lo hacen con los hechos cuando defienden que habría que cambiar el Evangelio o la fe y la moral reveladas por Cristo, que es lo mismo que defender que ellos saben mejor que nuestro Señor lo que debe hacer el ser humano, o cuando pretenden que permitir el divorcio y demás inmoralidades es mucho más misericordioso que ser fieles a lo que Jesucristo enseñó.

En ese contexto, no es extraño que también hayamos terminado por tener a un Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que da por hecho que es más sabio que Santo Tomás. Era inevitable que sucediera antes o después. Lo digo con todo el respeto debido a su dignidad episcopal y reconociendo que, por supuesto, Mons. Fernández no lo expresa así, ni será consciente de que piensa así, pero los hechos son los hechos y lo cierto es que propone exactamente lo contrario que Santo Tomás y espera que le creamos a él en lugar de al santo y Doctor de la Iglesia, algo que solo se explicaría si fuese más sabio que él.

En efecto, Mons. Fernández nos asegura que los obispos no deben pretender corregir nunca al Papa en materia de fe, porque “si me dicen que algunos obispos tienen un don especial del Espíritu Santo para juzgar la doctrina del Santo Padre, entraremos en un círculo vicioso (en el que cualquiera puede pretender tener la verdadera doctrina) y eso sería herejía y cisma”.

¿Es eso cierto? ¿Los obispos deben quedarse calladitos y no criticar nunca algo que ha dicho el Papa, porque hacerlo sería caer en la herejía y el cisma? 

Veamos qué decía Santo Tomás sobre el tema (al igual que toda la Iglesia anterior y posterior): “en el caso de que amenazare un peligro para la fe, los superiores deberían ser reprendidos incluso públicamente por sus súbditos” (S. Th., II-II, 33, 4). El inferior no solo puede, sino que debe reprender públicamente a un superior si habla contra la fe católica. Y esto es un principio universal en la Iglesia, de manera que no solo los obispos, sino también los simples sacerdotes o incluso los fieles pueden y deben rechazar cualquier error de fe, lo defienda quien lo defienda, aunque sea un papa. Pero está claro que Mons. Fernández debe de ser más sabio que Santo Tomás y habrá que hacerle caso a él y no al Doctor de la Iglesia.

¿Y qué dijo San Pablo? “Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema” (Gal 1,8). Parece que está muy claro: si alguien dice algo contra la fe, aunque sea un ángel o un Apóstol o, presumiblemente, un Papa, no hay que hacerle el más mínimo caso. San Pablo no dijo, “bueno, si lo digo yo que soy Apóstol, entonces sí vale”. Nadie, sea quien sea, puede afirmar nada contra la fe en la Iglesia y, si lo hace, hay que rechazarlo.

Pero, si nos queda alguna duda, preguntémonos: ¿qué hizo San Pablo? Exactamente lo que había dicho que debía hacerse. Cuando el primer Papa llevaba a error a los fieles al volver a las prácticas del judaísmo, San Pablo reprendió en público a San Pedro: “dije a Cefas en presencia de todos…” (Gal 2,14). ¿Por qué públicamente? Porque su conducta había sido públicamente escandalosa y estaba extraviando a los fieles. Y no solo reprendió públicamente al Papa, sino que contó que lo había hecho en la Carta a los Gálatas, que es Palabra de Dios. Santo Tomás explicó este hecho diciendo que así San Pedro dio humildemente ejemplo a los superiores para que aceptaran la corrección de sus inferiores si se habían apartado del buen camino. O quizá debamos concluir que Mons. Fernández es más obediente que el Apóstol San Pablo y más humilde que San Pedro, además de saber más sobre la Iglesia que la propia Palabra de Dios.

¿Y qué han dicho los concilios? El III Concilio de Constantinopla, por ejemplo, condenó al Papa Honorio por haber coqueteado con las ideas de los herejes monotelitas, condena que fue confirmada por el Papa San León y por los Concilios II de Nicea y IV de Constantinopla. ¿Será que no sabían que no se puede corregir a un Papa en materia de fe? El Concilio Vaticano I como es sabido, definió las circunstancias en que el magisterio del Santo Padre es infalible. No hace falta pensar mucho para darse cuenta de que eso implica que hay otro magisterio papal que no es infalible y, por lo tanto, puede estar equivocado si se aparta de la Tradición y la Escritura. Y, si está equivocado, ¿no habrá que rechazarlo como nos recordaba San Pablo en el párrafo anterior? Bueno, supongo que Mons. Fernández sabrá más que cuatro Concilios ecuménicos.

El Concilio Vaticano I, por cierto, refuta otra teoría de Mons. Fernández expresada en la misma entrevista, en la que nos asegura que: “Cuando hablamos de obediencia al magisterio, esto se entiende al menos en dos sentidos, que son inseparables e igualmente importantes. Uno es el sentido más estático, de un «depósito de la fe» que debemos custodiar y preservar incólume. Pero, por otro lado, existe un carisma particular para esta salvaguardia, un carisma único, que el Señor ha dado sólo a Pedro y a sus sucesores. En este caso no se trata de un depósito, sino de un don vivo y activo, que actúa en la persona del Santo Padre. Yo no tengo este carisma, ni usted, ni el cardenal Burke. Hoy sólo lo tiene el Papa Francisco.”

Este doble carisma es algo completamente ajeno a lo definido por el Concilio Vaticano I, que además lo negó expresamente: “Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe” (Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor Aeternus, 18 de julio de 1870). 

¿Cuál es, por tanto, el carisma de Pedro? El de guardar santamente y exponer fielmente el depósito de la fe. Ese otro carisma del que habla Mons. Fernández, que “no se trata de un depósito” y que “actúa en la persona del Santo Padre” parece ser, pues, una invención, es decir una de esas nuevas doctrinas que el Concilio rechazó expresamente.

¿Y qué nos dice la historia de la Iglesia? Cuando el Papa Juan XXII afirmó que las almas de los justos solo verían a Dios después del Juicio Final, es decir, una herejía, los teólogos de París, sus propios cardenales y varios príncipes católicos se volvieron contra él e incluso le amenazaron con la hoguera hasta que el Papa se retractó de sus errores antes de morir. Su sucesor, Benedicto XII, definió como dogma de fe la doctrina que había negado su predecesor, para que no hubiera ninguna duda. ¿Será que no sabían que no se puede corregir a un Papa? El Papa Adriano VI enseñó que un Papa podía errar en materia de fe e incluso enseñar una herejía. Inocencio III dijo que la fe es algo tan importante que, como Papa, solo podría ser juzgado si se apartara de ella. ¿Les haremos caso? Claro que no, habrá que creer más bien que Mons. Fernández sabe más de historia de la Iglesia que la propia Iglesia y más teología que el Papa Benedicto XII o Adriano VI.

¿Y qué han hecho y dicho los santos? Hay multitud de ejemplos. Santa Catalina de Siena, con mucho cariño, echaba unas broncas terribles al Papa de la época. San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia, en De Romano Pontifice, habló de la posibilidad de que un Papa cayera en la herejía (citando el caso de Juan XXII como herejía material) y consideró la opinión contraria como una mera “creencia piadosa”. San Alfonso María de Ligorio dijo que, si el Papa incurriera en herejía, por eso mismo quedaría privado del pontificado. ¿Y los teólogos? Multitud de los mejores teólogos han enseñado que el Papa podía caer en herejía, como mínimo material, pero también en muchos casos formal. Por ejemplo, el Cardenal Cayetano, Melchor Cano, Francisco Suárez, Domingo Báñez, Billuart, Juan de Torquemada, Billot, Ballerini o Juan de Santo Tomás, por citar solo unos pocos. Sus opiniones sobre cómo podía solucionarse ese problema fueron muy diversas, pero el reconocimiento de que el problema de hecho podía darse es habitual entre los teólogos y todos defendían que la herejía también debía combatirse si era afirmada por un Papa, porque eso es lo que siempre ha enseñado la Iglesia sobre el tema. El Decreto de Graciano, en el siglo XII, afirmaba que el papa no es juzgado por nadie, “a no ser que se desvíe de la fe”. En fin, supongo que ya podemos tirar los escritos de santos y teólogos a la papelera, ahora que Mons. Fernández nos ha explicado las cosas mucho mejor.

Todo esto (y otros muchos ejemplos más que podrían darse), por supuesto, no decide el tema de si conviene corregir a un Papa en concreto o no, que es una cuestión prudencial y en la que conviene ser muy humildes y cautelosos, pero muestra sin lugar a dudas que la idea de que los obispos no deben corregir nunca al Papa en materia de fe es completamente ajena a la enseñanza de la Iglesia a lo largo de los siglos.

Sería injusto centrarnos demasiado en el pobre Mons. Fernández, que simplemente es hijo de una época en que la mala formación es habitual y se encuentra en un cargo que le supera, porque el problema, como decíamos está mucho más extendido. Tiendo a pensar que los católicos del futuro se maravillarán al pensar en nosotros y dirán que vivimos en una época asombrosa, en la que no solo tenemos clérigos que son más misericordiosos que el mismo Jesucristo, sino también son más sabios que Santo Tomás, más obedientes que San Pablo y más santos que San Roberto Belarmino o San Alfonso María de Ligorio y conocen mejor la fe que los Concilios Ecuménicos que la definieron o que la propia Palabra de Dios. Todo un portento.

¿Qué debemos hacer en una época así? Lo que siempre han hecho los católicos: amar a la Iglesia, rezar mucho por el Papa y los obispos, ser fieles a la Tradición recibida y a la fe de la Iglesia, rechazar humildemente pero con firmeza todo lo que sea contrario a ellas y confiar en Cristo, que es el único Señor de la Historia.

Así es como la extrema izquierda mintió a las mujeres con una ley que beneficia a violadores



En nombre del feminismo, la extrema izquierda de Podemos ha engañado a las mujeres de España y ha favorecido a sus agresores sexuales.



La Justicia alertó sobre los efectos de la ley pero Montero los negó

Al igual que su partido, Podemos, la ministra de Igualdad, la comunista Irene Montero, lleva meses mintiendo sobre su ley del "sólo sí es sí". Como ya supieron los lectores de Contando Estrelas hace un año, esa ley rebajaba las condenas a los agresores sexuales, algo que ya fue advertido por el Consejo General del Poder Judicial en 2021, antes de que la ley fuese aprobada. A pesar de la evidencia, Montero lo negó y dijo en febrero que "las leyes no bajan penas".

Podemos culpó a los jueces de los resultados de su ley

Desde que empezaron las críticas por esas rebajas penales a violadores y pederastas, Podemos ha venido culpando a los jueces de aplicar mal la ley, en una exhibición de ignorancia jurídica y de cinismo político que buscaba cargar a la Justicia con las culpas de la ley redactada por dirigentes de ese partido. Una campaña de desinformación que muchos simpatizantes de la extrema izquierda se tragaron sin rechistar, de la misma forma que se tragan cualquier mentira que les digan desde Podemos y otros partidos afines.

Podemos defendió esa ley y se negó a modificarla

A finales de agosto de 2023, Montero celebró el primer aniversario de esa ley ensalzándola y sin hacer ni la más mínima autocrítica sobre su contenido y sobre su responsabilidad como ministra sobre el contenido de la ley que redactó su departamento. Recordemos, de hecho, que a comienzos de febrero, desde Podemos justificaron la rebaja de condenas a violadores. Dos meses más tarde, cuando la ley fue reformada por el PSOE y el PP, Podemos votó en contra de la reforma, porque se negaba a cambiar ni una coma de esa ley.

Ahora Podemos cambia de versión y culpa al PSOE

Después de todo esol, ayer, en un mitin de Podemos, Irene Montero se refirió a esa ley y dijo (ver vídeo): "sí, la ley tiene un error, un error garrafal, que como todo el mundo sabe, ha cometido el Ministerio de Justicia, que es del Partido Socialista".

Esta declaración de Montero implica un cambio de versión que deja a la ministra como una mentirosa. Si la ley tenía un gran error (Montero ni siquiera dice cuál) y ese error era responsabilidad del PSOE, ¿entonces por qué cuando el PSOE dio a Podemos la oportunidad de corregir esa ley, Podemos se negó? Podemos actuó como el partido autor de esa ley, un partido que no toleraba que se cambiase ni un ápice de su ley.

Y si el error fue del PSOE, ¿por qué Podemos lleva meses culpando a los jueces? ¿Podemos acusó falsamente a los jueces de aplicar mal la ley, es decir, les acusó falsamente de cometer un delito de prevaricación, a pesar de que sabía que el error supuestamente se debía al PSOE?

Y si ese error fue culpa de los socialistas, ¿por qué Podemos se ha negado a hacer ni la más mínima autocrítica de esa ley, incluso cuando el PSOE decidió modificarla? Podemos defendió con más radicalidad que el PSOE esa ley de la que ahora culpa a sus socios de gobierno. Incluso votó en contra de su modificación.

Una mentalidad de secta en la que la verdad no importa

Obviamente, Montero y la dirección de Podemos saben que los hinchas de ese partido de extrema izquierda tienen unas grandísimas tragaderas. Los comunistas llevan muchos años prefiriendo las consignas del partido cuando éstas entran en colisión con la lógica. Lo hicieron durante décadas llamando "república democrática" a la dictadura comunista de Alemania Oriental, y lo han hecho cada vez que se declaraban "demócratas" y a la vez apoyaban a dictaduras como las de Cuba y Venezuela. ¿Qué les importa una mentira más? El comunismo funciona como una secta, y en las sectas la verdad no importa.

El problema de España es que esa mentalidad sectaria se ha extendido también al mal llamado "centro-izquierda", a los que se declaraban "socialdemócratas" y ahora actúan, en la práctica, como un simple clon de la extrema izquierda. El PSOE es tan culpable de esa ley como Podemos. La apoyaron los diputados de ambos partidos y la aprobó en su conjunto un Consejo de Ministros formado por socialistas y comunistas y presidido por Pedro Sánchez. Por mucho que ahora se tiren los trastos a la cabeza, socialistas y comunistas son responsables por igual de ese favor a los violadores. Y Pedro Sánchez es especialmente responsable de que Irene Montero se mantenga aún hoy en su cargo.

Elentir

Llamamiento al Papa y al Sínodo de numerosos fieles católicos reunidos en Asís



Me señalan otro llamamiento, uno de los muchos que no fueron escuchados, empezando por la Dubia de los 4 cardenales... aquí - aquí - aquí - aquí - aquí - aquí. En caso de expresión de doctrinas contrarias al Depositum fidei, sólo se habla de suspensión del consentimiento (ver nota 1). La cuestión de la posible deposición de un Papa hereje es diferente (nota 2)

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Miramos con preocupación y aprensión la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, convocada en Roma para el próximo mes de octubre, sobre el tema de la "Sinodalidad". Como hijos de la Iglesia y como ciudadanos de esta gran Nación, nos dirigimos al Papa Francisco, pidiéndole que tenga la gran valentía, que ya tuvieron sus venerados antecesores, de no permitir nunca que nos desviemos de ninguna manera de la doctrina católica, reafirmando la verdad. del Evangelio, capaz de revelar y restaurar al hombre y al pueblo su vocación originaria y altísima.
El Sínodo no se atreve a atacar la naturaleza de la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Esta preocupación no surge de ninguna ideología, sino de los procesos que usted ha iniciado y que fomenta, como confió a un obispo italiano, en un sínodo anterior. La doctrina no es otra cosa que la enseñanza católica, que Pablo llama el “poder del Evangelio”. No se reduce sólo al Credo, sino que se extiende al Catecismo, que no es agua destilada, sino condensación de vida y santidad vivida por la Iglesia.
Como decía el cardenal Caffarra: una Iglesia sin doctrina es sólo una Iglesia más ignorante.
Como creyentes, con el sensus fidei, proporcional al desarrollo de la fe y a la santidad de vida de cada uno, estamos llamados a defender la fe para difundirla por el mundo, como ocurrió en el Concilio de Éfeso. El sensus fidei no es la volonté gènérale de Rousseau, el resultado de la influencia del pensamiento dominante en un momento dado, sino lo que siempre se ha creído, en todas partes y por todos – laicos y sacerdotes – en todo el mundo a lo largo de los siglos. El sensus fidei actúa como una especie de sistema inmunológico espiritual, que hace que los fieles reconozcan y rechacen instintivamente cualquier error.
Hoy, en la Iglesia, se intenta convencernos de que abrazar la herejía y la inmoralidad no es pecado, sino más bien una respuesta a la voz del Espíritu Santo, que hablaría a través de personas que se sienten marginadas.
Santo Padre, el documento de trabajo del próximo Sínodo no es un resumen de la fe católica ni de las enseñanzas del Nuevo Testamento. Es radicalmente incompleto, ambiguo y hostil, en muchos sentidos, a la perenne tradición apostólica. El Nuevo Testamento no es reconocido de ninguna manera como la Palabra de Dios, la norma para todas las enseñanzas sobre la fe y la moral. Quienes lo escribieron sueñan con otra Iglesia, que no tenga nada de fe católica. Su Santidad, ponga fin a cualquier ambigüedad entre Sinodaler Weg y el Sínodo Universal, advierta a la Iglesia alemana y nombre otro relator general para el próximo Sínodo.

No permitamos que hoy la Iglesia enseñe doctrinas contrarias a las que ha enseñado anteriormente en materia de fe y moral, permitiendo que las uniones entre personas homosexuales sean bendecidas, implicando así que el comportamiento homosexual como tal no sería contrario a la ley de Dios y a el camino de la persona hacia Dios.

No deis al próximo Sínodo, que es sólo una representación guiada de pastores y fieles, la autoridad en materia doctrinal y pastoral, que pertenece exclusivamente al Romano Pontífice y al Colegio Episcopal. De lo contrario, la unidad de la Iglesia correrá grave peligro, porque con tantos fieles en todo el mundo esperando una respuesta cierta, suspenderemos prudentemente nuestro asentimiento , y la misión de Pedro, que ama y une, fracasará.

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Nota de la Iglesia y post-concilio

1. En cuanto a la "suspensión del consentimiento": Card. Müller afirmó recientemente: “ La autoridad formal del Papa no puede separarse de la conexión sustancial con la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y las decisiones dogmáticas del Magisterio que le precedieron. De lo contrario, al malinterpretar Lutero el papado, éste se pondría en el lugar de Dios, único autor de su verdad revelada, en lugar de limitarse a dar fiel testimonio, en la autoridad de Cristo, de la fe revelada en forma integral. y sin adulterar y presentarlo auténticamente a la Iglesia. En una situación tan extrema, de la que Dios puede salvarnos, todo funcionario eclesiástico habría perdido su autoridad y ningún católico está ya obligado a obedecer religiosamente a un obispo herético o cismático" . Fuente
Roberto Bellarmino, en la hipótesis (entonces sólo de escuela) de un Papa hereje, afirma: "Es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad: sin embargo, no está lícito juzgarlo, castigarlo o destituirlo, porque son actos propios de un superior” ( De Romano Pontifice , II, 29).

2. Según Mons. Schneider (sobre la deposición de un Papa herético): “En asuntos tan delicados no se puede seguir una opinión, ni siquiera si ha sido sostenida por teólogos eminentes (como San Roberto Belarmino o San Alfonso) durante un período de tiempo considerable. . Más bien, debemos esperar una decisión explícita y formal por parte del Magisterio de la Iglesia, decisión que el Magisterio aún no ha emitido". Fuente + observaciones de P. Pasqualucci aquí

Sánchez y el Rey



Sánchez, tras el intento fallido de Feijóo, acudirá con su cara de cemento armado al Rey presentándose con avales suficientes para ser investido presidente por segunda vez.

En esto, uno que es dado a la fantasía literaria no tiene por menos que soñar con un imposible como es que el Rey estuviese en su sitio y desplegase el coraje y el saber estar en un momento muy delicado para nuestra débil democracia española en la que el poder Ejecutivo -léase gobierno sanchista o de Sánchez- ha asaltado y maniatado no ya a los poderes Legislativo y Judicial, sino también a la Fiscalía y los Altos Tribunales.

Parece mentira, pero es pura y triste realidad, que un tipo vulgar y con aspecto de galán de teleserie venezolana sea capaz de poner en riesgo todo un Estado de Derecho y asumir en su persona los tres Poderes del Estado, emulando a un nuevo Rey Sol, ahora Rey Sombra, porque todo se sustenta en la mentira, la manipulación mediática y la falta de escrúpulos.

Pero vayamos a ese despliegue de la imaginación de lo que sería un diálogo entre Sánchez y un hipotético rey de verdad, con arrestos, un rey rey:

El ujier uniformado, hace pasar a Sánchez a la antesala del despacho real a la voz de “Excmo. Sr. Don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, Majestad”.

-Bienvenido, Pedro, toma asiento, por favor ¿Y la familia? ¿Y esas vacaciones? Siento mucho lo de tu COVID, una lástima no hayas podido ir a la India.

-Gracias, Felipe. Todo bien en casa. Lo del COVID sí que es un problema, lo coges en cualquier sitio.

-Dime, qué piensas de tu posible investidura. Vienes a eso, ¿no?

-Está hecho, Felipe, tengo los votos suficientes y de sobra para la investidura. Lo ponemos en marcha e irá sobre ruedas, Felipe, sobre ruedas.

-Te equivocas, Pedro, no irá sobre ruedas, sino sobre una infamia, sobre una agresión bárbara a nuestro Estado de Derecho. Me reconocerás que vienes legislando a base de Decretos-Ley, ninguneando al Poder Legislativo que reside en el Congreso y Senado, como también pretendes ahora desautorizar al Tribunal Constitucional y Supremo, que condenaron a los cabecillas de la sublevación catalana. Comprende que tampoco puedes estar por encima de Jueces y Magistrados, saltándote sus sentencias.

Mira, la amnistía de Puigdemont el fugado es lo que colma el vaso de toda esta locura sin sentido y yo no voy a consentirlo, sino denunciarlo públicamente en un mensaje televisivo en el que voy a proponer que lo más sensato, prudente y adecuado es que de no llegar a un pacto entre los dos grandes partidos, se repitan las elecciones.

-Te equivocas, Felipe, tú no puedes tomar decisiones políticas. La Constitución no te lo permite ¿Ahora eres del PP o quizás de VOX? Vaya, vaya, toda una sorpresa, macho. No sé qué presiones tendrás, si de la banca, los militares o ambos, pero te vas a meter en un buen lío, un lío del que no vas a salir bien parado, te lo advierto.

-A mí no me presiona nadie, Pedro, bueno sólo mi conciencia y la alta tarea que tengo encomendada como es servir a los españoles. Tampoco te permito que me hables en ese tono, mucho menos que me insinúes amenazas. A mí nadie me amenaza en ésta, mi casa. Además, tú no tienes autoridad de ninguna naturaleza para decirme lo que tengo o no tengo que hacer. Esta coyuntura política está abocada a una repetición electoral o bien a que tanto PP como vosotros lleguéis a un acuerdo de gobernabilidad en coalición, como se hace en el resto de Europa.

-Pues no tengo nada más que hablar contigo, Felipe. Ya sabes cómo se las gastan los de Podemos montando algaradas y tomando las calles por la fuerza, como será imprevisible la reacción de vascos y catalanes que esperaban por fin iniciar la senda de su autodeterminación. Vas a incendiar el país y serás el único responsable.

-Yo no incendio nada, Pedro, mi función es bien distinta, armonizar y hermanar, no dividir. Lo dicho, voy a ultimar un discurso en el que propondré lleguéis a un pacto de gobernabilidad PP y PSOE o bien se repitan las elecciones. Ni voy a traicionar a mi país, ni me voy a traicionar yo mismo. Sé que me juego mi familia, como también sé que el pueblo me respaldará y saldré adelante, Dios me ayudará.

-Bueno, tú y tu Dios veréis.

-Eso mismo, yo y él lo veremos.

Pero volvamos a la cruda y embarrada realidad, a que el pobre rey tiene tres bocas que alimentar cada día, a que es cierto que el rey no debe entrar en política y que aquí, en España, a día de hoy nadie se moja por nadie cuando se tiene a la boca una teta de la gran vaca, teta de la que maman miles y miles de acomodados, politiquillos de suburbios, pseudo funcionarios del régimen, femilistas, vividores, fantoches y demás basura del desgobierno sito en Madrid.

No obstante, con tanta fantasía y probabilidad, con tanta casuística de lo que pudiera o pudiese ocurrir en las próximas semanas, aún me quedan algunas dudas por resolver:

¿Tiene Felipe VI dignidad?, ¿autoridad moral?, ¿honorabilidad?, ¿es ahora la hora?

Yo creo que sí, sin duda que sí.

¿El desenlace?: Próximamente en su televisión, en la Secta.

José Riqueni Barrios