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sábado, 27 de enero de 2018

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Monseñor Schneider explica por qué habla claro sobre Amoris Laetitia  (Adelante la Fe)

No tan mediático el viaje a Perú: Francisco se reunió de nuevo con Gustavo Gutiérrez, el engendrador de la Teología de la Liberación (Secretum Meum Mihi)

Canadá, subsidios solo si pro gay y pro aborto (Il Timone)






Selección por José Martí

OTRA VEZ EL PACTO DE METZ (I) (Capitán Ryder)



Uno de los problemas que veo en la oposición a Francisco es la imputación de causas que se le hacen y que ya vienen de lejos.

Dicho de otra forma, muchas de las lechugas de Francisco no son de su huerto, ya fueron plantadas, regadas y abonadas en pontificados anteriores. Por eso creo, que si no se sacan las conclusiones adecuadas, nada se habrá solucionado.

Aquellos que lean el blog ya pueden hacerse una idea de lo que pienso del ecumenismo del Vaticano II hasta la actualidad. Y este ecumenismo plantea tantos problemas a la Fe de la Iglesia como los “Amores de Leticia”. Pero, sin embargo, ha pasado completamente desapercibido estos últimos 50 años. La crisis, cada vez más profunda, no es por casualidad.

Viene esto a cuenta de otro escándalo que ha estallado hace pocas fechas; el mandato del Vaticano a dos obispos chinos para que cedan su puesto a otros obispos cismáticos, previamente excomulgados.

Como digo, hay antecedentes igual o más graves que estos, que explican muchas cosas y que han pasado completamente desapercibidos.

Hablo del “pacto de Metz” y de la “Ospolitik” de Pablo VI.

El primero, se alcanzó en agosto de 1962, previo al Concilio Vaticano II, que nacía de esta manera con una tara importantísima, la segunda, se aplicó durante los años posteriores al Concilio.

El pacto de Metz

Era deseo de Juan XXIII que hubiese observadores de las distintas confesiones cristianas en el Concilio Vaticano II. El problema con los ortodoxos era que necesitaban el permiso expreso de Stalin.

Para asegurarse la presencia de observadores ortodoxos, el Vaticano, a sugerencia de Montini (posterior Pablo VI), y en decisión tomada personalmente por Juan XXIII, envió al cardenal Tisserant a la ciudad de Metz (Francia) para negociar con el régimen comunista.

La negociación concluyó con un acuerdo que firmaron el metroplita Nicodemo por parte de la Iglesia Ortodoxa, y el cardenal Tisserant (decano del Sacro Colegio) por parte de la Santa Sede.

Los detalles se conocen a través de la rueda de prensa concedida por mons. Schmitt, obispo de aquella diócesis.

Comenta Romano Amerio en Iota Unum:
“La noticia del acuerdo fue dada en estos términos por “France Novelle”, boletín central del Partido Comunista Francés, en el número de 16-22 de enero de 1963: “Puesto que el sistema socialista mundial manifiesta de forma innegable su superioridad y recibe su fortaleza de la aprobación de centenares y centenares de millones de hombres, la Iglesia ya no puede contentarse con su tosco anticomunismo. Incluso se ha comprometido, con ocasión del diálogo con la Iglesia ortodoxa rusa, a que no habrá en el Concilio un ataque directo contra el régimen comunista”. Por otra parte, el diario “La Croix” de 15 de febrero de 1963 informaba del acuerdo, concluyendo: “Después de esta entrevista, Mons. Nicodemo aceptó que alguien se acercase a Moscú a llevar una invitación, a condición de que fuesen dadas garantías en lo que concierne a la actitud apolítica del Concilio”.
Bueno, pues ese fue el pacto, rigurosamente cumplido…sólo por el Vaticano. En el Concilio no se condenó el comunismo, Moscú envió 2 espías al Vaticano, la Iglesia Ortodoxa estaba infiltradisima, y los católicos bajo régimen comunista siguieron igual de perseguidos que hasta entonces.

La veracidad de los acuerdos de Metz recibió confirmación en los años 80 por parte de Mons. Georges Roche, secretario del cardenal Tisserant durante 30 años. Ante las imputaciones de Jean Maridan salió en defensa del negociador vaticano.

Así nacía el Concilio Vaticano II. En el discurso de apertura, con un cinismo difícilmente igualable, Juan XXIII señalaba las ventajas de que “por la vida moderna desaparezcan los innumerables obstáculos que en otros tiempos impedían el libre obrar de los hijos de la Iglesia”, mientras más adelante decía experimentar “un vivísimo dolor por la ausencia de tantos pastores de almas para Nos queridísimos, los cuales sufren prisión por su fidelidad a Cristo”.

Señala Romano Amerio al respecto:
“En el discurso inaugural del Concilio se celebra la libertad de la Iglesia contemporánea en el mismo momento en que se confiesa que muchísimos obispos están encarcelados por su fidelidad a Cristo y cuando, en virtud de un acuerdo propugnado por el Pontífice, el Concilio se encuentra constreñido por el compromiso de no pronunciar ninguna condena contra el comunismo. Esta contradicción, siendo grande, lo es menos si se la compara con la contradicción de fondo consistente en fundamentar la renovación de la Iglesia sobre la apertura al mundo, para luego borrar de entre los problemas del mundo el problema principalísimo, esencialísimo y decisivo del comunismo”.
Continuará…

Capitán Ryder

Noticias varias Gloria TV (Matrimonio en vuelo, conflictos sucesorios, cauística, etc...)


LUTERO׃ Antropología cristiana. Sólo la Verdad importa y ésta es Cristo (Alberto Bárcena) [7 de 7] [Comentado por José Martí]

Duración 8:41 minutos

Nota 1: Como se dijo en la primera entrada relativa a esta magnífica y esclarecedora conferencia del doctor Bárcena, lo ideal sería hacer un hueco y escucharla en su totalidad, desde el principio, para lograr así una idea más unificada acerca del Ecumenismo y del gran daño causado por la "Reforma" de Lutero a la Iglesia Católica ... 

¡Celebrar ese acontecimiento es un contrasentido y va en contra de la verdad histórica! Si algo hay de bueno en lo que dijo Lutero es aquello en lo que coincide con lo católico, o sea, en lo que mantiene de lo que ha recibido. Lo que pone de su cuenta y riesgo, es falso, pues se opone a la Doctrina Católica, en particular, el caso concreto de su teología de la consolación y de la sola Fides. 

El verdadero ecumenismo (aunque a mí no me gusta usar esa palabra, que no deja de ser también un invento humano) estaba ya inventado. Viene incluido en la palabra "católica", que significa "universal". Y consiste, básicamente, en seguid el mandato recibido por Jesús: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a TODA criatura. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará" (Mc 16, 15-16). 

Cuando Jesús dice a todos, se entiende que es a todos, sin excepción: ateos, judíos, musulmanes, agnósticos ... y, por supuesto, a aquellos que, cometiendo un pecado de herejía, se separaron de la única y verdadera Iglesia que es la Iglesia Católica, haciendo caso omiso de las palabras que san Pablo dirigió a los gálatas: "Aunque nosotros mismos o un ángel del Cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!" (Gal 1, 8).

La Doctrina Revelada es muy clara y no hay contradicción en ella. Eso sí: con el paso del tiempo se va profundizando en ella y comprendiéndola mejor, asistidos por el Espíritu Santo que guía a la Iglesia de manera que la Palabra de Dios va adaptándose a la mentalidad de todas las gentes de todos los tiempos y culturas, pero sin variar un ápice su contenido, pues ello supondría una traición al Mensaje Revelado. 

El fundador de la Iglesia es Jesucristo, que no es un mero hombre, sino que es también Dios, el Único Dios "por quien fueron hechas todas las cosas" (Jn 1, 3). El resto de "religiones" son tan solo inventos de hombres. No son Religión, propiamente hablando, pues no hay un "dios" real que se haya manifestado sino "dioses" inventados que van variando de un modo arbitrario, conforme lo vayan requiriendo las pasiones humanas. 

De modo que sólo hay una Verdad y sólo un fundamento por el que podamos alcanzar la Vida y salvarnos. Y éste es Jesucristo (Hech 4, 12).  Y a Jesucristo lo conocemos a través de su Iglesia, su "verdadera" Iglesia, aquélla que está constituida por los fieles cristianos que se mantienen íntegros en la Doctrina recibida, sin cambiar un ápice del Evangelio que han recibido, de una vez para siempre (Jd, 3), para transmitirlo de generación en generación. 

Y esto es pura gracia de Dios, pues nosotros no somos mejores que los demás, sino incluso más pecadores ... con la diferencia de que, también por gracia divina, si se lo pedimos al Señor, Él nos hace capaces de reconocernos como lo que realmente somos: seres humanos creados por Él a su Imagen y Semejanza, pero con una naturaleza herida por el pecado original de nuestros primeros padres, que nos lleva a cometer, libremente, pecados personales que nos separan de Dios, los cuales admitimos como tales pecados, contrarios a su Ley y le pedimos perdón, con la seguridad de que Él nos va a perdonar.

Hay un pecado, sin embargo, que no se puede perdonar y es pecado contra el Espíritu Santo: "Al que hable contra el Espíritu Santo no se le perdonará ni en este mundo ni en el venidero" (Mt 12, 32). El Espíritu Santo se identifica con el Amor de Dios. Blasfemar contra el Espíritu equivale a rechazar y odiar el hecho de ser amados por Dios. Es un modo de decirle a Dios, manifestado en Jesucristo: "No queremos nada contigo. No te reconocemos como nuestro Dios y como nuestro Señor. Tú no tienes que decirnos lo que tenemos que hacer. Nosotros nos imponemos nuestras propias leyes y nuestros propios dioses"

En respeto a nuestra libertad, Dios no puede obligarnos a amarle. Sin libertad no puede haber amor. Y Dios es sumamente respetuoso con esa libertad que Él mismo nos dio al crearnos. Ahora bien: Si estar con Dios es la salvación, la ausencia y el rechazo de Dios es la condenación. No es Dios quien nos condena, propiamente hablando, pues "Él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2, 4). Si nos condenamos, si Dios no nos perdona ni en este mundo ni en el otro ... es, sencillamente, porque no deseamos ser perdonados de nada. La existencia de Dios y sus Palabras nos molestan  y queremos desprendernos de ellas y de su influencia. Al proceder así, le atamos las manos a Dios y, aunque su deseo es el de salvarnos, no puede hacerlo, pues siendo todo Amor como es, necesita ser amado por cada uno de nosotros, para que así el Amor pueda llegar a su plenitud ... lo cual es imposible si, por nuestra parte, le impedimos el paso a nuestro corazón y luchamos contra Él. 

Actuar de ese modo no es sino un adelanto de nuestra condenación  eterna, equivalente al "Non serviam" que pronunció Luzbel, el más inteligente y bello de todos los ángeles [al principio de los tiempos, antes de que el hombre fuese creado], al no reconocer a Dios como a su Señor y a su Creador.  

Este pecado de soberbia transformó a Luzbel en Lucifer, el Príncipe de los demonios, cuya existencia transcurre en una desdicha infinita y en un continuo odio a Dios y a todo lo que Dios ama ... un odio que trata de infundir, por todos los medios, y de un modo especial, en los seres humanos, dado que éstos son las criaturas preferidas de Dios, aquéllos a quienes Dios más ama, con un amor de predilección tal que le llevó hasta el extremo de hacerse hombre [realmente un hombre, uno de nosotros ... sin dejar de ser Dios] y dar su vida en rescate por muchos, para salvarnos. 

Tenemos que elegir: O bien a Dios, encarnado en Jesucristo, cuyo conocimiento verdadero nos llega a través de los sucesores de los Apóstoles (en el seno de la Iglesia) ... o bien al Diablo, que es mentiroso y padre de la mentira y de todos los mentirosos y que nos lleva a hacer creer que es bueno para nosotros aquello que nos conduce a la perdición ... ¡y nosotros nos dejamos engañar! 

La salvación, que está sólo en permanecer en Dios, y junto a Dios ... y que ahora es posible gracias a su venida en la Persona de su Hijo, hecho hombre, Jesucristo, ..., esta salvación, digo, podrá hacerse efectiva y real en nosotros únicamente si, reconociendo nuestros pecados como tales pecados, nos arrepentimos de ellos, con todo nuestro corazón, y le admitimos a Él como nuestro único Dios y Señor. 

En nuestras manos ha dejado Dios nuestra salvación. Su voluntad salvífica, con relación a nosotros, es muy clara, pues nos ama y desea lo mejor para nosotros. Sólo queda que nosotros pongamos de nuestra parte para que esa salvación (que, objetivamente, es posible para todos) se haga efectiva y real (subjetivamente, para cada uno de nosotros).

 A Él se lo pedimos, por intercesión de su Madre y Madre nuestra, la Virgen María.
José Martí

Nota 2: Tengo para mí que los protestantes deben de estar muy tristes porque no tienen una madre, como la tenemos nosotros. Recemos por ellos para que se conviertan a la Verdad - a toda la verdad- y tengan así, también, una Madre tan cariñosa y bondadosa como la nuestra ... porque, además -entonces sí- serían nuestros hermanos en Cristo, formando parte de la única y verdadera Iglesia, que es la Católica.

LUTERO׃ El surgimiento del Calvinismo y de infinitas sectas (Alberto Bárcena) [6 de 7]

Duración 2:24 minutos

LUTERO׃ La devoción a los santos y a la Virgen María desaparece (Alberto Bárcena) [5 de 7]

Duración 2:47 minutos

LUTERO׃ Importancia esencial del Concilio de Trento y de los sacramentos (Alberto Bárcena) [4 de 7]

Duración 9:35 minutos

LUTERO׃ La Cristiandad se debilita a partir de 1517 (Alberto Bárcena) [3 de 7 ]

Duración 2:05 minutos

LUTERO: Sola Fides y Sola Scriptura (Alberto Bárcena) [2 de 7 ]

Duración 13:26 minutos

Noticias varias Gloria TV (Papolatría, los protestantes como redimidos, cardenal Zen, Cardenal Schneider, Comunión a adúlteros, etc)

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