BIENVENIDO A ESTE BLOG, QUIENQUIERA QUE SEAS



Mostrando entradas con la etiqueta El Papa Francisco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Papa Francisco. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de noviembre de 2025

Santo Padre, ayúdanos a comprender



Por mucho que intentemos comprenderlo, el Papa León XIV aún nos deja perplejos. Incluso concediendo el beneficio de la duda a sus recientes declaraciones, los católicos siguen sin encontrar claridad. Los católicos fieles comprenden plenamente las limitaciones de la doctrina papal. El asentimiento de mente y voluntad se reserva únicamente para los actos magisteriales infaliblemente enseñados. Todas las demás declaraciones obligan a los católicos a mostrar una atención respetuosa, nada más. Sin embargo, algunas de las declaraciones del Papa León XIII ponen a prueba severamente la conciencia católica.

Oculta entre la aquiescencia y la consideración respetuosa, yace una distinción fundamental que escapa a muchos católicos sencillos. Algunos dan por sentado que cada palabra del Romano Pontífice tiene el mismo peso que el Credo Niceno. Estos católicos bienintencionados ignoran que han caído presa del absolutismo papal (cf. ultramontanismo), una interpretación peligrosa y falaz de las prerrogativas papales. Esta misma tendencia fue la que tanto preocupó a San Juan Newman ante la promulgación del Pastor Aeternus por el Concilio Vaticano I. Una lástima, pues este error los deja, en el mejor de los casos, con una conciencia dudosa, y en el peor, con una conciencia errónea.

Nos encontramos, pues, ante un dilema. Por un lado, están quienes relegan la enseñanza papal a mera opinión y viven un catolicismo a la carta. Por otro, están aquellos católicos que adoptan la postura igualmente errónea de que cada palabra pronunciada por el Romano Pontífice obliga la conciencia. Nos enfrentamos a una Escila y una Caribdis teológicas que debemos evitar a toda costa.

Un destacado teólogo fue recientemente expulsado de una entrevista por un absolutista papal que lo acusó de ser un católico infiel. ¿Por qué? Porque no dio su asentimiento absoluto a cada línea de Amoris Laetitia y Fiducia Supplicans . Esto es ultramontanismo en estado puro. Imagínense a un respetado teólogo ortodoxo siendo condenado por un laico que regenta una tienda de comestibles. ¡Líbranos de los peligros del absolutismo papal y de los arrogantes diletantes que engendra!

Evitar tales extremos aún plantea dilemas a los católicos. El papa León XIV ha hecho declaraciones confusas y ha tolerado acciones igualmente confusas.

Cuando apareció en la logia de San Pedro el día de su elección, sus palabras provocaron los primeros indicios de inquietud. Ensalzó las maravillas de una Iglesia sinodal. Muchos pensaron que se trataba de un ejercicio de catolicismo, fácilmente tolerado en nombre del protocolo papal. Pero entonces, hace unos días, declaró: «Ser una Iglesia sinodal significa reconocer que la verdad no se posee, sino que se busca en comunidad, dejándose guiar por un corazón inquieto, enamorado del Amor».

Inicialmente, nos sorprendió la referencia agustiniana, dejándonos desarmados. Pero esta referencia se desvaneció rápidamente cuando afirmó que «la verdad no se posee, sino que se busca».

De repente, el católico instruido se sobresaltó. ¿Acaso se trataba de un aparente regreso a las retrógradas ideas de los modernistas que jugaban con la naturaleza de la verdad? Resurgieron los recuerdos de figuras inquietantes como Blondel, Rousselot y Bouillard. Sus escritos relativizaban la verdad, sumiendo a la teología y la filosofía en el caos. Lo que nos estremecía era que sus palabras eran casi idénticas a las del Papa León XIV.

Supongamos que se trató de una licencia poética involuntaria. Sin embargo, si se tomara literalmente, tendría consecuencias inquietantes. Primero, si la verdad «no se posee», entonces todo discurso humano se derrumba. Platón y Aristóteles lo demostraron contra los sofistas hace milenios. Además, esto implicaría necesariamente que la Iglesia misma ya no posee la verdad y debe buscarla «humildemente» en otra parte.

¿Pero qué hay de las palabras apodícticas de Nuestro Señor: «Yo soy el camino, la verdad y la vida»?

¿O de los dogmas infalibles del Credo de Nicea?

¿O de las verdades irrefutables de la ley moral?

Más fundamentalmente, ¿qué ocurre con la verdad de la naturaleza humana del hombre, su dignidad y los derechos que de ella se derivan? Todo esto se disuelve en las sustancias corrosivas de una Iglesia sinodal. O, al menos, da pie a un interminable «debate sinodal».

Desde luego, el Papa León no pudo haber querido decir eso. Pero si así fuera, ¿no deberíamos sentirnos un poco incómodos?

Luego está la inquietante introducción de nuevos pecados por parte del Papa León XIV. En un discurso sobre las ficticias ramificaciones apocalípticas del cambio climático, introduce una nueva ofensa moral: la culpa climática. ¿Qué es? ¿Cómo puede existir la culpa climática? Las personas son los únicos sujetos de derechos. Aun si esto pudiera aclararse, sigue siendo un Pontífice Romano que interviene en asuntos de juicio prudencial, prerrogativa exclusiva de los laicos. Además, parece estar adentrándose en cuestiones que deberían abordarse mediante métodos científicos basados ​​en la evidencia.

Oremos para que estas declaraciones radicales y politizadas, tan propias del papado de Bergoglio, queden relegadas a un segundo plano en favor de reafirmaciones más contundentes de la fe. Quizás aún estén por llegar, pero al parecer todavía no han aparecido.

Lamentablemente, hay más. La homilía para el Jubileo de los Equipos Sinodales y Órganos Participativos (respiren hondo): "Debemos soñar y construir una Iglesia más humilde; una Iglesia que no se yergue erguida, triunfante e hinchada de orgullo... una Iglesia que no juzga, sino que se convierte en un lugar acogedor para todos".

¿Por dónde empezar? ¿Acaso la intención del Vicario de Cristo es acusar a una Iglesia que durante 2000 años ha construido con confianza la civilización occidental? ¿Significa esto que los mártires fueron engañados para someterse con orgullo a ejecuciones sádicas por una fe triunfante, y no simplemente «inquisitorial»?

Los católicos están confundidos . Si es arrogante apoyar a una Iglesia que se mantiene íntegra, ¿qué impacto tiene eso en el mundo? Bajo este criterio, ¿se acusaría a San Pedro y San Pablo? ¿Acaso una Iglesia «envanecida» implica que las valientes incursiones de San Atanasio y San León Magno fueron problemáticas y debían ignorarse?

¿Deben los católicos reconsiderar las firmes proclamaciones de la doctrina inmutable de que la Iglesia es la única por medio de la cual todos los hombres se salvan? ¿Debe abandonarse por completo la tarea de convertir las almas? Si la Iglesia debe dejar de «juzgar», ¿debe entonces abandonar todos los principios inmutables de la verdad moral? ¿Acaso la Iglesia no ha sido siempre un lugar de acogida para todos, precisamente porque es la única que acoge a los hombres de todos los continentes y en todo momento para participar de la gracia salvadora de Cristo?

¿Acaso resulta indiscreto afirmar que estas palabras del Romano Pontífice parecen silenciar la voz divina y triunfante de Cristo nuestro Salvador?

Ayúdanos, Santo Padre. ¿Hay algo que se nos haya escapado?

Su Santidad, aclare nuestras dudas.

- ¿Qué ocurre con los grupos que entraron por la Puerta Santa del Año Jubilar ondeando banderas que propagaban una conducta moral inaceptable? [ aquí ]. 

Si hemos de ser acogedores, ¿por qué no se dio la bienvenida oficial a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X a las celebraciones del Jubileo? [ aquí ] En sus propias palabras, ¿acaso no son bienvenidos? ¿Son tan reprobables que escapan al escrutinio sinodal?

- Luego están las desconcertantes palabras del Secretario de Estado, el Cardenal - Parolin. Su ya mermada reputación (debido al vergonzoso abandono de los católicos en China ) hace que todos sus juicios parezcan erróneos. Pero su reciente declaración sobre la crisis nigeriana ha alcanzado nuevas cotas de neolengua orwelliana. En el informe de Ayuda a la Iglesia sobre la libertad religiosa, declaró:
La violencia contra los cristianos en Nigeria [ aquí ] no es un conflicto religioso entre musulmanes y cristianos, sino más bien un conflicto social, como las disputas entre pastores y agricultores. Debemos reconocer también que muchos musulmanes en Nigeria son víctimas de esta misma intolerancia. Se trata de grupos extremistas que no hacen distinciones para lograr sus objetivos. Recurren a la violencia contra cualquiera que consideren un adversario.
Esta situación absurda da la impresión de que el Secretario de Estado actúa ahora como portavoz de Hamás. Pero la verdad, según informa Chris Jackson, revela hechos que ponen en entredicho al buen cardenal:

Entre enero de 2023 y diciembre de 2024, Nigeria sufrió una ola de violencia por motivos religiosos, especialmente en las regiones norte y central del país. Grupos armados como Boko Haram y la Provincia del Estado Islámico de África Occidental (ISWAP) llevaron a cabo ataques coordinados contra iglesias, aldeas y clérigos tan solo en los estados de Plateau y Benue. Miles de personas fueron desplazadas y cientos murieron, incluyendo a más de 11.000 cristianos, entre ellos veinte sacerdotes, en el plazo de un mes tras la toma de posesión presidencial de 2023.

Durante la Navidad de 2023, ataques conjuntos de militantes locales y extranjeros dejaron cerca de 300 muertos; para junio de 2025, otros 200 cristianos desplazados habían sido masacrados en Benue. Los líderes religiosos describen la campaña como deliberada, una estrategia yihadista para expulsar a la población cristiana. Pastores fulani radicalizados, con la ayuda de milicias islamistas, continúan con los ataques sistemáticos y la confiscación de tierras. 

También se han producido ataques contra escuelas católicas, como el de 2024 contra un instituto cristiano en Makurdi, donde las acusaciones de blasfemia y los asesinatos relacionados con la brujería alimentaron la violencia. Decenas de clérigos han sido secuestrados o asesinados, mientras que la policía regional hisbah ha impuesto restricciones a la ley islámica en los estados del norte, contraviniendo la ley constitucional.

Sin embargo, el cardenal Parolin afirma que estas persecuciones religiosas islámicas se malinterpretan. Son simplemente «tensiones sociales». Pero, como concluyó Jackson, «el mismo Vaticano que puede identificar “microagresiones” contra el medio ambiente no puede reconocer un genocidio contra su propia grey. Cuando la sangre de los mártires clama desde la tierra, Roma solo oye “el clamor de la tierra”».

Santo Padre , debe haber algún malentendido entre su joven pontificado y el Secretario de Estado. De lo contrario, los católicos se sentirán decepcionados por el daño causado a la credibilidad de su Vaticano.

Padre Santo, oramos por usted cada día.
Pero anomalías como estas nos pesan mucho y nos desaniman.

¿Cómo podemos seguir adelante? «Si el sonido de la trompeta es confuso, ¿quién se preparará para la batalla?» (1 Corintios 15:52).

Padre John A. Perricone

miércoles, 12 de noviembre de 2025

EL PAPA FRANCISCO Y LA IGLESIA CATÓLICA




Texto de la contraportada del libro:


La Iglesia está atravesando hoy por uno de los momentos más graves desde su fundación por Nuestro Señor Jesucristo. Tomando como punto de partida el Concilio Vaticano II (1962 - 1965) y con la supresión, de facto, de la Misa Tradicional en latín (Misal de Juan XXIII, 1962), la evolución experimentada ha ido de mal en peor, alcanzando su zénit con el papa Francisco, elegido como tal el 13 de marzo del 2013. En su desastroso Pontificado, que ha durado poco más de 12 años, y que ha confundido a tantos fieles, se ha producido una escisión, como si hubiera dos Iglesias: una que proviene de la aplicación modernista de algunos puntos de los documentos del concilio Vaticano II, que tiene sólo 60 años de antigüedad; y la Iglesia de siempre, con casi dos mil años de existencia, que se ha mantenido fiel a la Sagrada Escritura, a la Tradición y al Magisterio Perenne de la Iglesia.

Puesto que la Iglesia no comenzó con el Concilio Vaticano II (que es el número 21) sino que está fundada por Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, no tiene ningún sentido darle tanta importancia al Vaticano II y menos después de haber visto los “frutos” podridos que ha producido.

El papa Francisco falleció el 21 de abril de 2015, siendo elegido, el 8 de mayo, un nuevo Papa, que adoptó el nombre de León XIV. Tenemos la esperanza de que las aguas vuelvan a su cauce, aunque llevará mucho tiempo deshacer los “desaguisados” de Francisco. 

Pedimos con fuerza al Señor que ilumine al papa actual y que le conceda su gracia para actuar como conviene por el bien de toda la Iglesia, aunque para ello tenga que enfrentarse, con fe y entereza, a los grandes Poderes que rigen nuestro mundo.

El papa León XIV cuenta con la oración de todos los fieles católicos y con la promesa de Jesucristo de que “las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia” (Mt 16,18)

José Martí

-------

Nota: Libro disponible en Amazon (Tapa blanda: 10 €; e-book: 0,95 €). 

Mis otros tres libros son:


La poesía olvidada



Dios no es un aguafiestas


"Fundamentalismo" cristiano


De Francisco a León XIV: Fernández y la continuidad de la agenda doctrinal



A comienzos de 2025, cuando el Papa Francisco aún se encontraba hospitalizado y su pontificado entraba en su fase final, el entonces prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cardenal Víctor Manuel Fernández, adelantó la inminente publicación de dos textos: uno sobre la monogamia y otro sobre los títulos marianos de la Virgen, en particular Corredentora y Mediadora

Nueve meses después, ambos documentos ven la luz bajo el pontificado de León XIV, confirmando —según Specola— la continuidad teológica y estructural de la llamada “era Francisco”.

Para muchos observadores, este gesto supone una prueba decisiva del rumbo doctrinal del nuevo Papa: ¿mantendrá sin revisión los textos más controvertidos del pontificado anterior, o marcará distancia con el estilo autoritario y ambiguo de la Doctrina de la Fe bajo “Tucho” Fernández?
Un pontificado heredado

Specola describe el momento con ironía:
“Si el deseo del Papa León es tranquilizar las cosas, parece que vamos en el peor de los caminos”.
Ambos documentos —el de la monogamia y el dedicado a los títulos marianos— habían sido redactados y promovidos por Fernández antes de la muerte de Francisco, pero no llegaron a publicarse. La decisión de León XIV de no archivarlos, sino de ratificarlos y difundirlos oficialmente, muestra que el nuevo pontífice ha optado por dar continuidad a la línea doctrinal que pretendía cerrar debates más que iluminarlos.

El problema, señala Specola, no es sólo el contenido, sino el método:
“Todos estos textos —de Fiducia Supplicans a Traditionis Custodes— son documentos divisivos: sofocan la discusión con el ejercicio de un poder autoritario y alejan a los fieles de la fe”.
La Nota mariana y su ambigüedad teológica

La Nota Doctrinal Mater Populi Fidelis, dedicada a los títulos de la Virgen María, ha sido el detonante más visible de esta controversia. El documento desaconseja el uso del título “Corredentora” y modera el de “Mediadora”, alegando un riesgo de “malentendidos teológicos”. Para sus críticos, el texto es una negación velada del papel singular de María en la obra de la redención y una muestra de desconfianza hacia la tradición mariológica clásica.

El historiador Roberto de Mattei lo expresó con dureza:
“Tras un tono meloso, el documento esconde un contenido venenoso: pretende despojar a la Virgen de su grandeza sobrenatural, reduciéndola a una mujer cualquiera”.
De Mattei ve en esta Nota “la culminación de la deriva mariológica posconciliar”, que en nombre de la moderación ha optado por un minimalismo doctrinal que desfigura a la Madre de Dios.


El debate entre la corrección y la timidez

El teólogo Mario Proietti, en cambio, defiende una lectura positiva:
“La Nota niega con palabras lo que afirma con la doctrina”.
Según él, el texto reconoce implícitamente la cooperación de María en la redención y su intercesión materna, aunque evite los títulos tradicionales.
“El documento enseña que María cooperó de manera singular en la obra redentora de su Hijo y continúa ejerciendo una función de mediación maternal: esa es la definición clásica de Corredentora y Mediadora. Solo que el texto defiende la verdad, pero teme su propio nombre”
Proietti concluye que la Nota “no incurre en error dogmático”, pero peca de timidez pastoral, evitando proclamar lo que de hecho sostiene.

Una Iglesia que teme nombrar lo que enseña

Specola subraya que el problema de fondo no es lingüístico, sino espiritual: una Iglesia que teme pronunciar las palabras de su propia tradición acaba defendiendo la verdad en silencio. La Nota Mater Populi Fidelis no niega formalmente la corredención ni la mediación mariana, pero renuncia a afirmarlas con la claridad que exige el Magisterio.

El resultado es una teología sin voz: ortodoxa en la letra, insegura en el tono, incapaz de inspirar devoción o certeza.

Así, León XIV hereda no sólo los documentos de Francisco, sino su crisis teológica más profunda: una Iglesia que, en nombre de la «prudencia», teme enseñar y defender lo que siempre ha creído.

sábado, 1 de noviembre de 2025

TRIBUNA: La Doctrina de la Iglesia, ¿evolución o desarrollo?





Por una católica (ex) perpleja

Con motivo de la proclamación de San John Henry Newman Doctor de la Iglesia por parte de León XIV, recordemos esta importantísima contribución suya a la comprensión del desarrollo doctrinal correctamente entendido, con el fin de superar la confusión modernista.

Nuestro contexto es el del desarrollo de la “iglesia sinodal”. En este marco, el domingo 27 de octubre de 2024 finalizó la segunda sesión de la XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos. Infovaticana ofreció un interesante análisis al respecto del documento final del Sínodo, que reemplazó a la habitual exhortación apostólica postsinodal.

Como bien señaló el canal de Youtube La fe de la Iglesia analizando el citado artículo de InfoVaticana, el documento parece apuntar a una fundación eclesial cuando afirma que “una verdadera conversión hacia una Iglesia sinodal es indispensable para responder a las necesidades actuales”. Responder a la pregunta recurrente sobre qué es la sinodalidad parece una empresa vana: puesto que un sínodo es una reunión, la sinodalidad sería “el hecho de reunirse”; por tanto, sería una reunión sobre el hecho de reunirse. Lo que sí está claro es que, siendo el de “sinodalidad” un concepto vacío en sí, es preciso rellenarlo de contenido. Y en eso está la jerarquía eclesial: en dotar a esta iglesia sinodal de nuevos dogmas (ecologismo, fraternidad universal masónica, fomento de la invasión islámica y la sustitución poblacional) y pecados (contra la sinodalidad, contra la ecología, etc).

Una frase del documento llega a afirmar, para referirse a roles de liderazgo que considera que deberían desempeñar las mujeres en la Iglesia, que “no se podrá detener lo que viene del Espíritu Santo”. Del Espíritu de Dios, empero, del Espíritu Santo, ¿puede provenir algo que sea contrario a lo que contienen las fuentes de la Revelación, es decir, la Sagrada Escritura y la Tradición? Además de una miserable apelación a un espíritu que no es el de Dios, porque Él no se contradice, que vigilen estos innovadores vaticanos no estar incurriendo en pecado contra el mismo Espíritu, que no tiene perdón, como dijo Nuestro Señor. Porque resulta que los modernistas encaramados a la más alta jerarquía eclesiástica cometen un error propio de la herejía en la que han incurrido, y que es la confusión de la evolución con el desarrollo.

Han olvidado el principio de no contradicción del catolicismo: la Iglesia no se puede contradecir. Y han caído en el culto al progreso como algo positivo per se, refiriéndose continuamente a “las necesidades de los tiempos actuales” (¿recuerdan el “aggiornamento” del Concilio Vaticano II?), pensando que la doctrina católica puede “evolucionar” (cambiar) según los signos de los tiempos, aunque eso implique contradecir a lo que la Iglesia dijo con anterioridad.

Resulta por todo lo dicho dramático que el papa Francisco incurriese en el nefasto error de pensar que la doctrina no se desarrolla sin contradicción, sino que evoluciona con cambios. Es la consecuencia del pensamiento modernista que domina el actual razonamiento eclesial. En la consideración indistinta por parte del anterior Papa de los conceptos de progreso, evolución y desarrollo yace el origen del problema. Por eso creyó que podía inventar pecados nuevos y cambiar el Catecismo. En este sentido, pensemos en el cambio producido en el Catecismo sobre la pena de muerte: puesto que Francisco consideraba que la Iglesia ha tenido hasta ahora una visión equivocada del depósito de la fe como algo estático (como era habitual en él, creaba un problema que no existía – en este caso, la consideración de la doctrina como algo estático – para luego resolverlo de manera confusa y heterodoxa), argumentaba que “la Palabra de Dios no se puede conservar en naftalina como si se tratase de una vieja manta que debe protegerse de los parásitos. No. La Palabra de Dios es una realidad dinámica y viva que progresa y crece porque tiende hacia un cumplimiento que los hombres no pueden detener”. Por lo tanto – decía -, “la doctrina no puede preservarse sin progreso, ni puede estar atada a una lectura rígida e inmutable sin humillar la acción del Espíritu Santo”.

Este error en el pensamiento de Francisco – y por lo visto parece que de León XIV también: primero, cambio de mentalidades; luego, cambio de doctrina – no es nuevo. Alfred Loisy (1857 – 1940), principal representante del modernismo en tiempos de san Pío X, juzgaba necesaria una “adaptación del Evangelio a la condición cambiante de la humanidad”, y pretendía “el acuerdo del dogma y la ciencia, de la razón y la fe, de la Iglesia y la sociedad”. Esta “adaptación” y este “acuerdo” llevaban necesariamente, según Loisy – como indica Yves Chiron en su obra “Historia de los tradicionalistas”- al cuestionamiento de ciertos dogmas y a nuevas interpretaciones de las Sagradas Escrituras (p. 15).

Se observa claramente el error, al referirse Francisco al “progreso” de la Doctrina, y no a su desarrollo. En esta línea, su discurso era el de un continuo enfrentamiento entre lo que se hizo y dijo, que ya no es válido hoy, y las posturas contrarias desarrolladas, necesarias para que la Iglesia viva al ritmo del mundo y sus modas, aunque eso contradiga lo que dijo siempre. En definitiva, una hermenéutica de la discontinuidad o de la ruptura contra la que tanto luchó Benedicto XVI: una interpretación del Concilio Vaticano II y su fiel o abusiva implementación como un nuevo comienzo de la Iglesia. Una discontinuidad que Francisco parecía haberse propuesto convertir en ruptura y reinicio con esta especie de Concilio camuflado que es el sínodo de la sinodalidad.

Sin embargo, es necesario insistir en que la doctrina de la Iglesia no evoluciona a la manera en que plantean los modernistas, sino que se desarrolla, de la manera que puede desarrollarse un árbol desde una semilla: todo el árbol que llegaría a ser estaba ya contenido en la semilla, como brillantemente explicó el cardenal John Henry Newman. En su obra de 1845 “Un ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana”, Newman expone cómo el problema no es el hecho de que la doctrina se hubiera desarrollado a lo largo de los siglos – lo cual parecía innegable—, sino los criterios para el desarrollo. ¿Cómo se pueden distinguir los desarrollos que son auténticos de los que son falsos? En términos más explícitos, ¿cómo se puede distinguir la doctrina genuina de la herejía?

A este respecto, John Senior sintetizó de manera brillante la exposición de Newman en “La muerte de la cultura cristiana”, para el autor, “el evolucionismo religioso es confundido con frecuencia con la idea exactamente contraria de Newman acerca del desarrollo de la doctrina – en el cual toda la creación está para siempre contenida en su propio petardo. Evolución, dice Newman, no es desarrollo: en el desarrollo, lo que es dado una vez y para siempre al comienzo es meramente explicitado. Lo que fue dado de una vez y para siempre en la Escritura y la Tradición ha sido clarificado en generaciones sucesivas, pero sólo por adición, nunca por contradicción; por el contrario, la evolución funciona mediante la negación. Newman dedica un capítulo entero de su ´Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana´ a refutar la idea de que algo contrario al dogma o que no se encuentre en el consenso de los dogmas de los Padres pueda ser desarrollado alguna vez apropiadamente. Concebido positivamente, el desarrollo es radicalmente conservador, permitiendo sólo aquel cambio que ayude a la doctrina a seguir siendo verdadera al definir los errores que aparecen en cada edad”.

Lo que ocurre es que, como suele suceder, Francisco inventó que la Iglesia ha creído que la doctrina era estática, cuando resulta que el mismo Cristo dijo a los Apóstoles que el Espíritu Santo les ayudaría a comprender con el tiempo la verdad completa. Les ayudaría, y de hecho les ayudó, con el desarrollo de la doctrina, que no tiene nada que ver con un supuesto “progreso” o “evolución”. En un muy interesante artículo en InfoCatólica, Jorge Soley destacaba las siete notas que deben poseer los desarrollos auténticos de la doctrina según el cardenal Newman, en su obra citada, de las que carecen los que, aun presentándose como un mero desarrollo, no son más que corrupciones de la doctrina. De estas siete notas, me gustaría destacar aquí cuatro:

1) la continuidad de los principios: los principios son generales y permanentes, mientras que las doctrinas se relacionan con los hechos y crecen. Escribe Newman, “la continuidad o alteración de los principios sobre los que se ha desarrollado una idea es una segunda marca de distinción entre un desarrollo fiel y una corrupción”.

2) la sucesión lógica: Un proceso de desarrollo auténtico sigue las reglas de la lógica: “la analogía, la naturaleza del caso, la probabilidad antecedente, la aplicación de los principios, la congruencia, la oportunidad, son algunos de los métodos de prueba por los que el desarrollo se transmite de mente a mente y se establece en la fe de la comunidad”. Lo que le hace decir a Newman que una doctrina será un desarrollo verdadero y no una corrupción, en proporción a cómo parezca ser el resultado lógico de su enseñanza original.

3) la Acción conservadora de su pasado: escribe Newman que, “así como los desarrollos que están precedidos por indicaciones claras tienen una presunción justa a su favor, así también los que contradicen e invierten el curso de la doctrina que se ha desarrollado antes que ellos y en la cual tuvieron su origen son ciertamente corrupciones”. Si un desarrollo contradice la doctrina anterior está claro que no es desarrollo, sino corrupción. En este importante punto, Newman aclara que “un desarrollo verdadero se puede describir como el que conserva la trayectoria de los desarrollos antecedentes… es una adición que ilustra y no oscurece, que corrobora y no corrige el cuerpo de pensamiento del que procede”.

4) El “vigor perenne”: “la corrupción no puede permanecer mucho tiempo y la duración constituye una prueba más de un desarrollo verdadero”. Resulta interesante otro comentario que Newman desliza aquí y en el que se nos muestra como un fino observador: “la trayectoria de las herejías siempre es corta, es un estado intermedio entre vida y muerte, o lo que es como la muerte. O si no acaba en la muerte, se divide en alguna trayectoria nueva y tal vez opuesta que se extiende sin pretender estar unida a ella… mientras que la corrupción se distingue de la decadencia por su acción enérgica, se distingue de un desarrollo por su carácter transitorio”.

El desarrollo, pues, es conservador; no es rupturista ni innovador. La Iglesia afirma que la Revelación acabó en la era apostólica, con la muerte del último apóstol. Lo que se ha desarrollado – de manera orgánica y sin contradicciones – es la comprensión y exposición de la misma. Sin embargo, si la doctrina cristiana o católica progresara, tal como la entendía Francisco, en contradicción con postulados de tiempos anteriores al nuestro, eso significaría que la Iglesia erró al predicar que la Revelación se había terminado con la muerte del último apóstol y que, en realidad, la doctrina estaría incompleta y necesitaría ser completada. Se observa perfectamente el catastrófico error epistemológico, la ignorancia de la lógica católica y la intoxicación modernista. Si hablamos de desarrollo quiere decir que toda la doctrina está ahí, y lo que se hace es des-enrollarla, descubrirla, conocerla, abrirla. El desarrollo no añade nada nuevo, sino que descubre lo escondido; mientras que el progreso es todo lo contrario: un salto y, por lo tanto, algo nuevo. Dicho de otra manera: progreso es discontinuidad y desarrollo es continuidad. La doctrina de la Iglesia se desarrolla; no evoluciona. Por tanto, estemos atentos: allí donde haya contradicciones no existe un sano desarrollo doctrinal, sino corrupción y error.

Debido a la utilización manipulada que el progresismo en el Concilio Vaticano II hizo de la figura del Cardenal Newman, Peter Kwasniewski ha realizado aclaraciones muy necesarias sobre él tras el anuncio de León XIV de su proclamación como Doctor de la Iglesia. Aclaraciones que el bloguero Wanderer tradujo al español en un extenso artículo presentado en tres partes que recomiendo leer, en la que Kwasnieweski comenta cómo “es irónico que se mencione a Newman junto a los defensores de las tendencias reformistas de la Iglesia moderna, cuando —al menos en cuestiones relativas a la teología fundamental, la moral cristiana y la liturgia sagrada— arguyó enérgica y constantemente a lo largo de su carrera contra el racionalismo, el emocionalismo, el liberalismo y la «tinkeritis» litúrgica, es decir, la creencia de que podemos construir un culto mejor si modificamos lo suficiente lo que hemos heredado.

En el ámbito de la liturgia en particular, se opuso firmemente a las modificaciones y modernizaciones rituales destinadas a «encontrar a las personas donde están» o a «adaptarse a la mentalidad actual» (como dijo Pablo VI en su Constitución Apostólica del 3 de abril de 1969, que promulgaba el Novus Ordo).

Newman no era solo antiliberal (lo dice expresamente de sí mismo, y más de una vez); no era sólo un conservador que detestaba los planes revolucionarios. Era lo que hoy se llama un tradicionalista en materia dogmática y litúrgica, alguien que habría criticado duramente todo el proyecto conciliar, y sin duda la reforma litúrgica llevada a cabo en su nombre, por errónea y condenada al fracaso”.

viernes, 22 de agosto de 2025

Citando a Francisco, el biógrafo de Francisco corre al rescate de Francisco sobre la historia del cardenal Burke (29 noviembre 2025)


Miércoles 29 de noviembre de 2023

Francisco preside la Audiencia General en el Aula Paulo VI del Vaticano, 29 de noviembre de 2023. © AP


Francisco ha decidido quitar su apartamento y su salario al cardenal Raymond Leo Burke, pero no usamos nunca, jamás, la expresión “mi enemigo”. 

Sucintamente es lo que contiene la historia que, en rescate de Francisco, ha escrito hoy su biógrafo, Austen Ivereigh, citando como fuente al propio Francisco, respecto de la historia surgida hace dos días sobre ciertas medidas represalias tomadas por Francisco contra el cardenal Burke. 

Y lo que se esperaría es que Francisco negara contundentemente que es falso que le haya despojado de su departamento y de sueldo al cardenal Burke, cosa que en efecto se ha confirmado, sino que el gran desmentido es que no usamos las dos palabras “mi enemigo”. Tenemos un desmentido de las formas pero no del fondo. 

Nuestra traducción de los apartados principales:

Conocí al papa Francisco el día 27 de noviembre. Fue una reunión breve debido a su inflamación pulmonar, lo que implica un cierto esfuerzo para hablar. En el curso de nuestra conversación, Francisco me dijo que había decidido quitarle los privilegios cardinalicios al cardenal Burke (su apartamento y su salario) porque había estado usando esos privilegios contra la Iglesia. Mi decisión fue tomada en un momento de secreto, no había intención de hacer un anuncio público, pero este día (lunes) fue filtrado.

El Papa: “Adiós a la casa y al sueldo del cardenal Burke” (27 noviembre 2023)





Este es un artículo de La Nuova Bussola Quotidiana, Nov-27-2023, firmado por su director, Riccardo Cascioli. 

¿Recuerdan que el pasado Nov-20-2023 dimos cuenta de la convocatoria por parte de Francisco a una de esas reuniones con todos los jefes de dicasterio?,

Ya sabemos uno de los temas que le preocupan a Francisco y que manifestó en aquella ocasión.

El Papa: “Adiós a la casa y al sueldo del cardenal Burke”

Fuentes vaticanas han revelado a la Brújula el anuncio hecho a los Jefes de Dicasterio de la Curia Romana: Burke ha sido definido como un “enemigo”. El cardenal aún no ha recibido una notificación formal, pero los precedentes sugieren que no se trata sólo de una amenaza, que de todos modos ya sería grave.

Riccardo Cascioli
27_11_2023


“El cardenal Burke es mi enemigo, por eso le quito el piso y el sueldo”. 

Esto es lo que habría dicho el Papa Francisco en la reunión con los Jefes de Dicasterio de la Curia Romana el pasado 20 de noviembre, y que una fuente vaticana ha revelado a la Brújula Cotidiana. 

La indiscreción ha sido confirmada posteriormente por otras fuentes. Por lo que sabemos, el cardenal Raymond L. Burke, actualmente en Estados Unidos, aún no ha recibido un acto formal que confirme las palabras del Papa, pero dados los precedentes –el más reciente, el caso de monseñor George Ganswein, antiguo secretario personal de Benedicto XVI-, no cabe duda de que a las palabras seguirán los hechos. La dificultad para justificar canónicamente tal medida tampoco supondría ningún obstáculo, dado el desprecio que también ha demostrado el Papa Francisco por las leyes de la Iglesia con ocasión de la remoción de obispos de sus diócesis (véase aquí).
La supuesta enemistad del cardenal Burke se ha convertido en los últimos tiempos en una auténtica obsesión para el Papa Francisco, pero en realidad el cardenal estadounidense ha estado en su punto de mira desde el inicio de su pontificado, probablemente porque encierra algunos de los elementos que más le molestan: es estadounidense y es un recordatorio constante de la doctrina y la Tradición de la Iglesia; y además reside en Roma, a tiro de piedra de la Plaza de San Pedro, desde donde –pensará el Papa- puede “conspirar” contra él.
Ciertamente Burke ha sido muy claro en sus críticas al concepto de sinodalidad, convertido ya en un mantra destinado a cambiar la naturaleza de la Iglesia. 

Además, en la conferencia “La Babel sinodal” del pasado 3 de octubre –organizada en Roma por La Brújula Cotidiana precisamente la víspera de la apertura del Sínodo sobre la sinodalidad-, habían dado mucho que hablar sus argumentos y su polémica directa con el nuevo Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Víctor “Tucho” Fernández, que había llamado hereje y cismático al cardenal Burke y a quienes piden al Papa que “salvaguarde y promueva el depositum fidei”.

Después de todo, llamar la atención al Papa es parte del deber de los cardenales, y el propio Francisco ha alentado repetidamente (de palabra) la parresìa. 

En cualquier caso, el cardenal Burke siempre ha rechazado tajantemente la etiqueta de “enemigo del Papa” que le han querido colgar desde el inicio del pontificado, sobre todo desde que criticó la postura del cardenal Walter Kasper que, en la preparación del Sínodo sobre la Familia de 2014, pidió explícitamente el acceso a la comunión para los divorciados vueltos a casar. Aunque no fue el único que se expresó en este sentido, Burke sufrió una verdadera campaña de demonización, pintado como el director de complots ocultistas contra el Papa Francisco (acusaciones que Burke siempre ha rechazado enérgicamente).

Pero antes, en diciembre de 2013, el Papa ya lo había destituido como miembro de la Congregación de Obispos, sustituyéndolo por el cardenal Donald Wuerl, decididamente liberal y, casualmente, vinculado al cardenal Theodore McCarrick, ex abusador en serie. 

Tras su participación en el libro “Permanecer en la verdad de Cristo” (que además contó con contribuciones de los cardenales Caffarra, Brandmüller, Müller y De Paolis) Burke, que es un canonista de talento, también fue destituido en noviembre de 2014 del cargo de Prefecto de la Signatura Apostólica al que había sido llamado por Benedicto XVI en 2008.

En su lugar, se le confió el cargo de Patrono de la Soberana Orden de Malta, un puesto menor para un cardenal aún joven y en activo. 

Sin embargo, tras la firma de los Dubia a raíz de la Exhortación postsinodal Amoris Laetitia (2016), las “represalias” contra el cardenal Burke continuaron, y en 2017 se le privó de facto de su cargo de Patrono de la Orden de Malta (pero dejándole el cargo formal), con el nombramiento de un delegado especial del Papa: primero el cardenal Becciu y después, en 2020, el cardenal Tomasi. 

Aunque no volvió a tener contacto con los miembros de la Orden y no desempeñó ningún papel en toda la problemática renovación de los Estatutos, el cardenal Burke dimitió formalmente en junio de este año al alcanzar la fatídica edad de 75 años, y fue sustituido inmediatamente por el cardenal Ghirlanda, de 81 años, algo que parece una broma.

Para más inri, en los últimos años el Papa Francisco no ha dejado pasar la oportunidad de lanzar pullas personales al cardenal Burke, culminando con la desafortunada (por decirlo suavemente) broma pronunciada mientras el cardenal Burke se debatía entre la vida y la muerte a causa del Covid. 

La manzana de la discordia era la vacuna, un “acto de amor” según el Papa, que Burke rechazaba por motivos éticos: “Incluso en el Colegio Cardenalicio hay algunos negacionistas”, había dicho el Papa con una sonrisa de satisfacción en la rueda de prensa en el avión al regreso de su viaje a Hungría y Eslovaquia el 15 de septiembre de 2021, “y uno de ellos, pobre hombre, está hospitalizado con el virus”.

La segunda vuelta de Dubia, presentada el pasado mes de julio junto con los cardenales Brandmüller, Sarah, Zen y Sandoval, pero que no se hizo pública hasta el 2 de octubre, sin duda habrá irritado aún más al Papa, que parece haberse desinhibido tras la muerte de Benedicto XVI el pasado mes de enero. Así, el nuevo prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Fernández, pudo “apuntar” personalmente al cardenal Burke en la mencionada entrevista con el National Catholic Register en septiembre en lo que, en retrospectiva, podría considerarse como una advertencia.

Y ahora llegamos a la decisión anunciada por el Papa de perjudicar directamente al cardenal Burke, quitándole piso y sueldo, una medida grave y sin precedentes, en desafío a todo principio legal y eclesial. Se puede pensar que el verdadero propósito es sacar a Burke de Roma, debilitando el campo de los que se resisten a la revolución en curso mientras se acerca el Cónclave, pero también es una advertencia para los que trabajan en la Curia Romana. El hecho es que el final de este pontificado se parece cada vez más en sus métodos a una dictadura sudamericana.

Riccardo Cascioli

jueves, 24 de abril de 2025

En la muerte del papa Francisco (Michael Matt)



Algunas personas me han preguntado cómo es que no he hecho ningún comentario todavía sobre la muerte de Francisco el pasado 21 de abril. La verdad es que sí lo he hecho: pocas horas después de su muerte posteé una oración por el eterno descanso de su alma.

¿Nada más? Sí. Por el momento. Ahora Francisco ha comparecido ante el temible tribunal de Dios Todopoderoso. No hace falta que diga más. Además, mi irlandesa madre que paz descanse se revolvería en la tumba si me oyera hablar mal de un difunto ya antes del funeral. Yo soy de los antiguos, y en otros tiempos, cada vez que alguien se moría –fuera bueno o malo, te cayera bien o mal–, un católico reaccionaba siempre de la misma manera: rezaba por su alma y dejaba pasar algún tiempo antes de recordar a otros los pecados del finado.

Enseguida estarán intentando canonizar a Francisco en virtud de supuestos milagros, reescribirán malamente la historia y muchos harán política a costa del fallecido. Yo no lo pienso hacer. ¿Por qué? Porque no soy como ellos.

Recuerdo cuando vi el funeral de Pablo VI en el pequeño televisor en blanco y negro de la sala de mi casa cuando era niño. Pocos periodistas católicos habían sido más críticos con el programa del modernista Montini que mi padre. Metí la pata haciendo algunas observaciones negativas sobre el difunto papa a una de mis hermanas, y mi padre me regañó por ello. Y para recalcar más la idea, luego nos puso a toda la familia a rezar un rosario por el alma de Pablo VI.

Huelga decir que la enseñanza se me quedó grabada. Al igual que Pablo VI aquel día, Francisco comparece ante Dios ahora y necesita nuestras oraciones. Ya habrá tiempo de hablar de su pontificado en las próximas semanas. Pero yo prefiero aprovechar estos momentos para reaccionar a la muerte de Francisco lanzando un pedido urgente de oración por su eterno descanso. Jesús dijo: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen; ROGAD por los que os calumnian» (Lucas 6,27). Si tal es nuestro deber para con nuestros adversarios del mundo, es indudable que el Señor también quiere que hagamos lo mismo (¡y con más razón!) cuando se muere un modernista.

Yo no quiero la condenación eterna para Francisco; ni para nadie. No tengo manera de saber qué le haya podido decir a Dios en sus últimas horas en este mundo, cómo pueda haber respondido a su gracia en sus últimos momentos. Lo único que puedo hacer es rezar porque se arrepintiera, que Dios haya tenido misericordia y Francisco se haya salvado. Esa es la gran ventaja que tenemos los católicos: que a los hechos consumados podemos seguir empeñados en lograr aparentes imposibles. Mi madre decía que quien pide misericordia al caerse del caballo la encuentra antes de llegar al suelo. Las monjas del colegio nos enseñaban que no diéramos nada por sentado, y que un día nos llevaríamos una gran sorpresa al ver quién había llegado al Cielo y quién no.

El de presunción es uno de los grandes pecados contra el Espíritu Santo, y otro es el de desesperación. Según lo entiendo yo, el católico fiel ni presume de la salvación ni pierde la esperanza en ella; ni canoniza ni condena a los muertos. Se limita a rogar por ellos, sobre todo en los días inmediatamente posteriores a su muerte, contentándose con dejar el destino definitivo en manos del supremo Juez. Eso se hacía cuando yo era niño, y espero que siga siendo así. El mundo hará lo que quiera, pero tenemos que seguir comportándonos como católicos ante la misteriosa y sobrecogedora realidad de la muerte, el juicio, el Cielo y el Infierno.

Por último, no creo que ningún lector de The Remnant ni nadie que vea mis videos tenga la menor duda en cuanto a mi postura en lo que se refiere al pontificado del último papa. Ya habrá tiempo de publicar críticas en las próximas semanas. De momento, recemos por Francisco y por su sucesor, para que Dios bendiga a la Iglesia haciendo que el próximo sea verdaderamente católico.

Michael Matt

martes, 8 de abril de 2025

Mons. Schneider insta a Francisco a revocar textos que socavan la Fe



Ahora que han dado el alta al Pontífice, el obispo de Kazajistán afirma que debe esforzarse todo lo posible por eliminar algunas confusiones y ambigüedades que se han hecho, y que él mismo ha causado, durante su pontificado.


CIUDAD DEL VATICANO (LifeSiteNews) — Monseñor Athanasius Schneider ha exhortado a los católicos a rezar para que el papa Francisco se retracte de algunas cosas que ha afirmado en sus documentos y declaraciones que «han socavado la claridad de la Fe».

Después de que el papa Francisco regresara al Vaticano el pasado domingo tras pasar 28 días ingresado en el hospital Gemelli a causa de una pulmonía bilateral, muchos de sus más allegados seguidores agradecieron lo que consideran que supondrá una nueva etapa de su pontificado.

En una entrevista que concedió el lunes al locutor radiofónico Joe McLane, monseñor Athanasius Schneider pidió también una nueva etapa en su pontificado, pero una etapa en la que Francisco intente rectificar algunos de los errores que, según Schneider, ha contribuido a propagar.

Schneider dijo que era urgente rogar por el Papa, que es el padre de una familia, porque –dijo– «no podemos perder de vista la perspectiva sobrenatural de la Iglesia».

Según el obispo auxiliar de Kazajistán, es preciso rezar para que Francisco obtenga de Dios las gracias necesarias para «fortalecer a toda la Iglesia en este último periodo de su pontificado».

Schneider dio más detalles:

Lo que quiero decir es que podría publicar un documento en el que reafirmase la verdad de la Fe relativa a los errores más difundidos actualmente en la Iglesia, y eliminara algunas de las confusiones y ambigüedades que ha originado en su pontificado, y que él mismo ha causado, [así como para que] tenga la fortaleza, la humildad y la prudencia para rectificar, para arrepentirse de algunas cosas que ha hecho, de retractarse de algunos documentos y afirmaciones que han dado lugar a confusión o han socavado la claridad de la fe divina.

Para Schneider, ésa debe ser la primera labor que emprenda ahora que ha salido del hospital.

Que el Señor le dé la gracia y la misericordia para que todavía tenga posibilidad de rectificar, de corregir algunos aspectos importantes de su pontificado. También debemos rogar fervientemente por esto.

Hoy en día están muy extendidos la confusión y el error en temas como la sexualidad humana y el matrimonio, la primacía de la Fe católica, los sacramentos y la necesidad de creer en Dios. Si Francisco no remedia estas confusiones, comentó Schneider, tendrá que hacerlo su sucesor, y lo instó a hacerlo.

El nuevo pontífice deberá igualmente enseñar la doctrina católica referente a la imposibilidad del acceso a la Comunión para los divorciados, así como en lo relativo a la bendición de parejas homosexuales, declaró.

Señaló también Schneider que un papa debe ser «un fiel siervo y administrador de Cristo, no del espíritu de este mundo, ni de las costumbres del mundo».

Schneider pidió que si Francisco muere sin haber hecho las aclaraciones doctrinales necesarias, el que venga después «priorice las rectificaciones y retractaciones pertinentes a los ambigüísimos y erróneos documentos y acciones del pontificado de Francisco».

En concreto, Schneider pidió que el futuro pontífice «haga una profesión de fe en la que corrija los errores, los errores más importantes y extendidos de nuestro tiempo», y la primera corrección deberá ser proclamar que la única Fe verdadera es la católica.

A continuación vendrá la doctrina sobre la sexualidad humana, sobre todo «la indisolubilidad del matrimonio, el carácter intrínsecamente pecaminoso de los actos sexuales realizados fuera del matrimonio, recalcando en particular la índole intrínsecamente perversa de los actos y comportamientos homosexuales.

Citó además la exhortación apostólica de Francisco Amoris laetitia, añadiendo que «el Papa debe desdecirse» de ella, así como de la impiedad de Fiducia supplicans, documento con el que Francisco da luz verde a la bendición de parejas del mismo sexo, que habrá que derogar en su totalidad

Pidió además la clara derogación del infame documento de Abu Dabi de 2109, a fin de preservar la autenticidad de la Fe católica, así como la interrupción de los procesos sinodales con la prórroga de tres años recientemente aprobada por el papa Francisco.

El prelado de la sede kazaja se distingue entre las voces que más claro se alzan durante el presente pontificado publicando declaraciones en favor de la doctrina tradicional católica frente a algunos de los textos y declaraciones más controvertidos de Francisco.

Hace poco, Schneider respondió públicamente a un comentario que se ha convertido en uno de los más polémicos de los doce años que lleva reinando Francisco: sus declaraciones de septiembre del año pasado sobre Dios y la pluralidad religiosa.

Durante una entrevista reciente en alemán con el periodista de LifeSiteNews Andreas Wailzer, Schneider exhortó al futuro sucesor de Francisco a promulgar la rectificación si el actual pontífice no lo hace antes de morir.

Por último, monseñor Schneider destacó la importancia de que el futuro Vicario de Cristo corrobore que «Jesucristo es el único Redentor de la humanidad, y que Él y la Iglesia que Él fundó son la única vía de salvación dispuesta por Dios».


(Traducido por Bruno de la Inmaculada)


martes, 25 de marzo de 2025

El Papa regresó a Santa Marta. Una buena noticia



Puede parecer raro que en este blog consideremos que es una buena noticia, más aún, una muy buena noticia que el Papa Francisco haya regresado a Santa Marta, aunque allí le espere una larga convalecencia de la que no sabemos cómo y cuándo saldrá.

Lo cierto es que en el Vaticano las cosas se han complicado mucho más de lo que nadie podía esperar, y la afirmación del cardenal Víctor Fernández sobre que el pontífice “tendrá que aprender a hablar nuevamente”, no debe tomarse como propia de un deslenguado. Creo que fue el modo de advertir indirectamente que Francisco estaba perdiendo control del gobierno de la Iglesia: un anciano que apenas si balbucea no puede tomar las decisiones que día a día se publican. Y el cardenal regalón del pontífice está como loco porque no es él quien le presenta los documentos para firmar, como hizo durante mucho tiempo, sino otros. ¿Quiénes son esos otros? Todos coinciden en que es el cardenal Parolín. La presencia del Papa en Santa Marta quebrará el aislamiento y, como se comenta, es probable que interponga entre él y el avispero que lo rodeará, alguien de extrema confianza que le cuide las espaldas, y la firma. Se dice que ni siquiera sería un cardenal.

Pero más allá de este hecho, que veremos cómo termina y cuánto tiempo dura, lo cierto es que, si el Papa moría de esta enfermedad, el cónclave iba a ser mucho más complicado y peligroso para la Iglesia que lo previsto. El cardenal que más chances tiene de ser elegido en estos momentos es Pietro Parolin. Como buen italiano, ha sabido hacer una carrera prolija y bien diseñada, con buenos modales y tejiendo alianzas con todos los grupos de la Iglesia, excepto con los tradicionalistas a los que considera irremediablemente perdidos (es conocido por su férrea oposición a la misa tradicional y por ser uno de los instigadores de Traditionis custodes). Su habilidad le ha valido que, a pesar de la tendencia del Papa Francisco a desprenderse de sus colaboradores más cercanos con cierta frecuencia, Parolin ha permanecido doce años en su cargo. Sin embargo, lo dio por muerto antes de tiempo y comenzó a comportarse como Papa suplente. Habría sido esta actitud la que precipitó el alta del Gemelli: no es lo mismo un Papa enfermo en un hospital que en el Vaticano.

Todos en los Sacros Palacios saben que Bergoglio no quiere a Parolin, y que Parolin no quiere a Bergoglio. Dos ambiciosos el poder lógicamente deben repelerse mutuamente. Y es por eso que el Papa está haciendo todo lo posible para dificultarle su carrera al solio petrino. Ya relatamos aquí la extensión que le concedió el Papa al cardenal Giovanni Battista Re como decano del colegio cardenalicio, puesto al que sin dudas iba a acceder Parolin; y sabemos también que el primer rosario en la Plaza de San Pedro fue dirigido por Parolin y no por Re, que tiene precedencia sobre él. Danzas de palacio para imponerse en el imaginario de los purpurados de todo el mundo. Y será Parolin también quien, el 2 de abril, presidirá la misa por los 20 años de la muerte de Juan Pablo II; un gesto cargado del cinismo propio del Vaticano: el Papa que abandonó la ostpolitik y protagonizó la caída del comunismo en Rusia y Europa del Este, será celebrado por el cardenal que renovó esta fracasa política de acercamiento a los gobiernos comunistas a través del acuerdo con el gobierno chino, por el cual entregó a la Iglesia y a sus mártires, a las decisiones del Partido. Y Francisco respondió no recibiéndolo sólo a él en sus habitaciones del Gemelli sino acompañado del Sustituto Edgar Peña Parra, a quien prefiere. Una suerte de humillación para el Secretario de Estado: en el lenguaje Vaticano, es un signo claro de que el pontífice no confía en él y por eso quiere testigos en los encuentros.

Por otro lado, es probable que sea justamente esta acelerada de Parolin en su carrera la que le desgracie la elección. En mi opinión, si es cierto que existía la posibilidad de que se cambiaran algunas reglas del cónclave —se hablaba de la posibilidad de que la elección fuera por mayoría absoluta y no por los dos tercios, y que no se admitiera a las congregaciones generales previas a los cardenales que no son electores—, esa posibilidad la ha cancelado Secretario de Estado por su apresuramiento. En efecto, si la elección fuera por mayoría absoluta, al segundo día del cónclave asomaría sin duda Parolin en la loggia, y el más interesado en vetar a los purpurados mayores de ochenta años la posibilidad de hablar, es justamente él mismo. Y esto es así porque sabe que es allí, en las congregaciones generales, donde sus enemigos lo mostrarán tal cual es. Y el más importante de ellos es el anciano cardenal chino Joseph Zen. Este ha dicho: “Parolin tiene la mente envenenada. Tiene modales muy dulces, pero no confío en él”. Y también: “Parolin sabe que es un mentiroso y el Papa está siendo manipulado por él”. Nadie querría que un anciano venerable, que carga sobre sus espaldas años de persecución y cárcel, lo exponga con esa claridad frente a quienes serán sus electores. No creo, por tanto, que el Papa Francisco esté dispuesto a cambiar reglas que sólo favorecerán a su contrincante.

¿Qué es lo quiere entonces Francisco? ¿Cuál es su delfín? Difícil saberlo; como dice el adagio, nadie sabe lo que hay en la mente de un jesuita. Probablemente su preferido sea el cardenal Mateo Zuppi, a quién aupó de simple cura romano a arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y tiene como plus que se odian mutua y cordialmente con Parolin. Sin embargo, como explicaba la semana pasada Sandro Magister, y a pesar de que Zuppi es miembro de la Comunidad de San Egidio, no es el candidato de esta poderosa e influyente comunidad por esa misma razón: difícilmente los cardenales votarían por alguien que, si fuera Papa, el verdadero poder no estaría en él sino en sus confratelli, comenzando por el fundador Andrea Riccardi. El candidato en las sombras sería el portugués José Tolentino de Mendonça, prefecto del dicasterio de la cultura.

Tolentino es un candidato que tiene papeles. Nacido en Fuchal, isla de Madeira, vivió muchos años en Angola y luego en Lisboa, donde ejerció labor de docencia universitaria y actividades culturas varias, siendo autor además, de libros de poesía, una especie de Vincenzo Pecci redivivo. También, como Zuppi, fue elevado de simple cura lusitano a cardenal por capricho del Papa Francisco. Su elección aseguraría que la Iglesia terminara convirtiéndose en la garante de un cristianismo cultural que, sin despojarse de los aspectos dogmáticos o morales, los dejara más o menos de lado para dedicarse a sostener los valores culturales cristianos en diálogo con las demás religiones. Una Iglesia modosita, habitada por los bien pensantes y alejada de los extremos.

Pero, ¿tiene chances verdaderamente el cardenal Tolentino de ser elegido? Difícilmente. Dos importantes factores juegan en su contra. En primer lugar, no tiene experiencia pastoral; jamás fue párroco ni vicario parroquial; ni tampoco obispo residencial. No tiene olor a oveja sino a libros y vernissages. Y en segundo lugar, y más importante aún, tiene 59 años; es muy joven. No creo que ningún cardenal se convenza de votar a una persona que hace prever un papado de veinticinco o treinta años, porque si en vez de pato sale gallareta, estamos fritos.

En definitiva, que es una muy buena noticia para la Iglesia que el Papa Francisco haya retornado a Santa Marta y que permanezca con vida algunos meses más, los suficientes para frustrar las aspiraciones de Parolin que es la opción más tenebrosa a la que podría ser arrojada la Iglesia.

--------------

P.S.: Alguien podría preguntar lo siguiente: Si el Papa Francisco no lo quiere a Parolin, ¿por qué no lo saca, así como sacó a Müller o a Burke? Es muy sencillo: porque Francisco decidió no enfrentar la casta.

A la Iglesia la gobierna, desde hace siglos, una casta, para hablar en términos mileístas. Para bien o para mal, es así, y sin la casta, o sin un pacto con la casta, ningún Papa puede gobernar. En el último siglo pasaron nueve papas, sin contar a Juan Pablo I. De ellos, cuatro no pertenecieron a la casta: San Pío X, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. El resto —Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI— eran parte de ella. Quienes no lo fueron, se aliaron rápidamente con ella, a excepción de Ratzinger. San Pío X eligió como secretario de Estado a Rafael Merry del Val, parte de la casta desde que era seminarista y Juan Pablo II al cardenal Agostino Casaroli, flor y nata de la casta vaticana. Benedicto XVI la conocía muy bien: había convivido con la casta durante veinte años, y sabía cómo actuaba, y sabía de lo que eran capaces. Y fue el único que tuvo agallas para nombrar como su segundo al cardenal Tarcisio Bertone, extraño también al grupo. Y así le fue. Es verdad que Bertone no era el indicado, por torpe y frívolo, pero la casta le tendió al pontífice todas las trampas posibles. Y cuando éste redobló la apuesta y nombró una comisión investigadora a la curia romana, es decir a la casta, cuyo resultado fueron dos grandes cajas, tuvo que renunciar. Y la casta no lo perdonó ni siquiera después de la renuncia: eligieron a Bergoglio en vez de Scola, que era su candidato.

Francisco, que sabe cómo moverse en los círculos del poder y a pesar de sus cacareos de reforma de la curia, lo primero que hizo fue dejarle claro a la casta que trabajarían juntos: nombró a Mons. Battista Rica, vedette de la mafia rosa, en un alto puesto en el Vaticano y aceptó sin chistar la “sugerencia” de los cardenales Achille Silvestrini y Jean Turan, y trajo a Pietro Parlin como secretario de Estado, relevándolo del exilio en Caracas al que lo había enviado Benedicto XVI, que sabía muy bien quién era.

El Papa Francisco hará todo lo posible para obstaculizar la carrera del cardenal Parolin al pontificado romano, pero no lo echará de su puesto, y mucho menos en esta etapa final de su vida. ¿O justamente por eso se animará a hacerlo? No lo creo. Entre bomberos no se pisan la manguera.

[Si desea dejar un comentario, puede hacerlo en el nuevo sitio del blog: https://elwanderer.com]

WANDERER

jueves, 6 de marzo de 2025

Francisco, como Biden. ¿Quién está tomando las decisiones en nombre del Papa? (Jaime Gurpegui)



Desde hace 21 días, el Papa Francisco está ingresado en el hospital Gemelli. Su estado de salud ha sido descrito por el Vaticano como «crítico pero estable», con episodios de insuficiencia respiratoria aguda, broncoespasmos y dependencia nocturna de ventilación mecánica.

Ha pasado por varias crisis, requiere oxígeno de alto flujo y ha tenido que someterse a broncoscopias para aspirar mucosidad acumulada. En estas condiciones, cualquier persona con sentido común dudaría de su capacidad para gestionar con normalidad los asuntos ordinarios de la Iglesia. Y, sin embargo, el Vaticano pretende que creamos que sigue al mando de decisiones clave. La pregunta central es: ¿Quién está realmente gobernando en su ausencia?
Parolin y Peña Parra vs Ghirlanda y jesuitas

Hay dos grandes polos de poder en este escenario: El cardenal Pietro Parolin y el arzobispo Peña Parra, que manejan el aparato institucional del Vaticano y tienen en sus manos las llaves del poder operativo. En ausencia del Papa, son ellos quienes administran el día a día de la Santa Sede y deciden qué se firma y qué no. El P. Gianfranco Ghirlanda y los jesuitas, cuyo poder ha crecido en los últimos años y que han colocado a hombres de confianza en puestos estratégicos. La cercanía de Elías Royón a este grupo deja claro que tienen una influencia directa en decisiones clave.

Estos grupos no necesariamente trabajan juntos; más bien, parecen estar disputándose el control de la maquinaria vaticana en un momento en el que Francisco está completamente vulnerable. Y es aquí donde entra la verdadera cuestión: se está ejerciendo un poder en nombre de un hombre anciano y enfermo, incapaz de supervisarlo todo.

El paralelismo con lo que sucedió en EE.UU. con Biden durante la última fase de su mandato es inevitable. La crueldad de mantener a un anciano al mando cuando claramente ya no puede gobernar por sí mismo es la misma en ambos casos. Se aprovechan de su estado para hacer y deshacer a su antojo, mientras se refuerza la apariencia de normalidad.

De la sentencia de Gaztelueta a los nombramientos episcopales

La misma lógica se puede aplicar a dos decisiones recientes en relación a España, pero son decenas las decisiones que se están tomando a diario en nombre del Papa:

El caso Gaztelueta. ¿Fue Parolin quien decidió emitir la sentencia para congraciarse con los jesuitas? ¿Fue Ghirlanda, con la influencia de Royón, quien empujó la decisión? En cualquier caso, lo que sí está claro es que Satúé no ha pintado absolutamente nada en esta historia. Todo el mundo sabe que su papel ha sido el de un vulgar sicario, un simple ejecutor de una orden tomada por otros, utilizado por su falta de escrúpulos morales.

El nombramiento del obispo de Albacete. ¿Se ha manejado desde la Secretaría de Estado? ¿Desde la esfera jesuita? Una vez más, no hay claridad, pero nos quieren hacer creer que, entre broncoespasmo y ventilación mecánica no invasiva, el Papa ha tenido la cabeza para pensar en el futuro de Albacete. Y el hecho de que la noticia haya sido filtrada a un medio de extrema izquierda como Religión Digital solo refuerza la idea de que el proceso está viciado por intereses políticos internos.

Lo cierto es que lo que está ocurriendo es inaceptable. Cada acción jurídica pontificia tomada desde el ingreso del Papa en el hospital deberá ser puesta en entredicho. No podemos seguir aceptando esta farsa en la que nos quieren hacer creer que un hombre gravemente enfermo está firmando sentencias, discutiendo nombramientos y gestionando la Iglesia con normalidad.

La gravedad del asunto no se limita a estos casos concretos. Estamos ante una manipulación descarada de la autoridad pontificia. Y esto no puede quedar sin respuesta.

Es hora de exigir transparencia. Es hora de preguntar quién está gobernando realmente la Iglesia en estos días. Porque si Francisco no está en condiciones de tomar decisiones, entonces hay otros que lo están haciendo por él. Y los fieles tienen derecho a saber quiénes son.

Jaime Gurpegui