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jueves, 27 de febrero de 2020

Arzobispo Carlo Maria Viganò de vuelta en Italia: la confesión ya no está disponible



Actualmente, el arzobispo Carlo Maria Viganò se desplaza por el norte e Italia, le dijo el 26 de febrero a Robert Moynihan, del sitio web InsideTheVatican.com.

Viganò informa que los italianos tienen miedo del coronavirus y que las góndolas en los supermercados se están vaciando.

Fue a confesarse y fue recibido solamente porque es sacerdote. Para los fieles, las puertas de las Iglesias están cerradas.

Personalmente, está cada vez más atraído por el latín y celebra Misa a las 7:30 horas, después de las oraciones de Maitines y Laudes, según el Rito Ambrosiano original de la arquidiócesis de Milán, donde él nació.

Él reza para que Francisco “sea Pedro” [extraña redacción], se arrepienta de toda deficiencia y confirme a sus hermanos en la fe de todos los tiempos.

NOTICIAS VARIAS 27 de enero de 2020






“No es posible confesarse”: la Iglesia italiana exagera las precauciones por el coronavirus (Carlos Esteban)



El cartel, fijado a la puerta de una iglesia de la Diócesis de Padua, es desolador: “No es posible confesarse”. La foto la ha colgado en Twitter la autora Hilary White, quien ha traducido el texto que, por la mala calidad de la imagen, no es fácil leer:
“En este tiempo, la Iglesia en Padua quiere recomendar la oración en familia o a nivel personal, e invitar a que se rece por una mejora de las condiciones sanitarias, especialmente para las personas que han contraído el virus y para todos los que están sufriendo la emergencia”.
Mientras, el metro, ese medio de transporte donde se hacinan multitudes que, en hora punta, hacen inútil cualquier intento de conservar el mínimo espacio personal, está funcionando con normalidad, como todo el transporte público. Tampoco se han cerrado hipermercados y grandes superficies, que desde luego atraen muchedumbres mucho más considerables que casi cualquier iglesia.

Pero las iglesias se cierran, las misas se suspenden y esto, en plena Cuaresma, cuando somos específicamente llamados a la conversión; en ocasiones incluso se cierra el acceso al Sacramento de la Reconciliación. ¿Tiene algún sentido?

El único que se nos ocurre es que los prelados dan más importancia al cuerpo que al alma, a la salud física que a la espiritual, y que no es casual que obispo tras obispo de la Iglesia universal ande más ocupado y obsesionado por el futuro del planeta que por el de las almas, siendo el primero efímero a ojos de Dios y las segundas, eternas.

Carlos Esteban

FÁTIMA Y EL CORONAVIRUS: Extraña coincidencia


Duración 2:32 minutos

 
Strange Coincidence: Coronavirus and Fatima

Cristina Siccardi pointed out on Correspondenza Romana a strange coincidence. While the world is fighting the coronavirus, on February 20, the centenary of the death of Saint Jacinta Marto was celebrated, one of the seers of Fatima. She died at the age of ten because of the Spanish flue, the coronavirus of her time. Her brother Francisco had died ten months earlier also at the age of 10.

A Pandemia

Between 1918 and 1920, the virus of the Spanish flue infected about 500 million people, including some inhabitants of remote islands in the Pacific Ocean and the Arctic Ocean, causing the deaths of 50 to 100 million people, three to five percent of the world population at the time. It caused more victims than the 14th century Black Plague. Before Jacinta died she spent almost seven months in hospital.

Dramatic Words

Speaking about the people who are far away from God, the ten-year-old Jacinta exclaimed: “If they only knew that the acts of this earthly life have eternal value.” She said that this is the big problem of modern man, “He no longer knows what he is doing in this world, and thus searches hard for the meaning of things, without ever finding it.” Jacinta died completely alone in a Lisbon hospital.

Signs of Times

The centenary of Jacinta’s death coincides with a time when Mass is suspended in big parts of Italy, the country where the Vatican is located. Italy is among the countries most infected by the coronavirus. Lent begins with the quarantine of many. Never before as now, the Church keeps speaking about the signs of the times, and never before it was so unwilling to see and listen to them.