La Fraternidad San Pío X (FSSPX) publicó una declaración explicando las razones del anuncio de las próximas consagraciones episcopales. El Superior General Davide Pagliarani, aborda directamente el pontificado actual del Papa León XIV, describiéndolo como una continuación de la «trayectoria irreversible» marcada por el Papa Francisco. Además de explicar la crisis Francisco/León, la declaración aborda el silencio de los obispos conservadores en la Iglesia, la posibilidad de sanciones, sus esperanzas, la razón última de su acción y su perspectiva sobre la Misa tradicional en latín. «Además, las principales orientaciones que ya se perfilan en este nuevo pontificado, en particular a través del último consistorio, no hacen más que confirmarlo. Se percibe una determinación explícita de preservar la línea del papa Francisco como una trayectoria irreversible para toda la Iglesia. Es triste reconocerlo, pero es un hecho que, en una parroquia común y corriente, los fieles ya no encuentran los medios necesarios para asegurar su salvación eterna. Carecen, en particular, tanto la predicación integral de la verdad y la moral católicas como la administración digna de los sacramentos, como siempre lo ha hecho la Iglesia. Esta privación constituye el estado de necesidad. En este contexto crítico, nuestros obispos están envejeciendo y, a medida que el apostolado continúa expandiéndose, ya no son suficientes para satisfacer las demandas de los fieles de todo el mundo». «La respuesta del cardenal Fernández no aborda la posibilidad de una audiencia con el Papa. También evoca la posibilidad de nuevas sanciones». ¿Qué hará la Fraternidad si la Santa Sede decide condenarla? En primer lugar, recordemos que en tales circunstancias cualquier sanción canónica no tendría ningún efecto real. Sin embargo, si se pronunciaran, la Sociedad aceptaría sin duda este nuevo sufrimiento sin amargura, como ha aceptado los sufrimientos pasados, y lo ofrecería sinceramente por el bien de la Iglesia». «El verano pasado, escribí al Santo Padre para solicitar una audiencia. Al no recibir respuesta, le volví a escribir unos meses después, de forma filial y directa, sin ocultar ninguna de nuestras necesidades. Le mencioné nuestras divergencias doctrinales, pero también nuestro sincero deseo de servir a la Iglesia católica sin tregua, pues somos servidores de la Iglesia a pesar de nuestra condición canónica irregular. A esta segunda carta, recibimos hace unos días una respuesta de Roma del cardenal Fernández. Lamentablemente, no tuvo en cuenta en absoluto la propuesta que presentamos ni ofrece ninguna respuesta a nuestras peticiones».
Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que procede de Dios (1 Cor 2, 12), el Espíritu de su Hijo, que Dios envió a nuestros corazones (Gal 4,6). Y por eso predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los gentiles, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, es Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor 1,23-24). De modo que si alguien os anuncia un evangelio distinto del que recibisteis, ¡sea anatema! (Gal 1,9).
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viernes, 6 de febrero de 2026
La paradoja de las pantallas de Sánchez: menores autónomos para el cuerpo, tutelados para la conciencia
Artículo 19.2 de la Ley Trans: «Se prohíben todas aquellas prácticas de modificación genital en personas menores de doce años […] En el caso de personas menores entre doce y dieciséis años, solo se permitirán dichas prácticas a solicitud de la persona menor siempre que, por su edad y madurez, pueda consentir de manera informada a la realización de dichas prácticas».
Artículo 19.3 de la Ley Trans: Las Administraciones públicas […] impulsarán protocolos de actuación en materia de intersexualidad que garanticen, en la medida de lo posible, la participación de las personas menores de edad en el proceso de adopción de decisiones”
Artículo 4 de la Ley Orgánica 5/2000, reguladora de la responsabilidad penal de los menores: la edad límite de dieciocho años establecida por el Código Penal para referirse a la responsabilidad penal de los menores se rebaja a los catorce años.
Ley Orgánica 1/2023, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, artículo 13 bis: “Las mujeres podrán interrumpir voluntariamente su embarazo a partir de los 16 años, sin necesidad del consentimiento de sus representantes legales. En el caso de las menores de 16 años” bla bla bla, podrán hacerlo con consentimiento y acompañamiento.
Son solo algunos ejemplos de leyes en que el sistema jurídico actual de nuestro país reconoce la capacidad de obrar de los menores de edad.
Cambios de género, declaraciones judiciales, aborto, responsabilidad penal… son casos que la izquierda radical considera que un menor de dieciséis años tiene la suficiente madurez para asumir.
Pero ahora, en un ataque de demagogia a la moda, sumándose al carro de la lucha contra las pantallas de pedagogos y expertos que no dejan de avisar de sus peligros, Pedro Sánchez ha abanderado la causa haciéndola campaña, metiéndose hasta la cocina de los hogares españoles, para censurar al votante joven de los próximos años a su antojo.
Porque, curiosamente, este mismo Ejecutivo dejó sobre la mesa, antes de finalizar el curso pasado, una propuesta para rebajar la edad de voto a los 16 años, anunciada como una implantación “gradual” mediante reforma legal. La idea quedó en el cajón, pero la contradicción permanece. Votar, con 16 años, sí. Instagram, con 15 años y madre al lado, no.
Una sociedad hiperdigitalizada
Soy de la generación de messenger temprano y Tuenti tardío… esa generación que se topó de frente con el acceso a redes sociales desde los primeros móviles inteligentes, ‘smartphones‘. Esa generación que mentía sobre su año de nacimiento para registrarse en tal o cual red social, y que aprendió a apagar el móvil para estudiar –o al menos, a dejarlo fuera de la habitación– a veces, a base de cates o de golpes, pues era fuente de toda distracción.
Allá por aquel entonces, las redes sociales no eran lo que son ahora. Ni tampoco los delitos en torno a estas, ni los peligros. Y aún así, ya nos avisaban: cuidado con las falsas identidades, cuidado con el acoso, con la violencia verbal, con la deshumanización del trato digital, cuidado con las críticas y riñas, siempre más fáciles que a la cara… Cuidado, también con pederastas y depredadores sexuales. Al menos, en mi colegio, no lo pudieron hacer mejor.
Ahora las cosas han cambiado, sí. Pero, precisamente por eso. La realidad es que vivimos en una sociedad hiperdigitalizada. Y vendar los ojos a los adolescentes sería como cerrarles en una ermita alejada del mundo.
Claro que los niños de nueve años no deberían estar haciendo bailecitos de TikTok -cuidado, que a veces son los propios padres los que facilitan eso desde sus cuentas-
Claro que los niños de nueve años no deberían estar haciendo bailecitos de TikTok -cuidado, que a veces son los propios padres los que facilitan eso desde sus cuentas-. Claro que hay menores, cada vez más pequeños, recurriendo con asiduidad a la pornografía -que, por cierto, no llega de las redes sociales sino que se encuentra fácilmente por Internet de cualquier vía-. Claro que hay padres que no tienen criterio para inculcar a sus hijos el sentido común. Y claro, también, que no estaría de más que a algún que otro adulto se le prohibiera usar en general las redes sociales… Aquí, cada uno con sus dones y sus defectos.
Pero la prohibición de las pantallas a menores de dieciséis años me resulta tan estúpida como el propio debate en torno a las pantallas. ¿Pantallas, de qué? ¿Es lo mismo una hora al día, que una película con los primos un domingo por la tarde? ¿Es lo mismo unos dibujos de esos de antes mientras ‘mamá’ hace la cena o acuesta al bebé, que un niño hipnotizado -e idiotizado- viendo Cocomelon mientras va atado a su sillita de paseo por la calle?
La respuesta es obvia. Las pantallas hacen daño: interno, al cerebro, y externo, a los ojos. Producen TDAH, autismo o lo que sea, y sobre todo, la pérdida de la capacidad de asombrarse con el mundo real, mucho más espectacular que el virtual. Pero, como todo, hacen daño si se abusa de ellas.
Lo que verdaderamente hace daño es privar a un padre de su capacidad de decidir sobre sus hijos en semejante asuntoLo que verdaderamente hace daño es privar a un padre de su capacidad de decidir sobre sus hijos en semejante asunto -en el que, cada padre y madre, conocedores de cada hijo, único e irrepetible, saben lo que necesita-, mientras que le imponen que una menor pueda plantarse con un proceso judicial por impedirle abortar -lo que, implícitamente, presupone las relaciones sexuales en menores de dieciseis años-.
¡Pero vamos a ver! Esto ya clama al cielo. Aborto, sí, pero Instagram con mamá al lado, no. Cambio de sexo, sí, pero un hilo del twittero de moda sobre el derbi del día anterior con papá al lado, tampoco. Fuera de mi casa, señorías. Si quieren prohibir, prohiban: prohiban sexo prematuro, prohiban asesinatos traumaticos en vientres de menores, prohiban pornografía, prohiban educación sexual en escuelas -o cómo enseñar a un niño de seis años a masturbarse o a una de once a poner un condón-, prohíban el divorcio exprés, que tanto estrago y abandono supone para los niños, víctimas reales de esa tragedia…
Señor Sánchez, váyase a su casa y ocúpese de sus asuntos, que no son pocos.
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