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viernes, 1 de mayo de 2026

La Asociación Mariana Internacional publica una crítica contundente a la nota del Cardenal Fernández




Era esperable que casi lo primero que hizo el Cardenal Fernández cuando presentó Mater Populi fidelis fue reclamar que «pertenece al magisterio ordinario de la Iglesia», porque, efectivamente, esa es la preocupación de muchos fieles. Las opiniones del Cardenal Fernández carecen de la calidad teológica de sus predecesores, y tienen el valor de un poder prestado. La nota, como otros documentos del Cardenal también adolecen de «sinodalidad»,que se está convirtiendo en marca de la casa.

Hace unos días respondía a Diane M.:

Diane Montagna: Muchas gracias. Solo una última pregunta: ¿consultasteis (es decir, la DDF) a algún mariólogo para Mater Populi Fidelis?

Cardenal Fernández: Sí, a muchos, muchos, así como a teólogos especializados en cristología.

Habría que matizar lo de «muchos, muchos».

La Comisión Teológica de la Asociación Mariana Internacional ha emitido una respuesta fuertemente crítica al documento Mater Populi Fidelis, la controvertida nota doctrinal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que ha sido criticada por su reducción de algunos títulos marianos devocionales establecidos desde hace tiempo.

En un documento de 22 páginas (con notas) publicado el 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción, la comisión teológica señala varios elementos de Mater Populi Fidelis (La Madre del Pueblo Fiel de Dios) que califica de erróneos, «lamentables», y que necesitan «aclaración y modificación sustanciales».

Una asociación de prestigio internacional

La Asociación Mariana Internacional comprende teólogos, obispos, clero, religiosos y líderes laicos que buscan promover la plena verdad y devoción mariana en todo el mundo. Su comisión teológica está compuesta por cardenales, obispos y más de 40 teólogos y mariólogos de reconocido prestigio internacional, como los académicos estadounidenses Scott Hahn, Mark Miravalle y Michael Sirilla, así como los cardenales Baselios Cleemis Thottunkal y Sandoval-Íñiguez, y los obispos Jozef Maria Punt de Países Bajos y Rico Pavés de España.

El contenido de la nota vaticana

Publicada el 4 de noviembre por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF), Mater Populi Fidelis enseña que la cooperación única de María en la salvación debe entenderse siempre como enteramente dependiente y subordinada a la única mediación de Cristo y su sacrificio redentor universal, rechazando cualquier formulación que difumine esta asimetría.

La nota doctrinal reafirma títulos marianos aprobados como Madre de Dios y Madre de la Iglesia, pero considera los títulos «Corredentora» y ciertos usos de «Mediadora de todas las gracias» como pastoral y teológicamente ambiguos, desaconsejando su uso en la enseñanza oficial o la liturgia, sin negar las verdades que buscan expresar.

Críticas al título de Corredentora

Respecto al título Corredentora, los teólogos rechazan la advertencia de la nota de que es «siempre inapropiado», o, según algunas traducciones, «siempre inoportuno», usar el título para definir la cooperación de María. La nota del DDF afirma que el título «corre el riesgo de oscurecer la única mediación salvífica de Cristo» y puede por tanto causar confusión.

La comisión contraargumenta que si el título Corredentora es siempre inapropiado o inoportuno de usar, «entonces los papas que aprobaron o usaron el título actuaron de manera inapropiada e imprudente». Añaden: «Si es siempre inapropiado usar el título, entonces los santos y místicos que usaron este título fueron irresponsables e inapropiados».

Los teólogos acogen favorablemente una aclaración posterior del prefecto del DDF, el arzobispo Víctor Fernández, quien declaró a la periodista Diane Montagna el 25 de noviembre que el título Corredentora es, «de ahora en adelante», «siempre inapropiado» de usar en «documentos oficiales del Magisterio», pero puede seguir usándose en discusiones, grupos de oración y devoción privada.

Omisiones doctrinales significativas

Sin embargo, la comisión señala que el documento aún tiene una «omisión sustancial del valor redentor de la cooperación activa única de María en la redención objetiva, así como lo que vemos como una prohibición innecesaria del título legítimo de Corredentora en futuros documentos oficiales de la Santa Sede y en textos litúrgicos». Este movimiento, dicen, representa «un anti-desarrollo de la doctrina».

Los teólogos desestiman varias otras afirmaciones en la nota del DDF, incluyendo su argumento de que los títulos marianos es mejor no usarlos ya que son «poco útiles» porque requieren «explicaciones repetidas». Muchos términos teológicos requieren explicación perenne, contraargumenta la comisión, y citan como ejemplos el título «Madre de Dios», la Santísima Trinidad, la transubstanciación y la infalibilidad papal.

Cuatro siglos de enseñanza papal

Señalan cómo, a pesar de decidir no usar el término Corredentora, el DDF reconoce que el título ha sido usado durante siglos, y enfatizan que Corredentora había sido preferido en lugar de Redentora precisamente para enfatizar la subordinación y dependencia de María respecto a Cristo, el Redentor.

Mencionan cuán frecuentemente los papas han usado el título y afirman que es «lamentable» que estos ejemplos «no reciban mayor respeto o presencia en el texto actual». También recuerdan advertencias previas contra el contenido de la nota del DDF, citando al padre René Laurentin, considerado como «uno de los estudiosos más destacados del mundo» en mariología, quien escribió en 1951 que sería «gravemente temerario atacar la legitimidad» del título Corredentora.

La Asociación menciona algunos ejemplos.

Sin embargo, tal valoración no tiene en cuenta las enseñanzas papales coherentes sobre la mediación universal de María en la gracia, que se remontan al siglo XVIII y se extienden hasta el pontificado del Papa Francisco, incluidas varias de ellas que constituyen instrucciones encíclicas autorizadas del Magisterio papal. Por ejemplo:

El Papa Benedicto XIV, en su bula de 1748, Gloriosae Dominae, describe a la Santísima Virgen como «una corriente celestial a través de la cual el flujo de todas las gracias y dones llega al alma de todos los miserables mortales».

El Papa Pío VII, en su constitución apostólica de 1806, Quod Divino afflata Spiritu, se refiere a María como la «Dispensadora de todas las gracias».

El beato Papa Pío IX, en su encíclica de 1849, Ubi primum, escribe: «Porque Dios ha confiado a María el tesoro de todas las cosas buenas, para que todos sepan que por ella se obtienen todas las esperanzas, todas las gracias y toda la salvación».

El Papa León XIII, en su carta apostólica de 1891, Octobri mense, escribe: «Por consiguiente, se puede afirmar con no menos verdad y justicia que absolutamente nada de este inmenso tesoro de todas las gracias traídas por el Señor –en la medida en que ‘a gracia y la verdad vinieron de Jesucristo’ [Jn 1, 17]– nos es impartido, por voluntad de Dios, excepto a través de María (nisi per Mariam)».

San Pío X, en su encíclica de 1904, Ad diem illum, habla de María como «la suprema ministra de la distribución de las gracias» (Denz.-H, 3370).

En un decreto de 1919 que anticipa la canonización de santa Juana de Arco, Benedicto XV se refiere a María como «la Mediadora de todas las gracias» (Mediatrix omnium gratiarum).

En 1921, el Papa Benedicto XV aprueba la misa y el oficio de la fiesta de la Santísima Virgen María, Mediadora de todas las gracias.

Pío XI, en su encíclica de 1932, Caritate Christi compulsi, señala el poderoso patrocinio de la Virgen Madre de Dios, «Mediadora de todas las gracias» (Virginis Deiparae, omnium gratiarum Mediatricis).

Pío XII, en su constitución apostólica Sedes sapientiae, del 31 de mayo de 1956, habla de María como «la que fue constituida Mediadora de todas las gracias relativas a la santificación» (quae gratiarum omnium ad sanctificationem spectatium Mediatrix constituta est).

San Juan XXIII, en su carta apostólica Beatissimum Virginem Mariam, del 26 de mayo de 1961, concede el título de Basílica Menor a la Iglesia ugandesa dedicada a la Santísima Virgen María, Mediadora de todas las gracias, Sultana de África. En esta carta, se refiere a «la Virgen María, Mediadora de todas las gracias» (Virginem Mariam, Omnium Gratiarum Sequestram).

San Pablo VI, en su encíclica de 1965, Menso Maio, dice que «no debemos olvidar que ‘el Padre de las misericordias y Dios de toda consolación’ (2 Cor 1, 3) [...] ha designado a María santísima como generosa administradora (generosam administram) de los dones de su misericordia».

San Juan Pablo II se refirió a María como la Mediadora de todas las gracias (o su equivalente) al menos nueve veces.[21] Por ejemplo, en su discurso del Ángelus del 17 de enero de 1988, se refiere a la Iglesia egipcia de Nuestra Señora en Medai como un santuario al que acuden muchos peregrinos para confiar sus intenciones a la Mediadora de todas las gracias (Mediatrice di tutte le grazie).

El Papa Benedicto XVI, en su carta del 10 de enero de 2013 al arzobispo Sigismundo Zimowski (que representaba a la Santa Sede en la celebración de la 21.ª Jornada Mundial del Enfermo), elogia su misión «implorando las oraciones y las intercesiones de la Santísima Virgen María Inmaculada, Mediadora de todas las gracias» (implenda precibus comitamur atque intercessioni Beatae Virginis Mariae Immaculatae, Mediatricis omnium gratiarum, commendamus).

El Papa Francisco, en su mensaje del 13 de mayo de 2023 al arzobispo Gian Franco Saba de Sassari, Cerdeña, Italia, señala que «uno de los títulos más antiguos con los que los cristianos han invocado a la Virgen María es precisamente ‘la Mediadora de todas las gracias’»

Críticas sobre la Mediadora de todas las gracias

Concerniente al título de María como Mediadora de todas las gracias, la comisión criticó la nota del DDF por buscar reducir la mediación maternal de María solo a la intercesión y por omitir la enseñanza de 12 papas, incluyendo al Papa Francisco, a lo largo de cuatro siglos, que sostiene la mediación universal de María.

La asociación mariana también señala que el DDF falló en mencionar tres comisiones pontificias establecidas por Pío XI que resultaron en 2.000 páginas de apoyo teológico a favor de la definición papal de la mediación universal de gracia de María.

Mater Populi Fidelis establece que la mediación mariana no debe entenderse en términos de producir gracia, pero mientras la comisión está de acuerdo en que la verdadera gracia solo viene de Dios, dice que la nota «falla en afirmar la mediación secundaria activa y causal de María en la distribución de las gracias», algo que, dice, papas anteriores como Pío X enseñaron claramente.

Consecuencias pastorales preocupantes

La comisión expresa preocupación de que al disminuir la doctrina magisterial de María como Mediadora de todas las gracias, el DDF ha arrojado muchas prácticas marianas, como las conectadas con la Medalla Milagrosa, el Rosario y el Escapulario, «en confusión y duda innecesarias». Se pregunta cómo deben proceder las comunidades religiosas que usan el título Corredentora en su nombre, y cómo responderá la Legión de María, con sus 10 millones de miembros, dado que el manual de la organización tiene 10 referencias a María como Mediadora de todas las gracias.

A modo de ejemplo, el documento cita:


A) Devociones marianas arraigadas en la Corredentora y Mediadora de todas las gracias. Dado que cada práctica devocional mariana debe tener su base en la auténtica doctrina mariana (cf.

Lumen Gentium 66, 67), la base doctrinal de muchas prácticas devocionales marianas –como la consagración mariana, el rosario, el escapulario, etc.– se basa, correctamente entendida, en la doctrina de María como Mediadora de todas las gracias, que a su vez se fundamenta en la corredención mariana. Rechazar estas doctrinas magisteriales es sumir a muchos fieles católicos en una confusión y duda innecesarias. Se trata de devociones honradas constantemente por la Iglesia y alentadas por los papas. ¿Es el deseo de la DDF poner fin a estas devociones y asociaciones marianas internacionales y eficaces entre el Pueblo de Dios, por ejemplo, la Militia Immaculatae internacional? También hay oraciones y devociones marianas, como las relacionadas con la Medalla Milagrosa y las apariciones de 1830 a Santa Catalina Labouré, que se basan claramente en la doctrina de María como Mediadora de todas las gracias. Lamentablemente, la nueva nota de la DDF amenazará estas y otras oraciones y devociones de los fieles en todo el mundo.

B) El efecto sobre las comunidades religiosas que utilizan el título de Corredentora. Hay varias comunidades religiosas aprobadas que utilizan el título de «Corredentora». He aquí algunos ejemplos:Congregazione Figlie Maria SS. Corredentrice: fundada en Catania, Italia, en 1953; aprobada en 1964.
Pia Associazione di Maria SS. Corredentrice: aprobada por el arzobispo de Reggio Calabria, Italia, en 1984.
Hijas de María Inmaculada y Corredentora (Lima, Perú): fundada en 1978, aprobada en 1980.
Instituto de Misioneras de María Corredentora (Ecuador): fundada en 1964, aprobada en 1969.
Associación de Fieles al Servicio de María Corredentora y Reina de la Paz (Venezuela): fundada en 1992 y aprobada entonces por el arzobispo de Barquisimeto, Venezuela.

¿Se verán ahora obligadas estas comunidades a cambiar de nombre?

C) El efecto sobre los 10 millones de miembros de la Legión de María. El Manual de la Legión contiene diez referencias a María como Mediadora de todas las gracias. ¿Se verá obligada la Legión de María a cambiar su Manual y sus oraciones que honran a María como «Mediadora de todas las gracias»? La Legión de María es particularmente fuerte en algunas partes de África, Asia y América Latina. La oposición de la DDF a María como «Mediadora de todas las gracias» causará confusión y dolor a estos fieles católicos.

D) El efecto sobre la Basílica de Nuestra Señora de Todas las Gracias en Brasil. En 1987, el santuario de Nuestra Señora, Mediadora de todas las gracias, en Rio Grande do Sul, Brasil, fue reconocido por la Santa Sede como basílica menor. ¿Se verá obligada esta basílica a cambiar su nombre?

E) El efecto sobre la confianza de los fieles en el Magisterio papal. Quizás lo más importante sea el efecto sobre la confianza de los fieles en el Magisterio. Si las enseñanzas y los títulos utilizados anteriormente por los papas se consideran ahora «inapropiados» o «inoportunos», ¿por qué deberían los fieles tener confianza en el Magisterio papal? La confusión y la frustración en este ámbito ya están siendo expresadas por el Pueblo de Dios tanto en los medios de comunicación católicos internacionales como en los seculares.

Más importante aún, los teólogos creen que el documento socavará la confianza de los fieles en el magisterio papal, y señalan que «confusión y frustración» en esta área «ya están siendo expresadas».

Teología protestante más que católica

En conclusión, los teólogos de la comisión sostienen que son «precisamente las enseñanzas» de María como Corredentora y Mediadora las que «constituyen la doctrina perpetua de la Iglesia», ya que han sido enseñadas desde la Escritura hasta el modelo patrístico de María como la Nueva Eva, hasta los papas modernos y contemporáneos.

Creen que los riesgos mencionados por el DDF «parecen más teóricos que reales», y añaden que, por el contrario, los títulos se convierten en «excelentes oportunidades para la auténtica evangelización católica» junto con otras verdades católicas clave que requieren explicaciones apropiadas.

La teología católica afirma que Dios quiso que la Virgen María tuviera un papel en la obra de la redención, enfatizan los teólogos, y Dios deseó asociar la contribución de una mujer y madre humana inmaculada a su designio salvífico. «Proponer, en cambio, una Redención basada en «solo Jesús» desprovista de cualquier valor redentor humano por parte de María, parece asemejarse más a una teología protestante de la Redención que a la de la Iglesia Católica», dice la comisión.

Llamada al diálogo sinodal

Cierran afirmando que es su «sincera esperanza y oración» que su respuesta contribuya, «en un espíritu de verdadero diálogo sinodal, a una reevaluación de Mater Populi Fidelis» y que tal reevaluación «conduzca a una nueva expresión del Magisterio concerniente a estas doctrinas y títulos marianos de importancia crítica en mayor consistencia, desarrollo y armonía con las enseñanzas doctrinales de papas anteriores».

«Entre tales enseñanzas», dice, «están aquellas que reconocen a la Santísima Virgen María como Corredentora y Mediadora de todas las gracias».

domingo, 23 de noviembre de 2025

De Maria nunquam satis




Vivimos en un mundo pusilánime, donde la exaltación de cualquier privilegio recibido por herencia o por gracia de Dios, aparece siempre como un insulto a la igualdad en la mediocridad de todos los hombres.

Siempre los mejores son los menos, la santidad es algo extraordinario, pero la sociedad cristiana supo tenerlos como referencias y la Iglesia como regla de conducta, por eso canonizaba sólo a los mejores, a los que habían llegado más alto, no para halagar la mediocridad del común de los cristianos ni desalentarlos, sino por el simple hecho de que las luces que guían las naves se ponen en alto, y cuánto más alto, mayor es el número de quienes pueden verlas. Es decir, que los espíritus más elevados servirán de guía a mayor número de almas.

A esto se suma el hecho de que los bienes espirituales son comunes, y mientras mejor es un miembro, mejor es la sociedad, todos gozamos del bien espiritual del prójimo, y mientras más son los que participan, mayor es el bien.

Materialistas, egoístas y resentidos como somos, creemos que todo bien del prójimo es algo que yo no tengo, y que todo lo que no se obtuvo con el sudor de la propia frente es robo. Pero como lo que se obtiene por propio esfuerzo es bien poco, creemos estar justificados para descansar en nuestra mediocridad y poder canonizar a aquellos que hicieron “lo que pudieron”, pero que no fueron tan imprudentes como para ponerse por encima de los demás y tratar de guiarlos, porque el colmo de la caridad parece hoy consistir en no herir la profunda pusilanimidad de los hombres y dejarlos arrastrarse por el barro sin decirles que se están ensuciando.

El concilio Vaticano II, al justificar el liberalismo cristiano, significó la canonización de la tibieza cristiana. Ya no más privilegios, todos somos iguales delante de Dios. Si se puede reconocer, sin entusiasmo, algún tipo de privilegio, sólo puede ser de un grupo, y mientras más se diluya mejor. Habrá santos, pero muchos, porque es algo común, cualquiera puede serlo, sin necesidad de hacer mucho.

Los privilegios personales atentan contra la dignidad de los hombres iguales en mediocridad. Y ¡qué decir de privilegios únicos e irrepetibles!

En este mes de diciembre celebramos de un modo particular a la Virgen María, y se concentran en ella las gracias y privilegios más grandes que Dios pueda haber concedido a criatura alguna.

Ella es Inmaculada desde su concepción. Apartada del resto del mundo pecador, fue preservada por un privilegio singular, único e irrepetible, de la ley de condena que pesaba sobre todo el género humano. Nunca, en ningún instante de su vida, su alma fue ensombrecida por la más mínima mancha de pecado. Por el contrario, su alma llena de gracia, fue siempre purísima.

¿Y a qué se debe tan singular privilegio? Dios había decidido desde toda la eternidad, que su Hijo Unigénito, el Verbo Eterno, al hacerse carne nacería de esta Virgen purísima, de esta Madre santísima que sería preparada por la Trinidad con el mayor cuidado, para ser digna de la gran obra de la creación: la encarnación de Nuestro Señor Jesucristo y la redención del género humano.

Puesto que sería la Madre de Dios, convenía que fuese adornada de los privilegios más excelsos que el cielo puedira participarle, de los cuales, el haber sido preservada del pecado original es sólo el primero y el comienzo de todas las maravillas que Nuestro Señor obraría en su alma. No contento con haberla llenado de gracia en su concepción, esta misma plenitud iría aumentando con el tiempo. Si fue el mismo Dios quien nos mandó honrar padre y madre, ¿acaso no cumpliría Él con este deber del mejor modo posible? La Virgen María fue, sin duda alguna, la criatura más honrada por Dios, pues ¿qué mayor honra que ser su madre?

Pero Dios va a pedirle a María su consentimiento en esta obra, su Fiat. ¿Por qué? ¿acaso podría negarse a tanto honor?

“Honor onus”, decían los latinos con su acostumbrada concisión, el honor es una carga, y la Virgen María lo supo bien, se le concedía un honor enorme y al mismo tiempo una carga igualmente grande. Se le pedía ser Madre de Dios, para que por la encarnación, el Hijo Unigénito pudiera obrar la redención de los hombres. Se le otorgaba el bien más grande que la creación pudo contener y se le pedía la entrega más grande que la creación pudo admirar. Y no se le pedía que acepte esta entrega con resignación, sino con amor, voluntariamente. Su Fiat significaba la aceptación de todo el plan de la redención.

Todo ese honor, todos esos privilegios y gracias tomaban de repente una nueva dimensión, ser Madre de Dios no significaba solamente dar a luz al Salvador, sino quedar unida a Él de un modo tan estrecho que le permitiera quedar asociada a la obra de la Redención, mereciendo de congruo lo que Nuestro Señor mereció de condigno, siendo verdaderamente Corredentora con Nuestro Señor Jesucristo Redentor.

Dios da siempre más de lo que pide, pero a Nuestra Señora le pidió que entregara a su Hijo, ¿acaso hay algo más grande que Él? Casi nos atreveríamos a decir que, en esta tierra, Dios quedó en cierta manera en deuda con su Madre, le pidió demasiado y ella lo dio sin esperar recompensa, ¿acaso algo podía recompensar la pérdida de su Hijo Dios?

Su único consuelo era el cielo, la otra vida y a la verdad que debe ser algo enorme, porque Dios no iba a quedar en deuda con su Madre, pero sólo allí, en esa otra vida, pudo encontrar el modo de recompensarla. ¡Tanto escapa la grandeza de la vida Eterna a nuestros espíritus apocados!

Todo buen hijo sabe que de su madre se puede abusar con toda confianza. Nuestro Señor, en el momento mismo en que terminaba de ser inmolado frente a los ojos de su madre, viendo todo su dolor y su amor de madre, le pidó que adoptara como hijos a aquellos por los que había sido entregado…

Hasta aquí aguanta nuestro corazón, querríamos pensarlo como un momento feliz, y lo es para nosotros, pero, al decir de San Bernardo, ¡vaya cambio para nuestra Madre!

Aquí entendemos por qué no somos santos. Dios nos ofrece todo, pone a disposición sus gracias, sus sacramentos, sus luces, sus ayudas y nos colma de privilegios… ¿qué falta? Falta nuestro fiat.

Entre mediocres y cobardes hemos calculado que si pedimos y obtenemos poco, también se nos pedirá poco, y tratamos de acomodarnos en una posición media que nos mantenga bastante alejados del infierno, pero no demasiado cerca de la Cruz. El hombre moderno entendió que los honores son cargas, y decidió abandonar aquellos para no tener estas. Decidió no pedir nada a Dios para que Dios no le pida nada. Y con la excusa de librar a todos los hombres de sus cargas a todos los deshonró. El santo del mundo moderno es ese hombre sin honor y sin gloria, capaz de no generar rechazo ni admiración, la situación más cercana a la nada, que es lo único que nos queda si no tenemos en cuenta a Dios.

La Virgen María fue siempre el rayo de luz que irrumpe en esas almas vacías, para recordarles que la santidad es posible, que todas las entregas y sufrimientos valdrían por el sólo hecho de ser amados de Dios, que siempre hay tiempo para salvarse.

Y es por eso que contra ella se revuelve el demonio y encuentra su mejor aliado en la tibieza del cristiano, que no quiere el pecado pero tampoco la grandeza y los privilegios, porque es amor que exige amor y es por eso que Nuestro Señor dijo de ellos “He aquí que estoy por vomitarlos de mi boca”

RP José Antonio Calderón

sábado, 22 de noviembre de 2025

El mariológo Salvatore M. Perrella cuestiona la solidez doctrinal de Mater Populi Fidelis




El reconocido mariológo italiano Salvatore M. Perrella, una de las voces más autorizadas en el estudio contemporáneo de la Virgen María, ha ofrecido una lectura crítica de la Nota Mater Populi Fidelis, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. En una extensa entrevista concedida al medio suizo RAI, el teólogo advierte que el documento interpreta la mariología desde un marco “excesivamente cristológico” y “demasiado dependiente” de la perspectiva del papa Francisco, dejando fuera dimensiones esenciales para comprender el lugar de María en la economía de la salvación.

Según Perrella, la Nota doctrinal “abre debates necesarios”, pero revela serios desequilibrios internos. A su juicio, el texto reduce prácticamente a cero las dimensiones eclesiológica, antropológica, trinitaria y simbólica de la mariología, tratándola únicamente desde una perspectiva funcional a Cristo. Esta carencia, afirma, empobrece la comprensión de la tradición y dificulta ofrecer una visión integral de la fe.

La importancia de la memoria doctrinal: un vacío que debilita la Nota

Perrella subraya que la explicación magisterial sobre la cooperación de María en la obra redentora debería apoyarse en los desarrollos doctrinales posteriores a la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, donde teólogos y pontífices —de León XIII a Pío XII— reconocieron en María un fruto de la misericordia divina y un sujeto de misión dentro del plan salvífico. Sin embargo, considera que el nuevo documento no recoge adecuadamente esa evolución ni la memoria histórica que la sustenta.

El título “Corredentora”: tradición, matices y reduccionismos

Uno de los puntos centrales de la entrevista es la crítica a la valoración del título “Corredentora”. Perrella se muestra crítico con el término, aunque reconoce su presencia en el magisterio posconciliar, especialmente bajo san Juan Pablo II, quien utilizó tanto el título como expresiones equivalentes. “Como teólogo, no puedo ignorarlo”, afirma.

Sin embargo, condena la forma en que Mater Populi Fidelis descalifica el título recurriendo exclusivamente a afirmaciones de Francisco, sin dialogar con la tradición teológica y magisterial previa. El mariológo recuerda que Lumen gentium optó por un método inteligente: acoger el vocabulario anterior sin absolutizarlo ni repudiarlo. En su opinión, la Nota del DDF hace precisamente lo contrario: estigmatiza algunas expresiones tradicionales sin ofrecer alternativas doctrinalmente más sólidas.

Preocupación ecuménica desproporcionada y pérdida de la “sobrietas” romana

Otro aspecto que Perrella destaca es la preocupación ecuménica, que considera legítima pero desproporcionada. A su juicio, la Nota sacrifica profundidad doctrinal para evitar tensiones con otras confesiones cristianas, algo que califica como “un paso en falso”. Añade que el texto peca de exceso de extensión y de falta de sobrietas, una nota distintiva del Magisterio romano tradicional.

Un argumento inconsistente: ¿explicaciones excesivas?

De manera especial, el teólogo se muestra crítico con el razonamiento del párrafo 22, donde el Dicasterio sostiene que un título que requiere demasiadas explicaciones catequéticas pierde su utilidad. Perrella considera que esta lógica es insostenible, pues con ese criterio también deberían abandonarse títulos esenciales como “Madre de Dios”, “Inmaculada” o “Madre de la Iglesia”, todos ellos necesitados de una extensa elaboración teológica. “Esa es precisamente la tarea de la teología y de la catequesis”, afirma.

La crisis doctrinal actual: María como clave para recuperar la fe completa

El mariológo advierte que el problema de fondo no es María, sino la propia crisis doctrinal contemporánea. “Hoy muchos ya no creen en la Trinidad, ni en la divinidad de Cristo”, señala. En ese contexto, la figura de María “es segunda pero no secundaria”, como recordaba Benedicto XVI, y su correcta comprensión ayudaría a recuperar la coherencia interna de la fe. Sin embargo, acusa al documento de ofrecer una visión “demasiado monofisita”, incapaz de sostener esa tarea.

Falta de especialistas en la elaboración del documento

Perrella lamenta también la ausencia de competencia especializada en la redacción de la Nota. A su juicio, un documento de esta naturaleza debería haber contado con expertos en mariología, dogmática y tradición magisterial. El resultado final, denuncia, no refleja el rigor que históricamente caracterizaba al Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

Crítica severa al uso de las nuevas normas sobre fenómenos sobrenaturales

El mariológo dedica una crítica especialmente contundente al párrafo 75, en el que la Nota remite a las nuevas normas del Dicasterio para el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales. Según él, estas normas —y la dependencia del nuevo documento respecto a ellas— diluyen el patrimonio doctrinal acumulado desde 1978 y rompen con la línea prudente, histórica y profunda que había guiado a la Iglesia hasta la reforma de la Curia impulsada por Francisco.
Tradición, sensus fidelium y devoción: claves que la Nota no recoge

Perrella concluye recordando que la mariología auténtica no nace de ocurrencias teóricas, sino de la Palabra de Dios, de la tradición viva de la Iglesia y del sensus fidelium, donde la devoción popular sigue revelando una sabiduría profunda. Señala que, durante dos milenios, el pueblo cristiano ha invocado a María con títulos ricos en significado teológico, como los de la Salve Regina, que expresan la espiritualidad e intuición del conjunto de los fieles. A su juicio, Mater Populi Fidelis no logra integrar esa riqueza y pierde así una oportunidad para fortalecer la fe del pueblo de Dios.


Dejamos a continuación la entrevista completa traducida al español:

Mater Populi Fidelis. Para muchos, es un documento inapropiado, dañino e inútil…

Sobre la cuestión de su inutilidad, discrepo. Todo es útil de algún modo, incluso un documento controvertido, porque provoca y sostiene el debate. En este caso concreto, la Nota doctrinal abre debates en teología y mariología, especialmente en lo que respecta a las distintas dimensiones implicadas. En ella aflora una perspectiva que interpreta la mariología en un sentido estrictamente cristológico. Pero hay poco, casi ningún espacio para las dimensiones eclesiológica y antropológica. Y las dimensiones trinitaria y simbólica están completamente ausentes. El documento debe, en cualquier caso, entenderse dentro de una perspectiva mucho más amplia.

¿Qué perspectiva?

Detrás de esta Nota, como sugiere el propio documento —y espero que los autores sean conscientes—, hay que considerar el párrafo 20, donde se aborda la postura del papa Francisco sobre el título de Corredentora. La cuestión de los títulos marianos ha estado siempre en la agenda: reaparece y luego se atenúa. Entonces, ¿qué puede decirse? En lo que respecta a los títulos relacionados con la cooperación de María, estos se convirtieron en objeto de reflexión renovada a partir de 1854 con la definición dogmática de la Inmaculada Concepción. Fue precisamente en el marco de la doctrina inmaculista donde se favorecieron interpretaciones más profundas del servicio o munus de María en la obra de la salvación, utilizando una variedad de términos. Algunos, en verdad, eran del todo inapropiados, como Redemptrix o Substitutrix de lo que es propio de Dios. Esto llevó a los teólogos y a los papas, desde León XIII hasta Pío XII, a comprender a la Inmaculada en la obra de la salvación tanto como fruto como misión: el fruto de la misericordia, la misión de María.

¿Qué faltaba, en su opinión, en aquella interpretación?

Ante todo, se pasaba por alto la dimensión creatural de María. Hoy ese aspecto está afortunadamente presente, aunque quizá de manera algo excesiva. En resumen, necesitamos un equilibrio que actualmente falta. En cuanto a la Nota doctrinal, mi opinión —después de leerla y releerla— es que se adhiere formalmente, aunque no siempre con acierto, a la enseñanza del Concilio Vaticano II, especialmente Lumen Gentium 60–62, retomados más tarde por Juan Pablo II en Redemptoris Mater, particularmente en los párrafos 40–42. Estos son hoy los pilares de la doctrina sobre la cooperatio de María. Personalmente, no soy partidario del título “Corredentora”, pero como teólogo no puedo dejar de tener en cuenta que también ha aparecido en el Magisterio posconciliar.

Juan Pablo II, de hecho, utilizó el título Corredentora siete veces. Y aunque —después de la Feria IV del antiguo Santo Oficio el 21 de febrero de 1996— ya no volvió a emplearlo, como señala la Nota, también es cierto que posteriormente utilizó expresiones equivalentes como Cooperadora del Redentor o Singular cooperadora en la Redención. ¿Qué puede decir sobre esto?

Todo cierto. Examinando específicamente el documento Mater Populi Fidelis, lo encuentro inconfundiblemente “franciscano”, en sentido bergogliano. El párrafo 21, que introduce el párrafo 22, recurre a tres afirmaciones del papa Francisco para explicar por qué el término Corredentora es “inapropiado” e “inútil”. Personalmente, yo nunca habría utilizado tales expresiones. Prefiero el enfoque inteligente de Lumen gentium, que tiene en cuenta el vocabulario previo: ni lo estigmatiza ni lo adopta. Además, tengo la impresión de que la Nota está dominada por la preocupación ecuménica. Y esto, creo, es un paso en falso. Dicha preocupación debe estar presente, por supuesto, pero no debe ser predominante. La prioridad debería ser el carácter pastoral de la doctrina. También encuentro la Nota excesivamente larga, en contraste con el Magisterio romano, tradicionalmente caracterizado por la sobrietas, es decir, la concisión.

Lo especialmente problemático es el siguiente pasaje del párrafo 22: “Cuando una expresión requiere muchas explicaciones repetidas para evitar que se desvíe de un sentido correcto, no sirve a la fe del Pueblo de Dios y se vuelve inútil”. Pero desde este punto de vista, títulos como Madre de Dios, Inmaculada o Madre de la Iglesia también parecerían inapropiados, puesto que ellos también requieren amplias explicaciones —tarea que, después de todo, corresponde a la teología y a la catequesis—. ¿No le parece?

Sin duda. La verdad es que estamos en la historia, pero no somos conscientes de ello. Esta desconexión ya era evidente desde el principio con el título Theotokos. Todo el alboroto en torno a los títulos es artificial, porque tienen un único fundamento: la Sagrada Escritura y lo que la Providencia divina, como enseñaba el padre Calabuig, quiso y designó ab aeterno para María. El documento —a pesar de ser amplio y expansivo— carece de memoria histórica. Y eso, por así decirlo, es una pobreza. Incluso el objetivo mismo del documento; es decir, llamar la atención sobre el papel de María en la obra de la salvación —expresado, además, de un modo excesivamente radical—, plantea dificultades. En efecto, deberíamos preguntarnos: ¿Cuál es hoy la preocupación urgente de la Iglesia en materia de fe? Hoy la gente ya no cree en la Trinidad; hay dudas sobre la divinidad y la identidad mesiánica de Cristo. Ahora bien, María es subsidiaria de todo esto. María, para usar una expresión querida por Benedicto XVI, “es segunda pero no secundaria”. Y la Nota, que yo describiría como “demasiado monofisita”, lamentablemente no ayuda a promover la comprensión integral y completa de la fe cristiana que se necesita. A mi juicio, el documento requería una consideración y una elaboración más cuidadosa, pero sobre todo debió ser preparado por personas competentes en la materia.

Al presentar Mater Populi Fidelis, el cardenal Fernández afirmó que ciertos títulos marianos son un tema que “ha causado preocupación a los papas recientes”. ¿Qué piensa de eso?

No me parece que los papas se hayan inquietado por tal cuestión. Su preocupación era algo muy distinto: la receptio inmediata de Lumen gentium y del Concilio. Seguimos viviendo bajo una recepción mítica del Vaticano II, cuyos documentos, lamentablemente, no son profundamente conocidos.

El párrafo n. 75 de la Nota se refiere a las nuevas Normas para Proceder en el Discernimiento de Presuntos Fenómenos Sobrenaturales, sobre las cuales usted ha sido abiertamente crítico. ¿Cuáles son sus razones?

Perdóneme el neologismo, pero ese párrafo es otra “poco preciosa” perla de la Nota. Y lo es precisamente por su estrecha conexión con las nuevas Normas publicadas por el Dicasterio en 2024. Siempre tuve en gran estima las Normas aprobadas por Pablo VI en 1978 y publicadas oficialmente en 2011. Particularmente aprecié el prefacio firmado por el entonces prefecto, cardenal William Levada. En su momento, habiendo sido consultado por la Congregación, animé firmemente a una revisión de las Normas de Pablo VI, pero desde la perspectiva de un sabio profundizamiento, no de un derroche del gran patrimonio retórico y conceptual de lenguaje, contenido y perspectivas.

¿Podría explicar más?

Para comprender las nuevas Normas y lo que ha surgido en estos dos años de prefectura del cardenal Fernández, hay que tener siempre ante los ojos la figura —siempre presente— del papa Francisco, especialmente su reforma de la Curia romana en Praedicate Evangelium. Esa constitución, que quebró todas las costumbres diplomáticas, políticas y operativas del Vaticano, también ha tenido impacto en la mariología y en la identidad mariana de la Iglesia. Con la reforma de la Curia, bajo Francisco, la Secretaría de Estado perdió su primacía y su papel de coordinación, mientras que el dicasterio principal pasó a ser el de Evangelización. Sin embargo, la primacía de la evangelización no puede prescindir de las palabras de Cristo, que no abolió ni la más pequeña letra de la Ley (cf. Mt 5,17-19). Este principio fundamental debería haber guiado —y debería seguir guiando— las declaraciones magisteriales con mayor prudencia, mayor respeto por la historia y por el presente en una perspectiva de futuro, y con cuidadosa atención a otras realidades. Esto también se aplica a la cuestión de los títulos marianos.

El documento también reflexiona sobre la devoción popular. Sin embargo, la devoción popular siempre ha tenido su propio lenguaje —el del corazón, el del sentimiento—. Un ejemplo notable es la variedad de títulos con los que, durante dos milenios, los fieles han invocado a María, Madre de Cristo y de la Iglesia. Piénsese, por ejemplo, en la antífona litúrgica Salve Regina, donde es invocada como Spes nostra y Advocata nostra…

Son títulos que pertenecen propiamente al Espíritu Santo, y sin embargo los atribuimos con razón a María en virtud del principio de analogía. Cuando considero la devoción popular y su lenguaje, recuerdo una espléndida conferencia que el entonces cardenal Ratzinger pronunció en el Marianum sobre la doble caracterización de la mariología y de la dimensión mariana de la Iglesia: a saber, la razón y el sentimiento. De ahí surge la pregunta crucial: ¿Cómo armonizar estas dos exigencias? Ese es el verdadero problema. Por desgracia, hay pocas personas bien preparadas en la Iglesia que puedan ayudar en este sentido. Y así, María continúa siendo explotada, como siempre, a la manera —si se me permite la imagen— de una trabajadora no remunerada. Si realmente queremos conocer a María, debemos hacerlo a través de la Palabra de Dios y del sensus fidelium en el camino de la Iglesia.

Mons. Strickland: "Descartar el título de Corredentora no es sólo una cuestión lingüística..."



“Descartar el título de Corredentora no es simplemente una cuestión lingüística. Es parte de un esfuerzo continuo por despojar a la fe de sus afirmaciones sobrenaturales, para hacer que la Iglesia parezca inofensiva ante un mundo que odia la cruz. (…)

Si la Santa Sede —y, de hecho, la misma oficina que acaba de publicar este documento— pudo conceder indulgencias a tal oración, ahora no puede pretender que la doctrina que la sustenta sea «inapropiada». El lenguaje puede requerir una explicación pastoral, pero la verdad no puede ser retractada."

En honor a la fiesta de la Presentación de Nuestra Señora que celebramos hoy, publicamos a continuación una Carta Pastoral de Mons. Strickland sobre el uso del término “Corredentora", que llamativamente no ha sido aún difundida en español, y que a nuestro juicio es oportuno que sea tomada en consideración junto a todo lo respondido al respecto..


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CARTA PASTORAL DEL Mons. STRICKLAND - 5/11/2025

LA QUE ESTÁ DE PIE BAJO LA CRUZ

Carta pastoral sobre la Santísima Virgen María, Corredentora y Mediadora de todas las gracias


Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

El 4 de noviembre de 2025, la Santa Sede publicó una Nota doctrinal a través del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) titulada Mater Populi Fidelis, firmada por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del DDF. En el documento, el cardenal Fernández declara que «no sería apropiado utilizar el título de «Corredentora» para definir la cooperación de María». La razón expuesta es que dicho título «corre el riesgo de oscurecer la mediación salvífica única de Cristo y, por lo tanto, puede crear confusión y un desequilibrio en la armonía de las verdades de la fe cristiana…» (párrafo 22).

Dado que muchas personas se sienten inquietas por estas palabras, y dado que el amor a la Santísima Virgen es el corazón de la auténtica fe católica, me siento obligado, como sucesor de los Apóstoles, a reafirmar la enseñanza perenne de la Iglesia sobre la cooperación singular de Nuestra Señora en la Redención.

Es sorprendente que la justificación dada —para evitar la «confusión» y por razones ecuménicas— se haga eco del mismo lenguaje que durante más de medio siglo se ha utilizado para suavizar y oscurecer la verdad católica. Este razonamiento ha embotado el filo de la doctrina hasta dejar solo un vago sentimiento. Pero la verdad no puede sacrificarse en aras de la diplomacia. El ecumenismo que silencia la verdad deja de ser verdadera unidad. El camino a seguir no es difuminar lo que distingue a la fe, sino proclamarla con claridad y caridad, confiando en que la luz de la revelación disipe la confusión, en lugar de ocultarla.

En los últimos años, este patrón se ha repetido en muchos frentes de la vida de la Iglesia. Con el pretexto de ser «acogedora» e «inclusiva», la identidad sobrenatural de la Iglesia se está sustituyendo poco a poco por una identidad sociológica. Lo que antes se definía por la gracia y la conversión, ahora se está reformulando en el lenguaje de la acomodación y la afirmación. La llamada al arrepentimiento se sustituye por la llamada a la pertenencia. Se le dice al mundo que no necesita cambiar; solo la Iglesia debe cambiar para adaptarse a él. Y así, la fe se diluye, la cruz se suaviza y el Evangelio se vuelve sentimental en lugar de salvífico. Pero el amor sin verdad no es misericordia, es engaño.

Este nuevo documento debe verse en ese contexto. Descartar el título de Corredentora no es simplemente una cuestión lingüística. Es parte de un esfuerzo continuo por despojar a la fe de sus afirmaciones sobrenaturales, para hacer que la Iglesia parezca inofensiva ante un mundo que odia la cruz. 

La Santísima Virgen es el reflejo humano más perfecto de la verdad divina. Menospreciar su papel es menospreciar la realidad misma de la gracia. Cuando sus títulos exaltados son declarados «inapropiados», no es ella quien queda menospreciada, sino nuestra comprensión de Cristo, ya que cada verdad mariana protege una verdad cristológica.

La cooperación de María en la Redención es una doctrina perenne, como atestiguan los Padres. San Ireneo enseñó que «el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María», y San Efrén la llamó «el rescate de los cautivos».

Desde los albores de la Iglesia, la obediencia de la Virgen ha sido vista como la anulación de la rebelión de Eva y el comienzo de la restauración de la humanidad.

La confusión que rodea al término «Corredentora» surge en gran medida de un malentendido del prefijo «co-». En latín, es «cum», que no significa «igual a», sino «con». María no es una redentora rival, sino la que sufrió con el Redentor. Toda su participación fue dependiente, derivada y subordinada, pero profundamente real. Así como la primera Eva cooperó en la caída, la Nueva Eva cooperó en la restauración. Su «fiat» en la Anunciación y su presencia bajo la Cruz son los dos polos de esa cooperación divina. María participó en la obra redentora de su Hijo, el único que podía reconciliar a la humanidad.


Desde el principio, la Iglesia ha profesado que el fiat de María —su consentimiento total y libre al plan de Dios— no fue un momento pasivo, sino una cooperación verdadera y activa en la obra salvadora de su Hijo. La palabra «Corredentora» aparece por primera vez en un pronunciamiento oficial durante el pontificado del papa San Pío X. En 1908, la Sagrada Congregación de Ritos pidió que se incrementara la devoción a la Madre Dolorosa y que se intensificara la gratitud de los fieles hacia la «misericordiosa Corredentora del género humano».

El 22 de enero de 1914, la Sagrada Congregación del Santo Oficio (ahora llamada Dicasterio para la Doctrina de la Fe) concedió una indulgencia parcial de 100 días por la recitación de una oración de reparación a Nuestra Señora, que dice así:
«Bendigo tu santo Nombre, alabo tu exaltado privilegio de ser verdaderamente Madre de Dios, siempre Virgen, concebida sin mancha de pecado, Corredentora de la raza humana».
Si la Santa Sede —y, de hecho, la misma oficina que acaba de publicar este documento— pudo conceder indulgencias a tal oración, ahora no puede pretender que la doctrina que la sustenta sea «inapropiada». El lenguaje puede requerir una explicación pastoral, pero la verdad no puede ser retractada.

El papa San Pío X, en su encíclica Ad Diem Illum Laetissimum (2 de febrero de 1904), enseñó:
«Ahora bien, la Santísima Virgen no concibió al Hijo eterno de Dios solo para que Él se hiciera hombre tomando de ella su naturaleza humana, sino también para que, por medio de la naturaleza asumida de ella, Él fuera el Redentor de los hombres. Por esta razón, el ángel dijo a los pastores: «Hoy os ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor».
Continuó diciendo:
María, «puesto que estaba por delante de todos en santidad y unión con Cristo, y fue tomada por Cristo en la obra de la salvación humana, mereció congruentemente, como dicen, lo que Cristo mereció condignamente, y es la principal ministra de la dispensación de las gracias».
Esto no es poesía, sino enseñanza papal. Esto define lo que la Iglesia siempre ha sabido: la maternidad de María no es solo física, sino redentora, espiritual y universal.

El papa Benedicto XV, en Inter Sodalicia (22 de marzo de 1918), escribió:
«María sufrió tanto y estuvo a punto de morir con su Hijo sufriente y moribundo; renunció tanto a sus derechos maternos sobre su Hijo por la salvación del hombre, […] que podemos decir con razón que redimió a la raza humana junto con Cristo».
El papa Pío XI, en su mensaje a Lourdes el 28 de abril de 1935, rezó:
«Oh Madre de piedad y misericordia, que como Corredentora estuviste junto a tu dulcísimo Hijo sufriendo con Él cuando consumó la redención de la raza humana en el altar de la Cruz… preserva en nosotros, te lo suplicamos, día tras día, los preciosos frutos de la Redención y de tu compasión».
El papa Pío XII, en su mensaje radiofónico a Fátima el 13 de mayo de 1946, declaró:
«Fue ella quien, como la Nueva Eva, libre de toda mancha de pecado original o personal, siempre unida íntimamente a su Hijo, lo ofreció al Padre Eterno junto con el holocausto de sus derechos maternales y su amor maternal, por todos los hijos de Adán, mancillados por su miserable caída».
El 31 de marzo de 1985, Domingo de Ramos y Jornada Mundial de la Juventud, el papa San Juan Pablo II habló de la inmersión de María en el misterio de la Pasión de Cristo:
«María acompañó a su divino Hijo en el más discreto ocultamiento, meditando todo en lo profundo de su corazón. En el Calvario, al pie de la Cruz, en la inmensidad y en la profundidad de su sacrificio maternal, tenía a Juan, el apóstol más joven, a su lado… Que María, nuestra Protectora, la Corredentora, a quien ofrecemos nuestra oración con gran efusión, haga que nuestro deseo corresponda generosamente al deseo del Redentor».
El papa San Juan Pablo II declaró el 6 de octubre de 1991, hablando de Santa Brígida de Suecia:
«Ella habló enérgicamente sobre el privilegio divino de la Inmaculada Concepción de María. Contempló su asombrosa misión como Madre del Salvador. La invocó como Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de los Dolores y Corredentora, exaltando el papel singular de María en la historia de la salvación y en la vida del pueblo cristiano».
Además de «Corredentora», el documento Mater Populi Fidelis también abordó los títulos marianos «Medianera» y «Medianera de todas las gracias», afirmando que dichos títulos no contribuyen a una comprensión correcta del papel de María como intercesora.

Sin embargo, el papa León XIII enseñó en Adiutricem Populi (5 de septiembre de 1895):

«… Es justo decir que nada de ese gran tesoro de toda gracia que el Señor nos trajo —pues «la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo»— nos es impartido si no es por medio de María, ya que así lo quiere Dios…».
De su participación en la Redención mana su mediación maternal. Toda gracia que proviene del Corazón de Cristo pasa por las manos de su Madre, no por necesidad de la naturaleza, sino por la voluntad divina que la asocia al orden de la gracia.

El papa San Pío X, en Ad Diem Illum (2 de febrero de 1904), afirmó
«… Ella se convirtió dignamente en la reparadora del mundo perdido y, por tanto, en la dispensadora de todos los dones que nos fueron ganados por la muerte y la sangre de Jesús… y es la principal ministra de la dispensación de la gracia
Mis queridos hermanos y hermanas, este ataque a la doctrina mariana debe entenderse como parte de un desmoronamiento más amplio. El espíritu moderno busca una Iglesia que ya no ofenda, que ya no advierta, que ya no llame al pecado por su nombre. Quiere una Iglesia sin sacrificio, una Cruz sin sangre, un cielo sin conversión. Tal visión no es renovación, es sustitución.

Muchos santos previeron una estructura falsa que imitaría a la verdadera Iglesia mientras la vaciaba por dentro. Esta imitación de la Iglesia mantendría la forma exterior —liturgia, jerarquía, lenguaje— pero la despojaría de su contenido sobrenatural. Cuando se silencia a la Madre, pronto le sigue la Cruz; cuando la gracia es sustituida por la psicología, los sacramentos se convierten en símbolos y la fe se convierte en terapia.

Por eso el sueño de San Juan Bosco sobre los dos pilares resuena hoy con tanta urgencia. Él vio la Barca de Pedro azotada por las tormentas, atacada por todos lados, hasta que se ancló entre dos grandes pilares que se alzaban desde el mar: la Eucaristía y la Santísima Virgen María. El actual intento de disminuir los títulos de María es un ataque a uno de los pilares, y podemos estar seguros de que el otro pronto será atacado con más ferocidad. Ya vemos confusión sobre la Presencia Real, indiferencia ante el sacrilegio e innovaciones que oscurecen la naturaleza sacrificial de la Misa.

Atacar a María es atacar a la Eucaristía, ya que ambas están inseparablemente unidas en el misterio de la Encarnación. Ella le dio a Cristo su Cuerpo; ese Cuerpo se convierte en nuestro Alimento Eterno. Negar su papel como Corredentora y Mediadora es separar el signo visible del corazón maternal que lo dio.

Por lo tanto, debemos mantenernos firmes. No guardemos silencio cuando la verdad se desmantela bajo el pretexto de la prudencia. Los fieles tienen el derecho —y el deber— de hablar el lenguaje de la fe transmitido por los santos. Llamar a María Corredentora y Mediadora de todas las gracias no es añadir nada a la revelación, sino honrar lo que la revelación ya contiene.

Que los sacerdotes, los religiosos y los laicos pronuncien sus títulos con confianza y enseñen su significado. Que nuestros hogares, nuestros apostolados y nuestras penas sean consagrados de nuevo a su Inmaculado Corazón. En tiempos en que los pastores vacilan y se extiende la confusión, Nuestra Señora sigue siendo el signo seguro de la ortodoxia, el espejo de la Iglesia, la que aplasta la cabeza de la serpiente. A ella le confiamos la renovación de la fe, la purificación del clero y el triunfo de su Inmaculado Corazón prometido en Fátima.

Es profundamente lamentable que el documento del cardenal Fernández pretenda suprimir los venerables títulos de Corredentora y Mediadora con el argumento de que podrían confundir a los fieles. La confusión no surge de la verdad, sino de su oscurecimiento. Generaciones de santos y fieles fueron iluminados, y no engañados, por estos títulos.

No temamos decir la verdad: 

María es la Madre de Dios.

María es Corredentora.

María es Mediadora de todas las gracias.

Estas verdades no glorifican a María al margen de Cristo, sino a Cristo a través de María, pues toda su grandeza proviene de Él y conduce de vuelta a Él.

Que la Virgen Inmaculada interceda por la Iglesia en esta hora de prueba

Que nos obtenga el valor para decir la verdad con amor, la pureza para vivirla y la perseverancia para defenderla hasta el final.

Con paternal afecto en Cristo,


Obispo Joseph E. Strickland

Obispo Emérito

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Sobre este tema de María corredentora puede leerse también el artículo titulado