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martes, 29 de octubre de 2019

La verdadera historia del Valle de los Caídos (Alberto Bárcena)


Duración 17:23 minutos

Son muchos los españoles que no conocen la verdadera historia Del Valle de los Caídos; no  la que durante más de 40 años nos han inoculado, como un veneno, contra el Caudillo Francisco Franco y ... en el fondo, contra la Iglesia. De no ser por él España habría dejado de ser católica hace ya mucho tiempo, bajo el totalitarismo socialista. La Iglesia le debe mucho a Franco, aunque -por desgracia- tanto la Conferencia Episcopal Española como el propio Papa Francisco, han mirado para otra parte, en lo que se refiere a la profanación de la tumba de Franco, como si se tratase de algo banal. Y no lo es ni mucho menos.

El doctor Bárcena, gran historiador, nos ilustra acerca de lo que realmente ocurrió en El Valle de los Caídos. Todo cuanto dice está muy bien documentado. Es lamentable que todas estas cosas no se las hayan enseñado a los alumnos en las clases de historia: hay mucha ignorancia sobre Franco y mucha injusticia contra un hombre que hizo muchísimo bien a España y al que ahora (cuando está muerto) el Gobierno socialista, en contra de todos los argumentos, habidos y por haber, en contra de la familia de Franco y en contra del prior benedictino, ha profanado la Basílica del Valle de los Caídos así como la tumba de Franco, haciendo uso, además, de unos dispositivos de seguridad que, sin embargo, no ha  usado en los disturbios que se están produciendo en Barcelona: un golpe de estado independentista (que de eso se trata) se ha considerado como una bagatela frente al hecho, mucho más "urgente" de sacar a Franco de la tumba. La profanación de las tumbas es algo que no se produce ni siquiera en las culturas más primitivas de la humanidad, en las que se guarda un gran respeto a los muertos, sean del bando que sean. No así en España, donde se está retrocediendo a unos niveles inconcebibles en cualquier gobierno. Sólo Corea del Norte, Venezuela, Cuba y, en general, todos los países comunistas (a los que se quiere imitar, pues son el referente) son capaces de llevar a cabo estas medidas, clarísimamente totalitarias e injustas. La gente, en general, no sabe lo que es el socialismo.  Y la mayoría viven engañados, con el "coco" comido por la tele. Todos los medios de comunicación de masas están, prácticamente, en manos del Gobierno. Y eso explica bastante de lo que hoy está sucediendo ... y esto es sólo el principio.

José Martí

sábado, 26 de octubre de 2019

¿Qué es el Nuevo Orden Mundial?




Un amigo me pidió hace unos días que le explicara, “para que pueda entenderlo”, qué es eso del Nuevo Orden Mundial. Yo le dije que es, en esencia, el nuevo comunismo, un comunismo que advirtió, ya en los años 30 del pasado siglo con Antonio Gramsci, que con la revolución no se iba a conseguir imponer la sociedad comunista, puesto que el modelo cultural occidental era demasiado fuerte para poder romperlo por la violencia, y que sólo podría establecerse destruyendo la moral cristiana y corrompiendo previamente la cultura occidental, herencia de Grecia, Jerusalén y Roma; por eso se llama marxismo cultural, aunque sería más exacto “marxismo anticultural”. Las ideas de Gramsci fueron desarrolladas y popularizadas en las décadas posteriores por la llamada Escuela de Frankfurt, que las introdujo en las universidades y en los medios de comunicación, convirtiéndolas progresivamente en hegemónicas a partir de los años 60.

“Entonces – me preguntó – ¿es que se han vuelto comunistas las élites mundiales?”. “Las élites mundiales – le contesté – aspiran al poder, a un poder – si es posible – sin límites, a un poder total que no deje lugar a la más mínima contestación; en definitiva, al totalitarismo perfecto.” Esa ha sido siempre la aspiración del poder, pero nunca hasta ahora se habían dado las condiciones para conseguirlo, y todos los poderes han ido cayendo víctimas de sus limitaciones.

Pero lo que el marxismo cultural ofrece a las élites que ostentan el poder en el mundo es la forma – al menos en teoría – de obtener un control prácticamente total sobre la población, y a esas élites le importan poco las etiquetas, por lo que, ante lo atractivo de la oferta, han adoptado gustosamente el modelo. Y hay que añadir que, a la oferta original de ese modelo, se ha añadido posteriormente la importantísima aportación del desarrollo tecnológico, que ofrece todos los instrumentos necesarios para que ese control sin fisuras se convierta en realidad: reconocimiento facial, microchips, etc

Claro está que la tecnología, por poderosa que sea, no conseguiría por sí sola el control de las personas, en la medida en que éstas mantengan y valoren su voluntad de seguir siendo libres. Y ahí entra el marxismo cultural, porque la finalidad del marxismo cultural es precisamente anular la voluntad de las personas y convertirlas en sujetos sumisos al poder, de modo que podría decirse que el Nuevo Orden Mundial es la alianza entre el nuevo comunismo y el post-capitalismo o el capitalismo financiero. La China de Xi Jinping puede darnos cierta idea de hacia dónde tiende el modelo.

¿Y cuáles son los instrumentos con los que ese marxismo cultural se plantea conseguir su objetivo?

Se trata, en definitiva, de destruir todo aquello que permite a la persona mantener el apego por su libertad: su identidad, su cultura, sus raíces, su tradición, su religión. No olvidemos que la civilización occidental, con independencia de lo que cada uno piense o crea, se fundamenta en los principios y valores del cristianismo, en la alta filosofía griega (“bautizada” por la escolástica) y en el derecho romano. Y precisamente por ello son esos los objetivos que el marxismo cultural pretende destruir.

¿Cómo lograrlo?

En primer lugar, mediante la destrucción de la moral cristiana. El marxismo cultural, mediante la infiltración y el control de los medios de comunicación, de las universidades y del sistema educativo en general, ha conseguido que una parte creciente de la población rompa con los principios de la moral cristiana y acepte otros principios contrarios a la misma. Ese ha sido el resultado de la llamada revolución sexual, que desde finales de los años 60 del siglo pasado ha cambiado radicalmente la forma en que el occidental moderno aborda la sexualidad. La generalización de los métodos contraceptivos, que posibilitan el sexo libre y sin compromisos, la pornografía, el feminismo radical y, más recientemente, la ideología transgénero, que pretende anular la naturaleza masculina o femenina de las personas y convertirla en opcional, el rechazo a la heterosexualidad como norma, la generalización de las uniones homosexuales, la promoción del aborto, etc., todo ello ha creado un modelo cultural radicalmente antagónico con el modelo que ha definido hasta hace poco tiempo nuestra sociedad.

La contribución de los medios de comunicación a ese cambio ha sido fundamental, promoviendo de todas las formas posibles los nuevos modelos de comportamiento contraculturales.

Ese abandono de la moral tradicional ha supuesto también, y como consecuencia, el abandono de la práctica e incluso de la creencia religiosa, lo cual se ha visto favorecido por la profunda crisis que atraviesa la Iglesia católica a partir de la conclusión del Concilio Vaticano II, crisis también favorecida – si no provocada – por la infiltración en la propia Iglesia desde los años 50 del siglo pasado de elementos “liberales” partidarios de la adaptación de la Iglesia a la cultura del “mundo”, elementos que hoy ocupan posiciones clave en su jerarquía. Como resultado, estamos hoy ante una sociedad prácticamente atea que, aunque siga siendo nominalmente cristiana, no conserva de ello más que el nombre.

En segundo lugar, mediante el miedo. Una sociedad atemorizada es una sociedad fácilmente controlable, que se pondrá sin dudarlo en manos de quien le ofrezca terminar con la causa de su temor. Crear falsas amenazas y ofrecer las correspondientes falsas soluciones es un viejo método de control social que todavía funciona de maravilla. El poder ha jugado y juega constantemente con el miedo como elemento de control: miedo a los atentados terroristas, miedo a las epidemias y, más recientemente, miedo al calentamiento global, el alarmismo climático.

El terrorismo mantiene a la sociedad sumida en el temor, y no pretendo decir aquí que se trate de un fenómeno provocado con esa finalidad, pero lo cierto es que la respuesta institucional al terrorismo deja mucho que desear, y la prueba más evidente es la gran facilidad que se ofrece a los terroristas para entrar e instalarse en territorio europeo a través de esa inmigración ilegal masiva sin control alguno que los poderes de la Unión Europea – y el propio Vaticano – promocionan con inusitado fervor.Los brotes epidémicos de ciertas enfermedades son masivamente utilizados por los medios de comunicación para crear una sensación de amenaza y vulnerabilidad, muchas veces absolutamente desproporcionada con relación a la magnitud real del problema (recordemos el caso de la gripe A), que mantiene a la población en un estado de permanente temor, proclive a la manipulación.

Y, finalmente, la hecatombe climática, el planeta en peligro, el fin climático del mundo ante nosotros.

Difícilmente podía encontrarse un elemento de manipulación y control social más efectivo que este “terrorismo climático”, que tiene convencida a la mitad (por lo menos) de la población mundial de que el mundo se acaba si no nos ponemos inmediatamente en manos de las élites que tienen el poder de salvarnos del exterminio.

En realidad no sucede nada que no haya estado sucediendo desde que el mundo es mundo, porque el clima cambia constantemente, y así lo atestiguan los registros. Periodos cálidos y periodos más fríos se alternan con regularidad, y no hay en ello motivo de mayor alarma. Las predicciones catastrofistas dejan sistemáticamente de cumplirse y la vida sigue con normalidad, pero nuevas predicciones alarmistas vuelven a lanzarse a una población atemorizada, y el hecho de que nunca se cumplan importa poco, porque la gente, en general, no es consciente de ello.

Quinientos científicos de trece países han remitido recientemente un manifiesto al Secretario General de la ONU denunciando el catastrofismo climático y anunciando que no existe ningún tipo de emergencia climática, pero la gente no lo sabe y el bulo sigue funcionando. El miedo como elemento privilegiado de control social.

En tercer lugar, mediante la destrucción de las identidades culturales, nacionales y religiosas. El hombre que tiene raíces y se aferra a ellas es difícilmente manipulable, valora su identidad y los elementos que la constituyen, y valora su libertad. La destrucción de esas raíces es fundamental para convertir al hombre en un sujeto manipulable y sumiso. La identidad religiosa, como hemos visto, ha sido ya destruida en una gran parte de la población occidental. La identidad nacional se torna cada vez más borrosa con la promoción cultural de las entidades supranacionales, que centralizan en medida creciente el poder en detrimento de la capacidad de los estados nacionales, cuyas competencias son cada vez más reducidas. El europeo depende cada vez más de instancias que escapan casi totalmente a su control, y los medios le convencen de que las naciones no tienen ya sentido en un mundo global.

Pero el elemento clave en esta destrucción de las identidades es la mezcla cultural, la transformación de la sociedad en un batiburrillo de razas y culturas, en gran medida incompatibles entre sí, que borre progresivamente los límites de cada una de ellas hasta lograr una población “multicultural”, es decir, sin cultura definida alguna. Y para ello el marxismo cultural en el poder promueve la inmigración ilegal masiva sin control alguno, manipulando sin escrúpulos los sentimientos y la solidaridad natural de las personas.

El principal derecho de las personas es el de permanecer en su lugar de origen y tener allí las oportunidades necesarias para vivir dignamente, no el de emigrar a países extraños. Si todo el dinero que los poderes emplean en crear conflictos que vacían los países lo empleasen en crear estructuras económicas y culturales viables en esos países, las personas no tendrían necesidad de emigrar. Occidente está vaciando África, la está privando de sus jóvenes y, por tanto, de su futuro, en vez de contribuir a crear las condiciones para que esa juventud tenga allí un futuro.

Por otra parte, las naciones occidentales tienen derecho a preservar su cultura y su equilibrio; tienen derecho a gestionar la inmigración, a decidir quién entra en sus países y en qué condiciones; tienen derecho a imponer obligaciones a los que llegan, obligaciones de respeto a la cultura local y de acatamiento de sus leyes; tienen derecho a decidir cuántos inmigrantes pueden ser admitidos con los medios disponibles, a fin de que su integración pueda ser efectiva.

Los gobiernos occidentales han renunciado a toda capacidad de gestión sobre la inmigración, poniendo en riesgo conscientemente – y diríase que voluntariamente – el futuro de la cultura, del equilibrio e incluso de la paz social en sus países. No hay en ello casualidad ni imprevisión alguna.

¿Qué se busca con todo ello?

Un mundo sumiso y manipulable. La edad de la democracia ha pasado, aunque el nombre se conserva para mantener ciertas apariencias. El poder ha tenido siempre voluntad de permanencia. Hitler hablaba del Reich de los mil años, Napoleón pretendía dominar Europa construyendo un nuevo orden revolucionario… Hoy esa permanencia está más al alcance. Todo poder aspira hoy a perpetuarse, a destruir al adversario, a no dar lugar a alternancia alguna, a constituirse en dueño absoluto. Una población consciente de su libertad y dispuesta a utilizarla es el principal obstáculo que se opone a ese deseo. La libertad no ha estado nunca más amenazada que en nuestro tiempo, y probablemente lo estará cada vez más. Una parte creciente de la población está renunciando ya a ella cada día. Sobre el futuro se ciernen nubes muy oscuras, pero sigue habiendo mucha gente que no se resigna, y, en definitiva, nunca han sido las mayorías las que han encontrado la salida a las crisis. Siempre son las minorías resueltas las que hacen que el mundo avance; siempre es el “pequeño resto” que sigue creyendo en la dignidad absoluta de la persona humana, que sigue creyendo y confiando en Dios, el que puede encontrar y mantener su libertad incluso en las condiciones más críticas, poniendo su confianza en Aquél que nunca ha dejado de ser el Dueño de la Historia.
Pedro Abelló

EDITORIAL: Día de la infamia. Profanación de la tumba de un católico ejemplar



Francisco Franco fue en vida un católico ejemplar tanto en su vida privada como en la pública. Como gobernante cristiano salvó a la Iglesia Católica en España de su práctica desaparición ante el genocidio rojo, a la par que salvó a la Patria de su disolución por la revolución marxista. Venció al comunismo y fue condecorado por la Santa Sede con la máxima distinción que la Iglesia otorga: la Suprema Orden de Cristo (recibida desde hace 600 años solo por doce jefes de estado entre reyes y caudillos).

En su vida personal era asiduo de los sacramentos, hombre de profunda piedad, que pasaba la noche entera haciendo oración ante el Santísimo cada vez que tenía que tomar decisiones de elevada importancia para la nación. Su mismo testamento es un canto a la caridad fraterna, al perdón, a la gratitud y a su inmenso amor por España.
Pero NADA de esto ha valido para que desde alguna instancia de la jerarquía eclesiástica se haya al menos alzado una voz de denuncia por el doble atropello sacrílego: la profanación de su tumba y la ocupación armada del recinto sagrado donde se ubica la misma. Ni Su Santidad el Papa, ni el Nuncio pontificio en España, ni el Arzobispado de Madrid, ni la Conferencia Episcopal……nadie. Todos se han puesto de perfil en actitud de cobarde sumisión al poder político y al pensamiento “correcto” según la pauta modernista.
Sólo el Prior Benedictino, a quien ya dedicamos una laudatoria entrada en esta página, ha estado no ya a la altura sino en una postura heroica que supone el testimonio más firme y fiel que se ha dado en esta tragedia criminal. 

Desde esta página expresamos nuestra más enérgica condena a la profanación y violación de templo sagrado (hecha desde una ley injusta, promovida por una clase política cobarde y consentida por una justicia dependiente del poder ejecutivo, a la par que acompañada del silencio del ejército español del que Franco es Generalísimo a título perpetuo, y una monarquía que debe su existencia presente a Franco), a la vez que nuestra absoluta confianza en la Divina Providencia que sacará algo muy bueno de toda esta barbaridad.

“Todo es para bien para los que aman a Dios” (San Pablo a Romanos, 8). Con esta miserable acción pírrica del poder político ni consiguen revertir la victoria de Franco en 1939 ni tampoco manchar o deshonrar su memoria. La VERDAD sigue siendo VERDAD aunque los mentirosos la denigren con sus gestos (denigrándose así a ellos mismos y poniendo su alma en peligro de eterna condenación). 


“Christus vincit! Christus regnat! Christus imperat!”

Adelante la Fe

jueves, 24 de octubre de 2019

Javier Giral Palasí: “Lo más vergonzoso es la máxima de Franco al hoyo y los obispos al bollo”. Por Javier Navascués Pérez

EL CORREO DE MADRID


Javier Giral Palasí nació en Madrid en 1978. De empresario metido a historiador con espada y bayoneta, prefiere definirse antes que nada como un poeta. Articulista de diferentes digitales, conferenciante y colaborador de radio, es uno de los historiadores actuales más vehementes contra la manipulación histórica y la infausta Ley de Memoria Histórica; a su agudeza de análisis de la actualidad social y política se une un particular tono irónico. Definido recientemente por la crítica como “un inspirado poeta, un aplicado historiador y un valiente ensayista” traslada su estilo peculiar a contracorriente y transgresor combatiendo los diferentes convencionalismos e imposiciones de lo políticamente correcto en defensa de España, su Historia, su fe cristiana y su libertad. Hoy nos respondió a diferentes cuestiones de la actualidad política española.
 ¿No cree que exageran los que dicen que hay mucha similitud de la situación actual a la del 34?
Existen similitudes llamativas, pero las circunstancias actuales no son iguales por la simple acumulación de sucesos en la evolución histórica. En la praxis política de la España de los años 30 estaba muy presente el ejemplo de los bolcheviques rusos que habían tomado el poder al asalto en 1917, estableciendo la primera república socialista al mando de los genocidas Lenin y Stalin. De sus millones de víctimas brutalmente asesinadas no espere ver una sola película. Por tanto el PSOE, el partido más siniestro, criminal y ladrón de la historia de España, que era el principal partido marxista y obrero del país entonces, tras haber crecido su influencia gracias a su colaboración con la dictadura de Primo de Rivera, fue el principal inoculador del odio marxista en forma de “luchas de clases” entre la población, al mismo tiempo que nacía el PCE de una escisión socialista. Se colaboraba con los terroristas anarquistas, y con los racistas separatistas creando la autodenominada coalición del Frente Popular de 1936 por iniciativa de la Internacional Comunista de Stalin. No debemos olvidar que no hay diferencia entre socialismo y comunismo en origen, sólo varía el momento de su fundación como movimientos políticos. El comunismo es una reafirmación de los principios marxistas del socialismo 40 años después, tras acusar a los socialistas de traidores y corrompidos por el capitalismo.
Ahora bien, ¿sería posible en el momento actual un enfrentamiento armado entre un movimiento revolucionario de la izquierda dispuesto a subvertir el orden y otro contrarrevolucionario en defensa de la España nacional como en 1936 o que no acepta el resultado electoral como en 1934?
A futuro nada se puede descartar pero en el presente no lo veo. Fíjese que lo último a lo que han llamado revolución, la “Spanish Revolution” no fue más que una asentada en una plaza un 15M … o sea un 15 de mayo primaveral porque la generación blandiblue que no cree en nada y se agarra sin convicción a los mandamientos giliprogres del marxismo cultural no se habría “asentado” jamás con sus porros y litronas un 15 de enero y ni siquiera un 15 de agosto. Pues se trata de una generación acostumbrada al confort, poco dada al sacrificio, profundamente egoísta, que tiene toda la información al alcance, pero que realmente no quiere saber nada, cuyo test de inteligencia a ritmo de reggaeton y tecnho house está cayendo, y que a pesar de la precariedad laboral de un país machacado económicamente por las políticas socialdemócratas de gasto y saqueo al contribuyente, no pasa hambre y le queda dinero para comprar videojuegos para la Playstation, ya que incluso un capitalismo estrangulado como el español sigue funcionando económicamente mejor que cualquier socialismo real aplicado como el de Venezuela, país al que la generación del marxismo cultural de los adultadolescentes tampoco piensa emigrar a disfrutar de sus ventajas de paraíso socialista, de hecho antes se irían de turismo y compras capitalistas al Nueva York de Trump.
Es cierto que es una generación frustrada y con arrebatos de violencia, que vive y va a vivir peor que sus padres y abuelos, los del franquismo, pero que a pesar de los pesares no se va a dejar arrastrar por una revolución en un país desarrollado porque el comunismo clásico ya no vende sin recurrir a su mutación, el marxismo cultural, cuya estrategia es tomar el poder paulatinamente poniendo en marcha su maquinaria de lavados de cerebros y adoctrinamiento durante décadas, lo que es más efectivo. Hablan de la generación más preparada porque muchos van a la universidad, pero no olvidemos que es la universidad degenerada del marxismo cultural tomada por los camaradas de Pablo Iglesias y la que le escribe a Pedro Sánchez su tesis; cualquier bachiller de antes de la LOGSE sabe más de historia, filosofía y literatura que un universitario actual, víctima de los planes de estudio socialistas.
¿Veremos un nuevo Frente Popular?
Con el tema del desgobierno de Sánchez que echó a Rajoy con el voto de comunistas y separatistas, parecía que lo próximo sería formar un nuevo Frente Popular recordando al de 1936, y estoy seguro que a la ambición de Cum Fraude nada le importa pactar con los enemigos de España, pues se trata de esta izquierda que desde que perdió la guerra le da alergía todo lo que está relacionado con España, desde su lengua a su historia. Aseguran que con la derecha “nada de nada” pero se refieren a la derecha española porque con la derecha vasca y catalana son socios permanentemente, que por cierto es la única ultraderecha xenófoba y racista que hay, no lo es VOX.
Pero en el último momento Cum Fraude ha jugado a su suerte de trilero con otras elecciones y ha recibido presiones del IBEX para que no forme gobierno con los ruinosos comunistas bolivarianos o casualmente aparecería algún trapo sucio de Sánchez en algún telediario.
En algunas regiones se da un separatismo étnico y lingüístico basado en el odio ...
La situación que se vive en Cataluña y en las provincias vascas, el odio inyectado y adoctrinado del sentimiento nacionalista, está llevando a sus poblaciones al enfrentamiento civil. El nacionalismo tiene mayor capacidad de movilización porque el ser humano es eminentemente un ser cultural que está estrechamente ligado a la nación o al lugar en el que se nace, con sus costumbres, religión y lengua; y en el caso de los separatistas vascos y catalanes que tomaron como base en el s. XIX unos dialectos y fablas que pocos hablaban por su falta de utilidad, para así fundar sus diferentes negocios de ruptura y creación de nacioncitas sin antecedentes históricos que les avalen. 

Los separatistas desde 1975 llevan décadas fomentando todo lo que les desune con el resto de España e inventándose una historia de ciencia ficción más propia del club de la comedia en la que hasta Cervantes es catalán. La gran capacidad que tiene para movilizar el sentimiento nacionalista es algo que incluso un socialista como Mussolini comprendió tras la I Guerra Mundial, al intentar unir el socialismo de la izquierda con el nacionalismo italiano, y eso es lo que llaman fascismo y le atribuyen a la derecha cuando en realidad nació en la izquierda y nunca dejó de ser un movimiento socialista. Y evidentemente a los únicos que se les podría colgar ahora el calificativo de fascista sería a los que en Cataluña quieren instalar una república socialista y xenófoba para la raza superior catalana. Por cierto, de superior nada, actualmente es una región arruinada, endeudada y empobrecida por el nazionalismo y que hace 20 años que Madrid la adelantó en renta per cápita y PIB con 3 millones menos de habitantes. 
En la Transición tanto los separatistas como la izquierda revolucionaria, que juntos habían provocado la guerra civil, se presentaron como moderados socialdemócratas y nacionalistas, pero una vez asentados en el poder pusieron en marcha sus lavadoras de cerebro, unos para que a la España nacional no la conociera ni la “madre que la parió” y los otros para paso a paso seguir avanzando en su proyecto de crear países independientes aprovechando el traspaso de competencias del Estado autonómico. Y 40 años después son los separatistas los que están más cerca de provocar un enfrentamiento civil al tratar de dividir territorios y familias. Su nacionalismo es impostado y opresor en regiones que ya pertenecían al reino de España tan remotamente como antes de la invasión musulmana, y que nunca han sido independientes.
¿Es la profanación de Franco un atropello a los derechos más fundamentales?
Evidentemente sí, es una resolución sin base legal del Tribunal Supremo, a medida del gobierno socialista y en contra del derecho de la familia Franco a seguir teniendo enterrado a su abuelo en el Valle de los Caídos o dónde quiera, que por cierto está allí por decisión de Juan Carlos de Borbón con su orden firmada y no por Franco. El cuento de que Franco se construyó una pirámide para ser enterrado más tarde está bien sólo para los panfletos de la Cuatro y la Sexta; es también una resolución ilegal que pasa por encima del Prior al profanar sin su permiso una basílica propiedad de la Iglesia y no del estado. Todo es irregular pero poco importa porque son dueños de las televisiones y le han hecho creer al personal que vive en una sociedad democrática y libre, y en un estado de derecho, pero a poco que levantes los tupidos velos descubres que de los 6 magistrados del Tribunal Supremo que dictaron sentencia, 4 son afines al gobierno socialista y uno al PNV, pues esta es una sociedad tan libre que no existe independencia del poder judicial.
Para los propagandistas es también muy importante mantener el fantasma y la caricatura que hacen de Franco, hasta el punto de que ahora parece estar más vivo que nunca, y lo necesitan para decirnos que España empezó a ser próspera, libre y feliz cuando llegó la clase política del 78 y por tanto nos debemos seguir dejando mangonear, saquear a impuestos y robar tranquilamente por la parasitaria clase política que nos trajeron la “democracia”, porque sin ellos antes no había vida. Mi consejo a los más jóvenes y a los menos informados es que se hagan con las cifras exitosas con las que acabó el franquismo y las comparen con las actuales tras 40 años de partitocracia del Estado autonómico, algo que comento en una parte de mi libro: Contra la Manipulación de la Izquierda, y que descubran cómo le toman el pelo al personal.
¿Esta profanación podría ser un casus belli?
No, simplemente porque no lo va a ser. Los pocos que estarían dispuestos a atrincherarse en el Valle de los Caídos o contra el gobierno con todas las consecuencias no pasarían de un centenar en toda España. Simplemente porque Franco es un personaje histórico, está muerto y es pasado. Franco con los nacionales se enfrentó a la revolución e hizo política adaptada a su tiempo, y lo más importante es que recibió la gratitud mayoritaria de su pueblo que conoció los estragos, los crímenes y el caos de la revolución y del separatismo. Un pueblo que combatió junto a él y que por ley natural ya no está. Los personajes ilustres de la historia son fuentes de información, a veces indican el modo de actuar, pueden ser un ejemplo pero no movilizan a la masa. Los tiempos nuevos deben encontrar sus líderes para el tiempo y los problemas que les toca vivir.
Franco que no era un político sino un militar de carrera heroica, tenía unas pocas convicciones que defendía firmemente como la unidad nacional, el catolicismo, el amor a la patria y el orden; y al mismo tiempo era un pragmático que se reunió con Hitler en 1940 cuando era dueño de Europa para marearlo y no entrar en su guerra, y más tarde con Eisenhower en Madrid. Si Franco hubiera vivido nuestro tiempo y fuera un general en la reserva no hubiera ido a la guerra tal vez sería un diputado de algún partido que no está en el consenso del pensamiento único, como en 1936 quiso serlo por la CEDA, y así defender sus convicciones en las circunstancias actuales. Franco tampoco era un fascista, sino un militar conservador al que los suyos le pusieron al mando de una España contrarrevolucionaria y heterogénea formada por diferentes partidos y grupos, y que al paso de la guerra tomó parte de la estética y formas de Falange, sólo porque la guerra civil se produjo antes de la II Guerra Mundial. Aquellos pocos que suben hasta el Valle de los Caídos para hacer el saludo romano y cuadrarse como un oficial zumbado de las SS desconocen que en el franquismo este saludo dejó de ser oficial en 1945, y que además le hacen un flaco favor a la obra de la España nacional, porque no faltará un periodista que tome una instantánea para decirnos después que Franco era igual que Hitler y que sus seguidores son todos unos nazis. La realidad es que Hitler tras reunirse la primera y última vez con Franco, dijo que antes prefería que le sacasen 4 muelas que volver a encontrarse con él.
Lo más vergonzoso de todo el proceso de profanación de la tumba de Franco, ha sido la máxima de “Franco al hoyo, y los obispos al bollo”. El silencio sepulcral de la conferencia episcopal ante la tumba de quien fue el líder que salvó a la Iglesia de su exterminio y la llenó de privilegios ha sido propio de la cobardía que ahora lo inunda todo, pues Franco ya está muerto, no está en el poder y los socialistas sí, y pueden hacerle pagar el IBI a la Iglesia en represalia, como le han quitado la subvención a la orden benedictina del Valle de los Caídos, o lo que es peor no vayan a sacar a los obispos en Al rojo vivo y al azul muerto.  
¿Es la profanación en la práctica un escarnio público a Franco y un repudio al franquismo?
Para los socialistas y para la izquierda en general es un símbolo, la culminación exitosa de su propaganda que les lleva a los socialistas a ganar la guerra que provocaron y perdieron frente a Franco y su pueblo, 80 años después. Es un proceso que ha llevado décadas, reescribir la historia, para decirnos que el gobierno de 1936 formado por socialistas marxistas bolchevizados, comunistas estalinistas, anarquistas terroristas, masones anticristianos, republicanos golpistas y zumbados separatistas era un gobierno demócrata que ganó unas elecciones. Sin embargo los primeros que hablaron de fraude electoral fueron los presidentes de aquella siniestra república, Alcalá-Zamora y Azaña. Ahora conocemos con mayor detalle la magnitud de aquel fraude electoral. Y tengo claro, que ante una turba revolucionaria que pretende exterminarte, asesinar a tus hijos, violar a tu mujer y robarte tu propiedad para instalar una economía socialista y empobrecedora al estilo de Corea del Norte ... lo natural es sublevarse, y los nacionales que eran mayoría y estaban mejor organizados ganaron la guerra frente al caos y la tradicional división entre la propia izquierda, que al minuto ya se estaban asesinando entre ellos.
Todo parece producto de un lavado mental y una obra maestra de ingeniería social...
Efectivamente, porque a un españolito de los 70 no se le podía decir que con Franco se vivía mal, mal vivían los políticos que se quedaron sin acomodo, porque había conocido, por ejemplo, el pleno empleo o la seguridad en las calles, había visto como su familia vino de un pequeño pueblo y de una situación de precariedad y había comprado su primer pisito y un SEAT 600, ya que existía una percepción fundamental de progreso y es lo que hace a un gobernante mantenerse en el poder con el favor de su pueblo. A un españolito de los 70 que por edad hubiera conocido la guerra del 36 y, por ejemplo, las 300 chekas de tortura y asesinato que tenía el Frente Popular en Madrid o al que a lo mejor los rojos le habían asesinado a dos hermanos, tampoco se le podía hacer creer que los socialistas y comunistas eran unos demócratas de toda la vida ni que la II República era una panacea del progreso y la felicidad. Los socialistas han tenido que esperar, primero que Franco y su pueblo estuviera muerto, para contarle a los millennial una historieta, porque si se acercan a la historia descubrirán que para empezar el PSOE no le hizo ningún tipo de oposición a Franco en vida.
Ciertamente quien controla los medios y la enseñanza puede hacer de ellos un instrumento de propaganda.... ¿Es la exhumación un primer paso para desmantelar la abadía y dinamitar la cruz y crear un parque temático contra el franquismo?
Ese es el programa maximalista de los partidos del Frente Popular actual, con la abstención y complicidad de PP y Ciudadanos que poco o nada saben de historia. Deberían empezar por preguntarse por qué no tienen ninguna televisión si realmente aspiran a hacer política, algo imposible cuando se carece de valores e ideología dispuesta a defender la libertad frente a la dictadura progre. También hemos visto que los jueces resuelven a la carta del gobierno, así que no es imposible que más adelante se derribe la cruz o se la declare en ruina ya que hace años que no se acometen las obras necesarias para el mantenimiento de la basílica. Y la predisposición de los socialistas, muchos de ellos miembros de la masonería, es también derribar la cruz de mayores dimensiones del mundo. Pues la propaganda nos dice que Franco era un nazi pero curiosamente en vez de construir una esvástica gigante construyó una cruz.
Del mismo modo en la comisión de expertos del nefasto y bobo solemne Zapatero ya se dice que hay que hacer del Valle de los Caídos un parque temático contra el franquismo y en recuerdo de las “víctimas” franquistas. En realidad cuando revisas el historial de los presos franquistas compruebas que el 90% eran crueles asesinos chekistas de víctimas inocentes. Y al revisar los documentos fundacionales de 1957 y 1958, se comprueba que el Valle de los Caídos se consagró para poder rezar por todas las víctimas de la guerra civil, algo que sería imposible en la España actual de la libertad y del patatín y patatán... poder inaugurar un monumento en honor de las víctimas de los dos bandos.  
Y después viene la monarquía...
Por supuesto, en mi libro escribo que el campo de acción del agitprop del Marxismo Cultural en España, que primero caricaturiza, luego instala la autocensura, después prohíbe por ley y por último trata de encarcelar por opinar, culmina su dictadura de pensamiento único en los siguientes puntos:
  1. En las primeras décadas de experiencia democrática, la izquierda puso su aparato de propaganda en caricaturizar al franquismo y en condenarlo para convencernos de que en la Guerra Civil estaba el bando ilegítimo y perverso de los Nacionales, y el legítimo y democrático del Frente Popular. La principal mentira histórica es la afirmación de que la Guerra Civil española fue la “lucha de los demócratas contra los fascistas”.
  1. En la segunda etapa la condena al franquismo ya está madura, y aprueba la Ley de Memoria Histórica, así que comienza a calumniar lo que viene del franquismo, es decir, el régimen democrático del 78 surgido de la paz y la prosperidad del franquismo, y que fue traído por franquistas, con importantes errores en la Transición pero con el espíritu de crear una España para todos, integrando en aquel proceso a la oposición.
  1. Ahora el aparato de propaganda de la izquierda espera madurar el segundo paso de erosionar al régimen del 78, para pasar a un tercer escenario en el que se abra un proceso constituyente, para terminar en una III República federal con Cataluña o no, que enlace con la II República de izquierdas, saltándose 80 años de paréntesis y ganando una guerra que perdieron a través de la propaganda y la manipulación histórica y cultural. Una III República de izquierdas en la que los sectores conservadores, liberales y católicos del país sean definitivamente apartados, arrinconados o perseguidos. Esta es su “democracia”, otra cosa es que lo vayan a conseguir tal cual.
Ante la repercusión y buena acogida que tuvo su último libro, muchos lectores se preguntan: ¿cuándo veremos el próximo...?
Muy pronto, a principios de 2020 estarán disponibles sendos libros, uno de artículos y textos escogidos y otros de poesía, y más adelante un gran trabajo sobre la historia criminal del socialismo, en el que llevo tiempo trabajando.

martes, 22 de octubre de 2019

Con relación a la exhumación de Franco del Valle de los Caídos



Quienes lo conocieron saben que fue un hombre que devolvió la unidad a una España fragmentada y dividida: un hombre bueno (con sus defectos, por supuesto) que quería realmente a España. Buen católico, gracias a él, España continuó siendo católica: algo que no le perdonan quienes pretenden su exhumación que piensan llevar a cabo el 24 de octubre de 2019, haciendo uso de un helicóptero.

Por su interés copio aquí un artículo de Luis Gómez, del blog Desde mi campanario de título "¿Por qué profanar la sepultura de Franco?


Cuando se buscan explicaciones para poder comprender acontecimientos que se están produciendo, en el presente, es habitual  acudir al pasado. El esperpento de la profanación de la sepultura de Franco, con tintes de astracanada si no fuera por el daño que produce a muchas personas y por el peligroso precedente que supone, hace necesario el retrotraernos, como referencia, a lo sucedido en los tiempos del mal llamado régimen franquista tan denostados hoy por la avasalladora maquinaria propagandística del totalitarismo socialista. Sin pretender agotar todas las explicaciones posibles, expondremos tres.
Una explicación de tipo sociológico sería el complejo de los políticos del sistema actual que no pueden superar el éxito social obtenido por el de Franco  en el que la economía nos situó en los primeros diez puestos entre las naciones más industrializados, en el nivel de paz y de seguridad convirtiendo a España en uno de los países más envidiados, y en la sanidad considerada una las mejores del mundo amén de todas las obras de viviendas sociales, pantanos, hospitales…y todo ello con menos medios que los gobiernos de los últimos cuarenta años.
Una segunda explicación podría ser de carácter psicológico que encuadraría a esa minoría activa de ideologizados que, sin haber sido testigos ni de la guerra civil ni de la postguerra, no pueden perdonar la victoria histórica de Franco, por ser la única en el mundo, sobre el comunismo ni, mucho menos, su triunfo en la paz que le llevó a morir en una cama de la Seguridad Social creada por él y querido y respetado por la gran mayoría de la población en la que destacaba toda una clase media generada durante sus sucesivos gobiernos.
La tercera, la más importante, entraría dentro del ámbito de lo espiritual. La religiosidad católica de aquella época generó una gran estabilidad en las familias, fundamentada en el matrimonio que, a su vez, se trasladó al conjunto de la sociedad. Dentro de esta dimensión, lo que menos se perdona a Franco, y aquí entra la acción del maligno, es la cantidad ingente de almas que están en el cielo gracias a un ambiente social de santidad en el que la honradez, la fidelidad, la honestidad y  las virtudes, en general, eran fomentadas en todas las edades y capas sociales así como combatidas todas las depravaciones derivadas de los atentados contra la vida como el aborto, la pornografía, el juego, la droga y un largo etcétera. Hasta en su intervención en nombramientos de obispos, si tenemos en cuenta los que están en proceso de canonización, podríamos decir que su acierto con los candidatos, guiado por el bien de la Iglesia, era mejor que el de algunos nuncios.
La virulencia con la que se ataca la memoria de Franco no queda explicada del todo ni por su éxito social ni por su victoria sobre el comunismo sino más bien por su lucha y triunfos contra el maligno y toda su cohorte de discípulos, bastantes de ellos masones, presentes en la política y en los centros de poder, ayer vencidos en España y hoy gobernando en casi todo el mundo. Para el dominio total de la situación, además del pensamiento único, era necesario un signo que borrase derrotas del pasado y que, admitido por todos los poderes, representase un paso importante en el triunfo de las tinieblas. De ahí la urgencia del gobierno respaldada por las prisas de los tribunales, incluido el de Estrasburgo.
No obstante, los secuaces del mal nunca aprenden de la temporalidad de sus pírricas victorias pues las puertas del infierno no prevalecerán, como ellos mismo deberían de saber.
Luis Gómez, pbro
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Añado también dos cortos vídeos, uno de Fernando Paz y otro de Jesús García Serrano
Sobre la exhumación de Franco: "Se está haciendo una profanación"
Duración 1:57 minutos

Injusticia de la Conferencia Episcopal Española contra Franco

Duración 2:04 minutos




miércoles, 16 de octubre de 2019

EL HOMBRE QUE DIO LA PRIMICIA: entrevista exclusiva con el reportero de Viganò


Arzobispo Viganò y el reportero Aldo Valli
“Me han llamado traidor, hipócrita, y falso. Obviamente, considerando que estas acusaciones provienen de los enemigos de la Iglesia, considero todas estas acusaciones como medallas de honor en defensa de la Verdad.” – Aldo Maria Valli______________
El reportero de la TV pública RAI, Aldo Maria Valli, y el músico de iglesia, Aurelio Porfiri, son dos líderes figuras italianas católicas que decidieron unir fuerzas y hacer público su desasosiego, cuando menos, con la situación actual de las cosas en la Iglesia Católica desde el punto de vista tradicional de la fe.
“Destierro: Diálogos sobre la Iglesia Líquida” (Chorabooks, Hong Kong 2019) fue el resultado de su esfuerzo, un libro apasionado escrito como una serie de diálogos entre los dos autores sobre los temas más apremiantes y ardientes que hoy enfrenta la Iglesia.
Mientras que Aurelio Porfiri es un compositor, director de coros, escritor y docente que vive entre Roma y Hong Kong, Aldo Maria Valli es un conocido veterano “Vaticanista” (reportero experto en asuntos del Vaticano) y fue el primer reportero en recibir la declaración del arzobispo Carlo Maria Viganò sobre el escándalo de la homosexualidad dentro del clero.
Aldo Maria Valli fue muy amable en responder algunas preguntas para los lectores de The Remnant sobre algunos de los temas más urgentes que se tratan en su libro.
Q. ¿No cree que el caso de Viganò y los abusos del clero pueden haber contribuido aún más a esta sensación de destierro que reporta en su libro?”
A. En lo que a mí respecta, el caso Viganò ha contribuido sin duda a hacerme sentir aún más desterrado de esta Iglesia. Como dije muchas veces, mi proceso de “conversión” sobre el pontificado de Bergoglio comenzó después de leer Amoris laetitia, y en ese momento me di cuenta del grado de penetración del neo-modernismo dentro de la Iglesia Católica, en todos sus niveles. Hasta el 2016 estaba entre los que preferían no ver, pero Amoris laetitia abrió definitivamente mis ojos. Incluso antes de que los cuatro cardenales expresaran sus dudas, en mi libro “266. Jorge Mario Bergoglio Franciscus P.P.” (primera edición de 2016, publicado por Liberilibri) expuse abiertamente mis dudas y denuncié la infiltración del relativismo en la enseñanza moral; una infiltración que entre otras cosas ocurrió secretamente mediante el uso de la ambigüedad como arma para socavar la enseñanza previa. Desde entonces, me sentí más y más desarraigado y más y más solo. Perdí muchas amistades e incluso a nivel profesional comencé a vivir una situación de marginalización. Pero el Señor intervino dándome muchos nuevos amigos que me ayudaron a enfrentar esta difícil etapa. Fue en este contexto que monseñor Viganò me buscó para hablarme de sus memorias y proponerme publicarlas en mi blog Duc in altum. Para los interesados, conté toda la historia en el libro Il caso Viganò (publicado por Fede & Cultura, 2018).
“Quienquiera que diga que él debiera haberlo hecho discretamente no comprende o pretende no comprender: Viganó eligió hacer ruido, y lo hizo con la convicción de que era el último recurso.” 
Q. ¿Cómo explicaría lo que se percibe como una especie de “explosión” de la homosexualidad en el clero?
A. El problema de la presencia y, yo diría, de la invasión de lo que se ha llamado la cultura homosexual no es reciente, sino que tiene raíces profundas. Sin embargo hoy, a través del uso de redes sociales (piense en la gran visibilidad de un promotor de la homosexualidad como el jesuita James Martin) ha explotado de manera tal que hasta el menos experimentado puede darse cuenta. No tengo nada en contra de las personas con orientación homosexual, pero como católico coincido con el Catecismo, el cual dice que estas personas, que deben ser recibidas con especial atención, respeto y delicadeza, están llamadas a la castidad porque los actos homosexuales son contrarios a la ley natural.
Me parece que no hay mucho más que decir, y sin embargo estamos viendo la propagación de una mentalidad subversiva que dice derrocar la realidad y hace pasar la práctica homosexual no solo como buena sino como un comportamiento bendecido por Dios. Y con frecuencia esta declaración proviene de dentro de la Iglesia. Ahora queda claro que la responsabilidad debe encontrarse en diferentes niveles, desde los seminarios hasta los niveles más altos de la curia romana. Pero no alcanza a identificar al responsable. Es necesario luchar por el respeto del orden natural, el fruto de la creación que hoy muchas personas desean destituir por la antigua razón: poner al hombre en el lugar de Dios. Esto conduce a una locura generalizada; también refleja la profunda crisis de identidad del sacerdote que está en el centro de esta crisis de fe y, como resultado, de la crisis de la Iglesia.
“Solo alguien muy ignorante, o que tiene un interés específico, elevaría al Papa a una condición de intocable que realmente no posee.”
Hemos atravesado décadas en las que el proceso de humanización del sacerdote coincidió con su progresivo alejamiento de Dios y de la vida de oración. De ser un constructor de puentes entre Dios y el hombre, se ha convertido en un mero constructor de relaciones humanas (si es que le sale bien), y al mismo tiempo, principalmente debido a la liturgia, ha adquirido el rol de líder. De ser un mediador, ha pasado ahora a ser un actor. La imagen del sacerdote armado con un micrófono que le habla a la asamblea de fieles es muy similar, si lo piensan, a la de un político o periodista. Dios ha pasado a un segundo lugar. Y si luego agregamos todas las tareas administrativas, desaparecen la contemplación y la oración. No sé cuántos sacerdotes me han dicho: “¡realmente deseo orar más, pasar más tiempo en adoración, pero nunca encuentro el momento!”
Q. ¿Puede decir algo acerca de sus reuniones personales con el ex nuncio?
A. En mis reuniones con Viganò vi a un hombre profundamente triste por la decadencia moraI dentro de la Iglesia y la negación sistemática de la verdad. Lo que él quería atravesar era el velo de mentiras que cubre esta situación devastadora. Y una vez que uno decide tomar ese camino, queda claro que debe hacerlo de la forma más dramáticamente posible. Quienquiera que diga que él debiera haberlo hecho discretamente no comprende o pretende no comprender: Viganó eligió hacer ruido, y lo hizo con la convicción de que era el último recurso. Él me dijo que había orado mucho y que lo había tenido en su conciencia durante mucho tiempo, y esto es básicamente lo que nosotros estamos haciendo en menor escala. Cada día nos preguntamos: ¿es apropiado continuar en esta batalla? Un amigo me preguntó: ¿qué te mueve a hacerlo? Desde un punto de vista puramente humano, es una tontería. Tenemos todo para perder y nada por ganar. Pero el juicio que me interesa es el del buen Dios, no el de los hombres. Es por eso que, a pesar de quienes me acusan de haber traicionado a la Iglesia, me siento más católico que nunca. ¡Y en cuanto a esto sé que estoy en buena compañía!
“¿Un católico puede no ser rígido y tradicionalista? No, no puede. La ley natural es una, y no podemos torcerla a conveniencia utilizando los principios del relativismo.”
Q. ¿Cómo reaccionó emocionalmente en aquellos días, ante semejante carga?
A. Sólo puedo decir que después de haber publicado el informe del ex nuncio, sentí una gran paz interior. Sabía muy bien que, especialmente desde el punto de vista profesional, iba a pagar un  precio elevado (como fue que sucedió en aquel momento), pero me di cuenta que jamás me perdonaría si evitaba intervenir, en mi pequeña forma, en defensa de la verdad. Como una persona bautizada, llamada a ser sacerdote, profeta y rey, no podía hacer otra cosa. Me adhiero por completo a las palabras del cardenal Newman en su obra “Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana” (1845, capítulo VIII, § 1): « Que hay, pues, una verdad; que es una única verdad; que el error  religioso es en sí mismo de naturaleza inmoral; que aquellos que lo mantienen, salvo que lo hagan involuntariamente, son culpables; que hay que temerlo; que la búsqueda de la verdad no es la gratificación de la curiosidad; que su logro no tiene nada que ver con la excitación de un descubrimiento; que la mente está por debajo de la verdad, no por encima, y a ella se liga, no para comentarla, sino para venerarla ».
Por eso, como Newman, en el caso de un brindis religioso después de una cena, ciertamente brindaría por el Papa, pero primero a la conciencia y luego al Papa.
Q. Hablando del Papa, aquí nos encontramos en el asunto crucial de la obediencia…
A. Tiene usted razón: la cuestión de la obediencia es decisiva. Nosotros los católicos debemos respetar al Papa, desearle el bien y tomarlo en serio. Esto implica, de ser necesario, la posibilidad de hacer ciertas críticas. Tenemos el derecho pero también el deber de hacerlo. Y tenemos este deber porque somos bautizados. La papolatría enfermiza que observamos en nuestros días es hija de la ignorancia y de la manipulación. Muchos piensan que el Papa es siempre infalible, mientras que en verdad solo lo es cuando habla ex cathedra, cosa que solo sucede rara vez. Casi nunca. Sin embargo, cuando el Papa habla ex cathedra, debe hacerlo tan abiertamente que los fieles sean conscientes de ello. Sostener que el Papa siempre tiene la razón solo porque es el Papa es caer en un clericalismo extremo, y es de notar que quienes dicen ser anticlericalistas suelen caer en esta especie de papolatría. Cuando vamos a misa, nosotros los católicos indudablemente oramos por el Papa, pero en el Credo decimos: creo en un solo Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, etc.… Jamás decimos creo en el Papa. Y hay una razón para esto: el Papa no es más que servus servorum Dei. Su función es de servicio. Él debe estar al servicio de la fe, y tiene el deber de confirmar a sus hermanos en la fe. Solo alguien muy ignorante, o que tiene un interés específico, elevaría al Papa a una posición de intocabilidad que realmente no tiene.
“Nos conducen hacia la triste realidad en la que la Iglesia pierde a sus viejos creyentes sin encontrar nuevos. Es por eso que, y de qué manera, siento que me he vuelto tradicionalista, es decir, anclado fuertemente a una Iglesia que no puede y no debiera ofrecer descuentos.”
Q. ¿No cree que tal vez los medios tienen alguna responsabilidad al respecto?
A. Sin duda. Quienes estamos en los medios de comunicación tenemos una gran responsabilidad, incluso en este caso: hemos convertido al Papa en algo que no es, en una especie de Superman. En cambio, debemos repetirlo, él es un servidor. Es solo a Dios a quien debemos obediencia total e incondicional, no al Papa. El Papa puede ciertamente equivocarse, incluso podría convertirse en hereje; también podría enloquecer. Incluso en un Papa proclamado santo (como en el caso de Juan Pablo II) los católicos estamos en condiciones de encontrar zonas de sombras. Porque somos realmente libres. Como habrán notado, entre las acusaciones realizadas contra el ex nuncio de los Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, tras la publicación de sus memorias, hubo una acusación de perjurio. Según sus detractores, monseñor habría cometido perjurio porque había jurado fidelidad al Papa pero luego se rebeló en su contra, al punto de acusarlo. Pero incluso aquí hay un error elevado a la altura de un arte. Es cierto: todo clérigo, más aún quienes trabajan en el servicio diplomático de la Santa Sede, jura fidelidad al Papa, pero este juramento verdaderamente pierde vigencia desde el momento en que el clérigo reconoce que el Papa no está trabajando para confirmar a sus hermanos en la fe sino para confundirlos; no para transmitir la correcta doctrina sino para transmitir sus propias ideas personales; no para encomendar a la Iglesia al cuidado de pastores santos sino para colocarla en manos de hombres moralmente corruptos. Si no tuviéramos esta libertad de decisión, nosotros los católicos no seríamos hijos de la Iglesia sino miembros de una secta. Y sin embargo decir estas cosas hoy, nos expone a acusaciones de todo tipo.
El Papa puede ciertamente equivocarse, incluso podría convertirse en hereje; también podría enloquecer.
Q. ¿Por ejemplo?
A. Me han llamado traidor, hipócrita, y falso. Obviamente, considerando que estas acusaciones provienen de los enemigos de la Iglesia, considero todas estas acusaciones como medallas de honor en defensa de la Verdad. Pero cuando estas acusaciones son realizadas por católicos, te hace tomar consciencia del nivel de decadencia en el que hemos caído. Ni hablar de la trillada y más frecuente acusación de ser rígido y tradicionalista. Pero me pregunto: ¿Un católico puede no ser rígido y tradicionalista? No, no puede. La ley divina es una, y no podemos torcerla a conveniencia utilizando los principios del relativismo. Los mandamientos fueron escritos sobre piedra. Y la tradición es el instrumento por el cual la Santa Madre Iglesia, como toda buena madre, guarda y transmite lo que es bueno para sus hijos para protegerlos del mal y salvar sus almas. Aquí no estamos razonando como teólogos, dado que ninguno de nosotros lo es, sino simplemente como personas con sentido común.
“Nos dirán: ¡Ustedes son como los cruzados! Sí, es exactamente así como debemos ser.”
Q. Un sentido común que en el mundo de hoy parece cada vez más escaso, casi anatema…
A. El hecho es que vivimos en un mundo dado vuelta, donde te hacen pensar que lo que es malo es en realidad bueno o te dicen que el bien y el mal  no existen en sí mismos, solo existen en la condición subjetiva en la que cada individuo vive su propia realidad. De esta manera, la noción de pecado en sí misma queda eliminada y la persona es abandonada en el desorden moral. Una vez que los puntos de referencia desaparecieron, uno entra en el reino del subjetivismo en el cual la única ley conocida es la de seguir sus propios impulsos, y también la de la espontaneidad, que dice que si un acto es realizado sobre la base de una elección personal y libre entonces es bueno. Pero de esta manera todo se vuelve justificable. En cuanto a esto, el magisterio de Benedicto XVI era muy claro, pero el mundo lo rechazó y, peor aún, condenó al Papa como fanático sin corazón. Todo lo que observo me lleva a decir que la Iglesia ha tomado, desafortunadamente ya hace un tiempo, el camino del relativismo que Benedicto XVI siempre condenó, por ejemplo en su homilía durante la misa para le elección del romano pontífice que abrió el cónclave el 18 de abril de 2005.
En este mundo boca abajo a veces me detengo y miro a mi alrededor y me pregunto, ¿seré yo tal  vez el que ha enloquecido? Hablo en serio: en el actual contexto religioso y cultural en el cual afirmar que existen el bien y el mal objetivos hace que la gente te mire como un leproso y te excluya del foro civil, con frecuencia me hace dudar de mí mismo. Afortunadamente hay otras personas que también salieron de sus catacumbas, se hacen las mismas preguntas y están igual de perplejas. Y así nos reconocemos, nos apoyamos unos en otros, y también encontramos la fortaleza para reaccionar y luchar. Pienso en las palabras de Chesterton: Se encenderán hogueras para atestiguar que dos más dos son cuatro. Se desenvainarán espadas para probar que en verano las hojas son verdes.
Pareciera que hemos llegado a ese punto. Sin duda, hay una crisis de fe, pero antes que eso hay una profunda crisis de razón. Y eso torna más importante la necesidad de solidaridad entre nosotros quienes, obstinadamente, decimos que dos y dos son cuatro y no que dos y dos generalmente son cuatro pero a veces también son cinco.
Q. ¿Qué piensa del problema del enfrentamiento entre tradicionalistas vs. progresistas?
A. Este no es el problema principal. Estas son solo etiquetas, ampliamente utilizadas por quienes, ya sea sin saber cómo o sin querer debatir, se refugian en eslóganes prefabricados. Después de todo, hoy el mero hecho de tener una fe clara basada en el Credo de la Iglesia es con frecuencia más que suficiente para tildar a uno de fundamentalista.
El problema es bastante simple: ¿a quién y qué queremos tomar como punto de referencia para nuestras vidas? ¿A Dios o al hombre? ¿La eterna ley divina o los caprichos de la criatura? ¿La objetividad del bien y el mal o el subjetivismo que justifica todo? Conozco muchos católicos buenos y fieles que, cuando les hago estas preguntas, me miran como atontados. No están acostumbrados a pensar estas preguntas en estos términos. El así llamado paradigma de la Iglesia que ha sido desplegado a lo largo de unos pocos años es impuesto como una ideología que se concentra en dar asistencia social y evitar las grandes preguntas.
No es una coincidencia que en nuestras iglesias ya nadie hable del fin de los tiempos y las últimas cosas (los novísimos). Solo están interesados en las penúltimas cosas, las cosas relacionadas con el aquí y ahora, no la vida eterna. Y por lo tanto, uno llega a la paradoja de ver fieles convocando a sacerdotes y a obispos a su deber de levantar la mirada hacia el Absoluto, aconsejándoles no hablar como si fueran expertos en economía, sindicatos, o ecología.
Por lo tanto, ya basta de discursos sobre el respeto por el medioambiente, los deberes de las finanzas, las injusticias sociales, recibir a los inmigrantes, etc. Quiero que me confirmen en la fe porque ese es su deber. Y yo, como fiel, tengo el derecho y el deber de hacer este reclamo.
Q. Pareciera entonces que la Iglesia, o para ser más exactos, una porción de su clero, está cambiando radicalmente su lugar…
A. Al respecto, una interesante coincidencia viene a mi mente. La encíclica de Pío XII, Meminisse Iuvat (1958) recomienda que, en medio de las olas de este mundo, el barco de la Iglesia permanezca inmóvil, firme en la fe y sin ceder. Noté el año de la encíclica porque también es el año en que nací. Pero hoy, pedirle que permanezca inmóvil, como hizo Pío XII, suena a blasfemia o provoca risas y burlas. Hoy ellos dicen que la Iglesia debiera… salir… ser dinámica… escuchar… no auto-referencial, etc. ¿Pero a dónde nos conducen estas fórmulas? Nos conducen hacia la triste realidad en la que la Iglesia pierde a sus viejos creyentes sin encontrar nuevos. Es por esto que, y de qué manera, siento que me he vuelto tradicionalista, es decir, anclado fuertemente a una Iglesia que no puede y no debiera ofrecer descuentos, porque si comienza a ofrecer descuentos se pierde a sí misma y su misión, que no es cambiar a la sociedad sino salvar almas. Parece obvio que la Iglesia debe redescubrirse y, ante sacerdotes que han perdido su identidad, recae sobre nosotros los laicos tomar el timón.
Q. ¿Y cómo debiera lograrse esto, en su opinión?
A. Como prerrequisito, creo que es necesario que nosotros los laicos tomemos partido. Casi a diario me encuentro con personas que me dicen: comprendo tu asombro, pero es mejor no hablar de estas cosas, solo debemos orar y esperar que todo esto pase. No coincido con esta postura. Como dije antes, no es solo el derecho sino el deber de los bautizados defender la verdad, la recta doctrina, y la correcta liturgia.
Necesitamos comprender que el estado actual de la situación es de conflicto interno. En otros tiempos los católicos debían lidiar con ateos, anticlericalistas, pero hoy debemos lidiar con católicos diseñados a su medida que, probablemente, en realidad sean protestantes o incluso peor. En mi tiempo nos enseñaban que quien recibía la Confirmación se convertía en un soldado de Cristo. Es así: necesitamos volver a ser soldados de Cristo. No podemos permitirnos ser pasivos, ni vivir tranquilamente. Nos dirán: ¡Ustedes son como los cruzados!
Sí, es exactamente así como debemos ser.
Alberto Carosa 
(Traducido por Marilina Manteiga. Fuente)