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miércoles, 31 de octubre de 2018

Monseñor Weinandy: “Lo peor hoy es la respuesta vaga e incierta que da la Iglesia al mal” (Carlos Esteban)



El teólogo Thomas Weinandy, que el año pasado enviara a Francisco una carta abierta lamentando la “confusión doctrinal” que reina en su pontificado, ha vuelto a escribir, esta vez para asegurar que la situación no ha hecho más que empeorar.

“El Cuerpo de Cristo sufre actualmente más que entonces, y me temo que el sufrimiento se hará aún más intenso”, advierte Monseñor Weinandy, capuchino y uno de los teólogos más importantes del mundo, que hace un año fue cesado de su puesto en la Conferencia Episcopal de Estados Unidos tras una carta abierta en la que denunciaba la confusión doctrinal en la Iglesia actual y hacía responsable a Su Santidad.

“Para mí, lo que resulta hoy más preocupante es la respuesta vaga, incierta y a menudo aparentemente indiferente al mal, no sólo a la conducta sexual gravemente pecaminosa en el clero y el episcopado, sino también al escandaloso deterioro de la enseñanza doctrinal y moral de las Escrituras y de la Tradición magisterial de la Iglesia”.
Aunque Weinandy acaba su carta, publicada en ‘The Catholic Thing’, con una nota esperanzada, convencido de que la exposición pública del mal va a abrir un periodo de clarificación y purificación de la Iglesia, es difícil, tras el cierre del pasado sínodo, no concluir con el teólogo que la confusión ha aumentado considerablemente en un año.

Hemos hablado estos días de cómo el texto final del sínodo es en buena medida una melaza indigerible y anodina que evita cuidadosamente caer en los cambios doctrinales que muchos temían y que incluso los comentarios de algunos padres sinodales en las ruedas de prensa posteriores a cada sesión hacían presagiar. Sin embargo, se advierte en él, como en casi todos los pronunciamientos públicos de nuestra jerarquía, una visible renuencia a hablar claro y, sobre todo, a reiterar con certeza los aspectos de la doctrina que más chocan con las ideas seculares dominantes.


En la revista americana First Thing, John William Sullivan se sirve de la conversión reciente de la cantante irlandesa Synead O’Connor al Islam para reflexionar sobre un fenómeno más amplio, que afecta a todas las sociedades occidentales y que la Iglesia agrava con su bien intencionada ‘actualización’ y con su ‘apertura al mundo’.

O’Connor, nacida y criada en el catolicismo, ha pasado por tantas fases vitales que sería muy prolijo enumerarlas todas, desde católica disidente a rastafari, y sus problemas de salud mental no son, con toda probabilidad, ajenos a esta desesperada búsqueda. Pero si todas sus elecciones religiosas hasta la fecha tenían un punto frívolo o, cuando menos, inofensivo, al transformarse en Shuhada Davitt ha entrado en una fe cuyos fieles se toman con extraordinaria seriedad. No es probable que sus correligionarios reaccionen con un encogimiento de hombros a una nueva ‘salida’ de la neófita que afecte a su fe, al contrario de lo que sucedió en el mundo católico.

El Islam crece, no solo vegetativamente -por la entrada de inmigrantes y por la saludable fertilidad de sus adherentes-, sino también por conversiones de quienes tienen por herencia las raíces cristianas. Y en buena medida se explica porque el Islam da toda la impresión de creer en sí mismo, de transmitir certezas, lo que cada vez se puede decir menos de nuestra Iglesia, al menos en su proyección pública.

La ‘estrategia evangélica’ de la Iglesia hoy parece ser una servil rendición a lo que el mundo considera valioso, unida a un escamoteo sangrante de todas las doctrinas que puedan parecer difíciles, que recuerden al cristiano que “la vida del hombre sobre la tierra es milicia”, que lo único importante es que las almas se salven, y que el camino único de la salvación es la Cruz.
La teoría es que esto vendrá después, pero que primero hay que atraer a los jóvenes, especialmente, con aquello que les gusta. Y esa teoría se está mostrando previsiblemente desastrosa. Digámoslo una vez más: una fe que te dice que eres estupendo tal como estás y que aplaude todo lo que haces es redundante y no atrae a nadie.

La Iglesia que pelotillea a la juventud -como hemos visto en algunos casos ruborizantes durante este sínodo- será siempre rechazada por quien necesita certezas y que les digan las verdades más duras y el mensaje menos abierto a las componendas. 


El mensaje no puede ser “hakuna matata”, no hay problema, porque sí lo hay, y gravísimo: esta vida es el escenario de una lucha no ya a vida o muerte, sino a vida o muerte eternas.

Carlos Esteban

La visita del Papa deja a la iglesia irlandesa con una deuda de 4 millones (Carlos Esteban)




Aún quedan 4 millones de euros por pagar de la visita del Papa a Irlanda el pasado agosto, y ya es la quinta vez que el episcopado apela a la generosidad de los fieles para cubrir la deuda.

En su día, apenas iniciado el Encuentro Mundial de las Familias en Dublín y en víspera de la llegada del Papa, ya dimos cuenta de cómo los organizadores observaban, alarmados, que faltaban por cubrir cinco de los 32 millones de euros que costarían las 32 horas de visita papal, así como de los esfuerzos recaudatorios para que los fieles hicieran contribuciones especiales para cubrirlos.

Pues bien, el encuentro queda ya varios meses atrás y los parroquianos de la otrora ultracatólica Irlanda parecen renuentes a rascarse el bolsillo: de esos cinco millones, solo se ha podido conseguir uno hasta la fecha, con lo que se ha vuelto a apelar a la generosidad de los fieles para tapar el agujero.

Es ya la quinta vez que se pide en las parroquias irlandesas a los asistentes a misa que donen con especial generosidad para cubrir lo que queda por pagar del evento de finales de agosto. El Gobierno irlandés se comprometió a poner una parte, hasta diez millones, para pagar cuestiones como la seguridad del encuentro. Ya han aparecido avisos en hojas parroquiales y publicaciones diocesanas por todo el país, aparte de la mención en las homilías o avisos de las propias misas, para irritación del católico practicante, que tiene la sensación de que no para de dar dinero para lo mismo.

La frialdad de los católicos irlandeses parece, por lo demás, en consonancia con el estrepitoso fracaso de asistencia que supuso el jaleado evento, y muy especialmente la misa celebrada por el Santo Padre en Phoenix Park, para la que se esperaban más de 300.000 asistente y que se vio reducida a 152.000 personas. Las fotografías aéreas dieron en prensa una penosa impresión, especialmente cuando se comparan con el éxito arrollador de la última visita de San Juan Pablo II a la isla.

Que Irlanda ha dejado de ser el foco de resistencia católica de su leyenda nacional quedó suficientemente claro pocos meses antes, en el referéndum sobre el aborto, que dio al país el dudoso honor de ser el primero en aprobar esta plaga insigne de la Cultura de la Muerte por plebiscito popular, y de hacerlo por una abrumadora mayoría de dos tercios.

A esta descristianización acelerada había que sumar un Encuentro Mundial de las Familias organizado por el prefecto del megadicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, Kevin Farrell, salpicado por su larga convivencia y colaboración con el pedófilo arzobispo emérito de Washington, Theodore McCarrick, y su conocida inclinación favorable a las tesis LGTB ‘católicas’. De hecho, uno de los ‘números estrella’ del peculiar encuentro era una intervención del colaborador de la revista America, asesor de comunicación del Vaticano y autodesignado apóstol del ‘lobby’, el jesuita James Martin, cuyo libro sobre el acompañamiento pastoral a gays y lesbianas fue prologado por el propio Farrell.

Para acabar de hacer poco apetecible la ocasión, estaba reciente la acusación de pedofilia contra McCarrick, que llevó a su expulsión del Colegio Cardenalicio, el informe del gran jurado de Pensilvania y, justo la víspera de la llegada del Papa, el explosivo Testimonio Viganò. Centrarse en la atención pastoral de los homosexuales en estas condiciones, en un encuentro que desde su creación por Juan Pablo II había supuesto una exaltación de los valores familiares, no parecía lo más oportuno.

Y, de hecho, los irlandeses parecen haberlo entendido así, opinando contra el encuentro con su ausencia entonces y sus bolsillos cerrados hasta la fecha.

Carlos Esteban

Nuevas denuncias sobre la homosexualidad en la Iglesia. Pero el Papa calla y culpa al “clericalismo” (Sandro Magister)



En la clausura del Sínodo, llevada a cabo el sábado 27 de octubre, Jorge Mario Bergoglio volvió a identificar en el “Gran Acusador”, en Satanás, al autor último de las acusaciones lanzadas contra él, el Papa, para golpear en realidad a la “Madre Chiesa”:

“Por eso éste es el momento de defender a la Madre. […] Porque al atacarnos el Acusador ataca a la Madre, pero la Madre no se toca”.

Con esto Francisco ha justificado una vez más su silencio frente a la a acusación – dirigida públicamente contra él por el arzobispo Carlo Maria Viganò, ex nuncio en Estados Unidos – de haber mantenido junto a él durante largo tiempo, como consejero de confianza, a un cardenal como el estadounidense Theodore McCarrick, de quién también conocía – al igual que muchos otros, en el Vaticano y fuera de éste – las prácticas homosexuales con seminaristas y jóvenes.

Pero hay también otro silencio al que el Papa se atiene constantemente. Es el silencio sobre la homosexualidad practicada por numerosos eclesiásticos. Francisco no la cita nunca, cuando denuncia la plaga de los abusos sexuales. En el origen de todo, sostiene él, está más bien “el clericalismo”. También el documento final del Sínodo, en los parágrafos respecto a los abusos, se apropia de este juicio de Francisco, y define al clericalismo como “una visión elitista y excluyente de la vocación, que interpreta el ministerio recibido como un poder para ejercer, más que como un servicio gratuito y generoso”.

Son un silencio y un diagnóstico del Papa que encuentran fuertes críticas, sobre todo en Estados Unidos, donde la opinión pública católica y la que no lo es, tanto la progresista como la conservadora, está más que nunca activa en el reclamo de verdad y transparencia.

Una expresión particularmente reveladora de esta opinión pública es el artículo publicado el 26 de octubre – justamente mientras el Sínodo estaba en sus tramos finales – en “Commonweal”, histórica revista del catolicismo “liberal” americano, con la firma de Kenneth L. Woodward, durante treinta y ocho años valorado vaticanista de “Newsweek”:

> Double Lives

A juicio de Woodward, el caso McCarrick es revelador de cuán difundida está realmente la homosexualidad entre los eclesiásticos, en todos los niveles, como ya había documentado desde el 2003 el célebre informe del Jay College of Criminal Justice, según el cual “ocho de cada diez abusos registrados por obra de sacerdotes en los últimos setenta años fueron casos de varones que abusaron de otros varones”.

En consecuencia, “hay que ser ciegos o deshonestos”, escribe Woodward, para rechazar la denuncia del rol de la homosexualidad en el escándalo de los abusos, llamándola “homofobia”.

En décadas de trabajo como vaticanista, Woodward recuerda haber recogido innumerables informes no sólo de casos particulares de homosexualidad, sino de verdaderas y auténticas “redes” de apoyo y complicidad entre eclesiásticos de doble vida, en Los Ángeles, Milwaukee, Chicago, Pittsburgh y otras diócesis. En Chicago, el sacerdote Andrew Greeley, sociólogo y escritor de los más leídos en Estados Unidos, fallecido en el 2013, denunció públicamente la presencia de círculos de homosexuales en las oficinas de la diócesis, gobernada por el cardenal Joseph Bernardin, su amigo y guía muy influyente del ala progresista de la Iglesia Católica estadounidense.

Pero Woodward recuerda también que la curia vaticana estaba infectada. Cita el caso de John J. Wright (1909–1979), durante diez años obispo de Pittsburgh y fundador en esa diócesis, en 1961, de un “oratorio” para jóvenes estudiantes universitarios que atraía a sacerdotes homosexuales como abejas sobre la miel. Wright era un intelectual brillante, contratado por diarios “liberales”, entre ellos el “Commonweal”, pero ortodoxo en la doctrina, a quien Pablo VI llamó a Roma en 1969, para presidir la Congregación vaticana para el Clero, creándolo cardenal. Pero muchos sabían de su doble vida con jóvenes amantes, precisamente mientras supervisaba la formación de los sacerdotes católicos en todo el mundo.

No sólo eso. Entre quienes hoy “seguramente conocen la verdad” sobre él – prosigue Woodward – está el cardenal Donald Wuerl, hasta hace pocas semanas poderoso arzobispo de Washington, también él acusado de haber “encubierto” casos de abusos, pero despedido por el papa Francisco con conmovedoras palabras de estima. Wuerl fue secretario personal de Wright cuando éste fue obispo de Pittsburgh, y también después permaneció “más cercano a él que los cabellos a la cabeza”, hasta asistirlo en el cónclave de 1978, en el que se eligió a Juan Pablo II.

Woodward no cita otros casos específicos de homosexualidad practicada por dignatarios de la curia romana. Pero una ejemplificación creíble salió en Italia en 1999, en un libro de denuncia, con el título de “Via col vento in Vaticano”, de autor anónimo, pero identificado posteriormente en el monseñor de la curia Luigi Marinelli, fallecido al año siguiente. Entre otras cosas, se lee allí la carrera de un prelado estadounidense con una debilidad por los jóvenes, llamado a Roma para la Congregación vaticana para los Obispos, y luego devuelto a su patria a cargo de una diócesis importante, visitada por primera vez por un Papa, Juan Pablo II, en uno de sus viajes, y posteriormente promovido también a unan diócesis de mayor importancia y creado cardenal, y al final jubilado por razones de edad. O también se lee en ese libro de un diplomático de alto nivel, tejedor de acuerdos en los frentes más complicados, desde Israel a Vietnam, desde China a Venezuela. Crónicas recientes han enriquecido este muestreo, que en los últimos años parece estar creciendo, no en declinación.

En Estados Unidos llamamos “lobbies de color lila” a las redes homosexuales que impregnan seminarios, diócesis y curias. El problema, escribe Woodward, es que “en la jerarquía cristiana nadie parece ansioso en investigar”, ni siquiera después que el ex nuncio Viganò sacó a la luz el escándalo y ha acusado al papa Francisco en persona.

Concluye Woodward:

“Probablemente jamás tendremos la transparencia total. Pero si son necesarias reformas estructurales para proteger a los jóvenes de los abusos, los escándalos en el verano del 2018 deberían ser vistos como puntos de partida para una acción adecuada, no como ocasiones para demostraciones inútiles de rabia, shocks, vergüenza y desesperación. El peligro de las doble vidas clericales y de los secretos que pueden ser utilizados como armas para proteger otros secretos deberían ser aclarados a todos en este punto. Mientras haya una Iglesia también habrá hipocresía clerical, pero podemos y debemos hacer lo máximo posible para combatirla”.

Pero ciertamente ni el silencio ni los improcedentes gritos de alarma contra el “clericalismo” pueden llevar a más transparencia y a la eliminación de la plaga.

Sandro Magister

Parábola de la cizaña y la buena semilla

Padre Alfonso Gálvez Morillas

Duración 51:40 minutos

De una homilía de noviembre de 2013

Liberal Censorship: Synod asks Vatican to create "Vatican Certification" of Acceptable Websites



The most astonishing demand of the "Synod Fathers" who approved their final document without actually reading it is in paragraph #146:



Well, well, well... We know what those "certification systems of Catholic sites" mean: a new form of censorship.

The old censorship, which was excellent in intent, tried to protect Catholics from books promoting heresy and immorality. But this was when many in the Vatican itself were not themselves promoting heresy and living in utter immorality.

You can just imagine that a man in the shape of Uncle Ted McCarrick could be in charge of this "Vatican Digital Commission" that would promote the "Vatican Certification" of acceptable websites: those promoting sodomy would be accepted, while those promoting the Baltimore Catechism would be rejected...

martes, 30 de octubre de 2018

Arzobispos Chaput y Gracias: Sinodalidad anti-sinodal



El adjetivo “sinodal” se aplica a la decisión que se toma en un sínodo de la Iglesia. El sustantivo “sínodo”, en la Iglesia Católica, se refiere por antonomasia al “Sínodo Episcopal”, y se define como “una asamblea de obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los Obispos” [1]

Por lo tanto, el adjetivo “anti-sinodal” lo uso aquí para hacer referencia a una decisión que no surge de un sínodo de obispos, o que se toma en contra del sínodo, o alterando la esencia propia y el funcionamiento natural de un sínodo. 

Sirva esta introducción terminológica para ubicar en su correcto contexto histórico el concepto de “sinodalidad”, que el papa Francisco ha expresado que ha sido central en la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos, dedicada a “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, y que ha terminado en Roma este fin de semana. 

Efectivamente, el papa ha remarcado la centralidad de la “sinodalidad” entre los temas de este Sínodo, pero de ello los padres sinodales se han enterado el último día de la asamblea, cuando tuvieron el Documento Final en sus manos.

Antes de referirme al punto en cuestión, no quiero dejar pasar la ocasión para señalar la ridiculez que implica presentar el Documento Final, e incluso los textos de labor sinodal, sólo en idioma italiano[2], una lengua que habla sólo el 1% de la población mundial. 

Hubo obispos que reclamaron por la inmoralidad de hacerles votar por 'sí' o por 'no' sobre textos que no habían logrado entender cabalmente. Un detalle que vendría también a confirmarnos el carácter anti-sinodal de la tan declamada sinodalidad. 

El arzobispo de Filadelfia, Charles J. Chaput, al volver a su arquidiócesis, expresó: 
“Muchos de los obispos se sintieron frustrados por la falta de anticipos de traducciones para temas importantes en los que se esperaba que votaran. Como argumentó uno de los padres sinodales, en realidad es inmoral votar 'sí' en temas importantes si ni siquiera se puede leer y reflexionar sobre lo que dice el texto”.
La Iglesia tiene un lenguaje común: el latín; el problema es que pocos obispos lo dominan, pese a que el Código de Derecho Canónico les manda enseñarlo en los seminarios, de modo que los futuros sacerdotes “lo dominen”[3]. Pero ésta es una de las tantas exigencias que los obispos no cumplen, pese a que juran cumplirlas al ser consagrados o tomar posesión de una diócesis.

Permítanme citar nuevamente al arzobispo Chaput en una entrevista que publica First Things
“Muchos delegados también se mostraron sorprendidos y para nada felices con la introducción de la 'sinodalidad' como tema en una asamblea temática que había sido programada sobre los jóvenes. No es algo adecuado ni natural. La 'sinodalidad' tiene serias implicaciones. Merece una seria reflexión teológica y una discusión entre los obispos. Pero tal cosa no sucedió, lo que no parece ser coherente con una reunión del Papa y los obispos en un espíritu de colegialidad”. 
Esta indicación de mons. Chaput sobre la “anti-sinodalidad de la sinodalidad” es muy reveladora. Pero, en realidad, el arzobispo de Filadelfia no fue el primero que se refirió a ese dato contradictorio, que demuestra una vez más los modos absolutistas de este papa que, sin embargo dice trabajar por una Iglesia “sinodal”,“descentralizada” y “colegial”. 

Una vez más hay que decirlo: el Papa se manifiesta más en lo que hace que en lo que dice.

El primero que reveló la contradicción de la "sinodalidad anti-sinodal" fue el cardenal Oswald Gracias, de Bombay (India), quien fue uno de los redactores del Sínodo, quien dijo –hablando con el sitio CruxNow- que ha habido Obispos en el Sínodo que “se ofendieron a causa del nuevo lenguaje” utilizado en el borrador del documento final

El cardenal Gracias dijo que hubo “alguna resistencia” contra el documento, porque tiene mucho sobre “sinodalidad, cuando en realidad no hemos debatido sobre esto”, lo cual constituye una prueba que el documento sobre la “sinodalidad” fue escrito sin sinodalidad. 

Especialmente los obispos de países con presencia anglicana no se mantuvieron para nada convencidos. Señalaron que la “sinodalidad” podía ser vista como si la Iglesia se estuviera desplazando hacia un sistema de votación para instituir o crear discusiones similares al anglicanismo. Un fuerte opositor de la “sinodalidad” fue el cardenal liberal de Westminster, Vincent Nichols. Sostuvo que las Iglesias no-católicas han mostrado suficientemente que la “sinodalidad” simplemente “no funciona”.

De modo que tenemos aquí una anomalía del Sínodo que finalizó el domingo, una anomalía deliciosa, encantadora y ¡muy reveladora!: el caso es que los textos en el documento final del Sínodo que hacen referencia a los temas de la "sinodalidad" y el "discernimiento" no representan ni el pensamiento ni las deliberaciones de los Padres sinodales, sino que fueron incluidos por un par de secretarios nombrados por el papa Francisco. Es curiosa la paradoja, por supuesto con la contradicción que implica toda paradoja: que el tema de la sinodalidad, haya sido interpolado en el informe de las deliberaciones del Sínodo... por... una maniobra claramente anti-sinodal. Pero eso no se puede hacer: vale decir, no puede hacerse algo tan anti-sinodal en defensa de una supuesta sinodalidad.

John L. Allen, volviendo a cerrar filas en defensa de lo indefendible, trata de justificar la contradicción ayer en CruxNow, pero sus argumentos son débiles (aunque no me detendré aquí a discutirlos[4]. No, en realidad no se puede pretender ser abanderados de la sinodalidad o la colegialidad (cosas por las cuales yo no daría mi vida, por supuesto), haciendo algo para nada sinodal. 

Entonces, hay que agradecer al cardenal Gracias por tal revelación quien, además, continuó señalando que simplemente no se puede decir que tal documento final sea sin más ni más "Magisterio, porque los documentos magisteriales deben redactarse con sumo cuidado
De modo que, para decirlo de una manera clara: este supuesto documento magisterial nació muerto". Ciertamente, debemos agradecer a Su Eminencia por su claridad de expresión.
El Magisterio de la Iglesia parece haberse convertido hoy en un pequeño y divertido juego político para ayudar al papa Francisco a avanzar en su agenda poco confiable, agenda papal que en no pocos puntos es coincidente con la agenda de los que hoy rigen el mundo
El Magisterio es algo que implica atar la conciencia de los fieles. Y esto nos dice mucho acerca de lo que está tan terriblemente mal en este pontificado y en este pontífice, quien parece creer poder tratar asuntos tan serios, relacionados con las almas de los fieles, con una ligereza absolutamente impropia de un Sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo.
Repito: no ha sido nada casual el reparo hacia el documento final de este Sínodo que han manifestado los obispos de los países con presencia de la Iglesia Anglicana. Es que ellos conocen bien a lo que lleva la “sinodalidad”, y hace ya tiempo que dejaron atrás, desengañados, el primaveral optimismo del post-Concilio Vaticano II. Pero, con el papa Francisco parece que el “espíritu conciliar” ha vuelto al centro de la escena.

La sinodalidad o, para decirlo crudamente, la Bergoglianidad, no hará nada para mejorar la reputación de la Iglesia. 
Los Sínodos como el que acaba de celebrarse, la sinodalidad, el discernimiento, el acompañamiento, el magisterio liquido o el ministerio petrino aunado con la agenda del Nuevo Orden Mundial, si se les da la oportunidad, simplemente reducirán la Iglesia Militante de Cristo a lo que el Anglicanismo ha llegado a ser en la actualidad: algo que casi ha desaparecido.
De nosotros también depende, en parte, que las fuerzas de la anti-Iglesia no tengan esa chance.

[1] Código de Derecho Canónico n. 342.
[2] http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2018/10/27/0789/01722.html
[3] Código de Derecho Canónico n. 249.
[4]https://cruxnow.com/analysis/2018/10/28/if-bishops-summit-was-rigged-on-synodality-one-question-so-what/

“No cabe otra interpretación” (Carlos Esteban) [comentario]



Quienes piensan que lo anodino del texto final hace de este sínodo una asamblea inofensivamente inútil parecen olvidar que en el presente pontificado son los ‘gestos’ posteriores los que determinan el alcance de cualquier documento

Para decepción de la Curia romana, el documento final del sínodo-de-la-juventud-que-era-en-realidad-el-sínodo-de-la-sinodalidad ha pasado absolutamente desapercibido por el mundo, es decir, por los medios de comunicación generalistas, para los que la Iglesia ya sólo tiene interés si hay abusos sexuales o si se perciben grandes pasos en la adaptación de la doctrina a la opinión dominante. Los católicos, en su mayoría, han reaccionado disimulando un bostezo y no pocos, con un suspiro de alivio.

Esta última postura la resume magistralmente el padre Santiago Martín en un reciente análisis que hace del sínodo para Magnificat TV. Se alegra cautelosamente Martín de que los peores augurios sobre el sínodo no se cumplieran y que todo quedara en un texto cuajado de verborrea ambigua que evita el tipo de pronunciamiento claro que haga saltar las alarmas (esta última descripción es mía, no del sacerdote español).

Me atrevo a disentir. Me atrevo, incluso, a presumir que el alivio del Padre Santiago se debe, en buena medida, a que no ha sucedido lo que tantos temíamos, un alejamiento radical de la concepción católica de la homosexualidad, y a que, en su opinión, todo el texto es interpretable en continuidad con la tradición anterior. Es decir, por dar por bueno el nombre con el que se anunció esta asamblea, sínodo de la juventud, cuando en el último momento nos hemos enterado de que era, en realidad, el sínodo de la sinodalidad.

Personalmente creo, por el contrario, que el sínodo es una bomba de relojería, y que nuestra incapacidad para ver todo su alcance se debe a dos factores: no darnos cuenta de que el mensaje del sínodo no está exclusivamente en las palabras del túrgido y aparentemente anodino texto final, sino en todos los gestos, mensajes y formas que se han transmitido a lo largo del proceso entero; y una confianza antihistórica en que las ‘minas verbales’ plantadas a lo largo del documento se desactiven en el desarrollo pastoral, cuando la experiencia nos indica lo contrario.

La dichosa sinodalidad, por ejemplo. Puede significar algo tan inocente y tranquilizador como que Roma ‘escuchará’ con más atención a las iglesias nacionales -no a las diócesis individuales, curiosamente- en las decisiones de gobierno. O algo tan alarmante como que cada iglesia local decida la doctrina, y que nos encontremos con que lo que en Alemania es perfectamente lícito y aun recomendable, en Polonia siga siendo un grave pecado. La sinodalidad, ya lo hemos dicho antes, es el modelo que eligió hace décadas la Iglesia Anglicana, abocándola a la irrelevancia y la extinción a plazo fijo.

Pero nosotros no podemos caer en el error de juzgar la situación por un texto cuya mayor virtud parece ser que no cae en ninguna obvia herejía ni contiene explosivos giros de guion, porque sería olvidar que siempre, y mucho más en este pontificado, los gestos y los hechos importan tanto o más que un montón de frases ambiguas.

Y son todos esos gestos y hechos los que nos llevan a una interpretación del sínodo y su conclusión bastante más ominosa que la que hace el Padre Santiago

Los jóvenes no han sido en este sínodo el objetivo, sino la cla, la Cámpora peronista que se aseguraba de jalear la postura más progresista y mostrar su silente desaprobación a las referencias más tradicionales.

El objetivo real, ahora lo sabemos, era definir la sinodalidad como modo de gobernar la Iglesia, pero también de qué modo iba a funcionar en la práctica esa misma sinodalidad.

¿Por dónde empezar? 

- ¿Por el manipulador y manipulado Instrumentum Laboris presentado por el cardenal Baldesseri, con sus siglas LGTB surgidas de ninguna parte, que se adjuntó obligatoriamente al texto final, dejando a las claras que lo que opinaran los padres sinodales no iba a cambiar nada?

- ¿Por la introducción del verdadero tema del sínodo en el último momento, por un texto preparado por el equipo de redacción en italiano, leído en italiano y que la multitud de obispos que no entienden este idioma tenía que votar fiado de una traducción simultánea que funcionó, según declara Edward Pentin, vaticanista del National Catholic Registar, defectuosamente?

- ¿Por la participación del Papa en alguna sesión y en la redacción del borrador, cuando se supone que se trata de propuestas que los obispos ofrecen al Santo Padre y cuando el propio reglamento lo prohíbe?

El veterano periodista John Allen, cercano como pocos a la Curia, reconoce en Crux que el sínodo estuvo amañado, pero añade que eso no tiene ninguna relevancia: es una reunión convocada por el Papa y es natural que salga de ella lo que quiere el Papa. Es su ‘fiesta’ y puede hacer lo que quiera. De acuerdo, pero, entonces, ¿para qué tener a todos esos obispos perdiendo el tiempo en Roma durante un mes?

Todo, en fin, dibuja un cuadro muy parecido a otros que ya hemos observado a lo largo de los últimos cinco años. Nos recuerda, por ejemplo, poderosamente a esa ‘libertad de interpretación’ que se decretó para el capítulo más ambiguo de la exhortación Amoris Laetitia, el octavo, ese mismo que suscitó las ‘Dudas’ de cuatro cardenales. El Papa se negó a responder a los cardenales e incluso a reconocer la existencia de las Dubia, pero dejó meridianamente claro cuál era la interpretación que favorecía en su carta a los obispos argentinos, en la que escribió: “no hay otra interpretación”. Que luego ordenara incluir la carta en los Acta Apostolica dice volúmenes sobre su forma de actuar.

Con la libertad concedida por la Santa Sede, el episcopado polaco llegó a una interpretación marcadamente diferente, razonando que como el Papa no podía permitir algo sacrílego, sin duda no estaba diciendo que se podía ofrecer la Eucaristía a quienes vivían en flagrante pecado de adulterio. Hasta, naturalmente, que Parolin les hizo llegar el mensaje de que aquel no era un buen camino, que aquello no gustaba demasiado al Santo Padre, y sacaron un documento más en línea con “la única interpretación posible”.
Quien piense, en fin, que la sinodalidad va a suponer una amable y dedicada escucha al parecer de todas las iglesias locales para que sus opiniones sean tenidas en cuenta en pie de igualdad es que no ha estado atento a la película de estos últimos años. 
La escucha, como el discernimiento, van en una sola dirección, la que desee Su Santidad en cada momento, y si algún rígido obispo pelagiano, con cara de pepinillo en vinagre, osa, se atreve a disentir en el futuro, no tardará en caer sobre él el peso de la implacable misericordia papal.
Carlos Esteban

NOTA: Cuando escuché el vídeo del padre Santiago me quedé algo triste. ¿Cómo es posible que este hombre, con lo inteligente que es, hable así de este sínodo, como que no ha pasado nada de lo que se temía? Sí ha pasado ... y mucho. Yo pensaba escribir un artículo como respuesta a ese enfoque del padre Martín, cuyo título sería: «Ambigüedad de ambigüedades: todo es ambigüedad» ... pero en la lectura de este artículo de Carlos Esteban se contiene, en realidad, prácticamente, cuanto pensaba decir ... con otras palabras, claro está. Pero mi idea es la misma. Éste un sínodo modernista (de bombo y platillo y de apariencia) y, por ello mismo, engañoso. Pensado para tener tranquilos a los posibles cardenales que pudieran disentir se han escrito todo tipo de ambigüedades (poniendo muchas trabas a los cardenales, al leer en italiano y no traducir bien; llamando a unos jóvenes que no son representativos, en absoluto, de la juventud real (de hecho sólo se llamó a aquellos que pensaban de modo análogo al Papa). 

Pero al tiempo: luego se desarrollará «pastoralmente»  y veremos cómo se va saliendo de esta ambigüedad. Ya lo vimos con la Amoris Laetitia que tenía su autor oculto, diez años antes de que tal exhortación apareciera, el famoso amigo del papa, Tucho Fernández. Los dos sínodos no sirvieron para nada, porque la conclusión ya estaba escrita. Esta manera de proceder, de tanto postín, fue una farsa. ¿Y qué cabe esperar que vaya a suceder ahora? Habrá, sin duda, otra exhortación apostólica en la que se escribirá lo que Francisco quiere que se escriba. Y punto. Ese ha sido su modo de actuar durante los cinco años y medio de pontificado que lleva. ¿Por qué iba a cambiar? 

Así, pues, que no sea de extrañar que aparezcan otra vez notas a pie de página en la nueva exhortación, si aparece, en donde se defienda la homosexualidad como una forma de amor, tan válida como la que se da en el « matrimonio normal entre un hombre y una mujer en el matrimonio» Y ya se nos está preparando psicológicamente  para el sínodo de la Amazonía, del que cabe esperar que salga, por asuntos pastorales, el posible nombramiento de hombres casados como sacerdotes.
José Martí

Halloween no es un juego de niños


Duración 6:33 minutos

Sobre Halloween ya hay una entrada en este blog, en la que, además de enlaces a artículos, se podían ver varios vídeos. No obstante, me ha parecido de interés, dada la proximidad de ese día (noche del 31 de octubre, anterior al día de todos los santos) añadir también este vídeo del padre Javier Luzón, ex-exorcista, que explica, con bastante claridad, la relación entre Halloween y el satanismo.

El SILENCIO del VATICANO ante el Testimonio Viganò, según SPECOLA (15) La investigación sobre McCarrick prohibida por el Papa




En Estados Unidos las aguas siguen revueltas, muy revueltas. La investigación sobre McCarrick y sus alrededores ha sido positivamente prohibida por el Papa Francisco. Esto no ha parado las aguas sino todo lo contrario

Los católicos americanos no están dispuestos a hacer el ridículo por decisiones que los afean y no poco delante de las demás confesiones religiosas. El caso McCarrick puede terminar en el caso Tobín. La absurda situación de Wuerl, que sigue gobernado su diócesis, y su sustitución que parece quiere ser muy controlada, no está gustando nada de nada. Hay mucho miedo a que alguien con arrestos llegue a disponer de archivos delicados y decida hacer luz. La situación vivida no es posible sin una enorme cadena de complicidades y taparlas no resuelve el problema, al contrario lo hará crecer.

Specola

Noticias varias 28 y 29 de octubre de 2018




ADELANTE LA FE

Realeza, no “de este mundo” sino sobre este mundo

¿Ha dejado Francisco de ser papa por ser hereje?

INFOCATÓLICA

Una Iglesia que ha dejado de educar a los pobres

ONE PETER FIVE

The pope who splits the Church: the Bergoglian Schism has arrived

GLORIA TV

Más división: fueron elegidos un “ultra progresista” y un “super liberal”

Cardenal Marx: “Cambiamos la Iglesia” - con una receta para el desastre


CATHOLIC FAMILY NEWS



INFOVATICANA

¿”Certificado de clericalismo”? ¡No, gracias!

Selección por José Martí

Viva Cristo Rey!

Por fin el Sínodo ha terminado (Specola)



Pocos de fuera de Roma saben que el mayor complejo del Trastevere lo ocupa el Palacio de San Calixto. Basta una vista aerea del barrio para darse cuenta de la inmensa magnitud de esta zona extraterritorial de la Santa Sede en el corazón del popular barrio romano. En su interior tiene la sede el antiguo pontifico consejo para la familia y en este consejo se encuentra una bien ordenada e interesante biblioteca. Si tienen la suerte de contar con algún cómplice interno les invitamos a ojear el inmenso archivo documental del que salió la “Familiaris consortio”. Fue el resultado del primer sínodo del pontificado de Juan Pablo II en el mes de octubre de 1980. 

La mera comparación del esta exhortación post sinodal y el actual documento emanado del actual sinodo causa sonrojo. Se puede pensar lo que se quiera, se pueden defender las ideas más peregrinas que se puedan imaginar, pero se puede pedir un poco de seriedad en los argumentos, caso de existir. El problema es que estamos cayendo en un nivel tan bajo que no causa entusiasmos ni tan siquiera en los propensos a la defensa. Algunas veces leemos que se utilizan todas las armas para atacar al Papa Francisco. El problema es que las armas se ponen en bandeja de plata. Un documento con ideas vagas y ambiguas y con una forma ilegible está condenado al fracaso por su propia naturaleza.

La imagen de un arrítmico Papa Francisco que permanece sentado y con cara de pepinillo en vinagre ante unos alocados padres conciliares que saltan a bailar en medio de luces lavanda define por si sola la situación. Hay imágenes que valen más que mil palabras y está es una de ellas. La Misa de fin de sínodo en el interior de la Basilica, la plaza queda cada vez más grande, denota otra de las imágenes de vacío y desinterés. La tremenda tormenta que ha azotado Roma parecía un enfado divino en el día de la clausura. Veremos los comentarios de los próximos días sobre el documento, que por ahora son casi nulos, como nulo ha sido todo el sínodo en la información general.
Specola

lunes, 29 de octubre de 2018

El texto final consagra el regreso del ‘espíritu del Concilio’ (Carlos Esteban)



El resultado del largo sínodo de la juventud, el texto final, no ha desmerecido el caos, la superficialidad, la ambigüedad y las manipulaciones que lo han caracterizado a lo largo de su celebración y preparación previa.

“Como un catálogo de Ikea” ha calificado el texto final de la XV Sesión General del Sínodo de Obispos, más conocido como ‘sínodo de la juventud’, un obispo participante en declaraciones a la agencia AFP. “Uno tiene todo lo que necesita para el baño y la cocina en todos los estilos, así que todo el mundo puede identificarse con él”. Lástima que lo haya declarado en condiciones de anonimato y no sepamos quién es, porque la comparación es brillante.

Un sínodo cuyo final se celebra, no con una Adoración al Santísimo o ceremonia similar sino con una fiesta discotequera donde los jóvenes sacaban a bailar a los padres sinodales, ya augura un regreso de la moda ‘retro’ eclesial; retomamos ese ‘espíritu del Vaticano II’ que Juan Pablo II y Benedicto XVI trataron de moderar y armonizar con la Tradición de la Iglesia. Ahora ha vuelto con fuerza, y lo veremos en la exhortación papal que sin duda seguirá a este sínodo.

En su crónica de ABC, Juan Vicente Boo lo califica de “uno de los documentos más claros y explícitos de la historia sinodal”, facilitándonos así la tarea de reconocerlo como uno de los más oscuros y ambiguos. Todos los 167 puntos superaron con holgura la mayoría de dos tercios necesarias, salvo uno, el que contenía la espinosa expresión cuestión de la ‘orientación sexual’, que va a dar abundante munición a los James Martin del clero occidental. Este punto pasó solo por dos votos. Volveremos a ello.

El discurso que dirigió Su Santidad a los padres sinodales en la presentación del texto final ya preconfiguraba lo que nos íbamos a encontrar. En él, Francisco volvió a insistir en su motivo obsesivo de las últimas semanas, el Gran Acusador que “está ensuciando la Iglesia” con sus acusaciones. Es un tanto perturbadora esta insistencia, que sugiere explícitamente que quien ‘ensucia’ la Iglesia no es, digamos, un cardenal todopoderoso en la Iglesia norteamericana durante décadas que se llevaba seminaristas a su casita de la playa y abusó del primer niño al que bautizó cuando este tenía 11 años, sino quien lo denuncia.

De hecho, el propio texto del sínodo pretende tomar medidas activas contra ese Gran Acusador, recomendando que se active un sistema de certificación para sitios web que informen sobre la Iglesia Católica, para que el usuario conozca cuáles ofrecen ‘fake news’. Es el regreso del Index Librorum Prohibitorum o del Nihil Obstat, pero con una ‘emoji’ sonriente. Ya pueden apostar que Infovaticana no va a contar con la bendición de ese sello, que no va a garantizar la ortodoxia o fiabilidad del contenido sino su alineamiento con las tendencias curiales. El punto incluye una referencia vaga a coordinarse con las autoridades civiles en este sentido, lo que hace la advertencia bastante más ominosa.

Hay muchas maneras de definir este sínodo. Es el sínodo, como hemos dicho, del regreso con fuerza del ‘espíritu del Concilio’, con su implícita aceptación de que el mundo se ha adelantado a la Iglesia y la Iglesia debe correr detrás del mundo para coger ese tren. El propio titular de la crónica de Boo -‘El Sínodo recomienda dar más poder a las mujeres y acoger a los homosexuales’- ya indica a las claras que son las modas ideológicas dominantes las que marcan ahora la agenda de la Iglesia, más que la doctrina perenne.

Es el sínodo de la manipulación. Desde el uso amañado de la ‘escucha a los jóvenes’ en el presínodo hasta la inclusión de temas centrales apenas discutidos en el sínodo en el texto final, la reunión ha estado plagada de gestos e indicios de que todo estaba previsto de antemano y de que tanto los ‘jóvenes’ como los propios obispos han servido de comparsas en una escenifiación.

Es el sínodo de la ambigüedad. Tras el pasado concilio, el teólogo belga Schillebeeckx presumía de que los padres conciliares habían mantenido en los textos términos ambiguos para que luego ellos, los ‘demiurgos’ de la ‘actualización’, decidieran su verdadero significado, y es difícil, observando la historia, negar que lo consiguieron. El texto final del presente sínodo tiene también abundancia de ‘expresiones deslizantes’ que se irán definiendo, nos tememos en qué sentido.

Por ejemplo, el documento incluye dos párrafos referidos a la sexualidad, de la que dice que exige centrarse en “la escucha empática, el acompañamiento y el discernimiento, en la línea indicada por el Magisterio reciente”. ¿La “escucha empática”? En cuanto al ‘acompañamiento’ y el ‘discernimiento’, dos términos a cuál más lábil, los llevamos oyendo ya hasta la saciedad en este pontificado, y hemos visto cómo se han utilizado ‘pastoralmente’ para escamotear innovaciones de lo más cuestionables. También se insiste en la “necesidad de una elaboración antropológica, teológica y pastoral más en profundidad”, que no dice nada pero deja la puerta abierta a cualquier cosa.

Otras cargas de profundidad están aún más disimuladas, como cuando parece hacer una referencia al Catecismo de la Iglesia Católica al hablar del compromiso de la Iglesia “contra toda discriminación basada en el sexo”. Ahí falta un adjetivo esencial, presente en el punto 2.358 del Catecismo: “injusta”. Sin esa importante cualificación, ¿cómo podría la Iglesia seguir negando la ordenación sacerdotal a las mujeres, por ejemplo?

Es el sínodo de la victoria alemana sobre las periferias. Como señala el vaticanista del National Catholic Register, Edward Pentin, en su cuenta de Twitter citando una fuente sinodal anónima, “los padres sinodales alemanes lograron que se aprobaran todos sus puntos. Dicen que es una “revolución de la escucha”, pero en realidad es simplemente una revolución”.


Carlos Esteban

Documento final [inspirado] “por el Espíritu Santo” acepta la “orientación [homo]sexual" y pide un Índice de sitios web prohibidos




El documento final del Sínodo sobre la Juventud fue aceptado el 27 de octubre por una mayoría de dos tercios. En su último discurso, el papa Francisco fantaseó diciendo que “el Espíritu Santo nos da este documento”.

- Muy controvertido fue el parágrafo 150 sobre la homosexualidad. Recibió solamente dos votos más que los necesarios, obteniendo un puntaje de 65 votos por el “no”. El parágrafo parece ser deliberadamente insípido y lavado, para permitir interpretaciones inmorales.

Alienta a recorrer caminos de acompañamiento de todo homosexual, para ayudarles a “integrar la dimensión sexual”, a crecer en la “calidad de relaciones” y a caminar hacia el “don de sí mismo”. El texto es tan opaco que lo mismo se podría aplicar a los abusadores de niños.

§150 condena [cualquier] “discriminación basada en lo sexual”, contradiciendo al Catecismo de la Iglesia Católica, el cual se opone a toda discriminación “injusta” de los homosexuales [o de cualquiera que comete un pecado mortal].

El documento llama “reduccionismo” al hecho de definir la identidad de las personas “a partir solamente de su orientación sexual”, en consecuencia, aceptando el término propagandístico homosexual de “orientación sexual” [ aunque la sexualidad no está “orientada”, sino ordenada naturalmente o desordenada/pervertida antinaturalmente].

Otros temas

Además, el documento pide incluir a las mujeres en el liderazgo eclesiástico, como “deber de justicia”.

Fuera de contexto, quiere que la “sinodalidad” se convierta en parte “constitutiva” de la Iglesia.

El documento pide también un “sistema de certificación para sitios web católicos”, para combatir lo que llama “noticias falsas [inconvenientes]”.

Internet se está burlando ahora de Bergoglio, por tratar de reintroducir un “Índice de libros prohibidos” y por pedir sitios web manipulados por un Ministro vaticano de la Verdad, que además sea pro-homosexual.



“Synod of Divisions”


Duración 2:33 minutos

Synod of Divisions”

The Pro-Bergoglian Roman newspaper Il Messaggero called the now ended Youth Synod a “Synod of Divisions”, writing that – quote – “The Pope closes the Synod of Divisions with a strong appeal for unity”.

Synod of Ignorants

Philadelphia Archbishop Charles Chaput asked on Twitter the question how the Synod Fathers were able to vote on a final document containing many controversial points which they had no time to read and which was in a language, Italian, that many did not understand. The ultra-bergoglian journalist Robert Mickens called this “a true scandal”.

Synod of the Resting

Lyon auxiliary bishop Emmanuel Gobilliard interviewd people during the Youth Synod and put the recordings on a social network. At the end of the Synod he asked Archbishop David Macaire of Fort-de-France, Martinique, what he had to say about the Synod. Macaire’s answer, “I understood everything. What I understood is that this is a moment of rest for me. This is good.” He added that it is now up to the youth to evangelisize and that he had no interest – quote – “to find myself on Instragram or Snapshat”.

“With That Name, The Station Will Go Bankrupt”

Four years ago Omár Suárez, the leader of the Argentinean United Maritime Workers Union, told Pope Francis that the Union will start a radio station called “Papa Francisco”. Francis commented, “With that name, the station will go bankrupt.” And so it happened. The radio which at the end employed 16 people has just closed down. The director of the radio was Alicia Barrios who wrote the book “My friend, Father Jorge” about Francis. The radio’s downfall started in 2016 when Suárez was arrested for conspiracy and extorsion. His successor stated that the radio had little to do with the life of the Union and the maritime workers.

domingo, 28 de octubre de 2018

ESTO DICE EL DOCUMENTO FINAL DEL SÍNODO (comentado por José Martí)


Aquí se recoge el documento Final del Sínodo de los Jóvenes. Al principio, en letra negrita y de color rojo coloco aquellas palabras o expresiones que pueden ser equívocas y que tendrían que ser explicadas con más claridad para no dar lugar a confusiones. Más adelante hago una serie de comentarios en negrita, normalmente y de color azulado. El documento, de por sí, es extenso; de modo que no lo comento todo, aunque sí -en mi opinión- lo más importante. Además, los comentarios no pretenden ser una explicación completa de cuanto se dice en el Documento Final. Ello supondría ríos de tinta que, lógicamente, ni caben en una simple entrada del blog ni yo sería capaz de realizar. De modo que me limito a indicar lo que me llama la atención, a primera vista. No juzgo a nadie. No es esa mi intención, en absoluto. Pero sí intento recopilar algunos hechos y darles alguna explicación. Son razonamientos personales. Si le sirven a alguien y le aclaran alguna idea, pues Bendito sea Dios. En todo caso, mi deseo ardiente es que brille la verdad, porque sólo ésta nos puede llevar a Jesucristo, quien dijo que «la verdad nos hará libres» al mismo tiempo que se proclamó a Sí Mismo como «la Verdad» 



Tres partes, doce capítulos, ciento sesenta y siete parágrafos y 60 páginas: así se presenta el Documento final de la XV Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, sobre el tema “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. El texto fue aprobado por los dos tercios del Aula, la tarde del 27 de octubre. El Documento ha sido entregado en las manos del Papa, que luego, ha autorizado su publicación.

A continuación, el análisis realizado por Vatican News:
Paolo Ondarza e Isabella Piro – Ciudad del Vaticano
Es el episodio de los discípulos de Emaús, narrado por el evangelista Lucas, el hilo conductor del Documento Final del Sínodo de los Jóvenes. Leído en el Aula en voces alternas por el Relator General, Card. Sérgio da Rocha, los Secretarios Especiales, Padre Giacomo Costa y Don Rossano Sala, junto con Mons. Bruno Forte, miembro de la Comisión para la Redacción del texto, el Documento es complementario al Instrumentum laboris del Sínodo, del que retoma la división en tres partes. Acogido con aplausos, el texto -dijo el Cardenal da Rocha- es “el resultado de un verdadero trabajo de equipo” de los Padres sinodales, junto con los demás participantes en el Sínodo y “en modo particular con los jóvenes”. El Documento contiene, pues, los 364 modos, es decir, las enmiendas, que se han presentado. “La mayoría de ellos -añadió el Relator General- fueron precisos y constructivos”.

 “Caminaba con ellos”

En primer lugar, pues, el Documento final del Sínodo examina el contexto en el que viven los jóvenes, destacando sus puntos de fuerza y sus desafíos. Todo comienza con una escucha empática que, con humildad, paciencia y disponibilidad, permita dialogar verdaderamente con la juventud, evitando “respuestas pre confeccionadas y recetas ya preparadas”. Los jóvenes, intactos, quieren ser “escuchados, reconocidos, acompañados” y desean que su voz sea “considerada interesante y útil en el campo social y eclesial”. La Iglesia no siempre ha tenido esta actitud, reconoce el Sínodo: a menudo los sacerdotes y los obispos, sobrecargados por muchos compromisos, tienen dificultad  para encontrar tiempo para el servicio de la escucha. De ahí la necesidad de preparar adecuadamente a los laicos, hombres y mujeres, que sean capaces de acompañar a las jóvenes generaciones. Además, ante fenómenos como la globalización y la secularización, los chicos se encaminan hacia un redescubrimiento de Dios y de la espiritualidad, y esto  debe ser un estímulo para que la Iglesia recupere la importancia del dinamismo de la fe.

La escuela y la parroquia

Otra respuesta de la Iglesia a las interpelaciones de los jóvenes proviene del sector educativo: las escuelas, universidades, colegios, oratorios, permiten una formación integral de los chicos, ofreciendo al mismo tiempo un testimonio evangélico de promoción humana. En un mundo donde todo está conectado – familia, trabajo, tecnología, defensa del embrión y del migrante – los obispos definen como irreemplazable el papel que desarrollan las escuelas y universidades, en donde los jóvenes transcurren mucho tiempo. En particular, las instituciones educativas católicas están llamadas a afrontar la relación entre la fe y las exigencias del mundo contemporáneo, las diferentes perspectivas antropológicas, los desafíos científicos y técnicos, los cambios en las costumbres sociales y el compromiso por la justicia. La parroquia también tiene su papel: “Iglesia en el territorio”, necesita volver a pensar su vocación misionera, porque a menudo es poco significativa y poco dinámica, especialmente en el ámbito de la catequesis.

Los migrantes, paradigma de nuestro tiempo

El Documento sinodal se detiene luego en el tema de los migrantes, “el paradigma de nuestro tiempo” como fenómeno estructural y no como emergencia transitoria. Muchos migrantes son jóvenes o menores no acompañados que huyen de la guerra, violencias, persecuciones políticas o religiosas, desastres naturales, pobreza, y terminan siendo víctimas del tráfico, de las drogas, abusos psicológicos y físicos. La preocupación de la Iglesia es sobre todo por ellos -dice el Sínodo- en la perspectiva de una auténtica promoción humana que pase a través de la acogida de los refugiados y prófugos, y sea punto de referencia para los muchos jóvenes separados de sus familias de origen. Pero no sólo: los migrantes -recuerda el Documento- son también una oportunidad de enriquecimiento para las comunidades y sociedades a las que llegan y que pueden ser revitalizadas por ellos. Resuenan pues, los verbos sinodales “acoger, proteger, promover, integrar”, indicados por el Papa Francisco para una cultura que supere la desconfianza y los miedos. Los obispos piden también un compromiso mayor en el garantizar a quien no querría migrar, el derecho efectivo de permanecer en su propio país. La atención del Sínodo se dirige también a las Iglesias que son amenazadas, en su existencia, por las migraciones forzadas y las persecuciones sufridas por los fieles.

Compromiso firme contra todo tipo de abuso. Luz en la verdad y pedido de perdón

Luego hay una amplia reflexión sobre los “diferentes tipos de abusos” (de poder, económicos, de conciencia, sexuales) cometidos por algunos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos: en las víctimas –se lee en el texto- causan un sufrimiento que “puede durar toda la vida y que ningún arrepentimiento puede remediar”. De ahí el llamamiento del Sínodo a “un firme compromiso a la adopción de rigurosas medidas de prevención que eviten su repetición, a comenzar de la selección y la formación de aquellos a quienes se les confiarán tareas de responsabilidad y educación”. Por lo tanto, será necesario erradicar aquellas formas -como la corrupción o el clericalismo- en las que se injertan estos tipos de abusos, contrarrestando también la falta de responsabilidad y transparencia con la que se han gestionado muchos casos. Al mismo tiempo, el Sínodo expresa su gratitud a todos aquellos que “tienen el valor de denunciar inmediatamente el mal”, [Monseñor Viganò lo ha hecho y no veo yo ningún agradecimiento, sino toda una persecución hacia él por atreverse a hablar y a decir la verdad] porque ayudan a la Iglesia “a tomar conciencia de lo que ha ocurrido y de la necesidad de reaccionar con decisión”. “La misericordia, de hecho, exige justicia”. [¡A ver si eso se pone en práctica, de verdad, porque hasta ahora, durante más de cinco años de pontificado no se habla de justicia sino sólo de misericordia!] No deben olvidarse, sin embargo, los numerosos laicos, sacerdotes, consagrados y obispos que se dedican cada día, con honestidad, al servicio de los jóvenes, quienes pueden ofrecer realmente “una ayuda preciosa” para una “reforma de envergadura histórica” en este ámbito. [¿A qué tipo de envergadura se estará refiriendo Francisco? ..., porque es él quien ha firmado estas conclusiones sinodales]

La familia “Iglesia doméstica”

Otros temas presentes en el Documento tienen que ver con la familia, [¿Por qué no se habla de la familia cristiana y se dice sólo « familia» ?] principal punto de referencia para los jóvenes, primera comunidad de fe, “Iglesia doméstica”: el Sínodo recuerda, en particular, el papel de los abuelos en la educación religiosa y en la transmisión de la fe, [¡Esto es muy importante, porque los abuelos son los que han vivido en los tiempos en los que la Iglesia no se avergonzaba de predicar la auténtica y verdadera fe! No sé si el santo Padre se referirá a esto, aunque tengo mis dudas, corroboradas por su actuación con respecto a aquellos cristianos que son fieles a la Tradición de la Iglesia de siempre] y advierte sobre el debilitamiento de la figura paterna y de los adultos que asumen estilos de vida “juveniles”. Además de la familia,  para los jóvenes cuenta mucho la amistad con sus coetáneos porque les permite compartir su fe y ayudarse mutuamente en su testimonio.

Promoción de la justicia “contra la cultura del descarte”

El Sínodo se detiene seguidamente, en algunas formas de vulnerabilidad de los jóvenes en diversos ámbitos: en el trabajo, donde la desocupación juvenil empobrece a las jóvenes generaciones, socavando su capacidad de soñar; las persecuciones hasta la muerte; la exclusión social por razones religiosas, étnicas o económicas; la discapacidad. Frente a esta “cultura del descarte”, la Iglesia debe hacer un llamamiento a la conversión y a la solidaridad [lo propio en un cristiano no es tanto la solidaridad, sin más, cuanto la caridad, que es mucho más que la simple solidaridad]convirtiéndose en una alternativa concreta a las situaciones de malestar. En el lado opuesto, no faltan en cambio los ámbitos en los que el compromiso de los jóvenes se expresa con originalidad y especificidad: por ejemplo, el voluntariado, la atención a los temas ecológicos, el empeño en política para la construcción del bien común, la promoción de la justicia, para lo cual los jóvenes piden a la Iglesia “un compromiso firme y coherente”. [En rigor, nada de eso, ni la ecología, ni la política, son específicamente temas sobre los que tenga que pronunciarse la Iglesia. No es su misión.  Sin embargo, en honor a la verdad hay que decir que nunca, nadie se ha preocupado más que la Iglesia, a lo largo de su historia, sobre las situaciones de injusticia y sobre la importancia de que los gobernantes «gobiernen» con justicia, teniendo como meta el bien común].

Arte, música y deporte, “recursos pastorales”

También el mundo del deporte y de la música ofrece a los jóvenes la posibilidad de expresarse lo mejor posible: en el primer caso, la Iglesia les invita a no subestimar las potencialidades educativas, formativas e inclusivas, de la actividad deportiva; en el caso de la música, en cambio, el Sínodo se centra en su ser “un recurso pastoral” que interpela también a una renovación litúrgica, [tal « renovación» ya se dio con el Concilio Vaticano II y ha conducido a los tristes y lamentables resultados que ya se preveían entonces y que ahora vemos que se han confirmado: la nueva liturgia no atrae a los jóvenes. Prueba de ello es que una inmensa mayoría de ellos no van a misa los domingos]  porque los jóvenes tienen el deseo de una “liturgia viva”, auténtica y alegre, un momento de encuentro con Dios y con la comunidad [El sentir de los jóvenes va más bien por el camino de apreciar la belleza de la liturgia tradicional, previa al Concilio Vaticano II, algo que el Papa no acaba de entender y, de hecho, lamenta la «rigidez» de los jóvenes que prefieren la misa en latín (ninguno de los cuales, por cierto, ha sido invitado al Sínodo ... por aquello de estar «abiertos» a las innovaciones)]. 
Los jóvenes aprecian las celebraciones auténticas en las que la belleza de los signos, el cuidado de la predicación y el compromiso comunitario hablen realmente de Dios”: por tanto, se les debe ayudar a descubrir el valor de la adoración eucarística y a comprender que “la liturgia no es puramente expresión de sí misma, sino una acción de Cristo y de la Iglesia”. Las jóvenes generaciones, además, quieren ser protagonistas de la vida eclesial, aprovechando sus propios talentos, asumiendo responsabilidades. Sujetos activos de la acción pastoral, ellos son el presente de la Iglesia, deben ser animados a participar en la vida eclesial, y no obstaculizarlos con autoritarismoEn una Iglesia capaz de dialogar de una manera menos paternalista y más directa, de hecho, los jóvenes saben ser muy activos en la evangelización de sus semejantes, ejerciendo un verdadero apostolado que debe ser apoyado e integrado en la vida de las comunidades.
[El autoritarismo de los sacerdotes de siempre ha brillado por su ausencia. Yo no recuerdo a ningún sacerdote autoritario, del tipo «porque yo lo digo. Y punto». No digo que no los hubiera, pero serían una excepción. Y, sin embargo, hoy en día sí que se da este autoritarismo ... ¡y, precisamente, en lo que no se debería! Por ejemplo, hay que aceptar el cambio climático -sí o sí- cuando se trata sólo de una hipótesis.Y, además, ésa no es la misión propia de  un sacerdote, ni tiene autoridad para hablar sobre eso. Otro ejemplo: lo que dijo el cardenal Schönborn: « La Amoris Laetitia es Magisterio», siendo así que dicha exhortación apostólica se opone a las palabras de Jesús, quien dijo: «El que se casa con otra, adultera», etc... Conozco, además, varias anécdotas con relación a este autoritarismo del que se acusa a los sacerdotes «rígidos» de antes, que no a los «progres» de ahora. Contaré tan solo una: el caso de un niño que fue a confesarse con un sacerdote «progre» y éste le dijo: « ¿A qué vienes aquí?»  El niño, extrañado, le respondió: «Pues a confesarme». Respuesta del sacerdote: «anda, anda, vete con tus padres». Autoritariamente, el sacerdote en cuestión consideró y decidió que un niño no tiene por qué confesarse, que un niño no puede tener pecados, vamos. La escucha, a la que se refiere el papa Francisco, aquí no se produjo. El muchacho tuvo que confesarse con un sacerdote «rígido», el cual, aunque parezca mentirá, sí que lo escuchó y lo absolvió de sus pecados, actuando como lo que era: un sacerdote y un hombre de Dios. Y puestos a hablar de autoritarismo, el mismo Papa ha dicho de sí mismo:
 Mi modo autoritario y rápido de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas graves y a ser acusado de ser ultraconservador. Pero jamás he sido de derechas. Eso por una parte. Además, a los que, según él, son «rigoristas» los acusa de insatisfechos personalmente. No es normal hablar de ese modo. Entre lo que él dice que se haga y lo que él hace hay una enorme distancia. Un ejemplo, muy reciente, lo podemos ver y escuchar en un video de Rome Reports, en donde afirma, con toda razón, que un cristiano no debe de insultar nunca. Y eso es muy cierto. Lo que no puedo entender es por qué él sí que insulta: hay todo un libro dedicado a los insultos que el Papa ha pronunciado en sus homilías de santa Marta y en otras ocasiones, dirigidos todos ellos a los que él llama cristianos rígidos. Ver aquí ... y podríamos continuar y no acabaríamos]
“Se abrieron los ojos”
Dios habla a la Iglesia y al mundo a través de los jóvenes, [¡Y yo que pensaba que Dios nos lo ha dicho todo en Jesucristo!] que son uno de los “lugares teológicos” en los que el Señor se hace presente. [¡Si yo le digo a un joven que es un «lugar teológico» pienso que, si no me responde de mala manera, seguro que me ignora y piensa que no debo de encontrarme bien de la cabeza!].  Portadora de una sana inquietud que la hace dinámica – se lee en la segunda parte del Documento – la juventud puede estar “más adelantada que los pastores” y por eso debe ser acogida, respetada, acompañada. [Pues nada, será cuestión de llamar a los jóvenes y que prediquen a sus pastores y les digan lo que tienen que hacer: la locura es evidente] Gracias a ella, de hecho, la Iglesia puede renovarse, sacudiéndose de encima “la pesadez y las lentitudes”. De ahí el llamado del Sínodo al modelo de “Jesús joven entre los jóvenes” y al testimonio de los santos, entre los cuales hay muchos jóvenes, profetas del cambio. 
[¡Esto suena muy bien, pero se queda sólo en una frase que no acaba uno de entender a qué se refiere exactamente! Lo primero de todo habría que definir qué se entiende por juventud, porque hay muchísimos jóvenes hartos de vivir y sin ilusiones, esclavos del sexo o de la droga; y hay también muchos viejos, en edad, que -sin embargo- son jóvenes en su espíritu y viven ilusionados ... porque se han encontrado con Jesucristo en su vida y eso les hace felices, con una felicidad que es contagiosa. ¿Quiénes son, entonces, los jóvenes? No, no queda nada clara esa especie de adoración a los jóvenes, por el mero hecho de tener un cuerpo joven. Una persona, así como su belleza, es mucho más que su cuerpo] 

Misión y vocación

Otra “brújula segura” para la juventud es la misión, don de sí mismo que conduce a una felicidad auténtica y duradera: Jesús, en efecto, no quita la libertad, sino que la libera, porque la verdadera libertad es posible sólo en relación con la verdad y la caridad. Estrechamente ligado al concepto de misión, está el de vocación: cada vida es una vocación en relación con Dios, no es fruto de la casualidad o un bien privado que se gestiona por sí mismo -afirma el Sínodo- y toda vocación bautismal es una llamada a la santidad para todos.  Por eso, cada persona debe vivir su propia vocación específica en cada ámbito: profesión, familia, vida consagrada, ministerio ordenado y diaconado permanente, que representa un “recurso” que debe ser desarrollado plenamente aún.
[El concepto de diaconado permanente presenta graves problemas. Puede servir de mucha ayuda para entender algo de este asunto la lectura de los editoriales del padre Alfonso Gálvez titulados El Buen Pastor. Son seis: I, II, III, IV, V y VI. Lo ideal sería la lectura completa de todos ellos, pero los editoriales III y IV hablan directamente de ese problema, en el apartado 4.]
El acompañamiento
Acompañar es una misión que la Iglesia debe llevar a cabo a nivel personal y de grupo: en un mundo “caracterizado por un pluralismo cada vez más evidente y una disponibilidad de opciones cada vez más amplia”, buscar junto con los jóvenes un recorrido específico para hacer elecciones definitivas es un servicio necesario. Destinatarios son todos los jóvenes: seminaristas, sacerdotes o religiosos en formación, novios y jóvenes esposos. La comunidad eclesial es lugar de relaciones y ámbito en el cual, en la celebración eucarística, uno es tocado, instruido y sanado por el mismo Jesús. El Documento Final destaca la importancia del sacramento de la Reconciliación en la vida de fe y anima a los padres, enseñantes, animadores, sacerdotes y educadores a ayudar a los jóvenes, a través de la Doctrina Social de la Iglesia, a asumir responsabilidades en el campo profesional y socio-político. El desafío en sociedades cada vez más interculturales y multirreligiosas es indicar en la relación con la diversidad, una ocasión de enriquecimiento mutuo y comunión fraterna.

No a moralismos y falsas indulgencias, sí a la corrección fraterna

El Sínodo promueve, por tanto, un acompañamiento integral centrado en la oración y en el trabajo interior que valora también la aportación de la psicología y de la psicoterapia, en cuanto están abiertas a la trascendencia. “El celibato por el Reino” – se exhorta – debe ser entendido como “un don que debe ser reconocido y verificado en la libertad, la alegría, la gratuidad y la humildad”, antes de la elección final. Que se busquen acompañantes de calidad: personas equilibradas, de escucha, fe y oración, que se han medido con sus propias debilidades y fragilidades y que, por ello, sean acogedoras “sin moralismos ni falsas indulgencias”, sabiendo corregir fraternalmente, lejos de actitudes posesivas y manipuladoras. “Este profundo respeto – se lee en el texto – será la mejor garantía contra los riesgos de plagio y abusos de cualquier tipo”.

El arte del discernimiento

“La Iglesia es el ambiente para discernir y la conciencia – escriben los Padres sinodales – es el lugar donde se capta el fruto del encuentro y de la comunión con Cristo”: el discernimiento, a través de “una confrontación regular con un guía espiritual”, se presenta, por tanto, como un trabajo sincero de conciencia, “sólo puede entenderse como una auténtica forma de oración” y “requiere el valor de comprometerse en la lucha espiritual”. La prueba de las decisiones tomadas es la vida fraterna y el servicio a los pobres. De hecho, los jóvenes son sensibles a la dimensión de la diaconía.

“Se fueron sin demora”

María Magdalena, primera discípula misionera, sanada de sus heridas, testigo de la Resurrección, es el icono de una Iglesia joven. [¿Y eso?] Los esfuerzos y la fragilidad de los jóvenes “nos ayudan a ser mejores, sus preguntas – se lee – nos desafían, las críticas son necesarias porque muchas veces a través de ellas la voz del Señor nos pide conversión y renovación”. Todos los jóvenes, incluso aquellos con diferentes visiones de vida, sin excepción, están en el corazón de Dios
[Dios, en su divina Providencia, está pendiente de todas sus criaturas, en especial de las personas humanas, sean jóvenes o no, en su cuerpo, pero de un modo especial lo está en aquellos que, por el bautismo, son realmente sus hijos, verdaderos hijos de Dios, por pura Gracia. De ahí la necesidad del «proselitismo» para que sean muchos los que conozcan a Dios, manifestado en Jesucristo, y conociéndolo, lo amen, al saberse amados por Él y, en consecuencia, pasen a formar parte también, por medio del  bautismo, de la familia de los hijos De Dios]
Los Padres subrayan el dinamismo constitutivo de la sinodalidad, es decir, caminar juntos. El final de la Asamblea y el documento final son sólo una etapa, porque las condiciones concretas y las necesidades urgentes son diferentes entre países y continentes. De ahí la invitación a las Conferencias Episcopales y a las Iglesias particulares a continuar el proceso de discernimiento con el fin de desarrollar soluciones pastorales específicas. 
[¿Por qué me viene a la mente el próximo Sínodo de la Amazonía, los viri probati, los sacerdotes casados, etc... como esas llamadas «soluciones pastorales específicas»  Tal vez tenga que confesarme por ser mal pensado. Y es que pienso que está ya todo escrito ... y los Sínodos son una mera pantomima, una apariencia de que participan todos los Cardenales en las decisiones que se tomen ... cuando esa decisión ya está tomada por el Papa Francisco y sus amigos. Decididamente, voy a tener que confesarme]

Sinodalidad, estilo misionero

“La sinodalidad” es un estilo de misión que nos anima a pasar del yo al nosotros y a considerar la multiplicidad de rostros, sensibilidades, proveniencias y culturas. En este horizonte hay que valorar los carismas que el Espíritu dona a todos, evitando el clericalismo que excluye a muchos de los procesos de toma de decisiones y la clericalización de los laicos que frena el impulso misionero. La autoridad – es la esperanza – se vive en una perspectiva de servicio. Sinodal también sea el enfoque del diálogo interreligioso y ecuménico, [un diálogo que no tiene ningún sentido y que es absurdo, como hemos visto ya en otras entradas de este blog] orientado al conocimiento mutuo y a la ruptura de prejuicios y estereotipos
[¿Creer en Jesucristo como verdadero Dios y verdadero hombre es un prejuicio? ¿Es algo que es verdad sólo para nosotros? ¿No tenemos la obligación, como cristianos, de llevar a todos a Jesucristo, porque sólo en Él está la salvación ... o es que hemos perdido la fe ... y lo mismo da una religión que otra o incluso no tener ninguna?] 
así como a la renovación de la vida comunitaria y parroquial para acortar la distancia entre los jóvenes-Iglesia y muestre la íntima conexión entre la fe y la experiencia concreta de vida, debe ser también sinodal
[¡Qué difíciles de entender son estas expresiones! El Señor era más sencillo cuando se expresaba. Y todos lo entendían, lo aceptaran o no. Pero aquí hay ambigüedad. ¿Acaso la santidad es sinodal? ¿Acaso no es cada uno responsable de su propia vida ante Dios ... y no puede excusarse en lo que los demás hicieron? Realmente hay que hacer una tesis doctoral y seguiríamos sin enterarnos de nada ... yo al menos]
Se formalizó la petición reiterada en el Aula de establecer, a nivel de las Conferencias Episcopales, un “Directorio de pastoral juvenil en clave vocacional” que pueda ayudar a los responsables diocesanos y a los agentes locales a cualificar su formación y su acción “con y para los jóvenes”, ayudando a superar una cierta fragmentación de la pastoral de la Iglesia
[¿En qué quedamos? ¿Hay que adaptar la pastoral a los distintos lugares o debe haber la misma pastoral en cualquier lugar? Y, por otra parte, ¿queda claro que la pastoral no tiene ningún sentido si no se conoce la Doctrina Católica ... y ésta sí que tiene que ser la misma en cualquier punto del mundo donde haya un cristiano católico?] 
Reafirmada la importancia de la JMJ, así como la de los centros juveniles y de los oratorios que, sin embargo, deben ser replanteados.

El desafío digital

Hay algunos desafíos urgentes que la Iglesia está llamada a asumir. El Documento Final del Sínodo trata de la misión en el entorno digital: parte integrante de la realidad cotidiana de los jóvenes, una “plaza” donde pasan mucho tiempo y donde se encuentran fácilmente, un lugar esencial para llegar e involucrar a los jóvenes en las actividades pastorales, la web presenta luces y sombras. Si, por un lado, permite el acceso a la información, activa la participación sociopolítica y la ciudadanía activa, por otro, presenta un lado oscuro – el llamado dark web – en el que se encuentran la soledad, la manipulación, la explotación, la violencia, el cyberbulismo y la pornografía. 
De ahí la invitación del Sínodo a habitar en el mundo digital, promoviendo las potencialidades comunicativas con vistas al anuncio cristiano, y a “impregnar” de Evangelio sus culturas y dinámicas. Se espera que se creen Oficinas y organismos de cultura y evangelización digital  que, además de “fomentar el intercambio y la difusión de buenas prácticas, puedan gestionar sistemas de certificación de los sitios católicos, para contrarrestar la difusión de noticias falsas sobre la Iglesia”, emblema de una cultura que “ha perdido su sentido de la verdad”, fomentando la promoción de “políticas y herramientas para la protección de los menores en la red”. [¡Eso está muy bien pero, ¿qué tipo de evangelización? Porque, desde luego, si se pretende evangelizar a la manera « progre» dejando atrás la Tradición de la Iglesia, entonces va a ser que no!]
Reconocer y valorar a la mujer en la sociedad y en la Iglesia
El documento evidencia también la necesidad de un mayor reconocimiento y valoración de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, porque su ausencia empobrece el debate y el camino eclesial: hay una urgente necesidad de cambio por parte de todos – se lee – incluso a partir de una reflexión sobre la reciprocidad entre los sexos. Se espera que “haya una presencia femenina en los organismos eclesiales a todos los niveles, incluso en las funciones de responsabilidad” y que “haya una participación femenina en los procesos de toma de decisiones eclesiales con respecto al papel del ministerio ordenado”. “Es un deber de justicia” – afirma el documento – que encuentra su inspiración en Jesús y en la Biblia.
[Me entran ganas de reír, por no llorar. Que yo sepa Jesús eligió doce apóstoles (y no «apóstolas» ) y no por ello fue injusto. Las mujeres tenían su papel, importantísimo, en la Iglesia ... pero con diferentes funciones. La Virgen María, la Mujer por antonomasia, no tenía ningún papel de «sacerdotisa» y, sin embargo, es la REINA DE TODO LO CREADO. Ninguna criatura humana ha alcanzado ni podrá alcanzar nunca ese grado de perfección. Y María fue una mujer. Es sólo en la imitación de María donde cualquier mujer puede llegar a su máxima realización posible, como persona y como hija de la Iglesia. Pero las influencias modernistas son perniciosas y se han colado en la Iglesia]

Cuerpo, sexualidad y afectividad

El Documento se detiene sobre el tema del cuerpo, de la afectividad, de la sexualidad: ante los avances científicos que plantean cuestiones éticas, fenómenos como la pornografía digital, el turismo sexual, la promiscuidad, el exhibicionismo en línea, el Sínodo recuerda a las familias y a las comunidades cristianas la importancia de hacer descubrir a los jóvenes que la sexualidad es un don. 
A menudo la moral sexual de la Iglesia se percibe como “un espacio de juicio y condena”, mientras que los jóvenes buscan “una palabra clara, humana y empática” y “expresan un deseo explícito de confrontación sobre cuestiones relacionadas con la diferencia entre la identidad masculina y la femenina, la reciprocidad entre hombres y mujeres, la homosexualidad”. 
[El tema de la homosexualidad, a la que no se alude como una anormalidad ni como un pecado que clama al cielo, ha sido muy estudiado por la Iglesia. Y la solución ya se conoce. Viene en las Sagradas Escrituras. San Pablo es muy claro, en este sentido. La persona con tendencias homosexuales puede santificarse siempre que vea en ello una cruz que tiene que llevar en unión a la Cruz de Cristo y por amor a Él. Y, de hacerlo así, esto le puede llevar a la santidad, como a cualquier persona. La Iglesia siempre ha manifestado comprensión con los homosexuales. Lo que no puede hacer es justificar dicha conducta, pues ello iría en contra de la Palabra de Dios]
Los Obispos reconocen el esfuerzo de la Iglesia por transmitir en el contexto cultural actual “la belleza de la visión cristiana de la corporeidad y de la sexualidad”: es urgente buscar “caminos más apropiados, que se traduzcan concretamente en la elaboración de caminos formativos renovados”. “Es necesario proponer a los jóvenes una antropología de afectividad y sexualidad capaz de dar el justo valor a la castidad” para el crecimiento de la persona, “en todos los estados de vida”. En este sentido, es necesario prestar atención a la formación de agentes pastorales creíbles y maduros desde el punto de vista afectivo-sexual. El Sínodo constata también la existencia de “cuestiones relativas al cuerpo, a la afectividad y a la sexualidad que requieren una elaboración antropológica, teológica y pastoral más profunda, que debe llevarse a cabo de la manera más adecuada y en los niveles más adecuados, desde lo local hasta lo universal”. Entre ellas surgen las relacionadas con la diferencia y la armonía entre la identidad masculina y femenina y las inclinaciones sexuales. 
[La distinción entre hombre y mujer es clara y evidente. Y, debido a la existencia del pecado original,  nuestra naturaleza está caída y tenemos inclinaciones que no son siempre buenas, sino desordenadas. Y es nuestro deber luchar contra todo aquello que nos pueda separar de Dios. El pecado es lo que nos separa de Dios. La tendencia homosexual no es pecado, en sí misma, sino una anormalidad. El pecado es el ejercicio de la misma. No porque yo lo diga, que no soy nadie, sino porque es Palabra de Dios. Nadie puede considerarse mejor que otro, porque sólo Dios es el Juez, el que conoce todo. Pero ello no quita para que utilicemos nuestra inteligencia y llamemos a las cosas por su nombre. En esta vida todos tenemos una cruz que llevar y es llevando esa cruz junto al Señor como podremos santificarnos. Y esto vale para todos. Pero siempre en la verdad: la verdad con caridad, pero nunca la mentira, pues ya sabemos quién es el Padre de la mentira]
“Dios ama a cada persona y también a la Iglesia al renovar su compromiso contra toda discriminación y violencia por motivos sexuales”. Igualmente – continúa el Documento – el Sínodo “reafirma la importancia antropológica decisiva de la diferencia y de la reciprocidad entre hombre-mujer y considera reductivo definir la identidad de las personas a partir de su orientación sexual”. [Así es] 
Al mismo tiempo se recomienda “fomentar” los “caminos de acompañamiento en la fe, ya existentes en muchas comunidades cristianas”, de “personas homosexuales”. En estos caminos las personas son ayudadas a leer su propia historia; a adherirse libre y responsablemente a su propia llamada bautismal; a reconocer el deseo de pertenecer y contribuir a la vida de la comunidad; a discernir las mejores formas de alcanzarla. De esta manera ayudamos a cada joven, sin excluir a nadie, a integrar cada vez más la dimensión sexual en su personalidad, creciendo en la calidad de las relaciones y caminando hacia “el don de sí”.

Acompañamiento vocacional

Entre los otros desafíos señalados por el Sínodo está también el económico: la invitación de los Padres es a invertir tiempo y recursos en los jóvenes con la propuesta de ofrecerles un período destinado a la maduración de la vida cristiana adulta que “debe permitir un alejamiento prolongado de los ambientes y de las relaciones habituales”. Además, mientras esperamos un acompañamiento antes y después del matrimonio, se alienta la creación de equipos educativos, incluyendo figuras femeninas y matrimonios cristianos, para la formación de seminaristas y personas consagradas, también con el fin de superar las tendencias al clericalismo. [Sería bueno que el Papa definiera con toda precisión lo que se entiende por clericalismo y que pusiera ejemplos concretos]
Se requiere una atención especial en la acogida de los candidatos al sacerdocio, que a veces tiene lugar “sin un conocimiento adecuado y una relectura profunda de su historia”: “la inestabilidad relacional y afectiva, y la falta de raíces eclesiales son signos peligrosos. [Completamente de acuerdo]. Descuidar las normas eclesiales a este respecto – escriben los Padres sinodales – constituye un comportamiento irresponsable, que puede tener consecuencias muy graves para la comunidad cristiana”.

Llamados a la santidad     

“Las diversidades vocacionales – concluye el Documento Final del Sínodo de los Jóvenes – están reunidas en la única y universal llamada a la santidad. Lamentablemente, el mundo está indignado por los abusos de algunas personas de la Iglesia, más que animado por la santidad de sus miembros”, por eso la Iglesia está llamada a “un cambio de perspectiva”: a través de la santidad de tantos jóvenes dispuestos a renunciar a la vida en medio de la persecución para permanecer fieles al Evangelio, puede renovar su ardor espiritual y su vigor apostólico.

El regalo del Papa a los participantes del Sínodo

Finalmente, como recuerdo del Sínodo de los Jóvenes, el Santo Padre ha regalado a todos los participantes una baldosa de bronce en bajorrelieve que representa a Jesús y al joven discípulo amado. Se trata de una obra del artista italiano Gino Giannetti, acuñada por el Estado de la Ciudad del Vaticano, emitida en sólo 460 ejemplares.
Documento Final del Sínodo de los Jóvenes-2018, comentado por José Martí