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lunes, 5 de noviembre de 2018

La «rigidez» es fundamental para que haya verdadero amor, en contra de lo que suele creerse (P Alfonso Gálvez y José Martí)

Padre Alfonso Gálvez Morillas


Fragmento de una homilía del 13 de noviembre de 2016


El Papa Francisco, sin embargo, está en contra de los que él llama cristianos «rígidos», aquéllos que buscan seguridades absolutas ... y, sin embargo, esa seguridad completa y total en el amor de Dios o es absoluta o no es nada. A continuación un corto video de Francisco hablando sobre la rigidez.

Yo le diría al Papa que está en un error, pues el acompañamiento sólo ayuda a los demás si se les da a conocer a Jesucristo, Aquél que «es el mismo ayer, y hoy y por los siglos» y que nos ama con un amor real y seguro. Intentar darles a entender que un padre que quiere a sus hijos -y los quiere de verdad- debe reñirles cuando no actúan bien, precisamente porque los quiere y le importan. «Sus mandamientos no son pesados». La misericordia y la comprensión hacia los demás no está reñida con el amor a la verdad. No se les debe ni se les puede mentir a aquellos que vienen a nosotros buscando consejo. La verdad, que es Jesucristo, es la que los tiene que iluminar. Su conciencia debe formarse conforme a la voluntad de Dios y ésta exige, a veces, esfuerzo y sufrimiento. Si se les oculta esta verdad es señal de que no se les quiere, aunque se presuma de comprensión. No hay tal. Cuando el amor por los demás es verdadero amor, exige de nosotros que -aunque nos cueste- les corrijamos. Esta corrección es para su propio bien. Y, desde luego, habrá que decirles aquello que dice el Papa de «esto no se puede», aunque tal vez él lo diga con otro significado. Porque, efectivamente, hay cosas que no se pueden hacer, so pena de autodestruirse. Concretamente todo aquello que nos puede llevar a separarnos de Dios, a sabe, el pecado, que es la causa de todos los males. Podríamos citar los pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza, así como cualquier otro pecado. Una persona que ame a Dios necesariamente procurará evitar todo tipo de pecado. Esto será posible con la gracia de Dios únicamente, la cual Él nos la concederá, con toda seguridad, si ponemos de nuestra parte cuanto podamos. Y ese amor De Dios en nosotros es el que nos llevará a amar también a cualquier persona y a procurar el bien de todos.  El pecado esclaviza. Pienso que esto es muy importante tenerlo en cuenta y no olvidarlo nunca. Y si aconsejar a los demás que no hagan ciertas cosas que son pecado es ser rígidos ... pues entonces ... ¡BENDITA RIGIDEZ!.

Es difícil de entender la obsesión de Francisco con los que denomina «cristianos rígidos», un tema reiterativo que sale prácticamente en casi todas las homilías que da en Santa Marta así como en sus declaraciones a los medios de comunicación o en sus discursos a los obispos. ¿Ha sido rígida la Iglesia durante 1962 años hasta que llegó el Concilio Vaticano II? ¿Son rígidos los sacerdotes que, siguiendo los consejos de san Pablo y del mismo Jesucristo han denunciado, a lo largo de la historia de la Iglesia, a aquellos que no vivían conforme a la Ley de Dios?

El cumplimiento de los mandamientos es esencial para un cristiano que lo sea de veras: «Si me amáis -decía Jesús- guardaréis mis mandamientos»(Jn 14, 15). «Quien acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y quien me ama será amado por mi Padre; y Yo lo amaré y me manifestaré a él»(Jn 14, 21). Y es que es el amor la clave de esa rigidez que lleva al cristiano a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo, por amor a Dios, pues es el amor a Dios y el saberse amado por Él lo que hace posible que podamos entregarnos a los demás hasta dar nuestra vida por ellos, si fuese necesario, que es precisamente lo que hizo Jesús por nosotros.
José Martí

Desolación en la Iglesia


Homilía del 13 de noviembre de 2016

Resumen

(Mt 13: 31-35)
"Un grano de mostaza que ha dejado de crecer"
El evangelio de hoy nos ofrece dos breves parábolas de idéntico significado: la parábola del grano de mostaza y la parábola de la levadura que fermenta toda la masa.
Tradicionalmente se han interpretado estas parábolas en el sentido de que la Iglesia, fundada por Jesucristo, crece y se extiende.
La Iglesia, como todo organismo vivo, nace, crece … y muere. Por supuesto que la Iglesia que dejará de ser existir será la Iglesia peregrina, cuando todo este mundo se acabe. La Iglesia como tal no puede perecer, pues tenemos la promesa de Cristo. Cristo así lo manifiesta en multitud de ocasiones: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”; “buscad los bienes de arriba, no los de la tierra…”; “somos ciudadanos del cielo”. Estas enseñanzas las conocemos muy bien, aunque a veces muchos las olvidan. Todos estos textos nos recuerdan que nuestra existencia en la tierra es fugaz, y que no tenemos aquí una ciudad permanente.
En el momento actual vemos que la Iglesia está desolada; hay una situación real de apostasía, resultando difícil encontrar la verdadera doctrina. 
Para aquellos que piensan que la situación actual no es tan grave yo les diría: 
- La misma Sagrada Escritura nos habla que llegará un momento en el que surgirá el falso profeta, el cual engañará a muchos. 
- También nos dice en el profeta Daniel:
“Cuando veáis la abominación de la desolación sentarse en el lugar santo… sabed que el momento ha llegado”. Las profecías y señales acerca del fin del mundo siempre son oscuras, pero si las dijo Jesucristo fue para nosotros. No tendría sentido que nos ofreciera una serie de señales que nos hablaran del fin del mundo y luego nadie las pudiera interpretar ni conocer. Y es el mismo profeta Daniel quien nos avisa que esta situación de desolación durará hasta el final (Dan 9).
- El Santo Padre decía hace unos días que los comunistas piensan como los cristianos. Con todo el respeto, pero no hay compatibilidad alguna entre el comunismo y el cristianismo. Yo he sufrido en mi propia carne el comunismo, lo he estudiado profundamente, y sé lo que digo. 
- ¿Qué podemos hacer los cristianos ante tanta desolación y apostasía? El mismo Señor nos da la respuesta: “Cuando veáis que todo esto sucede, levantad las cabezas, pues se acerca vuestra liberación”, o, “los tiempos finales serán acortados en favor de los elegidos”, o, “para los que aman a Dios, todo lo que les ocurre es para su bien”
- Dios actuará en el momento oportuno. Recordad que, de Dios nadie se ríe. Y Dios siempre hará justicia. Así pues, ¿quién nos podrá separar del amor de Cristo? Hemos pues de confiar en su poder y en su amor. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Sea que vivamos, sea que muramos, del Señor somos”.
Si así lo hacemos, no tendremos confusión ni duda.
Padre Alfonso Gálvez
NOTA: Es de particular interés lo que dice el padre Alfonso sobre la «rigidez» y su importancia en la vida cristiana, porque está íntimamente relacionada con el amor de Dios.