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sábado, 31 de enero de 2026

«No sé si se lo había ganado o no» Cobo sobre el destierro del Padre Cantera



Las palabras importan. Y en boca de un cardenal, importan todavía más. Cuando en la transcripción de los audios publicados por Infovaticana el arzobispo de Madrid, José Cobo, se refiere a la expulsión del padre Santiago Cantera del Valle de los Caídos con un ambiguo “no sé si se lo había ganado o no”, no estamos ante una frase inocente ni improvisada. Es una expresión cínica, calculada y profundamente cobarde. Una de esas fórmulas que permiten insinuar sin afirmar, deslizar la sospecha mientras quien la pronuncia se lava las manos. Es la retórica del poder cuando no quiere asumir responsabilidad, pero sí dejar rastro.
Esto fue un momento original donde llega un prior, el antiguo prior, y nos dice: “Que nos echan”. No sé si se lo había ganado o no, pero sí: “que nos echan”.
Esa insinuación no es neutra. Deja caer, de manera deliberada, que un monje benedictino, fiel a sus votos, a su regla y a su conciencia, pudo “merecer” un destierro que lo obligó a abandonar la comunidad a la que había consagrado su vida. Insinuar eso es un ejercicio de cinismo insoportable. Es sugerir, sin pruebas ni argumentos, que la fidelidad puede ser culpa y que la coherencia puede ser motivo de castigo. Es aceptar como verosímil que un sacerdote ejemplar mereciera ser apartado por razones que no se atreve a formular con claridad, porque el único motivo por el que fue apartado el padre Cantera fue por la imposición de unos políticos inmorales.

Vamos a ser claros y a resolverle la duda al cardenal de Madrid: no, el padre Santiago Cantera no se lo merecía. No se lo merecía ni humana, ni espiritual, ni eclesialmente. El padre Cantera es un sacerdote fiel, un monje benedictino íntegro, un hombre que ha vivido conforme a sus votos y a su fe, sin dobleces ni cálculos. Posee una talla intelectual, académica, doctrinal y espiritual que debería ser espejo para muchos, no objeto de insinuaciones cobardes ni de comentarios al paso lanzados off the record para quedar bien con todos y no responder ante nadie.

Resulta especialmente hiriente que estas palabras procedan de quien ocupa la sede de Madrid no por un reconocimiento generalizado de méritos pastorales o intelectuales, sino como fruto de una designación ampliamente cuestionada, ajena al criterio de muchos de sus pares, del propio nuncio y de quienes conocen de cerca su trayectoria. No es una crítica personal gratuita, es una constatación: la mediocridad se delata cuando se pretende rebajar a quienes incomodan por su coherencia. Cuando falta autoridad moral, se recurre a la insinuación.

¿Quién es usted, José Cobo, para sugerir que un benedictino de la talla del padre Cantera “quizá” merecía verse forzado a romper sus votos por un destierro encubierto? ¿Quién es usted para deslizar la sospecha sin dar la cara, para manchar sin asumir, para protegerte tras la ambigüedad mientras otros cargan con las consecuencias? La Iglesia no necesita pastores que se limiten a “pasar por ahí”, ni prelados que actúen como notarios de decisiones ajenas, ni cardenales que adopten el lenguaje del poder político mientras vacían de sentido el lenguaje de la fe.

Lo ocurrido en el Valle de los Caídos no es un episodio menor ni un malentendido administrativo. Es una prueba de carácter. Y en esta prueba, las medias tintas, las frases cínicas y las manos lavadas no absuelven. La fidelidad no necesita defensa tibia. Necesita verdad. Y la verdad, en este caso, es sencilla y rotunda: el padre Santiago Cantera no merecía nada de lo que se le hizo. Quienes sí deberían dar explicaciones son otros.

Miguel Escrivá 

viernes, 30 de enero de 2026

EXCLUSIVA: Cobo admite ser el transmisor de la coacción de Sánchez a los benedictinos: «si no os echan, tenéis que hacer un proceso de conversión»



por Redacción | 29 enero, 2026


El cardenal de Madrid, José Cobo, participó recientemente en un encuentro off the record con periodistas seleccionados al que Infovaticana no fue invitado y, por tanto, no está sujeto a ningún compromiso de confidencialidad. Este medio ha tenido acceso al audio completo de dicha conversación y lo que en él se escucha aporta un contexto de enorme relevancia para comprender el papel desempeñado por el arzobispo de Madrid en el conflicto del Valle de los Caídos.

En ese audio, el propio cardenal Cobo explica con detalle cómo se desarrollaron las conversaciones internas en torno a la posible expulsión de la comunidad benedictina y al proyecto gubernamental de resignificación del recinto. Sus palabras, reproducidas de forma literal, no dejan lugar a interpretaciones forzadas ni a matices benevolentes. Dice el cardenal:

«Vamos a ver. Es que parece que el Valle de los Caídos o Cuelgamuros es el centro de la vida de la Iglesia y es que a Madrid… o sea, para nosotros, es que pasamos por ahí. O sea, la diócesis de Madrid es que pasamos por ahí. Digo porque no tenemos jurisdicción y porque esto fue un momento original donde llega un prior, el antiguo prior, y nos dice: “Que nos echan”. No sé si se lo había ganado o no, pero sí: “que nos echan”. No, quiero decir, porque hay una tensión muy fuerte. Bueno, pues voy a contar la historia».

A continuación, el cardenal relata una reunión clave en la que participaron el presidente de la Conferencia Episcopal, el nuncio apostólico, él mismo y el prior Santiago Cantera. En sus propias palabras:

«Entonces nos reunimos: presidente de la Conferencia, el nuncio, un servidor y el prior Cantera. Y entonces decimos: “Oye, que nos echan”. Y decimos: vamos a intentar dos carpetas. Carpeta uno: la comunidad; y carpeta dos».

Inmediatamente después introduce el elemento político:

«Pero es que, además de que nos echen, para la basílica hay un proyecto del Gobierno que le han llamado resignificación —que para el Gobierno son carpetas distintas, eh—, que está en marcha».

Es en este punto donde el cardenal explica su interlocución con la Santa Sede y con el nuncio, y donde aparece la frase que concentra toda la gravedad del asunto:

«Bueno, pues vamos a ver. Hablo con Santa Sede, hablo con el nuncio. Hay que conseguir dos cosas: primero, que no los echen. Y para eso me hablo con ellos y les digo: “Mira, si no os echan, a mí me han dicho que, si no os echan, tenéis que hacer un proceso de conversión”. Hasta luego, y yo me voy».

El cardenal añade a continuación:

«Y ellos dicen: “Hacemos un proceso de conversión”. Vale, se quedan. Pero yo ya no tengo nada que ver ahí».

La literalidad del testimonio es demoledora. El propio arzobispo de Madrid reconoce que la permanencia de los benedictinos en el Valle quedó condicionada a la aceptación de un supuesto “proceso de conversión”. Obviamente, se trata de un eufemismo, la «conversión» transmitida por Cobo no se trató de una exhortación espiritual ni de una llamada a la renovación interior propia de la vida cristiana, sino de una condición impuesta como moneda de cambio para evitar la expulsión. La pregunta resulta inevitable y el audio no ofrece respuesta: ¿conversión a qué? ¿En virtud de qué autoridad se exige un proceso de conversión a unos monjes benedictinos, católicos, bautizados, fieles a su regla, dedicados a la oración y a la vida contemplativa?

Conviene añadir, además, un matiz esencial: la comunidad benedictina del Valle no ha aceptado dócilmente ese chantaje ni ha asumido sin más el marco impuesto. Muy al contrario, los monjes se han mantenido firmes en la defensa jurídica de sus derechos, han recurrido las decisiones que consideran injustas y no están dando su brazo a torcer con la facilidad que sugiere el relato edulcorado de Cobo. La supuesta “conversión” de la que presume el arzobispo es, en el mejor de los casos, una interpretación unilateral y autojustificativa de alguien cuya credibilidad queda seriamente dañada por el propio audio: no habla un pastor preocupado por la verdad, sino un intermediario ansioso por presentar como éxito una claudicación que, en realidad, no se ha consumado.

El contexto político aclara el sentido real de la exigencia. Ese “proceso de conversión” aparece vinculado explícitamente al proyecto del Gobierno de Pedro Sánchez para resignificar el Valle, un proyecto ideológico y memorialista ajeno a la misión de la Iglesia y frontalmente hostil a la identidad histórica y religiosa del lugar. Bajo un lenguaje eclesial se encubre lo que, en la práctica, equivale a una exigencia de sumisión: aceptar el marco narrativo del poder político socialista o asumir las consecuencias. Lo grave y surrealista es que la correa de transmisión de esta coacción criminal fuese nada menos que el cardenal de Madrid.

El propio cardenal dice, además, que supuestamente la comunidad vivía una fuerte tensión interna y una beligerancia con el anterior prior, pero en ningún momento habla de desviaciones doctrinales, escándalos morales o desobediencia canónica que pudieran justificar una exigencia de conversión en sentido teológico. La “conversión” exigida no remite a Cristo, sino a un cambio de actitud frente al proyecto gubernamental. No es una llamada evangélica, sino un eufemismo cuidadosamente elegido para revestir de espiritualidad una presión política.

El audio al que ha accedido Infovaticana sitúa al cardenal Cobo en un papel difícilmente compatible con la función pastoral que le corresponde. No actúa como defensor de una comunidad religiosa amenazada, sino como intermediario y correa de transmisión de un chantaje explícito del poder político. Cuando un cardenal de la Iglesia asume como propia la lógica del Gobierno y la traduce al lenguaje de la conversión cristiana, no estamos ante un malentendido menor, sino ante una instrumentalización grave del lenguaje de la fe y una claudicación que exige una explicación pública y honesta ante los fieles.

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Nota de la redacción: InfoVaticana no se considera éticamente vinculada por el carácter “off the record” de este encuentro, al haber sido excluida de la convocatoria pese a ser el medio eclesial con mayor audiencia en España.

martes, 20 de enero de 2026

Cobo firmó intervenir la nave y la cúpula de El Valle de los Caídos sin tener jurisdicción para ello

INFOVATICANA



Lo verdaderamente grave del documento del 4 de marzo de 2025 publicado por El Debate no es solo la literalidad de unos términos que ya conocíamos por filtraciones y declaraciones públicas, sino lo que implica jurídicamente para la estructura de una Iglesia en la que, demasiadas veces, el Derecho se invoca cuando conviene y se ignora cuando estorba. Hasta ahora, el asunto se había presentado como el típico intercambio de impresiones entre Iglesia y Estado: conversaciones, reuniones, “se está trabajando”, “se está dialogando”… Un terreno pantanoso pero habitual. Sin embargo, el momento en que aparece un papel firmado y sellado por José Cobo, el relato cambia: esto deja de ser una conversación y pasa a parecer un acto de autoridad. La cosa cambia.

Porque el documento no se limita a expresar buena voluntad o a dejar constancia de un diálogo. En la práctica delimita zonas concretas en el interior de la basílica y establece un marco de intervención “museística” que incluye espacios tan esenciales como la nave o la cúpula. Y aquí está la clave: eso no es “acompañamiento” ni “facilitación”. Eso equivale a tomar decisiones de jurisdicción material sobre qué partes se consideran destinadas al culto y cuáles quedarían disponibles para un uso ajeno a la finalidad sagrada del lugar. En un templo católico, este tipo de distinciones no son un asunto de urbanismo ni de gestión patrimonial: son, ante todo, una cuestión de Derecho eclesiástico, de tutela de los lugares sagrados y de competencias reales.

Y entonces llega el choque frontal: después de firmar, Cobo hace declaraciones públicas (el 9 de abril, el 6 de mayo y en otras ocasiones a lo largo de 2025) en las que él mismo reconoce que no tiene jurisdicción sobre el Valle de los Caídos. Es decir, por un lado aparece estampando su sello como si pudiera aceptar un marco de intervención dentro de una basílica pontificia. Por otro, se presenta ante la opinión pública como alguien que no pinta nada ahí —o que, si pinta algo, es como colaborador externo— y que no tiene capacidad para decidir.

Ese es el punto donde la chapuza deja de ser confusa y pasa a ser escandalosa. 

¿Cómo es posible “mandar” en un papel y “no mandar” ante las cámaras?

Aquí hay tres opciones, y las tres son malas.

Primera opción: Cobo sí tenía algún tipo de mandato real, pero nunca lo ha explicado.

En ese caso, sus declaraciones públicas serían como mínimo equívocas: estaría diciendo “no tengo jurisdicción” cuando en realidad estaría actuando con una competencia delegada. Pero si esto fuera verdad, lo razonable —en un asunto tan sensible— sería que existiera algún respaldo verificable: un decreto, una delegación, una autorización expresa de la Santa Sede, o al menos una habilitación formal que justificara por qué el cardenal de Madrid aparece aceptando términos que afectan al interior del templo. Sin embargo, no consta de ninguna manera esa autorización para aceptar esos términos. InfoVaticana ha contactado con la Archidiócesis de Madrid y no se ha podido confirmar la existencia de un mandato, alegando que no consideran necesario o adecuado dar explicaciones sobre procedimientos internos.

Segunda opción: Cobo no tenía jurisdicción (como él mismo admitió públicamente), pero firmó igualmente.

Y entonces la cuestión deja de ser una mera polémica mediática para convertirse en un problema canónico. Porque si un obispo firma un documento sobre un asunto sobre el que no tiene competencia, lo que hace no es “ayudar”: lo que hace es invadir la competencia de la autoridad legítima. Y esto no es un tecnicismo: en la Iglesia, ejercer autoridad donde no se tiene es siempre gravísimo. En términos llanos, puede calificarse como una usurpación de funciones o, como mínimo, una extralimitación de enorme magnitud.

Tercera opción: no es que Cobo tenga o no tenga jurisdicción: es que el Gobierno necesitaba una firma “de Iglesia” y la encontró.

Esta hipótesis es la más inquietante, porque convertiría el documento en una operación de legitimación: se toma a un representante eclesial de alto rango, se obtiene su firma y se presenta el resultado como “la Iglesia ha aceptado”, aunque por dentro haya conflicto, aunque la comunidad benedictina se oponga y aunque Roma no haya dado su autorización explícita.

En resumen: o miente, o se excede, o le usan. Y ninguna de las tres deja bien parado al cardenal.

¿Miente? El problema de credibilidad

Cuando Cobo dice públicamente en abril y mayo de 2025 que él no tiene jurisdicción sobre Cuelgamuros, su mensaje es claro: “no depende de mí”. Pero el documento del 4 de marzo opera en sentido contrario: actúa como si, al menos en la práctica, sí dependiera de él dar por bueno un marco que afecta al interior de la basílica.

No estamos hablando de una frase ambigua ni de una opinión. Estamos hablando de un papel firmado que puede utilizarse para justificar una intervención dentro del templo. Un documento así tiene efectos: sirve para empujar actuaciones, para abrir puertas, para sostener decisiones, para vender un relato.

Por eso la contradicción es letal: si el cardenal no manda allí, ¿por qué firma como si pudiera decidir? Y si podía decidir, ¿por qué insiste después en que no manda?

¿Usurpa funciones? El problema jurídico

En Derecho Canónico hay algo que no se puede maquillar: la autoridad se ejerce con competencia real. Y cuando un clérigo actúa como si tuviera un poder que no tiene, se abre la puerta a un problema disciplinario y penal canónico por abuso de potestad o ejercicio indebido del oficio.

En palabras más simples: si Cobo no era competente y aun así “autorizó” o aceptó condiciones sobre el interior de la basílica, habría actuado como autoridad sobre un lugar sagrado sin serlo. Eso no es colaboración. Es invadir una competencia que no le pertenece.

Con benedictinos en contra y Roma ausente, el escándalo es mayor

A la contradicción de Cobo se suma un elemento que lo agrava todo: la comunidad benedictina está explícitamente en contra y ha tomado caminos de resistencia judicial. Si el actor que vive, reza y sostiene la vida litúrgica del lugar rechaza el marco, es imposible sostener que existe un “sí eclesial” armónico.

Y mientras tanto, no consta autorización de la Santa Sede, justo en un momento en el que el Papa Francisco atravesaba una situación de salud que hace poco creíble que estuviera dirigiendo en persona un expediente tan delicado, detallado y políticamente explosivo. Eso no significa que Roma no pueda actuar: significa que, si realmente existía un mandato, debería notarse. Y por ahora lo que se ve es otra cosa: un silencio que deja la firma de Cobo en el aire.

Una chapuza de órdago: el efecto práctico es devastador

El resultado final es el peor posible: el Estado obtiene un papel que puede vender como “la Iglesia acepta”, mientras el propio firmante se escuda después en que “no tiene jurisdicción”. Es una fórmula perfecta para que nadie asuma responsabilidad y, al mismo tiempo, la resignificación avance.

Y ese es el escándalo: que la posición de la Iglesia en el Valle de los Caídos no se defiende con un acto claro, limpio y jurídicamente impecable, sino con una mezcla de maniobra política, firma útil y contradicciones públicas.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Alberto Barcena y la verdadera historia del Valle de los Caídos




Duración 50 minutos

Cientos de católicos rezan el rosario en el Valle de los Caídos y anuncian nueva convocatoria para el 23 de noviembre



El pasado domingo 16 de noviembre, varios cientos de fieles acudieron al Valle de los Caídos para rezar el rosario en defensa de la basílica, la comunidad benedictina y la inviolabilidad de los templos. El acto, convocado espontáneamente por laicos, reunió a católicos procedentes de distintos puntos de España, que rezaron ante la Cruz y la imagen de la Virgen de la Piedad.

La convocatoria se difundió principalmente en redes sociales y, según los presentes, la asistencia superó con creces la esperada. Muchos de los participantes habían acudido a la misa previa de las 11:00 antes de trasladarse a la explanada para el rezo público del rosario.

“No lo ha organizado ninguna asociación: esta iniciativa nace de los fieles”

En una declaración difundida tras el evento, José Andrés Calderón, uno de los convocantes, explicó que la iniciativa no procede de ninguna plataforma, colectivo ni asociación, sino de católicos particulares: “El rosario del pasado domingo no lo ha organizado ni promovido ninguna organización. Hemos sido católicos de a pie los que decidimos hacer un llamamiento a todos los españoles”, señala en una nota aclaratoria en su cuenta de X.

Calderón subraya que la intención es rezar por España, por la Iglesia y por la defensa del Valle ante las amenazas de “profanación” y la presión política sobre la basílica y sobre la comunidad benedictina. También se rezó por el Papa León XIV y el Colegio Cardenalicio, recordando que los concordatos firmados por la Santa Sede reconocen la inviolabilidad de los templos en España.

Tensión en los accesos: cierre de entradas y multas a los fieles

La jornada estuvo marcada por incidentes que han generado malestar entre los asistentes. Según la declaración, Patrimonio Nacional y agentes de la Guardia Civil impidieron la entrada al recinto desde las 11:00, dejando a decenas de coches fuera del Valle. Varios fieles denunciaron haber recibido multas y la retirada de puntos del carné de conducir por intentar acceder al lugar para asistir a Misa o rezar el rosario.

El organizador calificó la situación de “lamentable” y denunció que muchos católicos fueron tratados como infractores simplemente por querer rezar en un recinto sagrado. Pese a ello, destaca que los fieles mantuvieron la calma y el silencio propio del acto religioso.

El comunicado de la comunidad benedictina: “El rosario no puede usarse para otro fin”

En los días previos al acto, la comunidad benedictina del Valle de los Caídos emitió un comunicado dirigido “a los fieles y a los organizadores”, en el que aclaraba que la concentración anunciada para el 16 de noviembre no había sido autorizada por la abadía. Los monjes recordaban que, según la costumbre de la basílica, el santo rosario se reza cada domingo a las 10:30, antes de la misa de las 11:00, y que después de la misa de las 13:00 se expone el Santísimo para adoración eucarística.

La comunidad pedía “encarecidamente” que los fieles se abstuvieran de ocupar la entrada exterior del templo, afirmando que el rosario “no puede ser utilizado con otro fin que no sea la gloria de Dios y la salvación de las almas”. Al mismo tiempo, invitaban a todos a unirse a la oración del rosario dentro de la basílica y a la adoración eucarística habitual de los domingos.

Calderón expresó su desconcierto ante el comunicado y lamentó que la abadía no emitiera comunicados similares cuando el Valle sufrió acciones de carácter político o cuando su integridad fue vulnerada por actos radicales. Esta crítica, sostiene, nace de la preocupación de numerosos católicos que perciben que la defensa del Valle recae hoy principalmente sobre los laicos.

Una nueva convocatoria para el 23 de noviembre

Tras la masiva asistencia del 16 de noviembre, los organizadores —de nuevo, católicos particulares sin estructura asociativa— han convocado un nuevo rosario el domingo 23 de noviembre. La cita será a las 12:15 en la explanada de la basílica, después de la misa de las 11:00, según el anuncio difundido en redes sociales.


El llamamiento insiste en que la defensa del Valle de los Caídos es una responsabilidad espiritual de los católicos, no un acto partidista. Para sus impulsores, solo la oración perseverante y visible será capaz de proteger un recinto que consideran sagrado y hoy amenazado por decisiones políticas que afectan a su identidad y a la libertad religiosa.



José Andrés Calderón


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miércoles, 16 de abril de 2025

Cuenta atrás para que Sánchez destruya el Valle de los Caídos: Mayo de 2026



Duración 15:36 minutos

El Valle de los Caídos. Por fin un documento firmado




Los rumores, los líos, las explicaciones, los desmentidos y las matizaciones no son más que una forma de explicar sin hacer públicos los documentos. Sabemos que el cardenal secretario de estado del Vaticano, Parolin, y el ministro de la presidencia de España, Bolaños, firmaron un acuerdo para la resignificación de todo el conjunto del Valle de los Caídos, hoy de Cuelgamuros. Acuerdo cuyo contenido desconocemos. Sí que lo hay, pero nada más.

Conocemos lo que se nos ha dicho: que se garantiza la permanencia de la cruz, y que seguirán la comunidad benedictina y el culto en la basílica. Lo que se nos ha dicho. Pero nos falta mucha documentación que aclare lo que llega en rumorología. Por ejemplo, lo que hacía referencia al prior, P. Santiago Cantera, cuya salida del Valle, según él mismo, les fue impuesta, que sería bueno saber por quién.

También sabemos que hubo filtraciones de las notas o cartas intercambiadas entre el ministro Bolaños y el cardenal Cobo, pero no el contenido exacto de las mismas.

Es decir, hay un acuerdo Parolin - Bolaños, del que no conocemos más que la existencia, y un intercambio Bolaños - Cobo que más de lo mismo.

Ayer hemos podido conocer el primer documento oficial sobre el asunto: el pliego de condiciones para la resignificación del Valle de los Caídos. Esto no son rumores ni explicaciones generales.

Entre otras cosas en este pliego podemos leer lo siguiente:

El pasado 4 de marzo de 2025 se suscribió un Acuerdo entre los representantes de la Iglesia Católica y del Gobierno de España, representado este último por el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, por el que se estableció el alcance de los proyectos, que deberán respetar los siguientes grados de intensidad de la intervención.

Es decir, que todo lo que se va a llevar a cabo, especialmente en la basílica, está aceptado por los representantes de la Iglesia católica, se supone que es lo firmado con Parolin.

1. En el interior de la Basílica, el Altar y las bancadas adyacentes se conservarán como espacios destinados al culto religioso. Por ello, las intervenciones para la resignificación de carácter artístico y museográfico no alcanzarán dichos espacios.

Altar y bancadas adyacentes. ¿Dos, tres, cinco, doscientas?

2. El resto de los espacios del interior de la Basílica (vestíbulo, atrio, espacio intermedio, nave desocupada, cúpula (pero sin Altar) y capillas del Santo Sepulcro y del Santísimo) no están destinados al culto y podrán ser objeto de intervenciones de naturaleza artística y museográfica para la resignificación del lugar. Dichas intervenciones serán compatibles con la celebración de actos de culto en el espacio del Altar y de las bancadas adyacentes.

Sigo. Según el acuerdo firmado con la Iglesia, eso al menos dice el gobierno, todo lo demás no está destinado al culto. ¿No está destinada al culto la capilla del Santisimo?

3. En el exterior de la Basílica, en el ámbito de la gran plaza/explanada, se ubicará el centro de interpretación. Se recomienda explorar los condicionantes físicos del subsuelo para su posible implantación bajo rasante.

Como no conocemos todos los documentos, a uno le vienen a la cabeza unas cuantas preguntas. Por ejemplo, ¿lo de dejar reducida la basílica al altar y unas cuantas bancadas adyacentes, cargándose hasta la capilla del Santísimo, lo ha aceptado la Iglesia o es una triquiñuela más del gobierno? ¿La salida del P. Cantera fue algo normal de cambio de comunidad (si puede ser considerado normal saltar por encima del voto de estabilidad) o una imposición de quién y para qué? ¿El acuerdo Parolin - Bolaños es una simple concesión de la iglesia o contempla algún tipo de contraprestación como es normal cuando hay acuerdos? ¿Y en ese caso, qué ha ofrecido el gobierno? ¿Cuál es el contenido de las notas intercambiadas Bolaños - Cobo?

Estoy convencido de que con los documentos en la mano todo quedaría claro. Y hoy por hoy lo único por escrito y con acceso público son las bases para el proyecto de resignificación, en las que se dice claramente que la basílica queda reducidísima a un altar y unos bancos. No dejan ni la cúpula. ¿Esto lo ha aceptado expresamente la Iglesia como se dice en el proyecto? Si es verdad, que nos digan a cambio de qué, si es que hay un “de qué". Si no lo es, lo desmientan.

Jorge González Guadalix

martes, 15 de abril de 2025

La Iglesia vs el Valle de los Caídos, por Luis Felipe Utrera Molina


EL ESPAÑOL DIGITAL


Luis Felipe Utrera-Molina es licenciado en Derecho y Asesoría de Empresas por la Universidad Pontificia de Comillas, socio del prestigioso bufete J.Y. Hernández-Canut Abogados y árbitro de las Cortes de Arbitraje de Madrid, Corte Española de Arbitraje y de la Corte del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid.La Duquesa de Franco designó a Luis Felipe como albacea universal y contador partidor de su herencia.

¿A qué atribuye esa obsesión del gobierno con el Valle de los Caídos y lo que significa?


El Gobierno busca fundamentalmente dividir a los españoles con objeto de anatemizar a una parte de los ciudadanos y fidelizar a los votantes de izquierda, evitando que puedan “contaminarse” con todo lo que signifique la derecha sociológica de España. Para dividir han utilizado dos armas que para mí son verdaderamente satánicas: el odio y la mentira. Son las tres patas de la estrategia del gobierno (división, mentira y odio). Con la mentira y el odio han logrado la división, incluso la división entre los fieles católicos.

Yo ya predije este ataque al Valle tras la profanación de Franco. Muchos obispos pensaron que ya les dejarían en paz y yo les dije que no sabían con quién se estaban jugando los cuartos. El Gobierno tiene clarísimos sus objetivos y no van a parar hasta conseguirlos. Al otro lado no tienen a nadie con la firmeza necesaria para defender lo que nos es propio, un templo, un lugar de culto y su entorno.

¿Por qué resignificar el Valle sería reescribir la Historia?

La resignificación no es más que un eufemismo. Quieren utilizar nuestras propias obras para someternos a una denigración. Buscan utilizar un lugar sagrado para maldecirlo. Pretenden defender un relato absolutamente falsario de la historia y buscar el enfrentamiento y no la reconciliación, como era el espíritu inicial y fin con el que se construyó. Nos quieren hacer recordar que una mitad de españoles masacró a la otra mitad, en definitiva convertir el Valle en un museo de los horrores del franquismo. Buscan la caricaturización y demonización de toda una época. No podemos permitir que vuelvan a enfrentar a los españoles porque asegura la hegemonía cultural y una falsa superioridad moral de la izquierda. La derecha se ha plegado a la izquierda durante mucho tiempo sin poner pie en pared y ya es tiempo de reaccionar.

A nivel legal el hecho de que el Valle pertenezca a Patrimonio Nacional, ¿les da el poder de hacer lo que quieran? ¿Qué límites legales hay?


El tema de la titularidad se está utilizando de forma torticera, pues aquí no hay problema de titularidad sino de jurisdicción. El Valle de los Caídos, al ser una basílica y un lugar de culto, goza de inviolabilidad tal y como consagra el artículo 1-5 de los acuerdos Iglesia y Estado del año 1979. La inviolabilidad significa que el Estado y sus agentes carecen de jurisdicción para realizar actuación alguna sin permiso de la autoridad del recinto.

El problema para ellos es que la autoridad de la basílica estaba en el prior, el Padre Santiago Cantera. Roma ha negociado con el Estado que ellos tomen esa decisión sobre el cese del prior renunciando a la autoridad que les corresponde, como sucede con la Iglesia en China. No se puede justificar esta negociación. No tengo ninguna duda de que el objetivo final será derribar la Cruz. Ellos avanzan por erosión ante la debilidad de la Iglesia, que no defiende lo propio.

¿Cómo valora la destitución del Padre Santiago Cantera?

Lo más doloroso, humillante e inexplicable es que la Iglesia haya permitido que el Estado influyese en la destitución del Padre Cantera y se le haya desterrado del Valle, pese al voto de estabilidad que tienen los benedictinos. Me parece especialmente grave que un obispo sugiriese que el prior haya accedido voluntariamente a su cese para facilitar las cosas. Esto es mentira. El Padre Cantera ha sido desterrado y le han obligado a irse y han dado órdenes a los obispos de no declarar nada al respecto, igual que pasó en la exhumación de Franco.

Pienso que se han excedido todos los límites y a mí se me han quitado las ganas de respetar a quién no se hace respetar, de respetar a quién, siendo pastor y teniendo que dar ejemplo, ha contribuido con el mal permitiendo que triunfe. No me vale de nada que el arzobispado de Madrid saque una nota triunfalista en la que nos vendan la idea de que ha conseguido salvar la Cruz y a los benedictinos. Si seguimos así, creo que lo mejor que podemos hacer es volar la Cruz nosotros para evitar que el Valle se convierta en un museo de los errores y un espacio de odio y enfrentamiento entre españoles.

¿Debería ser declarado cuanto antes el Valle, Bien de Interés Cultural para blindarse contra futuros abusos de poder?

La Comunidad de Madrid tiene una responsabilidad enorme porque desde el primer momento ha hecho dejación de su responsabilidad, pues sin duda ninguna es competente para declarar el Valle de los Caídos como Bien de Interés Cultural. Esto es así mientras la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos no haya sido extinguida. El problema es que no hay voluntad política de hacerlo. La excusa que dio la Comunidad de Madrid es que la Ley de Memoria Democrática prevé la extinción del Valle de los Caídos, el ejercer la competencia supondría una deslealtad institucional al Gobierno de la nación. Esto lo tiene que saber todo el mundo porque es muy grave.

Plataforma 2025 y otras asociaciones tratan de organizar la resistencia contra los ataques al Valle. Pero, ¿Qué debemos hacer los españoles?

Primero tenemos la obligación de denunciar públicamente lo que es una actuación moralmente ilícita por parte de la jerarquía de la Iglesia. Los católicos tenemos que ser conscientes de que la Iglesia no solo es la jerarquía sino somos todos los fieles. La Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo ha sobrevivido 2025 años, a pesar de los errores de la jerarquía. 

 

Los católicos seglares debemos de ser conscientes de que somos Iglesia y de que tenemos derecho a denunciar actuaciones que nos parecen contrarias a la moral y a los principios de caridad. La Iglesia está renunciando a defender lo que es propio de todos los católicos. No podemos permanecer callados ante una verdadera infamia como es dejar en manos de los que representan el odio y el mal un lugar sagrado que se erigió para el hermanamiento y la reconciliación bajo la Cruz y los brazos de la Virgen. El cardenal Osoro me dijo algo que me dejó estremecido. El Gobierno le había pedido por carta que deshiciese la bendición que en su día se había hecho del panteón de hombres ilustres. Esto me parece algo satánico porque denota que no les es indiferente, que saben de la existencia de Dios y que les molesta lo sagrado. El cardenal Osoro les dijo que evidentemente él no podía deshacer ninguna bendición del pasado.

Javier Navascués

El gobierno pretende que el Valle de los Caídos se asemeje al Memorial del Holocausto de Berlín



El Ministerio de Vivienda del gobierno social-comunista de España ha convocado un certamen que busca transformar el conjunto monumental del Valle de los Caídos en un espacio inspirado en referentes internacionales como el Memorial al Holocausto de Berlín. La Basílica será gravemente alterada por la transformación. De hecho, sólo se salvará el altar. El resto, incluidas las capillas del Santísimo y el Santo Sepulcro se verán afectadas.

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(InfoCatólica) El Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana ha convocado un concurso internacional de ideas para la resignificación del Valle de Cuelgamuros. El certamen pretende reactivar el conjunto monumental y su entorno desde una perspectiva artística, arquitectónica y paisajística, con el fin de convertirlo en un lugar que refleje las tesis históricas e ideológicas del propio gobierno.

Memorial del Holocausto

El objetivo del concurso es seleccionar propuestas que proporcionen una nueva mirada sobre el conjunto ubicado en San Lorenzo de El Escorial (Madrid), siguiendo el modelo de actuaciones internacionales como el Memorial al Holocausto de Berlín, de Peter Eisenmann. Según el Ministerio, se trata de una apuesta por transformar un espacio con una fuerte carga simbólica e histórica en un ámbito de «aprendizaje, encuentro y proyección hacia el futuro».
En ese sentido, conviene recordar que, efectivamente, en España los católicos sufrieron algo muy parecido a un holocausto, cometido por parte de la izquierda durante la II República y la Guerra Civil, cuando miles de mártires -obispos, sacerdotes, frailes, monjas y seglares- fueron asesinados por odio a la fe
La iniciativa se desarrollará en torno a tres grandes proyectos: un proyecto de resignificación, que actuará sobre todo el conjunto monumental; un proyecto arquitectónico, centrado en el diseño de un centro de interpretación para exposiciones y restauración; y un proyecto de musealización, que articulará el discurso expositivo tanto en dicho centro como en el interior de la basílica.
Innovador e inclusivo

El Ministerio señala que las propuestas deberán garantizar un enfoque respetuoso, innovador e inclusivo, alineado con los principios de la memoria democrática y los Derechos Humanos, que exactamente lo contrario de lo que representaron los antepasados políticos e ideológicos del actua goberno. Se ha indicado que se valorará especialmente la incorporación de soluciones alejadas de los planteamientos conmemorativos tradicionales.

El ámbito de actuación comprende todo el conjunto del Valle de Cuelgamuros, incluyendo elementos como el Mirador de la Cruz —de 150 metros de altura—, la Basílica excavada en la roca, la Exedra con veinte arcos clásicos, y la gran Explanada de 30.600 m², organizada en terrazas y escalinatas.

Lo que dijo la CEE

Cabe recordar que el Secretario General y Portavoz de la Conferencia Episcopal Española, explicó de la siguiente manera el acuerdo al que había llegado la Iglesia con el gobierno:

«El planteamiento que presentó la Iglesia fue la conservación siempre de la Basílica y el mantenimiento del culto católico en el lugar, como lugar de oración por la paz, la reconciliación y por todos los caídos en la nefasta guerra civil española. Segundo, la presencia de una comunidad monástica en el lugar para atención de la Basílica; y tercero, que la Cruz no se podía destruir, puesto que es una expresión del amor, de la entrega, del perdón por parte de Jesucristo».

Actuaciones en la Basílica: solo se salva el altar

El pliego del concurso para la resignificación establece límites claros en torno al altar mayor de la basílica, un espacio que permanecerá inalterado en virtud de su función litúrgica. Según el documento, este elemento central del conjunto monumental no podrá ser objeto de intervenciones artísticas ni museográficas en el marco del proyecto de resignificación.

Sin embargo, sí se podrá actuar sobre las Capillas del Santo Sepulcro y del Santísimo. Así se lee en la página 44 del pliego:

«El resto de los espacios del interior de la Basílica (vestíbulo, atrio, espacio intermedio, nave desocupada, cúpula —pero sin Altar— y capillas del Santo Sepulcro y del Santísimo) no están destinados al culto y podrán ser objeto de intervenciones de naturaleza artística y museográfica para la resignificación del lugar. Dichas intervenciones serán compatibles con la celebración de actos de culto en el espacio del Altar y de las bancadas adyacentes».

Resulta altamente significativo que se considere que unas capillas no están destinadas al culto. ​

Dos fases

El concurso se celebrará en dos fases. En la primera, que durará dos meses, se seleccionarán hasta diez propuestas finalistas. En la segunda, también de dos meses, los finalistas presentarán versiones desarrolladas de sus ideas, y el jurado elegirá la ganadora. En total, se estima una duración de seis meses para el desarrollo completo del certamen, tras el cual se formalizará un contrato con la propuesta seleccionada.

lunes, 14 de abril de 2025

De Cruzada a Guerra Civil Por Rodrigo Menéndez Piñar


He querido esperar un tiempo ─con el sosiego de unos días de reflexión y de conocimiento de las diversas noticias y artículos─ hasta escribir sobre el pacto del Gobierno con las autoridades eclesiásticas sobre El Valle de los Caídos, su “resignificación” y la “salvaguarda” del culto y de la simbología religiosa del gran monumento.

Cualquier persona con sentido común repararía en el espíritu de revanchismo, odio y venganza que mueve a sus promotores, siendo un paso más a la exhumación forzosa de los restos mortales de Francisco Franco y otras análogas. Y, también, cualquier persona con sentido común se daría cuenta de la poca y frágil ─¿quizá ninguna?─ oposición a estos atropellos por parte de la jerarquía eclesiástica. Se intentará dilucidar si esto último se debe a ciertas concesiones para evitar consecuencias indeseables ─la ausencia de explicaciones no ayuda a clarificarlo─; si a un simple y llano sometimiento a la presión gubernamental; o si, incluso, a una cierta anuencia ideológica para que la Igleisa sea aceptable para la democracia. Habría que considerar la hoja de ruta, dizque marcada por Roma, siendo quizá la actuación de la jerarquía española un simple reflejo de lo dictado por instancias superiores. Además, se debería preguntar a la orden benedictina en qué medida se resistió, pues tiene una responsabilidad directa sobre “lo suyo” ─mucho más suyo que del arzobispo de la capital, por ejemplo─. En todo este proceso habrá informaciones sesgadas ─como la “salida impuesta” de Santiago Cantera de la comunidad benedictina─ o lecturas parciales, destacando la “unanimidad” dentro de la Conferencia Episcopal. Todo lo anterior lo dejo a mejores conocedores en la materia que quien suscribe, sin quitar nada a las muchas y muy acertadas plumas que van saliendo a la palestra.

A mi modo de ver, mucho antes de las leyes de “memoria histórica o democrática” se ha dado una reelaboración falsaria de los acontecimientos de la contienda bélica de 1936-1939. De aquí viene todo, no nos engañemos. Y mucho antes de las “resignificaciones” que se van produciendo con la colaboración del estamento eclesial ─sea de omisión, tácita o, incluso, positiva─ ha habido un giro copernicano en la consideración del papel que desempeñó en la guerra la fe católica y el apoyo moral de la jerarquía, tanto romana como española.

La guerra comienza tras un tiempo de terribles vejaciones y tropelías en el último período de la República contra el alma de España, cuyo principio configurador no es otro que la fe católica. Se produce, providencialmente, un levantamiento cívico-militar para restaurar el orden y la justicia y para defender los fundamentos de la civilización cristiana. No se trata de una guerra de odio fratricida o de querellas entre hermanos, sino de la difícil y peligrosa tarea de defender y restaurar los derechos y el honor de Dios y de la Religión (Pío XI, 14 de septiembre de 1936) frente al comunismo, que en España no ha derribado alguna que otra iglesia, algún que otro convento; sino que, siempre que le fue posible, destruyó todas las iglesias, todos los conventos y hasta toda huella de religión cristiana, aunque se tratase de los más insignes monumentos del arte y de la ciencia. El furor comunista no se ha limitado a matar Obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, escogiendo precisamente a los que con mayor celo se ocupaban de los obreros y de los pobres: sino que ha hecho un número mucho mayor de víctimas entre los seglares de toda clase, que aún ahora son asesinados cada día, en masa, por el mero hecho de ser buenos cristianos o, al menos, contrarios al ateísmo comunista (Pío XI, 19 de marzo de 1937).

Cuando terminó la guerra, las primeras palabras de la Santa Sede ─en este caso ya Pío XII─ fueron las siguientes:
Con inmenso gozo Nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la Católica España, para expresaros Nuestra paterna congratulación por el don de la paz y de la victoria (la negrita es mía), con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y caridad, probado en tantos y tan generosos sufrimientos […]. La Nación elegida por Dios como principal instrumento de evangelización del Nuevo Mundo y como baluarte inexpugnable de la fe católica, acaba de dar a los prosélitos del ateísmo materialista de nuestro siglo la prueba más excelsa de que por encima de todo están los valores eternos de la religión y del espíritu […]. Persuadido de esta verdad el sano pueblo español, con las dos notas características de su nobilísimo espíritu, que son la generosidad y la franqueza, se alzó decidido en defensa de los ideales de la fe y la civilización cristianas, profundamente arraigados en el suelo fecundo de España; y ayudado por Dios, «que no abandona a los que esperan en Él», supo resistir al empuje de los que, engañados con lo que creían un ideal humanitario de exaltación del humilde, en realidad no luchaban sino en provecho del ateísmo (Pío XII, 16 de abril de 1939).
Esta posición de la Santa Sede no era sino un coronamiento de la posición moralmente unánime del episcopado español, que quedó consignada de manera precisa en la famosa Carta colectiva del 1 de julio de 1937, encabezada por el primado de España, el cardenal Gomá. No es necesario reproducir los largos pasajes de esa carta que todos pueden leer con tranquilidad. Sirvan de ejemplo de la toma de postura de la jerarquía unas palabras de Gomá en otra ocasión. Cuando se liberó Toledo el 27 de septiembre de 1936, el arzobispo de la sede toledana, envió un mensaje radiofónico con una clara consigna de gozo y alegría: ¡Toledo es nuestro! Es un mensaje lleno de regocijo, pero a la vez profundo y grave, pues daba cuenta de que a Toledo se le iba a arrancar su alma cristiana, porque iba a ser de los sin Dios o contra Dios; y sin Dios, sin Jesucristo nuestro Dios, le falta a Toledo el espíritu que la vivifique y la clave que interprete sus maravillas. Toledanos, albricias: Toledo vuelve a ser nuestro. Al difundirse ayer la gran nueva se llenó España de júbilo; porque en Toledo radica el espíritu genuinamente español. Ella es el centro espiritual de nuestra patria. Es la ciudad de los Concilios, de la unidad católica, del cristianísimo imperio español, que tuvo su trono en el Alcázar. Ahí, en Toledo, se apoyó y se movió durante siglos el resorte de todas nuestras grandezas.

Alguno podría pensar que estas declaraciones son una cesión a la epopeya ideológica que pretende justificar las propias acciones. El mismo Gomá, con el conocimiento que da el tiempo y las circunstancias, escribió un artículo casi dos años después en el que señala en qué se concretaba esta lucha de cosmovisiones irreconciliables:
Mientras en el Alcázar se escribía una epopeya incomparable, la ciudad era presa de tragedia horrenda. El robo y el pillaje, organizados por bandas de ladrones, «científicos» y vulgares; matanzas en masa de ciudadanos pacíficos, el cogollo de la Ciudad Imperial. ─«Pero ¡si va lo mejor de la ciudad!»─ decía una sencilla mujer, a la vista de un grupo numerosísimo de ciudadanos que iban a ser fusilados; la tortura de unas semanas interminables, vivida entre todos los horrores; la conmoción tremenda, por tres veces, del peñón en que la ciudad se asienta, causada por la explosión de las minas del Alcázar; la orgía callejera, infernal, que parecía el canto del triunfo definitivo de la barbarie sobre la civilización cristiana de siglos, encarnada en nuestra ciudad… (18 de agosto de 1938).
La consideración moral de la guerra es clara: una Cruzada en defensa del orden natural y cristiano frente a las fechorías y desmanes de sus enemigos. Claro que las autoridades de entonces no obviaban que una guerra siempre trae gravísimos males y hay que evitarla, mientras sea posible. Por eso, se esforzaron por la conquista de una paz estable en la que hubiese una reconciliación entre los españoles. Signo preclaro de esa reconcilación es la gran cruz de El Valle de los Caídos y el extraordinario complejo monumental que alberga a los de un bando y de otro. Pero es una paz, fruto de la victoria; es una España reconciliada, fruto de haber regado sus campos con la sangre de sus mejores hijos; y es una Cruz imponente, fruto de no haber arriado la bandera de Cristo, esencia de nuestra Patria. Esto es lo que no se puede olvidar.

No es que la Iglesia “tomase postura” o “eligiese un bando”. Ni siquiera es que se viera obligada por la persecución a ponerse bajo el amparo del bando sublevado. Es que la misma vida de la Iglesia ─si de verdad nos creemos eso de que “la Iglesia somos todos los cristianos”─ desencadenó un alzamiento en defensa de Dios y de España, tomando cada uno el papel que le pudiera corresponder: los sacerdotes y religiosos rezando, atendiendo espiritualmente al pueblo y sufriendo el martirio con caridad heroica; los militares cumpliendo con su deber de defender a España; los seglares de todo tipo y condición: unos tomando las armas, otros ayudando en todo lo posible fuera del frente; los obispos ─sufriendo doce de ellos el martirio─, fortaleciendo moralmente a sus ovejas, a la vez que procurando todas las posibles gestiones materiales y diplomáticas para atenuar los efectos devastadores de una guerra…; pero todos ellos católicos, todos ellos Iglesia. Esto es lo que no se puede olvidar.

Podrían multiplicarse tanto los testimonios históricos que no se acabaría este artículo. Solo queda hacer un llamamiento y poner verdad en las conciencias para que no olviden lo que no se puede olvidar. No es cuestión ni de equilibrios ni de polarizaciones o sandeces memocráticas. Es una cuestión de verdad histórica, con los matices que pueda adquirir esa presentación de la verdad con el paso del tiempo. El día en que una gran parte del estamento eclesial y del pueblo español olvidaron esto, ese día se pusieron los cimientos de los pactos y las resignificaciones.

Y ese día fue hace décadas. A qué quejarse tanto del presidente del gobierno o del arzobispo de la capital, a no ser que en esta queja se incluyan los trabajos sistemáticos de “resignificación” tras la muerte de Franco ─incluso antes─. A qué tanta queja, si la mayoría ha estado muy a gusto con el Estado desde la Transición, rompiendo así con los siglos de historia hispánica. Fue esa historia y ese alma de España lo que se defendió el 18 de julio; y sus vestigios ─vestigios, sí, pues así los quiso la mayoría democrática─ son hoy los atacados en El Valle de los Caídos. Por eso es tan simbólico y tan trascendente.

No es la ofensiva a una persona que gobernó 40 años España, sino a lo que representa; no es un mero símbolo religioso, por muy grande que sea, lo que molesta, sino lo que ese símbolo y esa obra representan: la esencia de España. Y, antes de los enemigos de hoy, los “amigos” de ayer olvidaron y renegaron de España, porque lo hicieron de la Cruzada. Señalemos las causas, no sólo las consecuencias.

Es triste ver cómo los enemigos tienen más razón que muchos de “los nuestros”, pues nos atacan porque nos consideran defensores de un orden político cristiano que ha vivificado la historia de España; mientras que “los nuestros” reniegan de aquello que se les achaca, pasando por abogados del consenso democrático. ¿No sería más noble reconocerse hijos y descendientes de los grandes del pasado? Si sólo insistimos en que la Cruz es signo de reconciliación, como una especie de mantra del olvido, ignorando quiénes lucharon por esa Cruz, nos colocamos en una posición inexistente. Hay que elegir entre la barbarie y la civilización. Nuestros antepasados tuvieron que elegir, incluso cuando esa elección tenía graves y dolorosas consecuencias.

¡Despierta pueblo español! Has caído en la trampa de que hubo una guerra civil que hay que olvidar. Esa ha sido la desgracia: la hemos olvidado. Ellos no. La historia no se olvida, sino que se aprende de ella. Una lección de la que puede ser un símbolo representativo Francisco Franco. Más allá de los juicios propios que de todo su gobierno se puedan hacer, no se le puede negar ser representante de la “Victoria del 18 de julio” y de una voluntad clara y firme de auténtica paz y reconciliación, alcanzada mediante la lucha armada y consignada para la historia en El Valle de los Caídos. A causa de todo lo que hizó y lo que representaba recibió el máximo reconocimiento y distinción por parte de la Santa Sede.

Fue una Cruzada. Lo fue, aunque dentro de una misma patria y, por eso, fue también guerra civil. Entre hermanos, sí. Desearíamos que nada semejante se produzca de nuevo, pero más debemos desear la defensa de aquello por lo que lucharon nuestros mayores y que quedó simbolizado en las pétreas estructuras de El Valle de los Caídos.

En la adaptación cinematográfica a la leyenda artúrica de Jerry Zucker (El primer caballero, 1995), el Rey Arturo (Sean Connery) sostiene una conversación con el antagonista de la película, Meleagante (Ben Cross). Éste acude a negociar, pretendiendo el influjo sobre el reino de Lyonesse, pero choca con la postura firme de Arturo:

– Otros pueblos viven con otras leyes, Arturo. ¿O es acaso la ley de Camelot la que rige el mundo entero?

– Hay leyes que esclavizan a los hombres, y leyes que los liberan. O nos preocupamos de que la justicia, bondad y lealtad sean justicia, bondad, y lealtad para todos los pueblos de Dios Nuestro Señor, o seremos otra más de esas tribus saqueadoras.

– Vuestras hermosas palabras os apartan de la paz y os conducen a la guerra

– Hay una paz que sólo está al otro lado de la guerra. Si ha de llegar esa guerra, yo lucharé.

Les invito a hacer este ejercicio de memoria histórica y no dejar que los que atacan El Valle de los Caídos tengan más razón que nosotros.

Rodrigo Menéndez Piñar

Biznieto de defensores del Alcázar de Toledo

Nieto de requeté y marinero voluntario de la Cruzada

Sobrino de mártires in odium fidei

12 de abril de 2025

Santiago Cantera confirma que se le ha «impuesto» su salida del Valle de los Caídos


[El 10 de abril ya se anunció esto mismo en Infovaticana. Éste es el enlace: Santiago Cantera es desterrado del Valle de los Caídos ]

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A través de un comunicado difundido en redes sociales, Santiago Cantera habría confirmado a personas próximas de su círculo íntimo la exclusiva adelanta por InfoVaticana: su salida del Valle de los Caídos no es voluntaria.

En estas últimas hora aún quedaban algunos ciegos que no querían ver lo evidente y preferían clavarse a un clavo ardiendo para que no se les desmoronase su discurso, pero el propio damnificado de toda esta operación, el padre Santiago Cantera, ha confirmado en un breve mensaje que se ha visto obligado a tener que salir de la abadía.

Les ofrecemos el comunicado íntegro:
Agradezco de corazón el apoyo, la cercanía, el afecto y las oraciones de todas aquellas personas que me están mostrando su dolor por esta situación. Aunque todo esto que estoy viviendo con mi comunidad nos haya sido impuesto, lo acogemos con mirada sobrenatural y con la paz que el mundo no es capaz de dar, sino que sólo Dios puede proporcionar. Por mi parte, el hecho de tener que ausentarme de la que es mi comunidad, con la cual la comunión es total y estamos todos unidos, y aunque se me haya impuesto de esta manera violentar mi voto benedictino de estabilidad, es una ocasión de la que Dios se vale para proporcionarme un tiempo de descanso físico y mental y de retiro espiritual que realmente necesitaba y que me hará crecer interiormente y en mi adhesión al Buen Dios de amor y misericordia. Pido, por tanto, a las personas que desean verme o ponerse en contacto conmigo, que respeten el retiro y la paz que necesito durante un tiempo y, más adelante, ya tendremos ocasión de encontrarnos de nuevo. A todas las encomiendo en mis oraciones y estamos unidos en los Corazones de Jesús y de María.
P. Santiago Cantera, OSB

Utrera Molina denuncia la claudicación de la Iglesia con el Valle de los Caídos




El reciente acuerdo entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la jerarquía eclesiástica sobre el futuro del Valle de los Caídos ha despertado una tormenta de indignación en ciertos sectores del catolicismo español.

Luis Felipe Utrera Molina, jurista y católico confeso, ha alzado la voz en un artículo publicado en La Razón para denunciar lo que considera una traición eclesial sin precedentes: la renuncia silenciosa a la inviolabilidad de uno de los principales templos católicos de España y la aceptación, sin resistencia, de la llamada “resignificación” del conjunto monumental.

Utrera Molina acusa directamente a la jerarquía eclesiástica de haber cedido ante lo que califica como “intenciones sacrílegas e iconoclastas” del Ejecutivo. En su denuncia, expone que se ha negociado la salida del prior Santiago Cantera, la limitación del espacio destinado al culto en la Basílica y la conversión del resto del recinto en un centro de interpretación guiado por el relato de la memoria histórica promovido por la izquierda. Todo ello —denuncia— sin que se haya defendido la esencia espiritual del enclave ni los derechos de las familias de los más de 33.000 fallecidos allí enterrados.

Desde una perspectiva jurídica, el autor recuerda que la Basílica del Valle de los Caídos goza de protección internacional como lugar de culto en virtud del Acuerdo entre España y la Santa Sede de 1979, lo que le confiere carácter de inviolabilidad frente a cualquier intervención del poder estatal. En este sentido, critica con dureza que la Iglesia haya omitido este argumento central, cediendo en la práctica a las exigencias del poder político sin la más mínima resistencia pública ni doctrinal.

Más allá de la dimensión legal, el texto de Utrera Molina es también una profunda reflexión moral. Lamenta lo que interpreta como una rendición “vergonzante” ante un gobierno que —en sus palabras— “ha hecho de la mentira y el odio su credo”. Señala que no se puede pactar con el mal, ni justificar la cesión de un cementerio religioso al Estado sin incurrir en una traición al espíritu de reconciliación y oración que inspiró la creación del Valle.

“El silencio en estas circunstancias me convertiría en cómplice de una inexplicable villanía”, escribe, apelando a la responsabilidad individual de los fieles. Su alegato no es solo una llamada de atención a la jerarquía eclesiástica, sino una exhortación a la conciencia de todos aquellos católicos que contemplan con desazón cómo la Iglesia se arrodilla —según él— ante los dictados del poder temporal, olvidando el ejemplo de los mártires que murieron sin renunciar a su fe.

En un clima marcado por la tensión entre memoria, política y religión, las palabras de Utrera Molina reabren el debate sobre el papel de la Iglesia en el espacio público y su relación con el poder. Lejos de ser una simple crítica interna, su texto es un grito de alarma sobre la desfiguración de un símbolo espiritual y la amenaza —según él— de una Iglesia muda ante el avance de la ideología y el olvido.

viernes, 11 de abril de 2025

El P. Cantera, víctima de la sumisión de la Iglesia al gobierno de Pedro Sánchez



Se le impone abandonar su comunidad monástica en el Valle de los Caídos

La sumisión de la Iglesia al gobierno socialcomunista de España tiene en el P. Santiago Cantera, OSB, una de sus víctimas más claras. En un mensaje que se ha vuelto viral agradeciendo las muestras de cariño y que desbarata la estrategia de propaganda que presenta como victorioso al Cardenal Cobo, se ponen de relieve las imposiciones y la violación del voto de estabilidad.

El P. Santiago Cantera está respondiendo a quienes se han interesado por su situación, tras su anunciada salida del Valle. Su respuesta se ha hecho viral:
Agradezco de corazón el apoyo, la cercanía, el afecto y las oraciones de todas aquellas personas que me están mostrando su dolor por esta situación. Aunque todo esto que estoy viviendo con mi comunidad nos haya sido impuesto, lo acogemos con mirada sobrenatural y con la paz que el mundo no es capaz de dar, sino que sólo Dios puede proporcionar.

Por mi parte, el hecho de tener que ausentarme de la que es mi comunidad, con la cual la comunión es total y estamos todos unidos, y aunque se me haya impuesto de esta manera violentar mi voto benedictino de estabilidad, es una ocasión de la que Dios se vale para proporcionarme un tiempo de descanso físico y mental y de retiro espiritual que realmente necesitaba y que me hará crecer interiormente y en mi adhesión al Buen Dios de amor y misericordia.

Pido, por tanto, a las personas que desean verme o ponerse en contacto conmigo, que respeten el retiro y la paz que necesito durante un tiempo y, más adelante, ya tendremos ocasión de encontrarnos de nuevo. A todas las encomiendo en mis oraciones y estamos unidos en los Corazones de Jesús y de María.
Cabe señalar que la totalidad de los obispos españoles respaldan las medidas acordadas entre el cardenal Cobo, delegado de la Santa Sede para esta cuestión, y el gobierno social-comunista, según manifestó Mons. Magán.

Mons. Magán, secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), no se sabe si de forma intencionada o no, no dijo nada sobre la salida de Cantera en la rueda de prensa posterior a la última Asamblea Plenaria. Dijo entonces:

En este momento, lo único que está definitivamente acordado, y esto se ha sabido porque una vez más ha sido el gobierno el que ha filtrado este proceso de diálogo, es que de ese planteamiento inicial de la salida de la comunidad benedictina queda que la comunidad sigue; el mantenimiento de la Basílica como espacio sagrado destinado al culto; y tercero, el respeto a todos los elementos religiosos situados fuera de la Basílica.

No dijo ni una sola palabra sobre la violación que sufre dicha comunidad al forzar la salida de quien ha sido su prior durante diez años.

Queda también desmentido el argumentario que se envió a los medios de comunicación, incluido este, por el que se aseguraba que el hecho de que el P. Cantera dejara de ser prior era debido a una regla de las comunidades benedictinas de Solemnes. Lo cierto es que todo este episodió está rodeado de mentiras y medias verdades.

Esto desbarata la estrategia de comunicación, entre otros, del Arzobispado de Madrid de presentar un caso en el que la Iglesia ha salido victoriosa porque ha conseguido ciertas concesiones. Si como van vertiendo algunos medios oficiales de los obispos «el Valle es del Estado», ¿qué tenían entonces que negociar Pedro Sánchez con la Iglesia si ya era suyo?.

De lo que no caben ya dudas en estos momentos es que si hace unos años los obispos entregaron a los muertos, ahora lo hacen con sus fieles.

¿Preguntas sin respuesta?

Cabe preguntarse qué más ha ocultado o manipulado ante la opinión pública el prelado portavoz de la CEE. Otra pregunta que es obligada es si se informó a los obispos del exilio forzado el P. Cantera. ¿El apoyo de todos los prelados a lo negociado con el gobierno incluía ese dato? Monseñor Munilla dijo en su programa Sexto Continente, en Radio María, que el P. Cantera se había echado a un lado voluntariamente. ¿Qué contó el cardenal Cobo al obispo de Orihuela-Alicante, y al resto de obispos, al relatar los hechos y las negociaciones? ¿mantienen los obispos el apoyo total a la actuación de una Iglesia que se somete a un gobierno que quiere humillarla, vejarla y manipular sectariamente la historia en base a una ideología que fue una de las causas de la Guerra Civil española?

¿Habrá algún tipo de petición de explicación a Mons. Magán? Los silencios en estos casos son igual de elocuentes.