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miércoles, 31 de diciembre de 2025

NIGERIA, TRUMP y la Guerra justa. ¿Está bien lo que hacen?

   QUE NO TE LA CUENTEN



Hace unos días, el presidente Trump brindó apoyo militar para que Nigeria, a pedido de su gobierno, pudiese controlar los ataques indiscriminados que los yihadistas vienen realizando contra la comunidad cristiana de ese país. Se nos ha preguntado acerca de si esa ayuda brindada podría ser lícita desde la moral católica, a pesar de que Trump no fuese católico.

Sin embargo, venga aquí para nosotros un resumen sobre el tema.

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DURACIÓN DEL VIDEO 23:46 MINUTOS


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1. El principio magisterial de la guerra justa

La Iglesia boga por la paz, no por el pacifismo (que son cosas distintas), por lo que enseña que, el uso de la fuerza armada, puede ser moralmente lícito bajo ciertas condiciones.

– “La legítima defensa puede ser no sólo un derecho, sino un deber grave, para quien es responsable de la vida de otros”. (Catecismo, nro. 2265)

– “La Iglesia propone los criterios tradicionales de la llamada ‘guerra justa’.” (Catecismo, nro. 2309)

Pero: ¿Cuáles son esos criterios para que una guerra sea considerada justa desde la moral? La doctrina católica, comenzando por San Agustín y pasando por Santo Tomás los ha resumido así:

a. Debe haber un daño cierto, grave y duradero: pues bien, en Nigeria, desde hace años vienen dándose de parte de los musulmanes radicales, una serie de asesinatos masivos, secuestros, limpieza religiosa y ataques sistemáticos a civiles sin que el gobierno pueda frenarlos.

b. Ineficacia de otros medios: en ese país, durante años se han intentado negociaciones fallidas ante una grave incapacidad del Estado, lo que permitió la expansión del terrorismo. Es decir, los medios pacíficos demostraron ser insuficientes.

c. Fundadas probabilidades de éxito: el apoyo militar de USA debilitó estructuras terroristas, permitió proteger zonas concretas e, importante, fue solicitado o aceptado por autoridades locales.

d. Proporcionalidad: lo sucedido, no se trató de una invasión total, de una guerra indiscriminada o de un castigo colectivo, sino de operaciones limitadas contra grupos armados, por lo que el principio de proporcionalidad podría considerarse respetado al menos en la intención.

A su vez, por lo que intenta verse hasta el momento (por más que puedan existir otras intenciones ocultas como las económicas, petroleras, etc.), la intención parece clara: proteger civiles, detener un mal grave y ayudar a una nación desbordada que ha pedido ayuda.

Que alguien diga “es que Trump está contra los migrantes” o que “es un mujeriego”, etc., nada tiene que ver. La moral católica no juzga personas, sino actos.

“¿Que podrán haber abusos y pecados concretos, como en toda guerra?” Pues ¡claro que sí!, pero esto no invalida el juicio moral de los actos. Si hubiesen ataques deliberados a civiles, excesos injustificados o violaciones al derecho humanitario, claro que también sería un acto reprochable, pero esto no invalida en sí la licitud del principio de intervención defensiva.

2. Algunas opiniones de algunos prelados nigerianos

Dado que no somos nosotros los que tenemos la información completa como para juzgar, desde nuestros escritorios, lo que allí está sucediendo por lo que, como corresponde a quien desea analizar la realidad, es bueno ir a los que están en el fango. Veamos:

“Fue la mejor noticia que Nigeria ha recibido en 20 años… es una garantía de que lo que sucede en Nigeria no es desconocido en el mundo y que al mundo le importa lo que nos pasa” (Padre Patrick Alumuku, Director de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Abuja). https://www.aciafrica.org/news/19337/us-strikes-on-isis-in-nigeria-potentially-helpful-way-to-bring-some-hope-catholic-bishop-says-as-priest-concurs

“Ya era hora… Es bueno que el gobierno nigeriano esté abierto a la asistencia internacional frente a una inseguridad abrumadora” (Mons. John Bogna Bakeni, Obispo auxiliar de Maiduguri) https://www.osvnews.com/nigerian-catholic-church-leaders-give-mixed-reaction-to-us-airstrikes

“El ataque estadounidense ha sido declarado una operación conjunta por las autoridades nigerianas como una acción bienvenida para disminuir los ataques de insurgentes y terroristas… Esto puede dar algo de esperanza contra la violencia que ha perdurado por largo tiempo” (Mons. Emmanuel Adetoyese Badejo, obispo de Oyo). https://www.aciafrica.org/news/19337/us-strikes-on-isis-in-nigeria-potentially-helpful-way-to-bring-some-hope-catholic-bishop-says-as-priest-concurs

“Sin el apoyo de Estados Unidos, Nigeria no tiene oportunidad contra los yihadistas que han infiltrado incluso a la clase política” (Mons. Moses Aondover Iorapuu (vicario general, Diócesis de Makurdi) https://www.osvnews.com/nigerian-catholic-church-leaders-give-mixed-reaction-to-us-airstrikes

Veremos cómo sigue en el futuro.

Salvo mejor opinión

P. Javier Olivera Ravasi, SE

30 de Diciembre de 2025

jueves, 20 de noviembre de 2025

Padre Javier Olivera Ravasi: La Cristiada y la situación actual de la Iglesia




El sacerdote argentino Javier Olivera Ravasi, conocido por su labor apologética y por el canal Que no te la cuenten, visitó Madrid para presentar su libro La Contrarrevolución Cristera, una obra que rescata la persecución religiosa en México entre 1926 y 1929 y el levantamiento del pueblo católico frente a la Ley Calles. Durante su entrevista en Dando Caña (El Toro TV), ofreció un análisis histórico y una crítica directa a la situación actual de la Iglesia, marcada por la confusión doctrinal y la capitulación cultural.

La Cristiada: fidelidad frente al poder anticatólico

El sacerdote subrayó que su libro busca mostrar que la resistencia cristera no fue un mero alzamiento político, sino un acto de fe que brotó del pueblo ante la tibieza de parte de la jerarquía. 
«Los cristeros no se levantaron por ideología, sino porque les quitaron la Misa, los sacramentos, los templos. Les quitaron a Cristo», afirmó.
Para Olivera, ese contraste tiene resonancia actual: «Si uno ve la historia, no es la primera vez que el pueblo sencillo sostiene la fe cuando algunos pastores titubean». Esa frase sirve de puente para su análisis crítico de la Iglesia contemporánea.

Falta de claridad doctrinal y disciplinaria en la Iglesia de hoy

Durante la conversación, Olivera abordó la crisis moral y disciplinaria dentro del clero, ejemplificada en diversos escándalos recientes en España, como el de «Josete» o el sacerdote de El Álamo —temas ampliamente difundidos por Infovaticana— y denunció la falta de reacción inicial de algunos obispos ante casos graves, recordando la instrucción de Benedicto XVI sobre el riesgo de admitir en seminarios a candidatos con tendencias homosexuales profundamente arraigadas.

Al hablar de la confusión doctrinal actual, Olivera utilizó un ejemplo: «Hoy preguntás en una universidad católica qué es la unión hipostática y te dicen: “¿Eso cómo se come?”». Contrastó esta superficialidad con los grandes debates doctrinales del pasado: «En tiempos del arrianismo, en las termas se discutía si el Hijo era engendrado o creado. Hoy discutimos si Jesucristo es verdadero Dios… porque muchos ya no lo saben explicar».

El sacerdote denunció que parte del clero ha reemplazado la claridad doctrinal por un “hippismo eclesial” que busca quedar bien con todos, pero abandona la verdad cristiana: «Yo no lo puedo estar pidiendo a la gente ortodoxia si desde arriba me está bajando una especie de doctrina edulcorada».

El debate sobre rezar frente a abortorios: “Lo delirante es condenar la oración”

Los panelista, junto a Olivera, repasaron el video de Planellas y sus declaraciones sobre el rezo del rosario frente a centros abortista que calificó de “banalización de la oración”. Olivera respondió con firmeza:
«Rezar frente a un abortorio salva vidas. Lo delirante es tacharlo de ideologización y callar ante liturgias confusas o celebraciones sincretistas.»
Relató además que en Estados Unidos él mismo va con su comunidad a rezar frente a las clínicas abortistas y ha visto testimonios directos de mujeres que abandonaron la idea de abortar al ver personas rezando en silencio: «Muchas veces una mirada, una palabra o simplemente la presencia son las que detienen una muerte».


La polémica mariológica: “Se crean problemas donde no los había”

El sacerdote también abordó las controversias generadas en torno al documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre el título mariano de “Corredentora”. Cuestionó la oportunidad y la motivación ecuménica del texto y recordó que numerosos papas y santos emplearon ese título en sentido claro y ortodoxo.
«Muchos papas y santos usaron ese título con claridad. No había problema teológico. El problema se creó ahora, quizás por un exceso de ecumenismo mal entendido.»
A su juicio, el problema no es la discusión teológica, sino el clima general de desorientación y la tendencia a crear problemas teológicos inexistentes.

Un horizonte de esperanza entre la confusión

A pesar del panorama crítico que describió, Olivera subrayó que la Iglesia no está derrotada. Destacó el crecimiento vocacional en lugares como Madrid y el surgimiento de nuevos sacerdotes con firmeza doctrinal y deseo de autenticidad. Según él, “cuando más podredumbre se ve, más surge la belleza”, recordando que la confusión actual está empujando a muchos jóvenes a buscar una fe más sólida y sin complejos.

El sacerdote concluyó alentando a superar la autocensura y a hablar con claridad:
“Solo la verdad nos hace libres. Hay una sola vida: no tiene sentido callar hasta que sea demasiado tarde”. 
Su mensaje, entre la denuncia y la esperanza, dejó claro el trasfondo que también recorre su obra sobre la Cristiada: la fe no se negocia, y cuando el mundo se vuelve hostil, los cristianos están llamados a dar testimonio entero, sin miedo y sin dobleces.

Puede verse el video de Dando caña, en la que entrevistan al padre Javier Olivera Ravasi y en el que se habla también sobre el aborto y el silencio de los pastores.

Duración 1 hora y 47 minutos

domingo, 29 de junio de 2025

Sermón sobre el primado de Pedro (Padre Javier Olivera Ravasi)



San Francisco 29 de Junio de 2025

En tiempos de confusión como los que vivimos, no está de más volver a las fuentes. Y cuando digo «las fuentes», me refiero, por supuesto, a las fuentes de la Revelación: la Sagrada Escritura, la Tradición viva de la Iglesia y el Magisterio auténtico que, lejos de inventar verdades nuevas, las custodia, las transmite y las defiende. Y dentro de ese patrimonio sagrado, hay una verdad que hoy más que nunca debemos reafirmar sin complejos ni ambigüedades: el Primado de Pedro.

Cristo dijo a Simón: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). No dijo: «Tú eres Pedro, y tu opinión será una más entre muchas». No dijo: «Tú eres Pedro, y a veces tendrás razón». No. Dijo: «Tú eres piedra», Petros, y sobre ti construiré Mi Iglesia. La Iglesia no es una asamblea democrática, ni una federación de ideas simpáticas, ni un club de opinión religiosa. Es el Cuerpo Místico de Cristo, con una cabeza visible: el Sucesor de Pedro.

Ahora bien, ¿qué significa esto? ¿Acaso el Papa no puede errar? La respuesta, como siempre, está en la doctrina perenne: el Papa es infalible solo cuando habla ex cathedra, es decir, cuando define solemnemente una verdad de fe o costumbre como revelada por Dios. No es infalible en entrevistas, conferencias de prensa, ni cuando improvisa sobre el clima. Esto lo definió solemnemente el Concilio Vaticano I en 1870, y no se puede cambiar por moda, por sentimentalismo o por ideologías de turno.

También debemos nuestro respetuoso asentimiento cuando habla no solemnemente sobre algo que la Iglesia aún no ha propuesto de modo definitivo pero que va en la línea de su doctrina.

¿Por qué es tan importante el Primado de Pedro? Porque Cristo quiso la unidad de su Iglesia, y esa unidad debía tener una cabeza visible. San León Magno lo decía así: “Lo que fue dado a Pedro, pasa también a sus sucesores”. Y San Agustín afirmaba con fuerza: “Roma locuta, causa finita est”, es decir: “Roma ha hablado, el caso está cerrado”. Porque en la Cátedra de Pedro no está el capricho de un hombre, sino la promesa del mismo Cristo de asistir a su Iglesia hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28,20).

Pero aquí viene la parte que nos duele: hoy muchos niegan este primado, incluso desde dentro. Algunos lo relativizan, lo vacían, o lo subordinan a sínodos locales o consensos culturales. Y otros, en reacción contraria, caen en una especie de papolatría irracional, donde todo lo que dice un Papa, aunque sea contradictorio o confuso, se toma como magisterio definitivo. Ambas posturas son erróneas.

La verdad está en el justo medio: el Papa es vicario de Cristo, no su reemplazo ni su corrector. Tiene autoridad real, pero limitada por la fe que debe custodiar. Cuando enseña conforme a la Tradición y al Evangelio, lo seguimos con docilidad. Pero si alguna vez sus palabras sembraran confusión, tenemos el deber de orar por él, de resistir con respeto filial y de adherirnos a lo que la Iglesia siempre ha enseñado.

No olvidemos a San Pablo resistiendo a Pedro “cara a cara” (cf. Gál 2,11) cuando se desvió de la coherencia doctrinal por temor a los judaizantes. Pedro no dejó de ser Papa, pero necesitó ser corregido. Así también nosotros hoy: fidelidad a la Iglesia, a Pedro y, sobre todo, a Cristo.

Queridos hermanos, en tiempos en que muchos abandonan la barca o tratan de convertirla en un crucero modernista, nosotros permanecemos en ella, no por los marineros, sino porque en ella está Cristo, y Pedro al timón. A veces el timón tiembla, pero la promesa permanece: “Las puertas del infierno no prevalecerán”.

Pidamos a la Virgen, que estuvo con Pedro en Pentecostés y junto a Juan al pie de la cruz, que interceda por la Iglesia, por el Papa, y por todos nosotros, para que seamos fieles no a los vientos del mundo, sino a la Roca de la fe.

Amén.

P. Javier Olivera Ravasi, SE

29 de Junio de 2025

martes, 10 de junio de 2025

Pentecostés y los dones del Espíritu Santo


Hoy celebramos la solemnidad de Pentecostés, en la cual recordamos la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen Santísima y los Apóstoles reunidos en oración por temor a los judíos.

¿Y por qué tenían temor? Pues porque habían matado al Señor: «si esto hacen con el árbol verde, ¿qué no harán con el árbol seco?»  (Lucas 23,31).

El Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, que procede del amor del Padre y del Hijo, es el gran protagonista olvidado; el gran desconocido de las almas, como lo han llamado algunos teólogos (Antonio Royo Marín).

Es Él quien, luego de recibirlo en el Bautismo como en germen, va incrementándose en nuestras vidas y se fortifica en el momento de la Confirmación, haciéndonos actuar a la manera divina por medio de sus dones, es decir, esos hábitos sobrenaturales infundidos por Dios para secundar con facilidad las mociones del Espíritu Santo. 

Porque así como cuando obramos por medio de las virtudes lo hacemos gracias a nuestras propias fuerzas, como los remeros que reman en el mar, cuando el alma es movida por los dones del Espíritu Santo es como cuando un barco se mueve gracias al viento y a sus velas.

Y esta Tercera Persona de la Santísima Trinidad está constantemente presente en nuestras vidas, aunque a veces no lo reconozcamos.

¿Y cómo obra el Espíritu Santo en las almas?

a. En los incipientes, es decir, en los que recién comienzan, les exige el trabajo de la virtud; las velas del barco están, pero aún están flácidas, sueltas, no pueden recibir el viento que las llevará más lejos.

b. En los que van avanzando, sin embargo, el Espíritu Santo actúa por medio de sus dones; como cuando las velas van tomando viento y hacen que el esfuerzo de los remos sea cada vez menor.

c. Finalmente, en los santos, es decir, en los perfectos, cuando el cristiano ha perseverado en su colaboración virtuosa a las continuas mociones de la gracia, el Espíritu Santo impulsa poderosamente con su aliento las velas de su barca, y ésta avanza velozmente, sin trabajo de remos, con una fuerza divina, con una facilidad sobrehumana.

Es aquello del Evangelio de San Juan, como el Señor le dijo a Nicodemo: «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo nacido del Espíritu» (Jn 3,8).    

¿Y por medio de qué nos mueve el Espíritu Santo?

Pues por medio de los 7 dones que sólo recordaré brevemente.

1) El don de Sabiduría: es la capacidad de juzgar según la medida de Dios y no según la medida del mundo. Es lo que le hizo dar todos sus bienes y riquezas al gran San Francisco de Asís.

2) El don del entendimiento: el que permite comprender la Palabra de Dios y las verdades reveladas por la plena docilidad a Dios. Es lo que le permitió, por ejemplo, a San Ignacio de Loyola, comprender toda la teología sin haberla aún estudiado siquiera

Es lo que muchas veces nosotros mismos experimentamos, al estar en gracia de Dios, cuando de un día para otro, algo que no podíamos comprender, un día, simplemente, lo entendimos.

3) Don de consejo: perfecciona la virtud de la prudencia. Es el don de lo inmediato; de lo que hay que hacer enseguida, sin demasiado razonamiento. Es como un “instinto” sobrenatural; ese, que muchas veces, “sin saber por qué”, las madres católicas tienen para con sus hijos al decirle: tienes que hacer esto.

4) Don de fortaleza: es esa fuerza sobrenatural para obrar valerosamente lo que Dios quiere de nosotros, bien visible en los mártires.

Es el don que recibió David para enfrentar a Goliat: “¿quién es este filisteo incircunciso para tratar de insultar de este modo a las filas del Dios vivo?”.

5) El don de ciencia: es el que nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador, sabiendo que son un medio, no un fin

6) El don de piedad: es el que sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura de Dios. Es el que tenían los santos frente a los pecadores: un corazón rico en misericordia.

7) El don del temor de Dios: es el que nos hace tener conciencia de nuestras propias culpas y el temor de ofender a Dios porque es nuestro Padre.

En esta Santa Misa entonces, pidamos a Dios Espíritu Santo que nos colme de sus dones y que seamos siempre dóciles a sus inspiraciones, para comenzar a obrar más al modo divino.

P. Javier Olivera Ravasi, SE

Pentecostés, 8 de Junio de 2025 

viernes, 2 de mayo de 2025

PING PONG sobre BIOÉTICA. Eutanasia, fecundación artificial, DIU. Con el P. Jorge Hidalgo. Lo que nadie te explicó sobre la procreación … y lo que la Iglesia realmente enseña.

 QUE NO TE LA CUENTEN


- “Padre, ¿y esto se puede?”
- “¿Y si no puedo tener hijos de forma natural?”
- “¿Y los métodos que dicen ser naturales pero no lo son?” 

Preguntas como éstas se repiten en confesiones, charlas prematrimoniales y sobremesas silenciosas. La verdad es que hay un vacío enorme de formación —incluso dentro de ambientes católicos— sobre temas vinculados a la procreación humana, la ética médica, y los límites morales que no debemos cruzar. Muchas veces reina el silencio, la confusión… o el tabú.

Por eso te recomendamos este video de una hora que arroja luz, con claridad y caridad, sobre un terreno difícil pero urgente.

🎙️ ¿Quiénes hablan?

Dos voces confiables y bien formadas:El Presbítero Mg. Jorge Hidalgo, sacerdote, magister en bioética.

El Presbítero Dr. Javier Olivera Ravasi, sacerdote, docente y divulgador católico, con el carisma para hacer accesible lo profundo.

💬 En este diálogo vas a descubrir:

- Qué métodos de procreación aprueba la Iglesia y por qué.
- Qué tecnologías atentan contra la dignidad del ser humano.
- Cómo hablar de estos temas con verdad y sin miedo.
- Y sobre todo, cómo vivir la apertura a la vida con esperanza cristiana, aún en situaciones difíciles.

🙏 Este video es una herramienta valiosísima para matrimonios, novios, agentes de pastoral, catequistas y cualquiera que quiera vivir la fe con madurez y formación.

📺 No lo dejes para después.

Una hora de tu día puede ayudarte a entender lo que muchos no se animan a decir.

VIDEO EN YOUTUBE
Duración 68 minutos

martes, 26 de septiembre de 2023

Nuestra SUPERFICIALIDAD (Padre Javier Olivera Ravasi)



Hay un mal argentino que, no por ser argentino resulta exclusivo de nuestra nacionalidad. Y es la superficialidad. Por eso, al menos cada tanto, conviene predicar sobre el tema.

Pero: ¿a qué nos referimos? A ese vicio tan contrario a la humildad que, en vez de poner sus raíces en lo esencial, en el humus del espíritu se vuelve hacia la terra, hacia lo terreno e insignificante de la planicie.

Estamos hablando acerca de ese error habitual que nos impide ir a la esencia de las cosas para quedarnos en las apariencias, tanto de lo humano como de lo divino.

La superficialidad es ese hábito de quedarse en el fenómeno, en lo que brilla o reluce, dirían los griegos, tan típico de la cultura moderna, carente de interioridad y -por eso mismo- amiga de los budismos y orientalismos de moda que muestran una pseudo profundidad.

El superficial percibe sólo lo aparente, no nutriéndose de la realidad, sino de su cáscara.

Algunos dicen que, al igual que el sanguíneo, el superficial “no penetra hasta lo profundo, ni ve el todo. Más bien se contenta con la superficie o con una parte del todo. Amigo de trabajos fáciles, vistosos, que no exigen demasiada labor, resulta casi imposible de convencer de este defecto suyo: de que es superficial”.

Porque el superficial todo lo juzga superficialmente: incluso cuando le dicen que es superficial…

Este vicio tan nuestro nos hace inconstantes, cambiantes, caprichosos y frívolos en el trato; pero no sólo en nuestras relaciones conmutativas, sino incluso distributivas: vivimos en la superficie con los amigos y con el mismo Dios uno y Trino.

Y este defecto resulta, a la corta o a la larga, un horrible escollo para crecer en la vida espiritual.

1) Pero, ¿cómo se muestra este defecto?

a. En primer lugar, el superficial, busca la apariencia de las cosas, lo fugaz, lo intrascendente e innecesario. Se queda en la epidermis de la realidad, nunca bajando al humus. Y la más de las veces se manifiesta en el valor que se le da a lo accesorio y externo

– “Dime de qué te precias y te diré de qué careces” –reza el refrán.

Porque el superficial intenta adornar desmesuradamente su exterior, para ocultar su interior.

No tiene nutrientes, sólo hinchazones:

“Le tuvieron lástima al Matungo, que ya no podía con los huesos, y en pago de sus doce años de tiro lo soltaron para siempre en un alfalfar florido. El alfalfar era un edén caballuno, extenso y jugoso, y Matungo no tenía más que hacer que comer a gusto y tumbarse en la sombra a descansar después, mirando estáticamente revolotear sobre el lago verde y morado las maripositas blancas y amarillas.

Y sin embargo Matungo no engordó. Era muy viejo ya y tenía los músculos como tientos. Echó panza sí, una barriga estupenda, pero fuera de allí no aumentó ni un gramo, de suerte que daba al verlo, hundido en el pastizal húmedo hasta las rodillas, la impresión ridícula de un perfil de caballete sosteniendo una barriga como un odre.

-¡Qué raro!

-No crea. Lo mismo le pasa a mucha gente. Al que lee mucho y estudia poco, al que come en grande y no digiere, al que reza y no medita, al que medita y no obra.

Flacos y barrigones…”

(P. Leonardo Castellani)

Es así nomás: el superficial es flaco y barrigón.

b. El superficial es, además, incapaz de aprender de las lecciones, porque nunca forja una experiencia adecuada de la realidad; nunca llega a convertirse en “un hombre de experiencia”. La memoria del pasado en cuanto pasado no le da “lecciones”, sino sólo “hechos”, “cosas pasadas”, porque hasta las acciones pretéritas quedan para él en la superficie. No hay ni heridas, ni gozos, ni tristezas que le enseñen a tener ojos mejores. Consecuencia de todo esto será su pobreza de discernimiento: porque nunca aprende del pasado…

c. El superficial es, además, inconstante: evita implicarse a fondo en cualquier tema, tanto en el ámbito amoroso, como profesional o espiritual. Ama emprender obras pero jamás se ata a ninguna, dejando siempre la puerta abierta para abandonar el partido cuando las papas quemen. En el plano del amor, es un “Don Juan Tenorio”; en el de la Fe, es un San Pedro de la noche de Jueves Santo que le dice a la sirvienta acusadora: “¡Mujer! ¡Te aseguro que no lo conozco!”.

Actúa como las abejas: desflora las rosas para pasar rápidamente a otras. Todo en él es explosivo, imprevisto, aniñado… Sólo hace lo que “le divierte”.

Habla con sus semejantes y hasta con Dios, pero pensando siempre en la próxima cosa que tiene que hacer.

2) Algunas raíces de la superficialidad

Claramente, deben existir algunas causas o raíces que predispongan a una vida epidérmica.

a. En primer lugar, un estilo de vida demasiado sensual, cómodo y poco mortificado

No nos referimos aquí a que debe uno convertirse en estoico o espartano, pero ciertamente la falta de moderación en los placeres del cuerpo vuelcan al hombre hacia lo corporal, debilitando su capacidad intelectual; es decir: nos vuelven torpes e incapaces de penetrar y entender la realidad en su profundidad. De allí que, la mayoría de las veces, la superficialidad nazca de la falta de austeridad en nuestra vida.

b. En segundo lugar, el miedo

No nos referimos aquí a cualquier clase de miedo, sino a aquél, muy específico, que nos retrae de todo tipo de compromiso. El superficial es incapaz de comprometerse siquiera con un partido de ajedrez a la semana. No-puede, porque no-quiere.

c. En tercero y último, la vanidad o el vivir del “qué dirán”

Porque el que vive “de cara al mundo”, buscando su aprobación, necesariamente privilegiará sus apariencias. Al contrario, el despreocupado del qué dirán tendrá un corazón indiviso y vuelto hacia Dios y, hacia Dios que está en el prójimo.

3. Los remedios contra la superficialidad

Digamos que, aunque parezca paradójico, resulta muy difícil lograr que una persona superficial comprenda que es superficial. Porque, si lo entendiera, su misma respuesta sería análoga a su carácter:

– “¡Y bueno!¡seré superficial y listo!” – dirá.

Pero apostemos a la buena intención y busquemos un remedio. La solución, habiendo visto las raíces, se encuentra en la principal de las virtudes cardinales, la virtud de la prudencia, esa reina de las virtudes que regula de manera conveniente y ordenada las acciones para llegar al fin propuesto. Es a partir de algunas de sus partes que podrá comenzarse a remediar la superficialidad:

a. Será importante guardar memoria de lo pasado. No para mortificarnos, sino para meditar y aprender las lecciones a partir de los yerros y aciertos, propios y ajenos.

b. La docilidad, es decir, el dejarse enseñar, el “saber dejarse decir algo”, como dice Pieper. Porque uno se hace prudente en la medida en que escucha a los prudentes, de allí que Santo Tomás diga: “En las cosas que atañen a la prudencia, nadie hay que se baste siempre a sí mismo”.

Y algo parecido nos narran las Sagradas Escrituras:

“No te apoyes en tu prudencia” dice el libro de los Proverbios (3,5),

“Busca la compañía de los ancianos y si hallas a algún sabio, allégate a él” (Eclesiástico 6,15).

c. La circunspección, es decir, el estar atento a las circunstancias, a lo que pasa a nuestro alrededor. Es el saber ubicarnos y tomar conciencia de nuestro ser; frente a qué y a quién estamos parados.

Como ejercicio práctico, quizás podría servir el nutrirse de la sabiduría de los grandes libros, meditándolos. La lectura pía, atenta y devota de la Biblia, especialmente de los libros sapienciales (Salmos, Proverbios, Sabiduría, etc.) podría ayudar muchísimo a un alma que busca el humus y no la terra.

La meditación de las postrimerías, además, ayudarían también a despertar de este sueño de la vida, como dice la copla:

“Muerte, juicio, infierno y gloria,
ten cristiano en la memoria”

Quizás por eso el gran San Ignacio, cuando despedía a San Francisco Javier, le decía en boca de Pemán:

No te acuestes una noche
sin tener algún momento meditación de la muerte y el juicio,
que a lo que entiendo, dormir sobre la aspereza de estos hondos pensamientos
importa más que tener por almohada, piedra o leño.


* * *

Pongámonos en manos de Dios, con nuestras superficialidades y banalidades, haciendo lo necesario de nuestra parte, para que Él complete el resto y recordando lo que San Pablo decía a los corintios: “pasa la escena de este mundo” (1 Cor 7,31).

P. Javier Olivera Ravasi, SE