BIENVENIDO A ESTE BLOG, QUIENQUIERA QUE SEAS



Mostrando entradas con la etiqueta Traditionis custodes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Traditionis custodes. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de agosto de 2026

¿Hay alguien que esté intentando vincular al Papa León con la agenda litúrgica del Cardenal Roche?





Algunas filtraciones anónimas procedentes del Vaticano están alimentando los rumores de que el Papa León XIII apoyó plenamente el programa litúrgico del Cardenal Roche, pero ¿existe alguna prueba que respalde esta afirmación?¿Hay alguien que esté intentando vincular al Papa León con la agenda litúrgica del Cardenal Roche?




Un artículo publicado hoy en un periódico español ha desatado una gran especulación, sugiriendo que el Papa León XIV está totalmente de acuerdo con la reciente entrevista del Cardenal Arthur Roche a The Tablet , en la que el Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino afirmó con seguridad que el Santo Padre no revocaría ni la Traditionis Custodes ni volvería al Summorum Pontificum de Benedicto XVI [véase mi análisis aquí - ed.].

El último informe, publicado por La Razón , va mucho más allá. Citando fuentes anónimas del Vaticano, afirma que el documento litúrgico distribuido por el Cardenal Roche a los miembros del Colegio Cardenalicio durante el consistorio extraordinario de enero no fue simplemente una iniciativa suya, sino que fue encargado por el propio Papa León XIII, revisado personalmente por él y aprobado sin «cambiar ni una sola coma». Si esto fuera cierto, parecería que el Papa apoya firmemente la interpretación teológica del Cardenal Roche sobre la reforma litúrgica posconciliar y que esta entra en conflicto con muchas de sus recientes iniciativas personales. Huelga decir que esto ha causado gran consternación entre quienes consideran la Traditionis Custodes una auténtica parodia (como yo) y, por lo menos, perjudicial para la fe.

Sin embargo, el artículo llega a una conclusión muy general basada en fuentes anónimas, y es importante distinguir entre lo que se ha comprobado y lo que sigue siendo una mera afirmación. No cabe duda de que el documento del cardenal Roche fue redactado a petición del Papa para su distribución en el consistorio ( aquí - aquí ). Esto ha sido ampliamente difundido. También es cierto que el documento circuló entre los cardenales.

Sin embargo, lo que la Santa Sede nunca ha confirmado públicamente es que el Papa León aprobara alguno de los argumentos allí contenidos, que adoptara las conclusiones del Cardenal Roche como propias o que tuviera la intención de que se convirtieran en la política oficial de su pontificado.

De hecho, al parecer los propios cardenales se negaron a dedicar tiempo a debatir la cuestión litúrgica durante el consistorio, lo que significa que el documento de Roche se distribuyó pero nunca llegó a ser objeto de un debate sustancial.

La experta en el Vaticano, Diane Montagna, respondió a la creciente controversia con un análisis profundo en su cuenta de Substack. En lugar de aceptar las afirmaciones sin más, señala que La Razón se basa exclusivamente en fuentes anónimas del Vaticano, mientras que el propio Papa León XIV ha guardado silencio públicamente sobre las declaraciones específicas que ahora se le atribuyen. Montagna también sitúa este último artículo en el contexto más amplio de la reciente entrevista del Cardenal Roche con Tablet , en la que el cardenal habló repetidamente con notable certeza sobre las intenciones del Papa, a pesar de que León XIV nunca ha hecho declaraciones públicas al respecto. Su argumento no es que el artículo español deba ser necesariamente falso, sino que la información anónima no debe confundirse con la doctrina papal.
Los lectores pueden encontrar el análisis completo de Diane Montagna aquí :

Substack por Diane Montagna Un informe español alimenta las preocupaciones sobre las intenciones del Papa León con respecto a la Misa Tradicional . [No lo traduciré porque no hay elementos esenciales más allá de los de este artículo y mi análisis anterior aquí .

Hay motivos para la cautela: el momento es significativo. En cuestión de días, dos publicaciones distintas han difundido prácticamente el mismo mensaje: que la visión litúrgica del cardenal Roche es, de hecho, la del papa León XIV. Primero fue la entrevista con The Tablet , ahora La Razón , que aparentemente refuerza la misma narrativa citando fuentes anónimas del Vaticano. Determinar si se trata de una comunicación coordinada, de funcionarios que informan a periodistas de forma independiente, o simplemente de una transcripción fiel de conversaciones auténticas dentro del Vaticano es imposible con la evidencia disponible, y me parece que seguirá siéndolo hasta que el papa León XIV se pronuncie definitivamente al respecto.

Asimismo, algunos comentaristas españoles afirman que La Razón ha mantenido durante mucho tiempo una postura editorial particular sobre temas eclesiásticos y, por lo tanto, debe leerse con la debida precaución. Sin embargo, estos comentarios se refieren a la supuesta postura editorial de la publicación, y no constituyen prueba de la inexactitud de este artículo en particular. Por consiguiente, deben considerarse como contexto, no como evidencia.

Mark Lambert , 4 de agosto

lunes, 3 de agosto de 2026

¿Hay que creer al cardenal Roche en lo que respecta a la misa tradicional?





[Excelente y juicio artículo del corresponsal del Catholic Herald y periodista acreditado ante la Santa Sede, Michael Haynes ].

CIUDAD DEL VATICANO (PerMariam) — El jueves por la mañana, The Tablet publicó su entrevista con el cardenal Arthur Roche, que ya ha tenido una amplia difusión, en la que el cardenal afirmó que el papa León XIV no tiene intención alguna de levantar ninguna restricción sobre la misa tradicional. Ahora que se ha apagado el revuelo inicial, la pregunta clave sigue siendo: ¿qué importancia debemos dar al comentario de Roche?

Para empezar, las palabras de Roche son, en sí mismas, muy claras. A diferencia de muchos cardenales de la Curia que dan rodeos sin cesar, el prefecto del Dicasterio para el Culto Divino (DDW) fue directo al grano.

«Es un ámbito muy importante porque la Eucaristía es el sacramento de la unidad: es el lugar donde todos deberíamos poder estar juntos para celebrar la misa. Así que, si empieza a dividirnos, es que hay algo que falla gravemente. No, el papa León no va a cambiar Traditionis Custodes, ni va a volver a Summorum Pontificum».

Roche continuó:

«Es interesante. Cuando me reúno con grupos que quieren la liturgia anterior y les digo: “Bueno, el Santo Padre os lo ha concedido, ¿cuál es el problema?”, no saben qué responder. Pero luego se van y dicen: “Seguimos siendo perseguidos”. ¿En qué sentido perseguidos? ¿Por qué la orquesta sigue tocando una melodía que está en desacuerdo con la vida de la Iglesia?»

Los columnistas apocalípticos se han lanzado sobre la entrevista como prueba de que sus temores se confirman y de que León es, en esencia, Francisco II. Los medios liberales que siempre han alabado Traditionis Custodes han acogido la intervención de Roche como las palabras de un sabio funcionario del Vaticano.

Pero existe una tercera opción muy plausible que ninguna de las partes ha tenido en cuenta, una teoría «rebelde» a falta de un título mejor, a saber, que la entrevista de Roche no es, en realidad, más que palabras vacías. Algunos criticarán esto como una interminable «excusa», pero hay muchos elementos en la entrevista que justifican la teoría «rebelde».

Las pistas de León

Desde su elección, León ha mantenido un cuidadoso silencio sobre la misa tradicional. Cuando Crux le preguntó al respecto una sola vez el verano pasado —en una entrevista que, al parecer, concedió por cortesía y amistad hacia viejos amigos—, Leo demostró desconocer los detalles del asunto. Afirmó:

«No estoy seguro de cómo va a acabar esto. Obviamente, es muy complicado. Lo que sí sé es que, por desgracia, parte de esa cuestión se ha convertido —una vez más, como parte de un proceso de polarización— en que la gente ha utilizado la liturgia como excusa para impulsar otros temas. Se ha convertido en una herramienta política, y eso es muy lamentable».

Aparte de eso, el Papa ha guardado silencio. Pero, al mismo tiempo, se ha mostrado más abierto a la misa tradicional que su predecesor. Para juzgar lo que el propio León piensa sobre la misa tradicional, debemos mirar más allá de las apariencias y profundizar un poco más.

Tomemos, por ejemplo, sus audiencias.

Se ha reunido con destacados defensores de la misa en latín, como los cardenales Raymond Burke, Robert Sarah, Gerhard Müller y Ernest Simoni. Al obispo Athanasius Schneider también se le concedió una audiencia, en la que instó a León a «elaborar un documento más solemne, no solo un Motu Proprio como hizo Benedicto XVI y luego el anti-Motu Proprio del papa Francisco, Traditionis Custodes». Con la excepción de Schneider en las últimas semanas de Francisco, se trataba de hombres a quienes el papa Francisco les cerró la puerta en las narices.

Leo también ha mantenido cordiales encuentros con los superiores de las dos órdenes sacerdotales de rito tradicional más destacadas —el Instituto de Cristo Rey Soberano Sacerdote y la Fraternidad de San Pedro—, confirmándolos en su apostolado.

En cierta medida relacionado con esto está el permiso que concedió al cardenal Burke para celebrar una misa pontifical en el Vaticano con motivo de la peregrinación anual Ad Petri Sedem del año pasado —permiso que se había denegado rotundamente en los últimos años bajo el pontificado de Francisco—. El acto cobró aún más relevancia debido a que el celebrante era el propio cardenal Burke, un prelado que se consideraba blanco de numerosas críticas mordaces por parte de Francisco. La repercusión en aquel momento fue trascendental en Roma.

A continuación, hay que recordar las instrucciones de León al episcopado francés en marzo. En una carta dirigida en nombre de León a los obispos durante su reunión plenaria, el cardenal Pietro Parolin afirmó que el Papa estaba «especialmente atento, en el contexto del crecimiento de las comunidades vinculadas al Vetus Ordo».

Parolin añadió que León instó a los obispos franceses a sanar la «herida dolorosa» relacionada con la liturgia mostrándose más abiertos al rito tradicional:

«Que el Espíritu Santo os sugiera soluciones concretas que permitan la generosa inclusión de quienes están sinceramente apegados al Vetus Ordo, de acuerdo con las directrices establecidas por el Concilio Vaticano II en materia de liturgia».

Otro elemento a tener en cuenta es la carta de León a la FSSPX —enviada justo en vísperas de las consagraciones episcopales— en la que afirmaba lo siguiente:

«La Iglesia reconoce la devoción por la vida litúrgica, el compromiso con la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades vinculadas a vuestra Fraternidad».

A esto hay que añadir el hecho de que numerosos cardenales y obispos han pedido ahora a León que revoque las restricciones impuestas por Traditionis Custodes a la luz de las consagraciones de la FSSPX. Le han advertido de que, si no lo hace, estará animando a los católicos a acudir a la FSSPX, algo que el Vaticano desea evitar.

Una de esas personas, el arzobispo Salvatore Cordileone, acaba de ser nombrado por el Papa para formar parte de la Signatura Apostólica, lo que indica que, como mínimo, León confía en sus opiniones y las respeta. Cordileone ha declarado que ya comunicó al Vaticano que imponer restricciones al rito antiguo solo conduciría a la división, y, reiterando esa idea esta semana, añadió que el crecimiento del rito antiguo es «imparable».

León ha dejado claro que su papado gira en torno a la unidad, tanto dentro como fuera de la Iglesia. En estos momentos, se le está advirtiendo de que mantener las restricciones sobre el rito antiguo socavaría ese tema central de su pontificado.

¿Qué hay de Roche?

A continuación debemos centrarnos en el cardenal Roche. A sus 76 años, el cardenal inglés concluyó en mayo su mandato de cinco años como prefecto del Dicasterio del Culto Divino. Abundan los rumores de que pronto será sustituido, un factor importante en todo este asunto.

En muchos sentidos, la entrevista que Roche concedió a The Tablet se leía como la de un cargo saliente. Aparte de los llamativos comentarios sobre la liturgia —algo que el entrevistador añadió a la conversación, según admitió, casi como una idea de última hora—, el cardenal no dijo nada digno de mención. La conversación en su conjunto no pareció aportar nada de valor al debate en la Iglesia, salvo presentar a Roche como una figura anciana y afable que podría ser el tío favorito de cualquiera.

Esto resulta extraño teniendo en cuenta que, como señala el entrevistador, la entrevista se realizó poco antes de que Roche se marchara de Roma para sus vacaciones de verano. Aquellos fueron días realmente ajetreados. Tenía previsto marcharse poco después de la clausura del consistorio del 29 de junio, tal y como me dijo directamente. El hecho de que el cardenal hiciera un hueco en su apretada agenda para una conversación tan vacía huele más a un intento de presentar a Roche bajo una luz positiva que a otra cosa.

¿Decidiría el siempre cauteloso León permitir que Roche revelara noticias sobre su plan para el futuro litúrgico de la Iglesia de una forma tan extraña y desordenada? Parece muy poco probable.

Como comentó esta semana el arzobispo Cordileone: «No sé hasta qué punto él [Roche] conoce la mente del Santo Padre». Hay quienes sospechan que, en este asunto, Roche solo conoce su propia mente y su propia oposición al rito antiguo.

A esto hay que añadir el historial de Roche en lo que respecta a su pericia en materia litúrgica. Durante la entrevista, repitió afirmaciones anteriores sobre que el Novus Ordo ofrece un mejor acceso a las Escrituras, algo que los liturgistas han desmentido.

También repitió su argumento anterior de que el Novus Ordo permite al pueblo participar en el sacrificio sacerdotal, mientras que el rito antiguo no lo hace, un argumento que la encíclica Mediator Dei del papa Pío XII rechazó rotundamente y que muchos estudiosos han destacado.

En su última entrevista con The Tablet en 2022, Roche afirmó que el resurgimiento de la misa tradicional «no podía tolerarse porque el Concilio había cambiado la forma en que avanzamos. «Es una cuestión muy sencilla». Además, afirmó que los obispos le habían expresado su «alivio» cuando se publicó Traditionis Custodes, algo que ahora resulta sumamente cuestionable, después de que los resultados de la encuesta en la que se basó TC demostraran que la mayoría no quería ninguna restricción.

Los canonistas también han argumentado que la propia TC, que Roche ha aplicado con firmeza en todo el mundo, es cuestionable en cuanto a su licitud debido a cuestiones jurídicas. Y cuando Roche dijo a los obispos que no tenían autoridad para eximir a sus sacerdotes de la TC, los canonistas me dijeron que la orden del cardenal violaba el Derecho Canónico.

En resumen, en los últimos cinco años, desde la publicación de la TC, Roche ha sido objeto de un escrutinio mayor que nunca por parte de liturgistas y estudiosos, y no ha salido indemne de ello. Roche declaró a The Tablet que «nunca me he sentido a la altura de ninguna de las tareas que se me han encomendado», y muchos liturgistas y canonistas estarían totalmente de acuerdo con él.

La cuestión ahora es cuánta credibilidad se debe otorgar a un prefecto litúrgicamente inepto, que pronto dejará el cargo, en una declaración sobre Traditionis Custodes que parece contradecir en gran medida el estilo del actual pontificado. Algunos podrían argumentar que la respuesta es «muy poca».

Fuente: Per Mariam

jueves, 30 de julio de 2026

Roche asegura que León XIV no revertirá las restricciones a la Misa tradicional



El prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Arthur Roche, ha asegurado que el papa León XIV no modificará las restricciones a la celebración de la Misa tradicional establecidas por Traditionis custodes ni restaurará el régimen previsto por Benedicto XVI en Summorum Pontificum.

Las declaraciones fueron realizadas en una entrevista concedida al semanario británico The Tablet, en la que el purpurado inglés afirmó de manera categórica: «El papa León no va a cambiar Traditionis custodes y no va a volver a Summorum Pontificum.»

Se trata de la primera afirmación pública de Roche sobre la posición del Pontífice respecto a una de las cuestiones litúrgicas que más debate ha suscitado en la Iglesia durante los últimos años.

La unidad como argumento

Durante la entrevista, el prefecto defendió que la cuestión de la liturgia tradicional debe entenderse desde la perspectiva de la unidad eclesial. Recordó que la Eucaristía es «el sacramento de la unidad» y sostuvo que, si la celebración de la Misa se convierte en motivo de división, «algo va seriamente mal».

Roche también rechazó las denuncias de persecución formuladas por algunos fieles vinculados a la liturgia tradicional. Según explicó, cuando el Papa concede autorizaciones conforme a la normativa vigente y esos grupos continúan afirmando que son perseguidos, «no pueden responder cuál es realmente el problema».

Asimismo, lamentó el tono de algunas críticas dirigidas contra responsables de la Iglesia y llegó a preguntarse: «¿Se puede decir honestamente que uno es católico cuando escribe cosas tan llenas de odio sobre personas y sobre la Iglesia?».

Defensa de la reforma litúrgica

El prefecto precisó que no considera errónea la liturgia anterior al Concilio Vaticano II, pero sostuvo que la reforma impulsada tras el Concilio respondió a la necesidad de preparar a la Iglesia para una renovada tarea misionera.

Entre los cambios introducidos destacó la ampliación de las lecturas bíblicas en la liturgia y subrayó una comprensión distinta de la participación de los fieles en la celebración eucarística. Mientras que en la forma tradicional el sacerdote actúa en representación de la asamblea, afirmó, la reforma conciliar pone de relieve que todo el pueblo bautizado participa activamente en la celebración junto al sacerdote.

Las declaraciones del prefecto no constituyen un cambio de posición. Desde la publicación de Traditionis custodes, Arthur Roche ha sido uno de sus más firmes defensores.

Ya en enero, durante el consistorio extraordinario convocado por León XIV, el cardenal intentó situar la cuestión litúrgica en el centro del debate. Roche distribuyó entre los cardenales un extenso documento en el que defendía la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II y justificaba las restricciones impuestas por Francisco a la celebración según el Misal de 1962. Finalmente, el debate fue aplazado y la cuestión quedó fuera del orden del día del consistorio.

Un debate que sigue abierto

Las declaraciones de Roche llegan en un momento en que el futuro de la liturgia tradicional continúa siendo objeto de intenso debate dentro de la Iglesia. Desde la promulgación de Traditionis custodes en 2021, numerosas diócesis han restringido la celebración según los libros litúrgicos de 1962, mientras otras han buscado vías para mantener su continuidad pastoral.

Además, el debate litúrgico dio un giro con las consagraciones episcopales realizadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) en Ecône a principios de julio.

La consagración de cuatro nuevos obispos sin mandato pontificio desembocó en el decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que calificó el acto como cismático y declaró la excomunión de los obispos consagrados y de quienes participan directamente con la FSSPX.

Este acontecimiento alteró profundamente el clima en torno a la cuestión litúrgica. El foco dejó de estar exclusivamente en Traditionis custodes para centrarse en la ruptura con la FSSPX y en las consecuencias que esa decisión podía tener para el conjunto del mundo tradicional.

Al mismo tiempo, numerosas comunidades vinculadas a la liturgia tradicional que permanecen en plena comunión con Roma manifestaron su preocupación por el riesgo de que se identificara su situación con la de la Fraternidad, insistiendo en que la inmensa mayoría de los fieles ligados al usus antiquior continúan viviendo plenamente integrados en la vida de la Iglesia.

Las palabras del prefecto del Dicasterio para el Culto Divino contrastan con esas posiciones y apuntan a la continuidad de la línea marcada por Traditionis custodes, aunque hasta el momento León XIV no se ha pronunciado personalmente sobre esta cuestión ni ha publicado documento alguno relativo a una eventual modificación de la normativa vigente.

Crecen las voces contra Traditionis custodes

Lejos de cerrarse, el debate se ha intensificado durante las últimas semanas. Algunas de las críticas más directas llegaron por parte del cardenal Gerhard Ludwig Müller, quien pidió recuperar la plena libertad para la celebración de la Misa tradicional y sostuvo que Traditionis custodes «no tuvo un efecto positivo», sino que terminó reforzando las posiciones de la FSSPX.

Asimismo, el arzobispo Georg Gänswein afirmó que Francisco «se equivocó» con Traditionis custodes y defendió que ese error debería corregirse. Además, reveló el profundo dolor que experimentó Benedicto XVI al conocer la publicación del motu proprio que limitaba el alcance de Summorum Pontificum.

En este contexto, las declaraciones de Roche parecen dirigidas a enfriar las expectativas de quienes confiaban en una revisión de la política litúrgica iniciada durante el pontificado de Francisco.

Los últimos recuerdos de Francisco

En la entrevista, Roche también evocó su último encuentro con el papa Francisco. Relató que estuvo con él el día anterior a su fallecimiento y recordó cómo el Pontífice insistió en salir a la plaza de San Pedro para saludar a los fieles a pesar de la oposición inicial de los médicos.

Según el cardenal, tras regresar al Vaticano y ser acostado nuevamente en su habitación, Francisco pronunció sus últimas palabras: «Gracias por llevarme hasta la gente».

Roche abordó además otras cuestiones relacionadas con la vida de la Iglesia, defendió la importancia de la asistencia dominical a la Misa como elemento esencial de la vida católica y expresó su preocupación por la evolución de la cultura contemporánea en materias como el aborto y la eutanasia, reivindicando la enseñanza de Humanae Vitae y la necesidad de preservar la dignidad de la vida humana hasta su fin natural.

Por el momento, la única certeza es que el propio León XIV no se ha pronunciado sobre esta cuestión. Las palabras de Arthur Roche reflejan la posición del prefecto del dicasterio encargado de la liturgia, pero cualquier eventual modificación —o confirmación— de Traditionis custodes dependerá, en último término, de una decisión del Papa.

jueves, 16 de julio de 2026

Burke pide detener la sinodalidad, revisar Traditionis Custodes y crear un dicasterio para la Misa tradicional

INFOVATICANA



El cardenal Raymond Leo Burke ha reclamado que se detenga el actual proceso de la sinodalidad para someterlo a un estudio teológico e histórico en profundidad y ha propuesto la creación de un dicasterio de la Santa Sede dedicado a los fieles vinculados a la liturgia tradicional. 

En una entrevista concedida a The College of Cardinals Report, el purpurado estadounidense amplía las reflexiones que ya había expresado tras el consistorio de finales de junio y aborda además cuestiones como el informe del Grupo de Estudio 9 del Sínodo y el futuro de Traditionis Custodes.

Para Burke, la sinodalidad, tal como se está desarrollando actualmente, carece de una definición clara y de un fundamento consolidado en la tradición de la Iglesia. 
«Tenemos que insistir en que todo este asunto de la sinodalidad se detenga y se lleve a cabo un estudio muy serio, porque estamos hablando de la vida misma de la Iglesia y de la salvación de las almas», afirma.
Críticas al informe del Grupo de Estudio 9

Uno de los aspectos centrales de la entrevista es la valoración que hace del informe elaborado por el Grupo de Estudio 9 del Sínodo sobre la Sinodalidad, documento que será remitido nuevamente a las diócesis durante la fase de aplicación del proceso sinodal.


Burke considera que ese informe contiene planteamientos incompatibles con la doctrina católica sobre la moral sexual y criticó especialmente las referencias dirigidas al apostolado Courage, dedicado al acompañamiento de personas con atracción hacia el mismo sexo que desean vivir la castidad conforme a la enseñanza de la Iglesia.

Según el cardenal, las afirmaciones recogidas en el documento sobre este apostolado no fueron debidamente verificadas antes de su publicación. «¿Cómo es posible que la Iglesia publique un informe para toda la Iglesia sin comprobar si lo que se afirma sobre Courage era cierto?», se preguntó.

A su juicio, este tipo de planteamientos favorecen que algunos obispos presenten la impresión de que la Iglesia estaría modificando su doctrina sobre la homosexualidad. Burke calificó además de «completamente irresponsable» que se atribuya al papa León XIV una supuesta intención de cambiar la enseñanza moral de la Iglesia simplemente porque no haya abordado públicamente determinadas cuestiones.

El purpurado se mostró especialmente crítico con la decisión de volver a enviar el informe del Grupo de Estudio 9 a las diócesis durante la fase de implementación del Sínodo. «Eso es inicuo; no debería ocurrir», afirmó.

Una revisión de Traditionis Custodes

Burke volvió también sobre una cuestión que considera prioritaria: la situación de los fieles vinculados a la liturgia tradicional.

El cardenal reiteró sus críticas a las restricciones introducidas por Traditionis Custodes, que volvió a calificar de «persecución» hacia quienes encuentran alimento espiritual en la forma más antigua del rito romano.

Recordó que Benedicto XVI había definido esta forma litúrgica como un bien permanente para la Iglesia y manifestó su esperanza de que León XIV pueda revisar la legislación vigente, recordando que los documentos pontificios pueden ser modificados por sus sucesores.
«Es una forma del rito romano que se celebró durante más de quince siglos. Es sencillamente tan hermosa, y los fieles se han alimentado espiritualmente de esta forma del rito latino. Debería permitirse libremente», afirmó.
Como respuesta estable a esta situación, Burke propuso la creación de un dicasterio específico dentro de la Curia Romana que atienda a los fieles ligados a la liturgia tradicional y garantice el acceso a los sacramentos conforme a los libros litúrgicos anteriores a la reforma posconciliar.

«La Iglesia no tiene cambios de paradigma»

En sus declaraciones, Burke insistió asimismo en que la Iglesia no puede asumir la lógica de los llamados «cambios de paradigma» que, a su juicio, aparecen con frecuencia en algunos debates sinodales.

Apelando a la enseñanza de san Pablo sobre la transmisión de la fe recibida, sostuvo que la continuidad doctrinal constituye un elemento esencial de la vida de la Iglesia y advirtió del riesgo de adaptar excesivamente la misión eclesial a las categorías culturales contemporáneas.

Pese a sus críticas, el cardenal concluyó manifestando su confianza en la asistencia de Cristo a su Iglesia. 
«Nuestro Señor es siempre la cabeza de la Iglesia. Debemos permanecer con Él y tener el valor de afrontar estas cuestiones para llegar a la verdad», señaló.

sábado, 20 de junio de 2026

El Vaticano ya permitió a institutos religiosos ser críticos con el Concilio Vaticano II sin considerarlos cismáticos

   




A raíz de las declaraciones de León XIV sobre que la Fraternidad San Pío X estaría fuera de la Iglesia por no aceptar algunos puntos del Concilio Vaticano II, corren ríos de tinta y, lo que es peor, ríos de confusión.

¿Resulta ahora que los católicos no podemos criticar el Concilio? ¿Basta señalar una reserva sobre un texto conciliar para quedar bajo sospecha de cisma? La respuesta es no. 

Conviene recordarlo cada vez que el debate degenera en la falsa disyuntiva de siempre: o aceptación incondicional de cada línea de los dieciséis documentos conciliares, o ruptura. Esa dicotomía no resiste el examen, y la mejor prueba es que Roma erigió en su día un instituto cuyos estatutos fundacionales reconocían a sus miembros la facultad de una crítica seria de ciertos textos conciliares.

El precedente del Buen Pastor

El 8 de septiembre de 2006, la Comisión Pontificia Ecclesia Dei erigió el Instituto del Buen Pastor, integrado por sacerdotes procedentes de la Fraternidad San Pío X que regresaban a la comunión plena. El decreto, firmado por el cardenal Darío Castrillón Hoyos, aprobaba sus estatutos ad experimentum por un quinquenio. Y entre esos estatutos figuraba el reconocimiento de que sus miembros podían ejercer una crítica seria y constructiva sobre determinados textos del Concilio, dentro siempre del marco académico y de la comunión con la Sede Apostólica.

Lo decisivo no es la fortuna posterior de aquella cláusula —que más tarde fue reencuadrada al hilo de la revisión estatutaria y de una crisis interna del Instituto— sino el hecho mismo de que Roma la concediera. Porque al concederla, la autoridad competente afirmó implícitamente algo que muchos hoy se niegan a admitir: que es posible discutir teológicamente el Concilio sin salirse de la Iglesia. Si tal mirada crítica fuese de suyo cismática o herética, ninguna comisión pontificia habría podido autorizarla ni por un solo día, ni ad experimentum, ni con todas las cautelas del mundo.

El Concilio no definió dogmas

El argumento de fondo es anterior al caso del Buen Pastor. El Vaticano II fue, por voluntad expresa de quienes lo convocaron y lo cerraron, un concilio de naturaleza eminentemente pastoral. No proclamó dogmas en sentido técnico, no formuló definiciones extraordinarias ni acompañó sus enseñanzas de los anatemas con que los concilios anteriores blindaban las verdades definidas de fide. El propio Pablo VI subrayó que el Concilio había evitado pronunciar definiciones dogmáticas solemnes, prefiriendo el tono del magisterio ordinario.

De ahí se sigue una consecuencia: la relación del fiel y del teólogo con los textos conciliares no es idéntica a la que se debe a una verdad definida. Lo que en el Concilio reafirma dogma ya establecido obliga, en efecto, pero obliga por ser dogma, no por figurar en un texto conciliar. Y lo que en él pertenece al orden pastoral, prudencial u orientativo admite, por su propia naturaleza, el estudio, la pregunta y la matización.

Lo que la Iglesia regula

La Iglesia no consagra una crítica libre e indiferenciada; consagra una crítica graduada y regulada, que es cosa muy distinta y mucho más sólida. El marco lo ofrecen tres documentos del propio magisterio postconciliar.

La Professio Fidei de 1989 distingue con precisión los grados de adhesión que se deben a las verdades de fe definida, a las verdades enseñadas definitivamente y al magisterio auténtico no definitivo. Ad Tuendam Fidem (1998) reforzó canónicamente esa misma gradación. Y la instrucción Donum Veritatis (1990), sobre la vocación eclesial del teólogo, traza el mapa decisivo: reconoce expresamente que ante enseñanzas no definitivas el teólogo puede plantear dificultades, dudas e incluso elevar respetuosamente sus reparos al Magisterio, distinguiendo con todo cuidado esa actitud legítima de lo que llama «disenso».

A las enseñanzas del magisterio auténtico no definitivo se debe el obsequium religiosum —el respetuoso asentimiento de la inteligencia y la voluntad— del que habla Lumen Gentium 25. Pero ese asentimiento religioso no es el asentimiento absoluto e irrevocable de la fe teologal. Admite, en las materias que lo permiten, la dificultad sinceramente expuesta.

Hermenéutica, no demolición

El gran malentendido se disuelve cuando se traslada la cuestión del terreno del «sí o no al Concilio» al terreno de la hermenéutica. Fue precisamente lo que hizo Benedicto XVI en su célebre discurso a la Curia romana del 22 de diciembre de 2005, al contraponer la «hermenéutica de la reforma en la continuidad» a la «hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura».

El problema, vino a decir, no es si los textos pueden estudiarse a fondo —incluso señalando sus ambigüedades o sus formulaciones mejorables—, sino con qué clave se leen: si como continuidad orgánica con la Tradición o como inauguración de una Iglesia nueva. Lo que de verdad está en juego es Traditionis Custodes, no Lumen Gentium

Cuando se habla de las consagraciones episcopales que la Fraternidad ha anunciado, el reflejo inmediato es vincularlas a la cuestión doctrinal: a los reparos sobre la libertad religiosa de Dignitatis Humanae, sobre el ecumenismo o sobre la eclesiología de Lumen Gentium. Pero ese vínculo, aunque cómodo para quien quiere presentar el asunto como un problema de fe, es en buena medida un espejismo.

Las consagraciones no responden tanto a Lumen Gentium como a Traditionis Custodes. La Misa tradicional —la liturgia en la que se han santificado siglos de santos y que Benedicto XVI reconoció en Summorum Pontificum como nunca abrogada— se encuentra hoy activamente perseguida por la propia jurisdicción eclesial: restringida, arrinconada, sometida a autorizaciones que se conceden con cuentagotas y se retiran con facilidad, condenada de hecho a una extinción programada por vía administrativa.

Es esa persecución, y no una disputa de manual de teología, la que muchos católicos viven como un auténtico estado de necesidad. El argumento es de una lógica elemental: cuando un bien sacramental de primer orden corre un riesgo real de extinción, y cuando los cauces ordinarios para asegurarlo se cierran uno tras otro, surge una situación extraordinaria que para muchos católicos reclama medidas extraordinarias.
No se consagran obispos para discrepar de un párrafo conciliar; se consagran para garantizar la supervivencia de una liturgia y de un sacerdocio que se ven amenazados de muerte por quienes deberían custodiarlos.
Se podrá discutir si ese estado de necesidad existe objetivamente, si justifica canónicamente lo que se pretende justificar, si hay alternativas no exploradas. Es un debate legítimo y necesario. Pero falsearlo desde el principio, presentándolo como un problema de adhesión a unos documentos de los años sesenta no ayuda a la verdad ni a la comunión.

La frontera con el cisma

Que Roma erigiera un instituto con licencia estatutaria para la crítica seria del Concilio no fue una excentricidad ni una imprudencia que hubiera que corregir. Fue el reconocimiento institucional de una verdad que la teología fundamental enseña desde siempre que

La fe se debe a lo definido, 
el asentimiento religioso a lo auténtico no definitivo, 
y el estudio honesto a todo lo demás.

El conflicto que de verdad sangra no es el de unas reservas teológicas a unos viejos e infructuosos documentos serenamente expuestas, sino el de una liturgia perseguida que empuja a muchos al límite. Quien responde a un problema litúrgico con la artillería de la acusación doctrinal instrumentaliza el Concilio. Y, de paso, vuelve más difícil la única salida verdaderamente católica, que es la de la continuidad, la paz y la custodia real de la Tradición.

Miguel Escrivá 

martes, 2 de mayo de 2023

Traditionis custodes sigue haciendo su labor de acoso y derribo (Carlos Esteban)

 INFOVATICANA


En Savannah, Georgia, el obispo pone fin a un cuarto de siglo de misa tradicional a partir de 20 de mayo. En Glasgow, Escocia, una parroquia con una próspera comunidad tradicional ha recibido la orden de cancelar todas sus misas públicas casi de inmediato de 2023.

Dicen que Einstein definía la locura como aplicar idénticas causas esperando distintas consecuencias. Todo el postconcilio ha sido una reiteración perpetua de esa definición. Podía, quizá, parecer razonable a los padres conciliares que la actualización del milenario rito de la Misa, centro de la vida cristiana, diseñando uno nuevo en un despacho, atraería a un mayor número de fieles. El resultado es tan evidente y catastrófico que llamarlo ‘el elefante en la habitación’ se queda corto: es más como un mastodonte.

Pero, por lo visto, da igual. Si la solución diseñada en la torre de marfil no produce el efecto deseado, hay que insistir y doblar la dosis.

Es la parábola de Bud Light, una marca de cerveza popular en la clase obrera americana, que ha decidido hacer de un ‘influencer’ presuntamente transexual su imagen. El tipo en cuestión, Dylan Mulvaney, hace de su vida pública una verdadera parodia de la feminidad en sus peores estereotipos, actuando como una quinceañera particularmente tópica.

Los usuarios de Bud Light lo han tomado como lo que es, un insulto y un desprecio, y han iniciado un boicot que ha hundido las ventas y la cotización bursátil de la marca. Es un caso clamoroso de lo que sucede cuando ignoras a tu público objetivo y pretendes sermonearle para que se convierta en otra cosa.

La Iglesia, lo hemos repetido a menudo, no es una empresa comercial. Pero responde, en su aspecto humano, a mecanismos similares. Los fieles adeptos a la Misa Tradicional, es cierto, suponen una proporción ínfima, desdeñable, del pueblo católico. Pero también es cierto que es un grupo con un crecimiento exponencial, en un momento en el que la práctica de la fe se hunde en todo el mundo occidental. ¿Qué sentido tiene atacarlos?

Incluso entre los no tradicionales, el acoso produce una penosa impresión, especialmente cuando las opiniones heterodoxas de teólogos y prelados y las celebraciones irreverentes hasta el extremo del Novus Ordo alcanza niveles difícilmente parodiables. Nadie entiende bien ese centrar el ánimo punitivo de la jerarquía en un grupo tan poco amenazante en todos los sentidos, el numérico y el doctrinal.

Carlos Esteban

miércoles, 22 de febrero de 2023

Tiempo de penitencia ¿sinodal?, la caza de brujas con la misa de siempre, los jesuitas y su Rupnik, el jardín de la amistad, España sin vocaciones.



Miércoles de ceniza, Roma amanece, son ahora las 8,30 de la mañana, días grises de temperaturas más calmadas. Audiencia en el formato habitual, estirando a los asistentes en una lucha imposible por cubrir los vacíos. El Papa Francisco entra con bastón y se censuran las imágenes de la salida. Nos enfrentamos a otra jornada de noticias de fondo, y no pequeño. Empezamos por lo serio y 
Viganò nos ofrece sus reflexiones sobre el día de hoy. «Solo hay una cosa que mueve al Señor a la compasión, ante la multitud de nuestros pecados: la penitencia. Esa penitencia sincera que confirma en la actitud exterior el verdadero arrepentimiento por las faltas cometidas, la intención de no volver a cometerlas, la voluntad de repararlas y sobre todo el dolor por haber ofendido con ellas a la divina Majestad».
Este día se imponía un período de penitencia, hasta el Jueves Santo, en el que el obispo les daba la absolución, a los pecadores públicos: Ecce ejicimini vos hodie a liminibus sanctæ matris Ecclesiæ propter peccata, et scelera vestra, sicut Adam primus homo ejectus est de paradiso propter transgressionem suam». El Jueves Santo, volverían a aquellas puertas con la misma ropa humilde, de rodillas, con un cirio apagado en la mano: «Restaura en ellos, Apostólico Pontífice, lo que las seducciones del diablo han corrompido; por los méritos de vuestras oraciones y por la gracia de la reconciliación, acercad a estos hombres a Dios, para que los que en otro tiempo se avergonzaban de sus pecados, ahora se regocijen para agradar al Señor en la tierra de los vivientes, después de haber derrotado al autor de la propia ruina».
«¿Por qué los Pastores ya no nos hablan del pecado original, del vía crucis, de la necesidad de la penitencia? ¿Por qué la justicia divina es silenciada o negada, mientras que la misericordia de Dios es distorsionada y frustrada, como si tuviéramos derecho a ella sin importar nuestra contrición? ¿Por qué oímos que no se debe negar a nadie la absolución, cuando el arrepentimiento -como enseña el Concilio de Trento- es materia inseparable del sacramento, junto con la confesión de los propios pecados y la satisfacción de la penitencia? ¿Por qué es silenciada la meditación de la Muerte, la existencia del Juicio, la realidad del Infierno para los condenados y el Paraíso para los elegidos?»
Cada vez más vemos que hay unos ‘poderes’ superiores transversales, los jesuitas, Sant’Egidio, las mafias de San Gallo, etc.), y un pueblo católico, muy unido pero poco organizado, que poco tiene que ver son sus ‘superiores’. Hemos llegado a un punto que la desaparición de todo lo enunciado y, otras muchas realidades que todos tenemos en la mente, causaría, una enorme tranquilidad primaveral. Culto divino publica un Rescripto ad hoc, fruto de una audiencia con el Papa Francisco. La dirección no es prohibir totalmente, por ahora, sino poner más y más dificultades, los obispos son libres para negar pero no para conceder.

Mientras se habla y se habla de sinodalidad por todas partes, dejando que cada uno elija el camino que prefiera, ya sea «a la francesa» o «a la alemana» o «en salsa amazónica», la Santa Sede tiene miedo a un tipo concreto de celebración de la Misa elogiada por santos y papas. 
No es explicable tal furia del Papa Francisco hacia lo que «fue sagrado y grande para las generaciones anteriores» y «no puede ser… prohibido ni juzgado nocivo», como irrefutablemente afirmaba Benedicto XVI. Con un pobre ‘rescripto’, fechado el 20 de febrero, se sustrae al obispo diocesano el papel de «moderador, promotor y custodio» de la liturgia y el Santo Padre se reserva «la concesión del uso a iglesias parroquiales o la erección de nuevas parroquias personales y la autorización para celebrar según al Missale Romanum de 1962 para los sacerdotes ordenados después de la Traditionis Custodes». Los obispos son libres, sí, pero solo para negar, cosas de la sinodalidad selectiva.
El 2 de febrero el Papa Francisco: «Me gusta el rito congoleño, porque es una obra de arte, una obra maestra, litúrgica y poética» y lo definió como “un camino prometedor también para la posible elaboración de un rito amazónico”. Lo que se dice en Oriente se niega en Occidente, volviendo a levantar esos muros sólo frente a los fieles que se nutren espiritualmente de la tradicional liturgia romana. Donde queda el famoso «¿Quién soy yo para juzgar?»: estos son «más protestantes que católicos», «rígidos», «pelagianos» y demás. Es sospechosa la coincidencia de «cacería de brujas» con la administración del católico Biden persiguiendo a los «católicos tradicionales».

Comunicado oficial de los jesuitas sobre el caso Rupnik. Seguimos sin aclarar quién y por qué decidió, pocos días después de la condena, la revoca de la excomunión «Latae Sententiae». Si la remisión tuvo lugar sin el conocimiento del Papa Francisco, ¿por qué el Papa, habiéndose dado cuenta de ello, la tomó tan a la ligera? ¿Los obispos son removidos solo por retrasar las denuncias en casos de pedofilia, y quienes remiten una excomunión tan severa ni siquiera les dicen “no lo vuelvas a hacer?». El comunicado no fue presentado en rueda de prensa, como suele ocurrir en estos casos, para evitar preguntas incómodas. No olvidamos que el caso lo conocemos por una filtración a un medio digital que provoca las necesarias aclaraciones, que no llegan, en quienes quisieron ocultarlo todo. Todo suena a un infantil ‘yo no he sido’, estos jesuitas ya no son lo que eran, la decadencia se nota.

En la farragosa declaración parece que, en el caso Rupnik, los jesuitas todavía están en el año cero. Se limitan a hipotizar, con un desprecio radical por la inteligencia y la memoria, aunque sea breve, de sus interlocutores. Reconocen que: «Los comportamientos informados del padre Rupnik tuvieron lugar en varios períodos entre mediados de la década de 1980 y 2018. Cubren un lapso de tiempo de más de treinta años». » La naturaleza de las denuncias recibidas tiende a excluir la relevancia penal del comportamiento del padre Rupnik ante las autoridades judiciales italianas. Sin embargo, la relevancia de éstos desde un punto de vista canónico y en relación con su vida y su responsabilidad religiosa y sacerdotal es muy diferente».

«El Superior Mayor del P. Marko Rupnik, el P. Johan Verschueren, después de haber leído el informe y todo el dossier proporcionado por el Equipo Referente – a quien queremos agradecer aquí sinceramente el enorme y delicado trabajo realizado– confirma que la variedad de testimonios recibidos, combinado con lo que ya se sabe, demuestra cómo deben tomarse en serio y considerarse plenamente». Después de treinta años de ‘tolerancia’ reconocida, los mismos superiores ‘mayores’ ahora sí, una vez pillados, reconocen que no fueron superiores ni mayores, y «declaran que es su firme intención proceder con medidas que aseguren que no se produzcan situaciones análogas a las referidas». Parece que «como medida cautelar, ha endurecido las normas restrictivas en su contra al prohibirle cualquier ejercicio artístico público, especialmente en estructuras religiosas (como iglesias, instituciones, oratorios y capillas, casas de retiro o de espiritualidad). Por lo tanto, estas restricciones se suman a las ya vigentes (prohibición de toda actividad pública ministerial y sacramental, prohibición de comunicación pública, prohibición de salir de la Región del Lacio).

La Santa Sede vuelve a la XVIII Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia con un Pabellón dedicado a la amistad social. La presencia de la Santa Sede, explicó Tolentino de Mendonça, pretende ser una «declaración del deseo de la Iglesia estar cerca, no solo del mundo de la arquitectura, sino de las artes en general y debe ser visto como una declaración programática de cómo el Dicasterio tratará de asegurar la presencia de la Iglesia en aquellos lugares, eventos y espacios donde se reúnen los artistas». «La Santa Sede dedicará su pabellón nacional de la Bienal al tema de la amistad social, particularmente querido por el Papa Francisco, quien habló de ello en Laudato si’ (2015) y en Fratelli tutti (2020)». La exposición lleva por título: «Amistad social: encuentro en el jardín» e invitará a los visitantes a» cuidar el planeta como nos cuidamos a nosotros mismos y celebrar la cultura del encuentro».

Las teorías del calentamiento global, son abrazadas y promovidas con un proselitismo digno de mejor causa, por el Papa Francisco y por la actual administración del Vaticano. Tosatti, en su Stilum Curiae, nos ofrece un artículo que revela las mentiras que se difunden sobre el clima, el calentamiento global, y demás dogmas considerados ‘progres’. «La más influyente» entre los críticos de la ideología climática afirma que «las políticas de eficiencia energética no tienen sentido, no tienen éxito en ninguna parte, los costos siempre superan los beneficios, el mundo está inundado de energía barata, lo único que encarece la energía es la mala política del gobierno, las políticas verdes conducen al desastre, con el caos social y un mayor control de los gobiernos. Los datos oficiales del gobierno de Estados Unidos dicen que nos enfriamos, de 2015-2022 un -0,11 °C, pero oficialmente seguimos con el calentamiento.

Nos duele dar esta noticia que vemos hoy en los medios italianos sobre España. Desde el Concilio Vaticano II, las vocaciones en España, con 47 millones de habitantes, se han secado. En 1965 en España había 8.000 seminaristas, en 2000 el número descendió a 1.737 y en 2020 a 1.028 (-40%). En 2021, había 179 novicias y 65 novicios para reemplazar a los 44.000 religiosos y religiosas. La catástrofe se acrecienta por días y la Archidiócesis de Barcelona, con 2 millones de católicos, tiene 26 seminaristas. En Gerona, quedan poco más de cien sacerdotes, con una edad media de 73 años. En Vic han muerto 144 sacerdotes desde 2003, mientras que se han ordenado 15. En el periodo 2000-2019, España pasó de 227 ordenaciones a 125, Alemania de 140 a 55, Francia de 150 a 94, Italia de 520 a 310, es un proceso que no ha mejorado, ha empeorado y mucho, en los diez años del Papa Francisco. ¿Esto es lo que algunos llaman primavera?

«…y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

Buena lectura.

El rescripto del papa Francisco sobre la liturgia tradicional



Hoy se conoció un breve rescriptum ex audiencia Sanctissimi. Este tipo de documento es una decisión del Romano Pontífice comunicada de viva voz a algún eclesiástico de la curia romana recibido en audiencia, que después deja constancia por escrito de esa resolución oral (el llamado oraculum vivae vocis), de manera que se considera válida a efectos de prueba y es eficaz también ante terceros. En pocas palabras, el documento de menor jerarquía dentro del complejo arsenal del que dispone el Romano Pontífice, y que puede ser modificado mañana mismo por él mismo o por quien lo suceda.

En este caso, la comunicación oral fue al cardenal Arthur Roche, prefecto del dicasterio del Culto Divino y en él no se hace más que repetir lo que ya había sido dicho en Traditionis custodes, aunque limitando aún más el poder de los obispos en cuanto a los lugares y las personas del clero que pueden celebrar la liturgia tradicional. Como dijimos en su momento en este blog y como se comentaba en todo el universo tradi y en los ambientes curiales, se sabía con certeza que se estaba preparando por parte de Roche, el arzobispo Viola y algún asesor de San Anselmo (¿Andrea Grillo?) un documento que, en forma de constitución apostólica, buscaba restringir de un modo brutal la celebración tradicional, ensañándose sobre todo con los llamados “institutos Ecclesia Dei”. También dijimos que ese documento podía estar listo y encuadernado, pero que otra cosa era ver si Francisco lo firmaba. Y lo que yo puedo hipotizar es que no lo firmó.

Mi reconstrucción es la siguiente: ayer, 20 de febrero, el cardenal Roche tuvo una audiencia con Francisco según lo informa la misma Santa Sede. Iba en busca de una constitución apostólica y salió con un rescripto. El Santo Padre le dijo que no firmará ningún nuevo documento restrictivo de la liturgia tradicional y le concedió un pequeño ajuste más a lo dispuesto por Traditionis custodes que cambiará poco y nada a lo ya legislado.

Acerquemos un poco más la lupa:

1. El rescriptum lo que hace es quitarle aún más poder a los obispos. La cuestión es cómo caerá un documento de este tipo entre los obispos, sean de la orientación que sean, pues la Curia romana se inmiscuye descaradamente en el gobierno de sus propias diócesis. Estimo que los podrá aún más furiosos de lo que ya están y que no todos obedecerán. ¿Qué poder de policía tendrá el dicasterio de Culto para hacer cumplir esta nueva prescripción? ¿Qué le harán al obispo que, por ejemplo, designa sin permiso de Roma una iglesia parroquial para celebrar la misa tradicional? ¿Le tirarán las orejas? Los obispos no quieren problemas con sus fieles, por lo que no obedecerán fácilmente a los caprichos de un menos que mediocre cardenal. Pasará lo mismo que pasaba cuando un obispo ponía problemas a los sacerdotes para celebrar la misa latina: las quejas llegaban a la comisión Ecclesia Dei, ésta llamaba al obispo y luego éste seguía haciendo lo que quería, y nadie le hacía, ni le podía hacer nada.

2. Sería muy extraño que, como algunos pueden pensar, dentro de un par de semanas —el 3 de abril se decía— apareciera finalmente el feroz documento y que el rescripto sea no más que un aperitivo. Bergoglio podrá ser muy modernista o lo que se quiera, pero es un buen político, y por eso mismo es impensable, en mi opinión, que esté sacando continuamente documentos restrictivos sobre un mismo tema. Eso sería un clarísimo signo de debilidad que él nunca se va a permitir, y mucho menos por un tema que no le interesa en absoluto, y muchísimo menos aún si quien se lo propone es Roche, a quien detesta, según dicen todos, y que no sería extraño que en cualquier momento terminara como primer arzobispo de la isla de Santa Helena.

3. En Roma, y en el mundo tradi, todos estaban a la espera de la sanguinaria constitución apostólica. Esto, por ejemplo, se había publicado hace apenas dos días. Y seguramente los ideólogos del dicasterio de Culto estarían exultantes esperando la muerte del mundo tradicionalista. Lo que ha ocurrido es, en lenguaje curial, una espantosa derrota y humillación de Roche. Ha quedado en evidencia su escaso poder, la total falta de confianza que el pontífice tiene en él y, consecuentemente, que es un hombre débil, casi un leproso al que pocos volverán siquiera la vista para saludar. Y, consecuentemente, que nunca más podrá restringir, mientras Francisco siga reinante en la iglesia católica, la liturgia tradicional. El pontífice no quiere más problemas gratuitos que le generan antipatías, motorizados por un grupo de chalados, que es lo que ocurrió con TC.

4. Se dice, y es probable que así sea, que este rescripto se orientaría a restringir al clero diocesano pero que el próximo documento se orientaría a los institutos Ecclesia Dei. Todo puede ser, pero sería muy raro que el mismo Papa que hace poco más de un año dio todas las libertades al más emblemático de estos institutos, la FSSP, ahora cambie totalmente de postura. No dudo que ese documento está escrito, corregido y con los cantos dorados. Pero sospecho que quedará en ese estado en el cajón del algún escritorio del dicasterio de Culto. Ningún político que se precie estaría levantando todo los meses una causa antipática para todos, menos para algunos modernistas trasnochados. Como dice Maquiavelo, maestro de Bergoglio, las leyes malas y antipáticas se aplican todas de una sola vez y no en cuotas.

Veremos si este análisis rápido y preliminar se confirma. Con el Papa Francisco nunca se sabe por dónde puede saltar la liebre, pero mi olfato me dice que las cosas son como las relato.

The Wanderer

martes, 21 de febrero de 2023

Rescripto sobre la implementación de Traditionis Custodes



El boletín diario de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Feb-20-2022, dio cuenta de una audiencia concedida por Francisco al cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. Ya sabemos para qué era la audiencia.

El mismo boletín diario de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Feb-21-2022, publica el texto de un rescripto sobre la implentación de Traditionis Custodes, autorizado en audiencia —la que acabamos de aludir— al prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos (también publicado en L'Osservatore Romano), el cual confirma en parte los rumores que se han venido dando desde Enero sobre más medidas restrictivas a la liturgia tradicional (1, 2, 3, 4). En este rescripto no se habla de la parte concerniente a las comunidades antiguamente llamadas Ecclesia Dei, por lo que se infiere que para ellos vendría otro documento, la posible constitución apostólica de la cual han hablado los rumores precedentes.

No se han dignado proporcionar una traducción oficial, por lo cual proporcionamos una nuestra.

Sobre la implementación del motu proprio del Papa Francisco «Traditionis Custodes»

Rescriptum ex audientia Sanctissimi

El Santo Padre, en la audiencia concedida el 20 de febrero último pasado al suscrito Cardenal Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, confirmó lo siguiente con respecto a la implementación de su Motu Proprio Traditionis custodes de 16 de julio de 2021.


Son dispensas reservadas en modo especial a la Sede Apostólica (cf. c.i.c. can. 87 §1):

— el uso de una iglesia parroquial o la erección de una parroquia personal para la celebración eucarística usando el Missale Romanum de 1962 (cf. Traditionis custodes art. 3 §2);

— la concesión de la licencia a los presbíteros ordenados después de la publicación del Motu proprio Traditionis custodes de celebrar con el Missale Romanum de 1962 (cf. Traditionis custodes art. 4).

Como está establecido por el art. 7 del Motu proprio Traditionis custodes, el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ejerce sobre los casos arriba mencionados la autoridad de la Santa Sede, vigilando sobre la observancia de cuanto se ha dispuesto.

Si un obispo diocesano ha concedido dispensas en los dos casos puntuales arriba mencionados, está obligado a informar al Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que evaluará los casos individuales.

Además, el Santo Padre confirma —habiendo ya expresado su asentimiento en la audiencia del 18 de noviembre de 2021— cuanto está establecido en la Responsa ad dubia con las anexas Notas Explicativas del 4 de diciembre de 2021.

El Santo Padre también ha ordenado que el presente Rescripto sea publicado en L’Osservatore Romano y, posteriormente, en el comentario oficial de las Acta Apostolicae Sedis.

Vaticano, 20 de febrero de 2023

Arthur Card. Roche
Prefecto