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viernes, 8 de septiembre de 2023

Quiero aprender latín como autodidacta, pero no sé cómo hacerlo. ¿Por dónde empezar?

COMENIUS
Todo idioma se aprende por uno mismo en lugar de ser enseñado, es decir, escuchando, leyendo, releyendo, transcribiendo, tratando de imitar con la mano y el lenguaje con la mayor frecuencia posible. J. A. Comenius


Omnis lingua ūsū potius discātur quam præceptīs, id est, audiendō, legendō, relegendō, trānscrībendō, imitātiōnem manū et linguā tentandō quam crēberrimē. J. A. Comenius

31/03/2021

Me he decidido a escribir esta entrada porque, tras varios años aconsejando a gente que me pregunta cómo puede aprender latín, acabo dando los mismos consejos. Pienso que el hecho de responder privadamente impide que otros puedan beneficiarse de esta información que, dicho sea de paso, a mí me hubiera ahorrado años de trabajo y de dudas en su día. Como creo que puede ser útil, dada la cantidad de gente que tiene alguna curiosidad por el latín pero no está metida en el mundillo, ni sabe por dónde empezar, ni cómo, ni con qué, considero que puede ser útil escribir esta entrada desde mi experiencia.

Mi experiencia es la de un autodidacta. Ni he estudiado latín en la escuela, ni en el instituto, ni en la universidad. Mi bachillerato fue de Sociales y en la universidad estudié Derecho. Estudié latín porque siempre me había llamado la atención y porque nunca oí palabra mala a propósito del mismo en casa y lo estudié precisamente como cualquier otra lengua moderna. No con el fin de ser filólogo, sino del mero hecho de saber latín: leer, escribir, hablar, entender. Por lo tanto, los consejos que ponga aquí están centrados en aquellas personas que, por alguna razón, se ven obligadas a aprender por sí mismas pero que, precisamente por este autodidactismo se encuentran en el desconocimiento más absoluto: no saben ni por dónde empezar. Esta es una guía de un autodidacta para posibles autodidactas o aquellos que puedan querer reconvertirse de su experiencia en la enseñanza reglada. Hechas estas prevenciones, podemos empezar.

Aprender un idioma y sobre todo aprenderlo bien es algo que lleva tiempo, pero lleva muchísimo menos del que la gente se imagina, sobre todo si se hace con buenos libros y buenas técnicas. En esta entrada trataré cuestiones relativas al latín, dejando manuales y cuestiones de griego para otra entrada.

Lingua Latīna per sē Illūstrāta

De manuales de latín, el que es más usado y más recomendado es la serie de libros de Lingua Latīna per sē Illūstrāta (La lengua latina ilustrada por sí misma) de Hans Orberg. Enlazo información detallada sobre los libros (se pueden ver también páginas de muestra), el método… pero básicamente se caracteriza por ser un manualito que se explica sólo en latín a través de imágenes, sinónimos, antónimos… No hay nada en otro idioma que no sea latín, ni siquiera el copyright.

Esta serie de libros se divide en dos libros de texto, la parte I, llamada Familia Rōmāna, y la parte II, llamada Rōma Æterna. En el primero se trata, a través de la vida diaria de una familia romana de comienzos de nuestra era, la práctica totalidad de la gramática y un vocabulario de unas 1500 palabras. El segundo libro es un conjunto de adaptaciones de autores clásicos que narran la historia de Roma desde sus orígenes míticos hasta aproximadamente el siglo I, con un vocabulario adicional de 2500-3000 palabras. En total el método ofrece la gramática completa de la lengua latina y un vocabulario de unas 4500 palabras.

Aparte de estos libros de texto, que constituyen el grueso del material, hay un libro de ejercicios para cada volumen [Exercitia Latīna] y que son recomendabilísimos para cuadrar las estructuras gramaticales, cotejar lo aprendido y afianzar estructuras, etc. El libro de texto, por muy bueno que sea, es la mitad de efectivo sin este otro libro. Si no se hacen los ejercicios en el fondo acabará fallando la base y según se vaya progresando se nos hará más y más cuesta arriba hasta que tengamos que parar o volver atrás, habiendo perdido irremisiblemente el tiempo y también un libro con explicaciones en español de cada capítulo del texto [Latīnē discō, guía del alumno] (qué caso o declinación o tiempo verbal se está viendo, cómo funciona, cómo se construye, cómo se usa tal estructura, qué está pasando en el texto, explicaciones sobre algún aspecto cultural o social, etc).

Del primer volumen hay también unos audios, grabados por el autor, que son muy recomendables para fijar el vocabulario y las estructuras en la mente. Es un error intentar aprender un idioma sin escucharlo y esto se aplica también para el latín. La escucha activa, frecuente y repetida de las grabaciones de los textos fija el vocabulario y las estructuras gramaticales de manera más sencilla que a través del mero repaso. Además, con los medios de hoy es sencillo escuchar en cualquier parte o si se tiene tiempo muerto en cualquier actividad. Nunca insistiré lo suficiente en la importancia de escuchar fragmentos comprensibles de un idioma una y otra vez de forma espaciada, por mucho que nuestro objetivo sea leer a los clásicos. No hay trampas, ni atajos, ni trucos para aprender idiomas más allá de esto. Escuchar mucho y muchas veces nos garantiza formar los automatismos necesarios para el vocabulario y las estructuras, y nos facilita entender el idioma más allá de la mera exposición de reglas. Además, facilita el aprendizaje de las vocales largas, aspecto muy descuidado por la mayor parte de quienes estudian el latín y que pasa a tener una dificultad imposible si no se escucha. El idioma se asimila y absorbe no sólo por los ojos, sino también y muy notablemente por los oídos.

Este conjunto de libros es lo que usé yo para enseñarme a mí mismo (salvo el libro de explicaciones, que no sé por qué no lo compré en su día, me habría ahorrado muchísimos quebraderos de cabeza), amén de unos pequeños libritos de lecturas adaptadas que proporcionan vocabulario adicional y se van insertando a lo largo de los dos libros principales, y que además sirven de colchón para evitar el salto de nivel que se produce entre el volumen I y el II, dado que el II es bastante más complicado. Estos libritos adaptados van intercalándose para su lectura en distintos puntos del curso principal, dado que incluyen vocabulario o gramática explicados hasta cierto punto. Algunos siguen los capítulos del primer volumen, otros están recomendados tras haber terminado el primero, otros a partir de cierto capítulo del segundo… Además, las palabras que no se hayan visto previamente aparecen explicadas e incluyen siempre un pequeño glosario al final. A través de estas lecturas el vocabulario puede ampliarse en unos cuantos miles de palabras más, por lo que resultan muy útiles para alcanzar la verdadera fluidez en el idioma.

En este enlace a Cultura Clásica pueden encontrarse los distintos libros disponibles, información sobre los mismos, páginas de muestra, precios, etc.

Scorpio Martianus (quien tiene también muchos vídeos tanto en latín como en inglés en Youtube) ha hecho una crítica del método y los diferentes libros que lo componen (en inglés):

Le Latin sans peine

Otro de los libros que más me han gustado (y he usado) para aprender latín ha sido el Le Latin sans peine, de la editorial francesa Assimil. Respecto del método que usa esta editorial especializada, cómo funciona y cómo puede usarse escribí aquí. Este libro tiene la dificultad de que por el momento sólo se encuentra con explicaciones en francés, italiano y alemán, pero es una absoluta maravilla y publicado por una editorial francesa especializada en métodos de idiomas para autodidactas. No faltan en Youtube y el resto de Internet opiniones y reseñas sobre varios de los libros que tienen para aprender o el método en general. El catálogo disponible en lengua francesa es impresionante.

En todo caso, si no se conocen estos idiomas de las explicaciones, hay unos cursos gratuitos que empiezan todos los años en septiembre en la Schola Latina Universalis, donde proporcionan traducción del libro al español.

Es un libro fabuloso con escenitas cotidianas y diálogos: los personajes reservan hoteles, van en tren, comen, sin faltar lecciones de clásicos adaptados. Si se quiere ojear la versión original de 1966, puede consultarse aquí. De todos modos la editorial sigue reeditándolo y puede encontrarse fácilmente por internet para su compra. Hay que poner atención, con todo, y asegurarse de que el libro que se adquiere es el de Clément Desessard, puesto que hay otra versión con el nombre Le Latin de Isabelle Ducos Philippi, que no es tan buena. Tal es así que parece que las quejas de latinistas a la editorial supusieron su retirada y la reedición del clásico de Desessard. Con un humor bastante peculiar de esta editorial, proporciona toda la gramática y un vocabulario de unas 3500 palabras, nada desdeñable. Como todo método de idiomas, no es un libro a leer una sola vez, el fin último es absorber todo lo que contiene, y eso se hace a base de repetir. Por supuesto, la primera vez que se cursa será más difícil, pero según se gana soltura se va leyendo y entendiendo mucho más rápido, y si esto se hace unas cuantas veces, el resultado será muchísimo más satisfactorio e irá cuadrando todo. Lo mismo puede decirse para las traducciones que han de hacerse del texto, el poder corregirnos cotejando con el original y las notas del texto hace mucho para sustituir la labor de un profesor a quienes no cuenten con uno.

En mi opinión, si alguien sabe francés o está próximo a septiembre y puede usar ese libro para los cursos de la Schola, es lo que yo recomendaría para quienes no tienen profesores capaces de enseñar hablando o no tendrían la constancia para ser autodidactas puros. El método son 100 leccioncillas relativamente cortas y en un año da muy buena base, además de que cuenta con audios de todo el libro.

Estos dos métodos constituyen la mejor base para el aprendizaje del latín de la manera más natural y eficaz, sean cuales sean nuestros objetivos. Por supuesto, no son excluyentes, lo mejor sería acabar usando ambos, cada uno a su tiempo. Estimo que el de Assimil proporciona una base cercana al B2 dentro del Marco Europeo de referencia para las lenguas (si se absorbe bien, no sólamente a través de una sola lectura), mientras que el conjunto de libros de Lingua Latīna per sē Illūstrāta pueden llegar a algo muy cercano al C1, visto que tratan la totalidad de la gramática y un vocabulario nada despreciable de aproximadamente 6000 o incluso 7000 o más palabras.

Técnicamente estos métodos nos dan la base para zambullirnos en los clásicos antiguos y modernos, pero hay todo un mundo ahí fuera. En este punto recomendaría acudir a lecciones bilingües o con notas para los clásicos, si se pueden encontrar, sobre todo por cuestiones culturales que nos alejan de los romanos y pueden hacernos difíciles la lectura, pero en principio se cuenta ya con todas las herramientas necesarias. Los propios manuales reseñados están plagados de fragmentos de obras que pueden pasar a leerse directamente en el original.

Hay vida más allá de estos manuales

Más allá de esto, ¿qué hay? Dado que el latín lleva enseñándose unos cuantos siglos, no faltan métodos destinados a perfeccionarse en el idioma, sobre todo por humanistas, lo difícil es saber que existe, dónde encontrarlo, qué es lo mejor. Aquí encontramos desde libros destinados al aprendizaje de fraseología (expresiones, refranes, frases hechas), como los Adagia de Erasmo (un conjunto monumental de proverbios, frases hechas y refranes extraído de los autores clásicos), a libros de vocabulario, diálogos escritos por humanistas para perfeccionar el latín, etc. Destacando los de Vives, Corderio, Erasmo, y otros, en los que tratan diferentes escenitas de la vida diaria para enseñar el latín. Los personajes discuten, enseñan fórmulas de saludo, los juegos de cartas y la baraja, van de compras… La digitalización que se lleva a cabo por diferentes universidades y en Google Books nos permite encontrar estas ediciones de una manera totalmente asequible. Por ejemplo, la Academia Vivarium Novum ha reunido en su página web algunos de estos diálogos renacentistas y barrocos.

Para el aprendizaje más profundo del vocabulario, sin embargo, yo propongo los libros que ando reeditando de Comenius. Escribí en otra parte a propósito de mi proyecto y qué implica y qué espero conseguir con ellos. Dado que el latín se ha venido usando sin interrupción durante siglos, el vocabulario no ha dejado de crecer. Es justo que nosotros, si queremos hablar y entender bien el latín, contemos con el vocabulario necesario y lo conozcamos, sobre todo para evitar que, por desconocimiento del mismo, nos veamos obligados a acuñar neologismos para cuestiones que ya cuentan con una palabra al efecto. Igualmente, es costoso encontrar las diferentes palabras que puedan faltarnos (animales, plantas, herramientas, profesiones…) y que se encuentran desperdigadas aquí y allá en multitud de libros.

El primero de los libros de Comenius, el Vestibulum, apenas tendrá dificultad alguna para quienes hayan completado los libros que he propuesto. El vocabulario es muy sencillito (unas 1700 palabras) y el libro se compuso teniendo en mente a niños de unos 8 años. Ahora bien, a partir del segundo volumen (el Orbis Sēnsuālium Pictus) la cosa va a complicarse por el nivel de detalle que se va a alcanzar. Las lecciones no serán para aprender la palabra pájaro y algunos de los pájaros más comunes, como la paloma, el gorrión o el cuervo, sino que pasan a suponer listas detalladas de animales, sus partes, herramientas, profesiones, frutas y verduras, frutos secos, las partes del cuerpo, y multitud de otras cuestiones relativas a las ciencias del siglo XVII. El tercer volumen (Jānua Linguārum Reserāta) proporcionará un vocabulario detalladísimo, ampliando sobre lo ya visto en los libros anteriores. El último volumen (Latīnitātis Ātrium) es una elaboración retórica y literaria del texto de la Jānua, a nivel no ya bilingüe, sino plenamente literario. Alguien que recorra estos libros de Comenius estará capacitado para entender todo lo que se le ponga por delante con el mínimo esfuerzo y de usar el idioma con la mayor perfección y pureza.

Considero que estos libros de mi proyecto pueden ser la mejor vía para aquellos que quieran conocer más en profundidad el vocabulario de la lengua latina, dado que los libros, aunque tratan los mismos temas, son cada vez más detallados. Cada libro construye sobre el texto del anterior hasta llegar prácticamente al bilingüismo. Además, cuentan con traducción al griego y al español (salvo el último, cuando se edite), lo cual facilitará reconocer la palabra exacta.

¿Cursos?

Aparte de la vía del autodidacta, que puede ser un poco pesada y frustrante (sobre todo si no se sabe muy bien cómo proceder, hasta para enseñarse uno hay que aprender), no faltan cursos donde aprender latín. Aunque el objetivo de esta entrada es favorecer el estudio autodidacta, nada impide que un autodidacta pase por algún momento por un aula en un curso de verano o en algunas jornadas. Por esa razón gloso también brevemente algunos lugares donde encontrar más información (sin ánimo de ser exhaustivo y sujeto a ampliación según me consten más).

En todo caso, los más célebres son los de la Academia Vivarium Novum en Italia (página en inglés, italiano y latín), que ofrece tanto cursos veraniegos como estancias de un año académico (con ciertas condiciones). La Schola Latina, también en Italia. Los cursos de verano de la Schola Æstiva Posnaniensis en Poznań, Polonia. El Instituto Polis (en Roma y Jerusalén), que tiene también posibilidad de griego y otros idiomas, como árabe, hebreo, etc, aunque creo que sólamente en Jerusalén). El Paideia Institute en los Estados Unidos, con cursos en algunas ciudades europeas. Y en España destacan los cursos del CÆLVM cada mes de agosto en Madrid. En Internet, los gratuitos y ya tratados de la Schola Latina Universalis, y muchos otros más, tanto dentro como fuera de Europa. Con la pandemia también muchos de estos cursos han pasado a formato virtual, por lo que puede ser más sencillo acudir a alguno sin tener que viajar.

Consejos varios

Aparte de todos estos manuales que puedan utilizarse, quisiera sugerir algunos pequeños consejos que me han servido para perfeccionarme (más allá de la insistencia en los audios…).

Aprender un idioma es familiarizarse con una serie de cuestiones: el vocabulario, la gramática y varias estructuras, y cómo se manipulan. Para el aprendizaje del vocabulario, sobre todo para su repaso, no puedo sino recomendar el elaborar fichas al efecto y que se repasen de manera frecuente, aunque sean unas pocas cada vez. Pueden hacerse en papel o en aplicaciones como Anki (gratuita y disponible para varias plataformas). La posibilidad de repasar el vocabulario, autocorrigiéndose (dado que en el reverso de la ficha está la solución), de forma periódica y, sobre todo variada nos ayuda a asimilar las palabras, expresiones, refranes que vayamos viendo. Y digo variada porque como las fichas pueden barajarse, se incluyen nuevas continuamente, las que ya se han aprendido se destruyen. El modo en que se secuencia el vocabulario para aprenderlo va variando, y en este sentido a mí me parece mejor que aprenderlo directamente a partir de una lista. A mí me pasa que de una lista acabo sabiéndome muy bien las primeras palabras, pero las del final suelen permanecer un poco en la sombra. No es muy divertido leerse una y otra vez la lista de la compra. Con fichas de vocabulario las palabras se tratan como unidades discretas de información que van afianzándose en la mente poco a poco a base de repetir de forma espaciada, prueba y error, etc. Además, el hecho de que estén escritas por ambas caras (en el papel) permite no sólo adivinar el significado en español de una palabra latina, sino también al revés, intentar encontrar la traducción de la palabra española simplemente dándole la vuelta al taco de fichas. En el caso del programa Anki esto lo hace automáticamente con el paso del tiempo, poniendo una u otra cara de la ficha. Un poco de trabajo constante y repeticiones espaciadas del material obran maravillas y simplifican enormemente el proceso.

Hay todo un mundillo de políglotas de internet y también un montón de métodos diferentes para aprender. Hay foros enteros repletos de discusiones sobre cuáles son los mejores métodos para aprender tal o cual idioma (me refiero tanto a manuales como técnicas) o aprendizaje de idiomas en general. Cada maestrillo tiene su librillo y al final siempre se pueden adaptar o combinar varias para nuestros objetivos específicos según nos vengan mejor.

Aparte de las fichas de vocabulario otra cosa que viene bien es tratar el texto del manualillo de que se trate (o fragmentos del mismo) como un arenero para jugar antes que como un texto meramente estático. Me explico: de unas cuantas frases o párrafos podemos ir perfeccionando cosas que hemos aprendido posteriormente, aprovechando que ese texto está ya escrito. Por ejemplo, si en algún momento aprendemos el futuro, podemos tomar algunas frases sencillas del comienzo del libro y conjugar los verbos en futuro; en griego, con los aoristos. Se puede también variar el género y el número de lo que se trate, pasando los masculinos a femenino, los singulares a plural, y viceversa, para perfeccionar y hacer más sencillo el concordar verbos y adjetivos en género, número, aspecto… Como tomamos algo más sencillo jugamos con la ventaja de que es un entorno seguro en el que cambiamos una o dos cosas cada vez.

En el mismo sentido, ayuda ir amplificando las frases o conceptos según aumentamos el vocabulario o vamos aprendiendo colocaciones, tiempos verbales, etc. De una frase sencillísima como Veo el gato podemos ir sacando progresivamente: veo el gato. Veo el gato negro. El gato negro está en el tejado. Veo el gato negro que está en el tejado. Veo los gatos negros que están en el tejado. Ayer vimos los gatos negros que estaban jugando en el tejado. Podemos ir variando a placer la complejidad de frases absolutamente banales, lo cual nos ayuda a automatizar las conjugaciones y las declinaciones de manera más sencilla que mirar o copiar las tablas. Para formar párrafos complejos ayuda mucho manipular frases de este estilo.

En su día adapté un poco la técnica del scriptorium de Alexander Arguelles, que consiste básicamente en leer una frase en voz alta, copiarla mientras se dice cada palabra en voz alta, y una vez terminada de copiar, se vuelve a decir. Una cosa bastante tonta pero que implica prestar atención a lo que se va viendo en la lección.

En su día también utilicé su técnica de shadowing, que consiste más o menos en ir escuchando una grabación en el idioma e ir repitiendo, inmediatamente después y sin parar, lo que se va oyendo. Hay un vídeo en el que explica de forma detallada cómo lo hace él:

Aparte de todas estas cosas cada vez son más los medios disponibles y la comunidad de gente que quiere aprender latín y no sólo su gramática va creciendo. En tuiter se encuentra bastante gente, pero para el aprendizaje se pueden encontrar varias páginas en Facebook, como por ejemplo Aprender latín en latín y otras similares, en los que los miembros siguen a veces alguno de los manuales expuestos o se preguntan dudas o exponen consejos.

Por último, quiero destacar la existencia de las diferentes tertulias (Círculos Latinos) que hay para hablar en latín (o griego, en algunos casos) y que se reúnen periódicamente a lo largo y ancho del globo y que, para mayor comodidad, he glosado en un mapa de Google Maps aquí, en el que intento incluir no sólo la localización del Círculo Latino, sino también su periodicidad o modos de contacto con los organizadores, páginas web o de Facebook si me constan, etc, de manera que, si existe alguno cerca de ti, tengas más fácil poder visitarlo. Además, ahora por la pandemia muchos de ellos se reúnen por internet, lo cual ha favorecido las visitas e intercambios entre varios círculos, enriqueciendo así a la comunidad y el uso del idioma como medio de comunicación entre los hablantes. No faltan tampoco foros ni servidores de Discord donde practicar el idioma.

Espero que los manuales o consejillos que he tratado aquí sirvan a aquellos que quieran aprender latín pero no tengan ni idea de cómo o por dónde empezar. No es tan fiero el león como lo pintan. Si gracias a esta pequeña entrada ahorro a alguien tiempo de trabajo y facilito su camino hacia la latinidad, haber expuesto esta información habrá valido la pena. Valē.

ESPECIAL MONARQUÍA EN TIEMPOS CONVULSOS EN ESPAÑA (I)

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Hay que parar a Sánchez: el Rey podría utilizar los artículos 2 y 62 de la Constitución... y lo sabe

¡A tocar las narices al Rey, para que abandone su situación de confort!

España se levanta contra la amnistía: "Manifestación a las 12:00 horas del 10 de septiembre en los ayuntamientos de todas las ciudades y pueblos de España”

continuará

«El proceso sinodal: Una caja de Pandora», José Antonio Ureta y Julio Loredo de Izcue




Por Javier Navascués


José Antonio Ureta

José Antonio Ureta. Español, nacido en Chile, con estudios incompletos de Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Santiago, militante de la TFP en varios países (Chile, Brasil, Canadá, África del Sur y Francia), presidente de la asociación francesa Avenir de la Culture, columnista de la revista Catolicismo (Brasil), animador de programas radiales semanales y de un canal de YouTube de la iniciativa “Credo Chile” y autor de "El cambio de paradigma del Papa Francisco: ¿Continuidad o ruptura en la misión de la Iglesia?" (AQUÍ).


Julio Loredo de Izcue

Junto con Julio Loredo de Izcue ha escrito el libro "El proceso sinodal: Una caja de Pandora". Un libro cuyo prefacio ha sido escrito por S. E. el cardenal Raymond Leo Burke. En esta entrevista analiza algunos de los aspectos fundamentales del libro.[ES] El proceso sinodal – Una caja de Pandora.pdf (synod2023.info) (AQUÍ).

¿Qué es un sínodo y qué importancia tiene en la Iglesia?

Durante varios siglos, el término “sínodo” ha designado las reuniones del clero de una diócesis para tratar asuntos eclesiales relacionados con el bien espiritual de la comunidad diocesana (Código de Derecho Canónico 1917, c. 356; Código de 1983, c. 460). También designaba las reuniones de los obispos de una región o de un país, que en el código actual son llamadas Concilios particulares (c. 439-446), para diferenciarlas de los concilios ecuménicos que reúnen los obispos del mundo entero.

Esas reuniones eran tradicionalmente esporádicas. Pero el Papa Paulo VI introdujo después del Concilio Vaticano II una novedad: con el motu proprio Apostolica Sollicitudo, estableció el Sínodo de Obispos como un órgano eclesiástico central (aunque externo a la Curia romana), representativo de todo el episcopado católico y de carácter permanente, pero cuya función se ejerce de manera ocasional (en general, las asambleas ordinarias son cada tres o cuatro años).

Otra novedad consistió en que Paulo VI amplió los objetivos de esas reuniones episcopales de carácter consultivo. Hasta entonces, los objetivos de los sínodos diocesanos o regionales eran apenas pastorales y disciplinarios, por lo que las cuestiones de fe y las cuestiones disciplinarias que sobrepasaban el nivel diocesano o regional estaban fuera de su competencia. Pero, Apostolica sollicitudo incluyó como uno de los objetivos del Sínodo de los Obispos “facilitar la concordia de opiniones, por lo menos en cuanto a los puntos fundamentales de la doctrina y en cuanto a al modo de proceder en la vida de la Iglesia”.

La importancia de los sínodos se desprende de lo dicho por el gran canonista y posteriormente papa Benedicto XIV, en su obra magistral De Synodo diocesana, quien resume en estas sencillas palabras sus objetivos: depravata corrigantur; ignorantes instrumentales; regulae morum formentur; sínodo provincial decreta publicentur, es decir, “corregir los abusos, educar a los ignorantes, promover las buenas costumbres y poner en práctica las decisiones de los concilios generales o provinciales”.


¿Por qué éste trata precisamente sobre la sinodalidad?

Porque el papa Francisco, por medio de la Constitución Apostólica Episcopalis communio, alteró el Sínodo de los Obispos para involucrar a todos los fieles, articulándolo en tres etapas: una fase de consultación al Pueblo de Dios; una fase celebrativa, o sea la reunión de los obispos en asamblea; y una fase de implementación, en la que las conclusiones de la Asamblea, aprobadas por el Papa, deben ser acogidas por toda la Iglesia. Se trata, según el Pontífice, de “caminar juntos, laicos, pastores, Obispo de Roma”, superando el “clericalismo” y la imagen de una Iglesia “rígidamente dividida entre dirigentes y subalternos, entre los que enseñan y los que tienen que aprender”.

Etimológicamente, syn-hodos significa caminar juntos y, para Francisco, esa es una dimensión constitutiva de la Iglesia. O, como escribió la Comisión Teológica Internacional, un nuevo modus vivendi et operandi de la Iglesia, en el cual se toman las decisiones basándolas en la voz viva del Pueblo de Dios para coger lo que el Espíritu quiere decir a la Iglesia hoy. La premisa de la sinodalidad, siempre según el Papa, es que, por el sentido sobrenatural de la fe (sensus fidei), todo el Pueblo de Dios no puede equivocarse, ya que es infalible in credendo y que, además, tiene “olfato” para encontrar los caminos que el Señor abre a su Iglesia. O sea, vox populi, vox Dei…

¿Por qué no interesa realmente a la gente este sínodo?

Es verdad que casi nadie está realmente interesado. Las razones las dio el propio Papa Francisco, el sábado pasado, en un encuentro con un grupo de periodistas que fue a entregarle un premio, a los que les pidió ayuda: “Soy muy consciente de que hablar de un ‘Sínodo sobre la sinodalidad’ puede parecer algo abstruso, autorreferencial, excesivamente técnico y de poco interés para el gran público”.

Pero sin embargo hay mucho en juego, pues usted y Loredo han descrito este proceso sinodal como una caja de Pandora…

Sí, porque esa “escucha” de toda la comunidad implica, de un lado, en una reformulación de la autoridad dentro de la Iglesia y, de otro lado, en un cuestionamiento de muchas enseñanzas tradicionales e inclusive de algunos dogmas.

¿Por qué dice usted que la sinodalidad acarrearía una reformulación de la autoridad en la Iglesia?

Según el Documento de Trabajo del Sínodo, habría que cambiar las estructuras de la Iglesia en tres planos: en su estilo ordinario de vivir y de actuar, en el plano de las estructuras y de los procesos eclesiales y en el plano de los procesos y eventos sinodales. Esa reforma sería necesaria porque en la estructura jerárquica actual hacen falta procesos comunitarios de escucha y de discernimiento que reconozcan la corresponsabilidad de todos los bautizados. En el futuro, las conferencias episcopales deberían incluir en sus reuniones representantes del clero y del laicado y los consejos diocesanos y parroquiales deberían tener un rol deliberativo y no apenas consultivo. Como justificación, la Comisión Teológica Internacional afirma que es necesario distinguir entre la elaboración de una decisión (decisión-making), que debería ser comunitaria, y la toma de decisiones (decisión-taking) que correspondería a la autoridad. Pero, según el Cardenal Coccopalmerio, ni siquiera el papa debería decidir algo contra la opinión mayoritaria, hasta que no se alcance un consenso.

¿Qué peligro tendría una democratización de la Iglesia?

Sería crear una nueva secta protestante que dejaría de ser la Iglesia de Cristo, cuya estructura visible es jerárquica y se basa en el sacramento del Orden sagrado, el cual confiere a los que lo reciben no sólo el poder de santificar, a través de la administración de los sacramentos, sino también un poder jurisdiccional de enseñar y de gobernar. Sobre todo los Obispos, como pastores, poseen sobre su rebaño un poder ordinario, propio e inmediato, incluido el poder legislativo, que deben ejercer de manera personal y exclusiva sin que se les sea permitido legislar junto con otras personas, organismos o asambleas diocesanas.

¿Qué es el Synodaler Weg alemán y qué influencia puede tener en el Sínodo?

El Camino sinodal alemán fue una impostura. El Episcopado y la Federación de Laicos alemanes inventaron la fórmula del “camino” para no someterse a las reglas estrictas que el Código de Derecho Canónico establece para los concilios regionales, asociando en pie de igualdad a la Conferencia de Obispos de Alemania y al Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), que obtuvo la corresponsabilidad en el desarrollo y resultado del proceso sinodal. La asamblea sinodal, que era el órgano supremo que tomó todas las decisiones, estaba compuesta, por una mayoría de 122 laicos (entre ellos una mayoría de 70 mujeres), frente a sólo 105 clérigos (de los cuales 69 obispos, 32 sacerdotes y 4 diáconos). Además, dos tercios de los laicos del ZdK son delegados de asociaciones católicas y constituyen una especie de nomenklatura de apparatchiks de organizaciones activistas de orientación progresista que no representan para nada a los católicos comunes “de misa de domingo”.

Con ese formato impostor, el Synodaler Weg tomó (con el apoyo mayoritario de los obispos presentes) varias decisiones aberrantes y que se oponen diametralmente a la doctrina católica, como son la futura creación de consejos sinodales permanentes a todos los niveles, la bendición de uniones homosexuales y de divorciados vueltos a casar, la ordenación de personas transexuales, la predicación por laicos y el reexamen del celibato obligatorio y del diaconado femenino.

Realmente sería muy peligroso abrir las puertas a la ordenación sacerdotal de mujeres…

Con la carta apostólica Ordinatio sacerdotalis, S.S. Juan Pablo II declaró de modo solemne que la Iglesia no tiene la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres y que esta doctrina debe ser considerada como definitiva por todos los fieles. La nota de acompañamiento especifica que dicha materia no es meramente disciplinar ni es libremente disputable, sino que exige siempre el asentimiento pleno e incondicional de los fieles.

Admitir mujeres al diaconado implicaría en un golpe mortal a la doctrina sacramental católica, porque Pío XII reiteró, en la carta apostólica Sacramentum Ordinis que “el sacramento del Orden … es uno y el mismo para toda la Iglesia”, comportando tres grados (diaconado, sacerdocio y episcopado). Por eso, la materia del sacramento, que es la imposición de las manos, es la misma para cada grado, cambiando solamente la forma, o sea las palabras proferidas por el ministro, que especifican la gracia ministerial conferida. En consecuencia, si se admitiesen mujeres al diaconado, se debería imperativamente admitirlas también al sacerdocio y al episcopado, como hicieron los anglicanos.

Y también preocupa la inclusión de los homosexuales, pues no se les invita precisamente a vivir la castidad…

El Instrumentum laboris del próximo Sínodo convida a una “inclusión radical” de los que hoy se encuentran “marginalizados” y cita en particular los divorciados vueltos a casar por el civil, los polígamos y los que se definen por la etiqueta LGBTQ+. La idea de fondo es que la exclusión hace sufrir y como Dios es amor sólo puede querer que todos sean incluidos. “Todos, todos, todos”, como insistió Francisco en Lisboa.

Según el Cardenal McElroy esa inclusión radical debe abrir el acceso a la Sagrada Comunión no sólo a los divorciados vueltos a casar (como ya fue autorizado en el capítulo VIII de Amoris laetitia) sino también a las personas homosexuales, porque la Iglesia no puede discriminar entre aquellos que viven castamente y los que están unidos civilmente y practican regularmente actos sexuales contra la naturaleza. Para el obispo de San Diego hacer esa distinción introduciría una división en la comunidad homosexual, lo que aparentemente sería el mal supremo…

Una tal “inclusión radical” sin necesidad de arrepentimiento y propósito de enmienda, en relación a una situación objetiva y permanente de pecado, tornaría superfluo el sacramento de la reconciliación y equivaldría a negar la omnipotencia de la gracia divina para redimir al pecador y santificarlo. Sería como decirle al pecador que para él no hay remedio.

Lo más grave sería autorizar ceremonias de bendición de uniones extra-matrimoniales, aunque no fueran asimilables a una ceremonia de casamiento, porque correspondería a “decir bien” del pecado y atraer la ira de Dios, que no es relativista y dice en la profecía de Sofonías (1, 12) que castigará “a los hombres que se sientan en sus heces y dicen: ‘El Señor no hace nada, ni bien ni mal’”.

¿En qué medida pueden abrirse las puertas a la destrucción de la familia?

Como bien dicen las “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”, firmada por el Cardenal Ratzinger cuando todavía era Prefecto de la entonces Congregación para la Doctrina de la fe, ninguna ideología puede cancelar del espíritu humano la certeza de que el matrimonio en realidad existe únicamente entre dos personas de sexo opuesto, prioritariamente para colaborar con Dios en la generación y educación de nuevas vidas. Por eso, mientras el matrimonio es santo, las relaciones homosexuales, irremisiblemente estériles, están condenadas en las Sagradas Escrituras como “graves depravaciones”.

De allí se deduce que la conciencia moral debe desenmascarar el uso ideológico que se hace hoy de la tolerancia de las relaciones homosexuales y recordar a la sociedad que no se debe exponer “a las nuevas generaciones a una concepción errónea de la sexualidad y del matrimonio, que las dejaría indefensas y contribuiría, además, a la difusión del fenómeno mismo”. Si la legalización de las uniones homosexuales tiende a desvalorizar la institución matrimonial, ¡cuánto más destructor sería que tales uniones fuesen sacrílegamente benditas por ministros de Dios!

¿Cuáles son las principales perplejidades a las que nos vamos a ver sometidos?

La mayor perplejidad acaba de ser expuesta por Mons. Strickland, obispo de Tyler (Texas) en una carta pública a su rebaño. Consiste en el riesgo de que pasemos a ser considerados “cismáticos” los que nos oponemos a que sean puestas en jaque verdades básicas de nuestra fe, como son que la Iglesia Católica es la única verdadera, que es un sacrilegio recibir indignamente la Eucaristía, que toda actividad sexual fuera del casamiento es un pecado grave, que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, que rechazar la identidad biológica implica negar que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y que es falso y peligroso decir o insinuar que todos se salvan independientemente de la vida que llevaron. En realidad, añadió Mons. Strickland, “aquellos que proponen cambios a lo que no se puede cambiar buscan apoderarse de la Iglesia de Cristo y, de hecho, son los verdaderos cismáticos”.

¿Cómo se puede reaccionar contra el Synodaler Weg alemán y contra el rumbo que puede tomar el Sínodo sobre la sinodalidad?

Primero, hay que informarse de lo que está pasando y acompañar al Cuerpo de Cristo en esta repetición de su Pasión, cargando su cruz como nuevos Cireneos. En segundo lugar, hay que conocer más profundamente la fe para poder reconocer la voz del divino Pastor y no seguir el vocerío de los ladrones y salteadores extraños que no entran en el redil por la puerta. Finalmente, hay que resistir cualquier intento de cambiar la doctrina de la Iglesia o la disciplina multisecular que se desprende de ella. Aunque, por algún tiempo, nos convirtamos en “forasteros en la casa de nuestra madre”, como lamenta el Salmista, en cuyo caso debemos permanecer dentro, resistiendo a las tentaciones de apostasía, de sedevacantismo o de indiferencia. Como dice El proceso sinodal: Una caja de Pandora en su conclusión, “es precisamente ahora cuando la Santa Iglesia necesita hijos amorosos e intrépidos que la defiendan de sus enemigos, externos e internos. ¡Dios nos pedirá cuentas!”.

NOTICIAS 7 y 8 de Septiembre de 2023


HISPANIDAD







INFOCATÓLICA



Natividad de la Virgen María (José María Iraburu)

ADELANTE ESPAÑA





LA GACETA DE LA IBEROSFERA



Un informe confirma que la población francesa está sufriendo una sustitución demográfica (Carlos Esteban)

El Gobierno de Francia envía a casa a 67 alumnos que se negaron a quitarse la túnica islámica en el primer día de clase

Selección por José Martí




López Miras, reelegido presidente de la Región de Murcia gracias al apoyo de VOX



El diputado del PP Fernando López Miras ha conseguido los apoyos necesarios para ser investido presidente. Lo ha logrado en el segundo debate de investidura gracias al pacto alcanzado ‘in extremis’ entre PP y VOX para evitar la repetición electoral.

Así, López Miras ha conseguido 30 votos favorables, superando así la mayoría necesaria para ser investido presidente en primera votación (cuantificada en 23 votos), gracias al apoyo de los 21 diputados del PP y de los 9 diputados de VOX.

Cabe recordar que el pasado mes de julio se celebró un primer debate de investidura en el que el candidato del PP no consiguió los apoyos necesarios para ser investido presidente ni en primera ni en segunda votación. Durante todo este tiempo, VOX ha condicionado su apoyo al líder del PP a entrar en el Gobierno de la Comunidad, algo que consiguió el pasado 1 de septiembre.

El acuerdo entre las dos formaciones políticas contempla la entrada de VOX en el Gobierno regional con dos consejerías, la de Fomento y la de Seguridad, Interior y Emergencias, esta última, con rango de vicepresidencia.
Además, el martes 5 de septiembre, PP y VOX sellaron el acuerdo con la firma de un programa de gobierno que incluye 30 medidas entre las que se contempla avanzar en la protección del Mar Menor, la supresión de las subvenciones directas para los sindicatos, erradicar la violencia contra las mujeres, así como garantizar la gratuidad de la Educación de 0 a 3 años en centros públicos, la rebaja de impuestos como el tipo impositivo general del ITP o la reducción del IRPF en los tramos de los salarios medios y bajos, entre otras medidas.
López Miras afronta así su tercera legislatura como presidente de la Comunidad. El diputado del PP llegó al Gobierno en abril de 2017 tras la dimisión de Pedro Antonio Sánchez. En aquel año consiguió ser investido presidente en segunda votación con la abstención de Ciudadanos.

En 2019, López Miras repitió como presidente regional, en esta ocasión consiguió ser investido como presidente gracias a un pacto de gobierno con Ciudadanos y con apoyo exterior de VOX.

Durante dicha legislatura, López Miras tuvo que afrontar una moción de censura de Ciudadanos y PSOE, que no consiguió salir adelante, tras la vacunación irregular de altos cargos de la Consejería de Salud. Esta tercera legislatura la afronta con el apoyo de VOX, partido con el que gobernará.

López Miras es el séptimo presidente de la Comunidad Autónoma de Murcia y el cuarto del Partido Popular. Como jefe del Ejecutivo regional le han precedido los socialistas Andrés Hernández Ros, Carlos Collado Mena y María Antonia Martínez, y los ‘populares’ Ramón Luis Valcárcel, Alberto Garre y Pedro Antonio Sánchez.