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martes, 26 de mayo de 2026

José Javier Esparza: «Es preciso volver a pensar nuestra política en términos de interés nacional»

 ADELANTE ESPAÑA




José Javier Esparza, director y presentador de El gato al agua, en El Toro Televisión, y autor de títulos tan celebrados como su exitosa trilogía La Reconquista, Historia ilustrada de la legendaria infantería española y El jinete de luz. Clavijo, la batalla prohibida de La Reconquista, entre otros, deja por unos momentos la narrativa histórica para adentrarse en el ensayo con Reiniciar España (La Esfera de los Libros).

La periodista Nieves B. Jiménez le entrevista. Por su interés reproducimos dicha entrevista

Ya sabe cómo somos cuando llamamos al informático y le decimos que no arranca el ordenador después de hacer todo lo que nos ha indicado, que nos pregunta «¿has mirado si está enchufado?» Y, ¡sapristi!, no lo está… Ya le digo yo que nos va a costar poner España otra vez en marcha…

Claro que va a costar. Por eso hay que empezar cuanto antes. Enchufarnos. Es decir, recobrar la conciencia de lo que somos en la Historia como nación, como pueblo, como identidad, como comunidad de personas de carne y hueso que viene de una herencia determinada y que quiere sobrevivir en las generaciones futuras. Eso es enchufarnos.

¿Qué hay que reiniciar? Siguiendo con el símil del ordenador, ¿en qué pantalla se quedó colgada España?

Hay que reiniciar, creo yo, el proyecto nacional. España se quedó colgada en algún momento en el que, sin ser demasiado conscientes de ello, decidimos colectivamente que podía construirse un sistema democrático al margen de la nación: borrar la España histórica y disolvernos suavemente en el mundo global, en la Europa sin rostro, etc. Hoy vemos que nos hemos quedado sin nación, primero, y sin democracia después, hasta el punto de que el país lo gobierna una especie de casta de bandoleros apoyada en partidos separatistas que expresamente desean que España deje de existir. Es urgente salir de aquí.

¿Dónde hemos dejado la fuerza y voluntad de la generación de nuestros padres y abuelos que se sobreponían a tanta adversidad y se construían un camino? Las generaciones que nacieron en los años 30 y 40 del siglo pasado han sido los auténticos protagonistas del milagro español, ¿no cree?

Sin ninguna duda. En mi libro No te arrepientas les dedico un capítulo, porque esa generación es una de las muchas razones que hay para sentirse orgullosos de la Historia de España. Lo tuvieron difícil y salieron adelante. ¿Por qué no habría de pasar ahora lo mismo? Los problemas son distintos, pero las ganas de sobrevivir colectivamente deberían ser idénticas.

Dice que España está en vías de desaparecer como nación, España ya no sería España, ¿qué sería?

En lo que se va convirtiendo hoy es en una especie de unidad administrativa fragmentada en oligarquías, tanto territoriales como de otro tipo (políticas, económicas, etc.), cada una de las cuales vela sólo por su propio interés. El mismo peligro acecha a las otras naciones de la Europa occidental. La desaparición de la comunidad nacional significa también la desaparición de la democracia, porque ya no hay demos. Entraríamos en otra fase, una fase de descomposición acelerada.

En lo que sí estamos sumidos es en plena docilidad a la farsa del globalismo que apunta usted, obedeciendo como borregos, y una desespañolización creciente… ¿es así?

Era así. Antes. Yo creo que ahora estamos viviendo un gran cambio, lo que en Reiniciar España llamo «la gran clarificación», que hace que todo se vea con mucha más nitidez. El globalismo sigue funcionando como ideología de las élites (políticas, económicas, eclesiásticas), pero cada vez menos gente se traga sus dogmas. Por eso mi libro es más bien optimista: creo que es posible caminar hacia otra parte.

¿De qué hablamos cuando habla en uno de los capítulos de «desconstrucción»? No confundir con deconstrucción como la famosa tortilla de patatas de Ferran Adrià cuyos ingredientes quedaban descompuestos. Más bien España está desmantelada y, para colmo, somos el paraíso de esta desconstrucción, los más entusiastas en la aplicación de las políticas progresistas globales…

Imaginemos un lego, un mecano: uno lo deshace y desperdiga las piezas por el suelo, y eso es una destrucción. La desconstrucción –que es, sí, el término de Derrida– es otra cosa: no sólo destruyes lo construido, sino que atribuyes a cada pieza un significado nuevo y lo vuelves a montar todo dándole una identidad distinta. Ese es el proceso que estamos viviendo en Occidente con la resignificación de casi todo: el rol de los sexos, la historia colectiva, la identidad cultural, el sistema político, etc. España es, en efecto, el paraíso de eso que se ha llamado lo woke, que es desconstrucción en estado puro. Lo cual nos obliga a desconstruir la desconstrucción y volver a dar a cada cosa su significado original. Una nueva revolución cultural, en realidad.

Usted se pregunta si todavía es pecado decir que la apertura a la inmigración masiva es una política deliberada de nuestras élites. Sólo hay que ver las declaraciones de Antonio Garamendi apoyando la regularización de inmigrantes y a Luis de Guindos asegurando que «la inmigración es indispensable para España»…

Y a la Conferencia Episcopal apoyando el empeño. La inmigración masiva, en efecto, es una política deliberada de las élites. Es también un perfecto ejemplo de desconstrucción de nuestras identidades históricas por la vía de cambiar físicamente la composición de nuestras sociedades. ¿Para qué? Evidentemente, para mandarnos mejor. Es una operación de poder. Y contra eso es justo rebelarse.

Por otra parte, cualquiera con sentido común sabe el papel tan importante de la demografía como marcador de las crisis económicas y sociales. ¿Existe una ceguera (voluntaria) de nuestros gobernantes europeos y nacionales ante esta deriva suicida ante la baja natalidad, la inmigración incontrolada…?

Forma parte del mismo proceso. Hay que decir, no obstante, que el retroceso demográfico es hoy una constante universal, está pasando en todas partes, incluidas esas regiones del mundo que siempre nos presentan como produciendo niños sin cesar. El problema de la natalidad es más visible en Europa o en Japón porque aquí empezó antes, pero es general: este siglo nuestro es el primero que ha conocido un retroceso demográfico global desde la peste negra del siglo XIV. Lo natural sería adaptarse a él imaginando formas nuevas de organización, no succionando los recursos demográficos de otros pueblos. Y al margen de eso, es evidente que los europeos llevan dos o tres generaciones aclimatados a un contexto nihilista que empuja a considerar que tener hijos no es una prioridad. Es una forma de suicidio colectivo. Y también aquí el problema de fondo es cultural, mucho más que económico.

Hace poco se cumplió el aniversario del apagón. El PP, hace un tiempo, celebraba el cierre de Garoña y de la sustitución de la energía nuclear y los combustibles fósiles por las renovables. Ahora defiende la energía nuclear como indispensable… y así con otros temas. No extraña que al darle al botón de reiniciar esto colapse…

Hay que entender que el motor de estas decisiones no es el que nos dicen los políticos en sus discursos («salvar el planeta» y todo eso), sino los densísimos conglomerados de intereses económicos y de poder que salen beneficiados en el juego. La alternativa ha de consistir en desenmascarar esos intereses, que nunca coinciden con el interés general, y oponerles una política contraria que realmente busque la supervivencia de nuestras naciones.

Un capítulo elocuente de Reiniciar España es «cuando la izquierda traicionó al pueblo y la derecha traicionó a la nación», explíquenos esto

La izquierda traicionó al pueblo cuando dejó de representar los intereses de las clases populares (aunque fuera tantas veces equivocadamente) para adoptar un discurso supuestamente emancipador, pero cada vez más individualista y, en el fondo, burgués. Es lo que vio Pasolini en las protestas del 68, por ejemplo. Es verdad que, a partir de ese momento, la izquierda se fue enredando en discursos cada vez más alambicados, a veces simplemente lunáticos, que han terminado conduciendo al nihilismo woke. Y la derecha traicionó a la nación cuando prescindió del marco nacional, es decir, de una comunidad política concreta, para limitarse a predicar la gestión económica en un marco cada vez más globalizado donde la soberanía se evapora y uno acaba en manos de poderes exteriores, tanto públicos como privados. Hoy los términos derecha e izquierda son sólo etiquetas posicionales que sobreviven por inercia, pero que han dejado de significar posiciones realmente trascendentales. Lo trascendental es muy claramente la oposición globalismo/soberanismo.

Sugiere una revuelta de las naciones. Usted ha escrito varios libros dedicados a los grandes conquistadores y conquistas de España, ¿Imagina a aquellas figuras épicas contemplando cómo hemos destruido, siglos después, sus logros? ¿Encuentra alguna similitud heroica actualmente o qué principios debería contener esa revuelta?

Es verdad que nadie se baña dos veces en el mismo río, pero el hecho es que siempre hay agua. Puestos a buscar un precedente, a uno le viene a la cabeza aquel monje anónimo que en el año 754, en la Crónica mozárabe, lloraba la «pérdida de España» tras la invasión musulmana. Y sin embargo, aquella España perdida volvió a existir; de otra manera, con otra configuración, después de un largo lapso, pero manteniendo la conciencia de que un día existió. En cierto modo, nos estamos acercando a esa situación. Yo creo que por eso hay tanta gente en el poder que se pone nerviosa con la palabra «reconquista»: quizá entienden, aunque sea oscuramente, que siempre es posible reconquistar. ¿Sobre qué principios? Bueno, este libro está concebido precisamente para dar algunas pistas. Señalemos sólo una, para empezar: es preciso volver a pensar nuestra política en términos de interés nacional.

La red ferroviaria destrozada, Correos, el apagón, el patrimonio que se nos cae a pedazos, y aún hay países negociando con Pedro Sánchez, vamos, que les preguntas si le comprarían un coche usado al presidente y te dicen que sí. Pero, claro, qué países…

Pero precisamente: Sánchez es el tipo de gobernante que el sistema adora, esa mezcla un tanto indecente de nihilismo ideológico y servilismo al poder transnacional. Por eso puede permitirse todo tipo de desafueros sin que nadie desde el exterior le chiste, al revés. Es el niño bonito de las Úrsulas y las Lagardes y los Soros y los Gates. Porque ha convertido España en un bazar de saldo. Con la complicidad necesaria de los poderes en nuestro país, que han olvidado hace ya tiempo cualquier resto de patriotismo.

Tal vez España empiece a reiniciarse tras las elecciones andaluzas. ¿Con un PP de Juanma Moreno salido del régimen del 78, que añora el consenso y sueña con el PSOE «bueno» con el que alcanzaría acuerdos, cuando en el fondo le aterroriza lo que verdaderamente tendrá que hacer: negociar con VOX?

Juanmas los hay en todas partes y en todos los partidos. Son los restos del viejo mundo, aún en el poder, pero al borde ya del precipicio. Lo estamos viendo en toda Europa. VOX representa lo nuevo, es decir, la rectificación del marco político en términos de soberanía nacional, y por eso despierta tanta hostilidad en el sistema, como Alternativa en Alemania, Fratelli en Italia o el RN en Francia. Para el sistema es más aceptable cualquier grupúsculo violento neocomunista o islamista que un movimiento soberanista, porque los primeros no representan ninguna alternativa real, mientras que los segundos implican un cambio radical. En eso estamos.

¿En qué consiste su propuesta para una nueva etapa nacional: «La gran clarificación»? ¿Podemos ser optimistas?

Hablo de la «gran clarificación», que es una fórmula de Carlos Esteban, porque hoy ha quedado claro que detrás de los dogmas globalistas que nos han venido gobernando no había más que apuestas de poder concretas y parciales: ni el planeta se acercaba a su autodestrucción por el CO2, ni la inmigración era necesaria para que nuestros países sobrevivieran, ni las identidades históricas eran el caldo de cultivo del fascismo, ni nos amenazaba a todos una pandemia global, etc. Todo eso ha sido una mera narrativa del poder, y hoy ha quedado al desnudo la mano que la manejaba. Lo que hay que hacer es reaccionar, y el mejor modo de empezar es recuperar la capacidad de decisión en el marco nacional, que es el único lugar desde donde un pueblo puede defenderse. ¿Optimistas? Da igual, la verdad: simplemente, hay que hacerlo porque es nuestra única oportunidad para sobrevivir como pueblo, como comunidad política, como identidad histórica. Ese es ahora el combate. Lo están haciendo Rusia, China, la India, los Estados Unidos… Como dice el primer ministro canadiense, Carney, en esta mesa o eres comensal, o eres menú. Y yo no quiero que me coman.

Nieves B. Jiménez

sábado, 9 de mayo de 2026

El fin de su impunidad: demoledor informe europeo contra Pedro Sánchez

ADELANTE ESPAÑA



Bruselas certifica el colapso de un liderazgo basado en el engaño: falta de independencia judicial, corrupción y abuso legislativo bajo su Gobierno

Durante años, Pedro Sánchez ha intentado vender en las cancillerías europeas un relato que ocultaba una realidad mucho más oscura: la demolición sistemática de los contrapesos institucionales en España. Sin embargo, el tiempo de los trucos de magia política se ha agotado. El reciente y demoledor informe del Parlamento Europeo sobre el Estado de Derecho en España no es solo un documento técnico; es el certificado de defunción de la credibilidad de Sánchez a nivel internacional. Hoy, ya nadie confía en él. Bruselas ha comprendido lo que millones de españoles ya sabían: bajo el Gobierno de Sánchez, España ha iniciado una deriva autoritaria y tiránica.

El informe que desnuda al «autócrata»

El documento emitido por la misión de inspección europea tras su visita a Madrid en febrero de 2025 es un ataque frontal a la línea de flotación del sanchismo. Los observadores europeos no han usado eufemismos. Hablan de «erosión democrática», de «abuso legislativo» y de una «falta de independencia judicial» que pone en peligro la seguridad jurídica de toda la Unión.

Lo que más ha escandalizado en Bruselas es el uso compulsivo del Decreto-Ley. Con más de 120 decretos-ley a sus espaldas, Sánchez ha convertido una herramienta de «extraordinaria y urgente necesidad» en su forma ordinaria de gobernar. Al evitar el debate parlamentario y despreciar a la oposición, Sánchez no solo ha gobernado de espaldas a la soberanía nacional, sino que ha secuestrado las funciones del Congreso.

Bruselas ha documentado cómo se legislan materias sensibles —desde la regularización de inmigrantes hasta reformas penales a la carta— mediante estos «atajos» que excluyen cualquier tipo de escrutinio público. En Europa lo tienen claro: esto no es democracia, es un ejercicio de poder absoluto que busca anular al poder legislativo.

Una justicia asediada y una corrupción que ya no se puede ocultar

La independencia judicial, pilar fundamental de cualquier Estado de Derecho, está hoy bajo mínimos. El informe europeo señala directamente la influencia política en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y la purga sistemática en la Fiscalía. Casos como el de Almudena Lastra, apartada tras 35 años de carrera para beneficiar a fiscales afines al Ejecutivo, han encendido todas las alarmas en la Comisión Europea.

A esto se suma una percepción de la corrupción que ha alcanzado niveles críticos. El ciudadano español, y ahora también el funcionario europeo, han perdido la confianza en que el sistema sea capaz de combatir el clientelismo de un Gobierno que utiliza las instituciones del Estado como si fueran su sede de partido. La pérdida de neutralidad de las instituciones públicas ya no es una queja de la oposición, es una conclusión oficial del Parlamento Europeo que precede a la activación de mecanismos de sanción y congelación de fondos.

Aislamiento internacional: El «paria» de Europa

Si a nivel nacional Sánchez es rechazado mayoritariamente y solo sobrevive gracias a pactos con quienes buscan destruir la nación, a nivel internacional su figura se ha desmoronado. Aquel presidente que presumía de «liderazgo europeo» es hoy visto con una mezcla de recelo y desprecio. Las capitales europeas han comprendido que Sánchez es un socio poco fiable, capaz de sacrificar cualquier principio, incluso la separación de poderes, por un solo día más en el palacio de la Moncloa.

La presión sobre los medios de comunicación y el asalto a RTVE también ocupan un lugar destacado en el informe. Bruselas castiga el uso de la publicidad institucional como herramienta de censura y premio para medios afines (el caso de Prisa frente al vacío a COPE u Onda Cero es ya un caso de estudio europeo de mala praxis). Este control férreo del relato ha dejado de funcionar fuera de nuestras fronteras; la realidad del informe es tan contundente que el relato sanchista se deshace al contacto con la verdad.

El último acto: La necesidad de desalojar el poder

Llegados a este punto, la conclusión es ineludible. Cuando un gobernante pierde la confianza de sus socios internacionales, cuando es señalado por los organismos de control democrático como una amenaza para el Estado de Derecho y cuando su propio pueblo le rechaza, su continuidad es un lastre insoportable para el país.

El informe de Bruselas tiene la estructura de un ultimátum. España se enfrenta a sanciones reales y a una pérdida de prestigio que tardará décadas en recuperarse. Sánchez ya no engaña a nadie: ni a los jueces, ni a los periodistas libres, ni a los líderes europeos que hoy le miran con la distancia que se le dedica a quien ha traicionado las reglas del juego democrático.

El fin de la impunidad: Un proyecto de poder cercado y en descomposición

La etapa del sanchismo ha entrado en su fase de descomposición final: un proyecto de poder personal que se ha quedado solo. Una vez que el velo ha caído y que todos, dentro y fuera, se han dado cuenta de quién es realmente Pedro Sánchez, solo queda un paso necesario por higiene democrática y supervivencia nacional: su salida inmediata del Gobierno.

El informe europeo ha puesto la primera piedra para el fin de su impunidad. Ahora, es responsabilidad de las instituciones, de la oposición y de la sociedad civil empujar para que se cumpla el veredicto que Bruselas ya ha dictado: a Sánchez se le ha acabado el crédito y España necesita recuperar su libertad y su dignidad institucional.

El «catecismo» de Sánchez: El nuevo paso del golpe institucional para adoctrinar a los españoles en «diversidad»

ADELANTE ESPAÑA


La deriva autoritaria y tiránica de Pedro Sánchez ha cruzado una frontera definitiva. Tras haber colonizado la Justicia, asaltado el Legislativo mediante el abuso del decreto-ley, controlado la inmensa mayoría de los medios de comunicación y entregado la soberanía nacional a quienes buscan destruirla, el sanchismo activa ahora la fase más peligrosa de su golpe institucional: el adoctrinamiento ideológico. Bajo la apariencia de un inocuo documento titulado «10 Principios para revitalizar la democracia», Moncloa ha diseñado un manual de ingeniería social que pretende dictar a los españoles no solo cómo deben comportarse, sino cómo deben pensar.

Este decálogo no es una simple guía de convivencia; es un instrumento de control doctrinal que busca imponer el pensamiento único del globalismo y la Agenda 2030, utilizando la reciente regularización masiva de inmigrantes como el pretexto perfecto para forzar una transformación cultural sin precedentes.

Un manual de instrucciones para el ciudadano «sumiso»

El Gobierno, a través del Ministerio de Inclusión y el Observatorio Español del Racismo (OBERAXE), pretende que este decálogo se convierta en el eje vertebrador de escuelas, universidades, empresas y administraciones públicas. Estamos ante un intento de sustitución de la moral y la ética individual por la la del Estado. Sánchez ya no se conforma con controlar el BOE; ahora aspira a redactar el código de valores que cada ciudadano debe profesar en su vida privada.

El documento habla de «gestionar activamente la diversidad», un término orwelliano que en la práctica significa que el Estado se arroga el derecho de intervenir en la interacción social para asegurar que los resultados sean «equitativos». Bajo este barniz de bondad, se esconde una estructura de vigilancia donde el disenso es castigado y la adhesión a los dogmas oficiales se convierte en el único carné de legitimidad democrática.

El asalto al pensamiento: Sectarismo elevado a política de Estado

El sectarismo del Ejecutivo ha llegado a un punto de no retorno. El borrador del decálogo establece que la diversidad es una «ventaja competitiva» y una «categoría estructural», elevando conceptos ideológicos a verdades absolutas que nadie puede cuestionar sin ser tachado de antidemócrata. Este es el corazón del golpe institucional: la criminalización de la discrepancia.

Uno de los puntos más inquietantes del texto es el que pone el foco en el «entorno digital». Bajo la promesa de crear espacios «seguros y fiables», el Gobierno abre la puerta de par en par a la censura. Al calificar como «desinformación» o «discurso de odio» cualquier crítica a su gestión migratoria o a su modelo de sociedad, Sánchez dota a su Gobierno de una herramienta de control sobre la opinión pública digna de los regímenes más opacos del siglo XX. No se trata de proteger la verdad, sino de imponer su versión de la realidad mediante la manipulación doctrinal.

La regularización masiva como ariete de transformación

El documento vincula directamente estos principios a la realidad social tras la regularización de cientos de miles de inmigrantes. El plan es claro: primero se provoca una alteración demográfica brusca y sin consenso, y acto seguido se impone un «manual de educación» para que la población autóctona acepte, sin rechistar y con entusiasmo obligado, las consecuencias de dicha política.

Sánchez utiliza la «inclusión intercultural» no como un puente para la integración, sino como un martillo contra la identidad nacional. El objetivo es desdibujar los valores tradicionales de la sociedad española para sustituirlos por un relativismo multicultural donde el Estado es el único árbitro. Al imponer la «interacción social obligada» y la participación en estructuras comunitarias definidas por el Gobierno, se anula la libertad de asociación y se fuerza al ciudadano a ser parte de un experimento social del que nunca pidió participar.

El fin de la libertad: Del Estado de Derecho al Estado de Pensamiento

En el modelo, el Estado define los valores y el ciudadano solo tiene derecho a obedecerlos. El documento afirma que la estabilidad del sistema depende de la «adhesión activa» a estos diez principios. Es decir, el Gobierno ya no busca ciudadanos libres, sino activistas de su propia ideología.

Este paso es la culminación de un golpe que empezó en las instituciones y termina en las mentes. Al movilizar a universidades y municipios para aplicar este decálogo, Sánchez crea una red de comisarios políticos que evaluarán constantemente si la sociedad española está «progresando» adecuadamente en su adoctrinamiento. Es una dimensión tecnocrática del control social: medir resultados para adaptar el castigo o el premio según el grado de sumisión al dogma globalista.

El deber de resistir a la manipulación

Cuando el poder político intenta apropiarse de la conciencia de sus súbditos, la sociedad deja de existir para convertirse en una tiranía. El decálogo de Moncloa es la prueba definitiva de que Pedro Sánchez no cree en la España de ciudadanos libres e iguales, sino en una masa amorfa y adoctrinada que no ofrezca resistencia a sus planes de perpetuación en el poder.

Imponer cómo debemos pensar es el último estadio del sectarismo. El golpe institucional ya no se da solo en los tribunales o en el Parlamento; se da en las aulas y en las redes sociales, tratando de erradicar la capacidad de juicio crítico de los españoles.

jueves, 1 de enero de 2026

Propósito para el nuevo año: ¿Echar a Sánchez o echar a Sánchez y a Feijóo?



Si Sánchez se mantiene es, entre otras cosas, porque Feijóo, le blanquea con la coalición PP-PSOE.

Echar a Sánchez o echar a Sánchez y a Feijóo se ha convertido en una pregunta política central que muchos analistas se hacen ante el nuevo año. Muchos españoles dudan si basta con cambiar al presidente o si el problema es estructural.

Sánchez: un poder sin legitimidad moral ni política

Pedro Sánchez no gobierna España. Sánchez se aferra al poder. Lo hace sin votos suficientes y sin mayoría social. Mantiene la Presidencia gracias a un pacto de investidura que humilla al Estado.

Sánchez gobierna para sus socios. Atiende a separatistas, comunistas, proetarras y prófugos de la Justicia. Usa la Presidencia como escudo personal. Bloquea controles. Ataca a jueces, prensa crítica y oposición real.

España vive una anomalía histórica. Es el único gran país europeo con comunistas en el Gobierno. También es el único donde el presidente debe el cargo a un condenado por terrorismo, a un sentenciado por sedición y prófugo.

La inmigración masiva ilegal agrava el problema. Aumenta la delincuencia. Genera marginalidad. Agota recursos públicos. Rompe la convivencia en barrios humildes. Sánchez fomenta este modelo por ideología y por cálculo electoral.

Pero además, Sánchez encabeza un autogolpe institucional. Desde un poder ilegítimo, intenta someter a los demás poderes del Estado. Vacía el Parlamento. Coloniza instituciones. Debilita la separación de poderes.

Por todo ello, echar a Sánchez parece un objetivo lógico. Muchos españoles lo desean y esperan. Muchos brindarían cuando se marche.

Pero la pregunta sigue abierta: ¿y después qué?

Feijóo y la gran mentira de la alternancia

Aquí aparece el gran engaño. El posible relevo se llama Alberto Núñez Feijóo. Y aquí surge la sospecha que inquieta a millones de españoles: Feijóo no rompe con el sanchismo. Feijóo lo blanquea.

Si Sánchez se mantiene, también es porque Feijóo lo permite. La coalición PP-PSOE funciona a nivel nacional y europeo. Ambos partidos pactan la mayoría de leyes clave. Ambos comparten agenda globalista.

Feijóo forma parte del mismo sistema. Representa los mismos intereses: Apoya la Agenda 2030. No combate la ideología de género ni defiende la vida ni protege la familia natural. No revierte la cultura de la muerte.

El historial del PP resulta claro. Cuando gobierna, consolida las leyes del PSOE. Nunca las deroga. Ocurrió con el aborto y la memoria histórica. Ocurrió con la ideología de género y la ingeniería social.

En las comunidades autónomas donde gobierna el PP, estas políticas no desaparecen. En muchos casos aumentan. El español sigue retrocediendo. La inmigración masiva continúa. El globalismo avanza.

Votar a Feijóo no supone ningún cambio. Votar a Feijóo equivale a votar a Sánchez con otro tono. Son dos caras de la misma moneda. Ambos sostienen la coalición PP-PSOE que bloquea cualquier alternativa real.

Por eso, echar a Sánchez sin más no arregla el problema. Solo cambia el gestor del mismo modelo.

El verdadero propósito político para España

El debate no es sentimental. Es estratégico. España no necesita un simple relevo. España necesita una ruptura. Necesita recuperar soberanía. Necesita defender la vida, la familia y la libertad.

Echar a Sánchez puede aliviar la presión. Puede dar oxígeno. Pero no cambia el rumbo. El globalismo seguiría intacto. La Agenda 2030 seguiría vigente. La ideología de género seguiría imponiéndose.

Echar a Sánchez y a Feijóo abre otra vía. Permite cuestionar el consenso bipartidista. Rompe la coalición PP-PSOE. Devuelve la voz a quienes no aceptan este modelo decadente.

Este no es un debate personal. Es un debate nacional. España no se arregla con parches. España necesita una alternativa que no tema enfrentarse al sistema.

El nuevo año exige claridad. Cada español debe decidir si quiere un maquillaje o un cambio real. El propósito político no puede ser tibio.
Elegir entre el parche o la solución

Echar a Sánchez o echar a Sánchez y a Feijóo resume el dilema político actual. Si el objetivo es un parche, basta con sacar a Sánchez. Si el objetivo es arreglar España, hay que ir más lejos, hay que echar a ambos.

El futuro no pasa por el bipartidismo. El futuro pasa por romper con el globalismo-

El nuevo año exige valentía. No más engaños. No más alternancias falsas. España merece algo mejor.

domingo, 13 de abril de 2025

España en busca de un líder que despierte a la nación



La situación de España en los últimos años es, simplemente, insostenible. El país atraviesa una crisis de inmigración descontrolada, inseguridad ciudadana creciente, okupación ilegal de viviendas, de una grave corrupción estructural y un gobierno dirigido por un presidente desacreditado, Pedro Sánchez, cuya gestión ha degradado a niveles inéditos la democracia española. Y, sin embargo, no hay un estallido social. ¿Cómo es posible?

La respuesta, aunque dolorosa, es clara: falta liderazgo. No existe hoy en España un referente social o político que canalice el descontento, que despierte la esperanza, que represente al ciudadano de a pie. No basta con señalar lo evidente —que el gobierno actual es el peor de la historia democrática—; eso ya lo sabe una mayoría. Lo que falta es un líder que ilusione, que se levante con coraje y con un discurso claro y directo.

¿Dónde está el líder que España necesita?

Cada día, miles de españoles se hacen la misma pregunta: “¿Existe una alternativa real al desastre actual?”. La respuesta, por desgracia, sigue siendo negativa. A día de hoy, no existe una opción política que sea realmente fuerte, valiente y creíble.

Ante esta afirmación, muchos asegurarán que ese partido ya existe y mencionarán nombres concretos, tanto dentro como fuera del arco parlamentario. Pero todas esas opciones tienen un problema de origen: forman parte del sistema. Y España necesita algo distinto: un líder y un partido político ajeno al sistema, libre de complejos ideológicos, que no tema llamar a las cosas por su nombre y que conecte con las preocupaciones reales del pueblo: la inseguridad, la economía, la inmigración, el desempleo, la okupación, la unidad de nuestra Patria y la defensa de los valores tradicionales.

¿Y por qué afirmamos que debe estar fuera del sistema? Porque hay demasiados ejemplos de líderes y partidos que, tras surgir desde dentro del sistema, han acabado diluyendo su mensaje original cargado de buenas intenciones. Pasaron de ser una esperanza de cambio a convertirse en parte del problema. No daremos nombres para no herir susceptibilidades pero mientras la solución provenga del propio sistema, no será verdadera solución, será un parche. Será, en definitiva, una disidencia controlada por el sistema.

Sin embargo, los ejemplos internacionales de Donald Trump en EE.UU., Javier Milei en Argentina o Nayib Bukele en El Salvador demuestran que, cuando un líder conecta con el pueblo en personalidad, discurso y prioridades, no solo consigue gobernar, sino transformar profundamente su nación, que es lo que España necesita. Y no necesita pertenecer al sistema.

Trump, Milei y Bukele: tres caminos, un patrón común

Las diferencias entre Trump, Milei y Bukele son evidentes y muy pronunciadas. Y, además, muchos de sus planteamientos están alejados de los nuestros, Pero hay un denominador común: no pertenecen al sistema tradicional, han roto con la narrativa políticamente correcta y se han dirigido sin complejos al ciudadano común. Han hablado de los problemas reales y han propuesto soluciones firmes, coherentes y efectivas. Y llegados al poder han sido coherentes con lo que prometieron,

Trump entendió que el americano medio estaba harto de la delincuencia, de la droga, de la inmigración ilegal y de ver a su país humillado en el escenario internacional. Su discurso, directo y sin filtros, conectó con millones.

Milei supo que la prioridad de los argentinos era la economía, y no los escándalos kirchneristas. Aunque su estilo es excéntrico, su plan económico está ya dando señales de recuperación real.

Bukele, por su parte, ha transformado en menos de dos años un país devastado por la criminalidad en una nación segura. Ha hecho lo que nadie antes se atrevió a hacer. Y el pueblo se lo ha reconocido con una reelección arrasadora.
España está preparada: falta el liderazgo

Los españoles están hartos de la agenda 2030, de la ideología de género, del desmantelamiento de la unidad nacional, de la corrupción moral y política, del fracaso de un estado autonómico que ha generado más separatismo, de las mentiras institucionalizadas. Pero hablar de lo que está mal no basta. El nuevo líder debe hablar de lo que puede estar bien y ser coherente cuando llegue al poder.

Ese líder que aún no ha surgido deberá conectar emocional e intelectualmente con el pueblo español, con propuestas firmes, sin ambigüedades y con una personalidad fuerte, decidida y patriótica. Alguien que no tema defender la vida, la familia, la libertad y la soberanía de España.

Cuando ese líder aparezca —y aparecerá—, España volverá a latir con fuerza. Porque el pueblo, aunque hoy parezca dormido, está más despierto de lo que muchos creen. Solo necesita una voz clara, firme, que diga lo que millones piensan pero nadie se atreve a decir.

martes, 25 de febrero de 2025

Un enorme atraco socialista a España para que Pedro Sánchez pueda seguir en el poder



España vuelve a asistir atónita a un nuevo abuso de un gobernante que insiste en confundir nuestra Nación con su finca particular.



Toda España pagará los despilfarros de los socios separaristas de Sánchez

Ayer se supo que los socialistas y sus socios separatistas han pactado condonar 17.104 millones de la deuda de Cataluña al Estado, 2.000 millones más de lo que inicialmente se había anunciado. A cambio, Carles Puigdemont ha aceptado retirar la cuestión de confianza contra Pedro Sánchez, presentada por su partido, Junts, en el Congreso.

Así pues, todos los españoles tendremos que pagar los despilfarros del separatismo al frente del gobierno catalán, que se ha convertido en el más claro ejemplo de mala gestión económica, basada en el sistemático chantaje al gobierno nacional (tanto a éste como a los anteriores) para que asuma sus deudas o privilegie económicamente a Cataluña respecto de las demás regiones españolas.

Un atraco equiparable al robo del oro del Banco de España en 1936

Lo que está pasando es un enorme atraco a España comparable con el robo del oro del Banco de España por los socialistas en 1936, un robo cuyo importe actual sería bastante similar al del atraco anunciado ayer por el gobierno y por sus socios separatistas. Esta vez, el atraco socialista tiene como fin proporcionar un beneficio personal a Sánchez (la permanencia en el poder a toda costa, subordinando el bien común a su bienestar particular) y a su partido, permitiéndole continuar utilizando los medios del Estado para acaparar más poder y colocar a sus simpatizantes al frente de las instituciones públicas.

Un caso descarado de corrupción política

Por otra parte, lo que se pactó ayer es un descarado ejemplo de corrupción política, pues así es como se debe calificar el robo de fondos públicos para proporcionar beneficios personales o partidistas a los autores del atraco. Las consecuencias las pagaremos todos los españoles con más subidas de impuestos, pues esta condonación de la deuda catalana llega en un momento en el que el gobierno ya está sin liquidez. Una vez más, los socialistas están haciendo todo lo necesario para dejar a España endeudada hasta las cejas, como ya ocurrió durante los gobiernos de Felipe González y de José Luis Rodríguez Zapatero.

PSOE y PP ya se encargaron de que algo así no tuviese consecuencias penales

Saquear de esta forma una empresa privada sería un delito de administración desleal, castigado por el Artículo 252 del Código Penal español con las mismas penas que el delito de estafa, es decir, hasta tres años de prisión en los casos más graves. Pero en este caso el grave perjuicio no se le ocasiona a una empresa, sino a todo un país.

Los políticos del PSOE y del PP ya se encargaron de cubrirse las espaldas evitando tener que rendir cuentas por algo así ante la Justicia, como si el hecho de haber obtenido la mayoría necesaria para gobernar en el Congreso les diese autoridad para saquear impunemente a los españoles y arruinar nuestra Nación.

Cualquier cambio político que no contemple una exigencia de responsabilidades penales a los gobernantes que incurran en robos como el anunciado ayer será la garantía más clara de que esto volverá a ocurrir en un futuro próximo, aunque Sánchez sea desalojado del poder, al que se aferra como una garrapata, parasitando a sus víctimas, que somos todos los españoles, incluidos los cómplices que le votan.

ELENTIR

martes, 11 de febrero de 2025

El tirano constitucional



Estamos asistiendo a un estallido. Lo que estalla es la arquitectura jurídico-institucional del sistema de 1978. El protagonista de la explosión es el Tribunal Constitucional, órgano concebido para ejercer como garante de derechos constitucionales, pero que bajo la presidencia de Cándido Conde Pumpido, auxiliado por una mayoría de izquierdas escogida por el poder político, aspira a convertirse en máxima instancia jurisdiccional del país, desplazando de esa posición al Tribunal Supremo. Los movimientos del TC no dejan lugar a dudas: ha exonerado de sus delitos a los responsables políticos del escándalo de los ERE, torciendo el brazo de los tribunales que los condenaron (Supremo incluido); ha auxiliado en sus demandas a la ex fiscal general y ex ministra Dolores Delgado (otra vez contra el Supremo); en el caso de la amnistía al golpismo separatista catalán, ha apartado al único magistrado que se había opuesto públicamente a ella y el propio Conde Pumpido intervendrá para que la balanza caiga del lado de la amnistía. Son sólo unos ejemplos, pero hay más. La tónica está clara: el Constitucional, que no es un órgano judicial, se propone corregir al Tribunal Supremo en aquellos casos políticamente relevantes al servicio del proyecto de poder del Ejecutivo.

Hay quien habla de «golpe de Estado». No es correcto. Un golpe de Estado es, precisamente, un golpe: hay una legalidad visible, alguien que se levanta contra ella y un conflicto patente. Pero aquí no: aquí es la propia legalidad institucional la que se retuerce sobre sí misma para provocar un conflicto político. Ante un golpe, un Estado tiene instrumentos materiales de defensa: fuerzas armadas, tribunales, etc. Pero ante un proceso como el que hoy estamos viviendo en España, no hay instrumentos que valgan, pues todos ellos dependen de un modo u otro del mismo poder que está ejecutando el movimiento. En un auto reciente, y sin que aparentemente viniera a cuento, el Tribunal Supremo deslizaba la eventualidad de que los magistrados del Tribunal Constitucional pudieran ser encausados por actuar contra la ley. Era algo más que un aviso a navegantes: en un caso extremo, podríamos encontrarnos con que el Supremo acusara al Constitucional de prevaricación. ¿Imposible? Bueno, ahora mismo tenemos a un Fiscal General del Estado investigado por revelación de secretos y, pronto, destrucción de pruebas y obstrucción a la Justicia. Cualquier cosa es posible hoy en España.

Es importante señalar que esta deriva de nuestro sistema no era imprevisible. La fragilidad de los órganos de control constitucional es bien conocida desde hace un siglo, cuando la célebre polémica entre Kelsen y Carl Schmitt sobre el «guardián de la Constitución». ¿Quién debe defender la Constitución frente a sus enemigos? Schmitt pensaba que un poder soberano capaz incluso de suspender la Constitución para defenderla, lo cual abría la pregunta acerca de las verdaderas intenciones del soberano. Kelsen, al contrario, pensaba que debía ser un tribunal, lo cual, por su parte, abría la pregunta sobre la capacidad real de ese tribunal para imponer sus decisiones. Lo que hoy tenemos en España es un Tribunal que ha empezado a comportarse como un poder soberano, en la medida en que se ha arrogado de hecho la capacidad para enmendar sentencias e incluso crear derechos fundamentales, como hizo en su sentencia de 2024 sobre el aborto. Este giro altera radicalmente la estructura del Estado de Derecho. Hemos pasado de una Nomocracia, es decir, el gobierno según las leyes, a una Telocracia, o sea, el gobierno según las finalidades (políticas), que ponen a su servicio las leyes modelándolas a su conveniencia. Y sin pedirnos permiso. Es verdad que estamos en plena crisis constituyente. Eso lo dijo —recordemos— Juan Carlos Campo, entonces ministro de Justicia y hoy magistrado del Tribunal Constitucional. En su momento, pocos lo entendieron, pero hoy el proceso es transparente: el estallido del sistema, en efecto.

Ahora la pregunta es qué hacer después. Imaginemos que todas las artimañas desplegadas por el Gobierno para mantenerse en el poder fracasan, que hay elecciones y que, pese a los mecanismos de control colocados aquí y allá por el Ejecutivo, Pedro Sánchez deja La Moncloa. El nuevo Gobierno tendrá ante sí el complicadísimo paisaje de un Tribunal Constitucional declaradamente hostil (incluso si Conde Pumpido finaliza su mandato en enero de 2026), lanzado por la pendiente de una redefinición de la estructura institucional del Estado, con una jurisprudencia tras de sí que le habilita para actuar como un poder judicial de hecho y sin ninguna instancia superior que pueda corregirle. El «guardián de la Constitución» se habrá convertido en un tirano constitucional. En ese paisaje, llenarse la boca con la «defensa de la Constitución» sería perfectamente absurdo: ese momento ya ha pasado. Inevitablemente habrá que tomar medidas de restauración del Estado de Derecho, medidas que tendrán que ir mucho más allá de un retorno a la situación anterior. Sólo cabe esperar que quien se vea llamado a la obra sea consciente de su magnitud.

José Javier Esparza

lunes, 10 de febrero de 2025

La dimisión de Sánchez no es suficiente: debe rendir cuentas ante la Justicia



Una vez más, y como ha ocurrido en múltiples ocasiones, Pedro Sánchez ha sido recibido con abucheos y gritos de ‘¡Fuera, fuera!’. Esta vez, la escena se repitió en la gala de los Premios Goya 2025, donde el presidente del Gobierno no pudo esquivar el rechazo de la ciudadanía y donde, además, le han pedido a gritos la dimisión. El descontento con su gestión ha calado hondo en un pueblo que ya no disimula su hastío y exige su dimisión.

Lo sucedido en los Goya no es un hecho aislado, sino el reflejo de una realidad incontestable: el pueblo español no quiere a Sánchez. Quiere su dimisión ya. Cada aparición pública del presidente se convierte en un bochorno nacional, con abucheos que se escuchan cada vez con mayor fuerza. Y es que no se trata de una simple erosión por el paso del tiempo en el poder, sino del hartazgo de los ciudadanos ante un Gobierno corrupto, que ha pisoteado sus derechos y traicionado a la nación. Pero la dimisión de Sánchez no es suficiente. Sánchez necesita rendir cuentas ante la justicia.

Sánchez no solo se aferra al poder a costa del bienestar de los españoles, sino que también ha convertido la Moncloa en un nido de corrupción. Su propio entorno familiar está salpicado por numerosos escándalos; desde su esposa Begoña Gómez hasta su hermano David están imputados por corrupción y tráfico de influencias hasta sus amigos socialistas. Pero el problema va mucho más allá: cada vez hay más evidencias que la corrupción se acerca al propio Sánchez y le salpicará a corto plazo.

El presidente no solo ha permitido la corrupción, sino que ha traicionado a España de manera reiterada. La aprobación de la ley de amnistía para los golpistas del ‘procés’ no solo fue un acto de claudicación, sino un peligroso precedente que legitima la ruptura de España. Su política de concesiones a los separatistas es una claudicación vergonzosa que ha puesto en jaque la unidad del país y a costa de la soberanía nacional.

Por si fuera poco, su relación con Marruecos es otro ejemplo de su sumisión a Mohamed VI. Su cambio de postura sobre el Sáhara Occidental, en contra de la tradición diplomática española y de los intereses nacionales, así como acciones posteriores promarroquíes ya no generan dudas sobre a quien sirve. Por otra parte, el intento de anexión de Ceuta y Melilla por Marruecos y la debilidad demostrada por Sánchez frente a Mohamed VI es clara, y evidencian que Sánchez está actuando en beneficio de intereses extranjeros.

El problema de Pedro Sánchez no se soluciona con una simple dimisión. No es un presidente que esté terminando su ciclo natural, y que el deterioro popular sea fruto de un desgaste, sino que es un dirigente que ha dejado un rastro de escándalos, de traiciones a España y destrucción que debe ser juzgado. Su salida no puede ser un retiro dorado mientras deja el país en ruinas. Debe rendir cuentas ante la Justicia.

¿Su probable sucesor, Alberto Núñez Feijóo, será la solución? Ni mucho menos, todo indica que será poco más que un recambio cosmético. El PP ha demostrado en demasiadas ocasiones su tibieza, su falta de valentía para revertir los desmanes del socialismo, así como seguir, al igual que el PSOE, las directrices globalistas. Pero el enjuiciamiento de Sánchez servirá, al menos, de aviso de navegantes para el próximo presidente de gobierno.

miércoles, 15 de enero de 2025

El año del Franco y del PSOE / Reconquista y nueva era (Pío Moa)



El año del Franco y del PSOE

**Caído el régimen del 78, se abre un período incierto, en que, o España involuciona a una tiranía más o menos a la venezolana, o se impone un nuevo régimen con una Constitución democrática que corrija los serios errores de la anterior. Sería el sexto régimen político desde la Restauración.

**El año 2025 puede (debería) ser el de Franco y del PSOE. El de la verdad histórica sobre uno y otro. Y la verdad, reivindicada sobre la farsa, debería poner fin a un PSOE históricamente enemigo de la libertad y de la integridad nacional de España.

**El arma mejor contra el PSOE es la verdad histórica. Por eso han impuesto leyes para impedirla

**A los principios esenciales de unidad nacional y democracia que defiende VOX habría que añadir la neutralidad de España en la guerra europea que planean las oligarquías de la UE.

**La posición histórica y geopolítica de España es muy particular, y aunque VOX entre en los movimientos europeos contra la degeneración antidemocrática, woke, lgtbi y belicista en Europa y en Usa, y colabore con ellos, creo que debería mantener una clara independencia: Trump es un nacionalista o imperialista useño, y sus intereses de fondo no coinciden con los de España, algo que debe tenerse en cuenta.

**Alice Weidel está políticamente muy bien, pero no me parece que sus inclinaciones o costumbres familiares sean para airearlas como un mérito. Los niños no son mascotas, y su primer derecho es a un padre y una madre reales

**No es ninguna paradoja que las feministas simpaticen tanto con el islam: lo que odian y desprecian es ante todo la condición femenina, no al varón, como parece.

**Hay una derecha que no distingue entre Dios y el César, y que se cree predilecta de Dios, aunque Dios no parece muy convencido de ello.




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Reconquista y nueva era.

**La Reconquista fue posible por la previa existencia del reino hispanogodo. Y a su vez hizo posible el cruce del Atlántico y el Pacífico por barcos españoles, inaugurando en la historia humana una nueva era que terminaría con la SGM:

**No hay progre que no odie la Reconquista y que deje de ensalzar a Al Ándalus. Aunque casi ninguno hable árabe. Ni es casual que quienes fomentan la inmigración ilegal masiva, protegen a Marruecos y odian a España, detesten la Reconquista y hasta prohíban su nombre… ¡por motivos “científicos”!

**La Reconquista no solo enfrentó a cristianos contra musulmanes, ese fue el aspecto religioso; pero políticamente enfrentó a España contra Al Ándalus. Son dos facetas que no deben confundirse como a veces se hace. Cristiana era toda Europa occidental pero la Reconquista fue un fenómeno netamente español.

**En el aspecto religioso, la Reconquista terminó con la toma de Granada; en el político, con la reincorporación de Navarra.

**Para la Iglesia era esencial la expulsión del islam y recristianización de la península, pero la reunificación política lo era bastante menos. La secesión de Portugal debió bastante a Roma.

**Un aspecto poco atendido de la Reconquista fue la influencia francoborgoñona, que en parte la enriqueció y en parte la distorsionó.

**En todas las sociedades pugnan tendencias integradoras y disgregadoras, que en la Reconquista alternaron repetidamente. Que triunfara mayoritariamente la integradora se debió a la memoria e influjo del reino hispanogodo. Sin él no habría habido España, sino Al Ándalus o taifas cristianas.

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domingo, 12 de enero de 2025

Año de Franco (IV) Aznar derrota a Franco (Pío Moa)



“Aznar derrota a Franco” es el título irónico de un capítulo de El PSOE en la historia de España. Hemos visto cómo la simplona disyuntiva democracia/dictadura puede confundir por completo la historia. Cómo la democracia republicana fue caótica y derivó hacia un régimen totalitario que afortunadamente no cuajó porque perdió la guerra. Cómo Franco reafirmó la continuidad histórica de España, a la que libró de la II Guerra Mundial, y derrotó al maquis y a un criminal aislamiento exterior, mantuvo la soberanía nacional y dejó una sociedad reconciliada, sin los viejos y brutales odios, en excelente salud social y más próspera que nunca antes. Hemos visto también cómo su régimen no fue fascista ni totalitario, sino de cuatro partidos y con un estado mucho más pequeño que el actual. Y cómo no logró consolidarse debido al cambio de orientación de la Iglesia y a la propia relevancia de un Franco que resultó insustituible. Cómo no tuvo oposición democrática, sino ante todo comunista y/o terrorista, y cómo la transición vino necesariamente del propio franquismo. Miremos ahora, a grandes líneas, la evolución de la democracia.

1. El referéndum de 1976 había derrotado a los rupturistas que negaban legitimidad al franquismo y lo adjudicaban al frente popular (confundido con la república). No obstante, por debilidad intelectual de la derecha, los derrotados pudieron ir apropiándose o usurpando la bandera de la democracia, en detrimento de la misma.

2. Oficialmente, el franquismo fue sustituido por la democracia con la Constitución de 1978, tras una preparación de tres años. La Constitución consagró aspectos esenciales del legado de Franco, en particular la unidad nacional, la economía de mercado, la monarquía o la bandera con que fue vencido el frente popular. Y amplió las libertades a los partidos que se titulaban herederos de los derrotados en la guerra civil –y vueltos a derrotar en el referéndum del 76– a quienes se otorgó una autoridad político-moral inapropiada, por antihistórica, al olvidarse su trayectoria.

3. Se suponía que, con todo, no había mucho que temer, dado que la solidez de la sociedad salida del franquismo dificultaba por sí sola la vuelta a las viejas convulsiones. Se pensaba también que, de un modo u otro, comunistas, socialistas y separatistas habrían aprendido la lección de la historia y evitarían recaer en las querencias totalitarias del pasado.

4. Un defecto muy peligroso de la Constitución fue la distribución del país en autonomías con derecho a expandirse indefinidamente a costa de la unidad nacional. Tal concesión partió de la derecha, y dentro de ella del sector democristiano hegemónico en la UCD de Suárez: casualmente, eran también democristianos los separatistas vascos y catalanes, provisionalmente presentados como simples autonomistas. Pero esos partidos no renunciaban a sus postulados de origen, utilizaron las concesiones en enseñanza y medios de masas para ejercer una propaganda antiespañola y debilitar los lazos de unión nacional, en particular el idioma común. Problema agravado por el terrorismo separatista, sobre todo vasco, aunque también catalán.

5. No solo los separatistas utilizaban las concesiones para avanzar en sus designios: también el PSOE volvió a sus tendencias totalitarias al llegar al poder en 1982, vulnerando la independencia judicial, cosa que aceptó el PP, para entrar en el reparto de jueces, junto con los separatistas. Esta y otras maniobras se combinaban con una corrupción rampante y, finalmente, ante el peligro de perder las elecciones, con una furiosa propaganda de lucha “heroica” contra el desaparecido franquismo. Ello fue posible debido al abandono toda lucha de ideas o cultural por una derecha deseosa de “olvidar” el franquismo

6. A principios de este siglo, la izquierda y los separatistas habían ganado por completo la batalla histórico- cultural, por incomparecencia de la derecha, consiguiendo la legitimidad que les había negado el referéndum del 76, y con ella ancha vía para sus políticas cada vez más dañinas. Con todo, la democracia subsistía, aun si con serios problemas. Pero fue el 20 de noviembre de 2002 –fecha muy simbólica– cuando el PP de Aznar condenó al franquismo oficialmente (y en tonos amenazantes) sumándose al discurso político-histórico del PSOE y los separatistas.

7. La condena del franquismo significaba la condena al referéndum del 76, que todos pretendían olvidar, e, implícitamente, a lo que había salido de él, la monarquía y la propia democracia entre otras cosas. Más en profundidad, era una bomba de relojería contra la herencia ya mencionada del franquismo. No fue en absoluto un hecho anecdótico o menor, como a veces se trata, sino algo así como un golpe de estado encubierto, que transformó el régimen del 78 y abrió paso a una verdadera involución.

8. La labor de Aznar fue lógicamente continuada por el PSOE de Zapatero con leyes sucesivas contra las libertades, la convivencia en paz y en libertad y la propia Constitución. Destacaré tres: a) la ley de “memoria histórica”, de estilo soviético, por la cual unos políticos generalmente corruptos e incultos se permitían dictar a la población lo que debía pensar de su propia historia; al paso que se identificaban con los chekistas autores de crímenes atroces, juzgados y fusilados en la posguerra, y a los que llamaban víctimas. Así se desvanecía la esperanza de que hubieran aprendido la lección de la historia. b) Las leyes “de género”, que cultivan el odio entre los dos sexos, culpabilizando arbitrariamente a uno de ellos. c) Las leyes “de odio”, por las que los citados políticos pretenden reglamentar hasta los sentimientos de las personas, algo que supera a los totalitarismos tradicionales.

9. Por su parte, los separatismos crecieron en audacia, ya con Aznar, y más aún después, hasta que en 2017, el separatismo catalán se sintió lo bastante fuerte para intentar el golpe de estado y la secesión de Cataluña, como había hecho en 1934. Para entonces había surgido otro partido claramente partidario de la unidad nacional y de restablecer las normas democráticas, VOX, el rey reaccionó y el PP se vio forzado a aplicar la Constitución, si bien de manera floja e insuficiente. Por el momento del golpe fracasó, sin que el problema se hubiera solucionado.

10. Desbancado el PP del gobierno por un PSOE que explotaba su corrupción –siendo aún más corrupto–, los socialistas, con Sánchez a la cabeza, coronaron la involución profanando la tumba de Franco (con la complicidad pasiva de la Iglesia y la monarquía, que debían su propia subistencia a Franco, y del PP, salido directamente de los altos cargos del franquismo). Y, finalmente, un PSOE aliado tradicionalmente con los separatismos, procedió a legalizar el golpismo con una amnistía anticonstitucional. Esto ha significado simplemente el fin de la Constitución, por tanto del régimen del 78, como el fraude electoral de febrero de 1936 significó el fin de la república.

11. Hoy el país se encuentra en la disyuntiva de evolucionar a una tiranía similar a la bolivariana de Venezuela, o restablecer con nuevas normas y nueva Constitución la unidad nacional y la democracia. A lo que debe añadirse la neutralidad ante la nueva guerra europea que planean unas oligarquías de la UE, cada vez más ajenas a lo que siempre se ha entendido por democracia.

PÍO MOA

Año de Franco (III-b) Franquismo y democracia (Pío Moa)



La degradación del pensamiento político, sobre todo en medios periodísticos, lo hace girar sobre la simpleza dictadura/democracia. Pero, como hemos visto, la dictadura de Franco fue extraordinariamente constructiva, mientras que la democracia republicana fue caótica y brutal, y el frente popular perseguía una dictadura de tipo soviético. Por eso debe clarificarse mejor la cuestión en relación con el franquismo.

1. Franco preconizaba en 1930 una democratización en orden. Prefería con monarquía, pero cuando esta se suicidó al año siguiente, aceptó la república y la defendió eficazmente en 1934 contra el asalto del PSOE, los separatistas catalanes y la izquierda en general. Asalto que, aun fracasado, dejó malherida a una república la cual recibió la puntilla con el fraude electoral de febrero de 1936 por el frente popular.

2. Pese al caos republicano, Franco se mantuvo fiel al régimen pensando que podría corregir sus graves defectos. Pero cuando la legalidad republicana, es decir, la propia república, fue destruida por el frente popular, Franco y otros muchos comprendieron que había que elegir entre aceptar el aplastamiento o rebelarse. Y optaron por lo segundo, pese a las condiciones prácticamente desesperadas del comienzo.

3. La experiencia republicana, degenerada en frente popular, hizo pensar a Franco y a muchos otros que la democracia liberal clásica estaba caducada y no podía funcionar en España, donde la pobreza y los odios demagógicos desatados por partidos violentos y totalitarios impedían una convivencia ordenada y en libertad. La idea había cundido mucho en Europa después de la I Guerra Mundial, una sangrienta confrontación entre estados liberalparlamentarios: de aquella contienda habían salido la revolución soviética y una intensa subversión comunista que muchos países solo pudieron afrontar con medidas dictatoriales o fascistas.

4. Por lo tanto, ganada la guerra, el franquismo buscó una articulación política que superase tanto la democracia liberal como el sistema comunista. El resultado fue, primariamente, una dictadura concebida con el objeto de crear una sociedad libre de la miseria y de los odios brutales de la república, que impidiese una vuelta al pasado.

5. La dictadura de Franco no fue totalitaria ni fascista. En estas, un partido único ocupa todo el estado, y el estado ocupa la sociedad, como ocurría en la URSS y, en menor medida, en los estados fascistas. Pero el franquismo no tenía un solo partido, sino cuatro, llamados “familias”: Falange, carlismo, monarquismo de tradición liberal, y católicos-políticos ligados al Episcopado. Los cuatro se unían teóricamente en un Movimiento Nacional, que no pasaba de ser un ministerio con pocos recursos y en la práctica representaba solo a la Falange. Las tensiones entre las “familias”, no se dirimían en elecciones, consideradas focos de demagogias, sino por el arbitraje de Franco. La economía, aun si con cierta intervención estatal, era básicamente de libre mercado. Y el estado no ocupaba la sociedad, pues era pequeño –mucho más pequeño que ahora– y poco entrometido en la vida corriente de la gente.

6. La representación popular se hacía en unas Cortes llamadas orgánicas (democracia orgánica), con sectores sindical, municipal y –aunque no en la práctica– familiar, más un grupo de jefes del Movimiento, otro de representantes de la universidad, las reales academias y demás instituciones culturales, otro de delegados de las cámaras de comercio e instituciones técnicas y científicas, más altos cargos políticos y 40 procuradores nombrados directamente por Franco. Esta composición debía evitar las demagogias atribuidas a la lucha de partidos por el sufragio universal, procurando una política general más responsable y eficiente. En realidad nunca funcionó como parlamento efectivo, siendo el gobierno, con representantes de las cuatro “familias” el principal elemento de orden.

7. Los muy amplios poderes atribuidos a Franco entrañaban un peligro implícito de degenerar en tiranía. Sin embargo, caso no muy habitual, Franco los ejerció con gran cautela y moderación, sin violentar al poder judicial ni a las Cortes ni a las leyes establecidas por el propio régimen (la Constitución la actual ha sido violentada casi constantemente por los gobiernos de PP y PSOE. Lo mismo había pasado en la república) Sin embargo, la especial autoridad de Franco no dejaba de ser una debilidad del régimen, pues nada garantizaba que a su muerte surgiera otro gobernante de su nivel. La muerte del benéfico dictador y los efectos de fondo del Vaticano II, serían la causa determinante de una obligada transición a la democracia, mejor o peor llevada.

8. La campaña del PSOE con el título “50 años de libertad”, encierra dos falsedades radicales: atribuir implícitamente la libertad a dicho partido, y negarla al franquismo. Pero debe distinguirse entre libertad personal y libertades políticas. En la personal, aquella en que no intervenía el estado, existía en el régimen de Franco mucha más que ahora, cuando el estado ha cobrado un volumen (gastos y funcionarios) cuatro o cinco veces mayor que en el franquismo, ejerce sobre los ciudadanos una vigilancia como nunca se había visto, y pretende controlar y reglamentar casi todos los aspectos de la vida personal, hasta los sentimientos (“delitos de odio”, “cancelación”, etc.)

9 . En cuanto a las libertades políticas, las había, obviamente, para los partidos que ganaron la guerra civil, y no, en principio, para los que la habían querido, provocado y ocasionado. Pero incluso para estos se fue relajando la censura conforme el régimen se liberalizaba desde finales de los años 50, quedándose en algunas restricciones y manteniéndose cierta persecución sobre comunistas y terroristas. Manifestación de este hecho es que las amnistías de la transición solo pudieron afectar a unos centenares de presos políticos, número insignificante en una población de 36 millones de habitantes supuestamente contrarios al régimen. En las cárceles no había demócratas ni socialistas (ni el PSOE molestó gran cosa al régimen ni a la inversa).

10 La democracia puede entenderse de dos maneras: como intervención popular cada cierto tiempo para elegir a los partidos u oligarquías que deben gobernar; o mediante una aquiescencia mayoritaria al gobierno expresada en plebiscitos o referéndums y en general ante la actuación de los gobiernos. Y el respaldo popular al franquismo se puso de relieve en dos ocasiones especiales: cuando, durante los años 40, el régimen se vio acosado por soviéticos, anglosajones y la propia ONU, y por el maquis, acoso que no habría podido resistir si el mismo se hubiera combinado con un espíritu de odio o rebeldía en el interior; y cuando, al morir Franco, la disyuntiva de una democracia por reforma o por ruptura, la población, por mayoría aplastante, se inclinó por la salida a partir de la legitimidad histórica del franquismo.

11. En la historia real, el franquismo surgió como remedio a una sociedad enferma de odios, miseria y antagonismos, con amenaza de romper su trayectoria cultural, política e histórica, o de partirse en varios estados. La cura de esa enfermedad exigió una convalecencia de tres décadas y media, pero al final, la sociedad estaba lo bastante sana para permitir una democracia sin las epilepsias del pasado, salida del propio franquismo, y cuya corrosión, hasta el golpismo actual, procede precisamente de los que, como el PSOE, se han empeñado en luchar “heroicamente” contra un régimen desaparecido hace medio siglo y contra el que no habían luchado antes.

miércoles, 8 de enero de 2025

Franco (III-a) Un balance del franquismo (Pío Moa)



Aunque es muy difícil sintetizar en unos pocos puntos la cuestión, y dada la enorme cantidad de desvirtuaciones y falsedades en torno a ella, expondremos aquí algunas líneas generales.

1. Ganada la guerra, los nacionales se aplicaron como tarea prioritaria a reconstruir el país, física y políticamente,con ánimo de convertirlo en potencia importante en Europa. Sin embargo el optimismo inicial chocó con la ingente dificultad de la herencia de hambre y la desintegración económica de la zona izquierdista. A ese problema se sumó la guerra en Europa, durante la cual Inglaterra restringió el comercio español (petróleo, plástico, fertilizantes…) valiéndose de su dominio del mar.

2. La guerra en Europa estalló, como había querido Stalin, entre Francia e Inglaterra por un lado, y Alemania por el otro. Franco la había temido porque el beneficiario evidente sería la URSS y declaró enseguida la neutralidad. No obstante existía el peligro de verde arrastrado a la contienda por invasión o presiones extremas.

3. Los nacionales (salvo los monárquicos y los próximos al episcopado) simpatizaban más con Alemania–que les había ayudado en la guerra civil y con la que no tenía España conflicto histórico– que con Inglaterra, que invadía España en Gibraltar. No obstante, Franco insistió en la reconstrucción del país, y se mantuvo al margen pese a las presiones de Hitler: solo entraría en guerra si esta era corta, algo que sabía imposible. Al invadir Hitler la URSS, cuando la victoria alemana parecía segura, Franco envió la División Azul como pago por la ayuda recibida en la guerra civil.

4. Una vez derrotada Alemania en 1945, España hubo de afrontar nuevas amenazas: soviéticos, anglosajones y otros decidieron aislarla internacionalmente. Era una medida criminal, porque España no había entrado en la guerra y porque, podía y buscaba provocar una gran hambruna en el país. No obstante, en aquel muro exterior encontró España una grieta, Argentina, y la diplomacia franquista evitó la catástrofe.

5. El aislamiento exterior se combinó interiormente con una guerra de guerrillas (el “maquis”), sumamente peligroso en aquellas arduas condiciones de hostilidad externa y de graves carencias económicas internas.No obstante, hacia 1948 el maquis estaba prácticamente vencido, aunque derrotar política y diplomáticamente el aislamiento no se lograría plenamente hasta bien entrados los años 50.

6. Pese a tantas contrariedades, el balance de esos años 40 puede calificarse de espléndido: España se libró de las matanzas y miserias del resto de Europa, se reconstruyó penosamente, pero con sus propias fuerzas, y al terminar los años 40 los indicadores económicos (consumo de energía, construcción y urbanización, enseñanza sobre todo primaria y secundaria, regadíos, repoblación forestal, tráfico aéreo, teléfonos, esperanza de vida al nacer…) superaban netamente a los del mejor año de la república. Tales éxitos frente a la hostilidad exterior y a la subversión interior no se habrían logrado sin una básica adhesión popular al nuevo régimen: el recuerdo de la república y del frente popular estaba demasiado fresco para suscitar nostalgias en la mayoría.

7. La alianza entre las potencias ganadoras de la guerra mundial no podía durar mucho, como previó Franco, vino la “guerra fría” y ante la resistencia demostrada por el franquismo Usa tuvo que avenirse a un acuerdo, dada la inestimable posición geoestratégica de España ante una posible invasión soviética de Europa occidental. Dado que Usa era la única protección real ante una posible expansión soviética, España permitió, como otros países europeos, la presencia de bases useñas, a cambio de resquebrajar el aislamiento, y finalmente España entró en la ONU en 1955.

8. La presencia useña, con sus productos industriales y culturales, influyó en España y en el propio régimen, pero este mantuvo una esencial independencia política y cultural, en relación con Hispanoamérica y sin dejarse arrastrar a guerras ajena, como la de Vietnam (Franco profetizó la derrota de Usa). Tampoco hubo reconocimiento de Israel: España había salvado a decenas de miles de judíos de la persecución nazi (los anglosajones no hicieron nada al respecto), pero luego Israel secundó el aislamiento de España, la cual encontró en cambio apoyo en varios países árabes –entonces en vías de secularización varios de ellos–. Otro respaldo fundamental contra el aislamiento fueron bastantes países hispanoamericanos.

9. Las imposiciones exteriores obligaron a organizar la economía –con notable éxito, dadas las circunstancias– sobre el modelo llamado “autárquico”, que a finales de los años 50 se mostraba agotado, como tantos otros. A finales de esa década, y superado el aislamiento, España se sumó al modelo keynesiano posterior a la II Guerra Mundial, que dio a Occidente “los treinta (años económicamente) gloriosos”, y que a su vez se agotaría poco antes de la muerte de Franco.

10. Un balance de conjunto podría ser este: en los años 40, el franquismo libró a España de las destrucciones de la guerra mundial que afectaron a casi todo el resto de Europa; el país se reconstruyó con sus propias fuerzas, sin incurrir en la enorme deuda económica, moral, política y militar del resto de Europa occidental hacia Usa; superadas con éxito las enormes dificultades y la peor hostilidad de los años 40-50, el país conoció durante quince años una de las tasas de crecimiento más rápidas del mundo.

11. El éxito económico del franquismo ha sido muy ponderado en diversas historias de la época, pero son probablemente más importantes otros logros: la superación de los odios brutales de los años 30 y la salud social. En cuanto a esta, al morir Franco España era el mejor o uno de los mejores países del mundo en cuanto a delincuencia y población penal, drogas, abortos, suicidios o estabilidad familiar, etc., y se había situado entre los tres primeros en esperanza de vida al nacer. etc. Y la población, en su inmensa mayoría, estaba reconciliada y moderada políticamente, lo que hizo posible una transición sin serios traumas, decidida popularmente a partir de la legitimidad de aquel régimen.

PÍO MOA