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miércoles, 11 de febrero de 2026

Frío, lluvia, nieve: ¿cambio climático?





Los propagandistas climáticos andan nerviosos. En efecto, las condiciones meteorológicas preferidas para la propaganda climática son el calor y la sequía, y desde finales de diciembre hemos tenido frío y mucha lluvia. De hecho, en la España peninsular, enero ha sido el más lluvioso de los últimos 25 años, y muchos pantanos han acabado el mes al 100% de capacidad.

De este hecho debemos extraer tres lecciones. La primera es la falta de fiabilidad de las predicciones meteorológicas más allá de un horizonte temporal de unos pocos días. Un secreto bien guardado es que la ciencia aún está en pañales en su comprensión del clima, un sistema no lineal, complejo y caótico. Por tanto, los meteorólogos no tienen forma de saber con un mínimo de certeza qué pasará esta próxima primavera, ni el año que viene, ni mucho menos el 2100. Se mueven en un entorno de enorme incertidumbre y se apoyan para sus previsiones estacionales en factores sólo parcialmente explicativos, como el ENSO.
Otra vez la AEMET

De ahí las aproximaciones probabilísticas obtenidas por la AEMET tras laboriosos cálculos —es decir, a ojo de buen cubero— al pronosticar que había un 60% de probabilidades de tener un invierno más cálido de lo normal. Por ello, ha recibido muchas críticas, amortiguadas por la feroz defensa que de la Agencia realizan sistemáticamente los fact-checkers y la prensa de izquierdas (casi toda), pues la AEMET es la principal «autoridad» para promover la agenda climática y, por tanto, hay que protegerla.

En realidad, el gigantesco error de la AEMET estriba en no haber sido capaz de prever el enorme volumen de precipitaciones registradas en enero. De hecho, las críticas a su previsión de temperaturas distraen la atención sobre este punto y, además, son ingenuas, dado que la AEMET tiene el monopolio en el cálculo de temperaturas en España. También son prematuras. En efecto, la temperatura media del invierno meteorológico en la España peninsular es de 6,6ºC, luego para tener un invierno «más cálido de lo normal» bastaría con obtener unas pocas décimas superiores a esa temperatura. Si damos por bueno que las temperaturas de enero han sido sorprendentemente normales (como parece haber afirmado la AEMET), para que falle su pronóstico sería necesario que febrero acabara siendo «más frío de lo normal» (por debajo del percentil 40), algo estadísticamente más improbable que el escenario opuesto. De ahí que la Agencia confíe su remontada reputacional a las temperaturas de febrero (que ellos mismos calcularán)[1].

La segunda lección que debemos recordar es que la gran amenaza climática que debería preocuparnos es el frío extremo propio de las Eras Glaciales y no las temperaturas más templadas causadas por el ligero calentamiento que afortunadamente estamos viviendo desde que terminó la Pequeña Edad de Hielo, a mediados del siglo XIX. Calor es sinónimo de vida, y frío, sinónimo de muerte. Por eso los pájaros migran hacia zonas más cálidas en invierno y los ciudadanos del centro y norte de Europa vienen de vacaciones a España, y no al revés.

La última lección que podemos extraer es que debemos estar en guardia frente al inmisericorde bombardeo de la propaganda climática, de estilo soviético. En efecto, si este comienzo de invierno hubiera sido cálido y seco en vez de helador y lluvioso, la propaganda climática lo habría achacado inmediatamente al cambio climático. Pues bien, tan ridículo y acientífico es extrapolar un mes frío, lluvioso y nevoso ligándolo a un supuesto enfriamiento global como lo es ligar cada ola de calor, cada sequía o cada estación especialmente cálida al calentamiento global. Por favor, recuérdenlo la próxima vez que los activistas climáticos ―empezando por la AEMET― conviertan meros fenómenos meteorológicos locales, pasajeros e irrelevantes, en pruebas irrefutables del cambio climático planetario.
Profetas de calamidades

Para los profetas de calamidades climáticas las malas noticias se acumulan, pues Bill Gates afirma ahora que «aunque el cambio climático tendrá graves consecuencias (…), las personas podrán vivir y prosperar en la mayoría de los lugares de la Tierra en un futuro previsible»[2]. Tras escribir hace pocos años un libro alarmantemente titulado Cómo evitar un desastre climático, su cambio de tono (o giro oportunista) ha coincidido con el desgaste de las proyecciones apocalípticas ―desacreditadas una y otra vez por los datos observados― y, sobre todo, con el cambio político acontecido en EEUU, país que ha decidido abandonar, y, por tanto, dejar de financiar, todo tipo de organizaciones ecologistas, incluyendo el IPCC de la ONU[3].

Debemos ser conscientes de que la eficaz propaganda climática achaca al cambio climático todo tipo de fenómenos, aunque sean de naturaleza opuesta. Por eso precisamente el «calentamiento global» pasó a denominarse «cambio climático», concepto menos restrictivo que admite todo. Éste es el motivo por el que quienes viven del cuento climático intenten explicar que el calentamiento global es culpable del calor, pero también del frío; de la lluvia torrencial, pero también de la sequía; de la calma total, pero también de los vientos tempestuosos. No obstante, aunque la física atmosférica sea en ocasiones contraintuitiva, confío en que el sentido común les indique que suele ser difícil que un mismo factor cause resultados completamente opuestos. Si no es así, tengan cuidado la próxima vez que pongan hielo en su bebida, no vaya a ser que se caliente, o que tomen un antipirético, no vaya a ser que, en vez de bajarles la fiebre, se la dispare.

Al contrario de lo que afirma la propaganda, hasta ahora el calentamiento global no ha provocado ningún aumento en la inestabilidad climática o en la frecuencia o intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como reconoce el propio IPCC[4]. Pero imaginemos por un momento que lo hiciera, como afirman sus propagandistas: ¿deberíamos concluir entonces que el enfriamiento global traería una gran estabilidad climática? No parece ser el caso. De hecho, la Pequeña Edad de Hielo (s. XIII-s. XIX) fue un período de «gran inestabilidad climática» que produjo severas carestías en la cosecha de cereales y, por lo tanto, hambrunas[5]. Por el contrario, el aumento de CO2 y unas temperaturas más templadas favorecen el crecimiento de las plantas. Así, el rendimiento de los cultivos de cereales (medido en toneladas por hectárea cultivada) no ha hecho más que crecer en las últimas décadas y es hoy el doble de lo que era hace 60 años, lo que supone una magnífica noticia para alimentar a una creciente población mundial[6]. Bendito CO2.

Caída global de temperaturas

El frío, la lluvia y la nieve no ha sido un fenómeno limitado a España, sino que se ha tratado de un fenómeno global en el hemisferio norte. De forma anecdótica, cabe mencionar que en la noche de Reyes cayeron 30 cm de nieve en las playas de la costa atlántica francesa[7], que en EEUU el temporal de frío y nieve de finales de enero compitió con el récord del invierno anterior[8], y que, en la península de Kamchatka, en el extremo oriental ruso, se produjo una nevada sin precedentes[9].

Pero por encima de lo anecdótico que supone vivir un mes frío, lluvioso y nevoso, el hecho es que las temperaturas del planeta están cayendo desde hace dos años, lo que significa que el inusual pico observado en 2023-2025 ―de naturaleza claramente exógena y coyuntural, por extremo y repentino― está remitiendo en un típico ejemplo de reversión o regresión a la media. No olviden que en 2023 el 42% de la superficie del planeta experimentó temperaturas dos desviaciones estándar por encima de la media. En este sentido, resulta elocuente el contraste entre el sinnúmero de noticias publicitando el brusco calentamiento de aquellos años y el sepulcral silencio que ha acompañado el enfriamiento subsiguiente, igualmente brusco, pero que no encaja en el relato oficial.

Como escribí en su día, ningún científico serio achacó al supuesto cambio climático antrópico el súbito aumento de las temperaturas del 2023-2025 (al contrario de lo que hizo la AEMET). Algunos lo ligaron a un fenómeno El Niño fuerte; otros a una bajísima cobertura global de nubes completamente inexplicada, pues la ciencia aún patina con la convección húmeda y desconoce, por tanto, los factores que controlan la nubosidad del planeta (¿cómo no van a fallar los modelos climáticos?). Finalmente, otros científicos señalaron a la masiva erupción del volcán submarino Hunga-Tonga, que constituyó uno de los fenómenos geológicos de mayor magnitud del último siglo al liberar a la atmósfera, de golpe, 150 Mt de vapor de agua, el más importante gas de efecto invernadero[10].

Por lo tanto, es posible que el reciente y brusco enfriamiento terrestre haya estado asociado a La Niña, fenómeno que, como tantos otros, resulta imposible de predecir en duración e intensidad salvo con cómodos rangos probabilísticos que no suelen separarse mucho de la equiprobabilidad (para proteger la reputación al pronosticador). Pero también es posible que el principal factor explicativo del reciente enfriamiento haya sido la paulatina desaparición del temporal efecto invernadero causado por la erupción del Hunga-Tonga[11]. Quién sabe.

Como pueden ver en el siguiente gráfico, desde 1979 ―un año particularmente frío, pero el primero en el que hubo satélites en el espacio para medir la temperatura― se estima que la temperatura media del planeta ha aumentado a un imperceptible ritmo de 0,15ºC por década (sí, 15 centésimas de grado por década)[12]. Convendrán conmigo en que hay que afinar mucho para detectar este aumento centesimal de la temperatura de todo un planeta:


Asimismo, podrán observar que la temperatura del planeta apenas aumentó en el período 1980-1995 y se mantuvo muy constante de 1998 al 2015, aproximadamente, a pesar del aumento constante de la concentración atmosférica de CO2. Este último episodio se denominó «la pausa», aunque posteriormente la propaganda climática negaría que dicho término hubiera existido. ¡Qué memoria más corta! La revista Nature había publicado en 2013 un artículo titulado La reciente pausa del calentamiento global[13] y el propio IPCC citaba «la pausa» 53 veces en su Quinto Informe (2013) y dedicaba un capítulo especial titulado Modelos climáticos y la pausa en el calentamiento global en los últimos 15 años[14].

Gráficos largos

El gráfico anterior de datos por satélite es un gráfico muy corto, pues la evolución de clima suele medirse en siglos o milenios. Por eso me gusta introducir el gráfico largo que incluyó el IPCC en su Primer Informe, que muestra la reconstrucción de temperaturas del planeta de los últimos 10.000 y 1.000 años. En él podrán observar que las temperaturas de finales del s. XX eran inferiores o similares a las de épocas en las que Pedro Picapiedra conducía su troncomóvil, es decir, en las que no existía industrialización alguna ni CO2 de origen antrópico[15]:


Buenas noticias

Por otro lado, algunos de mis amigos canadienses preocupados por la propaganda climática se habrán visto tranquilizados con la reciente publicación de la serie de temperaturas veraniegas de su país desde el año 1900, la cual muestra una suave ciclicidad sin tendencia clara que equipara las temperaturas de principios del s. XXI con las vividas hace 100 años, cuando supuestamente el nivel de CO2 era «normal» (según la nomenclatura de la propaganda climática)[16]:


También les relajará saber que el llanto ceñudo de la pobre Greta al denunciar en la ONU una supuesta extinción masiva de especies como consecuencia del cambio climático era fruto de la histeria más que de la ciencia. En efecto, un estudio reciente publicado por la Royal Society concluye que el ritmo de extinción de especies ―irrelevante en cualquier caso desde el punto de vista relativo― ha disminuido en los últimos 100 años[17]. Sí, han leído bien: hay menos extinciones de especies, lo que significa que a la biosfera (sistema que engloba a todos los seres vivos del planeta) le sienta de maravilla una temperatura un poco más templada y un poco más de CO2, fuente de vida y alimento por antonomasia de las plantas.

Respecto a la subida del nivel de los océanos también tenemos datos tranquilizadores. Un estudio publicado en el Journal of Marine Science and Engineering ha comparado los aumentos pronosticados para 2020 por el IPCC para multitud de localidades costeras de todo el planeta con las mediciones reales obtenidas en dichas localidades. Su conclusión es rotunda: «Aproximadamente el 95 % de las ubicaciones no muestra una aceleración estadísticamente significativa de la tasa de aumento del nivel del mar. Nuestra investigación sugiere que en el 5 % restante de las ubicaciones los fenómenos locales no climáticos son la causa plausible del aumento acelerado del nivel del mar». Y termina: «En promedio, la tasa de aumento proyectada por el IPCC tiene un sesgo al alza de aproximadamente 2 mm por año en comparación con la tasa observada»[18]. Dado que el último informe del IPCC proyecta un aumento de 4mm / año hasta el 2100 en su escenario más plausible, esto significa que sus fallidos modelos multiplican por dos la subida real del nivel de los océanos. No tengan prisa por vender el apartamento de la playa.

¿Consenso o censura?

La propaganda climática asegura que existe un consenso casi absoluto entre la comunidad científica respecto al origen antrópico del calentamiento global y a las consecuencias apocalípticas que se le atribuye. Esto es rotundamente falso: lo que sí ha habido es un tratamiento mediático asimétrico de ambas posturas del debate y una agresiva censura de tinte comunista u orwelliano materializada en el silenciamiento activo de la multitud de científicos escépticos y escandalizados con el secuestro político de la ciencia.

Éste es el caso de un editor del American Journal of Economics and Sociology, que permitió la publicación de un artículo que pronto se convertiría en el segundo más leído de la publicación en sus 83 años de historia. El artículo criticaba el alarmismo del IPCC, nunca corroborado por la evidencia empírica, es decir, osaba blasfemar contra el dogma imperante con una laudable claridad. Pues bien, el editor fue despedido[19]. Lean por favor con atención las conclusiones de este artículo:

«El IPCC afirma que los fenómenos meteorológicos extremos son ahora peores que en el pasado, pero las observaciones no respaldan esta afirmación. Algunos fenómenos meteorológicos extremos, como la superficie terrestre afectada por sequías extremas, están disminuyendo, en lugar de aumentar (Lomborg, 2020). A nivel mundial, la incidencia de huracanes no muestra una tendencia significativa (IPCC, 2013, p. 216; Lomborg, 2020). Las observaciones tampoco muestran ningún aumento de los daños ni ningún peligro para la humanidad en la actualidad debido al clima extremo o al calentamiento global (Crok y May, 2023, pp. 140-161; Scafetta, 2024). Por lo tanto, dado que el clima actual es posiblemente mejor que el clima preindustrial y que no hemos observado ningún aumento de la mortalidad por fenómenos meteorológicos extremos, concluimos que podemos planificar la adaptación a cualquier cambio futuro. Hasta que se identifique un peligro, no hay necesidad de eliminar el uso de combustibles fósiles»[20].

Amén.


[1] Para una explicación más detallada de cómo se calculan: Escuela de calor 2024 – Fernando del Pino Calvo-Sotelo



[4] IPCC AR5, WG 1, Chapter 2.6, p.214-220 y IPCC AR6, WG 1, Chapter 12, p. 1770-1856










[14] IPCC, AR5, WG 1, p. 61.

[15] IPCC, AR1, The IPCC Scientific Assessment, fig. 7.1, p. 202.





jueves, 15 de mayo de 2025

La mentira del catastrofismo climático se derrumba: Científicos reconocen que la tendencia en la Antártida «se ha revertido»



Durante años, hemos sido bombardeados con historias alarmistas sobre el cambio climático, con especial énfasis en el deshielo de la Antártida. Esta narrativa catastrofista, promovida por organismos supranacionales, ha sido la base para imponer políticas globalistas que afectan a todos los países. Sin embargo, lo que parecía una verdad incuestionable está comenzando a desmoronarse gracias a nuevos datos científicos.

El estudio que desmonta la narrativa

Un reciente estudio, liderado por la Universidad Tongji de China, ha puesto en evidencia la manipulación de los datos climáticos. Utilizando información de los satélites GRACE y GRACE-FO de la NASA, los investigadores han descubierto que, entre 2021 y 2023, la masa de hielo en el este antártico ha aumentado, contradiciendo el relato que nos habían impuesto sobre el deshielo constante en la región.

En particular, se ha documentado un incremento de 108 gigatoneladas de hielo por año en las zonas de Wilkes Land y Queen Mary Land, lugares donde anteriormente se reportaba una pérdida media de 142 gigatoneladas anuales. Este hallazgo es revolucionario, ya que cuestiona la afirmación de que el hielo polar está desapareciendo sin cesar.

La manipulación ideológica detrás del catastrofismo climático

La narrativa que nos presentaron durante años acerca del cambio climático y el deshielo en la Antártida no era producto de un análisis científico riguroso, sino de una estrategia de manipulación ideológica. Organismos internacionales, como la ONU y Bruselas, impulsaron políticas climáticas extremas basadas en una falacia.

La agenda 2030 fue otra de las herramientas utilizadas para difundir el miedo y la crisis climática, la cual sigue siendo repetida por gobiernos y medios de comunicación. El supuesto deshielo de la Antártida, uno de los elementos más repetidos, se usó para sembrar el pánico y justificar políticas de control económico, energético y social que afectan a la población.

¿Qué significa este hallazgo científico?

El estudio reciente demuestra lo que muchos sabíamos pero no podíamos probar: las narrativas mediáticas y políticas del catastrofismo climático eran erróneas. Este hallazgo subraya lo que algunos científicos han defendido durante años: el clima de la Tierra es mucho más dinámico y menos predecible de lo que se nos ha hecho creer.

Los datos no pueden ser manipulados al gusto de los intereses políticos. La realidad es que los procesos climáticos de la Tierra son extremadamente complejos, y no basta con una observación puntual para extraer conclusiones definitivas. Las afirmaciones absolutistas que nos han vendido sobre el clima son erróneas, y los estudios recientes lo demuestran.

Además, este cambio de perspectiva obliga a reflexionar sobre cómo se ha manejado la información climática en los últimos años. Los alarmismos infundados no solo son peligrosos, sino que también desinforman al público y dificultan la toma de decisiones basadas en datos reales y verificables.

¿Por qué debemos cuestionar el catastrofismo climático?

La respuesta está clara: el catastrofismo climático ha sido utilizado como una herramienta de control político y económico. El alarmismo sobre el deshielo en la Antártida no solo ha servido para crear una falsa sensación de emergencia, sino que ha sido la base para imponer políticas que afectan negativamente a la soberanía de las naciones.

La agenda 2030 y otras iniciativas globalistas, que en teoría buscan luchar contra el cambio climático, están basadas en supuestos falsos que no son válidos. En lugar de centrarse en soluciones equilibradas y basadas en la evidencia, estas políticas han priorizado objetivos ideológicos y sectarios que buscan una reestructuración de la sociedad y la economía a nivel global.

Reflexión final: la verdad siempre sale a la luz

Este nuevo estudio sobre la Antártida es solo un ejemplo de cómo las mentiras sobre el cambio climático comienzan a caer. Los intereses ideológicos y políticos que han impulsado la narrativa del catastrofismo climático se están desmoronando a medida que más estudios serios y objetivos salen a la luz. Al final, la verdad siempre prevalecerá, y lo que parecía ser una verdad incuestionable terminará cayendo por su propio peso.

Es fundamental que sigamos cuestionando las narrativas que nos imponen desde los organismos internacionales y los medios de comunicación. Solo así podremos asegurar que las políticas climáticas que se adopten en el futuro sean basadas en hechos reales, y no en falsedades ideológicos que solo han servido para manipular a la sociedad.

viernes, 7 de marzo de 2025

El mundo no se acaba: la realidad desmonta la farsa del discurso ambientalista apocalíptico



El discurso alarmista de los climatólogos catastrofistas se tambalean y debilitan cada vez más, enfrentándose a datos científicos que contradicen sus predicciones apocalípticas e interesadas. Desde hace décadas, los profetas del desastre han anunciado graves catástrofes con fechas límite que nunca se cumplen basándose en modelos climáticos imprecisos, sesgados e incluso manipulados. Sin embargo, la realidad se impone y evidencia la falta de rigor de estas afirmaciones..

Los modelos climáticos han fracasado una y otra vez en sus predicciones, dejando en evidencia la fragilidad de sus afirmaciones.

Primero fue el agujero de la capa de ozono que «generó alarma mundial» sobre el aumento del cáncer de piel y otros efectos negativos. La realidad es que desde el año 2000 se ha ido reduciendo progresivamente, alcanzando en la actualidad sus niveles más bajos en décadas. Ahora, otro de los ejemplos más flagrantes de esta manipulación es la situación del Ártico. A pesar de los titulares sensacionalistas que anuncian su desaparición inminente, la extensión del hielo marino sigue existiendo, desmintiendo las reiteradas afirmaciones de los ambientalistas radicales. Los modelos climáticos han fracasado una y otra vez en sus predicciones, dejando en evidencia la fragilidad de sus afirmaciones.

Por otra parte, en los últimos 50 años, la humanidad ha logrado avances significativos en la reducción de la contaminación atmosférica. «Estamos respirando uno de los aires más limpios que hemos tenido en generaciones«. No son las palabras de un «negacionista conspiranoico» del cambio climático, como dirían los ecologistas radicales fanáticos, sino de Hannah Ritchie, científica de la Universidad de Oxford. Este hecho desmonta el discurso catastrofista que ignora los avances ambientales.»

Este sesgo hacia el catastrofismo climático es una estrategia de manipular a la opinión pública mediante el miedo. Se ha llegado al punto de presentar cualquier fenómeno meteorológico como «prueba irrefutable» del desastre inminente. No importa si se trata de una ola de calor o de una tormenta de nieve inusual; cualquier evento se utiliza para reforzar una narrativa de emergencia perpetua. Recordemos las palabras de Pedro Sánchez «El cambio climático mata», refiriéndose a la gota fría de Valencia como efectos del cambio climático

Entre 1998 y 2014, el planeta experimentó una pausa en el calentamiento global que desafió las expectativas de los modelos climáticos. Pero en lugar de admitir la inexactitud de sus cálculos, ciertos sectores de la comunidad científica optaron por «ajustar» las series de datos oficiales para minimizar la pausa, haciendo obsoletos estudios anteriores que demostraban inconsistencias en las proyecciones.

Tras cinco décadas de predicciones alarmistas fallidas, la Asociación de Realistas Climáticos (ARC) concluye que «la crisis no es climática, sino de credibilidad científica y mediática«. Los supuestos expertos que han vivido décadas pronosticando tragedias incumplidas han perdido toda legitimidad.

En lugar de caer en el juego del miedo, es necesario replantear el enfoque con el que se comunican los problemas ambientales, basándose en el rigor científico y no en la propaganda ideológica. Es hora de rechazar el alarmismo infundado y apostar por soluciones pragmáticas, racionales y basadas en datos objetivos, no en la histeria colectiva promovida por quienes buscan imponer una agenda política disfrazada de ecologismo.

miércoles, 25 de octubre de 2023

El papa Francisco exhorta a sus fieles en materia climática (José Ramón Ferrandis)



El 4 de octubre de 2023, el Papa publicó su último documento[1] oficial[2]. Alabemos a Dios es su título, aunque es justo reconocer que no habla mucho de Dios[3]. Habla, mire usted por dónde, del cambio climático[4].

El Papa puede hablar de lo que le plazca, sólo faltaba. Ya sorprendió hace ocho años con la encíclica Laudato Si y lo vuelve a hacer ahora, esta vez de manera mucho menos nebulosa. No importa que la función y objetivo tradicional del papado sea tratar de asuntos de Fe y de Moral, en los que el Papa es la máxima autoridad entre los católicos y cuyas afirmaciones han de ser seguidas por los fieles. Más allá de eso, el Papa puede decir lo que quiera. Eso sí, al hacerlo en ámbitos que no le son propios, se somete a la crítica de los ciudadanos, y de entre ellos, de los cristianos, y si se me permite, de los católicos que no reconocemos en Su Santidad (SS) autoridad de ninguna índole en materia climática. No la tiene, pero además, al utilizar su púlpito universal[5] equivocándose técnicamente de manera tan evidente y hasta grosera, está infligiendo a la Iglesia que visiblemente encabeza un gran daño reputacional. Errando. Muchas veces. Veámoslo por orden de aparición en el texto.
…” es indudable que el impacto del cambio climático perjudicará de modo creciente las vidas y las familias de muchas personas. Sentiremos sus efectos en los ámbitos de la salud, las fuentes de trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda, las migraciones forzadas, etc.” 
SS yerra, en el fondo y en la forma. No intente amedrentar a sus ovejas, SS. Las variaciones de temperatura que siempre han tenido lugar y siempre lo tendrán no generarán efectos negativos en un plazo que le permita verlo. Ni a SS ni probablemente a ninguno de los presentes en el mundo hoy en día. Ni por frío ni por calor. Y los ámbitos y sectores que menciona no tienen nada que ver. Nada que ver.
“Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos”. 
No, SS. Lo que usted dice es falso. No hay nada de eso. Ninguno de esos fenómenos se está produciendo extraordinariamente. Ni calores, ni sequías, ni inundaciones, ni huracanes, ni hambrunas[6], ni migraciones[7], ni extinciones de especies, ni desaparición de islas, ni subida del nivel del mar[8], ni nada similar. SS, se le supone ignorante[9] de los hechos, pero el responsable de esta exhortación es usted.
“ … sabemos que cada vez que aumente la temperatura global en 0,5 grados centígrados, aumentarán también la intensidad y la frecuencia de grandes lluvias y aluviones en algunas zonas, sequías severas en otras, calores extremos en ciertas regiones y grandes nevadas en otras.” 
Ya sabemos, por el pie de página, que esta afirmación la ha hecho el IPCC, cuya credibilidad está muy menoscabada[10], pero como es falsa, como si la ha hecho – perdone SS la libertad que me tomo – el sursum corda.
“Si llega a superar los 2 grados, se derretirían totalmente las capas de hielo de Groenlandia y de buena parte de la Antártida, con enormes y gravísimas consecuencias para todos” [11].
SS, esto no lo sabe usted, ni nadie. Es un brindis al sol. Por otra parte, le veo, si me lo permite, poco caritativo. Está usted, SS, queriendo atemorizar a la gente, aunque dada esta expresión de su rostro, no me sorprende, en realidad.
… “tanto los lagos que se secan como las poblaciones arrasadas por maremotos o desbordes, tienen en definitiva el mismo origen”. 
Por favor, SS. Por favor. Los maremotos tienen como origen los terremotos, que por lo que sabemos, no se relacionan con el clima. Los lagos, como el Aral (por poner un ejemplo en la memoria de casi todos), no se secan porque haga más o menos calor, sino por las políticas agrarias de la URSS. Conviene releer los textos antes de firmarlos.
“Pero la realidad es que un bajo porcentaje más rico del planeta contamina más que el 50% más pobre de toda la población mundial”. 
Vamos por partes. Usted, SS, habla del CO2 a lo largo de todo el texto. Se puede interpretar que también lo hace aquí. Y el error es palmario: el CO2 no contamina. El CO2 es un gas de efecto invernadero (GEI) cuya existencia, junto con los demás GEI, posibilita la vida en la Tierra, como seguro que SS conoce. Cierto que el CO2 de origen humano es sólo el 3% del total del CO2 en la atmósfera[12] y que el CO2 no tiene mucho que hacer frente al vapor de agua, que sólo él supone el 95% de los GEI existentes. Pero sea como sea, el CO2 no contamina. Lo tiene SS dentro, como todos: 40.000 partes por millón (ppm), mucho más de las 424 ppm atmosféricas actuales. Y en cuanto a que un bajo porcentaje más rico[13] del planeta emite (porque SS quería decir emite) más que el 50% más pobre de toda la población, está claro: para ser rico hay que consumir energía. O, dicho de otra manera, sin energía, los países no salen de pobres. Así que los ricos emiten más CO2 que los pobres. Es de cajón.
“Lo que ocurre es que millones de personas pierden su empleo debido a las diversas consecuencias del cambio climático: tanto el aumento del nivel del mar como las sequías y muchos otros fenómenos que afectan al planeta, han dejado a mucha gente a la deriva”. 
Son falsas las premisas, son falsas las conclusiones, son falsas las relaciones causales esgrimidas. Todo aquí (y no sólo aquí, lamentablemente) es erróneo. Observo una novedad, sin embargo: hemos pasado del descarte a la deriva. Menos tabernario, sin duda. Me alegro.
“Al mismo tiempo verificamos que en los últimos cincuenta años la temperatura aumentó con una velocidad inédita, sin precedentes en los últimos dos mil años.”
Esto es directamente falso. Desde 1998 hasta 2023, con un breve hiato en 2016, las temperaturas no se incrementaron en absoluto. Se lo digo a título de ejemplo. Y a partir de aquí, voy a tirar de recursos de la NOAA[14], que al menos en el área de los EE. UU.[15] mantiene bases de datos que se pueden consultar con facilidad[16]. Las cifras han sido actualizadas el 12 de octubre de 2023. 

[Nota: en el artículo original se muestran unos gráficos muy ilustrativos]

“Los glaciares se retraen, disminuye la cobertura nevosa y sube constantemente el nivel del mar”. “Una abrumadora mayoría de científicos especializados en clima sostienen esta correlación y sólo un ínfimo porcentaje de ellos intenta negar esta evidencia.” 
Estas dos frases no son sucesivas en la exhortación, pero casi. Está muy próximas entre sí y pueden ser tratadas al unísono. Las tres afirmaciones de la primera son completas falsedades[19]. Y sobre todo, SS, que haya científicos que aseveren que hay correlación entre crecimiento de gases de efecto invernadero y crecimiento de temperaturas no prueba nada. Recurre SS al argumento del consenso, que en materia científica vale tanto como el criterio de SS en materia climática. Mezcla SS sin cuidado el vapor de agua, dominante en un 95% en el espectro de los gases de efecto invernadero, con el metano, el óxido nitroso, los clorofluorocarbonos y el CO2. Y olvida deliberadamente decir que de todo el CO2 existente en 2001, que es cuando el IPCC lo puso de relieve en un famoso cuadro, el 97,1% es natural. No viene de la mano del hombre sino de la mano de Dios. Qué cosas, ¿verdad?
10ª “No es posible ocultar la coincidencia de estos fenómenos climáticos globales con el crecimiento acelerado de la emisión de gases de efecto invernadero sobre todo desde mediados del siglo XX.” 
Recuerde, Santidad, “correlación no implica causación”. Más aún, asegúrese, por favor, de que la relación causa-efecto es la que usted espera que sea.
11ª “Los elementos de origen natural que suelen provocar calentamiento, como las erupciones volcánicas” 
¡Cáspita, Santidad! ¿Qué le han hecho decir sus asesores en materia climática? Es bien conocido que las erupciones volcánicas lanzan a la atmósfera muchos elementos diferentes, pero sobre todo cenizas, las cuales, en las grandes erupciones de superficie recientes (Laki (Islandia, 1783), Tambora (Indonesia, 1815), Krakatoa (Indonesia, 1883), Monte Pinatubo (Filipinas, 1991)), … impiden parcialmente el acceso a la Tierra de las radiaciones solares de onda corta y hace que se enfríe sustancialmente la atmósfera, además de dificultar la agricultura y desencadenar hambrunas por esa razón. Se suele hablar de años sin verano… y sin cosechas. Y van sus equipos de trabajo y le escriben lo contrario, probablemente pensando en el CO2[20] que estas erupciones emiten (también) a la atmósfera. ¡Vaya por Dios! Por favor, llámeles la atención[21] en nombre de todos.

Refiriéndose a personas que aceptaron la cercanía de un cementerio nuclear, SS afirma: 
12ª “Basta pensar en el efímero entusiasmo del dinero que se recibió a cambio de depositar en un lugar residuos nucleares. La casa que se pudo comprar con ese dinero se convirtió en una tumba a causa de las enfermedades que se desencadenaron”. 
Esto Santidad, es falso. Daré un paso más, es mentira[22]. Se presenta como una fabulación interesada[23]. Su lectura en un texto papal provoca alipori. ¿Podría SS, por favor, ordenar su retirada?
13ª “Esto me permite repetir dos convicciones en las cuales insisto hasta el cansancio: “todo está conectado…”. 
Cansancio. Se entiende, tanto repetir las cosas sin éxito alguno debe cansar mucho. Al que las dice y, me temo, Santidad, también al que las escucha. Acaso esa sea la razón por la que Infovaticana acaba de publicar una noticia alarmante sobre el cansancio de los fieles, que desertan de la Plaza de San Pedro cada vez más, dejando imágenes desoladoras como ésta que ven al pie. Esas imágenes, por repetidas, preocupan profundamente en el Vaticano. Cansancio, sin duda. Hastío.



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[1] Entre los documentos papales de carácter pastoral, una exhortación (se sitúa por debajo de las cartas encíclicas, de las epístolas encíclicas y de las constituciones apostólicas, pero por encima de las cartas apostólicas, de las bulas y breves y del motu proprio. Está justo a mitad de camino en los distintos niveles posibles de magisterio.

[2] Laudate Deum: Exhortación Apostólica a todas las personas de buena voluntad, sobre la crisis climática (4 de octubre de 2023) | Francisco (vatican.va) Dado en Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán, el 4 de octubre, Fiesta de san Francisco de Asís, del año 2023, décimo primero de mi Pontificado.

[3] O lo hace muy poco: en sus 73 párrafos se menciona a Dios 10 veces. No está mal del todo, aunque si comparamos con las veces que lo hacen las COP o Conferences of the Parties sobre el clima, que aparecen en 12 ocasiones, es extraño.

[4] Entendido como un proceso novedoso provocado por el hombre, que va a repercutir negativamente sobre el clima. No es esa la realidad del concepto, pero así lo ve Francisco, quien se pone en línea con el mainstream progre. No es la primera vez. Con toda humildad le ofrezco mi trabajo, por si lo quiere leer. https://joseramonferrandis.es/guia-para-navegantes-i/

[5] Es decir, católico.

[6] Salvo las inducidas por razones políticas.

[7] Salvo las que tienen lugar por razones políticas o económicas.

[8] Cuya tendencia al alza no sólo no se acelera, sino que recientemente mengua, y eso desde que se mide. Mediados del Siglo XIX.

[9] Parece evidente que no es SS quien ha recabado los datos, redactado el texto, contextualizado el fenómeno y organizado el orden de factores. Pero lo ha firmado, luego es suyo.

[10] Los estatutos fundacionales del IPCC, el Intergovernmental Panel on Climate Change de la ONU, afirman que su función es demostrar que el llamado calentamiento global o cambio climático es responsabilidad única y exclusivamente el ser humano.

[11] Más basura del IPCC. Sus asesores no tienen muchas referencias, ni información, ni formación.

[12] ¿Sabe SS quién afirma eso? El mismísimo IPCC, su principal inspirador.

[13] Reconozca su obsesión con los ricos, Santidad.

[14] National Oceanic and Atmospheric Administration.

[15] Utilizo instituciones de los EE. UU. por su aparente precisión, esperable buen trato de los datos, extensión de los períodos considerados y dimensiones del territorio.


[17] Todos menos Alaska y Hawái.

[18] 2015, 2019, 2021 y 2022.

[19] La cobertura de nieve en el hemisferio Norte no deja de aumentar, como está probado y es accesible a cualquiera que quiera verlo. Unos glaciares crecen, otros se retraen. Y sobre todo, el nivel del mar medido en Nueva York crece aproximadamente al mismo ritmo desde hace más de 150 años (en otros lugares, no crece en absoluto), con recientes flexiones a la baja.

[20] De origen natural, claro.

[21] Hay una vieja distinción latina entre auctoritas y potestas. Bueno, en realidad se trata de una tríada, a la que falta el imperium para ser completa, pero dejemos este último término al margen. La auctoritas está en poder del que conoce, el que es una autoridad en una materia. Potestas se ejerce desde el poder, conozca o no la materia que desarrolla la institución sobre la que ejerce el poder, sobre la que tiene la fuerza de obligar. Esa sí obra en su poder, Santidad.

[22] En la Iglesia Católica es bien sabido que “mentir es decir lo contrario de lo que se piensa, con intención de engañar”. Más precisamente, en el Catecismo (n. 2482) está recogida la definición de san Agustín sobre la mentira: “La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar” (san Agustín, De mendacio 4, 5).

[23] Hay centenares de cementerios nucleares (muchos de los cuales albergan combustible a reutilizar) en el mundo. No se han dado casos de contaminación mortal salvo en la URSS (Mayak, 1957), hecho que trascendió a pesar de la hermeticidad de la información prevaleciente en la Unión Soviética.


Nacido en Valencia (España) en 1951. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense. Técnico Comercial y Economista del Estado. Salvo posiciones en Madrid, destinado sucesivamente en Ceuta (España), Moscú (URSS), Washington (EE. UU.), Moscú (Rusia) y Riad (Arabia Saudita). Profesor de Análisis Riesgo País, Análisis de tendencias y Mercados internacionales. Analista. Escritor (Globalización y Generación de Riqueza, África es así, Crimen de Estado). Áreas de especialización referidas a su trayectoria. Con el blog espera poder compartir experiencias y divulgar análisis sobre asuntos de interés general, empezando por el clima y terminando por la Geopolítica; sin dejar de lado la situación de España. Lo completará publicando semanalmente la Carta de los martes, que tiene 4 años de existencia.

martes, 17 de octubre de 2023

Laudate Deum o el nuevo dogma climático



Tras quince años estudiando y escribiendo sobre el cambio climático (antes, calentamiento global), he llegado a varias conclusiones. Primero, la ciencia actual no es aún capaz de comprender los entresijos del clima, un sistema multifactorial, no lineal, complejo y caótico, por lo que la demonización del CO2 y las afirmaciones y atribuciones rotundas no son más que propaganda pseudocientífica. Segundo, económicamente estamos ante la mayor estafa la Historia y, políticamente, ante un intento de subvertir el orden político-económico occidental mediante el miedo a unos apocalipsis inventados. Tercero, más allá de esta agenda de poder subyace una ideología anti humanista y ferozmente anticristiana. De ahí mi pesar al leer la exhortación apostólica Laudate Deum del papa Francisco sobre una “crisis climática” completamente inexistente donde se asegura que “ya no se puede dudar del origen humano del cambio climático” (n.11). ¿Qué es este documento magisterial de la Iglesia Católica, a la que pertenezco?

Laudate Deum es un breve texto complementario de la encíclica Laudato Si, publicada en 2015, sobre la que escribí un capítulo en el libro-comentario de la Biblioteca de Autores Cristianos en el que participaron varios cardenales (entre ellos, Müller), obispos y sacerdotes[1]. En aquel capítulo, que titulé La Sombra de Galileo por razones obvias, no oculté mi inquietud por varios aspectos de la encíclica. Pues bien, si Laudato Si me produjo una viva inquietud, la lectura de Laudate Deum me ha causado una gran alarma.

La exhortación prácticamente no habla de Dios: de 73 puntos, sólo se le menciona en siete, y las escasas cinco citas bíblicas parecen introducidas con calzador. De hecho, podría decirse que se trata de una exhortación política más que apostólica, con un lenguaje más próximo a un informe de la ONU que a un documento magisterial de la Iglesia. Asimismo, de las 44 citas a pie de página, 27 corresponden al papa Francisco citándose a sí mismo y 9 a fuentes científicas, casi todas de la agencia climática de la ONU (IPCC). De hecho, más allá de una referencia a un discurso de Pablo VI sacado de contexto, no hay citas de Magisterio precedente.

Finalmente, se trata de un texto repleto de discutibles detalles técnicos que toma partido en controversias científicas, repite de forma acrítica los eslóganes y letanías catastrofistas de los profetas de calamidades y puede generar confusión sobre el papel relativo del ser humano en la Creación. Por ello, como hijo de la Iglesia, con lealtad filial y, por eso precisamente, con obediencia a la verdad, me siento obligado a realizar una serie de consideraciones.

Cuestionables afirmaciones científicas

Laudato Si afirmaba que “sobre muchas cuestiones concretas la Iglesia no tiene por qué proponer una palabra definitiva” (LS 61) ni “definir las cuestiones científicas” (LS 188). En efecto, la Revelación divina “no implica en sí misma una teoría científica particular, [puesto que] la asistencia del Espíritu Santo en ningún caso se presta a garantizar explicaciones relativas a la constitución física de la realidad”[2] . Por eso, “la Iglesia, con su doctrina social, no entra en cuestiones técnicas”[3]. Entonces, ¿cómo puede afirmar categóricamente Laudate Deum que “ya no se puede dudar del origen humano del cambio climático” (n.11)?

En efecto, la primera parte de la exhortación (n.1-19) realiza un elevado número de rotundas afirmaciones asumiendo un grado de certeza que no tienen ni los propios científicos. Por ejemplo, cuando dice que “sabemos” que cada vez que aumente la temperatura en 0,5°C aumentarán ciertos fenómenos extremos (n.5), da categoría de certeza a meras predicciones de modelos de ordenador que tienen un pobre historial de predicción y no están soportadas por la evidencia empírica.

Además, la exhortación se basa casi únicamente en el IPCC de la ONU, “una de las mayores fuentes de desinformación” de la “pseudociencia” del cambio climático, en palabras del Premio Nobel de Física del 2022, John Clauser[4]. Como he explicado en otros lugares, esta institución es uno de los principales símbolos de la corrupción de la ciencia, dominada por una agenda de poder globalista que tanto Laudato Si como su continuación parecen ignorar.
Laudate Deum trata de la “crisis climática” dando por sentado que tal cosa existe. Sin embargo, más de 1.800 científicos (entre ellos dos premios Nobel de Física) se han unido a la Declaración del Clima Mundial, que niega la existencia de ninguna emergencia climática y denuncia la evidente injerencia de la política en la ciencia del clima[5] a la vez que reconoce las enormes limitaciones de los imprecisos modelos de predicción en los que se basan las predicciones climáticas, en abierto contraste con la credulidad de Laudate Deum.
Por otro lado, al contrastar una “abrumadora mayoría” de científicos con el “ínfimo porcentaje de ellos que intenta negar esta evidencia” (¿desde cuándo la ciencia o la verdad se decide por mayoría?) la exhortación toma partido despreciando a los que cuestionan “la evidencia” (n.13). Idéntica actitud adoptó la Academia Pontificia de Ciencias cuando se negó a escuchar a la multitud de científicos escépticos antes de Laudato Si[6] a pesar de que la propia encíclica defendía que “la Iglesia debe escuchar y promover un debate honesto entre los científicos, respetando la diversidad de opiniones” (LS 61). No lo ha hecho. Claro está, la propia Laudato Si se contradecía al acusar de actitudes obstruccionistas a los que “niegan el problema” (LS 14).

Laudate Deum utiliza asimismo un lenguaje alarmista y sensacionalista extraño al rigor y serenidad al que nos tiene acostumbrado el Magisterio. Así, afirma que el mundo “se va desmoronando y quizá acercándose a un punto de quiebre” (n.2) y que “la posibilidad de llegar a un punto crítico es real (…). De allí no se regresa” (n.17). Sin embargo, incluso científicos alejados de toda sospecha reconocen que este supuesto punto de no retorno (tipping point) es especulativo o no existe[7]. En realidad, se trata de un arma propagandística destinada a generar un sentimiento de urgencia en la toma de medidas políticas. De hecho, dicho punto “de no retorno” se va retrasando conforme las fechas pasan y el apocalipsis no llega.

La exhortación afirma que “los signos de cambio climático están ahí” y que “nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos” (n. 5). Sin embargo, no podemos notar los signos de un cambio climático, que sigue escalas de tiempo de siglos o milenios, por lo que es inentendible que afirme que “basta una sola generación” (n.6) para constatar dichos cambios o considere “períodos largos” a “décadas” (n.8).

Así, Laudate Deum defiende que el aumento del nivel del mar “puede ser fácilmente percibido por una persona a lo largo de su vida, y probablemente en pocos años muchas poblaciones deberán trasladar sus hogares” (n.6). En realidad, desde el mínimo de la última glaciación hace 20.000 años, el nivel de los mares ha aumentado cerca de 120 metros, pero en las últimas décadas aumenta entre 1-2 mm por año (según los mareógrafos) y unos 3mm al año (según los satélites)[8]. En cualquier caso, el propio IPCC estima un rango inferior de crecimiento de 10 cm de aquí al 2050 y un aumento “más incierto” para después[9], cifras irrisorias que no llevarán a nadie a trasladar sus hogares “en los próximos años”. Baste recordar que la primera predicción de que los mares iban a cubrir las Islas Maldivas data de 1988 y daba un plazo de 30 años para su desaparición bajo las aguas[10]. El plazo se cumplió; la predicción, no. Quizá por ello los grandes promotores de la ideología del cambio climático (Obama, etc.) han adquirido mansiones al borde mismo del mar.

En segundo lugar, tampoco han aumentado sensiblemente los fenómenos extremos. En su Quinto Informe (AR5) el propio IPCC reconocía que “no hay una tendencia significativa de la frecuencia de huracanes en el último siglo (…), ni evidencia respecto al signo de la tendencia de las inundaciones a nivel global (…), ni suficiente evidencia respecto a la tendencia observada en sequías a nivel global desde mediados del s. XX”[11]. Las series históricas avalan estas afirmaciones[12]. En su último informe (AR6), el IPCC ha intentado acentuar su alarmismo, pero sigue manteniendo, por ejemplo, su “baja confianza” en la atribución de sequías a la acción humana en la inmensa mayoría de las regiones del globo citando estudios que “muestran su desacuerdo con la atribución antrópica” de las mismas[13], al contrario de lo que hace Laudate Deum repetidas veces.

Esta exhortación menciona el típico alarmismo del “derretimiento de los polos” (n.16) aludiendo a un posible escenario de “total” derretimiento del hielo de Groenlandia y de buena parte de la Antártida (n.5), aunque el propio párrafo del IPCC que cita Laudate Deum otorga a este escenario una “evidencia limitada” (el grado más bajo de evidencia), dato que la exhortación omite. En realidad, el hielo de Groenlandia (10% del total del planeta) es hoy superior a la media histórica[14] y parece que su ligera disminución en la década anterior se habría debido a causas naturales[15]. El hielo continental de la Antártida, reservorio del 90% del hielo del planeta, se mantiene bastante estable[16] al igual que el hielo flotante que rodea el continente antártico[17], que, tras su máximo de los últimos 40 años alcanzado en 2014, es hoy similar al que había en 1966[18]. La NASA estima que, como mucho, la Antártida está perdiendo un 0,0005% de hielo cada año[19] con lo que tardaría unos 200.000 años en derretirse, aunque con una temperatura media de -57°C y sin haber sufrido calentamiento alguno en los últimos 70 años[20] dudo que tengamos que preocuparnos. Finalmente, el hielo del Ártico supone menos de una milésima parte del hielo del planeta y además flota, por lo que su derretimiento no afectaría al nivel de los mares (principio de Arquímedes), mientras los glaciares, mencionados dos veces en esta exhortación, sólo suponen cuatro milésimas del hielo del planeta.

La exigencia de rigor del Magisterio

El rigor exigible a un documento magisterial no resulta compatible con afirmaciones imprecisas y carentes de toda evidencia factual. Es el caso de Laudate Deum cuando defiende que “millones de personas pierden su empleo debido al cambio climático” y que “el aumento del nivel del mar, las sequías y muchos otros fenómenos han dejado a mucha gente a la deriva” (n.10). En sentido opuesto, y sin aportar ningún dato, el documento defiende que la transición hacia formas renovables de energía es capaz de generar “innumerables puestos de trabajo”. Más bien ocurrirá lo contrario, pues las energías renovables son ineficientes, caras e intermitentes y encarecen enormemente la factura eléctrica al exigir una duplicación del sistema de generación con fuentes térmicas tradicionales para suplir las horas del día en que no sopla el viento y no luce el sol.

Aunque no deje de causar perplejidad la naturaleza político-científica de Laudate Deum, la misma forma atropellada de dar datos apunta a que este documento se ha realizado con precipitación y sin las debidas correcciones, probablemente por querer adelantarse a la próxima cumbre climática (COP 28) en noviembre. No sería la primera vez, pues el momento elegido para publicar Laudato Si fue pocos meses antes de la Cumbre del Clima de París.

Por ejemplo, Laudate Deum afirma que “la concentración de gases invernadero (…) se mantuvo estable hasta el s. XIX, por debajo de las 300 ppm” (n.11). No se trata de los gases invernadero en general, sino sólo del CO2 (el mayor gas de efecto invernadero, con gran diferencia, es el vapor de agua). En cuanto a su estabilidad, en los últimos 800.000 años y hasta 1960 osciló aproximadamente entre 180 y 300 ppm. Hoy es de alrededor de 400 ppm o sólo el 0,04% de la atmósfera (por eso se denomina gas residual), pero hace 500 millones de años se estima que era hasta 20 veces superior al nivel de hoy[21]. Otro ejemplo es que, tras afirmar que el calentamiento en el último medio siglo ha sido de 0,15 grados centígrados por década (¿cómo van a notarse lo cambios en una generación?), dice que “a este ritmo” en posible que en diez años suba 0,4 grados centígrados más (n.12). Asimismo, la afirmación de que las erupciones volcánicas suelen provocar calentamiento (n.14) resulta chocante, pues suelen provocar un enfriamiento de la atmósfera,[22] como lo es la acientífica alusión a “poblaciones arrasadas por maremotos” también causados, según Laudate Deum, por el calentamiento global y no por el movimiento de placas tectónicas (n.7).

Finalmente, la exhortación también alerta sobre “la deforestación en las selvas tropicales” (n.17) a pesar de que los datos desmienten todo alarmismo. La masa forestal del planeta parece haber aumentado en los últimos 40 años[23] en parte gracias al aumento de CO2, alimento por antonomasia de plantas y árboles, fuente de vida en el planeta que, lamentablemente, Laudate Deum (como hiciera Laudato Si) tilda de contaminante (n.9). El CO2, ¿contaminante? Esto es, en palabras de un científico, “un abuso del lenguaje, de la lógica y de la ciencia”.[24] En cuanto a los bosques “tropicales”, la deforestación es inferior al 0,5% anual[25] y en parte se debe al loable objetivo de abrir espacios para la agricultura.

El paradigma tecnocrático y la política en Laudate Deum

Tras los primeros 19 puntos realizando alarmistas afirmaciones que se limitan a hacer eco de la agenda climática de la ONU, la mayor parte de Laudate Deum (n.20–60) habla de política en dos partes diferentes.

La primera (n.20–33) menciona lo que la exhortación, en línea con Laudato Si, denomina “paradigma tecnocrático”, y previene acertadamente del peligro de un ser humano convertido en dios y ensoberbecido por su poder. Esta necesaria llamada de atención, sin embargo, queda eclipsada por su dificultad para comprender que precisamente el mayor exponente del paradigma tecnocrático lo tenemos en el IPCC de la ONU, en la Agenda 2030 y en las ateas élites globalistas de Davos. Cabe preguntarse a quién se refiere la exhortación cuando habla de “grandes poderes económicos” o de las “élites del poder”, si no son ésas.

En este sentido, creo que debería ser objeto de reflexión el paralelismo de ciertas posturas con la de personajes como Alexander King, fundador del Club de Roma y gran antinatalista del s. XX, cuando escribía que “el enemigo común de la humanidad es el hombre”, añadiendo: “Al buscar un nuevo enemigo que nos una hemos encontrado que la idea de la amenaza del calentamiento global (…) encajaría perfectamente” [26]. Lo mismo podría decirse de Maurice Strong, millonario canadiense y secretario general de la Conferencia de la ONU para el Medioambiente y Desarrollo en 1991, cuando afirmaba que “los actuales estilos de vida y los modelos de consumo de la clase media – incluyendo el elevado consumo de carne, el uso de combustibles fósiles, etc. – no son sostenibles”. Según James Dellingpole, lo que más interesaba a Strong era “la idea de un gobierno mundial dirigido por una élite autonombrada”, y muy pronto detectó que la mejor manera de lograrlo era “manipulando y explotando la preocupación internacional sobre el medio ambiente” [27]. Los intereses económicos de la agenda verde nunca se mencionan, al contrario que los de la industria de combustibles fósiles. Sin embargo, sólo en los primeros seis meses de 2023 se han superado los 360.000 millones de dólares en inversiones en energías renovables que dependen del mantenimiento del alarmismo climático.

La segunda parte (n. 34-60) se subdivide a su vez en tres epígrafes: unas reflexiones sobre política internacional, una somera historia de las cumbres del clima y unas propuestas para la cumbre del clima COP 28 que se celebrará dentro de un mes en Dubai y que, como hemos comentado, parece ser el motivo principal de esta exhortación. En este largo apartado, perteneciente al ámbito de la política y extraño al contenido de un documento magisterial, destacan tres puntos controvertidos. El primero es la sorprendente justificación de los grupos ecologistas “radicalizados” (n.58). El segundo es la insistencia en la creación de “organizaciones mundiales más eficaces (…) dotadas de autoridad real” (n. 35), lo que supondría la génesis de un gobierno mundial no muy distinto del promovido por las “élites del poder” de la ONU y Davos. El tercero es la propuesta de que la cumbre del clima COP28 “sea histórica” con “formas vinculantes de transición energética que sean eficientes, obligatorias y se puedan monitorear”, de modo que el proceso que se inicie sea “drástico e intenso” (n. 59). Primero, las energías renovables jamás podrán ser eficientes, por las leyes inexorables de la Física. Segundo, su obligatoriedad y su recomendado carácter drástico garantizan una pérdida de libertad y un desastre económico posiblemente sin precedentes.

El inquietante trasfondo antropológico

El brevísimo contenido espiritual de Laudate Deum ocupa sólo 5 puntos de los 73 de la exhortación (n.61-65) y se limita fundamentalmente a extensas citas de Laudato Si con escaso texto nuevo, lo que refuerza la teoría de una exhortación escrita a toda prisa. Finalmente, los últimos puntos (66-73) son una breve mención a diversas cuestiones unida a una llamada a la cooperación internacional.

Lo más preocupante de Laudate Deum es que subyace una opinión negativa del ser humano, algo que aplaude el ecologismo radical. Por ejemplo, Leonardo Boff, sacerdote secularizado que defiende la “eco-teología de la liberación”, denomina la especie humana “un parásito, un cáncer de la Tierra”, acusando a las religiones “abrahámicas” de ser “las más violentas” hacia la “Madre Tierra”[28]. Pues bien, si Laudato Si denunciaba “los constantes desastres que el ser humano ocasiona” (LS 34), Laudate Deum va más allá al describir a los seres humanos como “seres altamente peligrosos” (n.28).

Pero el hombre no es una criatura más, sino la “única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo” (GS 24), por lo que resulta desconcertante que la exhortación pueda generar confusión sobre el papel relativo del ser humano en la Creación. “Las demás criaturas de este mundo han dejado de ser compañeros de camino para convertirse en nuestras víctimas” (n. 15). En efecto, a algunas nos las comemos, como ellas se comen entre sí, y a otras las evitamos, como ellas se evitan entre sí, pero cuesta comprender que sean “compañeros de camino” del hombre hacia la vida eterna. La misma tónica tiene la afirmación sobre la “estrecha relación de la vida humana con la de otros seres vivientes” que, según Laudate Deum, ha constatado la pandemia (n.19).

Más preocupante es su afirmación de que “la cosmovisión judeocristiana defiende el valor peculiar y central del ser humano (…), pero hoy nos vemos obligados a reconocer que sólo es posible sostener un antropocentrismo situado” (n.67). ¿Cosmovisión o Revelación? Y ese “pero hoy”, ¿qué significa exactamente? Finalmente, al afirmar que “Dios nos ha unido a todas sus criaturas” y que todo el mundo es una “zona de contacto” (n.66), cita un libro de Donna Haraway, autora que en esas mismas páginas se burla del Génesis, habla sin respeto de Dios y critica la “excepcionalidad humana” propuesta por el “monoteísmo judío y cristiano”[29].

Laudate Deum no contribuirá precisamente al prestigio del Magisterio de la Iglesia. Plagada de desiderata de carácter político y cuestionables afirmaciones científicas, defiende a las mismas “elites de poder” que denuncia y convierte a la Santa Sede en mero portavoz y propagandista de los intereses políticos de la ONU. Asimismo, en un mundo carente de Dios y saturado de propaganda climática, esta exhortación apenas habla de Dios y no para de repetir consignas climáticas. Entonces, ¿qué palabra da la Iglesia distinta a la del mundo? Aunque esto sea desafortunado, lo más preocupante es que plantea una opinión negativa del hombre y una falta de claridad sobre su papel superior en la Creación. Tampoco hay una sola referencia a la confianza en la Divina Providencia, o a Dios como Señor de la Historia, ni ofrece una luz de esperanza a un mundo cada vez más cubierto por las tinieblas.

Rezo para que la Iglesia descubra que detrás del resplandeciente y seductor manto de bondad con que se viste la desesperanzadora ideología ecologista climática se oculta una gran mentira, base de esa religión global que las élites del poder quieren introducir como un caballo de Troya en la Iglesia Católica[30].


[1] Loado Seas, mi Señor, BAC 2015, cap. XIII.
[2] San Juan Pablo II, Discurso con Ocasión del 350 Aniversario de la Publicación de Galileo, 9 mayo 1983.
[3] Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (68)
[10] Threat to Islands, Canberra Times, Monday 26th September 1988
[11] IPCC Assessment Report 5, WG 1, Chapter 2.6, p. 214-220.
[13] IPCC Assessment Report 6, WG 1, Chapter 11.6.4
[24] R. M. Carter, Climate: the Counter Consensus, Stacey International 2010.
[26] Alexander King, The First Global Revolution, Club of Rome Report, 1993.
[27] James Dellingpole, Watermelons, 2011
[28] Citado en Juan Carlos Sanahuja, Poder global y Religión Universal, 2016
[29] Donna J. Haraway, When Species Meet, 2008, p. 205-249.