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viernes, 30 de enero de 2026

El desastre socialista de la gestión ferroviaria



El desastre socialista de la gestión ferroviaria ha convertido a España en el país de Europa con más muertos en accidentes de tren entre 2006 y 2024.

España lidera Europa en muertes ferroviarias

Los datos oficiales de Eurostat confirman una realidad demoledora: entre 2006 y 2024 se registraron 743 fallecidos por accidentes ferroviarios en la Unión Europea, de los cuales 139 se produjeron en España. Esto representa el 18,7% del total europeo, a pesar de representar únicamente el 8% del total de kilómetros de vía ferroviaria de la UE.

Pero es más, España encabeza así el ranking de países con más víctimas mortales en siniestros ferroviarios. Muy por detrás aparecen Polonia, Francia., Hungría e Italia. Ningún país de nuestro entorno acumula una cifra tan elevada.

Este desastre socialista se produce en un contexto político claro. Entre 2006 y 2011 gobernó el PSOE con José Luis Rodríguez Zapatero. Desde 2018 hasta hoy gobierna de nuevo el PSOE con Pedro Sánchez. A excepción de la época de Rajoy siempre gobernaron los socialistas, responsables directos de las políticas de inversión, mantenimiento y seguridad ferroviaria.

Adamuz: símbolo del abandono socialista

El último episodio trágico tuvo lugar en Adamuz (Córdoba), donde un descarrilamiento provocó la muerte de 46 personas.

El presidente de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), Ignacio Barrón, afirmó sin rodeos: «Todos creíamos que se había hecho una remodelación integral de la Línea Madrid-Sevilla después de 30 años de funcionamiento, y no ha sido así». Este desastre socialista de la gestión ferroviaria no responde a un error puntual. Responde a décadas de abandono, falta de inversión real en mantenimiento y obsesión por inaugurar obras visibles en lugar de garantizar la seguridad estructural.

El propio Barrón lo resumió con una frase que retrata el problema: «Los mantenimientos no se inauguran y las mercancías no votan».
Seguridad sacrificada por propaganda política

El desastre socialista de la gestión ferroviaria se explica por una lógica perversa. El Gobierno prioriza proyectos propagandísticos, corredores ideológicos y discursos verdes y climáticos, mientras deja deteriorarse infraestructuras críticas.

La inversión real en conservación de líneas, soldaduras, sistemas de señalización y control se ha visto relegada. El resultado lo pagan los ciudadanos con su vida.

El empleo público crece. El gasto político se dispara. Pero los sistemas básicos fallan. La red ferroviaria envejece sin revisión integral. Los protocolos se aplican de forma desigual. La responsabilidad política se diluye en comisiones y comparecencias vacías.

España no sufre un problema técnico aislado. Sufre un problema estructural de modelo político. El socialismo ha convertido la gestión pública en un instrumento de propaganda y demagogia, no de servicio. ¿los efectos? Desastre tras desastre.

La nefasta gestión ferroviaria refleja el mismo patrón que en sanidad, energía o inmigración: más ideología, menos gestión; más discurso, menos resultados.

Un balance político que exige responsabilidades

Resulta imposible separar los datos de su contexto político. Zapatero, Sánchez como presidentes y ahora Puente como Ministro de Transporte forman parte de una misma cadena de decisiones. Ninguno ha impulsado una auditoría real del estado de la red. Ninguno ha asumido errores estructurales. Mientras tanto, España lidera Europa en muertos por tren. Una posición vergonzosa para un país que presume de alta velocidad, sostenibilidad y movilidad inteligente.

El desastre socialista de la gestión ferroviaria no se corrige con comunicados ni con enfados televisivos o declaraciones demagógicas en el Senado. Se corrige con inversión real, planificación técnica, auditorías independientes y dimisiones cuando fallan los sistemas.

Cada víctima refleja una cadena de decisiones erróneas. Cada muerto demuestra que el sistema no funciona. Y cada comparecencia sin consecuencias confirma que el poder político ha perdido el sentido de su deber esencial: proteger a los ciudadanos.

En cualquier democracia madura, una tragedia como Adamuz habría provocado ceses inmediatos. En la España de Sánchez, provoca ruedas de prensa y culpas difusas. Son ruines y mezquinos.

¿Adoctrinamiento franquista?





Querido lector, aún con el alma compungida por las últimas catástrofes que hemos tenido en España por los accidentes de varios de trenes, con el corazón roto por esos padres que han perdido a sus hijos, por esos hijos que han perdido a sus padres… tenemos que continuar viviendo.

Y vivimos no solo rodeados por estos acontecimientos tan desgarradores, si no también, muy a nuestro pesar, por otros en los que también hay víctimas que sufren. No de un modo físico, quizás, sino más bien de una forma sutil, casi imperceptible, por las ideologías destructivas que se van colando en la mente de las nuevas generaciones.

Los que atizan el fuego del odio, esos que se alimentan de los enfrentamientos ideológicos, de los negocios que giran a sus sombras, de los puestos de trabajo que les generan… esos, no se contentan con meter sus sucias zarpas en las aulas, si no que tienen que encender la mecha buscando un cordero al que sacrificar en nombre de la libertad y la democracia.

En esta ocasión la víctima es un profesor de filosofía de un instituto en una localidad de Huelva, al que se le acusa de apología del franquismo en sus aulas por decir, supuestamente, que “con Franco se vivía mejor”. Y aunque, tras la investigación llevada a cabo en ese centro educativo, el veredicto fue de inocente, no contentos con esto, los miembros del sindicato CGT[i], sí, esos “comegambas”, le han denunciado por “adoctrinamiento franquista”, y para remate, el mismo alcalde, tuvo la cara dura de, anterior a este hecho, presentarse en la puerta del instituto para repartir panfletos de ideología izquierdista para alertar a los alumnos… ya sabemos querido lector: ¡qué viene la derecha!. Este valiente profesor citado no se lo pensó dos veces y le recriminó esa actuación fuera de contexto en la puerta de un instituto donde hay niños menores. Tan sólo hay que escuchar la grabación que mantuvieron ambos[ii], profesor y alcalde, para darse cuenta del despotismo de este último, la arrogancia y el perfil radical de ideología de izquierda, llamando “gentuza” a los de ideología derecha y burlándose del crucifijo del profesor que colgaba de su cuello.

Lamentablemente hay personas ciegas de odio, y a pesar de que los propios alumnos y padres del centro desmintieron este supuesto “adoctrinamiento”, a pesar de la inocencia probada, a pesar de la verdad, hay personas radicalizadas que tratan de imponer sus ideologías a costa de machacar a los demás. Porque así, tal y como nos demuestran cada día, mediante el enfrentamiento y las mentiras, es como funcionan algunos.

No estaría mal recordarle a este alcalde, así como a tantos siervos del izquierdismo, que ellos no son precisamente los idóneos para dar clases de lo que es o no adoctrinamiento. Ellos que aplauden con las orejas y se enorgullecen de meter en la mente de los niños las ideas del cambio de sexo como una alternativa liberadora, las relaciones homosexuales como rompedoras del patriarcado y el ataque al hombre como si fuesen violadores y maltratadores en potencia. Dejad en paz a los niños y preocuparos por levantar el nivel y la calidad educativa que es vergonzosa como está.

Has de saber, querido lector, que los miembros de la Asociación ECA intentamos contactar con algún alumno de este instituto de Paterna del Campo y el profesor perjudicado, pero sin éxito, porque lo que consiguen estos ogros rabiosos, es amenazar e intimidar a los “buenos”. De esta manera, nos pusimos en contacto con Fernando, un amigo de ECA, quien conoce de primera mano esta situación. Hemos podido realizar una entrevista muy interesante con él en nuestro programa de Radio “Son nuestros hijos” de Multicanal Radio[iii], en la que nos revela todo lo acontecido con muchos detalles y a la que te invito a ver y compartir.

Debemos frenar los pies a estas personas que se creen en posesión de la verdad y con el derecho de pisotear el honor de un profesor y de lavarles el cerebro a los menores con sus mentiras ideológicas.

Desde aquí, quiero manifestar el apoyo de la Asociación ECA a este profesor y dar la enhorabuena a esos valientes alumnos que lo defendieron ante esas falsas acusaciones y ese atentado hacia la neutralidad que debe haber en un centro educativo. La carta que escribieron no tiene desperdicio y es síntoma de que aún hay esperanza[iv].

Gracias.

Un saludo y hasta la próxima cita.

Alicia Beatriz Montes Ferrer

EXCLUSIVA: Cobo admite ser el transmisor de la coacción de Sánchez a los benedictinos: «si no os echan, tenéis que hacer un proceso de conversión»



por Redacción | 29 enero, 2026


El cardenal de Madrid, José Cobo, participó recientemente en un encuentro off the record con periodistas seleccionados al que Infovaticana no fue invitado y, por tanto, no está sujeto a ningún compromiso de confidencialidad. Este medio ha tenido acceso al audio completo de dicha conversación y lo que en él se escucha aporta un contexto de enorme relevancia para comprender el papel desempeñado por el arzobispo de Madrid en el conflicto del Valle de los Caídos.

En ese audio, el propio cardenal Cobo explica con detalle cómo se desarrollaron las conversaciones internas en torno a la posible expulsión de la comunidad benedictina y al proyecto gubernamental de resignificación del recinto. Sus palabras, reproducidas de forma literal, no dejan lugar a interpretaciones forzadas ni a matices benevolentes. Dice el cardenal:

«Vamos a ver. Es que parece que el Valle de los Caídos o Cuelgamuros es el centro de la vida de la Iglesia y es que a Madrid… o sea, para nosotros, es que pasamos por ahí. O sea, la diócesis de Madrid es que pasamos por ahí. Digo porque no tenemos jurisdicción y porque esto fue un momento original donde llega un prior, el antiguo prior, y nos dice: “Que nos echan”. No sé si se lo había ganado o no, pero sí: “que nos echan”. No, quiero decir, porque hay una tensión muy fuerte. Bueno, pues voy a contar la historia».

A continuación, el cardenal relata una reunión clave en la que participaron el presidente de la Conferencia Episcopal, el nuncio apostólico, él mismo y el prior Santiago Cantera. En sus propias palabras:

«Entonces nos reunimos: presidente de la Conferencia, el nuncio, un servidor y el prior Cantera. Y entonces decimos: “Oye, que nos echan”. Y decimos: vamos a intentar dos carpetas. Carpeta uno: la comunidad; y carpeta dos».

Inmediatamente después introduce el elemento político:

«Pero es que, además de que nos echen, para la basílica hay un proyecto del Gobierno que le han llamado resignificación —que para el Gobierno son carpetas distintas, eh—, que está en marcha».

Es en este punto donde el cardenal explica su interlocución con la Santa Sede y con el nuncio, y donde aparece la frase que concentra toda la gravedad del asunto:

«Bueno, pues vamos a ver. Hablo con Santa Sede, hablo con el nuncio. Hay que conseguir dos cosas: primero, que no los echen. Y para eso me hablo con ellos y les digo: “Mira, si no os echan, a mí me han dicho que, si no os echan, tenéis que hacer un proceso de conversión”. Hasta luego, y yo me voy».

El cardenal añade a continuación:

«Y ellos dicen: “Hacemos un proceso de conversión”. Vale, se quedan. Pero yo ya no tengo nada que ver ahí».

La literalidad del testimonio es demoledora. El propio arzobispo de Madrid reconoce que la permanencia de los benedictinos en el Valle quedó condicionada a la aceptación de un supuesto “proceso de conversión”. Obviamente, se trata de un eufemismo, la «conversión» transmitida por Cobo no se trató de una exhortación espiritual ni de una llamada a la renovación interior propia de la vida cristiana, sino de una condición impuesta como moneda de cambio para evitar la expulsión. La pregunta resulta inevitable y el audio no ofrece respuesta: ¿conversión a qué? ¿En virtud de qué autoridad se exige un proceso de conversión a unos monjes benedictinos, católicos, bautizados, fieles a su regla, dedicados a la oración y a la vida contemplativa?

Conviene añadir, además, un matiz esencial: la comunidad benedictina del Valle no ha aceptado dócilmente ese chantaje ni ha asumido sin más el marco impuesto. Muy al contrario, los monjes se han mantenido firmes en la defensa jurídica de sus derechos, han recurrido las decisiones que consideran injustas y no están dando su brazo a torcer con la facilidad que sugiere el relato edulcorado de Cobo. La supuesta “conversión” de la que presume el arzobispo es, en el mejor de los casos, una interpretación unilateral y autojustificativa de alguien cuya credibilidad queda seriamente dañada por el propio audio: no habla un pastor preocupado por la verdad, sino un intermediario ansioso por presentar como éxito una claudicación que, en realidad, no se ha consumado.

El contexto político aclara el sentido real de la exigencia. Ese “proceso de conversión” aparece vinculado explícitamente al proyecto del Gobierno de Pedro Sánchez para resignificar el Valle, un proyecto ideológico y memorialista ajeno a la misión de la Iglesia y frontalmente hostil a la identidad histórica y religiosa del lugar. Bajo un lenguaje eclesial se encubre lo que, en la práctica, equivale a una exigencia de sumisión: aceptar el marco narrativo del poder político socialista o asumir las consecuencias. Lo grave y surrealista es que la correa de transmisión de esta coacción criminal fuese nada menos que el cardenal de Madrid.

El propio cardenal dice, además, que supuestamente la comunidad vivía una fuerte tensión interna y una beligerancia con el anterior prior, pero en ningún momento habla de desviaciones doctrinales, escándalos morales o desobediencia canónica que pudieran justificar una exigencia de conversión en sentido teológico. La “conversión” exigida no remite a Cristo, sino a un cambio de actitud frente al proyecto gubernamental. No es una llamada evangélica, sino un eufemismo cuidadosamente elegido para revestir de espiritualidad una presión política.

El audio al que ha accedido Infovaticana sitúa al cardenal Cobo en un papel difícilmente compatible con la función pastoral que le corresponde. No actúa como defensor de una comunidad religiosa amenazada, sino como intermediario y correa de transmisión de un chantaje explícito del poder político. Cuando un cardenal de la Iglesia asume como propia la lógica del Gobierno y la traduce al lenguaje de la conversión cristiana, no estamos ante un malentendido menor, sino ante una instrumentalización grave del lenguaje de la fe y una claudicación que exige una explicación pública y honesta ante los fieles.

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Nota de la redacción: InfoVaticana no se considera éticamente vinculada por el carácter “off the record” de este encuentro, al haber sido excluida de la convocatoria pese a ser el medio eclesial con mayor audiencia en España.