
María Dolores Bosch
María Dolores Bosch nace en Barcelona. Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Navarra, es Doctora en Historia por la Universidad de Barcelona. Durante el ejercicio de su profesión, escribió diferentes libros de texto para sus alumnos de bachillerato: Historia de España, Historia de Catalunya, Historia del mundo Contemporáneo…Y una Historia contemporánea en dos volúmenes para la Facultad de Educación de la Universidad de Piura (Perú).
Es autora de diversas biografías de mujeres del siglo XX. Entre otras, La biografía de Sophie (Sophie Scholl) y Memorias de un país cautivo, donde a través de los escritos de Ana Blandiana (Premio Princesa de Asturias de 2025), se estudia la vida cotidiana en la Rumanía de Ceaucescu. Yo soy Sigrid Undset es la última de las biografías que ha publicado.
¿Cómo nace su vocación por la escritura?
De jovencita, por influencia de mi padre y con algo de su ayuda. Entonces escribía brevísimos artículos de opinión. Y en clases de secundaria: los ejercicios que más me gustaba hacer eran los literarios.
¿Por qué se ha especializado en el género biográfico?
Por mi formación de historiadora estoy apegada al dato investigado, al hecho comprobado y a la narración del proceso. No doy rienda suelta a mi imaginación – no podría escribir novelas- si no que intento narrar lo más bellamente posible y también con el mayor grado de objetividad, lo que pasó, cuál fue la andadura de las vidas que describo. Sé que no es posible asegurar un rigor fotográfico, sobre todo cuando se entra en el mundo de las emociones, los sentimientos y los afectos del personaje. Ahí se trata de plasmar lo que se intuye, lo que se supone, lo que podría ser; pero la psicología y, sobre todo, el alma del personaje aparece siempre rodeado de una halo de misterio que el narrador no puede penetrar nunca del todo.
¿Por qué le interesó la figura de Sigrid Undset?
Porque siendo una escritora maravillosa, de una fibra humana e intelectual excepcionalmente sólida, en España es muy desconocida. Ni siquiera han sido traducidas al español todas sus obras; es más, esta es la primera biografía – unos apuntes, o una aproximación , si se quiere, – que se publica escrita en castellano.
Consagrada con el Nobel en 1928, ya había sido una escritora de éxito desde muy joven…¿A qué atribuye su talento y cuáles fueron sus principales influencias?
Entiendo que su talento tiene mucho de inteligencia dada, regalada; una gran parte de entorno familiar y otra buena parte de su trabajo esforzado.
Desde muy niña, su padre – arqueólogo y prehistoriador noruego- le leía las sagas islandesas que tanto han contribuido a alimentar su obra: no sólo su obra cumbre- Cristina hija de Lavrans– si no algunas de sus obras menores. Con los años, era ella quien las leía a su padre enfermo y, más adelante, a sus propios hijos.

Y un trabajo duro e incansable. Desde jovencita se acostumbró a escribir por las noches y los domingos, después de largas jornadas laborales; y repitió el esquema siempre que hizo falta, pues a Sigrid Undset el éxito no se le regaló : lo trabajó duramente gracias a su talento natural igual que a su voluntad de hierro.
¿Qué importancia tiene la conversión en su vida (cuatro años antes del Nobel) y cómo evoluciona su escritura a partir de ese momento?
Hay un antes y un después, tanto en la vida como en la obra de Sigird Undset. La Pascua del año siguiente a su bautizo la pasó en Montecassino, el monasterio benedictino. Allí, al contemplar mas de diez mil personas reunidas – ella sabía que muchas serían católicas, pero otras eran agnósticas y aun ateas que, sin embargo se interrogan sobre que significa aquello -, ella escribe: “La comunidad cristiana, la catolicidad de la Iglesia, la Comunión de los Santos,la realidad relativa del tiempo y del espacio y la realidad absoluta de la eternidad – fuera del cascarón-; las innumerables almas que han vivido a través de los siglos , cada una aprisionada por su propio «yo” y que ninguna doctrina – si no sólo Dios- puede liberar: Dios mismo que va a morir en una cruz. Puede que no comprenda nada; pero a veces, de alguna manera, se puede ver la Verdad. Esta tarde, yo veo la duración efímera del tiempo y los sucesos, tanto como la realidad y la eternidad del espíritu».
Nunca más dejó de “ver” esta Verdad. Y en su obra – especialmente artículos de prensa- la expuso, la defendió, y la divulgó. De esta “visión de la Verdad “que la atrapó se origina también su fuerte crítica al nacismo que provocó su total prohibición en las librerías, escuelas etc…de la Alemania nazi y su necesario exilio ante la invasión de Noruega por Hitler.
Respecto de la claridad de la doctrina católica llamó la atención – ya en su tiempo- que la doctrina sobre la sacramentalidad e indisolubilidad del matrimonio quedaba recogida en obras anteriores a su conversión. Ello es debido, en gran parte, a sus lecturas infantiles de sagas islandesas medievales, cuando la Cristiandad aún no se había escindido y la doctrina era una y única. Este es, de hecho, el concepto del matrimonio que vive Cristina Lavransdatter: “una ayuda que se acepta para ser capaz de asumir una responsabilidad recíproca y común en el camino hacia la salvación eterna»; un concepto publicado ya publicada antes de recibir el Nobel , aunque la definición como tal aparece en un capítulo de Los años más largos, (1934).
Es curioso como un profundo sentimiento de culpa le lleva a la conversión…¿Qué destacaría de este proceso?
Su proceso de conversión podría ser objeto de interesantes monografías; por una parte está muy documentado – aunque en forma dispersa- y, por otra, arroja luz sobre lo que puede ser el acercamiento de cualquier adulto a la fe de la Iglesia. El suyo fue un camino largo y doloroso que llegó a su culmen el 1 de noviembre de 1924, al ser bautizada como católica. Tenía 43 años. Sus padres, pese a ser agnósticos, habían educado a sus hijas en el luteranismo. Ella misma describe el momento de su conversión –La Zarza ardiente, 1930, en la persona de Pablo, el protagonista: “la realidad era que Dios le había perseguido, aguijoneado, había seguido sus huellas, y le había dado caza, de refugio en refugio. Dios se plantaba delante de él y le ordenaba abrir la puerta: “he aquí que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo».Sigrid Undset

Hasta que vió la luz, ella era practicante de una “religión humanista” y no encontraba motivos para estar satisfecha consigo misma, confiesa; pero no sabía dónde hallarlos y los remordimientos por el mal cometido a lo largo de su vida, no hacían si no aumentar su sufrimiento. Como he dicho, ella percibe su conversión como el punto final de un largo y doloroso itinerario que se agudizó después de que el padre de sus hijos, Anders Svaard, les abandonara. Y que culminará, después de meses de intensa catequesis en la certeza de que ,en su vida “había un misterio que no comprendía, pero del que estaba segura: Dios no había dejado de envolverme con su amor, sin que me diera cuenta, y, a través de mi obstinación, de mi espíritu terco aquel Amor había permanecido en mí y actuado, como el sol que fecunda la tierra».
En su obra está muy presente el valor de la maternidad. ¿Qué importancia tiene para ella?
En sus propias palabras: “una buena madre tiene más importancia que la mayor parte de los ministros del gobierno. Ella es irreemplazable en el lugar que ocupa: muchos ministros son reemplazables con ventaja. Cuanta razón tiene el refranero popular al cantar ¿Cómo podría la hierba crecer sobre la tierra si un hijo debiera desconfiar de su madre?».
Su vivencia de la maternidad no abundaba sólo en ideas; era su vida : tres hijos propios, dos del anterior matrimonio – que deciden quedarse con ella cuando su padre abandona la familia – , y otros tres niños fineses “adoptados” temporalmente, a raíz de la invasión de Finlandia por los soviéticos , hasta que ella debe marchar al exilio.
A exponer el papel crucial de la madre en la vida de un niño, ha dedicado una obra completa: Ida Elisabeth, en parte un autorretrato que refleja el impacto de una madre sola, silenciosa, con pocos recursos y sólo las luces naturales sobre lo que conviene hacer para sacar adelante a sus hijos, a punta de cariño y de renuncias.
¿Qué otros valores católicos están presentes en su obra?
La serenidad o fortaleza en enfrentar las duras situaciones que la vida le fue colocando desde pequeña, sin aspavientos ni desmayos: la muerte de su padre, a los once años; el abandono – impuesto- de su vocación a la pintura; el fracaso de su matrimonio, la soledad, la enfermedad mental de su hija, la guerra y el exilio forzado a través de una huída que más bien parece una novela.
La sinceridad de vida y de palabra: llama las cosas por su nombre; no se excusa; no se autoengaña.
La lealtad: a sus hijos, a su marido -mientras pudo, pues se trataba de un psicópata que, al final, les abandonó – a su país, y – una vez convertida- a su fe en Jesucristo y la Iglesia.
La laboriosidad: primera mujer en recibir el premio Nobel en Literatura, Primera mujer en Presidir la Sociedad de Escritores de Noruega, autora de más de 20 libros- la trilogía que conforma su obra cumbre, Cristina la hija de Lavrans, tiene más de mil paginas… y cientos de artículos publicados en diferentes idiomas: noruego, francés, alemán, inglés.
Además de su obra literaria, ¿qué podría destacar de su labor como articulista?
Esta es otra posible vía de investigación: la mayor parte de sus artículos son escritos después de su conversión y aparecen en diversas revistas ; con frecuencia inciden en temas doctrinales y religiosos. Otro pequeño grupo son los artículos de condena al nazismo , ya comentados, y en tercer lugar el conjunto de artículos publicados durante los cinco años de su exilio en Estados Unidos, a causa de la invasión nazi.
¿Cómo la coherencia de vida y honestidad impregnan toda su vida y obra?
Sigrid Undset fue educada por sus padres, – especialmente, quizás por su padre al que quería y se identificaba mucho- en unos parámetros morales basados en la honestidad y en la honradez; su mente distinguió siempre el bien del mal ; pero su ateísmo práctico y sus propias pasiones la dejaron indefensa frente a las situaciones que una vida libre de ataduras familiares le brindó desde el mismo momento en que se marchó a Roma y se enamoró. De ahí el posterior desgarro al reconocer- no en teoría si no desde su experiencia vital- que ella era capaz de cualquier pecado y que, en los momentos de ofuscación, había negado incluso la maldad y fealdad de su conducta.
Javier Navascués