1.Introducción
Hay asuntos y machaques ya conocidos presentados bajo un nuevo título, a los cuales uno responde machacando con asuntos ya conocidos y presentados también bajo un nuevo título. En otras palabras y como en puntos venideros serán expuestos, asuntos eclesiásticos de siembra moderna y que ya conocemos, ahora se nos presentan en un documento intitulado ‘Magnifica Humanitas’, y respuestas que muchos ya conocen ahora serán un tanto reiteradas en este escrito que he titulado ‘La otra inteligencia artificial’. Quizá, muchos lancen la queja del “otra vez lo mismo”, y sabré entenderlos; mas cavilo que en justicia sabrán comprender que de este lado también uno espeta el “otra vez lo mismo”. Y en una guerra de machaques –hay una guerra espiritual que aún no acaba- hay que machacar.
La Carta Encíclica del Papa León XIV ha venido a llamarse ‘Magnifica Humanitas’ y en ella se toca “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Se trata de un extenso texto que trae profusas citas, exactamente doscientas veinticuatro (224), de las cuales doscientas (200) responden a Concilio Vaticano II y al post-concilio, y veinticuatro (24) responden a: nueve (9) citas pertenecientes a pontífices pre-conciliares; siete (7) citas pertenecientes a textos de dos santos (San Agustín y Santo Tomás de Aquino); y ocho (8) citas pertenecientes a pensadores varios (R. Guardini, V. Frank, H. Arendt, Platón, Tolkien, G. La Pira, P. de Berulle). No se habla en ningún momento de violencia para ganar el Cielo, ni de la salvación de las almas, ni de Satanás, ni del infierno, ni de la condenación eterna, ni del pecado mortal, ni del pecado venial, ni de los vicios y virtudes como cuestiones teológicas, ni de convertir las almas extraviadas por los falsos cultos, ni de penitencia, ni de sacrificio. Sí, en cambio, se hace referencia, por caso, al sínodo de la sinodalidad, a humanizar o no deshumanizar, al ecumenismo, a tomar conciencia, a discernir, a la ecología, a la ONU, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a la paz. El texto trae inspiraciones en “san Óscar Romero y el beato Enrique Angelelli” (Punto 125), hombres que hasta el final bregaron por el tercermundismo.
Hablo de “La otra inteligencia artificial” porque entiendo que es la más grave y la que se está silenciando; ella no tiene que ver con la cuestión de la tecnología y de la virtualidad, sino que estriba en esa inteligencia que no siendo católica ha venido a presentarse como tal y que tantas veces he criticado: de esta último nos da acabada probanza ‘Magnifica Humanitas’, pues, al tiempo que pretende ilustrarnos sobre los desafíos y peligros que presenta la Inteligencia Artificial de la virtualidad, destila todo el mensaje de la inteligencia no católica artificiosamente elaborada. Y cuando me refiero a “artificial” lo que quiero decir es que al tratarse de invenciones humanas, no responden a la inteligencia católica querida por Dios mismo.
Acostumbro a leer las encíclicas papales, y no sin congoja y dolor efectuó comentarios como los siguientes, y que bien preferiría no tener que hacerlos.
2.Sinodalidad por doquier
El Papa León XIV lejos de apartarse de la “sinodalidad”, la apoya, la impulsa, la tiene como norma de seguimiento: “Orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último” (Punto 10).
“En esta perspectiva se inscribe también la insistencia de Francisco en una Iglesia sinodal, una Iglesia en la que se ‘camina juntos’, que busca leer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio y se deja evangelizar por los pobres con quienes comparte la historia” (Punto 42).
“Francisco relanza en Fratelli tutti el sueño de una humanidad capaz de optar por la amistad social y la fraternidad universal. Propone la cultura del encuentro, una ‘mejor política’ capaz de buscar el bien común, caminos de reconciliación y un mundo que garantice «tierra, techo y trabajo para todos»” (Punto 44).
Sobre todo el naturalismo que destilan los puntos citados volveré más luego.
3.El infaltable y abominable falso ecumenismo
Ven cómo machacan. Hasta en letras sobre IA lo hacen aparecer al falso ecumenismo. Veamos algunos pasajes sobre ello: “A cada uno corresponde su tramo de muralla: científicos e investigadores, empresarios y trabajadores, educadores y legisladores, sociedad civil, movimientos populares y comunidades de fe” (Punto 13)
Otra: “La Iglesia —junto con las demás confesiones cristianas y los creyentes de otras religiones— debe hacer oír su voz no para dominar, sino para servir a la comunión” (Punto 27).
4.El escándalo diabólico de los Papas liberales, cifrado en el llamado “Espíritu de Asís” practicado por Juan Pablo II
“Al rechazar la lógica de la violencia, el diálogo entre las religiones tiene un papel decisivo, porque en el centro de los grandes caminos espirituales se encuentra un mensaje de paz. [199] Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra traiciona su rostro; luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma. [200] El “espíritu de Asís”, promovido por san Juan Pablo II y continuado en el compromiso del Papa Francisco —por ejemplo, en el diálogo con el Gran Imán de al-Azhar—, muestra que los creyentes pueden volver a beber de las fuentes más auténticas de sus tradiciones espirituales, donde no hay lugar para el odio sacralizado” (Punto 223).
5.El invento de Dignitatis Humanae
“El Concilio Vaticano II marcó un punto de inflexión en la forma en que la Iglesia se entiende a sí misma en el mundo contemporáneo. En la Constitución pastoral Gaudium et spes nos presentó la imagen de una Iglesia cercana a la humanidad, comprometida con el mundo y dedicada a reflexionar no a partir de esquemas abstractos, sino de la realidad concreta de las situaciones históricas (…). En este horizonte se inscribe también la Declaración Dignitatis humanae, en la que el Concilio reconoce que la libertad religiosa es un derecho fundamental arraigado en la dignidad de la persona, que debe ser garantizado por el ordenamiento jurídico para que nadie sea obligado a actuar en contra de su conciencia ni impedido de buscar y profesar la verdad en privado y en público” (Punto 34).
Recuerdo que llama libertad religiosa como derecho fundamental arraigado en la dignidad de la persona, el que cada uno pueda elegir el culto que desee, lo cual es invención nacida en Concilio Vaticano II, y que va contra la doctrina tradicional: el hombre tiene el deber y el derecho de abrazar solo la verdad.
6.Exaltación de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre
El pacto con el mundo que vino de la mano del Progresismo y de los Papas liberales que lo apoyaron y apoyan, no podía dejar de lado una declaración que, mínimamente, fue mentada punto por punto sobre los cimientos de la Revolución Francesa: “La Iglesia reconoce con gratitud que «el movimiento hacia la identificación y la proclamación de los derechos del hombre es uno de los esfuerzos más relevantes para responder eficazmente a las exigencias imprescindibles de la dignidad humana». Y, como afirmó san Juan Pablo II, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, proclamada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, continúa siendo en nuestros días una de las más altas expresiones de la conciencia humana. Esta es «una piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad». Por eso, en la perspectiva cristiana, los derechos humanos no son un añadido externo a la persona, sino una traducción histórica de su dignidad intrínseca, que la comunidad internacional está llamada a tutelar y promover” (Punto 54).
7.¿La ONU es esencial en la civilización del amor?
“Las organizaciones internacionales, en particular la ONU, siguen siendo instrumentos esenciales para promover una civilización del amor, al apoyar el diálogo entre las naciones, la solución pacífica de los conflictos, el desarrollo integral de los pueblos, la protección de las personas más vulnerables, el desarme y el cuidado de la creación. A través de estas instancias, la comunidad internacional puede tratar de reducir las desigualdades, defender los derechos de los refugiados y de las minorías, liberar recursos destinados al armamento para destinarlos a la promoción humana y proteger la Casa común. La Santa Sede apoya y acompaña este compromiso, aunque reconoce que la actual debilidad de la ONU y del sistema político internacional revela la necesidad de reformas profundas: no se trata sólo de ajustes técnicos, porque la crisis de convicciones y de valores afecta también a los fundamentos éticos de la vida de las naciones y dificulta orientar el multilateralismo hacia el verdadero bien común” (Punto 226).
8.Minorías
En el texto papal que se viene exponiendo, se toca el tema de las “minorías”, ejemplificándose con el tema de la mujer. Mas eso es solo un ejemplo. Y como muchos eclesiásticos (el Prefecto incluido) han sido complacientes con la ola del orgullo contranatura, la expresión consabida ya da pie a la confesión: “Junto a una mayor conciencia del valor de toda persona humana y de sus derechos, ha crecido también el reconocimiento de los derechos de las minorías” (Punto 57).
9.Acerca de la moderna concepción de “misión”
Quienes se hayan tomado el tiempo de leer el documento final del Sínodo de la Sinodalidad, habrán advertido la nueva concepción que sobre “misión” se ha realizado, una concepción amplísima, tan amplia que hasta concede “misión” a gentes pertenecientes a comunidades allende a la Iglesia Católica, y hasta se hizo notar en varios pasajes de ese documento que se tornaba imperioso unas actualizaciones canónicas en ese sentido. Y pensar que algunos silenciando estas innovaciones cuestionan la “misión” de la FSSPX.
“El bien común, en el ámbito eclesial, toma el rostro de un estilo sinodal para la misión al servicio del Reino. La Iglesia, en efecto, es «el sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión». Esto requiere atención al modo de tomar decisiones y de ejercer la responsabilidad. El Documento final del Sínodo identifica, entre las prácticas decisivas para la transformación misionera, la cultura de la transparencia, la rendición de cuentas y la evaluación” (Punto 86).
Por cierto, debe recordarse que esa “transformación misionera” tiene que ver con el haber dejado de lado el llamado “ecumenismo de retorno”, vale decir, el ir al otro para mostrarle la verdad católica y que deje el yerro del culto falso, y, en cambio, se sostiene ahora el que puede permanecer en su propio culto, “cada uno en su fe”, aseveró Francisco, “caminando juntos en la fraternidad universal”, aseveró Francisco.
“La adopción de un estilo sinodal” (Punto 89).
10.¿Participación en el acto divino?
Se lee en la Encíclica Magnifica Humanitas: “Hago un vehemente llamamiento a quienes desarrollan sistemas de IA. La innovación tecnológica puede ser, en cierto modo, una forma humana de participación en el acto divino de la creación. Los desarrolladores llevan, por tanto, un importante peso ético y espiritual, ya que cada elección de proyecto expresa una visión de la humanidad” (Punto 111).
La susodicha participación tiene su explicación en la teoría de Pierre Teilhard de Chardin: “La teoría de la unión creativa no es tanto una doctrina metafísica como una explicación empírica y pragmática del universo. Esta teoría surgió de mi necesidad personal de conciliar, dentro de los límites de un sistema rigurosamente estructurado, las concepciones científicas sobre la evolución (concepciones que aquí se aceptan como definitivamente establecidas, al menos en su esencia) con una tendencia innata que me ha impulsado a buscar la presencia de Dios, no al margen del mundo físico, sino a través de la materia y, en cierto sentido, en unión con ella.”
11.¿Relanzar el diálogo? ¿Qué diálogo?
Tanto que se habla de diálogo, sobradas muestras se tiene de la parcialidad de la afirmación. “Para construir la civilización del amor debemos ejercitar el diálogo” (Punto 219), lo que me lleva a preguntarme, ¿qué diálogo? Porque ya sabemos que a los seguidores de la integridad católica se les muestra los dientes y el látigo de la excomunión.
12.Un documento naturalista
A partir del punto 97 comienza propiamente a desarrollarse el tema de la IA. Mas, por lo que puedo colegir, diría que estamos frente, como mínimo, a un compendio de pautas de corte naturalista en miras a alcanzar el cuidado de la ‘Casa común’. Lisa y llanamente un ideal masónico. El punto 110 me resulta concluyente, y podría decirse que el ecologismo es ahora el gran principio abarcador dirimente, tan grande que hasta la ética parece quedar por debajo: “La tarea, hoy, no es sólo ética o técnica; es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra Casa común. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora.” Y advierto lo siguiente: del naturalismo uno no se desliga invocando expresiones teológicas como “Cristo”, “gracia”, “fe”, “trascendencia”, “el Magnificat”, cuando todo ello no parece implicar más que cuestiones para lograr una fraternidad universal mejor. Derechamente el Punto 129 nos hace aparecer el “El humanismo cristiano”, aquel inventado por el filósofo francés, Jacques Maritain, y que el sacerdote argentino, el R.P. Julio Meinvielle, desenmascaró con intrepidez y lucidez egregia, produciendo la agitación, el alboroto, el enojo, la irritación y numerosas contestaciones del pensador de Francia de fama mundial, el cual, diciendo refutar la desenmascarada no hacía más que probar sus errores. Puesto el humano como centro, más bien todo irá a parar a ver si, en definitiva, el progreso tiene miras humanas o inhumanas.
Del naturalismo apuntado nos da cuenta también lo siguiente: “No se trata ciertamente de oponerse a la inteligencia, sino de recordar que, cuando se repliega en sí misma, olvida que ha sido hecha para servir a la vida y a la persona humana” (Punto 113); “en la misma experiencia del límite, sigue siendo capaz de intuir una fraternidad más grande que él mismo y de reconocer la injusticia como escándalo. La cultura y el arte, cuando son auténticos, custodian esta chispa, impidiendo la normalización del mal. De ese modo, algunas obras han asumido un valor casi profético: la Novena Sinfonía de Beethoven como deseo de unidad; Guernica como denuncia de la deshumanización; La lista de Schindler como una invitación a no entregar el pasado al olvido” (Punto 122); “La historia no se presenta sólo como el catálogo de nuestras acciones violentas, sino también como la prueba de que el ser humano sabe fundar instituciones capaces de proteger la vida común. En los últimos dos siglos lo vemos en algunos acontecimientos emblemáticos: el nacimiento del Comité Internacional de la Cruz Roja (1863), cuya neutralidad operativa garantiza un cuidado compasivo para todos; el largo proceso que ha llevado a la abolición de la esclavitud, que no ha sido un simple cambio jurídico, sino una transformación de la conciencia; la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (1945) y la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), que han fijado un lenguaje común para decir, al menos como ideal compartido, que la dignidad es universal; la Convención sobre los refugiados (1951), que reconoce un deber de protección hacia los que huyen de persecuciones y amenazas” (Punto 123); “Algunos acontecimientos ayudan a ver que la historia puede cambiar cuando al menos un solo hombre o una sola mujer se toma realmente en serio la dignidad de todos: el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos de América, vinculado al testimonio de Martin Luther King Jr., o el fin del apartheid en Sudáfrica después de la liberación de Nelson Mandela y su decisión de no poner el futuro en manos del odio. En diversos contextos se han distinguido además mujeres valientes y generosas como santa Laura Montoya, santa Teresa de Calcuta, Dorothy Day, Maria Skłodowska-Curie, Maria Montessori, Elisabeth Elliot, Wangari Maathai, Benazir Bhutto y tantas otras de todos los continentes, que con su esfuerzo han contribuido a hacer más humana la historia” (Punto 124).
13.Naturalismo y democracia
Completando un poco más el panorama tocado anteriormente, hallamos vinculadas las cuestiones de “verdad” con la de la “democracia” (Punto 134), esta última, desde luego, no es otra que la de la Revolución Francesa. Aquí el naturalismo propone un imposible, y es el de pretender que puede haber un reinado de la verdad en dicha democracia, cuando, por su misma esencia, la Revolución es enemiga de la verdad. El escrito ahora tiene preocupaciones de si “la vida democrática se debilita” (Punto 134).
14.El perdón es ahora para con la ‘Dignidad Humana’
Se pide perdón ahora a la dignidad humana. Así las cosas, leemos en “Magnifica Humanitas”: “Si no queremos pedir perdón en el futuro por no haber sido fieles al tesoro de la dignidad humana que contiene nuestra fe” (Punto 177).
15.Naturalismo y ‘Civilización del amor’
La civilización del amor no es ya la Iglesia Católica, único y verdadero reino del amor, sino que tal civilización será la que alcance aquí una buena convivencia y la paz, la paz de los ‘Derechos humanos’: “Vislumbramos a gran parte de la humanidad que trata de seguir siendo humana y de esforzarse por construir la ciudad de la convivencia y la paz. De ella, todos somos a menudo artífices inconscientes y arquitectos desunidos, capaces de gestos generosos pero carentes de una visión de conjunto: es una construcción más lenta, menos visible y menos llamativa, que espera ser mejor comprendida y más coordinada, para convertirse así en el compromiso consciente y articulado de cada comunidad, desde la familia hasta el gobierno de los estados y sus relaciones. Es a este horizonte de compromiso, a esta obra de esperanza, al que damos el nombre de ‘civilización del amor’ (Punto 185).
16.¿Superación de la teoría de la guerra justa?
“Hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la ‘guerra justa’, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto. La humanidad cuenta con instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón. El recurso a la fuerza, a la violencia y a las armas testimonia una pobreza relacional que siempre tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles” (Punto 192).
Es utópico sostener la superación de la teoría de la guerra justa fundado en lo que debería ser el mejor trato humano: es fácil recordar que la humanidad cuenta con instrumentos eficaces de superación de obstáculos, pero los dichos son una cosa y los hechos otra. Quizá la mayor utopía sea pretender que estos son tiempos de civilizaciones avanzadas en humanidad, cuando, en verdad, si bien se mira, brillamos altamente por la decadencia moral y la apostasía (esto último en grados insospechados).
Valga recordar que en esta “humanidad que cuenta con instrumentos eficaces y capaces de promover la vida humano para afrontar conflictos”, miles y millones de bebitos no nacidos mueren en los genocidios tenidos por ley en todos los países del mundo (Argentina incluida).
17.¿La Iglesia Católica no levanta la bandera de ser poseedora de la verdad?
Se le hace decir a la Iglesia cosas que, guste o no guste, son de siembre y cosecha personal por muy encumbrado que se encuentre el eclesiástico. Se dirá en ‘Magnifica Humanitas’: “He reiterado que la Iglesia «no quiere levantar la bandera de la posesión de la verdad», porque la verdad no es un territorio que hay que defender, sino un bien que hay que compartir” (Punto 25); esto no es lenguaje católico. La Iglesia Católica es depositaria de la verdad, y como está en la verdad y la verdad está en Ella, condena el error. Quien condena el error levanta la bandera de la verdad. Así lo hizo siempre la Esposa Inmaculada del Cordero, por siglos, condenando las herejías que fueron apareciendo.
Las herejías son ofensas que se hacen contra Dios, por eso la Iglesia nunca se quedó de brazos cruzados. No está demás memorar las palabras de San Juan Crisóstomo: «Siempre será digno de alabanzas el que el hombre soporte con paciencia las propias injurias y mortificaciones de la vida diaria y no reaccione como una fiera. Por el contrario, será de suma impiedad tolerar pacientemente las injurias y las ofensas hechas contra Dios».
18.Conclusión
Magnifica Humanitas me habla de “la otra inteligencia artificial”, la más peligrosa, la pseudorreligiosa, la que no se muestra, la silenciada, la que verdaderamente deja inerme al alma humana, de ahí que quise hablar de eso.
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El pasado domingo se celebró Pentecostés. Entre los siete dones del Espíritu Santo se halla la inteligencia o entendimiento, del cual nos dice Santo Tomás de Aquino: “El nombre de entendimiento implica un conocimiento íntimo. Entender significa, en efecto, algo como leer dentro. Esto resulta evidente para quien considere la diferencia entre el entendimiento y los sentidos. El conocimiento sensitivo se ocupa, en realidad, de las cosas sensibles externas, mientras que el intelectual penetra hasta la esencia de la realidad, su objeto: lo que es el ser, como enseña el Filósofo en III De An. Ahora bien, las cosas ocultas en el interior de la realidad, y hasta las cuales debe penetrar el conocimiento del hombre, son muy variadas. Efectivamente, bajo los accidentes está oculta la naturaleza sustancial de las cosas; en las palabras está oculto su significado; en las semejanzas y figuras, la verdad representada. En otro plano distinto, las realidades inteligibles son, en cierto modo, íntimas respecto a las realidades sensibles que percibimos exteriormente, como en las causas están latentes los efectos, y viceversa. De ahí que, en relación a todo eso, puede hablarse de acción del entendimiento. Y como el conocimiento del hombre comienza por los sentidos, o sea, desde el exterior, es evidente que cuanto más viva sea la luz del entendimiento, tanto más profundamente podrá penetrar en el interior de las cosas. Pero sucede que la luz natural de nuestro entendimiento es limitada, y sólo puede penetrar hasta unos niveles determinados. Por eso necesita el hombre una luz sobrenatural que le haga llegar al conocimiento de cosas que no es capaz de conocer por su luz natural. Y a esa luz sobrenatural otorgada al hombre la llamamos don de entendimiento” (Suma Teológica, Parte II-IIae – Cuestión 8, art. 1).
En estos tiempos de tanta confusión, se digne el Divino Espíritu iluminar nuestras inteligencias.
Tomás I. González Pondal