
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha hecho pública una carta dirigida al papa León XIV en la que responde al reciente decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que la declara nuevamente en situación de cisma. Firmada por su superior general, don Davide Pagliarani, la misiva combina un tono de respeto filial con una severa crítica a la decisión de la Santa Sede, reivindica la fidelidad de la Fraternidad a la tradición de la Iglesia y asegura que continuará su labor «para la salvación de las almas» pese a las nuevas sanciones canónicas.
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3 de julio de 2026
El Superior General
A Su Santidad el Papa León XIV
Ecône, 3 de julio de 2026
«¿Quién de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente en lugar de un pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!» (Lc 11, 11-13)
Santísimo Padre:
La notificación de la decisión adoptada por la Santa Sede respecto a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, firmada por Su Eminencia el cardenal Fernández, nos ha sido comunicada y ya es de conocimiento público.
Nos parece que esta decisión vuelve a poner de manifiesto el contexto profundamente trágico en el que se encuentra la Iglesia universal. Lo que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha hecho y seguirá haciendo no es otra cosa que una iniciativa extraordinaria para la salvación de las almas, en medio de la confusión doctrinal y moral en la que está sumida la Iglesia. En ningún momento pretendemos sustituir a la Iglesia, ni tenemos otra ambición que permanecer fieles a ella.
En conciencia, no creíamos poder eludir el deber moral que tenemos para con las almas, como ya hemos explicado, tanto en privado como públicamente, a Vuestra Santidad.
Habíamos pedido pan, es decir, una muestra de comprensión hacia un sincero caso de conciencia; un acto de paternidad dirigido no tanto a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X como a las almas, prometiéndole formarlas como verdaderos hijos de la Iglesia romana. Lamentablemente, recibimos una piedra.
Habíamos pedido un pez, es decir, la posibilidad de obtener temporalmente los medios necesarios para seguir formando buenos sacerdotes, a fin de que pudieran continuar su misión de dar a conocer a Nuestro Señor a las almas. Lamentablemente, recibimos una serpiente.
Habíamos pedido un huevo, prometiendo devolverlo cuanto antes. En efecto, la santa Tradición que conservamos en las almas pertenece a la Iglesia, nuestra Madre, y no a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, y estamos seguros de que un día un Papa querrá servirse de ella para el bien de la Iglesia universal. Lamentablemente, recibimos un escorpión.
Habíamos pedido ser instruidos y confirmados en la fe de siempre; en cambio, hemos sido declarados cismáticos por segunda vez.
A pesar de las sanciones impuestas contra nosotros, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X renueva sinceramente la promesa que ya había expresado a Vuestra Santidad. Permítame, a este respecto, reiterar libremente lo que ya le manifesté anteriormente:
«La Fraternidad le promete […] dedicar todas sus energías a conservar la Tradición y ponerla al servicio de la Iglesia. Al hacerlo, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no se limita a mantener antiguas costumbres; fomenta y preserva las vocaciones sacerdotales, las vocaciones religiosas y las familias numerosas profundamente cristianas; en una palabra, todo aquello que manifiesta la vitalidad de la Iglesia, de la gracia y de la fe católica. Nuestra intención no es ofrecer a la Iglesia un museo de antigüedades, sino la totalidad de la Tradición: fecunda, fuente de vida espiritual, encarnada y vivida en las almas.
[…] Estoy convencido de que un día Vuestra Santidad, o uno de sus sucesores, podrá y querrá servirse de este servicio, cuya oferta, dentro de la Iglesia y para la Iglesia, constituye nuestra única razón de ser.»
(Carta personal dirigida a Su Santidad el 21 de noviembre de 2025).
Pero, sobre todo, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X le promete hoy que no recibirá estas nuevas sanciones —objetivamente injustas e inválidas— con amargura ni con espíritu de rebelión.
Estas recientes condenas, como las del pasado, alcanzan aquello que más amamos: nuestro vínculo con nuestra Madre, la Iglesia romana. Sin embargo, incluso en esta prueba, todas las cosas deben contribuir al bien de las almas y de la propia Iglesia. Por ello, estas condenas nos obligan a amar aún más a la Santa Iglesia y a atender sus necesidades con todas nuestras fuerzas, ahora más que nunca. Precisamente por eso, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ofrece de buen grado el sufrimiento causado por estas nuevas sanciones por el bien de la Iglesia universal y de Vuestra Santidad.
Estamos seguros de que un día Vuestra Santidad, o uno de sus sucesores, querrá hacer suyo el programa de san Pío X: Instaurare omnia in Christo, «Restaurarlo todo en Cristo». Ese día, el Santo Padre descubrirá en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no un nido de serpientes y escorpiones, sino un pequeño ejército de hijos leales, dispuestos a hacer cualquier sacrificio para sostenerle en la restauración de todas las cosas en Nuestro Señor y para reivindicar ante toda la humanidad los derechos imprescriptibles de Cristo Rey sobre todas las almas y sobre todas las naciones.
Ese día, el Santo Padre descubrirá, con gran alegría y profundo consuelo, almas auténticamente católicas cuyo vínculo con la Iglesia nunca se fundó sobre las arenas movedizas de un diálogo ambiguo, sino sobre la roca de la fe de Pedro.
Pedimos a la Santísima Virgen María que apresure la llegada de ese día y rogamos, sobre todo, que Vuestra Santidad pueda experimentar cuanto antes esa alegría y ese consuelo.
Mientras tanto, si le es posible, a pesar de su reciente decisión, bendíganos como a sus hijos. Para nosotros, nada ha cambiado y nada cambiará jamás.
Confiando en la Divina Providencia, a la que nada permanece oculto y que escruta lo más profundo del corazón de cada hombre,
Permanezco, Santísimo Padre, su hijo fidelísimo en el Señor.
Don Davide Pagliarani



