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jueves, 28 de mayo de 2026

El problema metafísico subyacente a Magnifica humanitas




La primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, ha sido presentada a la opinión pública el 25 de mayo en la nueva aula del Sínodo. El Papa ha querido imprimir un tono solemne al acto, participando personalmente. Estaba rodeado por tres cardenales, dos teólogas (una inglesa y otra congoleña) y el ateo Christopher Olan, cofundador de la empresa de inteligencia artificial Anthropic.

Magnifica humanitas ha aparecido el 25 de mayo, si bien está fechada el día 15 del mismo mes, coincidiendo con la fecha en que León XIII publicó Rerum novarum. Hace 135 años, el papa Gioacchino Pecci, dedicó su encíclica social a la revolución industrial de su tiempo. León XIV ha querido centrar la reflexión de la Iglesia en la revolución digital de nuestra época, poniendo el acento en la inteligencia artificial.

El regreso de la doctrina social de la Iglesia, arrinconada en los años posteriores al Concilio Vaticano II salvo por Centessimus annus (1991) de Juan Pablo II, ha de ser acogido con satisfacción. Eso sí, hay que tener presente que la doctrina social de la Iglesia es parte integral de la doctrina moral católica, y ésta a su vez posee un fundamento metafísico, ya que la moral se cimenta en el orden del ser. Como enseña Santo Tomás de Aquino, agere sequitur esse: el acto se deriva del ser. En consecuencia, el orden moral y social no se puede entender desligado de la naturaleza humana y su fin último (Suma teológica, I-II, q. 94, a. 2). Por esa razón, el padre Réginald Garrigou-Lagrange precisa que «los propios derechos del hombre se derivan de sus deberes para con Dios» (Doctor Communis, 2-3 (1949), p. 158), poniendo de relieve el principio metafísico de la doctrina social de la Iglesia.

La encíclica Rerum novarum de León XIII fue precedida por la Aeterni Patris del 4 de agosto de 1879, con la cual, un año después de su elección, el Sumo Pontífice quiso trazar la línea filosófica que habrían de seguir las escuelas católicas, proponiendo al Aquinate como único maestro intelectual de la Iglesia. León XIII estaba convencido de que la restauración del pensamiento por medio de la filosofía tomista tenía que preceder a la de la sociedad y ser su cimiento. Eminentes estudiosos católicos como Étienne Gilson (1885-1978) y Augusto del Noce (1910-1989) proponen leer las principales encíclicas leoninas desde esta perspectiva metafísica. En Aeterni Patris, el Papa sintetiza su programa cultural; en las encíclicas sucesivas, entre las que se cuentan Libertas praestantissimum, sobre la libertad humana (1888), Arcanum divinae sapientiae, sobre el matrimonio cristiano (1880), Humanum genus, sobre la Masoneria (1884), Immortale Dei, sobre la constitución cristiana de los estados (1885) y Sapientiae christianae, sobre los deberes del cristiano en la vida pública (1890), aplica los mismos principios a los diversos ámbitos de la vida individual y social.

Es indudable que León XIV obedece a nobles intenciones y a un amor sincero por la verdad. Sin embargo, a diferencia de los de León XIII, su documento manifiesta la ausencia de una sólida formación metafísica, con lo que corre el riesgo de que no se entiendan bien problemas complejos como el de la inteligencia artificial.

Después de afirmar que «hay que evitar el equívoco de equiparar esta inteligencia a la humana», plantea el problema de la siguiente manera: «Estos sistemas imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias (…) No residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio (…) No es la experiencia de quien se deja modelar por la vida y crece en el tiempo por medio de decisiones, errores, perdón y fidelidad; es más bien una adaptación estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior» (n.º 99).

Tiene razón el Papa al plantear el problema, pero no aclara por qué es imposible la equiparación entre inteligencia humana e inteligencia artificial. Según la filosofía tomista, el motivo no consiste principalmente en que la IA carece de emociones y relaciones y no tiene una memoria encarnada, sino en que le falta un alma racional y espiritual, principio intrínseco de las operaciones intelectivas. La enclíclica, por el contrario, formula la distinción entre el hombre y la IA en términos puramente fenomenológicos, el plano de la experiencia, la afectividad y la capacidad de relación, olvidando o ignorando que la diferencia definitiva es de orden ontológico.

Según Santo Tomás, el hombre no se puede reducir a un agregado de procesos materiales, porque el principio del conocimiento humano es incorpóreo y subsistente (Suma teológica, I, q. 75, a. 1). El intelecto humano no se limita a elaborar datos y reconocer esquemas; conoce lo universal (Suma teológica, I, q. 79, a. 6) y es capaz de abstraer de las imágenes sensibles conceptos inmateriales como el bien, la justicia o el propio Dios. Y de manera análoga, la voluntad no es un mecanismo de selección programada, sino un apetito racional capaz de raciocinio y de libertad (Suma teológica, I, q. 82, a. 1; ST, I, q. 83, a. 1).

En cambio, la inteligencia artificial carece de un principio intrínseco de conocimiento y de voluntad, pero actúa gracias a la inteligencia humana que la ha proyectado. De ahí que la diferencia entre el hombre y la máquina sea cuantitativa pero ontológica: el hombre conoce porque posee un intelecto espiritual y quiere porque posee una voluntad libre. Por el contrario, la máquina funciona porque ha sido construida con ese fin. Por eso, la inteligencia artificial más avanzada jamás podrá ser verdaderamente humana, pues le falta lo que para Santo tomás constituye el principio mismo del conocer y el querer auténticamente humanos: el alma racional y espiritual.

Estas observaciones pueden parecer abstractas desde el punto de vista filosófico, pero tienen importantes consecuencias en el plano moral y el social. La base metafísica de la doctrina social de la Iglesia remite al concepto cristiano del orden del ser, que entiende la historia del hombre a la luz de la creación, la caída y la Redención. En dicha perspectiva, la noción de pecado, sustancialmente ausente en la encíclica, no se puede reducir a una injusticia sociológica, sino que supone una transgresión de la Ley divina, implica una culpa, merece una pena y exige arrepentimiento y conversión. Con una hermosa expresión, el Papa afirma que «si el misterio de Dios-Amor es la fuente de la Doctrina social, su rostro más concreto lo contemplamos en Jesucristo, Verbo encarnado» (n.º 49). Pero Jesucristo no se encarnó para confirmar un ideal humanitario ni para promover una genérica fraternidad universal, sino para restablecer mediante la Redención del hombre y su reintegración al orden sobrenatural el orden que alteró el pecado (Suma teológica, III, q. 1, a. 2). Cuando este horizonte metafísico y sobrenatural es alterado, el cristianismo tiende inevitablemente a secularizarse y reducirse a una religión meramente horizontal y filantrópica cuyo objetivo ya no es la salvación de las almas y la reinstauración del orden cristiano, sino la simple gestión humanitaria de los problemas del mundo.

Magnifica humanitas abunda en buenas ideas y hay que considerarla una expresión autorizada del magisterio de León XIV, pero algunos aspectos de la filosofía y la doctrina social de la Iglesia que encara la encíclica para ser objeto de debate con el debido amor y respeto a la persona del Romano Pontífice y la institución del Papado.

Sánchez presume de afinidad con León XIV mientras exculpa a Zapatero y minimiza los casos de corrupción del PSOE




Pedro Sánchez compareció este miércoles ante la prensa tras su reunión con el Papa León XIV en el Vaticano proyectando una imagen de profunda sintonía entre el Gobierno español y el Pontífice. Pero la rueda de prensa terminó derivando rápidamente hacia otro asunto: la creciente presión judicial y política sobre el PSOE, las investigaciones que afectan al entorno socialista y la defensa cerrada que el presidente volvió a hacer de José Luis Rodríguez Zapatero.

“Yo creo que su voz es una brújula moral”, afirmó Sánchez al referirse al Papa León XIV, a quien elogió por “estar siempre del lado de los más débiles” y por promover “la empatía frente a la sinrazón y la ley de la selva”.

Durante su intervención, el presidente insistió repetidamente en la “sintonía” existente entre el Ejecutivo y la Santa Sede en asuntos como la inmigración, la inteligencia artificial, el multilateralismo o la política internacional.

Paz, pobreza e inteligencia artificial: los ejes de la reunión con el Papa

El líder socialista describió el encuentro con el Pontífice, que duró alrededor de 45 minutos, como una conversación “muy valiosa” celebrada “con una cierta sintonía”, articulada en torno a cinco grandes asuntos: la paz, la pobreza, la inteligencia artificial, la migración y las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia.

Sobre la guerra y la política internacional, Sánchez aseguró haber compartido con León XIV una defensa común de la paz “desde el diálogo, la diplomacia y la palabra”. “La paz no se construye con misiles, se construye con diálogo, con respeto a la legalidad internacional”, afirmó el presidente.

En materia social, destacó también la coincidencia con el Papa en cuestiones como la pobreza y la lucha contra el hambre. “Hoy el mundo gasta más en armas y menos en luchar contra el hambre”, lamentó Sánchez, reivindicando el aumento de la ayuda oficial al desarrollo por parte de España.

Uno de los ámbitos donde el presidente quiso subrayar una mayor afinidad con León XIV fue el relativo a la inteligencia artificial. Sánchez aseguró haber felicitado personalmente al Pontífice por dedicar su primera encíclica a “la dignidad humana en la era de la inteligencia artificial”, añadiendo que “ninguna tecnología es neutral” y defendiendo una IA “humanista” regulada desde el multilateralismo internacional.

La inmigración, uno de los puntos de mayor coincidencia

La cuestión migratoria ocupó también un lugar destacado en la comparecencia. “Es un asunto en el que la Iglesia Católica y el Gobierno de España tenemos una sintonía bastante elevada”, afirmó Sánchez, defendiendo una inmigración “ordenada” y vinculándola a la “prosperidad compartida”.

El presidente añadió además que León XIV tiene “una mirada sobre el fenómeno de la migración muy diferente” a la defendida por quienes apelan a las llamadas “prioridades nacionales”.

Sánchez aprovechó igualmente la comparecencia para reivindicar ante el cardenal Pietro Parolin los acuerdos alcanzados en los últimos años entre el Gobierno y la Iglesia, citando expresamente el sistema de reparación de víctimas de abusos y la resignificación del Valle de Cuelgamuros como ejemplos de “diálogo fructífero”.

Sánchez mantiene su apoyo total a Zapatero

Preguntado directamente por los informes judiciales y por las informaciones aparecidas en los últimos días sobre el expresidente socialista, Sánchez respondió sin matices: “Todo mi apoyo al presidente Zapatero”.

El jefe del Ejecutivo aseguró haber leído el sumario y afirmó no encontrar “motivos suficientes” para cambiar su posición.

Más adelante, volvió a insistir en la misma idea al afirmar que no veía “elementos” que justificaran modificar la postura ni del Gobierno ni del PSOE respecto a Zapatero.

Las declaraciones se producen en un contexto especialmente delicado para el socialismo español, marcado por investigaciones judiciales, actuaciones de la UCO y nuevas revelaciones sobre personas vinculadas al entorno del partido.

El presidente rebaja el impacto político de las investigaciones

A lo largo de la rueda de prensa, Sánchez trató de minimizar el impacto político de las investigaciones abiertas y defendió en varias ocasiones la estabilidad de su Gobierno frente a quienes piden elecciones anticipadas.

El presidente insistió en diferenciar entre un “registro” y un “requerimiento” judicial en la sede socialista, subrayando que el PSOE mantiene una “total y absoluta colaboración con la justicia”.

También aseguró que muchas de las informaciones conocidas responden a “rumorología”, “bulos” o “fake news”.

Al mismo tiempo, Sánchez defendió que ninguna de estas investigaciones “impugna en absoluto” la acción del Gobierno ni los logros económicos y sociales alcanzados durante los últimos años.

En varios momentos de la comparecencia, el presidente contrapuso las investigaciones judiciales con el crecimiento económico, la estabilidad política y la gestión de los fondos europeos, presentando la continuidad de la legislatura como una necesidad para España.

El Papa, integrado en el relato político del Gobierno

La rueda de prensa dejó además una imagen llamativa: la figura del Papa León XIV apareciendo constantemente integrada dentro del discurso político y programático del Gobierno.

Sánchez vinculó la primera encíclica del Pontífice sobre inteligencia artificial con las políticas impulsadas por España y la Unión Europea, aseguró compartir con el Papa una visión común sobre migración y paz internacional y llegó a presentar los acuerdos recientes entre el Gobierno y la Iglesia —incluida la resignificación de “Cuelgamuros”— como ejemplo de la buena relación existente con la Santa Sede.

Incluso cuando se le preguntó directamente si el Gobierno esperaba que la visita apostólica sirviera de respaldo a sus políticas, Sánchez respondió negándolo formalmente, aunque acto seguido defendió que la coincidencia entre las posiciones del Ejecutivo y las del Papa demostraba “el sentido común” de las políticas socialistas.

Chartres se consolida como símbolo del renacer católico en Europa



Más de 20.000 peregrinos recorrieron este año los cerca de cien kilómetros que separan París de Chartres en una nueva edición de la tradicional Pèlerinage de Chrétienté, una cita que vuelve a confirmar el vigor espiritual y humano de los ambientes vinculados a la liturgia tradicional en Europa.

El sacerdote tanzano Antonius Maria Mamsery, superior general de los Misioneros de la Santa Cruz, fue el encargado de celebrar la Misa solemne de Pentecostés durante la peregrinación y dejó un mensaje de esperanza sobre el futuro del catolicismo europeo. En declaraciones concedidas a AdVaticanum, el religioso definió Chartres como “la esperanza de Europa” y destacó especialmente la presencia masiva de jóvenes, familias numerosas y vocaciones sacerdotales.


Una juventud católica que sorprende en Europa

Uno de los aspectos que más impresionó al sacerdote africano fue precisamente la cantidad de niños y jóvenes presentes durante la peregrinación. Frente al panorama de secularización que atraviesa gran parte del continente, Mamsery aseguró haber encontrado en Chartres una realidad distinta a la habitual en muchas parroquias europeas.

El superior de los Misioneros de la Santa Cruz subrayó que las comunidades ligadas a la liturgia tradicional están atrayendo a numerosas familias jóvenes y pueden desempeñar un papel decisivo en el futuro religioso y cultural de Europa.

La peregrinación, marcada por largas caminatas, confesiones, rezos y cantos, fue presentada por el sacerdote como una manifestación concreta de renovación espiritual en una sociedad cada vez más dominada por el individualismo y la distracción tecnológica.


El crecimiento de la Misa tradicional en África

Mamsery, originario de Tanzania, también habló del creciente interés por la Misa tradicional en distintos países africanos. Según explicó, muchos fieles percibieron que “algo se había perdido” tras los cambios litúrgicos posteriores al Concilio y muestran hoy un renovado interés por la liturgia tradicional cuando tienen ocasión de conocerla.

El sacerdote aseguró recibir cada vez más solicitudes de jóvenes procedentes de países como Mozambique, Angola o Sudáfrica interesados en descubrir la Misa tradicional y profundizar en la espiritualidad católica clásica.

En varios países africanos, explicó, las vocaciones sacerdotales continúan creciendo con fuerza. Solo en Tanzania, donde hace décadas existían tres seminarios mayores, actualmente funcionan al menos siete, todos ellos llenos de seminaristas.

África podría ayudar a reevangelizar Europa

El religioso considera probable que, en el futuro, sacerdotes africanos desempeñen un papel importante en la reevangelización del continente europeo, especialmente ante la grave escasez de vocaciones que sufren numerosas diócesis occidentales.

Según indicó, muchas diócesis europeas cuentan apenas con uno o dos seminaristas, mientras que en África y Asia siguen aumentando los jóvenes que desean formarse para el sacerdocio.

Mamsery señaló además que esta realidad ya comienza a verse en algunos países europeos, donde un número creciente de sacerdotes procede del continente africano.

Convivencia pacífica con los musulmanes en Tanzania

Durante la entrevista, el superior de los Misioneros de la Santa Cruz destacó también la convivencia pacífica entre cristianos y musulmanes en Tanzania. A diferencia de otras regiones africanas marcadas por tensiones religiosas, aseguró que en su país existe una relación cordial entre ambas comunidades.

Incluso explicó que numerosas familias musulmanas inscriben a sus hijos en escuelas católicas y que durante la pasada Pascua varios musulmanes recibieron el bautismo tras completar su catequesis.

Vocaciones y expansión de su comunidad

La comunidad fundada bajo el carisma de preservar y difundir la liturgia tradicional atraviesa además un importante crecimiento vocacional. Mamsery relató que recientemente abrió un seminario menor pensado inicialmente para medio centenar de jóvenes, pero que rápidamente superó todas las previsiones al recibir alrededor de 300 candidatos.

El sacerdote explicó que ahora necesitan ampliar infraestructuras y recursos para sostener la formación de los seminaristas y responder al creciente interés de jóvenes que desean incorporarse a la congregación en distintos países.

La edición de este año de Chartres vuelve así a consolidarse como uno de los principales referentes del catolicismo tradicional contemporáneo y como un fenómeno religioso que, lejos de desaparecer, continúa atrayendo a nuevas generaciones dentro y fuera de Europa.

El Gobierno de Sánchez se abraza al Papa obscenamente y León XIV… ¿se deja?



Hay abrazos que nacen de la fe, otros de la cortesía diplomática y otros, simplemente, de la necesidad política. El que el Gobierno de Pedro Sánchez está protagonizando en torno a la visita del Papa León XIV a España pertenece claramente a esta última categoría. Pero sería ingenuo fingir que toda la responsabilidad recae únicamente en Moncloa. Porque la realidad es que el propio León XIV parece estar facilitando una identificación política que la diplomacia vaticana tradicional habría manejado con mucha más cautela.

En apenas unos días hemos asistido a una auténtica operación institucional y mediática para convertir el viaje apostólico del Pontífice en un gran acontecimiento de Estado cuidadosamente administrado por el poder político. Más de ochenta reuniones de coordinación, la declaración oficial de la visita como evento de “excepcional interés público”, el mayor despliegue policial de la etapa democrática, comparecencias públicas constantes, apropiación de frases papales y una movilización institucional que recuerda más a una cumbre internacional que a una peregrinación espiritual.

Nada de esto sería problemático si proviniera de un Gobierno cuya trayectoria política hubiera mostrado respeto, afinidad o siquiera neutralidad hacia la Iglesia católica. Pero precisamente ahí reside la contradicción.

Porque el mismo Ejecutivo que hoy se presenta como anfitrión entusiasta del Papa es el que ha impulsado algunas de las medidas más agresivas contra símbolos, instituciones y principios católicos en la historia reciente de España. El mismo Gobierno que convirtió la resignificación del Valle de los Caídos en un símbolo ideológico, que ha tensionado constantemente las relaciones con la Iglesia, que ha promovido leyes frontalmente incompatibles con la moral católica y que ha situado el secularismo militante como una de sus señas de identidad políticas.

Y, sin embargo, ahora todos quieren fotografiarse con el Papa.

Del enfrentamiento cultural al abrazo institucional

La transformación resulta llamativa. Durante años, buena parte de la izquierda política española trató a la Iglesia como un actor incómodo, sospechoso o directamente adversario cultural. Hoy, en cambio, la visita de León XIV se presenta como un activo institucional de primer orden.

Pedro Sánchez cita la encíclica del Papa para respaldar su agenda sobre inteligencia artificial y multilateralismo. Óscar López interpreta las advertencias morales del Pontífice como una validación de las políticas tecnológicas del Gobierno. Félix Bolaños presume públicamente de haberse “volcado” para que la visita sea “un éxito”. En Cataluña ya se habla del impacto positivo internacional del viaje. El Congreso prepara un pleno solemne —buscando incluso la participación de Zapatero, quien está ahora en medio de la investigación Plus Ultra—, presidentes autonómicos y toda la liturgia institucional del Estado.


Todo ello mientras sectores de la extrema izquierda y del laicismo militante promueven manifiestos como “Yo no te espero”, denunciando precisamente el uso de recursos públicos para recibir al Santo Padre.

La paradoja es reveladora: el laicismo ideológico sigue rechazando al Papa, pero el poder político quiere apropiarse de él.

El Papa útil

El mecanismo es bastante transparente. No se trata de asumir íntegramente el mensaje de la Iglesia, sino de seleccionar cuidadosamente aquellas partes del discurso pontificio que pueden integrarse en la narrativa política del momento.

Migraciones, inteligencia artificial, paz, multilateralismo, diálogo internacional. Todo eso se cita con entusiasmo. Mucho menos se habla de aborto, eutanasia, ideología de género, crisis demográfica, descomposición familiar o secularización agresiva.

Se abraza al Papa diplomático, al Papa mediático, al Papa compatible con la agenda institucional. Pero se silencia sistemáticamente al Papa que interpela moralmente al poder.

Y, sin embargo, lo más inquietante es que esta apropiación parece producirse con una facilidad creciente. La Santa Sede siempre ha mantenido relaciones diplomáticas con gobiernos de todos los signos políticos, pero tradicionalmente procuraba evitar identificaciones demasiado evidentes con agendas nacionales concretas. Existía una prudencia vaticana clásica: cercanía institucional sin confusión política.

Con León XIV, al menos por ahora, esa distancia parece mucho menos visible.

La sucesión de gestos, audiencias, declaraciones y silencios está permitiendo que el Gobierno español construya un relato de sintonía moral e ideológica con el Pontífice que habría resultado mucho más difícil en otros pontificados recientes. Y eso tiene consecuencias inevitables: desorienta a muchos fieles, banaliza contradicciones doctrinales profundas y transmite la impresión de que ciertas cuestiones esenciales pueden quedar relegadas mientras exista coincidencia en asuntos globales como la IA, las migraciones o el multilateralismo.

El riesgo de vaciar espiritualmente la visita

España no recibe simplemente a una personalidad internacional. Recibe al sucesor de Pedro. Y precisamente por eso sería un error convertir esta visita en una gigantesca operación política, protocolaria y mediática donde todo quede cuidadosamente neutralizado.

La Iglesia no necesita que el poder la abrace obscenamente mientras ignora lo esencial de su mensaje. Pero tampoco ayuda que desde Roma se facilite una imagen de armonía política que inevitablemente será utilizada por quienes llevan años impulsando un proyecto cultural profundamente secularizador.

El mayor desafío de la visita de León XIV no será entonces el dispositivo policial, ni la logística, ni las protestas ideológicas. El verdadero desafío será evitar que el Papa termine convertido en un símbolo políticamente domesticado: celebrado por todos precisamente porque ya nadie teme lo que pueda decir.