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domingo, 23 de agosto de 2026

Shanghái retira las Biblias de la catedral, cierra San Ignacio y las funerarias niegan ya el funeral católico


La asfixia silenciosa de la Iglesia en China


(ChinaAid/InfoCatólica) Un católico de Shanghái ha documentado a lo largo del último año el estrechamiento progresivo del espacio en que los fieles chinos pueden vivir su fe, hasta el punto de que ya no es posible comprar una Biblia en la tienda de la catedral, el templo permanece cerrado a los visitantes y las funerarias de la ciudad se niegan a celebrar funerales católicos.

El informe, fechado el 1 de agosto de 2026, fue difundido el 19 de agosto en la red social X por una destacada cuenta de periodismo ciudadano y disidencia china en el extranjero. Su autor permanece en el anonimato por razones evidentes de seguridad.

Estanterías vacías en la catedral

La tienda de artículos religiosos vinculada a la catedral de San Ignacio, conocida también como catedral de Xujiahui, había retirado ya el año pasado los libros de teología de sus estantes. El 1 de agosto de este año desaparecieron directamente todas las estanterías, y con ellas la posibilidad de adquirir Biblias o el devocionario de las «Cuatro Oraciones Comunes».

Cuando el autor del informe preguntó por esos materiales, la cajera le respondió con una frase que resume el proceso entero: «Se han ido, se han ido todas».

La reflexión que le suscitó el episodio es igual de expresiva: «Es absurdo pensar que no puedas comprar una Biblia dentro de la iglesia, una maravilla del mundo».

No es un caso aislado de Shanghái. En junio de este año las iglesias católicas de Pekín retiraron igualmente las Biblias de la venta.

Un templo cerrado desde enero

La catedral de San Ignacio dejó de recibir visitantes a comienzos de 2026, con el argumento de unas obras de reforma interior. El autor del informe apunta que la decisión de reabrirla no depende enteramente de la propia iglesia.

Las peregrinaciones han corrido una suerte parecida. En julio hubo de cancelarse una peregrinación fuera de Pekín a causa de nuevas exigencias normativas. Un sacerdote de la capital explicó a los fieles que las parroquias que pretenden organizar peregrinaciones que crucen los límites de una región deben someterse a procedimientos de autorización «extremadamente difíciles de completar».

Hay algo más grave todavía en esa explicación: las iglesias locales «deben informar de los feligreses que viajan sin autorización». La parroquia queda así convertida en instrumento de vigilancia sobre sus propios fieles.

El resultado es que los católicos se ven reducidos a desplazarse en grupos de «dos o tres» personas. En este «tiempo especial», constata el autor del informe, muchas cosas que los católicos «habían podido hacer juntos anteriormente ya no podían hacerse».

También en internet

El cerco alcanza igualmente al ámbito digital. La aplicación católica china «Wan You Zhen Yuan» interrumpió bruscamente en diciembre de 2025 las retransmisiones diarias en chino del Rosario procedentes del santuario de Nuestra Señora de Lourdes, en Francia. La plataforma suspendió asimismo sus vídeos informativos y los cursos de formación espiritual en línea.

La fe escondida y el funeral negado

El testimonio de un joven católico de la provincia de Shandong ilustra el precio personal de todo esto. Funcionario público, teme perder el empleo si se descubre su práctica religiosa. Por eso evita acudir abiertamente a Misa en Shandong y solo participa cuando viaja por motivos de trabajo. Dentro de la iglesia mantiene puesta la mascarilla para que nadie pueda identificarlo.

El último eslabón conocido de esta cadena afecta al momento de la muerte. Desde agosto de este año, las funerarias de toda la ciudad de Shanghái han empezado a negarse a celebrar exequias católicas.

La información ha sido publicada por ChinaAid, organización internacional de derechos humanos de inspiración cristiana fundada en 2002, en un reportaje firmado por el corresponsal Gao Zhensai.