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lunes, 27 de agosto de 2018

Siete trompetas (The wanderer)



[Nota previa: escribí este post el sábado por la mañana. A la tarde de ese día, Mons. Carlo Maria Viganò se subió al Enola Gay y dejó caer la bomba atómica sobre el Vaticano. Lo mío es apenas un chasquiboom mojado]


Es este uno de los post más difíciles que me ha tocado escribir. No sé por dónde empezar y mucho menos cómo terminar.
No sé si hemos terminado de caer en la cuenta del pesadísimo bloque de piedra que ha caído sobre nosotros. Hemos sido aplastados. La magnitud y la gravedad de los abusos sexuales cometidos por los miembros del clero ha puesto a la Iglesia en una de las peores situaciones por las que ha debido atravesar a lo largo de su historia. Digámoslo aunque resulte duro: buena parte de la Iglesia está gobernada por una mafia de homosexuales que la ha utilizado para conseguir efebos a fin de satisfacer sus pasiones, y dinero para vivir cómodamente. Y por “gobierno de la Iglesia” me refiero a sacerdotes, obispos y cardenales. Y destaco que no se trata de un par de pecadores: se trata de un sistema perfectamente organizado que aún continúa operando. Esta es la magnitud y el horror de lo ocurrido.
El informe del Gran Jurado de Pennsylvania que se conoció hace pocos días es demoledor. Son mil páginas en las que se reportan detalladamente los abusos sexuales cometidos por trescientos sacerdotes de las seis diócesis que integran ese estado. En un primer momento pensé que estaría inflado; que arrumbarían allí dimes y diretes y cotilleos periodísticos. Pues no. Están los documentos que prueban cada una de las afirmaciones que se hacen con detalles tan escabrosos que la lectura es casi imposible. No sólo se detallan los métodos de seducción a niños, adolescentes y jóvenes que utilizaran estos sacerdotes y lo que hicieron con ellos, sino también se prueba la existencia, incluso, de una verdadera red, en la que, por ejemplo, algunos se dedicaban a la producción de pornografía infantil, y otros “marcaban” a las víctimas consideradas “accesibles” dándoles determinadas medallitas a fin de que pudieran ser identificadas por otros sacerdotes pervertidos. Como ya lo había demostrado hace algunos años un documental brasileño que es mejor no mencionar, la mafia de sacerdotes gay que operaba en el mundo compartía no solamente datos sino también contactos y personas.
Lo que también muestra el informe del Gran Jurado de un modo contundente es el encubrimiento sistemático por parte de los obispos que protegieron incomprensiblemente a los sacerdotes abusadores, trasladándolos a diferentes destinos, desoyendo las denuncias, entorpeciendo la investigación de la justicia, etc. 
Y esto no es algo que sucedió hace décadas. Esto está sucediendo. El sitio Church Militantdenunció la semana pasada la existencia de una red integrada por sacerdotes y obispos -presumiblemente comandados todos por el excardenal McCarrick- que suministraba seminaristas homosexuales colombianos a seminarios de varias diócesis de Estados Unidos donde prestaban sus servicios sexuales a los superiores de esas casas de formación a cambio de cobijo y posterior imposición de manos. Puede leerse aquí el reporte. La traducción al castellano pueden encontrarla en este sitio.
La pregunta que asoma necesariamente es hasta dónde llega esta gangrena, cuál es su extensión hacia los costados y hacia arriba. El informe se refiere solamente a lo ocurrido en seis diócesis americanas. Estados Unidos tiene 198 diócesis. ¿Habrá permanecido el resto inmune a este flagelo? No parece verosímil. Y ya sabemos lo ocurrido en otros países americanos: Chile, con seis obispos renunciados por, al menos, encubrimiento y un manto de sospecha sobre el resto; Honduras, con una carta de seminaristas denunciando las extendidas prácticas homosexuales en el seminario nacional y el escándalo del también renunciado obispos auxiliar de Tegucigalpa por cuestiones sexuales, y si cruzamos el Atlántico, la situación no mejora, y si cruzamos el Pacífico ya vemos lo que está ocurriendo en Australia con un obispo en prisión por encubrimiento.
En nuestro país tenemos el caso emblemático de Mons. Juan Carlos Maccarone sobre cuyas refocilaciones no solamente hay testimonios sino también filmaciones. Ya hemos hablando del tema en este sitio. ¿Fue el único? No lo creo. No vamos a dar aquí publicidad a comentarios sin pruebas, pero todos sabemos que son varios obispos más, muchos curas y sabemos también de la existencia pasada y presente de seminarios gay friendly
La discusión pasa ahora por el modo de salir de este pantano, y en esto el rol primero y fundamental lo tiene el Santo Padre. Y lo primero que me pregunto es si Francisco puede o quiere hacer algo al respecto. La respuesta obvia debería ser rotundamente afirmativa, pero no creo que sea tan fácil. El Papa Benedicto XVI hizo mucho pero se dio cuenta ya no podía hacer más y por eso renunció. Cada vez me convenzo más que ésta -la infiltración de la mafia lavanda en la Iglesia- fue el factor determinante que forzó su lamentada renuncia. Es un problema que viene de lejos y este tipo de cosas, como los árboles, hunden sus raíces cada vez más profundamente y cada vez resulta más difícil arrancarlas. Las casi tres décadas del pontificado de Juan Pablo II fueron catastróficas en este sentido. Bajo sus propias narices se extendía un reguero que no puede ser ya detenido. Y no me refiero solamente al caso de Marcial Maciel. Por esos años corrían en Roma rumores que los incrédulos consideraban maledicencias pero que ahora aparecen como muy verosímiles y que es mejor no ventilar. ¿Cómo extirpar ahora un tumor tan grande? No es tarea fácil para el Papa “hacer algo”, aunque después de cinco años de pontificado algo hizo, muy poco y no sirvió para nada. Este problema no se resuelve con una Carta al Pueblo de Dios; se necesitan que muchas cabezas rueden y no solamente la de un cardenal octogenario y la de seis obispos chilenos. Se necesitan que rebane muchas más cabezas y, según el Washington Post, un antiguo defensor a ultranza del pontificado bergóglico, debe rodar la suya propia, la del mismo Papa.

¿Afilará el Papa Francisco la urgente y necesaria guillotina? Veamos algunos hechos de su historial que podrán darnos una pista:
  1. Cuando se destapó el caso Maccarone, el entonces cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, emitió un comunicado en el que manifestaba su “agradecimiento” al ex obispo de Santiago del Estero por la labor cumplida en aquella diócesis “al servicio de los pobres y de quienes tienen la vida y la fe amenazadas” y le expresaban su “afecto, comprensión y oración”, y su vocero afirmó que el video difundido con escenas de una relación sexual entre el obispo y su chofer correspondía a “la vida privada” de Mons. Maccarone.
  2. Son varios los casos que reportan los sacerdotes de la arquidiócesis de Buenos Aires relativos al encubrimiento de pedófilos por parte de Bergoglio. Por ejemplo, uno que está documentado periodísticamente: Gabriel Ferrini, abusado cuando tenía 15 años por el sacerdote Rubén Pardo, de la diócesis de Quilmes. Cuando el caso fue denunciado a su obispo y luego a la justicia, el sacerdote se fugó y fue recibido y encubierto por el cardenal Bergoglio en el Hogar Sacerdotal de Condarco 581 del barrio porteño de Flores. Con la ayuda del mismo cardenal, huyó cuando su escondite finalmente fue descubierto por la justicia, y finalmente  murió de HIV, escondido en una ciudad del nordeste argentino. Aquípueden encontrar los detalles del caso.
  3. Apenas llegado al Solio, nombró a Mons. Battista Ricca, uno de los iconos más relevantes de la mafia gay enquistada en la Curia Romana, en un altísimo puesto relativo al control de las finanzas vaticanas.
  4. Aupó y dio sobradas muestras de afecto al cardenal Daneels, encubridor serial de sacerdotes y obispos abusadores belgas y concede todo tipo favores y resarcimientos al cardenal Mahony, acusado también de encubridor por la justicia americana quien es, además, uno de sus cercanos consejeros.
  5. Nombró y aún mantiene en el famoso e inútil G-8 al cardenal Madariaga, encubridor del obispo Juan José Pineda y último responsable del escandaloso seminario de Honduras.
  6. Creó cardenales a personajes estrechamente relacionados al cardenal McCarrick, como Farrell, Cupich y Tobin, los tres profundamente comprometidos con las políticas gay friendely y con las reformas francisquistas, y que necesariamente debieron estar al tanto de las denuncias contra el “Tío Ted” y conocido sus andanzas con muchachitos. Y a otros como Sergio Obeso Rivera, en el último consistorio, que acaba de declarar que “las víctimas deberían de avergonzarse de hablar”.
  7. Contrariamente, ha ninguneado y relegado a obispos que se han distinguidos por la lucha contra la pedofilia. El caso más emblemático es el de Mons. Charles Chaput, arzobispo de Filadelfia, que realizó la investigación y depuración de los Legionarios de Cristo y que hace años debería ser cardenal.
  8. Acerquemos la lupa a un caso más cercano aunque seamos repetitivos.El P. Carlos Miguel Buela, fundador del Instituto del Verbo Encarnado, es “para la Iglesia, y desde hace tiempo, culpable”. Así lo admitió a los medios gráficos el vocero del obispado de San Rafael, y es culpable de abuso psicológico y abuso sexual perpetrado contra seminaristas y jóvenes sacerdotes. Después de muchas vueltas, el “castigo” que le infligió el Papa Francisco fue residir en un cómodo departamento de la ciudad de Génova, y asistido por tres jovencitos. (Aquí pueden leer una reciente síntesis del accionar de este personaje). A fin de poner orden en el IVE, cuya cúpula sabía de las andanzas del fundador y las justificaban como producto de una enfermedad, la Santa Sede decidió intervenir el capítulo general que tuvo lugar el año pasado, y nombró como interventor a uno de los favoritos del Santo Padre, el cardenal Francesco Coccopalmerio. Casualmente, hace unos meses la gendarmería vaticana detuvo al secretario de este purpurado en su departamento vaticano, en medio de una orgía de drogas y sexo homosexual.
Podríamos seguir pero estos indicios bastan para convencernos de que el Papa Francisco no hará nada más que palabras, cartas y alguna lágrima perdida. No esperemos que corte las cabezas que tiene que cortar. Por todo esto, no veo yo salida alguna del pantano, y por eso mismo no sé cómo va a terminar esta historia. 
Repitámoslo: existe hoy en la Iglesia católica una red internacional organizada de activismo homosexual y cuya existencia amenaza no solamente al sacerdocio y a la vida religiosa sino a toda la Iglesia Universal. 
Sub umbra alarum tuarum protege nos.

Para quienes les interese profundizar en este tema es de lectura imprescindible del libro de la periodista de investigación Randy Engel, católica devota, The Rite of Sodomy. Homosexuality and Roman Catholic Church. Son más de mil trescientas páginas de datos e investigaciones en las que, hace trece años, relataba lo que en esos momentos parecía una fantasía y hoy se revela como verdadero. Puede bajarlo desde aquí.


[Después de las revelaciones de Mons. Viganò, lo que yo solamente me animaba a sugerir entre líneas, ha quedado claro: el Papa Francisco integra la red de protección a una enorme e impensada cantidad de cardenales, obispos y sacerdotes homosexuales que practicaron y practican su vicio entre ellos y con seminaristas, jóvenes y adolescentes. Esta es la estremecedora realidad. 
¿Todos estos personajes, incluido el Sumo Pontífice, tienen fe? Viganò relata, como un ejemplo entre tantísimos que le tocó conocer, que McCarrick junto con otros dos sacerdotes luego de una noche de desenfreno orgiástico del que también participaban seminaristas, al día siguiente concelebraban la Santa Misa. No es posible que gente de esta calaña tenga fe. Y es a ellos y a muchos como ellos, y a sabiendas de lo ocurrido, a quienes protegió el Santo Padre. ¿Por qué lo hizo? Uno de los motivos que da el nuncio apostólico es porque McCarrick operó antes del cónclave para que resultara elegido. ¿Fue ese el único motivo? Desde hace años se escuchan algunos más que por ahora no pasan de rumores, pero no que me sorprendería que Stiuso tenga grabaciones comprometedoras.
¿Qué hacer ahora para salir del lodazal? No lo sé, y no sé si alguien lo sabe. Algo va a ocurrir. Como dice Ludovicus, Bergoglio chocó la calesita. ¿Renunciará? Supongamos que lo hace. Será un enorme alivio para todos pero no será la solución del problema. ¿Qué candidato querrá hacerse cargo de una papa tan caliente? Y aquí no es sólo cuestión de querer; es ser capaz de sacar a la Iglesia de esta situación. Supongamos que pide la renuncia a todos los obispos del mundo. ¿A quién nombra? ¿Es que los sacerdotes son mucho mejores que los obispos y garantizarán una transición de retorno a la fe? No lo creo. Ciertamente que hay muchos sacerdotes buenos y santos, mucho mejores que los obispos, pero ¿son esas condiciones suficientes?
¿No será, acaso, llegada la hora de mirar con más atención a la higuera y prepararnos para escuchar el metálico y estridente sonido de siete trompetas?]

The Wanderer