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viernes, 5 de junio de 2026

La otra inteligencia artificial



1.Introducción

Hay asuntos y machaques ya conocidos presentados bajo un nuevo título, a los cuales uno responde machacando con asuntos ya conocidos y presentados también bajo un nuevo título. En otras palabras y como en puntos venideros serán expuestos, asuntos eclesiásticos de siembra moderna y que ya conocemos, ahora se nos presentan en un documento intitulado ‘Magnifica Humanitas’, y respuestas que muchos ya conocen ahora serán un tanto reiteradas en este escrito que he titulado ‘La otra inteligencia artificial’. Quizá, muchos lancen la queja del “otra vez lo mismo”, y sabré entenderlos; mas cavilo que en justicia sabrán comprender que de este lado también uno espeta el “otra vez lo mismo”. Y en una guerra de machaques –hay una guerra espiritual que aún no acaba- hay que machacar.

La Carta Encíclica del Papa León XIV ha venido a llamarse ‘Magnifica Humanitas’ y en ella se toca “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Se trata de un extenso texto que trae profusas citas, exactamente doscientas veinticuatro (224), de las cuales doscientas (200) responden a Concilio Vaticano II y al post-concilio, y veinticuatro (24) responden a: nueve (9) citas pertenecientes a pontífices pre-conciliares; siete (7) citas pertenecientes a textos de dos santos (San Agustín y Santo Tomás de Aquino); y ocho (8) citas pertenecientes a pensadores varios (R. Guardini, V. Frank, H. Arendt, Platón, Tolkien, G. La Pira, P. de Berulle). No se habla en ningún momento de violencia para ganar el Cielo, ni de la salvación de las almas, ni de Satanás, ni del infierno, ni de la condenación eterna, ni del pecado mortal, ni del pecado venial, ni de los vicios y virtudes como cuestiones teológicas, ni de convertir las almas extraviadas por los falsos cultos, ni de penitencia, ni de sacrificio. Sí, en cambio, se hace referencia, por caso, al sínodo de la sinodalidad, a humanizar o no deshumanizar, al ecumenismo, a tomar conciencia, a discernir, a la ecología, a la ONU, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a la paz. El texto trae inspiraciones en “san Óscar Romero y el beato Enrique Angelelli” (Punto 125), hombres que hasta el final bregaron por el tercermundismo.

Hablo de “La otra inteligencia artificial” porque entiendo que es la más grave y la que se está silenciando; ella no tiene que ver con la cuestión de la tecnología y de la virtualidad, sino que estriba en esa inteligencia que no siendo católica ha venido a presentarse como tal y que tantas veces he criticado: de esta último nos da acabada probanza ‘Magnifica Humanitas’, pues, al tiempo que pretende ilustrarnos sobre los desafíos y peligros que presenta la Inteligencia Artificial de la virtualidad, destila todo el mensaje de la inteligencia no católica artificiosamente elaborada. Y cuando me refiero a “artificial” lo que quiero decir es que al tratarse de invenciones humanas, no responden a la inteligencia católica querida por Dios mismo.

Acostumbro a leer las encíclicas papales, y no sin congoja y dolor efectuó comentarios como los siguientes, y que bien preferiría no tener que hacerlos.

2.Sinodalidad por doquier

El Papa León XIV lejos de apartarse de la “sinodalidad”, la apoya, la impulsa, la tiene como norma de seguimiento: “Orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último” (Punto 10).

“En esta perspectiva se inscribe también la insistencia de Francisco en una Iglesia sinodal, una Iglesia en la que se ‘camina juntos’, que busca leer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio y se deja evangelizar por los pobres con quienes comparte la historia” (Punto 42).

“Francisco relanza en Fratelli tutti el sueño de una humanidad capaz de optar por la amistad social y la fraternidad universal. Propone la cultura del encuentro, una ‘mejor política’ capaz de buscar el bien común, caminos de reconciliación y un mundo que garantice «tierra, techo y trabajo para todos»” (Punto 44).

Sobre todo el naturalismo que destilan los puntos citados volveré más luego.

3.El infaltable y abominable falso ecumenismo

Ven cómo machacan. Hasta en letras sobre IA lo hacen aparecer al falso ecumenismo. Veamos algunos pasajes sobre ello: “A cada uno corresponde su tramo de muralla: científicos e investigadores, empresarios y trabajadores, educadores y legisladores, sociedad civil, movimientos populares y comunidades de fe” (Punto 13)

Otra: “La Iglesia —junto con las demás confesiones cristianas y los creyentes de otras religiones— debe hacer oír su voz no para dominar, sino para servir a la comunión” (Punto 27).

4.El escándalo diabólico de los Papas liberales, cifrado en el llamado “Espíritu de Asís” practicado por Juan Pablo II

“Al rechazar la lógica de la violencia, el diálogo entre las religiones tiene un papel decisivo, porque en el centro de los grandes caminos espirituales se encuentra un mensaje de paz. [199] Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra traiciona su rostro; luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma. [200] El “espíritu de Asís”, promovido por san Juan Pablo II y continuado en el compromiso del Papa Francisco —por ejemplo, en el diálogo con el Gran Imán de al-Azhar—, muestra que los creyentes pueden volver a beber de las fuentes más auténticas de sus tradiciones espirituales, donde no hay lugar para el odio sacralizado” (Punto 223).

5.El invento de Dignitatis Humanae

“El Concilio Vaticano II marcó un punto de inflexión en la forma en que la Iglesia se entiende a sí misma en el mundo contemporáneo. En la Constitución pastoral Gaudium et spes nos presentó la imagen de una Iglesia cercana a la humanidad, comprometida con el mundo y dedicada a reflexionar no a partir de esquemas abstractos, sino de la realidad concreta de las situaciones históricas (…). En este horizonte se inscribe también la Declaración Dignitatis humanae, en la que el Concilio reconoce que la libertad religiosa es un derecho fundamental arraigado en la dignidad de la persona, que debe ser garantizado por el ordenamiento jurídico para que nadie sea obligado a actuar en contra de su conciencia ni impedido de buscar y profesar la verdad en privado y en público” (Punto 34).

Recuerdo que llama libertad religiosa como derecho fundamental arraigado en la dignidad de la persona, el que cada uno pueda elegir el culto que desee, lo cual es invención nacida en Concilio Vaticano II, y que va contra la doctrina tradicional: el hombre tiene el deber y el derecho de abrazar solo la verdad.

6.Exaltación de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre

El pacto con el mundo que vino de la mano del Progresismo y de los Papas liberales que lo apoyaron y apoyan, no podía dejar de lado una declaración que, mínimamente, fue mentada punto por punto sobre los cimientos de la Revolución Francesa: “La Iglesia reconoce con gratitud que «el movimiento hacia la identificación y la proclamación de los derechos del hombre es uno de los esfuerzos más relevantes para responder eficazmente a las exigencias imprescindibles de la dignidad humana». Y, como afirmó san Juan Pablo II, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, proclamada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, continúa siendo en nuestros días una de las más altas expresiones de la conciencia humana. Esta es «una piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad». Por eso, en la perspectiva cristiana, los derechos humanos no son un añadido externo a la persona, sino una traducción histórica de su dignidad intrínseca, que la comunidad internacional está llamada a tutelar y promover” (Punto 54).

7.¿La ONU es esencial en la civilización del amor?

“Las organizaciones internacionales, en particular la ONU, siguen siendo instrumentos esenciales para promover una civilización del amor, al apoyar el diálogo entre las naciones, la solución pacífica de los conflictos, el desarrollo integral de los pueblos, la protección de las personas más vulnerables, el desarme y el cuidado de la creación. A través de estas instancias, la comunidad internacional puede tratar de reducir las desigualdades, defender los derechos de los refugiados y de las minorías, liberar recursos destinados al armamento para destinarlos a la promoción humana y proteger la Casa común. La Santa Sede apoya y acompaña este compromiso, aunque reconoce que la actual debilidad de la ONU y del sistema político internacional revela la necesidad de reformas profundas: no se trata sólo de ajustes técnicos, porque la crisis de convicciones y de valores afecta también a los fundamentos éticos de la vida de las naciones y dificulta orientar el multilateralismo hacia el verdadero bien común” (Punto 226).

8.Minorías

En el texto papal que se viene exponiendo, se toca el tema de las “minorías”, ejemplificándose con el tema de la mujer. Mas eso es solo un ejemplo. Y como muchos eclesiásticos (el Prefecto incluido) han sido complacientes con la ola del orgullo contranatura, la expresión consabida ya da pie a la confesión: “Junto a una mayor conciencia del valor de toda persona humana y de sus derechos, ha crecido también el reconocimiento de los derechos de las minorías” (Punto 57).

9.Acerca de la moderna concepción de “misión”

Quienes se hayan tomado el tiempo de leer el documento final del Sínodo de la Sinodalidad, habrán advertido la nueva concepción que sobre “misión” se ha realizado, una concepción amplísima, tan amplia que hasta concede “misión” a gentes pertenecientes a comunidades allende a la Iglesia Católica, y hasta se hizo notar en varios pasajes de ese documento que se tornaba imperioso unas actualizaciones canónicas en ese sentido. Y pensar que algunos silenciando estas innovaciones cuestionan la “misión” de la FSSPX.

“El bien común, en el ámbito eclesial, toma el rostro de un estilo sinodal para la misión al servicio del Reino. La Iglesia, en efecto, es «el sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión». Esto requiere atención al modo de tomar decisiones y de ejercer la responsabilidad. El Documento final del Sínodo identifica, entre las prácticas decisivas para la transformación misionera, la cultura de la transparencia, la rendición de cuentas y la evaluación” (Punto 86).

Por cierto, debe recordarse que esa “transformación misionera” tiene que ver con el haber dejado de lado el llamado “ecumenismo de retorno”, vale decir, el ir al otro para mostrarle la verdad católica y que deje el yerro del culto falso, y, en cambio, se sostiene ahora el que puede permanecer en su propio culto, “cada uno en su fe”, aseveró Francisco, “caminando juntos en la fraternidad universal”, aseveró Francisco.

“La adopción de un estilo sinodal” (Punto 89).

10.¿Participación en el acto divino?

Se lee en la Encíclica Magnifica Humanitas: “Hago un vehemente llamamiento a quienes desarrollan sistemas de IA. La innovación tecnológica puede ser, en cierto modo, una forma humana de participación en el acto divino de la creación. Los desarrolladores llevan, por tanto, un importante peso ético y espiritual, ya que cada elección de proyecto expresa una visión de la humanidad” (Punto 111).

La susodicha participación tiene su explicación en la teoría de Pierre Teilhard de Chardin: “La teoría de la unión creativa no es tanto una doctrina metafísica como una explicación empírica y pragmática del universo. Esta teoría surgió de mi necesidad personal de conciliar, dentro de los límites de un sistema rigurosamente estructurado, las concepciones científicas sobre la evolución (concepciones que aquí se aceptan como definitivamente establecidas, al menos en su esencia) con una tendencia innata que me ha impulsado a buscar la presencia de Dios, no al margen del mundo físico, sino a través de la materia y, en cierto sentido, en unión con ella.”

11.¿Relanzar el diálogo? ¿Qué diálogo?

Tanto que se habla de diálogo, sobradas muestras se tiene de la parcialidad de la afirmación. “Para construir la civilización del amor debemos ejercitar el diálogo” (Punto 219), lo que me lleva a preguntarme, ¿qué diálogo? Porque ya sabemos que a los seguidores de la integridad católica se les muestra los dientes y el látigo de la excomunión.

12.Un documento naturalista

A partir del punto 97 comienza propiamente a desarrollarse el tema de la IA. Mas, por lo que puedo colegir, diría que estamos frente, como mínimo, a un compendio de pautas de corte naturalista en miras a alcanzar el cuidado de la ‘Casa común’. Lisa y llanamente un ideal masónico. El punto 110 me resulta concluyente, y podría decirse que el ecologismo es ahora el gran principio abarcador dirimente, tan grande que hasta la ética parece quedar por debajo: “La tarea, hoy, no es sólo ética o técnica; es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra Casa común. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora.” Y advierto lo siguiente: del naturalismo uno no se desliga invocando expresiones teológicas como “Cristo”, “gracia”, “fe”, “trascendencia”, “el Magnificat”, cuando todo ello no parece implicar más que cuestiones para lograr una fraternidad universal mejor. Derechamente el Punto 129 nos hace aparecer el “El humanismo cristiano”, aquel inventado por el filósofo francés, Jacques Maritain, y que el sacerdote argentino, el R.P. Julio Meinvielle, desenmascaró con intrepidez y lucidez egregia, produciendo la agitación, el alboroto, el enojo, la irritación y numerosas contestaciones del pensador de Francia de fama mundial, el cual, diciendo refutar la desenmascarada no hacía más que probar sus errores. Puesto el humano como centro, más bien todo irá a parar a ver si, en definitiva, el progreso tiene miras humanas o inhumanas.

Del naturalismo apuntado nos da cuenta también lo siguiente: “No se trata ciertamente de oponerse a la inteligencia, sino de recordar que, cuando se repliega en sí misma, olvida que ha sido hecha para servir a la vida y a la persona humana” (Punto 113); “en la misma experiencia del límite, sigue siendo capaz de intuir una fraternidad más grande que él mismo y de reconocer la injusticia como escándalo. La cultura y el arte, cuando son auténticos, custodian esta chispa, impidiendo la normalización del mal. De ese modo, algunas obras han asumido un valor casi profético: la Novena Sinfonía de Beethoven como deseo de unidad; Guernica como denuncia de la deshumanización; La lista de Schindler como una invitación a no entregar el pasado al olvido” (Punto 122); “La historia no se presenta sólo como el catálogo de nuestras acciones violentas, sino también como la prueba de que el ser humano sabe fundar instituciones capaces de proteger la vida común. En los últimos dos siglos lo vemos en algunos acontecimientos emblemáticos: el nacimiento del Comité Internacional de la Cruz Roja (1863), cuya neutralidad operativa garantiza un cuidado compasivo para todos; el largo proceso que ha llevado a la abolición de la esclavitud, que no ha sido un simple cambio jurídico, sino una transformación de la conciencia; la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (1945) y la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), que han fijado un lenguaje común para decir, al menos como ideal compartido, que la dignidad es universal; la Convención sobre los refugiados (1951), que reconoce un deber de protección hacia los que huyen de persecuciones y amenazas” (Punto 123); “Algunos acontecimientos ayudan a ver que la historia puede cambiar cuando al menos un solo hombre o una sola mujer se toma realmente en serio la dignidad de todos: el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos de América, vinculado al testimonio de Martin Luther King Jr., o el fin del apartheid en Sudáfrica después de la liberación de Nelson Mandela y su decisión de no poner el futuro en manos del odio. En diversos contextos se han distinguido además mujeres valientes y generosas como santa Laura Montoya, santa Teresa de Calcuta, Dorothy Day, Maria Skłodowska-Curie, Maria Montessori, Elisabeth Elliot, Wangari Maathai, Benazir Bhutto y tantas otras de todos los continentes, que con su esfuerzo han contribuido a hacer más humana la historia” (Punto 124).

13.Naturalismo y democracia

Completando un poco más el panorama tocado anteriormente, hallamos vinculadas las cuestiones de “verdad” con la de la “democracia” (Punto 134), esta última, desde luego, no es otra que la de la Revolución Francesa. Aquí el naturalismo propone un imposible, y es el de pretender que puede haber un reinado de la verdad en dicha democracia, cuando, por su misma esencia, la Revolución es enemiga de la verdad. El escrito ahora tiene preocupaciones de si “la vida democrática se debilita” (Punto 134).

14.El perdón es ahora para con la ‘Dignidad Humana’

Se pide perdón ahora a la dignidad humana. Así las cosas, leemos en “Magnifica Humanitas”: “Si no queremos pedir perdón en el futuro por no haber sido fieles al tesoro de la dignidad humana que contiene nuestra fe” (Punto 177).

15.Naturalismo y ‘Civilización del amor’

La civilización del amor no es ya la Iglesia Católica, único y verdadero reino del amor, sino que tal civilización será la que alcance aquí una buena convivencia y la paz, la paz de los ‘Derechos humanos’: “Vislumbramos a gran parte de la humanidad que trata de seguir siendo humana y de esforzarse por construir la ciudad de la convivencia y la paz. De ella, todos somos a menudo artífices inconscientes y arquitectos desunidos, capaces de gestos generosos pero carentes de una visión de conjunto: es una construcción más lenta, menos visible y menos llamativa, que espera ser mejor comprendida y más coordinada, para convertirse así en el compromiso consciente y articulado de cada comunidad, desde la familia hasta el gobierno de los estados y sus relaciones. Es a este horizonte de compromiso, a esta obra de esperanza, al que damos el nombre de ‘civilización del amor’ (Punto 185).

16.¿Superación de la teoría de la guerra justa?

“Hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la ‘guerra justa’, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto. La humanidad cuenta con instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón. El recurso a la fuerza, a la violencia y a las armas testimonia una pobreza relacional que siempre tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles” (Punto 192).

Es utópico sostener la superación de la teoría de la guerra justa fundado en lo que debería ser el mejor trato humano: es fácil recordar que la humanidad cuenta con instrumentos eficaces de superación de obstáculos, pero los dichos son una cosa y los hechos otra. Quizá la mayor utopía sea pretender que estos son tiempos de civilizaciones avanzadas en humanidad, cuando, en verdad, si bien se mira, brillamos altamente por la decadencia moral y la apostasía (esto último en grados insospechados).

Valga recordar que en esta “humanidad que cuenta con instrumentos eficaces y capaces de promover la vida humano para afrontar conflictos”, miles y millones de bebitos no nacidos mueren en los genocidios tenidos por ley en todos los países del mundo (Argentina incluida).

17.¿La Iglesia Católica no levanta la bandera de ser poseedora de la verdad?

Se le hace decir a la Iglesia cosas que, guste o no guste, son de siembre y cosecha personal por muy encumbrado que se encuentre el eclesiástico. Se dirá en ‘Magnifica Humanitas’: “He reiterado que la Iglesia «no quiere levantar la bandera de la posesión de la verdad», porque la verdad no es un territorio que hay que defender, sino un bien que hay que compartir” (Punto 25); esto no es lenguaje católico. La Iglesia Católica es depositaria de la verdad, y como está en la verdad y la verdad está en Ella, condena el error. Quien condena el error levanta la bandera de la verdad. Así lo hizo siempre la Esposa Inmaculada del Cordero, por siglos, condenando las herejías que fueron apareciendo.

Las herejías son ofensas que se hacen contra Dios, por eso la Iglesia nunca se quedó de brazos cruzados. No está demás memorar las palabras de San Juan Crisóstomo: «Siempre será digno de alabanzas el que el hombre soporte con paciencia las propias injurias y mortificaciones de la vida diaria y no reaccione como una fiera. Por el contrario, será de suma impiedad tolerar pacientemente las injurias y las ofensas hechas contra Dios».

18.Conclusión

Magnifica Humanitas me habla de “la otra inteligencia artificial”, la más peligrosa, la pseudorreligiosa, la que no se muestra, la silenciada, la que verdaderamente deja inerme al alma humana, de ahí que quise hablar de eso.

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El pasado domingo se celebró Pentecostés. Entre los siete dones del Espíritu Santo se halla la inteligencia o entendimiento, del cual nos dice Santo Tomás de Aquino: “El nombre de entendimiento implica un conocimiento íntimo. Entender significa, en efecto, algo como leer dentro. Esto resulta evidente para quien considere la diferencia entre el entendimiento y los sentidos. El conocimiento sensitivo se ocupa, en realidad, de las cosas sensibles externas, mientras que el intelectual penetra hasta la esencia de la realidad, su objeto: lo que es el ser, como enseña el Filósofo en III De An. Ahora bien, las cosas ocultas en el interior de la realidad, y hasta las cuales debe penetrar el conocimiento del hombre, son muy variadas. Efectivamente, bajo los accidentes está oculta la naturaleza sustancial de las cosas; en las palabras está oculto su significado; en las semejanzas y figuras, la verdad representada. En otro plano distinto, las realidades inteligibles son, en cierto modo, íntimas respecto a las realidades sensibles que percibimos exteriormente, como en las causas están latentes los efectos, y viceversa. De ahí que, en relación a todo eso, puede hablarse de acción del entendimiento. Y como el conocimiento del hombre comienza por los sentidos, o sea, desde el exterior, es evidente que cuanto más viva sea la luz del entendimiento, tanto más profundamente podrá penetrar en el interior de las cosas. Pero sucede que la luz natural de nuestro entendimiento es limitada, y sólo puede penetrar hasta unos niveles determinados. Por eso necesita el hombre una luz sobrenatural que le haga llegar al conocimiento de cosas que no es capaz de conocer por su luz natural. Y a esa luz sobrenatural otorgada al hombre la llamamos don de entendimiento” (Suma Teológica, Parte II-IIae – Cuestión 8, art. 1).

En estos tiempos de tanta confusión, se digne el Divino Espíritu iluminar nuestras inteligencias.

Tomás I. González Pondal

jueves, 4 de junio de 2026

El Vaticano vende una hagiografía de Sánchez a periodistas de todo el mundo



Conviene empezar por explicar de qué hablamos, porque el asunto nace de un trámite gris y termina en algo muy parecido a una toma de partido. Cada viaje apostólico arrastra una costumbre poco conocida fuera del oficio: la Oficina de Prensa de la Santa Sede entrega a los periodistas acreditados un dossier de trabajo, elaborado por el Dicasterio para la Comunicación, que reúne cuanto el corresponsal pueda necesitar para cubrir la gira. Programa de actos, contexto religioso del país, datos históricos y, cómo no, retratos de las autoridades con las que el Papa se va a ver. Es material de cocina, no concebido para publicarse, pero que cumple una función decisiva y silenciosa: fija de antemano el marco con el que las redacciones de medio mundo van a leer todo lo que ocurra sobre el terreno. Quien escribe ese dossier escribe la primera impresión. Y en periodismo la primera impresión es casi siempre la única que cuaja.

Lo ha revelado María Rabell García, corresponsal en Roma de El Debate, y el dato merece quedar fijado con todas sus letras, porque es la clave del escándalo: el cuadernillo que la Santa Sede ha repartido para el viaje de León XIV a España, del 6 al 12 de junio, no lo van a leer cuatro vaticanistas españoles de misa diaria. Lo van a leer los enviados especiales de los grandes medios de todos los países relevantes del planeta, embarcados literalmente en el avión papal o desplegados sobre el terreno. Es la audiencia más amplia y más influyente que existe para fijar la imagen de un gobernante. Y a toda ella, en bloque, con el sello de la Iglesia y por adelantado, la Santa Sede le ha entregado una semblanza de Pedro Sánchez redactada en el tono de un panfleto de propaganda. No de una ficha informativa. De propaganda pura. El Vaticano ha decidido lavarle la cara al autócrata Sánchez ante la prensa del mundo entero, blanqueárselo en la única tribuna que ningún jefe de prensa de la Moncloa podría comprar jamás. Esa es la noticia. Y es de una gravedad que no admite eufemismo, rebaja ni contexto atenuante.

Porque para un español que conoce el percal, leer ese folleto no es leer un perfil: es asistir a una traición. La Santa Sede no describe a un presidente; blanquea a un autócrata. A un autócrata sometido a un cerco judicial sin precedentes en la democracia española, cuyo entorno más íntimo —su número dos en el partido, su exministro de confianza, su propio hermano, su mujer— desfila por los juzgados, y cuyo método de gobierno ha consistido, sin disimulo, en colonizar las instituciones, fundir el Estado con el partido, indultar a sus socios, amordazar a los contrapesos y tratar a la Justicia y a la prensa libre como enemigos a abatir. A ese personaje, y no a otro, el aparato comunicativo de la Iglesia lo presenta al mundo entero como un reformador progresista impecable, víctima de injusticias ajenas. Lo hace, además, en vísperas de una visita en la que el Papa pisará un país donde millones de católicos —los que llenan las iglesias que León XIV viene a abarrotar— resisten precisamente el proyecto de ese hombre, sufren su hostilidad y pagan su factura. Que Roma elija justo este momento para darle lustre internacional no es torpeza, ni descuido, ni neutralidad mal entendida: es alistamiento. La Santa Sede se ha puesto del lado del poder y contra los suyos. Y para el católico español que resiste, eso tiene un nombre exacto: la Iglesia le ha disparado por la espalda.


El texto se cubre las espaldas antes de empezar, y conviene leer la cláusula entera, porque se delata sola. Dice, en su original italiano, que el folleto «es un instrumento de trabajo del Dicasterio para la Comunicación, que integra informaciones de diversa naturaleza y procedencia, y no tiene carácter oficial». Y acto seguido aclara para qué sirve esa coletilla: «Eventuales diferencias con el desarrollo efectivo del Viaje Apostólico no han de considerarse «noticias» de relieve». Léase despacio, porque ahí está la trampa al descubierto: la advertencia está pensada para cubrir cambios de horario y de programa, no para amparar un retrato político. El propio documento confiesa el alcance de su descargo, y ese alcance no llega ni de lejos a una semblanza laudatoria de un jefe de Gobierno. Que un acto empiece diez minutos tarde no tiene carácter oficial; que el órgano de comunicación de la Santa Sede afirme que Sánchez «ha relanzado los derechos sociales en España» y lo reparta con su sello a los corresponsales del mundo entero, sí lo tiene, lo niegue o no una nota a pie de página. La cláusula no describe el documento: lo exonera. Y exonerarse por adelantado es la confesión de que alguien, dentro del aparato, sabía que el contenido no resistiría ser firmado. Se redacta la coartada antes que el delito.

Porque el contenido es indefendible. Según recoge El Debate, el documento describe a Sánchez como el dirigente que ha «relanzado el crecimiento económico y los derechos sociales en España». Conviene traducir qué son, en el currículum real del personaje, esos «derechos sociales» que el Vaticano celebra sin pestañear. Son, señaladamente, la ley de eutanasia —la primera de la democracia española— y la campaña, hoy en curso, para inscribir el aborto como «derecho constitucional» y blindarlo frente a cualquier mayoría futura. No se trata de un reproche ideológico de parte: es una contradicción documental flagrante. El mismo aparato eclesial que en 2024 promulgó Dignitas infinita —donde la eutanasia y el aborto figuran nominalmente entre las violaciones graves de la dignidad humana— reparte ahora por el mundo un texto que presenta exactamente esas dos políticas como un logro de gestión que cabe aplaudir. No hay hermenéutica que cierre esa grieta. O Dignitas infinita dice lo que dice, o el dicasterio que debería custodiar su doctrina la contradice en papel timbrado y a treinta mil pies de altura. Las dos cosas a la vez son imposibles, y el folleto obliga a elegir. El Vaticano ha elegido, y ha elegido al verdugo de la dignidad por encima de la doctrina que dice custodiar.

Hay más, y peor, porque el elogio convive con un silencio escogido con mano de cirujano. El Gobierno de Sánchez se ha distinguido por sus ataques recurrentes a la Iglesia española, casi siempre empuñando el argumento de los abusos como ariete: comisiones, informes, cifras infladas y un relato político que ha convertido la pederastia clerical en munición contra la institución. De todo eso, en la semblanza, no hay rastro. El dicasterio que debería ser el primero en conocer ese historial —porque lo ha sufrido en su propia casa— lo omite por completo y retrata al adversario como un estadista modélico. La Iglesia no solo bendice a quien la golpea: le redacta la nota de prensa, se la traduce y se la reparte a la corresponsalía internacional para que el mundo aplauda al verdugo. Es difícil imaginar una servidumbre más abyecta ni una rendición más completa.

La pieza alcanza su punto más revelador —y más indefendible— cuando administra las culpas, porque el folleto no calla la corrupción: la reparte con un criterio inequívoco. Menciona, con todas las letras, el «caso Gürtel» como un «escándalo de corrupción y fondos negros» que afectó al Partido Popular, y atribuye la actual «fuerte crisis de consenso» de Sánchez al escándalo del rescate de Plus Ultra, «que involucra al expremier socialista José Luis Rodríguez Zapatero, investigado por organización criminal, falsedad y tráfico de influencias». Toda la corrupción del relato tiene, pues, dueño, y el dueño es siempre otro: el PP y Zapatero. Del cerco judicial que rodea al propio Sánchez —su número dos en el partido, su exministro de confianza, su hermano, su mujer, todos transitando los juzgados— no hay una sola línea. Es más: el documento nombra a Begoña Gómez una única vez, y lo hace para presentarla como «empleada en una ONG», sin el menor rastro de su condición de investigada. No estamos, por tanto, ante un pudor general frente a los tribunales, sino ante una limpieza dirigida: se citan, e incluso se detallan, los casos que dañan a los rivales, y se borran sin excepción los que apuntan al protagonista. Eso no lo hace un perfil informativo: lo hace un gabinete de imagen. Y que el gabinete sea, en este caso, el Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede no atenúa la maniobra: le presta una autoridad moral que ningún jefe de prensa de la Moncloa podría comprar con dinero.

El apartado migratorio cierra el cuadro y desnuda su lógica. El documento elogia la política de inmigración de Sánchez como herramienta «para sostener el sistema de bienestar» y subraya, según El Debate, que «recientemente ha regularizado a medio millón de inmigrantes» frente al envejecimiento demográfico. Repárese en la antropología que late ahí, porque es exactamente la inversa de la que la Iglesia dice profesar: el inmigrante no aparece como persona dotada de dignidad inviolable, sino como insumo para cuadrar la pirámide poblacional y pagar pensiones. Es, palabra por palabra, la reducción utilitarista del ser humano que el magisterio asegura combatir. Y no es un desliz inocente, porque el propio cabasario, al describir las etapas canarias del viaje, coloca a Cáritas en el centro de la escena: es la entidad que, según el texto, «socorrió a los náufragos» en el puerto de Arguineguín, y su director diocesano figura entre quienes recibirán al Papa. La misma Iglesia que gestiona sobre el terreno la acogida —con una red de entidades de matriz eclesial o concertada que viven de fondos públicos atados a esa acogida— es la que, en el mismo folleto, aplaude la regularización que alimenta esa red. El entusiasmo por el «medio millón de inmigrantes» regularizados no es, pues, una opinión desinteresada flotando en el vacío: tiene destinatarios materiales con nómina. Que esa instrumentalización venga firmada —perdón, no firmada— por el Vaticano debería incomodar sobre todo a quienes invocan la dignidad del migrante únicamente cuando sirve para descalificar al adversario interno.

Queda el gesto geopolítico, por si faltaba color al conjunto. El presidente es «aclamado», dice el texto, «por no haber expresado ningún temor reverencial» ante la administración Trump. La Santa Sede, que ha hecho de la equidistancia diplomática una doctrina casi dogmática, reparte aquí a la prensa internacional una valoración abiertamente partidista de un jefe de Gobierno frente a un jefe de Estado extranjero. Lo de menos es si uno comparte la pulla a Trump; eso es legítimo discutirlo en una tribuna. Lo grave es el quién y el dónde: una alineación geopolítica explícita, colada en el material de trabajo que la Iglesia entrega a los periodistas como si fuera un dato objetivo más.

Conviene recordar, llegados aquí, quién responde de todo esto, porque no hay difuminar la responsabilidad en una niebla institucional. Para empezar, el libretto no es anónimo: lleva firma. Está «realizado por» una redactora con nombre y apellidos, bajo el sello del Dicasterium pro Communicatione, lo que descarta de raíz la excusa del descuido impersonal o del becario despistado. Detrás hay una mano concreta y, sobre ella, una cadena de mando que culmina en el Dicasterio para la Comunicación —el que aún dirige Paolo Ruffini hasta que el próximo noviembre lo releve la laica Montserrat Alvarado—, que ha puesto en manos de los corresponsales de medio planeta el relato con el que esos periodistas interpretarán cada gesto de los próximos días. Y tampoco es un exceso de un funcionario suelto: el propio Pontífice recibió a Sánchez en el Palacio Apostólico el pasado 27 de mayo, días antes de emprender el viaje, según consigna el mismo documento. No es un detalle logístico ni una torpeza: es la fijación del marco, hecha desde el centro mismo del aparato vaticano. Cuando León XIV y Sánchez se reúnan el lunes en Madrid, buena parte de la sala ya habrá leído que tiene delante a un reformador progresista, defensor de derechos sociales y acosado injustamente por causas que no son suyas. El encuadre no lo impuso la Moncloa: lo regaló la propia Iglesia, gratis y por adelantado, a escala global.

Y ahí está el verdadero escándalo, que no es de protocolo sino de coherencia, y la coherencia es lo único que sostiene la credibilidad de una institución que pretende hablarle al mundo en nombre de una verdad. Un pontificado que se llena la boca con la dignidad humana consiente que su aparato comunicativo canonice de a bordo, ante el periodismo de medio planeta, a un autócrata que ha legislado contra esa dignidad y ha hecho de la Iglesia española un adversario al que apalear. No es un patinazo: es una elección. 

La maquinaria que custodia el mensaje de la Iglesia ha decidido a quién sirve, y no sirve a los fieles que la llenan ni a la verdad que dice guardar: sirve al poder, al poder concreto que hoy gobierna España contra ellos. Y luego, cuando el bochorno asoma, se escuda en que el folleto no es suyo. Esa cláusula —«no tiene carácter oficial»— es lo único honesto del documento: reconoce, sin querer y a su pesar, que ni la propia Santa Sede se atreve a firmar lo que ha escrito. Lo escribe, lo reparte por el mundo y lo desfirma. Sabe lo que hace, sabe a quién favorece y sabe que está mal. Por eso no lo firma. A los españoles que estos días esperan al Papa con el corazón abierto, Roma les manda este recado en la maleta de los periodistas: vuestro verdugo nos cae bien.

La FSSPX lanza «Traditio», una serie documental sobre su apostolado en el mundo



La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) ha anunciado el lanzamiento de Traditio – For the Love of the Church («Traditio – Por amor a la Iglesia»), una nueva serie documental que presenta la vida y el apostolado de sus sacerdotes en distintos lugares del mundo. El proyecto, desarrollado durante dos años, constituye la producción cinematográfica más ambiciosa realizada hasta la fecha por la congregación fundada por monseñor Marcel Lefebvre.

Según ha informado la Casa General de la FSSPX, la serie busca mostrar la actividad actual de la Fraternidad a nivel internacional y dar testimonio de su apego a la Iglesia católica y al Sucesor de Pedro. La producción ha sido realizada entre junio de 2024 y mayo de 2026 por dos jóvenes estudiantes de Suiza y Alemania en colaboración con la Casa General de la congregación.
Tres documentales sobre la vida sacerdotal

Traditio está compuesta por tres largometrajes que suman más de cuatro horas de duración. Cada entrega aborda un aspecto distinto de la vida y la misión de la Fraternidad, teniendo como hilo conductor la figura del sacerdote católico.

La primera parte, titulada A Work of Faith («Una obra de fe»), se estrenará el 7 de junio y está dedicada al sacerdocio católico, la historia de la Fraternidad y la formación impartida en sus seminarios internacionales.

La segunda entrega, A Work of Hope («Una obra de esperanza»), prevista para el 14 de junio, se centra en la labor misionera desarrollada por la Fraternidad en África, Asia y el Caribe.

La tercera y última parte, A Work of Charity («Una obra de caridad»), verá la luz el 21 de junio. En ella se muestra la vida litúrgica de la congregación durante la Semana Santa y el tiempo pascual, junto con el trabajo pastoral de sus sacerdotes en Europa y América.
Estreno mundial en Suiza

La presentación oficial de la serie tuvo lugar el pasado 28 de mayo en la localidad suiza de Frick, ante cerca de 170 invitados. Entre los asistentes se encontraban el superior general de la Fraternidad, el padre Davide Pagliarani, y quien ocupó ese cargo entre 1983 y 1994, el padre Franz Schmidberger.

Ambos sacerdotes dirigieron unas palabras al público durante el estreno de una producción que la propia Fraternidad considera el proyecto audiovisual más importante de su historia.
La presencia internacional de la Fraternidad

Con esta nueva serie documental, la Fraternidad busca ofrecer una visión de conjunto de su actividad pastoral y misionera, así como acercar al público la vida cotidiana de sus sacerdotes y comunidades en distintos lugares del mundo.

La producción se difundirá en tres partes a lo largo del mes de junio y estará disponible a través de los canales oficiales de la Fraternidad.

viernes, 29 de mayo de 2026

¿QUÉ PASA EN LA IGLESIA? #119 PADRE JORGE GONZÁLEZ GUADALIX.



DURACIÓN 35:16


EMPEZAMOS EN ROMA 

ESPAÑA 

1. Beatificación mártires de Santander 

2. Barcelona. Protestas por la visita del papa 

3. Oportunidad de la visita del papa 

MUNDO 

4. Magnifica humanitas 

5. El secreto de Carlo Acutis 

6. Rosario por la conversión de los jóvenes 

7. Evangelizar a los musulmanes 

8. El cardenal Müller antes las ordenaciones de la FSSPX

Cope se inventa un entrecomillado de Magnifica Humanitas




La radio de la Conferencia Episcopal Española presentó uno de los pasajes de la encíclica Magnifica Humanitas, asegurando que el Papa León XIV «desmonta» el concepto de guerra justa; acompañando esa afirmación con una cita entrecomillada: «No existe guerra justa».

La cuestión puede parecer menor, pero resulta especialmente relevante cuando se trata de un documento magisterial llamado a orientar el debate teológico y moral de los próximos años. Una cosa es interpretar el sentido de un texto; otra muy distinta es atribuir al Papa unas palabras que nunca escribió.

Lo que dice realmente la encíclica

La referencia aparece en el número 192 de Magnifica Humanitas, dentro de un capítulo dedicado a la creciente normalización de la guerra en la cultura contemporánea.

Tras denunciar el rearme de numerosos países, la pérdida de la memoria histórica de las tragedias del siglo XX y el papel de las redes sociales y los algoritmos en la polarización de las sociedades, León XIV escribe:
«Hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la “guerra justa”, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto».
La formulación es significativa.

El Papa no escribe que «no existe guerra justa». Tampoco afirma que toda forma de defensa armada sea inmoral. Lo que sostiene es que la teoría de la guerra justa ha sido utilizada con demasiada frecuencia para legitimar conflictos y que la humanidad dispone hoy de instrumentos más adecuados para afrontar las crisis internacionales, como la diplomacia, el diálogo o el perdón.

La frase, además, aparece dentro de una reflexión más amplia sobre la propaganda, la desinformación y la construcción cultural de la guerra como instrumento ordinario de la política.

El Catecismo sigue ahí

El problema de algunas lecturas apresuradas —incluida la difundida por COPE en redes sociales— es que presentan el texto de León XIV como si cancelara de un plumazo toda la tradición moral católica sobre la legítima defensa. Pero el Catecismo sigue ahí.

La doctrina de la guerra justa no nació para justificar guerras, sino para limitarlas. Desde san Agustín hasta santo Tomás de Aquino, la reflexión cristiana intentó establecer criterios morales capaces de impedir que el recurso a la fuerza quedara abandonado a la pura ley del más fuerte.

Esa tradición sigue recogida en el Catecismo de la Iglesia Católica.

El número 2265 recuerda que quienes tienen responsabilidad sobre la vida de otros poseen no solo el derecho, sino también el deber de protegerlos. Y el número 2309 establece las condiciones que deben concurrir para que una defensa armada pueda considerarse moralmente legítima: que exista un daño grave, duradero y cierto; que hayan fracasado los medios pacíficos; que existan posibilidades fundadas de éxito; y que el uso de la fuerza no provoque males mayores que los que pretende evitar.

La Iglesia nunca ha enseñado un pacifismo absoluto que obligue a los inocentes a dejarse exterminar. Ha enseñado que la guerra es siempre un mal gravísimo y que únicamente puede contemplarse la defensa armada bajo condiciones extraordinariamente restrictivas.

Por eso resulta difícil sostener que León XIV haya querido abolir de forma expresa toda esta tradición cuando el propio texto conserva explícitamente la referencia al derecho de legítima defensa.

Lo que dicen Czerny y Staglianò

Las primeras interpretaciones vaticanas de este pasaje han llegado de la mano del cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, y de monseñor Antonio Staglianò, presidente de la Academia Pontificia de Teología.

Ambos consideran que León XIV está impulsando una revisión profunda de la manera en que la Iglesia aborda hoy la cuestión de la guerra. Sin embargo, ninguno de los dos sostiene que toda defensa armada sea ilegítima.

Czerny reconoció expresamente que quien es agredido conserva el derecho a defenderse. De hecho, propuso una distinción significativa: «No hablaría de guerra justa. Hablaría de defensa justa».

Por su parte, Staglianò interpreta que las condiciones tecnológicas actuales han erosionado los criterios clásicos de proporcionalidad sobre los que descansaba la teoría tradicional. Según su análisis, la capacidad destructiva de los conflictos modernos hace cada vez más difícil aplicar los límites que históricamente pretendían contener la guerra.

Sin embargo, también él insiste en que la legítima defensa sigue siendo reconocida por la encíclica, aunque entendida «en el sentido más estricto».

Las declaraciones de ambos muestran que incluso dentro del Vaticano el debate se está planteando en términos mucho más matizados de lo que sugieren algunos titulares.

Un debate más complejo de lo que parece

La cuestión de fondo no es si la Iglesia bendice la guerra. No lo hace. Tampoco si León XIV desea reforzar una cultura de paz. Evidentemente sí.

La verdadera discusión es otra: cómo proteger a los inocentes cuando existe una agresión grave e injusta y han fracasado todos los medios pacíficos.

Esa pregunta no es teórica. Afecta a situaciones reales donde comunidades enteras sufren ataques, persecuciones o campañas sistemáticas de violencia. Y es precisamente ahí donde la doctrina clásica de la legítima defensa ha desempeñado históricamente un papel central dentro de la moral católica.

Lo que plantea Magnifica Humanitas es que la teoría de la guerra justa ha sido utilizada con demasiada frecuencia para legitimar conflictos que terminan alejándose de los límites morales que originalmente pretendía imponer. Pero eso no equivale necesariamente a negar toda posibilidad de defensa armada.

Entre la interpretación y la cita

Puede sostenerse que León XIV está llevando más lejos que sus predecesores la crítica a la teoría clásica de la guerra justa. Puede defenderse también que la encíclica abre una nueva etapa en la reflexión católica sobre la guerra y la paz.

Pero convertir esa reflexión compleja en un entrecomillado que nunca aparece en el texto no ayuda a comprender el documento. Más bien simplifica hasta deformar una cuestión doctrinal seria.

Interpretar ese desarrollo doctrinal es legítimo. Convertirlo en una cita textual que nunca aparece en la encíclica es otra cosa. El rigor en las citas debería ser una exigencia básica, especialmente para un medio de comunicación perteneciente a la propia Conferencia Episcopal Española.

jueves, 28 de mayo de 2026

El problema metafísico subyacente a Magnifica humanitas




La primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, ha sido presentada a la opinión pública el 25 de mayo en la nueva aula del Sínodo. El Papa ha querido imprimir un tono solemne al acto, participando personalmente. Estaba rodeado por tres cardenales, dos teólogas (una inglesa y otra congoleña) y el ateo Christopher Olan, cofundador de la empresa de inteligencia artificial Anthropic.

Magnifica humanitas ha aparecido el 25 de mayo, si bien está fechada el día 15 del mismo mes, coincidiendo con la fecha en que León XIII publicó Rerum novarum. Hace 135 años, el papa Gioacchino Pecci, dedicó su encíclica social a la revolución industrial de su tiempo. León XIV ha querido centrar la reflexión de la Iglesia en la revolución digital de nuestra época, poniendo el acento en la inteligencia artificial.

El regreso de la doctrina social de la Iglesia, arrinconada en los años posteriores al Concilio Vaticano II salvo por Centessimus annus (1991) de Juan Pablo II, ha de ser acogido con satisfacción. Eso sí, hay que tener presente que la doctrina social de la Iglesia es parte integral de la doctrina moral católica, y ésta a su vez posee un fundamento metafísico, ya que la moral se cimenta en el orden del ser. Como enseña Santo Tomás de Aquino, agere sequitur esse: el acto se deriva del ser. En consecuencia, el orden moral y social no se puede entender desligado de la naturaleza humana y su fin último (Suma teológica, I-II, q. 94, a. 2). Por esa razón, el padre Réginald Garrigou-Lagrange precisa que «los propios derechos del hombre se derivan de sus deberes para con Dios» (Doctor Communis, 2-3 (1949), p. 158), poniendo de relieve el principio metafísico de la doctrina social de la Iglesia.

La encíclica Rerum novarum de León XIII fue precedida por la Aeterni Patris del 4 de agosto de 1879, con la cual, un año después de su elección, el Sumo Pontífice quiso trazar la línea filosófica que habrían de seguir las escuelas católicas, proponiendo al Aquinate como único maestro intelectual de la Iglesia. León XIII estaba convencido de que la restauración del pensamiento por medio de la filosofía tomista tenía que preceder a la de la sociedad y ser su cimiento. Eminentes estudiosos católicos como Étienne Gilson (1885-1978) y Augusto del Noce (1910-1989) proponen leer las principales encíclicas leoninas desde esta perspectiva metafísica. En Aeterni Patris, el Papa sintetiza su programa cultural; en las encíclicas sucesivas, entre las que se cuentan Libertas praestantissimum, sobre la libertad humana (1888), Arcanum divinae sapientiae, sobre el matrimonio cristiano (1880), Humanum genus, sobre la Masoneria (1884), Immortale Dei, sobre la constitución cristiana de los estados (1885) y Sapientiae christianae, sobre los deberes del cristiano en la vida pública (1890), aplica los mismos principios a los diversos ámbitos de la vida individual y social.

Es indudable que León XIV obedece a nobles intenciones y a un amor sincero por la verdad. Sin embargo, a diferencia de los de León XIII, su documento manifiesta la ausencia de una sólida formación metafísica, con lo que corre el riesgo de que no se entiendan bien problemas complejos como el de la inteligencia artificial.

Después de afirmar que «hay que evitar el equívoco de equiparar esta inteligencia a la humana», plantea el problema de la siguiente manera: «Estos sistemas imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias (…) No residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio (…) No es la experiencia de quien se deja modelar por la vida y crece en el tiempo por medio de decisiones, errores, perdón y fidelidad; es más bien una adaptación estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior» (n.º 99).

Tiene razón el Papa al plantear el problema, pero no aclara por qué es imposible la equiparación entre inteligencia humana e inteligencia artificial. Según la filosofía tomista, el motivo no consiste principalmente en que la IA carece de emociones y relaciones y no tiene una memoria encarnada, sino en que le falta un alma racional y espiritual, principio intrínseco de las operaciones intelectivas. La enclíclica, por el contrario, formula la distinción entre el hombre y la IA en términos puramente fenomenológicos, el plano de la experiencia, la afectividad y la capacidad de relación, olvidando o ignorando que la diferencia definitiva es de orden ontológico.

Según Santo Tomás, el hombre no se puede reducir a un agregado de procesos materiales, porque el principio del conocimiento humano es incorpóreo y subsistente (Suma teológica, I, q. 75, a. 1). El intelecto humano no se limita a elaborar datos y reconocer esquemas; conoce lo universal (Suma teológica, I, q. 79, a. 6) y es capaz de abstraer de las imágenes sensibles conceptos inmateriales como el bien, la justicia o el propio Dios. Y de manera análoga, la voluntad no es un mecanismo de selección programada, sino un apetito racional capaz de raciocinio y de libertad (Suma teológica, I, q. 82, a. 1; ST, I, q. 83, a. 1).

En cambio, la inteligencia artificial carece de un principio intrínseco de conocimiento y de voluntad, pero actúa gracias a la inteligencia humana que la ha proyectado. De ahí que la diferencia entre el hombre y la máquina sea cuantitativa pero ontológica: el hombre conoce porque posee un intelecto espiritual y quiere porque posee una voluntad libre. Por el contrario, la máquina funciona porque ha sido construida con ese fin. Por eso, la inteligencia artificial más avanzada jamás podrá ser verdaderamente humana, pues le falta lo que para Santo tomás constituye el principio mismo del conocer y el querer auténticamente humanos: el alma racional y espiritual.

Estas observaciones pueden parecer abstractas desde el punto de vista filosófico, pero tienen importantes consecuencias en el plano moral y el social. La base metafísica de la doctrina social de la Iglesia remite al concepto cristiano del orden del ser, que entiende la historia del hombre a la luz de la creación, la caída y la Redención. En dicha perspectiva, la noción de pecado, sustancialmente ausente en la encíclica, no se puede reducir a una injusticia sociológica, sino que supone una transgresión de la Ley divina, implica una culpa, merece una pena y exige arrepentimiento y conversión. Con una hermosa expresión, el Papa afirma que «si el misterio de Dios-Amor es la fuente de la Doctrina social, su rostro más concreto lo contemplamos en Jesucristo, Verbo encarnado» (n.º 49). Pero Jesucristo no se encarnó para confirmar un ideal humanitario ni para promover una genérica fraternidad universal, sino para restablecer mediante la Redención del hombre y su reintegración al orden sobrenatural el orden que alteró el pecado (Suma teológica, III, q. 1, a. 2). Cuando este horizonte metafísico y sobrenatural es alterado, el cristianismo tiende inevitablemente a secularizarse y reducirse a una religión meramente horizontal y filantrópica cuyo objetivo ya no es la salvación de las almas y la reinstauración del orden cristiano, sino la simple gestión humanitaria de los problemas del mundo.

Magnifica humanitas abunda en buenas ideas y hay que considerarla una expresión autorizada del magisterio de León XIV, pero algunos aspectos de la filosofía y la doctrina social de la Iglesia que encara la encíclica para ser objeto de debate con el debido amor y respeto a la persona del Romano Pontífice y la institución del Papado.

Sánchez presume de afinidad con León XIV mientras exculpa a Zapatero y minimiza los casos de corrupción del PSOE




Pedro Sánchez compareció este miércoles ante la prensa tras su reunión con el Papa León XIV en el Vaticano proyectando una imagen de profunda sintonía entre el Gobierno español y el Pontífice. Pero la rueda de prensa terminó derivando rápidamente hacia otro asunto: la creciente presión judicial y política sobre el PSOE, las investigaciones que afectan al entorno socialista y la defensa cerrada que el presidente volvió a hacer de José Luis Rodríguez Zapatero.

“Yo creo que su voz es una brújula moral”, afirmó Sánchez al referirse al Papa León XIV, a quien elogió por “estar siempre del lado de los más débiles” y por promover “la empatía frente a la sinrazón y la ley de la selva”.

Durante su intervención, el presidente insistió repetidamente en la “sintonía” existente entre el Ejecutivo y la Santa Sede en asuntos como la inmigración, la inteligencia artificial, el multilateralismo o la política internacional.

Paz, pobreza e inteligencia artificial: los ejes de la reunión con el Papa

El líder socialista describió el encuentro con el Pontífice, que duró alrededor de 45 minutos, como una conversación “muy valiosa” celebrada “con una cierta sintonía”, articulada en torno a cinco grandes asuntos: la paz, la pobreza, la inteligencia artificial, la migración y las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia.

Sobre la guerra y la política internacional, Sánchez aseguró haber compartido con León XIV una defensa común de la paz “desde el diálogo, la diplomacia y la palabra”. “La paz no se construye con misiles, se construye con diálogo, con respeto a la legalidad internacional”, afirmó el presidente.

En materia social, destacó también la coincidencia con el Papa en cuestiones como la pobreza y la lucha contra el hambre. “Hoy el mundo gasta más en armas y menos en luchar contra el hambre”, lamentó Sánchez, reivindicando el aumento de la ayuda oficial al desarrollo por parte de España.

Uno de los ámbitos donde el presidente quiso subrayar una mayor afinidad con León XIV fue el relativo a la inteligencia artificial. Sánchez aseguró haber felicitado personalmente al Pontífice por dedicar su primera encíclica a “la dignidad humana en la era de la inteligencia artificial”, añadiendo que “ninguna tecnología es neutral” y defendiendo una IA “humanista” regulada desde el multilateralismo internacional.

La inmigración, uno de los puntos de mayor coincidencia

La cuestión migratoria ocupó también un lugar destacado en la comparecencia. “Es un asunto en el que la Iglesia Católica y el Gobierno de España tenemos una sintonía bastante elevada”, afirmó Sánchez, defendiendo una inmigración “ordenada” y vinculándola a la “prosperidad compartida”.

El presidente añadió además que León XIV tiene “una mirada sobre el fenómeno de la migración muy diferente” a la defendida por quienes apelan a las llamadas “prioridades nacionales”.

Sánchez aprovechó igualmente la comparecencia para reivindicar ante el cardenal Pietro Parolin los acuerdos alcanzados en los últimos años entre el Gobierno y la Iglesia, citando expresamente el sistema de reparación de víctimas de abusos y la resignificación del Valle de Cuelgamuros como ejemplos de “diálogo fructífero”.

Sánchez mantiene su apoyo total a Zapatero

Preguntado directamente por los informes judiciales y por las informaciones aparecidas en los últimos días sobre el expresidente socialista, Sánchez respondió sin matices: “Todo mi apoyo al presidente Zapatero”.

El jefe del Ejecutivo aseguró haber leído el sumario y afirmó no encontrar “motivos suficientes” para cambiar su posición.

Más adelante, volvió a insistir en la misma idea al afirmar que no veía “elementos” que justificaran modificar la postura ni del Gobierno ni del PSOE respecto a Zapatero.

Las declaraciones se producen en un contexto especialmente delicado para el socialismo español, marcado por investigaciones judiciales, actuaciones de la UCO y nuevas revelaciones sobre personas vinculadas al entorno del partido.

El presidente rebaja el impacto político de las investigaciones

A lo largo de la rueda de prensa, Sánchez trató de minimizar el impacto político de las investigaciones abiertas y defendió en varias ocasiones la estabilidad de su Gobierno frente a quienes piden elecciones anticipadas.

El presidente insistió en diferenciar entre un “registro” y un “requerimiento” judicial en la sede socialista, subrayando que el PSOE mantiene una “total y absoluta colaboración con la justicia”.

También aseguró que muchas de las informaciones conocidas responden a “rumorología”, “bulos” o “fake news”.

Al mismo tiempo, Sánchez defendió que ninguna de estas investigaciones “impugna en absoluto” la acción del Gobierno ni los logros económicos y sociales alcanzados durante los últimos años.

En varios momentos de la comparecencia, el presidente contrapuso las investigaciones judiciales con el crecimiento económico, la estabilidad política y la gestión de los fondos europeos, presentando la continuidad de la legislatura como una necesidad para España.

El Papa, integrado en el relato político del Gobierno

La rueda de prensa dejó además una imagen llamativa: la figura del Papa León XIV apareciendo constantemente integrada dentro del discurso político y programático del Gobierno.

Sánchez vinculó la primera encíclica del Pontífice sobre inteligencia artificial con las políticas impulsadas por España y la Unión Europea, aseguró compartir con el Papa una visión común sobre migración y paz internacional y llegó a presentar los acuerdos recientes entre el Gobierno y la Iglesia —incluida la resignificación de “Cuelgamuros”— como ejemplo de la buena relación existente con la Santa Sede.

Incluso cuando se le preguntó directamente si el Gobierno esperaba que la visita apostólica sirviera de respaldo a sus políticas, Sánchez respondió negándolo formalmente, aunque acto seguido defendió que la coincidencia entre las posiciones del Ejecutivo y las del Papa demostraba “el sentido común” de las políticas socialistas.

Chartres se consolida como símbolo del renacer católico en Europa



Más de 20.000 peregrinos recorrieron este año los cerca de cien kilómetros que separan París de Chartres en una nueva edición de la tradicional Pèlerinage de Chrétienté, una cita que vuelve a confirmar el vigor espiritual y humano de los ambientes vinculados a la liturgia tradicional en Europa.

El sacerdote tanzano Antonius Maria Mamsery, superior general de los Misioneros de la Santa Cruz, fue el encargado de celebrar la Misa solemne de Pentecostés durante la peregrinación y dejó un mensaje de esperanza sobre el futuro del catolicismo europeo. En declaraciones concedidas a AdVaticanum, el religioso definió Chartres como “la esperanza de Europa” y destacó especialmente la presencia masiva de jóvenes, familias numerosas y vocaciones sacerdotales.


Una juventud católica que sorprende en Europa

Uno de los aspectos que más impresionó al sacerdote africano fue precisamente la cantidad de niños y jóvenes presentes durante la peregrinación. Frente al panorama de secularización que atraviesa gran parte del continente, Mamsery aseguró haber encontrado en Chartres una realidad distinta a la habitual en muchas parroquias europeas.

El superior de los Misioneros de la Santa Cruz subrayó que las comunidades ligadas a la liturgia tradicional están atrayendo a numerosas familias jóvenes y pueden desempeñar un papel decisivo en el futuro religioso y cultural de Europa.

La peregrinación, marcada por largas caminatas, confesiones, rezos y cantos, fue presentada por el sacerdote como una manifestación concreta de renovación espiritual en una sociedad cada vez más dominada por el individualismo y la distracción tecnológica.


El crecimiento de la Misa tradicional en África

Mamsery, originario de Tanzania, también habló del creciente interés por la Misa tradicional en distintos países africanos. Según explicó, muchos fieles percibieron que “algo se había perdido” tras los cambios litúrgicos posteriores al Concilio y muestran hoy un renovado interés por la liturgia tradicional cuando tienen ocasión de conocerla.

El sacerdote aseguró recibir cada vez más solicitudes de jóvenes procedentes de países como Mozambique, Angola o Sudáfrica interesados en descubrir la Misa tradicional y profundizar en la espiritualidad católica clásica.

En varios países africanos, explicó, las vocaciones sacerdotales continúan creciendo con fuerza. Solo en Tanzania, donde hace décadas existían tres seminarios mayores, actualmente funcionan al menos siete, todos ellos llenos de seminaristas.

África podría ayudar a reevangelizar Europa

El religioso considera probable que, en el futuro, sacerdotes africanos desempeñen un papel importante en la reevangelización del continente europeo, especialmente ante la grave escasez de vocaciones que sufren numerosas diócesis occidentales.

Según indicó, muchas diócesis europeas cuentan apenas con uno o dos seminaristas, mientras que en África y Asia siguen aumentando los jóvenes que desean formarse para el sacerdocio.

Mamsery señaló además que esta realidad ya comienza a verse en algunos países europeos, donde un número creciente de sacerdotes procede del continente africano.

Convivencia pacífica con los musulmanes en Tanzania

Durante la entrevista, el superior de los Misioneros de la Santa Cruz destacó también la convivencia pacífica entre cristianos y musulmanes en Tanzania. A diferencia de otras regiones africanas marcadas por tensiones religiosas, aseguró que en su país existe una relación cordial entre ambas comunidades.

Incluso explicó que numerosas familias musulmanas inscriben a sus hijos en escuelas católicas y que durante la pasada Pascua varios musulmanes recibieron el bautismo tras completar su catequesis.

Vocaciones y expansión de su comunidad

La comunidad fundada bajo el carisma de preservar y difundir la liturgia tradicional atraviesa además un importante crecimiento vocacional. Mamsery relató que recientemente abrió un seminario menor pensado inicialmente para medio centenar de jóvenes, pero que rápidamente superó todas las previsiones al recibir alrededor de 300 candidatos.

El sacerdote explicó que ahora necesitan ampliar infraestructuras y recursos para sostener la formación de los seminaristas y responder al creciente interés de jóvenes que desean incorporarse a la congregación en distintos países.

La edición de este año de Chartres vuelve así a consolidarse como uno de los principales referentes del catolicismo tradicional contemporáneo y como un fenómeno religioso que, lejos de desaparecer, continúa atrayendo a nuevas generaciones dentro y fuera de Europa.