
El cardenal Gerhard Müller se ha pronunciado sobre el informe del Sínodo sobre la Sinodalidad referidoa a las denominadas «cuestiones emergentes», denunciando que determinados sectores eclesiales están utilizando el proceso sinodal para introducir en la Iglesia la ideología de género y relativizar la doctrina católica sobre el matrimonio.
En un extenso texto difundido por su oficina y publicado por Per Mariam, el ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe acusa a algunos obispos, teólogos y responsables pastorales de promover una “cristianización acomodada al mundo” y de sustituir la revelación divina por categorías ideológicas contemporáneas.
“La relativización del matrimonio ya no se oculta”
Según el cardenal, el informe refleja una deriva teológica que busca debilitar progresivamente la enseñanza católica sobre el matrimonio y la sexualidad. A su juicio, la cuestión ya no se presenta de manera indirecta o ambigua, sino abiertamente.
“La relativización herética del matrimonio natural y sacramental es acogida públicamente”, afirma Müller, quien considera que algunos sectores eclesiales están utilizando el lenguaje pastoral para erosionar doctrinas fundamentales de la Iglesia.
En esa línea, sostiene que la promoción de bendiciones para parejas homosexuales o para uniones irregulares no constituye un asunto meramente disciplinar, sino una alteración profunda de la antropología cristiana y de la comprensión católica del matrimonio.
“Todo esto se presenta como el primer paso hacia el reconocimiento de la ideología LGBT”, escribe, denunciando que dicha ideología propone “una visión materialista del ser humano sin Dios, creador y redentor”.
Críticas al nuevo lenguaje pastoral
Müller dirige buena parte de sus críticas al modo en que ciertos documentos sinodales o discursos eclesiales plantean la relación entre doctrina y misericordia. Según explica, se está construyendo artificialmente una oposición entre fidelidad doctrinal y cercanía pastoral, como si la enseñanza moral de la Iglesia fuese incompatible con la compasión hacia las personas.
A su juicio, algunos sectores presentan a quienes defienden la doctrina católica como “rígidos” o “legalistas”, mientras exaltan un modelo pastoral basado únicamente en la aceptación incondicional y en la adaptación al espíritu del tiempo.
Sin embargo, el purpurado recuerda que la tradición cristiana jamás ha entendido la misericordia como una justificación del pecado. Cristo murió por todos los hombres, afirma, precisamente para ofrecer la posibilidad de conversión y de una vida nueva conforme al Evangelio.
Por ello, considera especialmente peligroso el uso ambiguo de conceptos como “discernimiento” o “escucha del Espíritu” cuando sirven para evitar llamar pecado a aquello que contradice objetivamente la ley de Dios.
“La bendición no puede aprobar una vida contraria al Evangelio”
Müller insiste en que ninguna autoridad eclesial posee poder para bendecir aquello que contradice el designio divino sobre el hombre y la mujer. “No existe en la Sagrada Escritura ni en toda la tradición de la Iglesia ninguna bendición para relaciones adúlteras”, afirma.
El cardenal explica que la bendición cristiana nunca puede entenderse como una aprobación moral de una situación objetivamente desordenada. “La bendición litúrgica o privada es una oración de la Iglesia que pide la ayuda de Dios para promover el bien; jamás puede convertirse en la confirmación de una vida contraria a Dios”, escribe.
En este contexto, recuerda además que la debilidad humana no elimina la llamada a la conversión ni anula la acción de la gracia. Citando a san Pablo, insiste en que Dios no niega su ayuda a quien la pide sinceramente.
Una denuncia frontal contra la ideología “woke”
Más allá de la cuestión de las bendiciones, Müller amplía su reflexión hacia una crítica general de la ideología de género y de la llamada cultura “woke”, cuya influencia considera cada vez más visible dentro de algunos ambientes eclesiales.
“El pensamiento woke, derivado originalmente del materialismo ateo, ha penetrado en la Iglesia como una herejía destructiva y una fuerza de división”
El purpurado llega incluso a comparar esta situación con antiguas crisis doctrinales que amenazaron la unidad de la Iglesia, como el pelagianismo o el maniqueísmo. Frente a ello, recuerda que la Iglesia superó esas herejías gracias a la firmeza doctrinal de los papas, los concilios y grandes doctores como san Agustín o santo Tomás de Aquino.
“La Iglesia no salvará al mundo imitándolo”
Finalmente, el ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, advierte del riesgo de transformar la Iglesia en una organización meramente filantrópica obsesionada por obtener aprobación cultural y mediática.
El cristianismo no recuperará a las sociedades secularizadas de Occidente diluyendo su doctrina o adaptándose a las corrientes ideológicas dominantes. La misión de la Iglesia, insiste, sigue siendo conducir a los hombres hacia Jesucristo y anunciar íntegramente el Evangelio.
“No son las falsas bendiciones de los poderosos de este mundo las que necesita la Iglesia”, concluye Müller, recordando que la verdadera bendición procede únicamente de Dios y de la fidelidad a Cristo.