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domingo, 15 de noviembre de 2015

Terror en París. No es guerra pero sí es de religión

(Artículo de Eulogio López, director de Hispanidad)

  • No es una guerra porque el fanatismo es cobarde: sale para matar indefensos y luego se esconde tras la vecindad.
  • Pero sí es de religión: ¿O es que no asesinan en nombre de Alá?
    Solución: luchar contra ellos con métodos policiales, primero, y militares, después.
  • Pero, sobre todo, con dos medidas: exigiendo reciprocidad, es decir, libertad religiosa en los países árabes.
  • Si no se puede abrir una iglesia en un país musulmán, deben prohibirse las mezquitas de ese país en Occidente.
  • Y romper con quienes financian al Estado Islámico, que son los principados del Golfo, especialmente Arabia Saudí y Qatar.
  • Occidente debe romper con los sunitas. Con los chiítas (Irán), todavía se puede razonar.
  • Y Occidente debe aliarse con Rusia en la lucha contra el fanatismo islámico. Estamos en el mismo barco.
“No estamos ante una guerra de religión”. La necedad del presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, se basa en la reiteración del tópico. Todos los tontos tienden a creer aquello que se repite. Pero bueno, don Mariano, ¿acaso los terroristas de París no mataban en nombre de Alá? ¿Cómo que no es una guerra de religión?
Y lo de Pedro Sánchez, líder de la oposición, aún es peor: lo único que se le ha ocurrido decir es que debemos mantenernos todos unidos contra el terror. Como si la unidad de las víctimas fuera a detener al verdugo.
Entendámonos, no es una guerra, pero sí es de religión. “Guerra” es el término que aparece en todas las portadas de la prensa de hoy domingo, pero una guerra se caracteriza por la valentía de ambas partes declarantes. Puede ser horrible, pero cada una pone su ejército enfrente de la otra. Lo de París no es una guerra, es terrorismo: se esconden en el patio de vecindad, tras la sociedad civil, asesinan indiscriminadamente –no al soldado enemigo sino al que andaba por allí- y luego se vuelven a esconder, aunque algunos de ellos son tan fanáticos que se esconden en el suicidio.
Ahora bien, ¿qué tiene que pasar para que Occidente reaccione y abandone las monsergas de Rajoy y Sánchez? ¿A cuántos asesinatos más esperan?
Resumiendo, no estamos en una guerra pero sí es de religión. La verdad es que todas las guerras han sido de religión. Señal, no de que la religión lleve a la guerra, al menos no el cristianismo, sino de que la religión, el modelo de vida de cada cual, es lo único por lo que los hombres están dispuestos a dar la vida. El problema de Occidente es que, abandonado el cristianismo, carece de modelo de vida. Le fala lo de Viktor Frankl: “Quien tiene un porqué para vivir acabará encontrando el cómo”. El problema es ese: que Europa ha abandonado a Cristo y no tiene un porqué para vivir, así que no encuentra el ‘cómo’.
Estábamos en que no es guerra pero es de religión. Por tanto, dos modos para combatirla:
1. Hay que utilizar más a la policía que al ejército. No se matan moscas a cañonazos. El terrorista es una mosca venenosa pero nunca da la cara. Con bombardeos no se le puede combatir: desde el aire mueren muchos inocentes. Sólo cuando el terrorista se convierte en Estado (es el fruto lógico de la soberbia humana: ser visible y adorado) es cuando hay que emplear al ejército: machacar al Estado Islámico.
Para ello, Occidente debería unirse a Putin, que pertenece, en este sentido y en muchos otros, a nuestro propio bando. No así China, pero sí Rusia. Rusia es cristiana, China panteísta y el panteísmo está en el origen de todas las divisiones violentas de esa caricatura del cristianismoque es el islam.
Al mismo tiempo, Occidente debe romper definitivamente con los financiadores y alentadores del Estado Islámico, las monarquías del golfo, especialmente Arabia Saudí y Qatar. Las divisiones en el Islam son muchas pero si nos atenemos a la división primera, a los dos grandes troncos, sunitas y chiítas, con el chiísmo (Irán) aún se puede razonar (esto deberían aprenderlo algunos republicanos norteamericanos, que siguen en Guerra Fría), pero con el sunismo (Arabia Saudí) es imposible, por muy civilizados que se nos presenten y por muchos petrodólares que manejen.
2. Pero lo más importante está en la libertad religiosa. La clave radica en la sociedad civil. En otras palabras: el segundo contraataque frente a los atentados de París, el más importante de los dos, es la exigencia de reciprocidad a los países islámicos. Ejemplo: si no se puede abrir una iglesia en Arabia (no se puede ni tener una biblia bajo penas de cárcel, tortura y/o muerte) tampoco podrán abrirse mezquitas árabes en Europa. Y en general, si no se respeta la libertad de los cristianos para ejercer su fe en los países árabes, tampoco se les permitirá libertad de culto a los musulmanes en España. A fin de cuentas, la mayoría de los terroristas salen de las mezquitas, ningún terrorista sale de un templo católico.
En definitiva, la clave está en la libertad religiosa. Ya está bien de tanta desfachatez islámica.
¿Qué se apuestan a que durante la Cumbre del G-20, en Turquía, nadie se atreve a hablar de libertad religiosa?
Eulogio López
eulogio@hispanidad.com