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viernes, 17 de agosto de 2018

La verdad sobre lo de Pennsylvania: ni Juan XXIII, ni Pablo VI ni Juan Pablo II fueron santos



por RORATE CÆLI

Una semana más, y un escándalo de proporciones más en la Iglesia de EE.UU. A continuación damos un resumen pertinente del informe final del gran jurado que investiga los «generalizados abusos de menores en seis diócesis de la Iglesia Católica de Pennsylvania»:

La investigación ha sacado a la luz un encubrimiento institucional generalizado de abusos sexuales por todo el estado. A partir de investigaciones realizadas en las diócesis de Altoona-Johnstown y Filadelfia en anteriores ocasiones por otros grandes jurados, las del 40º Gran Jurado estatal abarcaron las diócesis restantes: Allentown, Erie, Harrisburg, Greensburg, Pittsburg y Scranton, poniendo de manifiesto el panorama completo de abusos ubicuos en diócesis de todo el estado. El Gran Jurado averiguó lo siguiente:

301 sacerdotes católicos identificados como abusadores sexuales de menores mientras eran ministros activos de la Iglesia.

–Informes detallados de más de 1000 menores víctimas de agresiones sexuales por parte de sacerdotes. El gran jurado señaló que creía que las verdaderas cifras de víctimas ascendían a varios millares.

Autoridades eclesiásticas, obispos y otros prelados incluidos, tenían conocimiento de los abusos perpetrados por sacerdotes pero por norma los encubrían a fin de evitar escándalos, demandas judiciales contra sacerdotes y el pago de compensaciones económicas por parte de las diócesis.

Sacerdotes cometían abusos sexuales a menores y eran destinados más tarde a otras parroquias mientras los feligreses desconocían que había abusadores entre ellos.
En sus 884 páginas, el informe del gran jurado documenta numerosos casos de agresiones sexuales y violaciones de menores a manos de sacerdotes, junto con el encubrimiento de las autoridades eclesiásticas. Entre otras cosas:

–En la diócesis de Erie (se enumeran 41 sacerdotes), el padre Chester Gawronski masturbaba a menores asegurándoles que «era una forma de comprobar que no tenían cáncer». Gawronski facilitó al obispado una lista de 41 posibles víctimas, y confesó numerosos abusos. A pesar de todo, entre 1987 y 2002 permaneció en el ministerio activo, siendo reasignado en varias ocasiones a otras parroquias.

–En la diócesis de Allentown (se enumeran 37 sacerdotes), el padre Michael Lawrence dio un masaje tan brusco en los genitales a un muchacho de 12 años que le hizo sentir dolor. Pidió ayuda a un superior, reconociendo que había abusado de un menor, y se tomó nota de ello en una circular confidencial. Aun después de haber reconocido el hecho, la diócesis dictaminó que la experiencia no causaría necesariamente un trauma terrible al chico. Tres obispos en total mantuvieron a Lawrence en su ministerio.

–En la diócesis de Greensburg (se enumeran 20 sacerdotes), el padre Raymond Lukac dejó embarazada a una chica de 17 años, falsificó la firma de otro clérigo en un certificado de casamiento y procedió a facilitar el divorcio de la muchacha poco después de que diera a luz. Pese a todo ello, Lukac permaneció en su ministerio mientras la diócesis buscaba un obispo comprensivo en otro estado para que acogiera al degenerado ocultándolo a la justicia.

–En la diócesis de Harrisburg (se enumeran 45 sacerdotes), el padre Joe Pease agredió sexualmente a un muchacho en repetidas ocasiones mientras la víctima tenía entre 13 y 15 años. Pease reconoció a las autoridades diocesanas que en una ocasión se encontró a la víctima desnuda en el piso superior de la rectoría, pero lo llamó una chiquillada. En una nota confidencial, el obispado señaló: «Estamos en un callejón sin salida; hay acusaciones pero no reconoce haber cometido el hecho», antes de someterlo a un tratamiento dirigido por las autoridades eclesiásticas y permitirle volver al ministerio activo por otros siete años.

–En la diócesis de Pittsburg (se enumeran 99 sacerdotes), un grupo de al menos cuatro sacerdotes establecieron vínculos emocionales con varios muchachos y abusaron más tarde de ellos. Practicaban el sadismo y la violencia sexual con sus víctimas, con látigos incluidos. Un joven de 17 años fue obligado a subirse de pie desnudo a una cama en la rectoría y posar como Cristo en la cruz para los sacerdotes. Tomaron fotos de la víctima y las añadieron a una colección de pornografía infantil que producían y compartían en los predios de la iglesia.

–En la diócesis de Scranton (se enumeran 59 sacerdotes), el padre Thomas Skotek violó a una joven dejándola embarazada y se ocupó de ayudarla a abortar. El obispo James Timlin expresó sus sentimientos en una carta: «Está pasando por un momento muy difícil, y comprendo su malestar. Comparto su dolor».

La carta no iba dirigida a la víctima, sino al violador.!!!!!

La Procuraduría General de Pennsylvania ha creado toda una una página web con el informe y todos los detalles.

***

La mayor parte de los espeluznantes sucesos documentados por el gran jurado tuvieron lugar durante los pontificados de Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II. Algunos sucedieron antes. Pero a medida que la Iglesia se abrió al mundo, conforme al deseo de Juan XXIII, fueron infiltrándose cada vez más en la Iglesia comportamientos mundanos

Estos horrendos episodios no son sino lo que se ha podido averiguar en apenas seis diócesis de un estado de un país: la putrefacción está muy generalizada.
¿Cómo se ha podido canonizar a Juan XXIII y a Juan Pablo II? Sus errores, a la hora de crear obispos, fueron monstruosos. ¿Cómo pudo atreverse Francisco a beatificar, y ahora a canonizar, a Pablo VI, uno de los peores pontífices de la historia, cuyos nombramientos de prelados por todo el mundo, y en Estados Unidos, consiguieron que algo, ya de por sí malo, se volviera horroroso?

Seamos francos: como administradores, ni Juan XXIII ni Pablo VI ni Juan Pablo II fueron santos. Los habrán incluido válidamente en el elenco de los santos pero, de una semana para otra, está cada vez más claro que sus canonizaciones exprés fueron errores garrafales
Antes de iniciar sus procesos de beatificación debería haberse dedicado un tiempo considerable a investigar minuciosamente sus graves omisiones y su vergonzoso encubrimiento de prelados pervertidos o irresponsables.
La centralización del gobierno de la Iglesia alcanzó cotas mucho mayores durante sus respectivos pontificados. Se dio por sentado que velarían por cada uno de esos pequeños feligreses. Diluyeron los deberes de los obispos fomentando e hinchando la burocracia inútil de las conferencias episcopales. Esos pequeños fieles, los menores que fueron objeto de abuso, sufrieron también por culpa de ELLOS, de cada uno de ellos (y en mayor menor grado, de los papas que los precedieron y sucedieron, pero éstos, o bien viven o no han sido beatificados ni canonizados).

Sin duda llegará un día en que se pase revista a estos pontificados malogrados y se haga lo posible por reevaluar los precipitados procesos en que se hizo la vista gorda ante tanto dolor, incumplimiento y corrupción.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada. Artículo original)