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lunes, 20 de julio de 2020

Consenso internacional en el debate sobre el Vaticano II abierto por los Obispos Carlo Maria Viganò y Athanasius Schneider



La revisión crítica del Concilio Vaticano II es un hecho ahora ineludible. Un nuevo impulso al debate fue dado en estas ultimas semanas por algunas intervenciones articuladas del Arzobispo Carlo Maria Viganò, ya Nuncio pontificio en los Estados Unidos y por Monseñor Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de Astana en Kasakistán.

Además, cincuenta estudiosos, periodistas y líderes de opinión de todo el mundo anunciaron un documento de apoyo a los dos Obispos, renovando el pedido de “un debate abierto y honesto sobre cuanto ha sucedido verdaderamente en el interior del Vaticano II y sobre la posibilidad de que el Concilio y su actuación contengan errores o aspectos que favorecen errores o perjudican la Fe”. Transcribimos el texto completo publicado en seis lenguas.


Carta abierta al Arzobispo Carlo Maria Viganò y al Obispo Athanasius Schneider

Excelencias,

Nosotros, los abajo firmantes, deseamos expresarles nuestra sincera gratitud por Vuestra firmeza y Vuestro celo por las almas de los fieles durante la actual crisis de Fe en el interior de la Iglesia Católica. Vuestras declaraciones públicas, que exhortan a abrir un debate honesto y abierto sobre el Concilio Vaticano II y los cambios dramáticos por él provocados en la fe y en las prácticas católicas representan un motivo de esperanza y de consolación para muchos fieles católicos. Hoy, es decir, más de cincuenta años después de su clausura, los acontecimientos del Concilio Vaticano II aparecen como algo único en la historia de la Iglesia. Nunca antes, un Concilio Ecuménico había sido seguido por un período tan prolongado de confusión, corrupción, pérdida de la fe y humillación para la Iglesia de Cristo.

El catolicismo siempre se ha distinguido de las falsas religiones por su insistencia en el hecho de que el Hombre debe ser considerado una criatura racional y que la creencia religiosa, muy lejos de suprimirla, alienta la reflexión crítica de los católicos. Muchos, incluido el actual Santo Padre, parecen colocar al Concilio Vaticano II, sus textos, sus actos y sus aplicaciones prácticas, en una fortaleza fuera del alcance del análisis crítico y del debate. En sentido opuesto a las preocupaciones y objeciones planteadas por los católicos de buena voluntad, el Concilio ha sido elevado al status de «superconcilio» [1] cuya mención pone punto final a los debates en vez de alentarlos. Vuestra exhortación a desentrañar las raíces de la actual crisis en la Iglesia y Vuestro llamamiento a actuar para corregir todos los desvíos del Vaticano II -que hoy parece haber sido un error- constituyen un egregio ejemplo de cumplimiento del ministerio episcopal en orden a transmitir la Fe tal como la Iglesia la ha recibido.

Les estamos reconocidos por Vuestra exhortación a comenzar un debate abierto y honesto sobre cuanto verdaderamente ha sucedido en el interior del Vaticano II y sobre la posibilidad de que el Concilio y su desarrollo contengan errores o aspectos que favorezcan errores o perjudiquen la Fe. Un debate así concebido no puede partir de la conclusión según la cual el Concilio Vaticano II está de suyo, tanto en su totalidad como en sus partes, en continuidad con la Tradición. Someter el debate a una condición preliminar como esa significa cortar de raíz el análisis crítico y toda discusión, permitiendo exclusivamente la presentación de pruebas que sustenten la conclusión recién mencionada. La cuestión de si el Vaticano II puede conciliarse o no con la Tradición es el tema que debe ser debatido, no la premisa obligatoria que deba ser aceptada, aunque se demuestre que es contraria a la razón. La continuidad del Vaticano II con la Tradición es una hipótesis que es necesario probar y debe ser discutida: no un hecho incontrovertible. Durante demasiadas décadas, la Iglesia ha visto a muy pocos pastores permitir, y mucho menos alentar, un debate de ese estilo.

Hace once años, Monseñor Brunero Gherardini ya había dirigido una petición filial al Papa Benedicto XVI: «Desde hace mucho tiempo está en mi mente esta idea (que me permito ahora exponer a Vuestra Santidad): me refiero a la posibilidad de ofrecer un esclarecimiento grandioso y definitivo sobre todos los aspectos y contenidos del último Concilio. En realidad, parecería algo lógico – y a mí me parece urgente- que dichos aspectos y contenidos sean estudiados tanto en sí mismos como en su contexto junto con todos los demás, mediante un examen riguroso de todas las fuentes y desde el punto de vista específico de la continuidad con el anterior Magisterio de la Iglesia, tanto el solemne como el ordinario. Sobre la base de un trabajo científico y crítico —el más amplio e irreprochable posible— en confrontación con el Magisterio tradicional de la Iglesia, será entonces posible enfrentar este tema para llegar a una evaluación segura y objetiva del Vaticano II.» [2]

Les estamos también agradecidos por haber querido identificar algunos de los temas doctrinales más importantes que deben abordarse en semejante examen crítico y por haber aportado un modelo para un debate franco pero equilibrado que tolera el desacuerdo. De Vuestras recientes intervenciones hemos recopilado algunos ejemplos de los temas que -como han indicado bien- deben ser abordados y, que si se demuestra que son erróneos, corregidos. Nuestra esperanza es que esta recopilación pueda servir de base para una discusión y un debate más detallados. No afirmamos que esta lista sea exclusiva, perfecta o completa. No estamos todos estamos necesariamente de acuerdo sobre la naturaleza exacta de cada una de las críticas que se citan a continuación ni sobre las cuestiones que han planteado, pero estamos todos de acuerdo en que vuestras preguntas merecen respuestas honestas y no ser simplemente dejadas de lado con argumentos ad hominem conteniendo acusaciones de desobediencia o de ruptura de la comunión. Aunque todo lo que ustedes afirmen sea falso, que los interlocutores lo demuestren; caso contrario, la Jerarquía debe escuchar vuestros requerimientos.

La libertad religiosa para todas las religiones como un derecho natural querido por Dios

Obispo Schneider: “Los ejemplos incluyen algunas expresiones del Concilio sobre el tema de la libertad religiosa (entendida como un derecho natural -por tanto en cierto sentido querido por Dios)- de practicar y difundir una falsa religión, y cosas peores.” [3]

Obispo Schneider: “Desgraciadamente, apenas unas pocas frases más abajo, el Concilio [en Dignitatis Humanae] socava esta verdad proponiendo una teoría jamás enseñada antes por el Magisterio constante de la Iglesia, es decir que el hombre tendría el derecho, basado en su propia naturaleza por el que no se debe obligar «a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos » ut in re religiosa neque impediatur, quominus iuxta suam conscientiam agat privatim et publice, vel solus vel aliis consociatus, intra debitos limites, n. 2). Según esta declaración, el hombre tendría el derecho, fundado en su misma naturaleza (y por tanto ciertamente deseado por Dios) de no ser obstaculizado en el elegir, practicar y difundir, incluso colectivamente, la adoracion de un ídolo o incluso la veneración de Satanás, por ejemplo en la conocida como ´Iglesia de Satanás´, a la cual, en algunos países se le concede el mismo reconocimiento legal que a todas las otras religiones.”

La identificación de la Iglesia de Cristo con la Iglesia Católica y el Nuevo Ecumenismo

Obispo Schneider: «[su] [del Concilio] distinción entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica (el problema del “subsistit in” da la impresión de que existen dos realidades separadas: por una parte la Iglesia de Cristo y por otra la Iglesia Católica), y su postura frente a las religiones no cristianas y el mundo contemporáneo.» [5]

Obispo Schneider: «Afirmar que los musulmanes adoran junto con nosotros al único Dios («nobiscum Deum adorant»), como lo hizo el Concilio Vaticano II en Lumen Gentium 16, es teológicamente una afirmación altamente ambigua. No es verdad que los católicos adoramos junto con los musulmanes al único Dios. No lo adoramos junto con ellos. En el acto de adoración, siempre adoramos a la Santísima Trinidad, no adoramos simplemente al «único Dios» sino también, conscientemente, a la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Islam rechaza la Santísima Trinidad. Cuando los musulmanes adoran, hacen sin alcanzar el nivel sobrenatural de la fe. También nuestro acto de adoración es radicalmente diferente. Es esencialmente diferente. Precisamente porque nos volvemos a Dios y Lo adoramos como hijos que están constituidos dentro de la inefable dignidad de la adopción filial divina y porque lo hacemos con fe sobrenatural. Los musulmanes, en cambio, no tienen la fe sobrenatural.» [6]

Arzobispo Viganò: «Sabemos bien que, citando el trecho de la Escritura Littera enim occidit, spiritus autem vivifica” [“La letra mata, mas el Espíritu da vida” (2 Cor 3, 6)], los progresistas y los modernistas astutamente encontraron cómo esconder expresiones equívocas en los textos conciliares, que en la época parecían inofensivos a la mayoría pero que hoy revelan su carácter subversivo. Es el método usado en la frase subsistit in: decir una medio-verdad en orden a no ofender al interlocutor (suponiendo que sea lícito silenciar la verdad de Dios por respeto a Sus criaturas), pero con la intención de poder usar un medio-error que sería instantáneamente refutado si se proclamara la verdad entera.

Por lo tanto, “Ecclesia Christi subsistit in Ecclesia Catholica” no especifica la identidad de ambas, sino la subsistencia de una en la otra y, coherentemente, también en otras iglesias: de aquí nace la apertura a celebraciones interconfesionales, a oraciones ecuménicas, y a la negación inevitable de la necesidad de la Iglesia para la salvación, en su unicidad y en su naturaleza misionera.» [7]

La Primacía papal y la nueva colegialidad

Obispo Schneider: «El hecho en sí de la necesidad, por ejemplo, de la “Nota explicativa previa” al documento Lumen Gentium demuestra que el mismo texto de la Lumen Gentium en el nº 22 es ambiguo respecto al tema de las relaciones entre el primado y la colegialidad episcopal. Los documentos esclarecedores del Magisterio en la época post-conciliar, como por ejemplo las encíclicas Mysterium Fidei, Humanae Vitae, El Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI, fueron de gran valor y ayuda, pero los mismos no aclararon las afirmaciones ambiguas del Concilio Vaticano II antes mencionadas.» [8]

El Concilio y sus textos son la causa de muchos escándalos y errores actuales

Arzobispo Viganò: «Si es legítimo venerar a la pachamama en una iglesia se lo debemos a Dignitatis Humanae. Si tenemos una liturgia protestantizada y al mismo tiempo incluso paganizada, se lo debemos a la acción revolucionaria de Monseñor Annibale Bugnini y a las reformas postconciliares. Si se ha podido firmar la Declaración de Abu Dabhi, se lo debemos a Nostra Aetate. Si hemos llegado al punto de delegar las decisiones en las Conferencias Episcopales -incluso con grave violación del Concordato, como sucedió en Italia-, se lo debemos a la colegialidad y a su versión aggiornata, la sinodalidad. [ver] Por culpa de la sinodalidad nos encontramos con Amoris Laetitia y teniendo que ver el modo de impedir que aparezca lo que era obvio para todos: este documento, preparado por una impresionante máquina organizacional, pretendió legitimar la comunión a los divorciados y convivientes, tal como Querida Amazonia va a ser usada para legitimar a la mujeres sacerdotes (como en el caso reciente de una “vicaria episcopal” en Friburgo de Brisgovia) y la abolición del Sagrado Celibato.» [9]

Arzobispo Viganò: «Pero si en esa época era difícil imaginar que la libertad religiosa condenada por Pío XI (Mortalium Animos) podría ser aceptada en el documento Dignitatis Humanae; o que el Romano Pontífice pudiera ver su autoridad usurpada por un colegio episcopal fantasma, actualmente entendemos que lo que se ocultó inteligentemente en el Vaticano II, se promueve abiertamente hoy en documentos papales precisamente en nombre de una aplicación coherente del Concilio». [10]

Arzobispo Viganò: «Podemos, por tanto, afirmar que el espíritu del Concilio no es sino el mismo Concilio, que los errores del período post-ya estaban contenidos en germen en las Actas del Concilio, del mismo modo como se afirma también correctamente que el Novus Ordo es la Misa del Concilio, aunque en presencia de los Padres Conciliares se celebraba aquella Misa que los progresistas definían significativamente como preconciliar.” [11]

Obispo Schneider: «Para cualquier persona intelectualmente honesta que no intente hacer la cuadratura del círculo resulta claro que la afirmación hecha en Dignitatis humanae, según la cual todo hombre tendría el derecho -fundamentado en su propia naturaleza (y por lo tanto querido por Dios) de practicar y difundir una religión según su conciencia, no difiere substancialmente de la afirmación contenida en la Declaración de Abu Dhabi, según la cual: El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos. Esta Sabiduría Divina es la fuente de la que proviene el derecho a la libertad de credo y a la libertad de ser diferente».» [12]

Hemos tomado nota de las diferencias que Usted destaca entre las soluciones que cada uno de Vosotros ha propuesto para reaccionar frente a la crisis que estalló con el Concilio Vaticano II. Por ejemplo, el Arzobispo Viganò sostuvo que sería mejor «olvidar» totalmente el Concilio, mientras que el Obispo Schneider, en desacuerdo con él sobre este punto específico, propone oficialmente corregir solo aquellas partes de los documentos del Concilio que contengan errores o que sean ambiguos. Vuestro cambio cortés y respetuoso de opiniones debería servir de modelo para un debate aún más sólido que tanto Usted como nosotros deseamos. Con demasiada frecuencias, en los últimos cincuenta años, se , ha respondido con meros ataques ad hominem en lugar de hacerlo con argumentos civilizados. Exhortamos a todos aquellos que desean unirse a este debate a seguir Vuestro ejemplo.

Rezamos a Nuestra Santísima Madre, a San Pedro, Príncipe de los Apóstoles; a San Atanasio y a Santo Tomás de Aquino pidiéndoles que protejan y preserven a Vuestras Excelencias. Que les recompensen por su fidelidad a la Iglesia y les confirmen en Vuestra defensa de la Fe de la Iglesia.

In Christo Rege,

Donna F. Bethell, J.D.
Prof. Dr. Brian McCall
Paul A. Byrne, M.D.
Edgardo J. Cruz-Ramos, Presidente Una Voce Puerto Rico
Dr. Massimo de Leonardis, Profesor (ret.) de Historia de las Relaciones Internacionales
Prof. Roberto de Mattei, Presidente de la Fundación Lepanto
Fr. Jerome W. Fasano
Mauro Faverzani, periodista
Timothy S. Flanders, escritor y fundador de un apostolado laico
Matt Gaspers, director de Catholic Family News
Corrado Gnerre, director del movimiento Il Cammino dei Tre Sentieri
Dr. Maria Guarini STB, director del blog Chiesa e postconcilio
Kennedy Hall, escritor
Prof. Dr. em. Robert D. Hickson
Prof. Dr.rer.nat., Dr.rer.pol. Rudolf Hilfer
Rev. John Hunwicke, Senior Research Fellow Emeritus, Pusey House, Oxford
Prof. Dr. Peter Kwasniewski
Leila M. Lawler, escritor
Pedro L. Llera Vázquez, director de escuela y colaborador de InfoCatólica
James P. Lucier PhD
Massimo Magliaro, periodista, director de " Nova Historica"
Antonio Marcantonio, MA
Dr. Taylor Marshall, escritor
Reverendo Diácono, Eugene G. McGuirk
Fr. Michael McMahon, Prior de St. Dennis Calgary
Fr. Cor Mennen
Fr. Michael Menner
Dr. Stéphane Mercier, Ph.D., S.T.B.
Hon. Andrew P. Napolitano, analista de Fox News; Visiting Professor en Jurisprudencia
Fr. Dave Nix, ermitaño diocesano
Prof. Paolo Pasqualucci
Fr. Dean Perri
Dr. Carlo Regazzoni, Filósofo
Fr. Luis Eduardo Rodríguez Rodríguez
Don Tullio Rotondo
John F. Salza, Esq., Abogado católico y apologeta
Wolfram Schrems, Wien, Mag. teól., Mag. Phil., catequista
Henry Sire, historiador y escritor
Robert Siscoe, escritor
Jeanne Smits, periodista
Dr. sc. Zlatko Šram, Croatian Center for Applied Social Research
Fr. Glen Tattersall, Párroco, parroquia St John Henry Newman (Melbourne, Australia)
Marco Tosatti, periodista
Giovanni Turco, Asociado de Filosofía del Derecho Público en la Universidad de Udine
José Antonio Ureta
Aldo Maria Valli, periodista
Dr. Thomas Ward, Presidente de la National Association of Catholic Families
John-Henry Westen, co-fundador y director de LifeSiteNews
Willy Wimmer, Secretario de Estado, Ministerio de Defensa (ret.)

Sacerdotes o intelectuales que deseen firmar la Carta Abierta pueden escribir a: Openlettercouncil@gmail.com

NOTAS

[1] Cardenal Joseph Ratzinger, Santiago de Chile, 13 de julio de 1988 [aquí].
[2] Concilio Vaticano II: Un discorso da fare (Frigento, Casa Mariana Editrice, 2009) [aquí], publicado también en inglés con el título The Ecumenical Vatican Council II: A Much Needed Discussion. Esta cita fue extraída de https://fsspx.news/en/vatican-ii- council-much-needed-discussion