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miércoles, 15 de julio de 2020

Carta abierta al Arzobispo Carlo María Viganò y al Obispo Athanasius Schneider




Les ofrecemos la carta abierta al Arzobispo Carlo María Viganò y al Obispo Athanasius Schneider, avalada con la firma de distintas personalidades de relevancia pública en el panorama católico. Puede unirse todo aquel que lo desee. Les invitamos a la lectura de la carta

Carta abierta al Arzobispo Carlo María Viganò y al Obispo Athanasius Schneider

Con permiso de Maike Hickson para su publicación

Traducido por Pedro Luis Llera


9 de julio de 2020

Nosotros, los abajo firmantes, deseamos expresarles nuestra sincera gratitud por su fortaleza y su celo por las almas durante este periodo de crisis de fe de la Iglesia Católica que estamos sufriendo. Sus declaraciones públicas, que reclaman una discusión honesta y abierta sobre el Concilio Vaticano II y sobre los cambios drásticos en las creencias y las prácticas católicas que le siguieron, han sido motivo de esperanza y de consuelo para muchos fieles católicos. El acontecimiento del Concilio Vaticano II aparece ahora, más de cincuenta años después de su finalización, como algo único en la historia de la Iglesia. Nunca antes de nuestro tiempo, un concilio ecuménico ha venido seguido de un período tan prolongado de confusión, corrupción, pérdida de fe y humillación para la Iglesia de Cristo.

El catolicismo se ha distinguido de algunas falsas religiones por su insistencia en que el hombre es una criatura racional y en que la creencia religiosa alienta, en lugar de suprimir, la reflexión crítica de los católicos. Muchos, incluido el actual Santo Padre, parecen colocar el Concilio Vaticano II —y sus textos, actos e implementación— más allá del alcance del análisis crítico y el debate. Frente a las preocupaciones y objeciones planteadas por los católicos de buena voluntad, el Concilio ha sido presentado por algunos como si se tratara de un “superconcilio”, 1 cuya mera invocación acaba con cualquier tipo de debate, en lugar de promoverlo. Vuestro llamamiento a desentrañar las raíces de la crisis actual de la Iglesia y a reclamar que se tomen medidas que corrijan cualquier posible desviación realizada en el Vaticano II y que ahora se pudiera estimar errónea, constituye un ejemplo en el cumplimiento del ministerio episcopal de transmitir la fe tal como ha sido recibida de la Iglesia.

Agradecemos sus llamamientos para que se lleve a cabo un debate abierto y honesto sobre la verdad de lo que sucedió en el Vaticano II y sobre la posibilidad de que el Concilio y su desarrollo posterior puedan contener errores o aspectos que favorezcan esos errores o que dañen la fe. Tal debate no puede partir de la conclusión de que el Concilio Vaticano II en su conjunto y en sus partes está per se en continuidad con la Tradición. Tal condición previa a un debate impide el análisis crítico y la argumentación y sólo permite la presentación de pruebas que apoyen la conclusión ya establecida. La cuestión de si el Vaticano II se ajusta o no a la Tradición debe ser debatida: no postulada ciegamente como una premisa que deba ser aceptada, aunque resulte contraria a la razón. La continuidad del Vaticano II con la Tradición es una hipótesis que hay que probar y debatir: no un hecho incontrovertible. Durante demasiadas décadas, la Iglesia ha visto a muy pocos pastores permitir, y mucho menos alentar, tal debate.

Hace once años, Mons. Brunero Gherardini ya había realizado una petición filial al Papa Benedicto XVI: “La idea (que me atrevo a someter ahora a Su Santidad) ha estado en mi cabeza durante mucho tiempo. Y consiste en que se ofrezca una extensa aclaración y, si es posible definitiva, sobre el último Concilio: sobre cada uno de sus aspectos y contenidos. En efecto, me parece lógico, y me parece urgente, que estos aspectos y contenidos se estudien en sí mismos y en contexto con todos los demás, mediante un examen minucioso de todas las fuentes y desde el punto de vista específico de la continuidad con el Magisterio de la Iglesia anterior, solemne y ordinario. Sobre la base de una obra científica y crítica —lo más vasta e irrefutable posible— en confrontación con el Magisterio tradicional de la Iglesia, será posible definir el asunto de tal modo que permita entonces una evaluación segura y objetiva del Vaticano II.”2

También agradecemos su iniciativa de identificar algunos de los temas doctrinales más importantes que deben abordarse en semejante examen crítico; y agradecemos que nos hayan aportado el modelo para un debate franco, pero cortés, que pudiera albergar la posibilidad de debatir. De sus intervenciones recientes, hemos recopilado algunos ejemplos de los temas que han indicado que se deben abordar y, que si se encuentran erróneos, deberían corregirse. Esta compilación esperamos que sirva de base para una discusión y debate más detallados. No afirmamos que esta lista sea exhaustiva, perfecta o completa. Tampoco todos estamos necesariamente de acuerdo con la naturaleza precisa de cada una de las críticas que se citan a continuación ni en la respuesta a las preguntas que plantean; sin embargo, estamos unidos en la convicción de que sus preguntas merecen respuestas honestas y no meras descalificaciones con acusaciones ad hominem de desobediencia o de ruptura con la comunión. Si lo que cada uno de ustedes afirma es falso, que los interlocutores lo demuestren; si no, la jerarquía debería considerar las demandas que ustedes formulan.
La libertad religiosa para todas las religiones como un derecho natural que Dios quiere
Obispo Schneider: “Algunas expresiones del Concilio no pueden ser tan fácilmente reconciliables con la constante tradición doctrinal de la Iglesia, como por ejemplo las expresiones del Concilio sobre el tema de la libertad religiosa (en el sentido de un derecho natural y por lo tanto positivamente querido por Dios, de practicar y difundir una religión falsa, que puede abarcar también idolatrías o cosas peores)3.”

Obispo Schneider: “Desgraciadamente, pocas frases más abajo, el Concilio socava esta verdad proponiendo una teoría que jamás ha sido enseñada por el Magisterio constante de la Iglesia: que el hombre tiene un derecho fundamentado en su propia naturaleza por el que no se debe obligar «a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos» (ut in re religiosa neque impediatur, quominus iuxta suam conscientiam agat privatim et publice, vel solus vel aliis consociatus, intra debitos limites, n. 2). Apoyado en esta afirmación, el hombre tendría el derecho, fundado en la propia naturaleza (y por tanto positivamente querido por Dios) de elegir, practicar y divulgar, incluso colectivamente, el culto a un ídolo y hasta el culto a Satanás, por ejemplo en la conocida como Iglesia de Satán. De hecho, en algunos países la Iglesia de Satán está jurídicamente equiparada a otras religiones.”4

La identificación de la Iglesia de Cristo con la Iglesia Católica y el Nuevo Ecumenismo

Obispo Schneider: “Algunas expresiones del Concilio no pueden ser tan fácilmente reconciliables con la constante tradición doctrinal de la Iglesia, como por ejemplo […] una distinción entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica (el problema del “subsistit in” que da la impresión de la existencia de dos realidades: por una parte la Iglesia de Cristo y por otra la Iglesia Católica), de la conducta ante la confrontación de las religiones no cristianas y de la conducta frente a las confrontaciones del mundo contemporáneo.”5

Obispo Schneider: “Pero afirmar que los musulmanes adoran junto con nosotros al único Dios (“nobiscum Deum adorant“), como lo hizo el Concilio Vaticano II en Lumen Gentium 16, es teológicamente una afirmación altamente ambigua. Que los católicos adoramos con los musulmanes al único Dios no es cierto. No adoramos con ellos. En el acto de adoración, siempre adoramos a la Santísima Trinidad, no adoramos simplemente al “único Dios” sino, más bien, a la Santísima Trinidad conscientemente: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Islam rechaza la Santísima Trinidad. Cuando los musulmanes adoran, no adoran en el nivel sobrenatural de la fe. Incluso nuestro acto de adoración es radicalmente diferente. Es esencialmente diferente. Precisamente porque nos volvemos a Dios y lo adoramos como hijos que están constituidos dentro de la inefable dignidad de la adopción filial divina, y lo hacemos con fe sobrenatural. Sin embargo, los musulmanes no tienen una fe sobrenatural.” 6

Arzobispo Viganò: “Sabemos muy bien que, invocando la palabra de la Escritura Littera enim occidit, spiritus autem vivificat [“La letra mata, el espíritu da vida” (2 Cor 3, 6)], los progresistas y modernistas astutamente encontraron cómo esconder expresiones equívocas en los textos conciliares, que en su tiempo parecieron inofensivos pero que, hoy, revelan su valor subversivo. Es el método usado en la frase subsistit in: decir una medio-verdad como para no ofender al interlocutor (suponiendo que es lícito silenciar la verdad de Dios por respeto a sus criaturas), pero con la intención de poder usar un medio-error que sería instantáneamente refutado si se proclamara la verdad entera. Así, “Ecclesia Christi subsistit in Ecclesia Catholica” no especifica la identidad de ambas, pero sí la subsistencia de una en la otra y, en pro de la coherencia, también en otras iglesias: he aquí la apertura a celebraciones interconfesionales, a oraciones ecuménicas, y al inevitable fin de la necesidad de la Iglesia para la salvación, en su unicidad y en su naturaleza misionera.”7

Primacía papal y la nueva colegialidad

• Obispo Schneider: “El hecho en sí de la necesidad, por ejemplo, de la “Nota explicativa previa” al documento Lumen Gentium demuestra que el mismo texto de la Lumen Gentium en el nº 22 es ambiguo respecto al tema de las relaciones entre el primado y la colegialidad episcopal. Los Documentos esclarecedores del Magisterio en la época post-conciliar, como por ejemplo las encíclicas Mysterium Fidei, Humanae Vitae, El Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI, fueron de gran valor y ayuda, pero los mismos no aclararon las afirmaciones ambiguas del Concilio Vaticano II antes mencionadas.”8

El Concilio y sus textos son la causa de muchos escándalos y errores actuales

Arzobispo Viganò: “El que la Pachamama haya sido adorada en una iglesia se lo debemos a Dignitatis Humanae. El que tengamos una liturgia protestantizada y a veces incluso paganizada, se lo debemos a la revolucionaria acción de monseñor Annibale Bugnini y a las reformas postconciliares. La firma de la Declaración de Abu Dabhi, se la debemos a Nostra Aetate. Y si hemos llegado hasta delegar decisiones en las Conferencias Episcopales -incluso con grave violación del Concordato, como es el caso en Italia-, se lo debemos a la colegialidad y a su versión puesta al día, la sinodalidad. Gracias a la sinodalidad nos encontramos con Amoris Laetitia y teniendo que ver el modo de impedir que aparezca lo que era obvio para todos: este documento, preparado por una impresionante máquina organizacional, pretendió legitimar la comunión a los divorciados y convivientes, tal como Querida Amazonia va a ser usada para legitimar a la mujeres sacerdotes (como en el caso reciente de una “vicaria episcopal” en Friburgo de Brisgovia) y la abolición del Sagrado Celibato.”9

Arzobispo Viganò: “Pero si en aquel momento pudiera resultar difícil pensar que una libertad religiosa condenada por Pío XI (Mortalium Animos) pudiera ser promulgada por Dignitatis Humanae; o que el Romano Pontífice pudiera ver su autoridad usurpada por un colegio episcopalfantasma, actualmente entendemos que lo que se ocultó inteligentemente en el Vaticano II, se promueve abiertamente hoy endocumentos papales precisamente en nombre de la aplicación coherente del Concilio”.10

Arzobispo Viganò: “Podemos, por tanto, afirmar que el espíritu del Concilio es el Concilio mismo, que los errores del postconcilio se contienen in nuce en las actas del Concilio, del mismo modo que se dice con toda razón que el Novus Ordo es la Misa del Concilio, aunque en presencia de los Padres se celebrara la Misa que los progresistas califican significativamente de preconciliar.”11

Obispo Schneider: “Para cualquier persona honesta intelectualmente que no trate de hacer la cuadratura del círculo está claro que la afirmación de Dignitatis humanae de que todo hombre tiene derecho por su propia naturaleza (y por lo tanto sería un derecho positivamente querido por Dios) a practicar y difundir una religión según su conciencia no difiere sustancialmente de lo que afirma la Declaración de Abu Dabi, que dice: «El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos. Esta Sabiduría Divina es la fuente de la que proviene el derecho a la libertad de credo y a la libertad de ser diferente».”12

Hemos tomado nota de las diferencias que han quedado de manifiesto entre las soluciones que cada uno de ustedes ha propuesto para hacer frente a la crisis promovida durante y después del Concilio Vaticano II. Por ejemplo, el Arzobispo Viganò ha argüido que sería mejor “olvidar” por completo el Concilio, mientras que el Obispo Schneider, en desacuerdo con él sobre este punto específico, propone corregir oficialmente solo aquellas partes de los documentos del Concilio que contengan errores o que resulten ambiguos. Su amable y respetuoso intercambio de opiniones debe servir de modelo para un debate más profundo que ustedes y nosotros deseamos. Con demasiada frecuencia, durante estos últimos cincuenta años, las discrepancias sobre el Vaticano II han sido combatidas meramente mediante descalificaciones ad hominem, en lugar de aportando argumentos con tranquilidad. Instamos a todos los que se unan a este debate a que sigan nuestro ejemplo.

Oramos para que Nuestra Santísima Madre; San Pedro, Príncipe de los Apóstoles; San Atanasio y Santo Tomás de Aquino protejan y preserven a sus Excelencias. Que les recompensen por su fidelidad a la Iglesia y les confirmen en su defensa de la Fe y de la Iglesia.

In Christo Rege, (firmado)

In Christo Rege, (firmantes)

Donna F. Bethell, J.D.

Prof. Dr Brian McCall

Paul A. Byrne, M.D.

Edgardo J. Cruz-Ramos, President Una Voce Puerto Rico

Dr Massimo de Leonardis, Professor (ret.) of History of International Relations

Prof. Roberto de Mattei, President of the Lepanto Foundation

Fr Jerome W. Fasano

Mauro Faverzani, journalist

Timothy S. Flanders, author and founder of a lay apostolate

Matt Gaspers, Managing Editor, Catholic Family News

Corrado Gnerre, leader of the Italian movement “Il Cammino dei Tre Sentieri”

Dr Maria Guarini STB, editor of the website Chiesa e postconcilio

Kennedy Hall, book author

Prof. Dr em. Robert D. Hickson

Prof. Dr.rer.nat. Dr.rer.pol. Rudolf Hilfer, Stuttgart, Germany

Rev. John Hunwicke, Senior Research Fellow Emeritus, Pusey House, Oxford

Prof. Dr Peter Kwasniewski

Leila M. Lawler, writer

Pedro L. Llera Vázquez, school headmaster and author at InfoCatólica

James P. Lucier PhD

Massimo Magliaro, journalist, Editor of “Nova Historica“

Antonio Marcantonio, MA

Dr Taylor Marshall, author of Infiltration: The Plot to Destroy the Church from Within

The Reverend Deacon, Eugene G. McGuirk

Fr Michael McMahon Prior St. Dennis Calgary

Fr Cor Mennen

Fr Michael Menner

Dr Stéphane Mercier, Ph.D., S.T.B.

Hon. Andrew P. Napolitano, Senior Judicial Analyst, Fox News; Visiting Professor of Law, Hofstra University

Fr Dave Nix, Diocesan Hermit

Prof. Paolo Pasqualucci

Fr Dean Perri

Dr Carlo Regazzoni, Philosopher of Culture, Therwill, Switzerland

Fr Luis Eduardo Rodríguez Rodríguez

Don Tullio Rotondo

John F. Salza, Esq., Catholic Attorney and Apologist

Wolfram Schrems, Wien, Mag. theol., Mag. Phil., catechist

Henry Sire, historian and book author

Robert Siscoe, author

Jeanne Smits, journalist

Dr. sc. Zlatko Šram, Croatian Center for Applied Social Research

Fr Glen Tattersall, Parish Priest, Parish of St John Henry Newman (Melbourne, Australia)

Marco Tosatti, journalist

Jose Antonio Ureta

Aldo Maria Valli, journalist

Dr Thomas Ward, President of the National Association of Catholic Families

John-Henry Westen, co-founder and editor-in-chief LifeSiteNews.com

Willy Wimmer, Secretary of State, Ministry of Defense (ret.)

M. Virginia O. de Gristelli, Director del C. F. S.Bernardo de Claraval , Argentina

Jorge Esteban Gristelli, editor.(Argentina)

Giovanni Turco, Adjunct Professor of Philosophy of Public Law at the University of Udine (Italy)



Si alguien quiere sumar su firma a esta carta, puede dirigirse por correo electrónico a: Openlettercouncil@gmail.com



1 Cardenal Joseph Ratzinger 13 de julio de 1988, en Santiago de Chile.

2 Concilio Vaticano II: Un discorso da fare (Frigento: Casa Maria Editrice, 2009), posteriormente publicado en inglés como The Ecumenical Vatican Council II: A Much Needed Discussion. El extracto se toma de https://fsspx.news/en/vatican-iicouncil-much-needed-discussion.