BIENVENIDO A ESTE BLOG, QUIENQUIERA QUE SEAS



jueves, 21 de mayo de 2026

Si el viaje del Papa fuera esto, sería mejor que no viniera



Acabo de ver un vídeo hecho por la Conferencia Episcopal para promover la visita de León XIV a España que me ha enviado un lector. A pesar de haber visto de todo ya en mi vida, me ha invadido una abrumadora vergüenza ajena. Qué bajo hemos caído. Qué bajísimo.

Francamente, si el viaje del Papa tuviera algo que ver con este penoso vídeo, sería mejor que no viniera a España. Para traernos la misma banalidad sentimentaloide que encontramos por doquier en la sociedad poscristiana y apóstata, no merecería la pena. Estaría dedicando su tiempo y sus esfuerzos a llevar nieve al polo norte. Por fortuna, si Dios quiere, el viaje del Papa será mucho más que lo que refleja esa publicidad tontorrona, acomplejada y completamente desprovista de fe.

¿Creen que exagero? Véanlo ustedes mismos:

TIEMPO 2:44 MINUTOS


¿Contenido cristiano? Cero patatero. Es puro buenismo secularizado. A los personajes del vídeo, que viajan en metro, se les exhorta a mirar “a quien tienen enfrente” porque así verán “la verdad que hay en esos otros ojos”. En primer lugar, se nota a la legua que quien dice esas tonterías no ha ido nunca en metro o, si lo ha hecho, ha sido precisamente con los ojos fijos en su móvil. Segundo y mucho más importante, es tristísimo que esas cosas las diga la Iglesia, que sabe perfectamente dónde está la Verdad, pero, por lo visto, prefiere decir tonterías políticamente correctas.

Según el vídeo, al mirar a la persona de enfrente, también se descubre que “tenéis vidas distintas, sí, pero que compartís el cansancio del que trabaja cada día”. O no, porque hay gente cansada y gente descansada y gente que trabaja todos los días y otra que se dedica a no hacer nada tan ricamente. Y, en cualquier caso, ¿qué más da? De nuevo, la Iglesia sabe que lo que de verdad merece la pena compartir es la fe, que es precisamente lo que León XIV vendrá a proclamar. ¿Por qué hablar de todo menos de eso?

También supuestamente entenderán los viajeros que “no compartís gustos, pero sí el mismo deseo por encontrar las soluciones que agobian a vuestra generación”. Como si la solución de los agobios de todas las generaciones que en el mundo han sido no fuera la misma: Jesucristo.

Y lo de “en este vagón, como en la vida no importa la estación de la que vienen, sino el camino que les une”, francamente, produce náuseas. Es el arquetipo de frase hueca y pedestre que sugiere poderosamente que el autor del vídeo y los que lo han aprobado tienen una mente deformada por el relativismo y la publicidad. ¿Por qué? ¿Por qué la Iglesia nos castiga con estas memeces?

¿De verdad cree alguien que “la persona que tengo enfrente es la respuesta que necesito para entenderme”? ¿Cuándo dejó de serlo Cristo? ¿De verdad la conclusión final es “bajen las barreras, encuentren las respuestas? ¿Las respuestas? ¿Eso lo dice la encargada de proclamar la única Respuesta? ¿Ha pagado la Conferencia Episcopal, con el dinero que las viudas echan en la colecta, esta malhadada mezcla de relativismo, secularismo y buenrrollismo políticamente correcta?

Si la visita del Papa fuera esto, si lo que la Iglesia anuncia o tiene que ofrecer fuera algo lejanamente parecido a esto, seríamos los más desgraciados de todos los hombres. Dejémonos de tonterías y hablemos al mundo de la fe católica, que es lo que necesita y puede salvarlo. El día está avanzado y la noche se echa encima. Dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.

Bruno Moreno

El informe del Sínodo sobre las relaciones entre personas del mismo sexo debe ser refutado con firmeza


Cardenal Willem Jacobus Eijk 


El informe recientemente publicado por el Grupo de Estudio 9 del Sínodo supone una preocupante desviación de la enseñanza moral constante de la Iglesia católica. Aunque los autores afirman carecer de «la competencia o, sobre todo, de la autorización eclesiástica necesaria» para abordar de manera definitiva cuestiones morales individuales, la metodología y el marco del informe socavan sistemáticamente la capacidad de la Iglesia para proclamar y aplicar su doctrina moral. No se trata meramente de una deficiencia técnica, sino de una contradicción fundamental de la enseñanza católica que exige una respuesta contundente.

La preocupación más inmediata se refiere al tratamiento que el informe da a las relaciones entre personas del mismo sexo. El documento presenta testimonios de personas con atracciones homosexuales sin proporcionar el marco moral de la Iglesia para comprender estas experiencias. El informe afirma que un testigo «da testimonio del descubrimiento de que el pecado, en su raíz, no consiste en la relación de pareja (del mismo sexo), sino en la falta de fe en un Dios que desea nuestra plenitud». Los autores del informe reproducen esta afirmación sin corrección ni aclaración.

El razonamiento de este testigo es fundamentalmente erróneo. Los actos homosexuales son intrínsecamente malos: esta es una doctrina católica establecida. Un cristiano creyente que se involucra en tales actos ciertamente falla en la fe, en la medida en que no confía en la gracia de Dios, que le permite evitar el pecado. Pero esto no significa que el pecado resida principalmente en la falta de fe más que en el acto en sí, como sugiere el testigo. El hecho de que los autores no aclaren este punto crea una ambigüedad peligrosa.

Un segundo testimonio es aún más problemático. Este testigo buscó primero ayuda en Courage International, el apostolado católico que enseña a las personas que experimentan atracciones hacia el mismo sexo a vivir de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia sobre la castidad. El informe presenta a Courage de manera negativa, sugiriendo que «separa la fe y la sexualidad» y afirmando falsamente que ofrece terapia de conversión. El testigo encuentra finalmente refugio en comunidades cristianas y con sacerdotes que acogen a «personas rechazadas por pertenecer a la comunidad LGBT». La clara implicación es que este segundo testigo, que vive en una relación homosexual, lo hace con el apoyo y la aprobación de estos sacerdotes y comunidades.

Al destacar tales testimonios sin comentarios doctrinales, el informe normaliza de hecho las relaciones homosexuales en el contexto de la Iglesia. Esto representa un claro intento de debilitar la proclamación de la doctrina moral católica.

El problema más profundo radica en todo el marco metodológico del informe. Los autores subordinan todo a la descripción de un «proceso sinodal» centrado en las prácticas y experiencias de las personas. Rechazan explícitamente lo que denominan «proclamar de manera abstracta y aplicar deductivamente principios establecidos de forma inmutable y rígida». En su lugar, abogan por mantener una «tensión fecunda entre lo establecido en la doctrina de la Iglesia y su práctica pastoral, y las prácticas de la vida».

Este lenguaje suena pastoral y centrado en Cristo, pero oculta una desviación radical de la teología moral católica. Los autores invocan la afirmación de Jesús de que «el sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado» para sugerir que las normas morales no pueden ser absolutas --que debe haber excepciones basadas en las circunstancias y experiencias individuales--. Se trata de una interpretación errónea fundamental de la Escritura.

La enseñanza de Jesús sobre el sábado se refería a la ley positiva divina --normas reveladas en la Escritura que no son intrínsecamente absolutas a menos que coincidan con la ley natural--. Las leyes litúrgicas judías han quedado efectivamente sin efecto en el Nuevo Testamento. Pero la ley moral relativa al matrimonio y la sexualidad tiene un carácter totalmente diferente. Estas normas emanan de la ley natural, que refleja los designios de Dios al crear a los seres humanos, el matrimonio y la sexualidad misma.

Dios creó el matrimonio como una entrega mutua y total entre un hombre y una mujer, a través de la cual pueden transmitir la vida humana. La diferenciación sexual y la apertura a la vida son elementos esenciales de esta entrega total. Los actos sexuales entre personas del mismo sexo no pueden constituir tal entrega total, ya que, por su propia naturaleza, están cerrados a la transmisión de la vida. Cualquier acto que viole las intenciones creadoras de Dios respecto al matrimonio y la sexualidad es siempre inadmisible, sin excepción. Estas son normas absolutas de la ley natural, establecidas para proteger valores no negociables.

El informe crea una ambigüedad deliberada precisamente en este punto. Los autores escriben que «la verdad universal de lo humano, en su expresión histórica, no puede, por lo tanto, determinarse de una vez por todas, sino que se encuentra en las formas concretas de las diferentes culturas, en un diálogo incesante». Sugieren que llegar al conocimiento moral requiere un proceso sinodal a largo plazo de escucha entre culturas y experiencias.

Esto es simplemente falso. Las intenciones con las que Dios creó a la persona humana en el contexto del matrimonio y la sexualidad son verdades universales, establecidas de una vez por todas, que los seres humanos pueden conocer espontáneamente a través de la ley moral natural, y que se encuentran en la Sagrada Escritura. San Pablo enseña que cuando los gentiles «que no tienen ley, cumplen naturalmente las exigencias de la ley, ellos, aun sin tener ley, son para sí mismos ley. Esos tales muestran que tienen escrita en sus corazones la exigencia de la ley» (Rom 2, 14-15).

El rechazo del informe a aplicar verdades morales universales a acciones específicas se hace aún más evidente en su principio de «pastoralidad». Este principio guía el «discernimiento de cuestiones emergentes» dentro del proceso sinodal. La comisión prefiere la expresión «cuestiones emergentes» a «cuestiones controvertidas» porque «la lógica de la emergencia hace hincapié en la capacidad de todo el Pueblo de Dios para «permanecer con el problema» en lugar de resolverlo.

En la práctica, esto significa evitar «una perspectiva de resolución de problemas, o la de quienes presumen deducir la acción de la simple aplicación de normas». La comisión no busca «una solución generalizable», sino más bien «formas concretas de iniciar un proceso en forma de escucha». Esto representa «la superación del modelo teórico que deriva la praxis de una doctrina »preconfigurada». En otras palabras, el informe deja de lado la aplicación de la doctrina de la Iglesia y la teología moral clásica en la atención pastoral y la confesión.

Esto se deriva de un malentendido persistente que ha plagado la teología pastoral desde la década de 1960: la noción de que la atención pastoral consiste en encontrar compromisos entre la enseñanza moral de la Iglesia y la realidad concreta de la vida de las personas. Este enfoque asume que la verdad moral tiene un doble estatus --verdad doctrinal abstracta, por un lado, y verdad existencial concreta, por otro-- y da prioridad a esta última para crear espacio para excepciones a las normas universales.

El papa Juan Pablo II rechazó enérgicamente este enfoque en Veritatis Splendor: «Sobre esta base se pretende legitimar las llamadas soluciones «pastorales» contrarias a las enseñanzas del Magisterio, y justificar una hermenéutica «creativa», según la cual la conciencia moral no estaría obligada en modo alguno, en todos los casos, por un precepto negativo particular».

La verdadera atención pastoral no busca compromisos con la verdad moral. El pastor conduce a las personas hacia la verdad, que se encuentra en última instancia en la Persona de Jesucristo. Debe animar a quienes están a su cargo a ajustar sus acciones a la verdad tal y como se establece en las normas morales. No hay auténtica caridad pastoral en oscurecer la verdad moral o sugerir que las normas universales admiten excepciones basadas en circunstancias individuales.

El informe del Grupo de Estudio 9 contradice fundamentalmente la doctrina moral católica y socava por completo su aplicación a la conducta moral. Relativiza la doctrina moral de la Iglesia, con consecuencias que van mucho más allá de las cuestiones de sexualidad hasta la protección de la vida humana misma. Este informe debe ser refutado con firmeza.

Mientras tanto, los fieles pueden estar seguros de que varios cardenales y obispos darán a conocer sus objeciones al Magisterio romano.

La enseñanza de la Iglesia no es oscura, ni está sujeta a revisión a través de procesos sinodales. Es la verdad la que nos hace libres.

La Iglesia de los «puentes»: Bad Bunny no molesta; el Valle de los Caídos sí

INFOVATICANA



El cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, ha dejado abierta la puerta a un posible encuentro entre el papa León XIV y el cantante Bad Bunny durante la visita que el Pontífice realizará a España del 6 al 12 de junio. En declaraciones a Europa Press, Cobo afirmó que “puede haber puentes” con el mundo cultural y aseguró que no existiría incompatibilidad entre la presencia del Papa en Madrid y los conciertos que el puertorriqueño ofrecerá esos mismos días en la capital. Además, lamentó que el posible encuentro con Rosalía, recientemente premiada por la Conferencia Episcopal Española, no fuera posible debido a la agenda de la artista.

Todo se mueve dentro de un mismo lenguaje: puentes, diálogo, encuentro, búsqueda compartida de valores.

Y, sin embargo, cuanto más se escucha ese discurso, más evidente se vuelve otro detalle: algunos de los grandes símbolos históricos y espirituales del catolicismo español han quedado completamente fuera del horizonte de la visita.


Una visita cuidadosamente diseñada

La agenda de León XIV en España no es improvisada. Al contrario. Todo está debidamente planeado con una voluntad muy concreta para proyectar una imagen de Iglesia: abierta, dialogante, amable, culturalmente accesible y cuidadosamente alejada de cualquier símbolo que pueda resultar incómodo en el clima político y mediático actual.

Es por eso que Bad Bunny aparece presentado como una oportunidad para “crear puentes”, otros lugares profundamente vinculados a la identidad católica española ni siquiera figuran en el mapa del viaje.

Mientras tanto, algunos de los grandes símbolos históricos y espirituales del catolicismo español han quedado completamente fuera de la agenda: ni el Valle de los Caídos, ni Covadonga, ni el Cerro de los Ángeles, ni el Pilar, ni Santiago de Compostela o el Rocío.

La incomodidad con los propios símbolos

Aclaremos. El problema no es que un Papa pueda encontrarse con un cantante. La Iglesia siempre ha dialogado con artistas, gobernantes, intelectuales y personas de toda condición.

La cuestión es otra. La cuestión es por qué parece existir hoy mucha más comodidad eclesial acercándose al universo cultural del entretenimiento globalizado que reivindicando sin complejos los grandes símbolos históricos del catolicismo español.

El Valle de los Caídos continúa siendo tratado como un espacio prácticamente tóxico para buena parte de la jerarquía. Covadonga, cuna espiritual de la Reconquista y símbolo del nacimiento de la España cristiana, ni aparece. El Cerro de los Ángeles —consagración nacional al Sagrado Corazón— permanece completamente fuera del relato oficial.

Está claro que los símbolos tradicionales generan hoy más nerviosismo eclesial que cualquier estrella de reguetón internacional.

La Iglesia del “abrazo”

Las propias palabras de Cobo reflejan además un modo muy concreto de presentar la fe. Al hablar de la vigilia papal con los jóvenes, el cardenal la describió sobre todo como “un abrazo”. No como una llamada a la conversión. No como un encuentro con Cristo. No como una proclamación del Evangelio. Sino como una experiencia afectiva y humana compartida.


El problema llega cuando el contenido específicamente cristiano empieza a desaparecer detrás de una vaga espiritualidad emocional. Algo parecido sucede cuando Cobo defiende el premio concedido a Rosalía. Lo importante —explica— no es que represente una espiritualidad católica ortodoxa, sino una cierta “búsqueda” compartida por «lo grandes valores».


El problema no es que la Iglesia tienda la mano a quienes buscan, dudan o viven alejados de la fe. El cristianismo siempre ha salido al encuentro del hombre concreto, con sus contradicciones y heridas.

La cuestión es qué ocurre después de ese primer puente: si ese acercamiento conduce verdaderamente al anuncio de Cristo y del Evangelio o si todo termina reducido a una vaga experiencia de acompañamiento, escucha y búsqueda compartida sin una propuesta clara de verdad, conversión y salvación.

Los símbolos que ya no parecen cómodos

Quizá el rasgo más revelador de esta visita no sea la posibilidad de un encuentro con Bad Bunny. Tampoco los gestos hacia el mundo cultural contemporáneo. El cristianismo siempre ha dialogado con su tiempo.

Lo verdaderamente significativo es qué símbolos se consideran hoy presentables y cuáles parecen haberse convertido en un problema.

Porque mientras se insiste constantemente en los “puentes” hacia fuera, da la impresión de que algunos dentro de la Iglesia sienten una creciente incomodidad hacia buena parte de su propia memoria histórica, espiritual y civilizadora.

Y eso probablemente explica mucho mejor la crisis de identidad del catolicismo occidental que cualquier concierto multitudinario en Madrid.

Aséptico y vacío: el spot oficial de la visita del Papa a Madrid prescinde de Cristo





La campaña que acompaña la preparación del Viaje del Papa a España ha presentado el spot oficial para la visita de León XIV a España. Dos minutos y medio de imágenes cuidadas, estética impecable, música emotiva y un mensaje centrado en la mirada, el encuentro, las diferencias humanas y la convivencia social. Todo muy correcto. Todo muy sensible. Todo extraordinariamente vacío.

El resultado recuerda más a una campaña filantrópica de sensibilización social que a un anuncio para la visita del sucesor de Pedro.




¿Cómo puede un spot oficial para la visita del Papa convertirse en un mensaje tan cuidadosamente desprovisto de contenido cristiano?

Mucha emoción, poca fe
El vídeo presenta un vagón de metro lleno de personas distintas que aprenden a “mirarse” y descubrir que comparten miedos, sueños y cansancios. El mensaje final invita a “alzar la mirada”, “bajar las barreras” y “encontrar respuestas”
Pero respuestas… ¿a qué?

El problema no es hablar de fraternidad humana. El cristianismo siempre ha hablado de ella. El problema es construir un discurso donde la dimensión sobrenatural desaparece completamente y donde el hombre parece bastarse a sí mismo a través de la simple experiencia emocional del encuentro con el otro.

El resultado es un mensaje perfectamente compatible con cualquier campaña institucional, ONG internacional, anuncio corporativo o iniciativa de cohesión social, hasta un anuncio de refresco podría encajar.

El hombre como respuesta del hombre

Quizá la frase más reveladora del vídeo llega cuando la voz en off pregunta: “¿Y si la persona que tengo enfrente es la respuesta que necesito para entenderme?”.

Ahí aparece condensado todo el problema antropológico y espiritual del anuncio.

Porque para el cristianismo, el hombre no es la respuesta última del hombre. Cristo lo es.

El prójimo importa precisamente porque remite a Dios, porque ha sido creado a imagen de Dios y porque el amor al otro nace del amor a Cristo. Cuando se elimina ese fundamento sobrenatural, la fraternidad termina reducida a un sentimentalismo horizontal tan emotivo como incapaz de responder a las preguntas profundas del alma humana.

Una estética eclesial cada vez más secularizada

El vídeo refleja además una tendencia cada vez más frecuente en la comunicación eclesial contemporánea: la obsesión por resultar inclusivos, amables y universalmente aceptables incluso a costa de vaciar el mensaje cristiano de su contenido más específicamente religioso.

Todo está diseñado para no incomodar a nadie.

No hay pecado porque podría sonar duro. No hay verdad porque podría sonar excluyente. No hay llamada a la conversión porque podría parecer exigente. No hay Cristo porque podría dividir.

Queda únicamente una espiritualidad genérica del encuentro, la empatía y las emociones compartidas.

Paradójicamente, en el intento de resultar accesible a todos, el mensaje termina perdiendo precisamente aquello que hace única a la Iglesia.

Blanca Parga va al fondo de la cuestión en el Valle de los Caídos: "Con la ley en la mano no cabe negociar"



Blanca Parga Landa. Doctor en Ingeniería Naval (1988, Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales ETSIN, UPM). Premio Extraordinario de Doctorado. Licenciada en Derecho 2015 (UCM). Escuela de Práctica Jurídica 2016, Especialización en Derecho Medioambiental EPJ 2017, (núm. 1 de la Promoción). Máster en Ciclo Integral del Agua: Planificación de recursos, Calidad y Tratamiento (2024,UPM).

Ingresó por concurso oposición en el Cuerpo de Profesores Titulares de Universidad en 1989. (UPM) Seis Quinquenios Docentes y cuatro Sexenios. Ha impartido docencia en varias asignaturas del área de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica, Organización y Calidad en la ETSIN; ha impartido también Recursos Hídricos en Materiales de Construcción en el Máster Universitario de Economía Circular (MUEC) de la UPM. Desde 2017 hasta la actualidad es Profesora Coordinadora de Calidad, Seguridad y Protección medioambiental en los Grados de Arquitectura Naval e Ingeniería Marítima. Desde 2019 es también Coordinadora de Recursos hídricos en materiales de Construcción en el Máster de Economía Circular de la UPM.

Es autora de más de cincuenta publicaciones (artículos en revistas científicas indexadas, capítulos de libros, comunicaciones a congresos, un libro como única autora) y de cuatro patentes nacionales e internacionales. Ha dirigido proyectos de investigación nacionales e internacionales. Secretaria de la Comisión COINCIDENTE. Asesora de ASTILLEROS ESPAÑOLES, (hoy Navantia) y del Lawrence Livermoore Laboratory (EEUU). Embajadora española de la Fundación Internacional CLINTEL Clima e Inteligencia. Promotora del Foro Iberoamericano Clima y Energía (FICE), que actualmente preside. Es miembro de la Asociación de Ingeniería Naval Española (AINE), la Asociación Española de la Calidad, (AEC), la Asociación de Realistas Climáticos (ARC). Recientemente ha sido propuesta como miembro de CO2 Coalition (EEUU).

Usted ha presentado uno de los recursos que está en los tribunales defendiendo el Valle de los Caídos…

La prensa me ha denominado “un particular”. Pero no estoy recurriendo ante la Audiencia Nacional como se ha dicho. He interpuesto un recurso contencioso administrativo ante el Tribunal Supremo; es un recurso directo contra la Comisión Interministerial para la resignificación del Valle de Cuelgamuros y un recurso indirecto contra lo que ordena la Ley de memoria democrática respecto del Valle de los Caídos.

¿Por qué aborda ante los Tribunales de Justicia un asunto realmente complejo y al que nadie le interesa ofrecer una resistencia real…?

Porque soy hija de Dios. La resignificación es una profanación que me perjudica a mí y a mi familia; es un ataque contra la casa de Dios y las cosas de Dios, contra la Iglesia Católica de la que soy miembro. Porque creo en conciencia que debo hacerlo. Y porque en un Estado de Derecho con la Constitución y la ley en la mano no cabe resignificar nada ni urbanizar nada en el Valle de los Caídos.

El Señor asignó una triple función a España. Antes se sabía, está narrado por la Venerable María Jesús de Agreda en la Mística Ciudad de Dios que se publicó en 1670. Pero se ha olvidado. Esta misión quiere ser anulada y la fe en Dios erradicada. El ataque contra la Abadía del Valle de los Caídos, su profanación, es una parte importante de este plan para erradicar la fe en el verdadero Dios. Esto lo denunció también públicamente el Presidente de la Comisión de Cultura del Parlamento rumano.

Cuando se leen sentencias que dictan los tribunales se observa la fuerza y tenacidad con la que testigos de Jehová litigan defendiendo los locales donde se reúnen para el culto, litigan musulmanes para defender su derecho a portar signos -el velo islámico-, evangélicos para defender su derecho a la libertad religiosa, o del Movimiento Gnóstico Cristiano Universal de España, para defender su derecho a la libertad religiosa y a hacer proselitismo, con sus hijos… No sé qué les sucede a los parlamentarios españoles católicos, a la jerarquía de la Iglesia católica en España y a la mayoría de los católicos. Nos están pisando, nos están atacando, vulnerando la ley y el Derecho, y parece que, como san Isidro fue español, esperan sentados a que vengan los ángeles del cielo a arreglarnos todo.

No nos engañemos; no vivimos tiempos de paz. Estamos siendo víctimas de un ataque muy sutil que pretende erradicar la fe católica. Hemos de defender nuestra fe y nuestros derechos con ley en la mano. Es lo que estoy haciendo: defenderme como católica, como hija de Dios con la ley en la mano, defender a mi Dios y defender a la Iglesia de la que formo parte.

Acaba de referirse a “un ataque contra la Abadía”. ¿Considera que se está enfocando correctamente el debate en torno a la defensa del Valle de los Caídos?

Creo que la defensa del Valle de los Caídos debe afrontarse en los tres niveles en los que está teniendo lugar el ataque.

El primer nivel de ataque está en el ámbito de las normas jurídicas. A este nivel el último ataque es el de la ley de memoria democrática de 2022 en los artículos que le afectan.

El Valle de los Caídos es, en primer lugar, una cuestión de Derecho Internacional público. Está protegido por los Acuerdos Iglesia Estado de 1979 que el Tribunal Constitucional dijo que tenían rango de Tratado internacional. El rango de la norma es importante porque la Constitución española en su artículo 9.3 garantiza el principio de jerarquía normativa. La jerarquía normativa en España es: 1. Constitución; 2. Tratados Internacionales. 3. Normas con rango de Ley. 4 Reglamentos… Una norma con rango de Ley -la Ley de memoria democrática-, no puede ir contra un Tratado ni contra la Constitución porque es jerárquicamente inferior al Tratado y a la Constitución. Por decirlo de manera gráfica: donde manda Capitán no manda marinero. Aquí el marinero está contradiciendo al Capitán y, que yo sepa, soy de las pocas personas que empezó a decirlo. Es más, hay algún Obispo que ha olvidado que las relaciones de la Iglesia Católica con el Estado se rigen por varios Tratados internacionales, en concreto seis; no por una norma con rango de Ley como dijo. Las confesiones cuyas relaciones con el Estado se rigen por Leyes, todas del año 1992, son la judía, la evangelista y la musulmana.

Además, la Ley de memoria democrática de 2022 carece de lo que el Tribunal Supremo denomina “legitimidad democrática”, porque fue aprobada solo por 173 votos a favor. 176 parlamentarios no la votaron: unos porque votaron en contra (159), otros se abstuvieron (14) o no votaron (3). Por tanto, lo que las matemáticas dicen es que el número de representantes que votaron a favor de la Ley de memoria democrática (173) es inferior al número de representantes que no la votaron (159+14+3= 176). No tiene el apoyo de la mayoría de los españoles.

El segundo nivel de ataque o en el que se ha creado confusión es el de la Administración. El artículo 103 de la Constitución obliga a la Administración Pública -y al gobierno-, a actuar con sometimiento pleno a la ley y al Derecho. A mi el TS me ha dado en el expediente administrativo la certificación del acuerdo del Consejo de Ministros de creación de la Comisión Interministerial para la resignificación del Valle de Cuelgamuros (CIRVC) creada por el Consejo de Ministros y, lógicamente, respaldada por el Gobierno.. Fue creada al amparo del artículo 22.3 de la Ley 40/2015 de régimen jurídico del sector público. Ese artículo dice textualmente que los acuerdos de ese tipo de Comisión Interministerial “NO PODRAN TENER EFECTOS DIRECTOS FRENTE A TERCEROS”. Y aquí ha habido efectos directos frente a muchos terceros: Arquitectos, etc.

Personalmente pienso que la Comisión Interministerial ha actuado por vía de hecho como una Comisión Delegada del Gobierno, lo que es contrario a Derecho y produce la nulidad radical de todo lo que ha actuado.

Además, según el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno -que le abrió expediente-, tiene obligación de publicar las actas de todas sus reuniones (al menos una al mes desde su creación); no se ha publicado ni una: todas las reuniones de la Comisión Interministerial para la resignificación del Valle de Cuelgamuros han sido “secretas”.

Por otra parte, dado que el Valle de los Caídos es una obligación internacional contraída por España ante la Congregación Benedictina de Solesmes sita en Francia y la Santa Sede, protegida por normas con rango de Tratado internacional y otras resoluciones de la Santa Sede, el competente para negociar si fuere posible sostengo que es el Ministro de Asuntos Exteriores; y, precisamente él no forma parte de la Comisión Interministerial para la Resignificación del Valle de Cuelgamuros.

A nivel de Administración, pero en este caso Administración de Justicia, el Tribunal Supremo ha sembrado confusión, dicho sea con el debido respeto. En la segunda sentencia de la exhumación de Franco (STS 954/2020 de 08/07/2020 ha declarado que el Valle de los Caídos es un conjunto monumental de titularidad pública estatal. Y lo cierto es que la titular de la finca y todos los edificios del Valle de los Caídos es la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Así obra registrada en el Registro de la Propiedad de San Lorenzo del Escorial.

Por su parte el Gobierno de Aragón que ha intervenido en temas de traslado de restos de fallecidos al Valle de los Caídos declaraba correctamente en su página web que la Titular del Valle de los Caídos es la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Y añadía que su estatuto jurídico es “fundación” “privada”. Aporté en mi recurso esta información pero ya ha sido borrada de la web del gobierno de Aragón.

El tercer nivel de ataque ha sido el concurso que ha finalizado en un proyecto arquitectónico de resignificación ganador; proyecto promovido por la referida Comisión Interministerial. Vd. se preguntará: - ¿ pero si no podían pasar de la verja cómo es que se han metido hasta la cámara nupcial, el altar?. Eso mismo me pregunto yo. Nunca debería haberse llegado a donde se ha llegado. Pero el hecho es que se ha llegado. Creo que ha sido por confusión, por dejación, por desidia y pereza a la hora de estudiar bien un tema que, como dice Vd. es complejo.

Yo combatí inicialmente el Concurso pero reparé en que sólo están legitimados quienes son licitadores y, también, lógicamente, los monjes porque en el Valle de los Caídos está la Abadía que es su residencia, la Basílica es el templo de su Abadía, el Colegio Escolanía que crearon es de su propiedad y tienen firmados dos convenios que están vigentes. Me retiré de esa línea de defensa en vía administrativa (por no ser licitadora). Pero puedo decirle que el concurso no ha respetado la ley ni una parte esencial del entramado jurídico que se creó para hacer posible la petición que España hizo a la Santa Sede en los años mil novecientos cincuenta y dos (creo que fue cuando comenzaron las gestiones aprovechando la firma del Concordato).

Cuando examiné el pliego de prescripciones técnicas comprobé que el Ministerio de la Vivienda olvidó tener en cuenta un reglamento que desarrolló el Decreto Ley de agosto de 1957 y un convenio con los monjes: no los incluyó en el pliego de prescripciones técnicas. El único convenio que cita lo cita mal porque confunde una de las partes que firmaron: dice que los monjes firmaron con el gobierno cuando en realidad el Abad en representación de la Abadía firmó con la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Se dejan tanto en el tintero que cualquier parecido del cuadro que dibujan con la realidad es pura coincidencia.

Considero que todo lo actuado a este nivel es nulo triplemente, porque lo actuado en los dos niveles anteriores es nulo.

¿Por qué ha dicho “si fuere posible negociar? ¿Qué opina de las negociaciones que ha habido o las que se proponen? ¿Acaso no es usted partidaria de una negociación?

Soy partidaria de negociar los asuntos o cuestiones negociables. Pero si algo no es negociable, no cabe negociar nada; y hacerlo con negociadores que carecen de competencia es perder tiempo, dinero y confundir. Respecto del Valle de los Caídos no cabe negociación.

Como he recordado antes el Valle de los Caídos es la respuesta de la Santa Sede a una petición que hizo España a la Abadía de Solesmes ( a través de la Abadía de Silos) y a la Santa Sede para que se erigiera una nueva Abadía benedictina, independiente, en el conjunto monumental sito en el Valle de Cuelgamuros, a la que se iban a encargar unos fines espirituales: el culto a Dios con la mayor solemnidad, impetrar por la paz en España…. España ofreció a la nueva Abadía para residir y cumplir los fines que se le solicitaban el conjunto monumental construido en el Valle y el propio Valle de Cuelgamuros. La Abadía de Solesmes aceptó y la Santa Sede aceptó los términos de dicho acuerdo internacional que cabe resumirlos en lo siguiente: por parte de España cesión indefinida de unos bienes demaniales a cambio de cumplimiento de fines espirituales y de estudio por parte de la Abadía.

El compromiso de España a nivel interno se plasmó en el Decreto Ley de 23 de agosto de 1957 de creación de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos que en su artículo primero crea la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Y define sus fines: “Sus fines serán rogar a Dios por las almas de los muertos en la Cruzada nacional, impetrar las bendiciones del Altísimo para España y laborar por el conocimiento e implantación de la paz entre los hombres, sobre la base de la justicia social cristiana.”

Para la realización de dichos fines se dotó a la Fundación de los siguientes bienes:

Artículo tercero.-Se dota a la Fundación con los siguientes bienes:

a. El Valle de Cuelgamuros con todos sus edificios (incluidos los mobiliarios y ajuares), terrenos y derechos accesorios. Serán bienes de dominio público y tendrán, por consiguiente, el carácter de inalienables, imprescriptibles e inembargables y no estarán sujetos a tributación.

b. Los beneficios de la lotería de 5 de mayo (…)

c. Las aportaciones o donativos que puedan recibir de Corporaciones o particulares
Es evidente que los fines de la Fundación son fines espirituales católicos. Tan es así que en diversos documentos aparece citada como Fundación piadosa de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

Ese Decreto Ley se desarrolló en el CONVENIO ENTRE LA FUNDACIÓN DE LA SANTA CRUZ DEL VALLE DE LOS CAÍDOS Y LA ABADÍA BENEDICTINA DE SILOS, que en su artículo primero declara que la Abadía Benedictina independiente -Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos-, “residirá en el Valle de los Caídos de Cuelgamuros y se encargará del cumplimiento de los fines de la Fundación, en los términos y condiciones que se expresan en el Decreto Ley de 23 de agosto de 1957 y en el presente Convenio” . En su artículo segundo declara que la duración de este Convenio “será indefinida”. Tras enumerar en el artículo 3 todas las obligaciones de la Abadía, se declara que “en lo que se refiere al culto y al régimen interior de la Comunidad ésta tendrá la libertad plena conforme a las prescripciones de sus Reglas y Constituciones y al Derecho Canónico, sin injerencia alguna del Patronato de la Fundación o de cualquier autoridad civil”. El artículo sexto declara: La Fundación entregará, previo inventario, a la Abadía, la Basílica y edificios, incluidos enseres y muebles, y la Abadía se obliga a conservarlos en perfecto estado, para lo cual se fijará la cantidad necesaria en el presupuesto fundacional. En fin, podría extenderme pero creo que queda claro a qué se obligó España ante la Santa Sede.

Y, atendiendo a esta petición respaldada por el Decreto Ley de 1957 de Creación de la Fundación pía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, y el Convenio que iba a firmarse entre la Fundación y la Abadía, el 27 de mayo de 1958 el Papa Pio XII erigió la Abadía de la Santa Cruz del Valle de Los Caídos como Abadía exenta para que se estableciera en el Valle y Edificios del Valle de los Caídos (Cfr. Carta Apostólica STAT CRUX). Después de referirse a todos los edificios que con esplendidez España cedía a los monjes para cumplir los fines espirituales que se les encomendaban dijo en la Carta Apostólica STAT CRUX:
“erigimos y constituimos para siempre a la nueva Abadía exenta, que ha de ser nombrada con el título de Santa Cruz del Valle de los Caídos a la cual, como perteneciente a la Congregación Solesmense de la Orden de San Benito, la hacemos participe de todos los derechos y a privilegios concedidos a los Abades de tal Familia religiosa. Sin que obste nada en contra.
Esto promulgamos y establecemos, decretando que las presentes Letras sean y permanezcan siempre firmes, válidas y eficaces: que produzcan y conserven íntegros sus plenos derechos, que plenamente favorezcan, ahora y después, a los prelados y monjes, presentes y futuros, de la mencionada Abadía establecida de esta forma por Nos. Conforme a esto se ha de interpretar y definir; desde ahora se ha de tener sin efecto y sin valor cuanto atentare contra ellas, a sabiendas o por ignorancia, por quienquiera o en nombre de cualquier autoridad”.
“Para siempre” en español significa “para siempre”.

Yo tampoco dudo de la interpretación en español del significado de se ha de tener sin efecto y sin valor cuanto atentare contra ellas, a sabiendas o por ignorancia, por quienquiera o en nombre de cualquier autoridad.

Cuando San Juan XXIII erigió la Iglesia de la Abadía en Basílica Pontificia repitió la misma declaración.

Por tanto, con los antecedentes citados: un convenio de cesión de bienes demaniales indefinido con un entramado jurídico de desarrollo correcto con otro convenio firmado entre la Fundación y la Abadía para desarrollar el Reglamento de Régimen Interior y los dos documentos papales con los párrafos que acabo de reproducir…, en mi opinión, no hay nada que negociar por ninguna autoridad. La protección de los Tratados Internaciones es a más a más, porque como en el Derecho Internacional rige el principio Pacta sunt Servanda. El pacto es indefinido y no puede modificarse por ninguna autoridad: Roma locuta causa finita.

Lo dicho: es definitivo. Estamos ante una obligación internacional indefinida protegida, además, por un Tratado Internacional con la Santa Sede. Ante algo no negociable. Pero, o esto no se recuerda por quien debe recordarlo, o no sé qué sucede. Y, en su lugar, se incrementa la confusión y se insiste en que hay que negociar.

Respecto de esto quiero aclarar que también se confunde. Porque si lo que se quiere negociar es una modificación del Acuerdo sobre Asuntos Jurídicos Reino de España- Santa Sede (uno de los Tratados Internacionales), no cabe sentarse a negociar como si de la renegociación de un contrato de arrendamiento se tratara.

Cuando Trump dijo la primera vez en 2017 que EEUU salía del Acuerdo de Paris de Cambio Climático -que tiene rango de Tratado Internacional-, muchísimos analistas se quejaron de inmediato: -¡no puede!. Tiene que cumplir la legislación de los Tratados: la Convención de Viena.

Aquí nadie, que yo sepa, ha dicho nada. Pero es que, además, entramos en un ámbito en el que están afectados derechos fundamentales (el derecho a la libertad religiosa, el derecho al culto por citar sólo dos) y otras cuestiones respecto de las que, según el artículo 94 de la Constitución ha de intervenir el Parlamento. Y, hasta donde sé, este tema no se ha tratado con la seriedad que merece en el Parlamento.

De todas formas, aunque se reformaran los Acuerdos Reino de España Santa Sede, en Derecho Internacional rige el principio Pacta Sunt Servanda y respecto del Valle de los Caídos como ya he dicho, no cabe modificación. La Abadía es la beneficiaria de una concesión de bienes demaniales -todo el conjunto monumental y en mi opinión también el Valle de Cuelgamuros-, indefinida, para siempre, salvo que incumplan las obligaciones que les imponen: celebrar el culto con la mayor solemnidad, crear una Escolanía…. que lo están haciendo. Quien está incumpliendo aquí es la Fundación, que no dota de fondos para mantener los edificios.

Y, aunque se deduce de lo dicho, no cabe extinguir la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y repartir sus bienes -que es uno de los objetivos para los que se creó la Comisión Interministerial para la Resignificación del Valle de Cuelgamuros-, porque forma parte inescindible del pacto internacional alcanzado con la Santa Sede. La situación no es comparable a la del Hotel Santa María del Paularsito al lado de la Abadía benedictina del Paular. Permítame recordarla. En el año 2014 la Comisión de Patrimonio del Ministerio de Cultura provocó el cierre del Hotel Santa María de El Paular donde los jóvenes que contraían matrimonio en la Iglesia del Real Monasterio del Paular de dicha Abadía Benedictina celebraban su boda. Tras el cierre, determinadas personas se llevaron tapices, otras arrancaron apliques y hasta grifos. Fue un dolor contemplar aquel expolio. El mobiliario y objetos de mayor valor fueron subastados. Cincuenta familias perdieron sus ingresos. Sólo dos fueron reubicadas con trabajo en hoteles de Barcelona. Eso es lo que se pretende hacer con todo el ajuar y los bienes de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Pero no es posible porque que se cedieron a la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Desconozco qué planes de reparto de bienes -que incluye la hospedería-, y ajuares ha hecho la Comisión Interministerial para la Resignificación del Valle de Cuelgamuros, que recuerdo, tiene prohibido por Ley adoptar acuerdos que afecten directamente a terceros. Pero, insisto, la extinción de la Fundación de la Santa Cruz no es posible; y el reparto de sus bienes, tampoco, aunque sea uno de los objetivos de una Comisión Interministerial creada por el Consejo de Ministros para ejecutar una Ley. No son cuestiones negociables porque la Fundación y todos los bienes de la que es titular forman parte de ese pacto internacional con la Santa Sede; y, además, gozan de la protección del Tratado Internacional como inviolables: todo en el Valle de los Caídos está ordenado al culto a Dios con la mayor solemnidad.

Entonces, siendo realistas, ¿hay alguna posibilidad real de parar todo el infame proceso de resignificación?

Si se aplica la Ley y el Derecho no cabe resignificar nada. Ahora que hay nuevo Abad es él la máxima autoridad de una Abadía que es “exenta” y “territorial” ostentando una concesión administrativa indefinida sobre el territorio especificado en el Decreto Ley de 23 de agosto de 1957 y normas y convenios posteriores de desarrollo -que no cabe derogarlos por ser una obligación internacional ante la Santa Sede para siempre-, cuya titular es la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

¿Cuáles son las siguientes acciones que espera realizar y qué resultados espera?

El Tribunal Supremo considera que no estoy legitimada. Pero debe interpretar los derechos fundamentales de acuerdo con la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos humanos. Voy a recurrir el Auto de inadmisión. Y espero no se asuste y sea estimado. Digo con el debido respeto que no se asuste porque cuando pedí que se completara el expediente administrativo no exigió que se completara. Y la ley le dota de medios para exigir que se complete.

¿Cuál sería su plan B en caso de que no prospere esta vía?

Rezar. En realidad este plan B llevo ejecutándolo de forma paralela. Rezar por la paz y rezar para que los pastores defiendan a la Iglesia como debe ser defendida.

Los católicos no somos un grupo de creyentes novatos de una nueva confesión que ha alcanzado el número de cien personas para que sea reconocida por el Estado, como algunos pretenden hacernos creer. No se nos puede tratar como a pordioseros; y al Señor, menos. El estado de alguno de los techos, barandillas, etc. de algunas zonas del Valle de los Caídos es propio de pordioseros, porque no se mantienen. No puede ser que con nuestros impuestos se estén realizando donativos a Organizaciones Internacionales mientras se deja que el Valle de los Caídos se deteriore.

La Santísima Virgen María vino a Zaragoza el dos de enero del año cuarenta y nos regaló el Pilar. Desde entonces la fe se estableció en España con especial arraigo y la difundimos por todo el mundo; somos la nación predilecta de la Virgen, pero, también, una de las que más dolor le está causando.

Mi recurso debería prosperar en un Estado de Derecho. Si no prosperara espero haber despertado a algunas personas que hasta el momento no han actuado, o han actuado confundidas, para que ejerzan la defensa de la Iglesia Católica como el Señor, la Santísima Virgen María y los católicos nos merecemos.

Por Javier Navascués

La visita del Papa a España: luces y sombras de un acontecimiento mayor



Las visitas papales nunca son acontecimientos neutros. En ellas convergen, de forma casi inseparable, la dimensión espiritual, el impacto mediático, la lectura política y la movilización social. Son momentos de alta intensidad simbólica donde la fe se expone ante el mundo y el mundo intenta apropiarse del símbolo. El viaje de León XIV a España participa plenamente de esa lógica: puede dejar frutos profundos de conversión, esperanza y revitalización eclesial, pero también corre el riesgo de quedar atrapado en el ruido ideológico, la instrumentalización política y ciertos excesos emocionales que conviene observar con serenidad y sentido crítico.


Aspectos positivos


Una puerta abierta a la fe

La visita papal opera como umbral simbólico: muchos que se acercan por curiosidad inicial terminan rozando algo que dormía en ellos. La gracia actúa también en los márgenes, y un acontecimiento de esta envergadura puede ser el primer eslabón de un regreso a los sacramentos para quienes llevaban años alejados.

El alejado, interpelado

El practicante tibio, el bautizado que vive de espaldas a la Iglesia, encuentra en este momento una presencia difícilmente ignorable. No es proselitismo mediático, sino el peso propio de lo sagrado irrumpiendo en la cotidianeidad. Ese contacto puede ser semilla.

Dinamismo eclesial en las diócesis

Las peregrinaciones organizadas, los actos paralelos y los encuentros interdiocesanos generan un tejido de comunidad que raramente se activa en tiempos ordinarios. La Iglesia se mueve, se ve a sí misma y es vista. Ese movimiento tiene valor propio más allá del evento central.

Semilla de vocaciones

No es anecdótico: una proporción significativa de quienes hoy son sacerdotes, religiosas o laicos comprometidos señalan una Jornada Mundial de la Juventud, una beatificación o una visita papal como momento bisagra en su discernimiento. La movilización masiva puede ser, para muchos jóvenes, el inicio de algo definitivo.


Aspectos de riesgo


El contexto político envenena el ambiente

La visita llega en uno de los momentos de mayor crispación institucional de la democracia española. Con el gobierno en la cuerda floja, el presidente Sánchez en posición de némesis performativa frente a Trump, y toda una familia presidencial bajo escrutinio judicial, cualquier imagen de acercamiento entre el Papa y el poder puede ser instrumentalizada en ambas direcciones.

La fe no debería ser moneda de cambio electoral, pero el riesgo es real.

El discurso que obvia el drama moral

Existe una distancia creciente entre los palacios episcopales y la angustia real de los fieles: inseguridad, delincuencia, acceso deteriorado a los servicios públicos, y una inmigración descontrolada que genera tensiones sociales que nadie en las cúpulas eclesiales parece querer nombrar.

Si el discurso papal ante el Congreso pasa de puntillas sobre el aborto, la eutanasia y la destrucción de la familia para centrarse en narrativas más agendistas políticamente, el mensaje llegará partido —interpretado como alineamiento con la visión migratoria del progresismo woke— y los fieles más lúcidos no lo pasarán por alto.

El efecto llamada en Canarias

La visita anunciada a un puerto receptor de pateras y cayucos no es un gesto sencillo. Con los ojos del mundo enfocados en ese punto concreto, las mafias de tráfico de personas y los desesperados de la otra orilla pueden leer el momento como una ventana de impunidad.

Un incremento de salidas podría derivar en un drama humano de enorme magnitud —muertes en el mar, imágenes devastadoras— y en una crisis de imagen sin precedentes para la propia visita. El riesgo, desgraciadamente, no es hipotético.

La papolatría y sus peligros

Circulan ya, en podcasts de la archidiócesis de Madrid, expresiones del calibre de «es Jesús en la tierra», «vi al Papa y vi a Dios» o «voy a respirar el mismo aire que el Papa». Esto es confusión teológica con potencial para causar daño real.

Vivimos en una era de huella digital permanente: los papas futuros arrastrarán huellas digitales que les humanicen tanto en virtudes como en defectos y que seguramente desmitifiquen su figura. La divinización de una persona de carne y hueso es siempre una trampa. El centro es Cristo y la Iglesia, no el fenómeno mediático o emocional del momento. La sede Petrina tiene un valor inmenso per se, independientemente de quien la ocupe en cada tiempo. Hay que cuidar mucho el enfoque y el relato para evitar confusión.

domingo, 17 de mayo de 2026

Clamor ciudadano para pedir la dimisión inmediata de Sánchez: la sociedad civil saldrá a la calle el 23 de mayo en Madrid




Este es un momento de emergencia nacional. Lo que nos jugamos el próximo sábado 23 de mayo no es el éxito de unas siglas políticas ni el ascenso de un candidato específico. Lo que está en juego en las calles de Madrid es la supervivencia de España como nación soberana, como Estado de derecho y como una comunidad de ciudadanos libres e iguales. La cita, convocada por la plataforma Sociedad Civil Española —que aglutina a más de 150 asociaciones—, no es una opción; es un deber moral para todo aquel que contemple con horror cómo se desmoronan los cimientos de nuestra convivencia.

La marcha partirá a las 10:30 horas desde la Plaza de Colón y recorrerá el corazón de la capital hasta el Arco de la Victoria en Moncloa. Es hora de que el clamor de la calle llegue hasta el despacho de quien ha hecho de la mentira su forma de gobierno y de la traición su herramienta de supervivencia.

El fin de la paciencia: Por qué debemos echar a Sánchez

Pedro Sánchez no es un gobernante al uso; es el arquitecto de un proceso de demolición controlada. Desde su llegada al poder, hemos asistido a una aceleración de la hoja de ruta iniciada hace años para liquidar la nación española. Su gestión no se mide en leyes de progreso, sino en escándalos de corrupción, asaltos a la independencia judicial y pactos con quienes tienen como único objetivo destruir España.

La indignación ya no es un sentimiento de partido; es un clamor transversal. Los españoles están cansados de ver cómo su futuro se negocia en despachos oscuros fuera de nuestras fronteras, cómo la igualdad ante la ley desaparece para beneficiar a delincuentes con pedigrí político y cómo las instituciones del Estado —desde el CIS hasta la Fiscalía— han sido colonizadas para servir a la voluntad de un solo hombre. El daño que Sánchez está haciendo a los españoles es profundo, sistemático y, si no reaccionamos ahora, será irreversible.

Un país asediado por la corrupción y el desgobierno

El contexto en el que llegamos a este 23 de mayo es dantesco. El cerco judicial se estrecha sobre el entorno más íntimo del presidente. La sombra de la corrupción ya no solo planea sobre su gobierno, sino que ha entrado en su propia casa. Declaraciones ante el Tribunal Supremo, empresarios señalando tramas de influencias y una sensación de impunidad que ofende a cualquier ciudadano que madruga para cumplir con sus obligaciones.

Mientras la economía de las familias se asfixia bajo una presión fiscal insoportable y un gasto público ineficiente que solo sirve para alimentar una red clientelar, el Gobierno se dedica a la ingeniería social. La manipulación del censo electoral mediante regularizaciones masivas y la concesión exprés de nacionalidades son pruebas de que Sánchez busca un «pueblo a medida», despreciando la voluntad soberana de quienes llevan generaciones construyendo este país.

Por encima de las siglas: Una cuestión de dignidad

Uno de los mayores errores que podríamos cometer este sábado es mirar quién lleva la pancarta de al lado. 
Esta marcha no es de nadie y es de todos. La plataforma convocante ha sido clara: se pide «generosidad política». No importa si tu sensibilidad es conservadora, liberal o simplemente democrática. No importa si votaste a un partido u otro en las últimas elecciones.
El objetivo común es superior a cualquier diferencia táctica: exigir la dimisión inmediata de Pedro Sánchez y la convocatoria de elecciones generales.

Es el momento de la sociedad civil. Una sociedad que ha estado aletargada y que ahora despierta ante una «amenaza existencial». El apoyo de formaciones como Vox, o el llamamiento a la movilización de otros sectores, debe entenderse como un refuerzo, no como un límite. Cada español debe acudir con sus propias razones, sus propios símbolos y su propia indignación, pero con una sola voz.

El itinerario de la rebelión cívica

La logística de la marcha está diseñada para ser un testimonio visual de la fuerza de los españoles.

Inicio (10:30h): Plaza de Colón. El punto de partida simbólico de la unidad nacional.

Recorrido: Avanzaremos por las calles de Génova, Sagasta, Carranza, Alberto Aguilera y Princesa.

Final (12:30h): Arco de la Victoria en Moncloa. 

Concluiremos a las puertas del poder, allí donde reside la soberanía secuestrada.

Este recorrido no es solo un trayecto físico; es una declaración de intenciones. Estamos reclamando cada metro de nuestra capital y de nuestro país. El Arco de la Victoria será el escenario donde la sociedad civil diga «basta» a un gobierno que busca sustituir nuestro sistema político por una república confederal que segrega a los ciudadanos en categorías de primera y segunda.

La deriva autoritaria de Sánchez nos ha llevado a un punto donde el Estado de derecho es una cáscara vacía si no se protege desde la calle. La amnistía fue el aviso definitivo: el Gobierno está dispuesto a romper el pacto constitucional de 1978 con tal de no perder el poder. Por eso, el 23 de mayo es también una marcha por la libertad.

El sábado 23: La última frontera

Si no salimos ahora, ¿cuándo lo haremos? No podemos permitirnos la apatía. Los organizadores de la «Marcha por la Dignidad» nos recuerdan que aún estamos a tiempo de revertir este proceso de ruptura. La derogación de leyes infames, la regeneración democrática y la vuelta al respeto internacional solo empezarán el día que Sánchez abandone la Moncloa.

Sánchez confía en nuestro cansancio. Confía en que el ruido de los escándalos diarios nos sature y nos haga desistir. Pero se equivoca. España es mucho más que un gobierno accidental y un presidente narcisista. España es su gente, su historia y su voluntad de seguir existiendo.
El próximo sábado no te quedes en casa. No dejes que la historia diga que, cuando España se asomó al abismo, sus hijos se quedaron mirando
A las 10:30 en Colón, trae tu bandera, trae tu voz y, sobre todo, trae tu determinación. Porque echar a Sánchez es el primer paso necesario para que España vuelva a ser de los españoles.

📍 Sábado 23 de mayo. 10:30h. 
Plaza de Colón, Madrid. 
¡Por la dignidad! ¡Sánchez dimisión!

La fe en los jóvenes (Bruno Moreno)

 INFOCATÓLICA




Hace un rato, leí en algún lugar del vasto mundo virtual a alguien que decía: “estas cosas te hacen recuperar la fe en los jóvenes”. No sé qué reacción suscitará la frase en los lectores, pero yo inmediatamente pensé: “yo nunca la he tenido”.

Conviene señalar que el comentario original era bienintencionado e incluso piadoso. A fin de cuentas, lo que supuestamente hacía recuperar la fe en la juventud era un hecho estupendo: después de que anticatólicos furiosos destruyeran la cruz de la cumbre del Aneto, un muchacho francés talló una nueva cruz y, a pesar de su gran peso, la cargó a hombros, subió el monte y la colocó de nuevo en la cima. Sin duda, para quitarse el sombrero.

Al margen de este admirable caso concreto, la idea de tener “fe en la juventud” nunca ha dejado de chirriarme en los oídos, porque es una de las ideas difusas de nuestra época que se dan de tortas con el catolicismo.

Por supuesto, sobrenaturalmente hablando y en sentido estricto, solo Dios es digno de fe y no se puede tener fe en ninguna criatura. Incluso si tomamos fe en sentido amplio de confianza, sin embargo, la frasecita sigue chirriando, por la sencilla razón de que existe el pecado original, quizá el dogma más evidente de la Iglesia y extrañamente uno de los menos creídos hoy.

Como sabemos por la doctrina católica y por la experiencia, los jóvenes sufren los efectos del pecado original igual que los viejos, los bebés, los cuarentones y los matusalenes que han pasado ya el siglo. Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, como enseña San Pablo. No hay nada que haga a la juventud más digna de confianza que cualquier otra etapa de la vida, especialmente en estos tiempos, en los que los jóvenes son a menudo adolescentes perpetuos. La juventud, igual que la ancianidad, la adolescencia, la mediana edad o la niñez, está herida por el pecado original y necesita ser redimida por Cristo.

En ese sentido, tener fe en los jóvenes es una afirmación tan vacía como tenerla en los ancianos, en los malagueños o en los pelirrojos. Peino canas, pero también cuando era joven me molestaban ese tipo de frases, porque me parecía obvio que o bien no tenían contenido real más allá de la retórica o bien eran un disparate. Maldito quien confía en un hombre, dice el profeta. Sea ese hombre viejo, joven o de la edad que sea, podríamos añadir.

Con el tiempo, he ido intuyendo que el fundamento de esas afirmaciones sobre los jóvenes no es racional. Son, más bien, una manifestación de segunda mano de la efebolatría o idolatría de la juventud propia de nuestra época. Al haber apostatado de la fe, el mundo ha perdido también la esperanza de la vida eterna. Abandonado a su suerte, vive aherrojado por el miedo a la muerte y no le queda otro recurso que añorar, imitar y envidiar la pasajera juventud, en la que parece que uno no se va a morir nunca.

Por eso, cuando se dice que la juventud es el futuro, que hay que tener fe en la juventud, que los jóvenes son la esperanza de la Iglesia, que es la hora de los jóvenes y cosas similares, aunque sea con la mejor intención, me parece estar oyendo al mundo moderno gritar: “que nadie me hable de la muerte, que no se mencione siquiera en mi presencia. Dejadme en mi ilusión de que la vida en este mundo no se acaba, aunque sepa en mis huesos que no es cierto y tiemble al pasar frente al camposanto”.

Quizás esté exagerando, pero no mucho.

BRUNO MORENO

¿Valores evangélicos? La Conferencia Episcopal premia a Rosalía en los ¡Bravo! 2025



La Conferencia Episcopal Española entregará este lunes, 18 de mayo, los Premios ¡Bravo! 2025, los galardones promovidos por la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales (CECS) que, según explican sus propias normas, buscan reconocer «la labor meritoria de todos aquellos profesionales de la comunicación […] que se hayan distinguido por el servicio a la dignidad del hombre, los derechos humanos o los valores evangélicos».


Precisamente por ello, la decisión de conceder el Premio ¡Bravo! de Música a Rosalía por Lux, después de ver el despliegue de su tour, resulta a lo menos confuso. La crítica no nace únicamente del estilo artístico de la cantante catalana, sino del profundo contraste entre el contenido simbólico de su espectáculo y aquello que la Iglesia afirma querer premiar.

Una estética religiosa convertida en espectáculo

Las crónicas sobre el Lux Tour describen una gira atravesada de principio a fin por referencias explícitas al cristianismo: confesionario, pecado, redención, santidad, Virgen María, penitencia, ángeles, velos, cruces, procesiones e incluso un botafumeiro inspirado en el de Santiago de Compostela.

Sin embargo, esas referencias aparecen integradas dentro de una propuesta escénica que mezcla sensualidad, erotización, cultura de club, provocación sexual y «reinterpretaciones» de la fe cristiana. De hecho, una de las crónicas sobre la gira afirma expresamente que Rosalía “se apropia de los códigos de la fe para volverlos más libres, ambiguos y carnales”.

Ahí está el núcleo de la cuestión.

La tradición católica nunca ha considerado irrelevante el uso del lenguaje religioso o de los símbolos sagrados. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la blasfemia consiste en pronunciar contra Dios —interior o exteriormente— palabras de odio, reproche o desafío, así como abusar del nombre de Dios y faltar al respeto debido a las realidades sagradas.

Y aunque no toda utilización artística de elementos religiosos constituye formalmente una blasfemia, resulta difícil ignorar la banalización que supone convertir signos vinculados al arrepentimiento, la santidad o la liturgia en elementos de entretenimiento pop.

El confesionario como recurso viral

Uno de los elementos más comentados del espectáculo es precisamente el “confesionario” que Rosalía incorpora en sus conciertos. Según distintas crónicas, este espacio se ha convertido en una sección viral donde famosos e influencers relatan experiencias sentimentales, sexuales o íntimas ante el público.

El problema no es simplemente estético. El confesionario no es un objeto decorativo ni un símbolo vacío dentro de la tradición católica. Es el lugar sacramental donde el pecador se reconcilia con Dios.

Transformarlo en un recurso teatral para anécdotas románticas o relatos virales refleja precisamente esa deriva contemporánea que trivializa lo sagrado hasta convertirlo en mera escenografía cultural.

Y, sin embargo, es precisamente esta propuesta la que la Conferencia Episcopal ha decidido premiar en nombre de los “valores evangélicos”.

La incoherencia de una Iglesia acomplejada

La cuestión de fondo no es Rosalía. Rosalía hace aquello que el mundo del espectáculo lleva años haciendo: utilizar símbolos religiosos, reinterpretarlos y mezclarlos con narrativas contemporáneas donde lo espiritual queda subordinado a la experiencia individual, la estética y la provocación.

La verdadera pregunta es otra: ¿qué lleva a una institución eclesial a bendecir culturalmente este tipo de propuestas?

Porque los Premios ¡Bravo! no son unos galardones civiles cualquiera. Son premios otorgados “por parte de la Iglesia”. Y eso implica inevitablemente un juicio moral y cultural. Cuando la Conferencia Episcopal distingue una obra concreta, está enviando un mensaje sobre qué considera compatible con el Evangelio y qué entiende hoy por “valores evangélicos”.

El problema es que muchos fieles difícilmente pueden reconocer esos valores en una propuesta artística donde lo religioso aparece constantemente mezclado con sensualidad explícita, ambigüedad moral y una utilización estética de símbolos sagrados.

Cuando la relevancia sustituye al criterio católico

Da la impresión de que ciertos organismos eclesiales llevan años atrapados en la necesidad de resultar culturalmente aceptables ante el mundo contemporáneo. Y en ese intento por parecer modernos, dialogantes y cercanos a la cultura dominante, terminan desdibujando los criterios específicamente católicos.

Premiar a Rosalía puede generar titulares, simpatía mediática y conversación en redes sociales. Pero también transmite otra idea: que la Iglesia institucional ya no considera problemático el uso ambiguo, frívolo o sensualizado de elementos profundamente vinculados a la fe cristiana.

Y eso sí tiene consecuencias.

Porque mientras muchos católicos ven cómo se ridiculizan símbolos religiosos en espacios culturales y mediáticos, descubren ahora que parte de la propia estructura eclesial no solo evita denunciar esa banalización, sino que la premia públicamente.

La pregunta, por tanto, sigue en pie: si estos galardones existen para reconocer el servicio a los “valores evangélicos”, ¿qué entiende hoy exactamente la Conferencia Episcopal por Evangelio?