DURACIÓN 17:54 MINUTOS
Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que procede de Dios (1 Cor 2, 12), el Espíritu de su Hijo, que Dios envió a nuestros corazones (Gal 4,6). Y por eso predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los gentiles, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, es Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor 1,23-24). De modo que si alguien os anuncia un evangelio distinto del que recibisteis, ¡sea anatema! (Gal 1,9).
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sábado, 9 de mayo de 2026
¿QUÉ PASA EN LA IGLESIA? #116 PADRE JORGE GONZÁLEZ GUADALIX.
DURACIÓN 33:10 MINUTOS
EMPEZAMOS EN ROMA
ESPAÑA
1. Programa oficial del papa León XIV en España
2. Los obispos de Andalucía ante las elecciones
3. Abascal y los obispos no se entienden
MUNDO
4. Qué hacemos con Alemania
5. La liturgia tradicional poquito a poco
6. El timo del cambio climático
7. Polonia protege el matrimonio
8. La Iglesia imparable de Vietnam
TRIBUNA. Argüello y los monjes del Valle: una contradicción que no puede sostenerse por más tiempo

Cuando dos voces eclesiales de máxima autoridad describen un mismo hecho de manera incompatible, lo normal —lo razonable— es esperar una aclaración. Cuando esa aclaración no llega, lo normal es empezar a preguntarse por qué. Eso es exactamente lo que está ocurriendo desde hace semanas en el asunto del Valle de los Caídos, donde la posición pública de la comunidad benedictina y la del presidente de la Conferencia Episcopal Española no encajan. No encajan en absoluto.
La cuestión, en el fondo, es de una simplicidad casi incómoda: ¿afecta o no el proyecto ganador del concurso de resignificación al interior de la Basílica de la Santa Cruz? Para los monjes que custodian el templo, sí —y de manera grave—. Para monseñor Luis Argüello, no. El proyecto, sostiene, respeta la basílica. Las dos cosas no pueden ser verdad al mismo tiempo. Y cuando uno abre los planos publicados por el propio Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, la duda desaparece: la razón no está en el lado más tranquilizador del relato.
Lo que escribieron los monjes:
El martes 28 de abril, la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos publicó una Tercera en ABC. No fue un comentario improvisado, ni un testimonio oído de terceros, o una filtración anónima. Fue un texto firmado y deliberado, consciente de su alcance. La gravedad del asunto exigía precisamente eso: exposición pública y responsabilidad en lo dicho, sea cual sea la opinión de terceros sobre su contenido.
En ese texto, el representante de la Abadía argumentaba desde diversos ángulos, algunos de los cuales son matizables desde el punto de vista filosófico. Sin embargo, recordaba algo tan elemental que resulta casi incómodo tener que volver a explicarlo. Para la Iglesia católica, un templo no es un edificio fragmentable al gusto de la coyuntura política. No es un contenedor adaptable. Es la casa de Dios. Y su sacralidad —escribía— «no se limita al altar ni al momento de la celebración litúrgica por excelencia —la Santa Misa—, sino que se extiende a la totalidad de la planta y de los espacios del templo —puerta, atrio, vestíbulo, naves, altar, cúpula, capillas y criptas».
El problema eclesiástico —advertían los benedictinos— no es lo que el Gobierno quiera hacer fuera de la basílica, que corresponde al ámbito político. El problema aparece cuando «se contempla extender dichas actuaciones a los espacios consagrados del templo, imponiendo un acceso no independiente y subordinado al paso previo por un centro de interpretación histórica y política». Y lo remataban sin dejar resquicio a la ambigüedad: «dicha afectación comprende, además de ese acceso condicionado, la ocupación del atrio, del vestíbulo y de otros espacios del templo, según el proyecto seleccionado por el Gobierno».
Traducido a lenguaje llano, sin tecnicismos: el Ejecutivo de Pedro Sánchez no se limita a intervenir el entorno del Valle. Pretende que el fiel atraviese antes un relato —un centro de interpretación histórico y político— para poder entrar en la basílica. Pretende ocupar el atrio. Pretende transformar el vestíbulo. Pretende, sin ambigüedad alguna, intervenir en espacios consagrados. Y todo ello, más allá de la sacralidad —subrayaban los monjes— compromete los principios de neutralidad y proporcionalidad del Estado, así como el derecho constitucional de los fieles a la libertad religiosa y de culto. No es una opinión más. Es la posición de quienes tienen la responsabilidad jurídica y espiritual del templo.
Lo que dijo el presidente de los obispos españoles:
Cinco días después, el domingo 3 de mayo, el mismo diario publicaba una entrevista con el presidente de la Conferencia Episcopal Española. Y la versión que monseñor Argüello ofrecía sobre ese mismo proyecto —ya conocida la posición pública de los benedictinos— sonaba, sencillamente, distinta.
«Ha salido el concurso y hay un proyecto ganador, pero se ha presentado un recurso —decía—. En este momento, la posibilidad de llegar a un acuerdo pasa por los monjes… y por el Gobierno… Yo creo que existe la posibilidad de llegar a un acuerdo que respete la abadía, la basílica y el acceso independiente. El actual proyecto ganador respeta los dos primeros puntos y no el acceso independiente, pero creo que es fácil de resolver el asunto si hay buena voluntad».
Conviene detenerse. Leerlo despacio. Palabra por palabra. Para el presidente de los obispos españoles, el proyecto ganador «respeta la basílica». El problema —si acaso— sería el acceso independiente. Un fleco. Un detalle técnico. Algo solucionable con buena voluntad.
Pero cinco días antes, los monjes —los mismos que, como él reconoce, tienen la encomienda de la basílica— habían afirmado justo lo contrario. Que el proyecto entra en los espacios consagrados. Que ocupa la puerta. Que ocupa el atrio. Que transforma el vestíbulo. Que condiciona el acceso al paso previo por un centro de interpretación político. Que plantea problemas de fondo, no de matiz.
No es una diferencia de enfoque. No es una cuestión de lenguaje. Es una divergencia de hecho. No están describiendo lo mismo. No están hablando del mismo proyecto. No están transmitiendo la misma realidad al fiel.
Lo que dicen los planos:
Y entonces llega el dato incómodo, el dato verificable. El que no depende de interpretaciones ni de matices. Basta con abrir la documentación pública del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, y con mirar los planos. Y los planos son tozudos.
La intervención prevista no se limita al exterior ni se queda en el entorno, ni se agota en el acceso. Afecta a la puerta de la basílica, afecta al atrio, y al vestíbulo interior. Y proyecta intervenciones en la secuencia de entrada al templo que alteran su configuración funcional y simbólica.
Salvo que el Gobierno haya cambiado en silencio su proyecto —algo que no ha comunicado—, lo que figura en los documentos oficiales coincide con lo que denuncian los monjes. No con la versión más tranquilizadora.
La contradicción, por tanto, no es interpretativa. Es factual. Una de las dos descripciones públicas no se ajusta a lo que está escrito en los planos. Y no es la de los benedictinos.
La transparencia debida
Ahí es donde el asunto deja de ser un cruce de declaraciones y adquiere un relieve institucional. Porque los fieles católicos no son menores de edad informativos. Tienen derecho a saber qué está en juego en una Basílica pontificia, qué pretende hacer el Gobierno en el interior de un templo consagrado, y qué postura sostienen sus pastores.
Cuando dos voces eclesiales de ese nivel ofrecen versiones incompatibles, alguien tiene que aclararlo. No por polemizar. Por respeto.
¿Conocía monseñor Argüello el contenido de la Tercera publicada por la Abadía cinco días antes de su entrevista? Si lo conocía —y cuesta pensar que no—, ¿por qué afirmó que el proyecto «respeta la basílica»? ¿Ha examinado los planos publicados por el Gobierno? ¿Qué versión deben considerar veraz los fieles?
No son preguntas retóricas. Son las preguntas que ya circulan —cada vez con menos cautela— en conversaciones discretas, en ámbitos eclesiales, en sacristías y fuera de ellas.
La transparencia, en este punto, no es una virtud opcional. Cuando lo que está en juego es un templo consagrado y la libertad religiosa de los fieles, es una exigencia mínima.
Por Ramón Ruavieja
Artículos recomendados:
Müller denuncia que la ideología LGBT «ha penetrado en la Iglesia» a través del proceso sinodal

El cardenal Gerhard Müller se ha pronunciado sobre el informe del Sínodo sobre la Sinodalidad referidoa a las denominadas «cuestiones emergentes», denunciando que determinados sectores eclesiales están utilizando el proceso sinodal para introducir en la Iglesia la ideología de género y relativizar la doctrina católica sobre el matrimonio.
En un extenso texto difundido por su oficina y publicado por Per Mariam, el ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe acusa a algunos obispos, teólogos y responsables pastorales de promover una “cristianización acomodada al mundo” y de sustituir la revelación divina por categorías ideológicas contemporáneas.
“La relativización del matrimonio ya no se oculta”
Según el cardenal, el informe refleja una deriva teológica que busca debilitar progresivamente la enseñanza católica sobre el matrimonio y la sexualidad. A su juicio, la cuestión ya no se presenta de manera indirecta o ambigua, sino abiertamente.
“La relativización herética del matrimonio natural y sacramental es acogida públicamente”, afirma Müller, quien considera que algunos sectores eclesiales están utilizando el lenguaje pastoral para erosionar doctrinas fundamentales de la Iglesia.
En esa línea, sostiene que la promoción de bendiciones para parejas homosexuales o para uniones irregulares no constituye un asunto meramente disciplinar, sino una alteración profunda de la antropología cristiana y de la comprensión católica del matrimonio.
“Todo esto se presenta como el primer paso hacia el reconocimiento de la ideología LGBT”, escribe, denunciando que dicha ideología propone “una visión materialista del ser humano sin Dios, creador y redentor”.
Críticas al nuevo lenguaje pastoral
Müller dirige buena parte de sus críticas al modo en que ciertos documentos sinodales o discursos eclesiales plantean la relación entre doctrina y misericordia. Según explica, se está construyendo artificialmente una oposición entre fidelidad doctrinal y cercanía pastoral, como si la enseñanza moral de la Iglesia fuese incompatible con la compasión hacia las personas.
A su juicio, algunos sectores presentan a quienes defienden la doctrina católica como “rígidos” o “legalistas”, mientras exaltan un modelo pastoral basado únicamente en la aceptación incondicional y en la adaptación al espíritu del tiempo.
Sin embargo, el purpurado recuerda que la tradición cristiana jamás ha entendido la misericordia como una justificación del pecado. Cristo murió por todos los hombres, afirma, precisamente para ofrecer la posibilidad de conversión y de una vida nueva conforme al Evangelio.
Por ello, considera especialmente peligroso el uso ambiguo de conceptos como “discernimiento” o “escucha del Espíritu” cuando sirven para evitar llamar pecado a aquello que contradice objetivamente la ley de Dios.
“La bendición no puede aprobar una vida contraria al Evangelio”
Müller insiste en que ninguna autoridad eclesial posee poder para bendecir aquello que contradice el designio divino sobre el hombre y la mujer. “No existe en la Sagrada Escritura ni en toda la tradición de la Iglesia ninguna bendición para relaciones adúlteras”, afirma.
El cardenal explica que la bendición cristiana nunca puede entenderse como una aprobación moral de una situación objetivamente desordenada. “La bendición litúrgica o privada es una oración de la Iglesia que pide la ayuda de Dios para promover el bien; jamás puede convertirse en la confirmación de una vida contraria a Dios”, escribe.
En este contexto, recuerda además que la debilidad humana no elimina la llamada a la conversión ni anula la acción de la gracia. Citando a san Pablo, insiste en que Dios no niega su ayuda a quien la pide sinceramente.
Una denuncia frontal contra la ideología “woke”
Más allá de la cuestión de las bendiciones, Müller amplía su reflexión hacia una crítica general de la ideología de género y de la llamada cultura “woke”, cuya influencia considera cada vez más visible dentro de algunos ambientes eclesiales.
“El pensamiento woke, derivado originalmente del materialismo ateo, ha penetrado en la Iglesia como una herejía destructiva y una fuerza de división”
El purpurado llega incluso a comparar esta situación con antiguas crisis doctrinales que amenazaron la unidad de la Iglesia, como el pelagianismo o el maniqueísmo. Frente a ello, recuerda que la Iglesia superó esas herejías gracias a la firmeza doctrinal de los papas, los concilios y grandes doctores como san Agustín o santo Tomás de Aquino.
“La Iglesia no salvará al mundo imitándolo”
Finalmente, el ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, advierte del riesgo de transformar la Iglesia en una organización meramente filantrópica obsesionada por obtener aprobación cultural y mediática.
El cristianismo no recuperará a las sociedades secularizadas de Occidente diluyendo su doctrina o adaptándose a las corrientes ideológicas dominantes. La misión de la Iglesia, insiste, sigue siendo conducir a los hombres hacia Jesucristo y anunciar íntegramente el Evangelio.
“No son las falsas bendiciones de los poderosos de este mundo las que necesita la Iglesia”, concluye Müller, recordando que la verdadera bendición procede únicamente de Dios y de la fidelidad a Cristo.
El fin de su impunidad: demoledor informe europeo contra Pedro Sánchez

Bruselas certifica el colapso de un liderazgo basado en el engaño: falta de independencia judicial, corrupción y abuso legislativo bajo su Gobierno
Durante años, Pedro Sánchez ha intentado vender en las cancillerías europeas un relato que ocultaba una realidad mucho más oscura: la demolición sistemática de los contrapesos institucionales en España. Sin embargo, el tiempo de los trucos de magia política se ha agotado. El reciente y demoledor informe del Parlamento Europeo sobre el Estado de Derecho en España no es solo un documento técnico; es el certificado de defunción de la credibilidad de Sánchez a nivel internacional. Hoy, ya nadie confía en él. Bruselas ha comprendido lo que millones de españoles ya sabían: bajo el Gobierno de Sánchez, España ha iniciado una deriva autoritaria y tiránica.
El informe que desnuda al «autócrata»
El documento emitido por la misión de inspección europea tras su visita a Madrid en febrero de 2025 es un ataque frontal a la línea de flotación del sanchismo. Los observadores europeos no han usado eufemismos. Hablan de «erosión democrática», de «abuso legislativo» y de una «falta de independencia judicial» que pone en peligro la seguridad jurídica de toda la Unión.
Lo que más ha escandalizado en Bruselas es el uso compulsivo del Decreto-Ley. Con más de 120 decretos-ley a sus espaldas, Sánchez ha convertido una herramienta de «extraordinaria y urgente necesidad» en su forma ordinaria de gobernar. Al evitar el debate parlamentario y despreciar a la oposición, Sánchez no solo ha gobernado de espaldas a la soberanía nacional, sino que ha secuestrado las funciones del Congreso.
Bruselas ha documentado cómo se legislan materias sensibles —desde la regularización de inmigrantes hasta reformas penales a la carta— mediante estos «atajos» que excluyen cualquier tipo de escrutinio público. En Europa lo tienen claro: esto no es democracia, es un ejercicio de poder absoluto que busca anular al poder legislativo.
Una justicia asediada y una corrupción que ya no se puede ocultar
La independencia judicial, pilar fundamental de cualquier Estado de Derecho, está hoy bajo mínimos. El informe europeo señala directamente la influencia política en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y la purga sistemática en la Fiscalía. Casos como el de Almudena Lastra, apartada tras 35 años de carrera para beneficiar a fiscales afines al Ejecutivo, han encendido todas las alarmas en la Comisión Europea.
A esto se suma una percepción de la corrupción que ha alcanzado niveles críticos. El ciudadano español, y ahora también el funcionario europeo, han perdido la confianza en que el sistema sea capaz de combatir el clientelismo de un Gobierno que utiliza las instituciones del Estado como si fueran su sede de partido. La pérdida de neutralidad de las instituciones públicas ya no es una queja de la oposición, es una conclusión oficial del Parlamento Europeo que precede a la activación de mecanismos de sanción y congelación de fondos.
Aislamiento internacional: El «paria» de Europa
Si a nivel nacional Sánchez es rechazado mayoritariamente y solo sobrevive gracias a pactos con quienes buscan destruir la nación, a nivel internacional su figura se ha desmoronado. Aquel presidente que presumía de «liderazgo europeo» es hoy visto con una mezcla de recelo y desprecio. Las capitales europeas han comprendido que Sánchez es un socio poco fiable, capaz de sacrificar cualquier principio, incluso la separación de poderes, por un solo día más en el palacio de la Moncloa.
La presión sobre los medios de comunicación y el asalto a RTVE también ocupan un lugar destacado en el informe. Bruselas castiga el uso de la publicidad institucional como herramienta de censura y premio para medios afines (el caso de Prisa frente al vacío a COPE u Onda Cero es ya un caso de estudio europeo de mala praxis). Este control férreo del relato ha dejado de funcionar fuera de nuestras fronteras; la realidad del informe es tan contundente que el relato sanchista se deshace al contacto con la verdad.
El último acto: La necesidad de desalojar el poder
Llegados a este punto, la conclusión es ineludible. Cuando un gobernante pierde la confianza de sus socios internacionales, cuando es señalado por los organismos de control democrático como una amenaza para el Estado de Derecho y cuando su propio pueblo le rechaza, su continuidad es un lastre insoportable para el país.
El informe de Bruselas tiene la estructura de un ultimátum. España se enfrenta a sanciones reales y a una pérdida de prestigio que tardará décadas en recuperarse. Sánchez ya no engaña a nadie: ni a los jueces, ni a los periodistas libres, ni a los líderes europeos que hoy le miran con la distancia que se le dedica a quien ha traicionado las reglas del juego democrático.
El fin de la impunidad: Un proyecto de poder cercado y en descomposición
La etapa del sanchismo ha entrado en su fase de descomposición final: un proyecto de poder personal que se ha quedado solo. Una vez que el velo ha caído y que todos, dentro y fuera, se han dado cuenta de quién es realmente Pedro Sánchez, solo queda un paso necesario por higiene democrática y supervivencia nacional: su salida inmediata del Gobierno.
El informe europeo ha puesto la primera piedra para el fin de su impunidad. Ahora, es responsabilidad de las instituciones, de la oposición y de la sociedad civil empujar para que se cumpla el veredicto que Bruselas ya ha dictado: a Sánchez se le ha acabado el crédito y España necesita recuperar su libertad y su dignidad institucional.
El «catecismo» de Sánchez: El nuevo paso del golpe institucional para adoctrinar a los españoles en «diversidad»

La deriva autoritaria y tiránica de Pedro Sánchez ha cruzado una frontera definitiva. Tras haber colonizado la Justicia, asaltado el Legislativo mediante el abuso del decreto-ley, controlado la inmensa mayoría de los medios de comunicación y entregado la soberanía nacional a quienes buscan destruirla, el sanchismo activa ahora la fase más peligrosa de su golpe institucional: el adoctrinamiento ideológico. Bajo la apariencia de un inocuo documento titulado «10 Principios para revitalizar la democracia», Moncloa ha diseñado un manual de ingeniería social que pretende dictar a los españoles no solo cómo deben comportarse, sino cómo deben pensar.
Este decálogo no es una simple guía de convivencia; es un instrumento de control doctrinal que busca imponer el pensamiento único del globalismo y la Agenda 2030, utilizando la reciente regularización masiva de inmigrantes como el pretexto perfecto para forzar una transformación cultural sin precedentes.
Un manual de instrucciones para el ciudadano «sumiso»
El Gobierno, a través del Ministerio de Inclusión y el Observatorio Español del Racismo (OBERAXE), pretende que este decálogo se convierta en el eje vertebrador de escuelas, universidades, empresas y administraciones públicas. Estamos ante un intento de sustitución de la moral y la ética individual por la la del Estado. Sánchez ya no se conforma con controlar el BOE; ahora aspira a redactar el código de valores que cada ciudadano debe profesar en su vida privada.
El documento habla de «gestionar activamente la diversidad», un término orwelliano que en la práctica significa que el Estado se arroga el derecho de intervenir en la interacción social para asegurar que los resultados sean «equitativos». Bajo este barniz de bondad, se esconde una estructura de vigilancia donde el disenso es castigado y la adhesión a los dogmas oficiales se convierte en el único carné de legitimidad democrática.
El asalto al pensamiento: Sectarismo elevado a política de Estado
El sectarismo del Ejecutivo ha llegado a un punto de no retorno. El borrador del decálogo establece que la diversidad es una «ventaja competitiva» y una «categoría estructural», elevando conceptos ideológicos a verdades absolutas que nadie puede cuestionar sin ser tachado de antidemócrata. Este es el corazón del golpe institucional: la criminalización de la discrepancia.
Uno de los puntos más inquietantes del texto es el que pone el foco en el «entorno digital». Bajo la promesa de crear espacios «seguros y fiables», el Gobierno abre la puerta de par en par a la censura. Al calificar como «desinformación» o «discurso de odio» cualquier crítica a su gestión migratoria o a su modelo de sociedad, Sánchez dota a su Gobierno de una herramienta de control sobre la opinión pública digna de los regímenes más opacos del siglo XX. No se trata de proteger la verdad, sino de imponer su versión de la realidad mediante la manipulación doctrinal.
La regularización masiva como ariete de transformación
El documento vincula directamente estos principios a la realidad social tras la regularización de cientos de miles de inmigrantes. El plan es claro: primero se provoca una alteración demográfica brusca y sin consenso, y acto seguido se impone un «manual de educación» para que la población autóctona acepte, sin rechistar y con entusiasmo obligado, las consecuencias de dicha política.
Sánchez utiliza la «inclusión intercultural» no como un puente para la integración, sino como un martillo contra la identidad nacional. El objetivo es desdibujar los valores tradicionales de la sociedad española para sustituirlos por un relativismo multicultural donde el Estado es el único árbitro. Al imponer la «interacción social obligada» y la participación en estructuras comunitarias definidas por el Gobierno, se anula la libertad de asociación y se fuerza al ciudadano a ser parte de un experimento social del que nunca pidió participar.
El fin de la libertad: Del Estado de Derecho al Estado de Pensamiento
En el modelo, el Estado define los valores y el ciudadano solo tiene derecho a obedecerlos. El documento afirma que la estabilidad del sistema depende de la «adhesión activa» a estos diez principios. Es decir, el Gobierno ya no busca ciudadanos libres, sino activistas de su propia ideología.
Este paso es la culminación de un golpe que empezó en las instituciones y termina en las mentes. Al movilizar a universidades y municipios para aplicar este decálogo, Sánchez crea una red de comisarios políticos que evaluarán constantemente si la sociedad española está «progresando» adecuadamente en su adoctrinamiento. Es una dimensión tecnocrática del control social: medir resultados para adaptar el castigo o el premio según el grado de sumisión al dogma globalista.
El deber de resistir a la manipulación
Cuando el poder político intenta apropiarse de la conciencia de sus súbditos, la sociedad deja de existir para convertirse en una tiranía. El decálogo de Moncloa es la prueba definitiva de que Pedro Sánchez no cree en la España de ciudadanos libres e iguales, sino en una masa amorfa y adoctrinada que no ofrezca resistencia a sus planes de perpetuación en el poder.
Imponer cómo debemos pensar es el último estadio del sectarismo. El golpe institucional ya no se da solo en los tribunales o en el Parlamento; se da en las aulas y en las redes sociales, tratando de erradicar la capacidad de juicio crítico de los españoles.
La agenda de la visita papal en España contra las cuerdas

La confirmación de la visita del Papa León XIV a España para junio de 2026 ha despertado una gran expectación y un fervor religioso lógico entre la comunidad católica, pero también ha levantado una polvareda de controversia política y religiosa. Dos decisiones empañan lo que debería ser un itinerario de concordia que son más que errores, son auténticas afrentas a la memoria de los mártires y a la integridad de los lugares sagrados.
El estadio Lluís Companys: Insulto y desprecio a los mártires
El primer punto de fricción es la elección del Estadio Olímpico Lluís Companys en Barcelona como sede del gran evento multitudinario. A simple vista, el recinto ofrece las infraestructuras necesarias para un acto de tal magnitud; sin embargo, el simbolismo del nombre es incompatible con la presencia del Sumo Pontífice.
Lluís Companys, presidente de la Generalitat durante la Guerra Civil, presidió un periodo en el que la persecución religiosa alcanzó niveles de crueldad extrema. Bajo su mandato, las milicias separatistas comunistas ejecutaron a más de 8.000 personas, incluyendo a tres obispos y más de 2.500 sacerdotes y religiosos. La paradoja resulta hiriente cuando se analiza la propia actividad reciente del Vaticano: hace apenas unas semanas, el Papa autorizó la beatificación de 50 nuevos mártires que perdieron la vida, precisamente, bajo la represión autorizada por el gobierno de Companys.
El Valle de los Caídos: La última frontera contra la desacralización
La segunda cuestión crítica radica en la ausencia —hasta ahora— del Valle de los Caídos en la agenda oficial de León XIV. La Basílica Pontificia de la Santa Cruz del Valle de los Caídos no es solo un monumento arquitectónico; es sobre todo, constituye un enclave religioso de primer orden atrapado hoy en el fuego cruzado de la política nacional.
El Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado su intención de profanar – le llaman transformar- el interior del templo en un «museo de propaganda política» para junio de 2026, coincidiendo precisamente con la visita papal. Este proyecto es un plan de profanación y desacralización encubierta. Al retirar el carácter sagrado a la basílica para convertirla en un centro de interpretación ideológica, se vulneran no solo los acuerdos entre la Iglesia y el Estado, sino la propia libertad de culto en un lugar de oración y entierro cristiano.
La visita del Papa al Valle es una necesidad estratégica y moral. Su presencia física en el lugar enviaría un mensaje inequívoco al Ejecutivo español: la Iglesia defiende sus templos y no permitirá que se borre el carácter sagrado de una Basílica Pontificia por intereses partidistas. Muchos católicos y agentes sociales interpretan la omisión como una cesión ante la presión del Gobierno, que busca evitar a toda costa una imagen del Papa que refuerce la legitimidad religiosa del Valle.
El respaldo social y la responsabilidad de la Santa Sede
Con la presentación de dos cartas formales ante la Nunciatura Apostólica y la Santa Sede, la organización Abogados Cristianos ha «puesto el dedo en la llaga», señalando estas dos incongruencias que han sacudido los cimientos de la planificación diplomática entre el Vaticano y el Estado español.
La iniciativa de Abogados Cristianos no es un movimiento aislado de una directiva jurídica. Más de 27.000 ciudadanos han suscrito ya las peticiones a través de una campaña de firmas masiva. Este apoyo popular demuestra que existe una preocupación real en la base social católica española, que percibe una desconexión entre la diplomacia vaticana y la realidad de persecución simbólica que atraviesa la Iglesia en España.
El dilema diplomático de la Santa Sede
La situación coloca a la Santa Sede en una posición delicada. Por un lado, la diplomacia suele buscar el camino de menor resistencia con los gobiernos anfitriones. Por otro, la misión espiritual del Papa es honrar la verdad histórica y proteger el patrimonio de la fe. Mantener el acto en el estadio Companys y evitar el Valle de los Caídos sería una victoria política del Gobierno de Sánchez, que lograría «neutralizar» la visita papal, encuadrándola en un marco de corrección política y de apoyo al sanchismo que ignora el sufrimiento pasado y presente de los católicos.
La denuncia de Abogados Cristianos ha servido para iluminar las sombras de una agenda que parecía cerrada bajo criterios puramente administrativos. Al señalar que el Papa no puede, por coherencia elemental, honrar a los mártires en un estadio que lleva el nombre de su perseguidor, y al exigir que proteja con su presencia un templo amenazado por el laicismo institucional, la fundación ha elevado el debate al terreno de los principios.
Las cartas ya están sobre la mesa de la Nunciatura; ahora queda por ver si el Vaticano escuchará el clamor de miles de fieles que piden que la agenda del Santo Padre sea un reflejo fiel de la fe que representa, y no un guion escrito por quienes buscan su debilitamiento en la esfera pública.
viernes, 8 de mayo de 2026
León XIV. El primer año de su pontificado
Se cumple hoy el primer aniversario del pontificado del Papa León XIV, y creo que no ha dado ninguna sorpresa: es más o menos lo que esperábamos. Las luces y alivios que esperábamos, y las sombras y pesadumbres que también esperábamos.
Dije en su momento que era un progresista de baja intensidad, y me ratifico. Es progresista porque fue formado en la peor ebullición del posconcilio, pero el desarrollo histórico de la Iglesia en las décadas posteriores y su amplia experiencia de gobierno pastoral, moderaron ese progresismo inicial y lo hicieron más realista y coherente con la fe católica de la que es el testigo instituido por Nuestro Señor.
Si nos atenemos a los hechos públicos que hemos conocido a lo largo del año que pasó, debemos decir que es un hombre profundamente institucional, con lo bueno y lo malo que esa característica posee. Luego del pontificado despótico de Francisco, en el que su voluntad se había convertido en norma más allá de lo que dijeran las leyes y costumbre, León se apega fuertemente a ellas. Esa es su personalidad, esa es su cultura americana y adhiriéndose a ellas, gana en seguridad. No es fácil ser Papa; él era CEO regional en el Perú y lo nombraron CEO global de la multinacional; más vale ir despacio y caminar como pisando huevos.
Por eso mismo, y porque es «hombre de escucha», como les gusta decir al mundillo progre, se toma todo el tiempo del mundo para escuchar y mucho tiempo más para llegar a una decisión. A los superiores del Opus Dei, por ejemplo, los recibió dos veces, y recibió también a sus detractores y, un año después, aún no decide qué hacer con los famosos estatutos. Y algo análogo sucede con la misa tradicional: recibió a los cardenales Burke y Sarah; a Mons. Schneider, a Mons. Rifan, a los superiores de la FSSP y a los sociólogos que le presentaron el mapa del mundo tradicional en Estados Unidos; pero también recibió a los cardenales Roche y Cupich, y a varios adversarios más del antiguo rito romano. Y aún no decide nada. Más todavía, el tema de la liturgia desapareció de la agenda del próximo consistorio de junio.
Y esto, su lentitud y reflexión para tomar decisiones, parece ser una constante. Quizás se deba a que una regla no escrita de los obispos americanos establece que el primer año de gestión debe ocuparse para ver y conocer, sin hacer cambios. Por eso, son sólo dos los cambios importantes realizados en la Curia: el alejamiento del limosnero pontificio, cardenal Krajewski, a una diócesis de tercera categoría en su Polonia natal, y el nombramiento en su lugar de un amigo cercano, el agustino español Luis Marín de San Martín, y el desplazamiento de Mons. Edgar Peña Parra como Sustituto de la Secretaría de Estado y el nombramiento en ese cargo de Mons. Rudelli.
Los nombramientos de Mons. Iannone en el dicasterio de Obispo y de Mons. Rajic en la Prefectura de la Casa Pontificia no cuentan porque eran cargos vacantes. El resto de la Curia Romana sigue tal cual como estaba en la época de Francisco, y todos saben que no es el gusto del actual pontífice, pero éste está decidido a no hacer ningún cambio que pueda humillar al despedido por lo que esperará, en mi opinión, a que se cumplan los plazos previstos.
El Papa sabe que esta política conlleva el riesgo de seguir conviviendo con el enemigo, pero es la que ha elegido y sabrá él por qué lo hace. Sin embargo, ha sido muy claro en marcar en lo simbólico que el suyo no será una continuación del pontificado de Francisco, más allá de lo que pueda decir en el ámbito discursivo.
Un detalle que pasó casi inadvertido, que en su momento me llamó la atención y que luego escuché señalar al P. Santiago Martín: León no estuvo en el Vaticano el día del aniversario de la muerte de Bergoglio. Estaba en África, un viaje programado con meses de anticipación y que bien podría haberse arreglado para terminar dos días antes para que el pontífice pudiera hacer el panegírico de su antecesor y algunos gestos más en Roma. Dijo, como correspondía, algunas fracesitas de ocasión en Angola, pero no más que eso. Para quienes saben leer los multiseculares símbolos vaticanos, es un gesto más que evidente.
Este distacco simbólico es muy evidente en otros aspectos que hemos repasado ya en alguna ocasión: uso de la muceta, sobremanga y del escudo de armas en la faja; preferencia por ornamentos bellos; uso de un vehículo adecuado a su rango en sus desplazamientos; regreso al Palacio Apostólico; día de descanso semanal en Castelgandolfo y reapertura del palacio como su morada, cerrando consecuentemente el museo que allí había instalado Bergoglgio, y muchos más. Y la Curia, como es de rigor, se ha habituado rápidamente a los nuevos ritmos. La foto de la derecha es muy elocuente al respecto: en ambos casos, el pontífice se retrata junto a los superiores y alumnos de la Pontificia Academia Eclesiástica; Francisco en 2021 y León en 2026. No es necesario comentar los cambios.
Algunos han dicho que es un «atentado contra la inteligencia» fijarse en esos detalles. Yo creo que no fijarse en ellos es un atentado contra los principios y costumbres más elementales no sólo de la Curia vaticana sino de cualquier monarquía. Otros dicen que «nos compró [a los línea media, tal como somos calificados] con un trapo colorado», refiriéndose a la muceta. Nuevamente, creo que es un desconocimiento del real poder que posee los símbolos y del lenguaje que ellos expresan, un lenguaje, es verdad, que es «sólo para entendidos», y que los entendidos enseguida ha sabido descifrar. Por otro lado, si este regreso a usos y costumbres de la Iglesia romana que habían sido abandonados con desprecio por Francisco no hubieran sido retomados por León, se habrían ya perdido para siempre.
Hay que decir también que el Papa León nos ha deparado varias decepciones, algunas causadas por su progresía teológica y otras por su incapacidad o debilidad para romper estructuras, es decir, por ser demasiado institucional. Uno de los casos más clamorosos, desde mi punto de vista, es que no haya recibido en audiencia al P. Davide Pagliarani, superior de la FSSPX, y haya nombrado como interlocutor del caso al cardenal Víctor Fernández. Es verdad que fue siempre, desde la época de Pablo VI, el prefecto de Doctrina de la Fe el encargado del «asunto Lefebvre», pero es verdad también que aunque Tucho no es el peor candidato, es ciertamente el más irritante. Bien podría el Papa haber designado otro interlocutor con instrucciones precisas de evitar las consagraciones y la excomunión. El Papa Francisco nombró a Mons. Athanasius Schneider como visitador del seminario de la Fraternidad, y recibió más de una vez a Mons. Bernard Fellay en visita privada. ¿Por qué no hizo León algo análogo si realmente busca la unidad de la Iglesia?
Otros hechos muy cuestionables desde mi punto de vista son:Que haya accedido a autorizar la promulgación del documento Mater populi fidelis. No tengo objeciones teológicas al documento ya que no soy partidario de otorgar títulos a la Virgen Santísima que, al ser Madre de Dios, reúne en sí el más digno y abarcador que criatura alguna puede alcanzar. Pero se trató de un documento innecesario e inoportuno, debido exclusivamente a los berrinches histéricos que el cardenal Fernández arrastra desde su época de profesor en Buenos Aires. ¿Es que el Papa León no se dio cuanta la reacción y el daño que despertaría?
Los nombramientos episcopales en Estados Unidos que, si hacemos caso a la prensa, tienen más intencionalidad política que eclesial. Es verdad que a lo largo de la historia de la Iglesia, en un sinfín de ocasiones, se recurrió a estos medios para favorecer o entorpecer el actuar político de un monarca, pero si somos tan modernos y liberales, podría desecharse esa costumbre.
Gestos torpes que generan confusión. Por ejemplo, poco después de advertir en África sobre los peligros de las religiones paganas, recibe en el Vaticano a la Sra. Sarah Mullaly, pretendida arzobispa de Canterbury. Es verdad que, como dijimos aquí, se trata de una laica en lugar de laico que había sido lo habitual en pontificados anteriores, y es verdad también que el cardenal Koch afirmó categóricamente que el Vaticano no reconoce y no reconocerá las órdenes anglicanas. ¿Por qué, entonces, no estableció la Casa Pontífice un dress code pidiendo que la Mullaly acudiera vestida de negro y no disfrazada de obispo? Torpezas que generan escándalo.
No puedo olvidar la brutal gafe de septiembre de 2025, cuando declaró: «Quien dice «Estoy en contra del aborto, pero a favor de la pena de muerte» no es realmente provida. Quien dice «Estoy en contra del aborto, pero estoy de acuerdo con el trato inhumano a los inmigrantes en EE.UU.», no sé si eso es ser provida». Es verdad que cuando le señalaron la gravedad de sus declaraciones hechas a tontas y a locas a la salida de Castelgandolfo, trató de evitar encerronas periodísticas y, cuando no tiene más remedio, lleva sus respuestas perfectamente memorizadas, pero lo que dijo lo dijo, y muestra un aspecto de su pensamiento bastante problemático y revela una inquietante deficiencia teológica.
Es verdad que en las últimas semanas el Papa León aclaró que «la Santa Sede ya ha hablado con los obispos alemanes» con respecto a las bendiciones de parejas irregulares, y dijo también que «no estamos de acuerdo con la bendición formalizada de las parejas homosexuales… más allá de lo que el Papa Francisco permitió específicamente al decir que todas las personas reciban la bendición». Y es verdad que ordenó publicar una nota de 2024 del dicasterio para la Doctrina de la Fe prohibiendo un ritual para bendiciones de parejas irregulares. Pero podría ser un poco más fuerte y definitorio con respecto a Fiducia supplicans. No pido que queme el documento en la plaza de San Pedro, que sería lo que corresponde, pero al menos podría correr de su puesto al cardenal Fernández. Sería un signo más que elocuente, de esos que a él le gustan.
Si bien con un modo mucho más mitigado, sigue con la cantinela del cambio climático. La imagen de su bendición de un bloque de hielo fue ridícula y seguramente él mismo se apercibió de este hecho. ¿Por qué, entonces, lo hizo?
En fin, podríamos agregar varias bolillas blancas más y muchas bolillas negras. Lo importante, creo yo, es recordar que lleva apenas un año en el poder, y un año es muy poco tiempo para los ritmos de una Iglesia dos veces milenaria.
Dóminus conservet eum, et vivíficet eum, et beatum fáciat eum in terra, et non tradat eum in ánimam inimicorum eius.
sábado, 2 de mayo de 2026
¿QUÉ PASA EN LA IGLESIA? #115 PADRE JORGE GONZÁLEZ GUADALIX.
EMPEZAMOS EN ROMA
ESPAÑA
1. Valle de los caídos. El lío que no cesa
2. 50 nuevos mártires de la guerra civil
3. El catolicismo vuelve entre los jóvenes
MUNDO
4. Nos quedamos sin abadías
5. Las carmelitas se van de Compiegne
6. Crecen las vocaciones en África y Asia
7. De dónde salen las vocaciones en USA
8. Un perrito de primera comunión
viernes, 1 de mayo de 2026
El obispo Strickland responde a las declaraciones de León XIV sobre las "bendiciones" homosexuales.
Vuelvo a preguntar: ¿Estamos razonando con la mente de Cristo... o con la mente del mundo? En respuesta a las recientes observaciones sobre las prioridades morales y las bendiciones de quienes viven en uniones irregulares, ofrezco esta aclaración para el bien de los fieles.
La Iglesia, a quien se le ha confiado la verdad del Evangelio, no puede bendecir el pecado. Siempre está llamada a bendecir a las personas —a llamar a cada alma al arrepentimiento, la sanación y la santidad—, pero jamás debe actuar de manera que sugiera la aprobación de acciones o relaciones contrarias a la ley de Dios.
El reciente énfasis en la distinción entre bendiciones “formales” e “informales”, como se menciona en la “ Fiducia Supplicans ” [aquí], ha generado una gran confusión entre los fieles.
Una bendición no es un simple gesto casual; es un acto sagrado que implica el favor de Dios. Si dicha bendición se imparte de manera que parezca afirmar una relación ajena al plan divino, se corre el riesgo de causar escándalo y desviar a las almas del camino correcto.
Asimismo, la sugerencia de que existen cuestiones morales "más importantes y trascendentales" que la moral sexual debe entenderse con mucha cautela.
La Iglesia jamás ha enseñado que los pecados contra la castidad sean de poca importancia. Al contrario, la Sagrada Escritura y la enseñanza constante de la Iglesia afirman que la moral sexual afecta profundamente la dignidad de la persona humana, la santidad del matrimonio y el orden correcto del amor.
Es cierto que la justicia, la libertad religiosa y la dignidad de toda persona son cuestiones morales importantes. Pero la ley moral no se divide en categorías contrapuestas, donde una verdad pueda dejarse de lado en favor de otra. Toda verdad proviene de Dios, y todo pecado —ya sea contra la justicia, la caridad o la castidad— aleja el alma de Él.
La verdadera unidad en la Iglesia no puede construirse sobre la ambigüedad ni sobre el endulzamiento de verdades difíciles. Se fundamenta en Jesucristo, quien es «el camino, la verdad y la vida» (Juan 14:6). La caridad exige que hablemos la verdad con claridad, incluso cuando sea difícil, para que las almas no se extravíen, sino que sean conducidas a la conversión y a la vida eterna.
Como sucesor de los Apóstoles, sigo comprometido con proclamar la plenitud de la fe católica, sin concesiones, sin confusiones y siempre con caridad hacia todas las personas, invitando a todos a la libertad que proviene de vivir en la verdad de Cristo.
Monseñor Joseph Strickland, obispo
Ashenden advierte de «la tentación perenne de ser amable en lugar de honesto» en la acogida a la arzobispa de Canterbury
Encuentro del Papa León XIV y la «arzobispesa» de Canterbury «Gestos que oscurecen la realidad»
El exobispo anglicano Gavin Ashenden, hoy laico católico y editor asociado de The Catholic Herald, cuestiona la efusiva acogida vaticana a Sarah Mullally y advierte que el ecumenismo no puede construirse sobre gestos que oscurecen la verdad doctrinal.
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Gavin Ashenden, exobispo anglicano convertido al catolicismo y editor asociado de The Catholic Herald, ha publicado en el National Catholic Register un análisis crítico de la reciente visita al Vaticano de Sarah Mullally, primera mujer en ocupar la sede de Canterbury.
Para Ashenden, la efusiva bienvenida del Papa León XIV a la jerarca anglicana plantea serias dudas sobre la coherencia eclesiológica del proceso ecuménico y sobre la aplicación de la doctrina católica relativa a la nulidad de las órdenes anglicanas. La percepción de gran parte de los conversos del anglicanismo al catolicismo es similar y son voces que ofrecen una perspectiva que merece la pena que sean escuchadas.
Un recibimiento que «excede la hospitalidad diplomática»
El analista, antiguo capellán de la difunta reina Isabel II y hoy laico católico, recoge los términos en que el vaticanista Edward Pentin describió el encuentro. Según Pentin, las cortesías dispensadas por las autoridades vaticanas «excedieron la hospitalidad diplomática e incluyeron gestos cargados de significado eclesial»: una audiencia privada con León XIV y la oportunidad, inédita para un arzobispo de Canterbury de visita, de impartir una bendición en la Capilla Clementina de la Basílica de San Pedro, lugar descrito por el periodista como «el sitio mismo del martirio de San Pedro y, por tanto, un espacio donde la sucesión apostólica se concentra visual y espiritualmente».
A juicio de Ashenden, estos gestos no son neutros. Sostiene que la jerarquía católica, al acoger «con tanto fervor» a Mullally, ha mostrado escasa sensibilidad tanto hacia su propio juicio sobre la validez de las órdenes anglicanas como hacia las posiciones doctrinales de la nueva arzobispa. El recibimiento, advierte, supone un agravio particular para los conversos del anglicanismo al catolicismo, que dieron ese paso «por convicción de la falta de integridad de las órdenes anglicanas y del peligro de su heterodoxia ética».
La trayectoria de Sarah Mullally
El análisis dedica una parte sustancial a perfilar a la jerarca anglicana. Ashenden, apoyándose en la reseña que el comentarista episcopaliano George Conger ha hecho de la biografía escrita por Andrew Atherstone, sostiene que Mullally ha recorrido un itinerario que la ha llevado «de la claridad evangélica conservadora al liberalismo progresista de moda» o, en términos teológicos, «de la ortodoxia bíblica protestante al deísmo terapéutico».
Para el autor, ese recorrido explica la rapidez de la promoción eclesiástica de Mullally. Argumenta que en la Iglesia de Inglaterra los evangélicos conservadores son percibidos como «un estorbo teológico, cultural y político» por el establishment, y que alcanzar mayores responsabilidades exige, en su lectura, evolucionar hacia «un agnosticismo políticamente sofisticado con conciencia social» y, con frecuencia, con inclinación política socialista.
Ashenden no afirma que Mullally renunciara deliberadamente a su ortodoxia por ambición secular ―reconoce que «no conocemos la respuesta»―, pero formula la pregunta a partir de la trayectoria pública: una carrera previa en enfermería que la llevó a dirigir la burocracia que supervisaba la profesión en el Reino Unido, seguida de una promoción eclesiástica notablemente acelerada.
Aborto y uniones del mismo sexo
El comentarista subraya las dos posiciones doctrinales que, a su juicio, sitúan a Mullally «en el extremo más alejado de la heterodoxia progresista». Según Ashenden, la arzobispa ha defendido el aborto como «preferencia ética» dentro de la legitimación de la agenda feminista y ha apoyado la bendición de uniones entre personas del mismo sexo, en contradicción con la enseñanza tradicional sobre el matrimonio, el sexo y la identidad.
«La Iglesia católica goza de una reputación de claridad tanto en el aborto como en la naturaleza del matrimonio», escribe Ashenden, «y no se hace ningún favor a sí misma cuando recibe a clérigos de otras confesiones que encarnan preferencias heterodoxas como si tal claridad no importase».
Apostolicae Curae y la cuestión de las órdenes anglicanas
El núcleo eclesiológico de la crítica remite a Apostolicae Curae, la bula del Papa León XIII que declaró nulas e írritas las órdenes anglicanas. Ashenden recuerda que aquel documento dejó claro «por qué las órdenes anglicanas eran nulas e inválidas y por qué siempre lo habían sido», reconociendo a la vez que tal nulidad respondía «a la intención original y deliberada del ordinal anglicano y de la eclesiología politizada de los siglos XVI y XVII».
El hecho, prosigue, de que los anglicanos hayan modificado posteriormente su parecer y busquen «cierto grado de legitimidad por parte de la Iglesia Madre con la que están en cisma no cambia la historia ni sus credenciales».
Verdad frente a cortesía
La parte final del comentario articula el argumento teológico de la crítica: la oposición entre «ser amable» y «ser veraz». Ashenden recuerda que, en el sacramento de la reconciliación, la precondición es que el penitente reconozca la verdad sobre sí mismo. «Resulta extraño», escribe, «que una regla que se aplica con tanta evidencia a la penitencia individual quede suspendida o incluso invertida en el plano institucional o corporativo».
A continuación enumera lo que, en su lectura, sigue separando hoy a la comunión anglicana de la Iglesia católica: los formularios anglicanos «todavía repudian la Misa, todavía repudian la autoridad del Obispo de Roma y todavía repudian el purgatorio y un cierto número de concilios ecuménicos». A ello suma, en clave histórica, la responsabilidad de Inglaterra en «la destrucción de la cultura católica» y la confiscación estatal de los bienes eclesiásticos.
Para Ashenden, el ecumenismo solo puede tener integridad si se construye «no sobre gestos que oscurecen la realidad o suavizan la contradicción, sino sobre una sumisión compartida a la verdad que Cristo mismo encarna». Lo contrario, advierte, «corre el riesgo de convertirse en un teatro de sentimiento más que en una obra de reconciliación». Mientras la primera tarea ecuménica, que sugiere debería corresponder al «Patriarca de Occidente», no se aborde con esa exigencia, encuentros como el de Mullally con León XIV permanecerán, en su diagnóstico, «suspendidos entre la apariencia y la realidad, ofreciendo la forma de la unidad sin su sustancia».
Mons. Bux pide al Vaticano una aclaración por los gestos hacia Mullally

Las recientes escenas protagonizadas durante la visita a Roma de Sarah Mullally, primada de la Comunión Anglicana, han suscitado una reacción crítica desde el ámbito teológico. El sacerdote y teólogo monseñor Nicola Bux ha advertido de una posible “confusión” entre los fieles a raíz de algunos gestos realizados en el Vaticano en presencia de la líder anglicana.
Según recoge el portal Stilum Curiae, Bux ha cuestionado especialmente la coherencia entre estos actos y la doctrina católica sobre el sacerdocio y la autoridad eclesial.
Una visita marcada por gestos polémicos
La presencia de la líder anglicana en distintos actos —desde su paso por la Capilla Clementina, junto a la tumba de San Pedro, hasta su participación en celebraciones en la iglesia de San Ignacio de Loyola— ha sido interpretada por algunos sectores como un signo de creciente cercanía ecuménica.
Sin embargo, las imágenes difundidas en estos días muestran a Mullally realizando gestos propios de la autoridad espiritual, como la impartición de bendiciones en presencia de fieles y de prelados católicos, lo que ha suscitado interrogantes sobre su significado en el contexto de la doctrina de la Iglesia.
Uno de los momentos más comentados tuvo lugar en la Capilla Clementina, donde, según las imágenes publicadas, monseñor Flavio Pace, secretario del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, se signó como si recibiera la bendición de la líder anglicana.
Una contradicción con la doctrina
Ante estos hechos, monseñor Bux ha planteado una objeción de fondo: la contradicción entre estos gestos y la enseñanza constante de la Iglesia sobre el sacerdocio.
El teólogo recuerda que la Iglesia católica no reconoce la ordenación sacerdotal de mujeres, lo que implica que los actos que simulan o evocan ese ministerio carecen de validez sacramental. En este sentido, considera problemático que tales gestos sean realizados en espacios católicos y en presencia de autoridades eclesiásticas.
A ello se suma, según su análisis, la propia situación dentro de la Comunión Anglicana, donde una parte significativa de sus miembros no reconoce la autoridad de Mullally como primada.
“Ignorancia o mala fe”: una cuestión que exige aclaración
En sus declaraciones, Bux se pregunta si quienes participaron en estos actos fueron conscientes de la gravedad de los gestos realizados o si, por el contrario, actuaron sin valorar sus implicaciones.
Más allá de la intención, advierte de que este tipo de situaciones tienen consecuencias reales: “escandalizan y confunden” a muchos católicos, especialmente cuando no se ofrece una explicación clara.
Por ello, considera necesario un pronunciamiento por parte de la Santa Sede que ayude a clarificar lo sucedido y evite interpretaciones erróneas sobre la naturaleza del sacerdocio y la autoridad en la Iglesia.
García-Conde analiza los motivos de peso por los que el Papa debería visitar el Valle de los Caídos

Entrevistamos al promotor de la iniciativa. Jesús García-Conde Del Castillo es economista, colaborador de Razón Española, Informa Radio, Periodista Digital, Distrito TV y El Toro TV. Conferenciante ocasional sobre Memoria Histórica.
Recientemente publicó en InfoCatólica su carta al cardenal Cobo, pidiendo que el Papa visite el Valle de los Caídos.
Nos ha atendido amablemente para recalcar y explicitar el contenido de la carta.
¿Por qué ha escrito una carta al cardenal Cobo pidiendo que el Papa visite y rece en el Valle de los Caídos?
Hay muchas razones que animan a que el Papa visite el Valle de los Caídos: El Valle de Los Caídos es un lugar muy querido para muchos españoles, fue construido como monumento a la Reconciliación después de nuestra guerra donde están enterrados, sin distinción, combatientes de ambos lados junto a 149 beatos y Siervos de Dios que descansan eternamente bajo el signo de perdón de la Cruz. Sólo este hecho es único en el mundo y un ejemplo para todo el mundo en días tan convulsos como en los que estamos. Ese monumento, que es Basílica, Abadía, Escolanía y cementerio católico está amenazado por los que pretenden seguir con el odio revanchista. Finalmente porque el templo fue declarado Basílica Pontificia por el papa San Juan XXIII y está bajo la protección del Vaticano.
¿Qué repercusión tendría la visita del Papa a este santo lugar?
El mundo conocería el mensaje de perdón y reconciliación con el que fue construido este lugar, mas allá de la belleza indiscutible de su arquitectura, frente al relato de odio de los que lo quieren seguir profanando bajo el nombre confuso de resignificación.
¿Por qué debería ser uno de los lugares de visita obligada dado su simbolismo en defensa de la fe y el hecho de ser la cruz más grande del mundo?
Esa Cruz es la más grande del mundo, sí, pero lo mas importante de la Cruz está debajo. Y es que la Cruz de piedra que se ve fuera continúa la vertical de la cruz de madera que se apoya en el altar. Alrededor de esa cruz se reza todos los días por la paz y la reconciliación de los españoles representados por los mas de 35.000 españoles de los dos bandos allí enterrados. Transmitir ese mensaje es fundamental.
¿Por qué aprovecha para recordarle a Cobo y al resto de obispos el deber de preservar la integridad del Valle de los Caídos como lugar de Culto?
Porque el acuerdo de Monseñor Cobo y el ministro Bolaños iban a hacer prácticamente imposible la continuidad del culto en el Valle al restringir la zona de culto a la zona del altar y bancos adyacentes. Además el proyecto de “resignificación” iba a obligar a los asistentes a pasar delante de la exposición planteada en contra del mensaje original del Valle al acercarse a esos bancos. También taparía las capillas de la nave o la cúpula. Eso es un insulto a los católicos.
Así mismo recuerda el pésimo estado de conservación en el que se encuentra el recinto…
El papa ya visitó el Valle en 2003. Si vuelve a la explanada y entra en la nave no se va a encontrar el templo como lo visitó entonces. Hay goteras, desconchones y en general, las consecuencias del abandono al que le somete el gobierno. Taparlas solo para las fotos de la visita sería hacer trampas. El Valle ha de ser conservado como se merece.
¿Por qué la basílica, la abadía y la escolanía es un patrimonio a conservar que debería ser cuidado con mimo?
Porque todo el conjunto es sagrado según dijo San Juan XXII y todo el conjunto es un caso único en el mundo de monumento de perdón, de arte y lugar de recogimiento y oración.
¿Espera que tenga respuesta su carta y pueda conseguir lo que pide?
La esperanza no se pierde pero tener contestación ya no depende de mí. Lo que si depende de mi es hacer lo posible todos los días por defender los símbolos de la fe y España y el Valle lo es. Y esa lucha habría de continuarse, aunque no se vieran cerca los frutos.
Por Javier Navascués
Hakuna llega a su gira en Venezuela con su forma desastrosa de tratar al Santísimo

Este sábado 2 de mayo Hakuna Group Music desembarca por primera vez en Venezuela. Será en el Fórum de Valencia (Carabobo), con un montaje de 360 grados, más de cincuenta artistas en escena, entre 8.000 y 9.000 entradas con el mismo lema repetido sin pestañear: «arrodillados ante la Eucaristía y de pie ante el mundo».
Reproductor de vídeo
Duración 1:41 minutos
Conviene, antes de que se enciendan las luces, ver el vídeo que enlazamos. Lo que aparece en él no es ninguna campaña difamatoria de un enemigo del movimiento: es material producido y difundido por el propio entorno de Hakuna y ha sucedido dursnte estos días en Venezuela. Lo que se ve es esto: el Santísimo Sacramento expuesto sobre una roca de la playa, más o menos cubierta con un mantelillo doméstico de cuadros, custodia depositada como quien coloca el mantel para una merienda, una pancarta grafiteada tendida a los pies, y ni un solo presbítero o diácono identificable en escena. Solo una religiosa.
A partir de ahí, las preguntas son inevitables y exigen respuesta pública:
¿Había permiso del Ordinario del lugar? Porque la exposición pública del Santísimo lo requiere (c. 942 CIC; Redemptionis Sacramentum 137).
¿Había ministro ordenado? Porque la exposición en custodia con bendición eucarística está reservada al sacerdote o al diácono (Ritual de 1973, n. 91). Una religiosa no suple esa función.
¿Dónde está el altar, los cirios, el incienso, la dignidad mínima del lugar? Porque Redemptionis Sacramentum 138 lo dice con claridad: nada que pueda oscurecer la centralidad de la Eucaristía debe distraer la atención de los fieles. Una roca no es un altar. Un pareo no es un mantel litúrgico. Una sesión de fotos no es una adoración.
Hakuna lleva años vendiendo su «carisma» como argumento que todo lo excusa: la frescura juvenil, la cercanía, la espontaneidad. Pero ningún carisma autoriza a tratar al Santísimo con menos cuidado del que se pondría al manipular un objeto de mediana relevancia material. Cuando la custodia se convierte en atrezo publicitario —en reel, en cartel, en imagen viral para vender entradas—, ya no estamos ante un movimiento eclesial: estamos ante una operación de marketing experiencial que se sirve del Santísimo como activo de marca.
Y aquí hay que poner freno. Lo está pidiendo la fe de la Iglesia, no el rigorismo de nadie. Si creemos de verdad que en la Eucaristía está real, verdadera y sustancialmente presente Cristo Señor, los signos materiales con que se trata esa presencia no son un detalle estético. Son la prueba pública de la fe que se dice profesar. Y cuando esos signos se degradan sistemáticamente —y esto es sistemático en Hakuna, no un desliz aislado—, lo que se erosiona no es la liturgia: es la fe misma de los miles de jóvenes que el movimiento dice querer evangelizar.
La pastoral juvenil venezolana, los obispos que tratan con Hakuna y, en este caso concreto el Ordinario de Valencia tienen un deber claro antes del 2 de mayo: exigir explicaciones sobre qué se va a hacer con el Santísimo en torno a este concierto, con qué autorización, con qué ministro y bajo qué condiciones.
Hakuna llega a Venezuela con un buen lema y una muy mala aplicación. Quien crea de verdad que hay que estar arrodillado ante la Eucaristía debería empezar por revisar qué entiende exactamente por «estar arrodillado». No es una postura para el reel. Es la manera concreta —material, ritual, custodiada por la Iglesia— de tratar a Dios que incluye evitar mundanizaciones buenistas que generan una dolorosa confusión.
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