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viernes, 14 de octubre de 2022

El peligro mortal del sínodo (Carlos Esteban)




Los organizadores del sínodo están lanzando todas las señales posibles para transmitir la idea de que la reunión puede cambiar doctrinas asentadas. Sería un suicidio.

Si la Iglesia puede decidir que hoy es bueno lo que siempre ha predicado como malo, o al revés, significa que la Iglesia ha llevado a error a los fieles durante dos mil años.

Si la Iglesia ha llevado a error a los fieles durante dos mil años, significa que no es la intérprete infalible del mensaje de Cristo. Corolario de esto es que tampoco lo que diga ahora contradiciendo a lo anterior puede decirlo con certeza, si no podía decirlo con certeza antes.

Si la Iglesia no es intérprete infalible del mensaje de Cristo, no vale para nada; es solo un club de debate redundante que se limita a dar un barniz de espiritualidad a lo que el siglo ya ha decidido que es cierto.

Pretender que nuestro tiempo tiene algún rasgo especial que le permite encontrar una nueva verdad que los otros siglos han contradicho es una incoherencia lógica perceptible para la mente más limitada.

Quienes se afanan para que la Iglesia haga lícito lo que siempre ha sido, no meramente ilícito, sino condenado con extrema severidad parecen no darse cuenta de que su acción deslegitimaría de un plumazo lo mismo que tratan de imponer. Lo mismo que, según ellos, hizo errar a la Iglesia al considerar malo lo que ellos ven ahora como bueno hace imposible que su nueva afirmación aporte un mínimo de certeza. Es solo una opinión, acorde con los tiempos, y con la misma fecha de caducidad que todas las novedades de cualquier época. Y en el proceso se habrá destruido la única base para pertenecer a la Iglesia.

Porque la Iglesia no es un grupo de filósofos especulando el sentido de la vida, sino un mensaje concreto, inamovible en el tiempo porque lo comunica el propio Creador, que está fuera del tiempo, que transmite verdades que no pasarán cuando hayan pasado el cielo y la tierra, por boca del Hijo de Dios hecho hombre, Cristo, que es el mismo ayer, hoy y mañana.

La Iglesia es la portadora de un Mensaje, de una Revelación cerrada con la muerte del último Apóstol. Y los mensajes no se votan. Se aceptan o se rechazan, pero no se votan. La Iglesia puede abrir un proceso de escucha para conocer las tribulaciones y circunstancias concretas del pueblo de Dios, pero no para pedirle opinión. El pueblo fiel no está ahí para decidir cuál es la verdad, la verdad pequeña de nuestro tiempo, sino para aprender, porque la Iglesia es Madre y Maestra.

Si el Sínodo de la Sinodalidad concluyera que es lícito lo que siempre ha sido ilícito, no conseguiría una Iglesia con verdades nuevas. Solo conseguiría la destrucción de la Iglesia, y que no hubiera, por lo demás, razón alguna para que los pastores siguieran en sus puestos.

Carlos Esteban
Léase también el siguiente artículo:

Los tres agujeros negros del Sínodo que ponen en peligro a la Iglesia