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sábado, 16 de junio de 2018

“La diversidad une”, dice el Papa en el curso para jóvenes astrónomos (Carlos Esteban)



El Papa no desaprovecha ocasión para ‘vendernos’ los beneficios de la inmigración masiva, aunque sea en un momento tan poco propicio como la apertura del curso de jóvenes astrónomos promovido por el Observatorio Vaticano.
“Procedéis de muchos países y culturas distintas y tenéis especializaciones diferentes”
les ha dicho el Papa a los jóvenes de diversos países que participan en el Vaticano en el curso promovido y gestionado por el Observatorio Vaticano de Castegandolfo. 
“Esto nos recuerda cómo la diversidad puede unir por un objetivo de estudio común, y cómo el éxito del trabajo depende también de tal diversidad, porque es de la colaboración entre personas de diversos orígenes como se puede llegar a una comprensión común de nuestro universo”.
Su Santidad -es sabido- puede hablar y escribir sin parar y también sin hacer apenas referencia a tema alguno que sea específico de su oficio, prefiriendo, por lo común, asuntos que pegan más en las páginas de opinión de The New York Times que en cualquier publicación eclesial o religiosa.

Últimamente le hemos visto reunirse con ejecutivos de las grandes petroleras para urgirles a que aceleren la transición hacia una fuente de energía limpia, le hemos escuchado saludando el inicio del Mundial de Fútbol y, naturalmente, insistiendo en un asunto en el que, a lo que se ve, en el país que rodea su diminuto Estado, se ha situado en el bando perdedor: la inmigración masiva.

Aquí también se alinea con la posición dominante en los grandes medios, y ha llegado a ser tan obsesivo su interés y tan maximalista su postura que no puede dejar de tratar el asunto, aunque sea de refilón, ni hablando a los jóvenes astrónomos.

Uno pensaría que en ocasión semejante hay muchos y muy adecuados asuntos con que interesar a su público. Puede tratarse de la falsa oposición entre ciencia y fe, un debate que ha dominado la opinión pública europea desde hace siglos, o de cómo la Creación apunta al Creador, o de la importancia del aprendizaje, que es lo que les ha reunido allí. Pero no, ha vuelto a lo suyo, y con unas frases que resultan muy fácilmente cuestionables. 

¿La diversidad une? Que se lo digan a los habitantes de Malmö, en Suecia, o a los de Los Angeles; que se lo expliquen a las autoridades de tantas ciudades europeas que han visto multiplicarse los guetos y las ‘no-go zones’ como setasNo, la diversidad no une, eso no tiene ni pies ni cabeza. En el caso que nos ocupa, es la pasión por la astronomía lo que une a personas de origen muy diverso, es el estudio lo que supera esa diversidad.

¿”Es de la colaboración entre personas de diversos orígenes como se puede llegar a una comprensión común de nuestro universo”? ¿En serio? 
Pocas instituciones han impulsado de forma tan desproporcionada y relativamente rápida el saber y las ciencias como la Royal Academy británica, que no era exactamente un paraíso de multiculturalidad, como no lo eran las universidades de Oxford y Cambridge. Y toda la fundación del actual ‘progreso’ se dio con la Ilustración francesa, un puñado de compatriotas que hablaban el mismo idiomaChinos, rusos, japoneses o israelíes tienen excelentes institutos de investigación que no parecen precisar de esa mágica ‘diversidad de orígenes’ para llegar muy lejos en sus exploraciones científicas.

Pero eso da igual, porque las palabras del Papa no son originales, repiten un mantra de moda, el mismo que se usa, sin pensar en centenares de contextos, para justificar esos masivos movimientos de población que desestabilizan las sociedades de llegada y despueblan y empobrecen las de origen

Mientras, el país natal de Su Santidad, uno de los últimos países culturalmente occidentales que mantenía una protección a la vida del no nacido, ha visto como la perdía por la mínima en un debate parlamentario, ante el silencio de piedra de Su Santidad, que ha callado como calló antes, durante y después del referéndum irlandés.

Carlos Esteban