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viernes, 6 de abril de 2018

La Conferencia Episcopal Alemana, dividida entre la fidelidad a la doctrina y la ruptura (Carlos Esteban)



El Cardenal Rainer Woelki, Arzobispo de Colonia, y otros seis obispos alemanes han escrito una apelación urgente al Santo Padre pidiéndole que bloquee la propuesta de su conferencia episcopal de permitir la comunión de protestantes, informa el diario local Kölner Stadt-Anzeiger.

El pasado mes de febrero, como informó InfoVaticana, la Conferencia Episcopal Alemana dejó en libertad a sus sacerdotes para que, discerniendo caso por caso, permitieran la comunión del cónyuge luterano de un fiel católico.

La propuesta salió adelante por una abrumadora mayoría de los votos y en ella se especificaba que la comunión podría recibirse tras un “serio examen” de la conciencia del comulgante potencial por parte del sacerdote, cuando el cónyuge luterano “afirme la fe de la Iglesia Católica” (?) y “anhele satisfacer un hambre de Eucaristía”.

No se aclara cómo un luterano puede “afirmar la fe de la Iglesia Católica” y seguir siendo luterano en ningún sentido coherente.

Marx aseguró en su día que la medida no pretende introducir “cambio en la doctrina” alguno.

En la carta citada, enviada el pasado mes a la Congregación para la Doctrina de la Fe y al Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, los siete obispos firmantes aseguran que la propuesta se opone frontalmente a la doctrina católica, mina la unidad de la Iglesia y excede a las competencias atribuida a la conferencia episcopal.

Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el Cardenal Reinhard Marx, Arzobispo de Munich, envió una carta a todos los obispos del país nada más conocerse el envío de la de los siete obispos ‘disidentes’ para defender la decisión de la conferencia, asegurando que era consistente con los textos teológicos y ecuménicos y con el derecho canónico. Más aún: que era consecuencia de las palabras del Papa Francisco “animándonos a avanzar en el ecumenismo”.

Es llamativo no solo que una medida tan evidentemente chocante obtuviera el asentimiento de la abrumadora mayoría de los obispos católicos del país, sino que la protesta, reducida solo a siete prelados, haya tardado tanto en producirse.

Desde el momento en que apareciera la noticia, ningún obispo se había opuesto abiertamente a la misma, ni siquiera al ser consultados por periodistas de la prensa católica, como el americano National Catholic Register, que preguntó por escrito a todos ellos y solo recibió cuatro respuestas, tres de obispos eméritos.

Carlos Esteban