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domingo, 7 de junio de 2015

Satanás se ríe ahora, pero venceremos, por Cristo y en Cristo (Luis F. Pérez Bustamante)


Cardenal Kasper

Al cardenal Kasper le parece fabuloso que Irlanda haya aprobado el “matrimonio” homosexual. Le parece igualmente necesario que la Iglesia reconozca las cosas buenas en las uniones homosexuales prolongadas. Pide, además, que se supere la, según él, discriminación injusta contra ellos. Y, faltaría más, reclama a la Iglesia que adopte un nuevo lenguaje. Es más, avisa que esa cuestión será central en el próximo Sínodo.

A mí no me cabe la menor duda de que Satanás está partiéndose de risa en estos momentos. Ni en su sueño más onírico llegó a pensar que alguna vez la Iglesia Católica asistiría al espectáculo de que en un sínodo, -o mejor dicho, en dos sínodos- se discutiría siquiera sobre la aprobación, siquiera sea parcial, de algo que se acerca mucho a la abominación desoladora descrita en la Escritura. Los textos sobre la homosexualidad en la Biblia y en la Tradición son tan claros y contundentes que solo alguien que desprecie la Revelación puede plantear cualquier reconocimiento a unas relaciones contrarias a la ley natural y que Dios considera abominables.

Por otra parte, el argumento del cardenal Kasper para admitir el resultado del referendo en Irlanda valdría igual para aceptar el aborto, la eutanasia y cualquier barbaridad que surgiera de “la voluntad del pueblo". Para ese “príncipe” -ay, ay, ay- de la Iglesia, lo que importa de verdad es lo que diga el mundo,no lo que Dios haya dispuesto.

Satanás se carcajea de que el cardenal Pell tuviera razón al indicar en octubre pasado que:

«La comunión para los divorciados vueltos a casar es para algunos padres sinodales -muy pocos, ciertamente no la mayoría- solo la punta del iceberg, el caballo de Troya. Ellos quieren cambios más amplios, el reconocimiento de las uniones civiles, el reconocimiento de las uniones homosexuales. La Iglesia no puede ir en esa dirección».

Lucifer disfruta viendo como se cumplen las profecías de la Virgen en Akhita sobre su obra dentro de la Iglesia:

La obra del demonio infiltrará hasta dentro de la Iglesia de tal manera que se verán cardenales contra cardenales, obispos contra obispos.

Eso lo tenemos ya delante de nuestros ojos. Y recordemos que en junio de 1988, Joseph Cardinal Ratzinger, por entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, impartió el juicio definitivo sobre los eventos y mensajes de Akita, juzgándolos confiables y dignos de fe. Quien luego ha sido Papa con el nombre de Benedicto XVI, observó que Akita es una continuación de los mensajes de Fátima.

Poco imaginaba el beato Pablo VI que su afirmación sobre la entrada del humo de Satanás en la Iglesia, sería apenas una sombra de lo que la Iglesia está contemplando más de 40 años después. Estas fueron las palabras del papa beato:

Se diría que a través de alguna grieta ha entrado, el humo de Satanás en el templo de Dios. Hay dudas, incertidumbre, problemática, inquietud, insatisfacción, confrontación. Ya no se confía en la Iglesia, se confía más en el primer profeta profano —que nos viene a hablar desde algún periódico o desde algún movimiento social— para seguirle y preguntarle si tiene la fórmula de la verdadera vida.

Y así explicó cómo ocurrió tal cosa:

¿Cómo ha ocurrido todo esto? Nos, os confiaremos nuestro pensamiento: ha habido un poder, un poder adverso. Digamos su nombre: el Demonio. Este misterioso ser que está en la propia carta de San Pedro —que estamos comentando— y al que se hace alusión tantas y cuantas veces en el Evangelio —en los labios de Cristo— vuelve la mención de este enemigo del hombre. Creemos en algo preternatural venido al mundo precisamente para perturbar…

Kasper, Marx, Bonny, Damasceno, Coccopalmerio, Monsalve, Agrelo, Radcliffe, etc, no son meras anécdotas. Y no son pocos. Son volutas oscuras, luciferinas, abrasadoras de almas. Por razones que a algunos se nos escapan, pero que sin duda Dios permite para sacar algún bien, han recibido vía libre para exponer sus planes al servicio del intento de destrucción de la Iglesia desde dentro de la misma.

Pero no desesperemos. Sigue firme la promesa de Cristo de que las puertas del Hades no prevalecerán. Aunque demasiados han optado por la peor de las actitudes, que es la tibieza y la cobardía, son también muchos los cardenales, obispos, sacerdotes y seglares que no están dispuestos a ceder. Satanás puede reír todo lo que quiera pero su derrota, y la de sus siervos, es segura. Y aunque esos autores de iniquidad llevarán a la perdición a muchos, ni uno solo de los elegidos del Padre se perderá, porque así lo ha dicho el Hijo:

Ésta es la voluntad de Aquel que me ha enviado: que no pierda nada de lo que Él me ha dado (Jn 6,39). No es tiempo de debilidad, no es tiempo de tibiezas, no es tiempo de desesperanza. Al contrario: Por tanto, amados hermanos míos, manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo no es vano en el Señor (1ª Cor 15,58)

Vigilad, estad firmes en la fe, sed fuertes, tened ánimo. (1ª Cor 16,13). Por eso, poneos la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo y, tras vencer en todo, permanezcáis firmes. Así pues, estad firmes, “ceñidos en la cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia” (Ef 6,13-14)

Por eso, hermanos, manteneos firmes y observad las tradiciones que aprendisteis, tanto de palabra como por carta nuestra (2ª Tes 2,15), sabiendo además que nuestra firmeza no depende de nuestras propias fuerzas: "el Señor es fiel y Él os mantendrá firmes y os guardará del Maligno".
(2ª Tes 3,3)

Hala, pues. Fuera todo temor estéril. No sabemos cómo Dios salvará a su Iglesia de esta brutal acometida de Satanás y sus huestes. Pero sabemos que la salvará. Y si para ello es necesario que entremos en la Parusía -solo el Padre lo sabe-, que así sea.  Hoy más que nunca: Santidad o muerte.

Luis Fernando Pérez Bustamante