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martes, 28 de marzo de 2023

Nos lo dicen a la cara: más abortos y menos hijos | Alicia Beatriz Montes Ferrer


La verdad sin tapujos


En una página web del UNFPA (Fondo para la Población de las Naciones Unidas)[1], nos encontramos con unos textos muy interesantes y que no tienen desperdicio:

Invertir en la planificación familiar significa invertir en la salud y los derechos de adolescentes, mujeres y las parejas en el mundo entero. Estas inversiones contribuyen a impulsar el desarrollo y son fundamentales para el éxito de la Agenda 2030.

El acceso a servicios de planificación familiar segura y voluntaria es un derecho humano, además de ser fundamental para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, así como, se considera un factor clave para la disminución de la pobreza[2].

Si al leer estas líneas no se ha puesto nervioso, si no ha sido capaz de alcanzar a ver el peligro de lo que afirman y reclaman, tranquilo, yo se lo traduzco a continuación.

La Agenda 2030, desde sus oscuros orígenes, tan sólo persigue un fin: reducir la población y controlarnos. No viene de ahora, es algo premeditado, reflexionado y bien planeado. Les sobramos unos cuantos millones de habitantes del planeta.

El segundo texto nos habla de los “servicios de planificación familiar segura y voluntaria”. Suena bastante bien a priori, se preocupan por las familias y por los pobres, tal y como reza el objetivo nº 1 de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible o Agenda 2030). Pues bien, la realidad es todo lo contrario. Para lograr una igualdad de género, en la que el ser humano sea un individuo que se autocrea según su sexo sentido y que elimina la determinación biológica de nuestra naturaleza humana, se ha de eliminar aquello que fundamentalmente nos diferencia al hombre y la mujer. ¿Qué puede haber más distintivo de la mujer que su maternidad? De esta manera, borrando esta “pequeña” diferencia, concienciando a la mujer de que los hijos son un estorbo para alcanzar la igualdad laboral, social, cultural y económica con el hombre, se va logrando alcanzar ese “empoderamiento de las mujeres”. Pero como máximo a aspirar, nos indican que, mediante la planificación familiar, lograrán “disminuir la pobreza”. ¿Y se preguntará el lector, qué relación puede tener el género con esa disminución de los pobres? Simplemente, eliminando a los pobres: les lavan el cerebro para que tengan menos hijos, ninguno o que aborten.

Considero que con esta introducción ya se va teniendo clara la intencionalidad que se esconde tras la “planificación familiar”. Pero continuemos con el asunto porque tiene lo suyo…

Quizás el lector considere que esto no tiene mucho que ver con nuestra vida diaria en nuestros países desarrollados. Veamos si es así o no.

La técnica que utilizan para convencer de que el aborto es necesario es siempre la misma: alarma ante el número de abortos inseguros, de mujeres que mueren en el parto por complicaciones y ser muy jóvenes, de la falta de oportunidades para esas niñas embarazadas de poder acceder a la educación o a un trabajo en un futuro. Esto, en un principio, comenzó, sobre todo, en un contexto de países en vías de desarrollo, donde estas situaciones se suelen dar más comunes. Es toda una estrategia de terror, que va calando. Con el tiempo, esta misma línea de actuación, pero contextualizada para cada realidad social, se fue introduciendo en los países desarrollados donde estos escenarios no suelen darse tan a menudo. Evidentemente, como a la par ha habido una acción de lavado de cerebro social tremenda mediante los medios de comunicación, las RRSS y la educación, hemos podido comprobar cómo se han ido normalizando los nuevos valores relativistas y hedonistas que han ido dando apertura a las relaciones sexuales libres sin una guía moral que las acompañe y un desprecio a la vida.

De esta manera, el aborto o los métodos anticonceptivos son la opción perfecta que se les debe facilitar a los adolescentes y que vienen ofertando en los centros educativos desde hace años con el adoctrinamiento y los talleres que realizan. Esto es lo que llamamos “los derechos de los adolescentes, las mujeres y las parejas”. Lo cual no es ni más ni menos lo que pretende lograr la Agenda 2030. Esta agenda no es más que una serie de pautas que todos los países afines a la ONU y las Naciones Unidas han de seguir para lograr el objetivo principal que se persigue ya mencionado: el descenso de la población. Lo dicen ellos mismos a las claras. Sus organismos afines como la OMS, UNICEF o UNFPA, a cuyos textos he hecho referencia, son tapaderas para expandir sus objetivos de control del número de nacimientos e introducir la cultura de muerte que ya impregna en la mayoría de las esferas sociales de la vieja y acabada Europa.

Por esta razón, ese acceso de “planificación familiar”, no es otra cosa que, acceso a los métodos anticonceptivos y al aborto para no tener familias muy extensas. Si bien es cierto que la paternidad responsable es algo necesario dentro de cada matrimonio, no se debe confundir con planificación familiar, que intenta evitar a toda costa nuevos nacimientos, mientras que lo otro incluye una reflexión meditada del matrimonio para impedir durante un tiempo otro hijo, por alguna circunstancia de peso que lo impida.

Evidentemente, al facilitar la información de los métodos anticonceptivos, ni tienen en cuenta los terribles efectos secundarios que eso les puede suponer en sus cuerpos, como el caso de las píldoras, ni tampoco se plantea la posibilidad de educarles hacia la responsabilidad, la espera y la abstención, como posibles métodos muy eficaces para evitar acabar embarazadas las chicas tan jóvenes. No les educan hacia un amor comprometido, fiel y fecundo, pues precisamente se huye de esto, y se considera el sexo como algo libre, espontáneo, instintivo y placentero. De hecho, en realidad, lo que les interesa es que tengan relaciones sexuales a esas edades, pues los partidarios de estas ideas, consideran que el único fin principal que tiene el sexo es el placer. Si a esto le sumamos que se han inventado esos nuevos derechos sexuales y reproductivos, ya tenemos la tarta montada: tienen derecho a obtener placer, tienen derecho a tener relaciones sexuales con el sexo que deseen, lo cual viene a ser esa igualdad de género que tenemos hasta en la sopa, tienen derecho a tenerlo cuando se sientan preparados, que abre la puerta a la pederastia y tienen derecho a abortar como un servicio propio que han de obtener por su supuesto derecho reproductivo. En caso contrario, en caso de que esto se obstaculice, se considerará que la mujer está siendo sometida a un acto discriminatorio, e incluso ya se habla de violencia de género si se le impide el aborto[3]. Pero el asunto no queda tan sólo ahí. No olvidemos que en plena pandemia se aprobó la Ley de Protección Integral de la Infancia y la Adolescencia frente a la violencia[4]. Con esta ley, se abre la opción a que, si los padres se oponen a que su hija aborte, o si alguien le impide acceder a información de los métodos anticonceptivos, será considerado un acto violento que estaría usted ejerciendo hacia su propia hija. Y en tal caso, el Papá Estado, ya se encargará de protegerla y alejarla de personas no gratas para su beneficio. ¡Nos quieren robar nuestros hijos!

Porque, cuando se habla del empoderamiento de la mujer, no sé que se le vendrá a la mente, pues esto no es más que ensalzar a la mujer por encima del macho patriarcado opresor y machista, por encima de su estatus social, cultural, económico y laboral. Y para ello, la mujer ha de ir saltando esos obstáculos que se le ha hecho pensar que tiene que eliminar: el compromiso, la familia y la maternidad. La gran engañada es la mujer que renuncia a lo más específico de su feminidad, a lo que realmente le hace realizarse como persona debido a su intrínseca naturaleza que se le ha hecho pensar que debe rechazar.

El empeño en que estas criaturas eviten a toda costa tener un embarazo no es ni mucho menos por su bien, como ingenuamente puede pensar prácticamente todo el mundo que se tope con esta información. La realidad es más oscura, y se remonta a cientos de años atrás. Ellos son los amos del mundo, los que dirigen y controlan los recursos naturales que les generan riquezas, y los demás, sus peones, que nos reproducimos como ratas, les estorbamos para sus intereses económicos y de adquisición de poder.

De esta manera, desde que se aprobó en 1959 el primer anticonceptivo oral para uso humano, unida a la aprobación del aborto en España en 1985, nos encontramos que se han acumulado casi 2,7 millones de abortos, y con un crecimiento vegetativo negativo que nos sitúa en la cifra de -113.876 personas.

Nadie habla de la gran cantidad de colegios que están cerrando por el descenso de nacimientos, lo que supone una gran pérdida en cuestiones económicas, pero sobre todo, laborales.

Tampoco es un tema que parezca preocupar que el envejecimiento poblacional consecuencia de falta de nacimientos, produzca un notable descenso de la población activa, lo que conlleva una caída de la recaudación en el IRPF y en las cotizaciones a la Seguridad Social. Sin olvidar que la reducción o eliminación de las prestaciones sociales por falta de ingresos, se va a notar especialmente en el tema de las pensiones, así como la incapacidad de mantener ciertos servicios del Sistema Sanitario[5].

¿Le suena lejano? Pues yo diría que está a la vuelta de la esquina y todo esto gracias a las políticas que están empeñadas en quitarnos de en medio. Si, nos lo dicen a la cara y les hacemos caso como borregos llevados al matadero sin poner resistencia. Nos estamos condenando como sociedad.

En 1960, en España, el índice de fecundidad estaba en 2´86[6], en el 2007 descendió hasta1´28 y en el año 2021, nos situamos en 1´19 hijos de media por mujer. Aunque ningún país de Europa, alcanza ya el nivel de reemplazo generacional por la disminución tan elevada de nacimientos, España tiene una peculiaridad: “Spain is differet”, por lo que se sitúa en la cola de los países con menor índice de fecundidad[7].

Y esto se debe al mantra que se ha introducido en la mente de las personas las cuales repiten como papagallos: “no están los tiempos para tener tantos hijos”, “la vida está muy cara”, “es una irresponsabilidad para el planeta tener tantos hijos”, “no se puede atender bien a varios hijos”… te dicen esto, que no hay dinero para tantos, mientras sus hijos llevan zapatillas de buenas marcas, tienen el Mercedes aparcado en la puerta de su casa, tienen varios dispositivos tecnológicos de última generación, o se consideran muy responsables con el planeta no aumentando la familia, mientras no tienen reparos en tirar plásticos en la playa… Tiempo libre ir al gimnasio, para jugar al paddle, ir de compras o de cervezas, si se tiene, y me parece estupendo, pero para dedicarlo a los hijos no… En fin, la hipocresía, la ignorancia y la imbecilidad, aumentan a la par que lo hace la infertilidad. Esto lo que se tiene cuando una sociedad ha permanecido tantas horas delante de la pantalla televisiva adoctrinadora.

Así que ya lo sabe usted, si están aumentando el número de adolescentes embarazadas, las enfermedades de transmisión sexual, si el número de abortos se están disparando y si usted se lleva las manos a la cabeza, preocupado por la situación sin entender cómo hemos llegado hasta este punto, es realmente muy buena señal. Las élites se estarán frotando las manos, mientras se relajan en su sesión diaria de masajes en el spa por los buenos resultados que están consiguiendo en la sociedad y los grandes beneficios que suponen para sus empresas.

Pero no se irrite por ello, esto lo llevan haciendo hace siglos, tan sólo que ahora, el avance tecnológico nos facilita esta información y los padres están más que nunca mirando hacia otro lado.

Alicia Beatriz Montes Ferrer | Master en Ciencias para la Familia | Orientadora Familiar