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martes, 18 de enero de 2022

¿SALIMOS MEJORES? (Capitán Ryder)



YA TRATÉ ESTE TEMA EN UNA ENTRADA ANTERIOR HACE MAS DE UN AÑO. ALGUNAS IDEAS SON REPETIDAS PERO CREO NECESARIO INCIDIR EN ELLAS.


Al principio de toda historia, no sé bien cómo definirla, el Papa concedió una segunda entrevista a Jordi Évole.

Ni que decir tiene que fue tan lamentable como la primera. Ya la comentamos en su momento pero la idea que ya lanzó entonces Francisco es que Dios de ninguna manera castiga pero que la naturaleza sí lo hace y que, además, en este caso estaría muy bien dado lo mal que el hombre trata a la «casita común».

En ese momento no tuvo a bien explicarnos los «maltratos» a la naturaleza que, por ejemplo, dieron origen a la peste antonina (165-180), o la peste de Justiniano que comenzó hacia el año 541, la peste negra en el siglo XIV o las distintas pestes de cólera habidas a lo largo de la historia. Todo es superfluo cuando de lo que se trata es de apuntalar un relato.

Junto a esa idea lanzó otra, la de la «esperanza en que todo esto sirviese para el hombre saliese mejorado de esta crisis».

Para un Papa resulta desconcertante el discurso. En la época, ya lo hemos dicho muchas veces, en que los gobernantes más desafían a Dios, en la época en que el hombre occidental da por superado todo el hecho religioso, no sólo el católico, el Papa se apunta a la teoría de que todo esto nos hará mejores porque…ni idea.

Hubo un tiempo en que el discurso de la Iglesia era que las bases de cualquier mejora social descansaban en una sociedad orientada a Dios en que las leyes fuesen una emanación de ese sentir y que todo eso debía venir sustentado por la gracia de los Sacramentos. Ahora no, ahora sería suficiente con ¿proponérselo porque han muerto algunos ancianos en la residencia de al lado? ¿Y en qué te cambia eso exactamente? ¿En qué dirección mueve el asunto? ¿eso te haría reciclar más intensamente desde ese momento para no causar heridas a la «casa común»?

Era suficiente con tener ojos en la cara para ver que eso no sería así.

Para entonces ya había más que sospechas de que muchos ancianos no habían sido tratados adecuadamente en muchas residencias, que en todo caso estaban aislados en sus habitaciones, que la policía se empleaba con una brutalidad digna de Corea del Norte si alguien cometía alguna pequeña imprudencia(*), que los vecinos te recriminaban desde la ventana si salías dos veces a tirar la basura, que proliferaban las anécdotas de vecinos que invitaban a profesionales sanitarios a abandonar su hogar por el miedo a contagiarse o que los propios trabajadores sanitarios nos inundaban con vídeos ¿graciosos? a la par que nos contaban lo agotadísimos que estaban mientras, supuestamente, la gente moría por miles.

No, en aquel momento ya se podía afirmar que no saldríamos mejores. De una sociedad descompuesta, y la occidental lo es, no habría una catarsis porque sí.

El caso es que tras esto llegó la vacuna y quien tanto confiaba en que «saldríamos mejores» se subió a este carro como si la salvación del mundo nos fuese en ello.

A día de hoy ya conocemos que 3 guardias suizos debieron abandonar sus puestos de trabajo por no estar vacunados, otros 3 debieron vacunarse contra su voluntad. ¿Alguien cree que este criterio se hubiese aplicado en el Vaticano con cualquier otra enfermedad? ¿Por qué en este caso sí?.

Desde el 13 de diciembre, el Vaticano no permite acceder a sus puestos de trabajo a las personas que no presenten el certificado de vacunación contra el coronavirus, de manera que se considera falta por esa razón una «ausencia injustificada» lo que conlleva la suspensión del sueldo.

Hay que recordar, como contraposición, el trato que, por ejemplo, se dispensó en el Vaticano al obispo Zanchetta, amigo de Francisco y acusado de malversación de dinero y de enviar fotografías ligero de ropa a seminaristas de su diócesis. A este obispo se le buscó un puesto de nueva creación en el Vaticano y ahí lo tenemos. Un trabajador, honrado padre de familia, que no se quiera vacunar no podrá en cambio tener entrada en el diminuto Estado. Tampoco se tiene constancia de si se le retiró la entrada al secretario del Cardenal Coccopalmerio cuando se le pilló en una de sus fiestas de putos y coca. El episodio no impidió tampoco que el vigilante cardenal siguiese en su puesto.

No cometer ningún delito es motivo de despido pero cometer las mayores aberraciones no impide que se te cuide y se te mime, eso es lo que se ha hecho con Zanchetta.

Escribo el artículo justo cuando se publica que el cardenal Omella ha dicho «en el Vaticano hay una actitud de escucha y servicio, no de adoctrinamiento y corrección».

Dice el refranero que antes se pilla al mentiroso que al cojo, y aquí ya nos conocemos todos.

Se ha repetido hasta la saciedad, al menos en este blog, que al ser un Papa cuyo único interés son los asuntos mundanos la escucha y servicio es para todos aquellos pastores que hace tiempo perdieron la Fe mientras el adoctrinamiento y la corrección, sólo palo sin zanahoria, es para el resto de temas: medio ambiente, covid o inmigración.

Mientras todo esto ocurre, mientras la Iglesia es arrastrada por el fango, mientras el Papa de la «misericordia» deja en el paro a algunos de sus trabajadores por puro capricho, cinco mil obispos, jo*er hay que repetirlo otra vez, ¡cinco mil obispos! miran impasibles y sueltan sandeces extraídas de un libro de Paulo Cohelo.

Ahora estamos con el Sínodo de la sinodalidad, tócate los *ojones Mariloles.

Dos años sembrando discordia desde los partidos políticos para tapar su incapacidad, vertiendo toneladas de mierda desde los medios de comunicación, promocionando un sálvese quien pueda tremendo(**), con la Iglesia haciendo la ola a todo esto y afirmando después que hay esperanza en salir mejores. Mejores no, vamos a salir todos cojonudos.

Capitán Ryder

(*) Más de 1 millón de multas en un país más que borrego dan una muestra del infame comportamiento de los llamados «cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado». Por cierto, todas ellas en proceso de devolución dado que los confinamientos han sido declarados ilegales.

(**) Representantes de las residencias dijeron en sede parlamentaria que lo único que se les suministró durante aquellas semanas fue medicamentos para quitarse a los abuelos de encima. A esas afirmaciones NADIE, repito, NADIE dijo nada. Ni de nuestros representantes públicos ni de la jerarquía que encarnaría esa Iglesia ¿profética?