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sábado, 4 de enero de 2020

El obispo de Sant Feliu dedica su mensaje dominical a hablar del pacto político (Carlos Esteban)



En el episcopado catalán es cada vez más raro encontrar referencias a la fe, siendo que el nacionalismo secesionista parece estar sustituyendo a Dios como centro de sus mensajes, pero por lo general introducen en sus reivindicaciones políticas alguna cita de pasada al mensaje cristiano, siquiera para justificar el ejercicio del cargo.

No así don Agustí Cortés, que en su último mensaje en la hoja dominical de la Diócesis de Sant Feliu de Llobregat -titulada ‘Pacte-aliança-trobada-comunió (I)- hace un mero análisis del pacto político, sin molestarse en absoluto de colar una referencia casual que permita adivinar que estamos leyendo el mensaje de un pastor a sus feligreses.

Habla del pacto político, en general, como categoría, pero con la investidura de Pedro Sánchez en marcha sería un poco idiota y falsamente ingenuos suponer que pueda referirse a cualquier otra cosa que al acuerdo alcanzado por los partidos abiertamente secesionistas para permitir que el candidato socialista vuelva al gobierno en alianza con los mayores enemigos que ha tenido la Iglesia católica en España a lo largo de su historia.

El programa que presenta Sánchez difícilmente podría ser más hostil a todo lo que representa la visión católica de la vida. No solo en lo que hace directamente a la institución eclesial y sus derechos, sino incluso a lo que suponen sus tradicionales luchas culturales, que son comunes a muchas religiones e incluso visiones seculares ancladas en cierto derecho natural. Es un programa que prevé desde la eutanasia al fomento del aborto, desde una censura disfrazada de ‘lucha contra la desinformación’ a la promoción de privilegios para los grupos LGTB. Un programa, en fin, que, de aplicarse, ahondaría aún más en la destrucción de las raíces cristianas de nuestra sociedad.

Pero al ‘bisbe’, al parecer, eso le trae al pairo. Lo importante es lo que los secesionistas consigan para el ‘procés’ a cambio de permitir ese horror. Eso es ahora la Iglesia en Cataluña, eso se permite, eso abunda.

Y lo único que tiene que decir don Agustí para terminar es que hay que aguantarse con la idea de que el pacto de la vergüenza no consiga todo lo que desean, empezando por él mismo porque, dice, “nuestros sueños van más allá”. Sinceramente, no sé cuáles sean los sueños del señor obispo, que probablemente no coincidan con muchos de sus feligreses. Pero la hoja dominical difícilmente será el lugar idóneo para sus soflamas políticas.

Carlos Esteban