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jueves, 3 de enero de 2019

Carta abierta a Francisco: "No estoy de acuerdo con que usted diga que es mejor ser ateo" (José Martí)


Duración: 3 minutos


VATICAN CITY, January 2, 2019 – Pope Francis addressed a crowd of faithful with some jarring remarks during his first Wednesday Audience of 2019. Speaking in the Paul VI Audience Hall, this morning, the pope focused on two reoccurring themes of his pontificate: hypocritical Christians and the “revolutionary” nature of the Gospel.

“How many times do we see the scandal of those people who go to church and stay there all day or go every day and then live hating others or talking badly about people? This is a scandal – it is better not to go to church: better to live as an atheist,” the pope admonished.
Reading from his prepared statements, the pope continued,
 “The Christian is not one who commits himself to be better than others: he knows that he is a sinner like everyone else.”
According to the Italian media outlet La Repubblica, reporting from the audience hall, the pope continued to read from his prepared texts:
“Where there is Gospel, there is revolution: the Gospel does not leave us quiet, it pushes us: it is revolutionary.” 
Pointing to the Our Father, he would conclude that
St Matthew placed Jesus’ prayer “at the center of the mountain’s discourse[.] … Blessed are the poor, the meek, the merciful, the humble people of heart: It is the revolution of the Gospel.”
The Roman pontiff’s use of the term “revolution” harkens to a recent LifeSite exclusive with Chilean author José Antonio Ureta on his book, Pope Francis’s Paradigm Shift: Continuity or Rupture in the Mission of the Church? 

In his full interview (found here), Mr. Ureta would explain the concerning trend of some in the Vatican – to include Pope Francis – to label attempts at change in the Church as “revolutions” or “paradigm shifts.” Such terms have found their place in the theological narratives of Pope Francis and his close advisers.

To note, Pope Francis’s prepared statements, today, are the first since news shook the international press of the joint resignation of Vatican spokesman Greg Burke, and his deputy, Paloma García Ovejero, over the New Year.


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COMENTARIO PERSONAL

Teniendo en cuenta que el mismo papa Francisco ha dicho que no es pecado criticarle y consciente de que es una obra de misericordia corregir al que yerra, para su propio bien, no importando aquí el rango de la persona que ha caído en el error.

En mi condición de católico, por la gracia de Dios, y miembro, por lo tanto, del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, y por el bien de ésta, dada la grave crisis por la que está atravesando en la actualidad. 

Sabedor de mi responsabilidad, en lo que concierne a aquello que dice san Pablo de que cada uno recibirá la recompensa según su trabajo (1 Cor 3, 8) 

Aunque sea un simple seglar del rebaño de Cristo, me atrevo a dirigirme al papa Francisco con la carta que sigue, pues está en juego no sólo el bien de la Iglesia, por supuesto, sino también el de todo el mundo. Si la Iglesia falla, el mundo entero irá a la deriva, y serán muchos los que sufrirán y, lo que es peor, será ingente el número de los que se condenen. 

Está en juego la salvación del mundo, ésa que nos obtuvo Jesucristo con su muerte y resurrección, dando la posibilidad de salvarse a todo el que quisiera, con la única condición de creer que sólo en Él está la salvación. 

La unión con Jesucristo -y la posibilidad de ir al Cielo, al convertirnos realmente en "hijos" de Dios- comienza con la recepción del bautismo: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura" (Mc 16, 15). "Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28, 19). "Quien crea y sea bautizado, se salvará; pero quien no crea se condenará" (Mc 16, 16).

Las palabras de Jesucristo, de Aquél que es la Verdad, son muy claras: sólo los cristianos, aquellos que han recibido el Espíritu Santo por medio del bautismo, poseen esa gracia de Dios que los hace "partícipes" de su naturaleza divina, de modo que no sólo son llamados sino que son "realmente" hijos de Dios ... lo que no ocurre con quienes no hayan recibido la gracia sobrenatural. O bien, los que, habiéndola recibido, la han perdido, por su propia culpa, cometiendo pecados graves de los que luego no se han arrepentido. 

Forma parte de la esencia del Evangelio que el Mensaje de Jesucristo llegue íntegro -y sin ser escamoteado o cambiado- a todos los habitantes de la tierra. Esa labor misionera del cristiano, de todo cristiano, es fundamental: no nos salvamos solos. 

El contacto de cualquier persona con un católico, que lo sea de verdad, tiene que notarse necesariamente pues debemos reflejar en nosotros el rostro de Cristo. Somos para el mundo "el buen olor de Cristo". (2 Cor 2, 15) y no el "olor a oveja". El cristiano debe dar con su vida testimonio de Cristo, y de éste crucificado. No hay otra señal que pueda convencer al mundo.

Y si esto es cierto para todo cristiano, lo es de un modo especial para quienes han sido consagrados, es decir, para los sacerdotes y para todos los que componen la Jerarquía de la Iglesia. En particular, y de un modo especialísimo lo es para el Papa.  Así ha sido siempre, desde que la Iglesia fue fundada por Jesucristo hace ya casi dos mil años. 

La reflexión acerca de estas verdades y el darme cuenta de que tales verdades han dejado de cumplirse en infinidad de lugares del planeta, me ha llevado a plantearme acerca de mi propia responsabilidad en la edificación de la Iglesia, aunque, como digo, sea tan solo un seglar. 

Cada día que pasa me hago más consciente del amor que Dios me tiene. Por eso no puedo avergonzarme de Jesucristo, delante de los hombres. Sin Él mi vida no tendría ningún sentido. Por eso escribo en este blog. Mi único objetivo, al hacerlo así, es que sea cada vez mayor el número de personas que se acerquen a Jesús, que lo conozcan, que lo amen y que se conviertan ... y, de ese modo sean consolados cuantos están afligidos,  con el consuelo con el que nosotros mismos, los cristianos, somos consolados por Dios (2 Cor 1, 4).

El apóstol san Pablo no se lo pensó dos veces. Dice así: "Cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté a él, cara a cara, porque era digno de reprensión" (Gal 2, 11) ... "Y dije a Cefas, en presencia de todos: 'si tú, que eres judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo obligas a los gentiles a vivir como judíos?" (Gal 2, 14)

El apóstol Pablo recriminó en público a Pedro, porque éste estaba obrando mal ... ¡Y lo hizo en público! No le valió a Pedro el tener la condición de primer Papa de la Iglesia, porque, estando en un error, merecía -y necesitaba- ser reprendido, por su propio bien y, sobre todo, por el bien de la Iglesia fundada por Jesucristo. Y ésa es, entre otras, la labor de los obispos y, sobre todo, de los cardenales, con relación al Papa: reprenderlo cuando merezca esa reprensión.

Ante la declaración del Papa de que es preferible ser ateo a ser un cristiano que va a misa y luego odia a los demás, he sentido la necesidad de escribirle, porque los matices son muy importantes y sus palabras pueden confundir a muchos cristianos (¡de hecho, es lo que está ocurriendo) dándoles a entender, erróneamente, que lo mejor que pueden hacer es dejar de ir a misa, lo que sería una falta muy grave. 

Siempre se dirá que no es eso lo que el Papa pretendía decir; y que esta interpretación mía es errónea. No lo pongo en duda. Pero sigue siendo verdad -y esto es algo que nadie puede negar- que las palabras de Francisco son, casi siempre, ambiguas, de manera que cada cual las puede interpretar a su manera ... como cuando dijo que son los comunistas los que piensan como los cristianos (una frase que es contradictoria, en sí misma). 

No era ese el proceder de Nuestro Señor quien dijo, con meridiana claridad: "Sea, pues, vuestra palabra: "Sí, sí", "No, no". Lo que pasa de esto, proviene del Maligno" (Ma 5, 37). Y ésa es la razón por la que me dirijo al Papa, mediante una carta abierta, con gran cariño por su persona, pero intentando hacerle entender que está obrando mal, al actuar (o dejar de actuar, como en el caso de las Dubia o de Viganò) del modo en que lo está haciendo:


Carta dirigida al papa Francisco a la vista de lo que dijo en la audiencia del 2 de enero de 2019
Duración 4:12 minutos
 
Santo Padre:
¿Piensa usted, realmente, que los que van a la Iglesia no tienen otra cosa que hacer que dedicarse a odiar a la gente? ¿Y piensa, de verdad, que la gente reza como papagayos o para ser vistos por los demás? Si eso es así, con todos mis respetos, debo preguntarle: ¿En qué mundo vive?  
Tal vez se esté refiriendo a lo que ocurría en los años sesenta, cuando la gran mayoría de la gente iba a misa. Y, al ser muchos, por simples cálculos de probabilidad, desde luego que habría personas así, que irían a misa sólo para aparentar y para ser vistos, como ocurría con los fariseos en tiempos de Jesucristo; aunque, desde luego, había otro tipo de fariseos, que eran los que los acusaban, para así excusarse ellos mismos (ante su "conciencia") de no ir a misa ... porque no todos los que iban a misa eran fariseos. En realidad, muy pocos en comparación con el conjunto de los fieles. En fin.
Pero si esto podía decirse entonces de algunos (que no de la mayoría) hoy en día difícilmente pueden ser hipócritas los que rezan y aún más difícilmente odiarán a los demás, después de haber estado rezando... por una razón muy simple: porque prácticamente esos católicos no existen, se están extinguiendo ¿Cuántos son los cristianos que van hoy a Misa y hacen oración? ¿Y cuántos jóvenes se encuentran entre ellos? [que ése sería el verdadero fruto de las JMJ, en las que tanto dinero se ha invertido y se va a seguir invirtiendo ... para nada ... en el sentido de que -y esto es fácil de comprobar- la vida de la gran mayoría de esos jóvenes sigue siendo o bien igual o incluso peor que antes de dichas Jornadas] 
Quienes van hoy a Misa y rezan son poquísimos ... y cada vez menos ... sobre todo desde el Concilio Vaticano II. Por eso, los pocos que van a Misa y rezan están dando un verdadero testimonio de Jesucristo y de la trascendencia de la vida, un testimonio vivo de lo sobrenatural, pues la vida no se reduce al poco tiempo de que disponemos en esta tierra, antes de morirnos. Aquí estamos sólo de paso, como peregrinos. 
Y, desde luego, si van a Misa y rezan no es para que los vean. La verdad es justo lo contrario pues, por el mero hecho de hacerlo, son muchos los que se juegan su propia vida. ¿Por qué? Pues porque tienen una fe total en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Cierto que esto ocurre en los países donde se les persigue, sólo por ser cristianos, y donde se queman las Iglesias ... pero este fenómeno se está extendiendo, muy rápidamente, por todo el mundo y los cristianos - de manera especial, los católicos- son ignorados o ridiculizados. La apostasía general es ya un hecho, una profecía cumplida o que está a punto de cumplirse completamente, para dar lugar a la época del pensamiento único y del Anticristo ...
Y siendo esto así, ¿no tiene usted otra cosa mejor que hacer que desanimar -e insultar- a aquéllos que aún siguen manteniéndose fieles al Espíritu de Jesucristo, en medio de todas las pruebas? 
¿Que es posible que haya todavía algún católico fariseo e hipócrita, que se dedica luego a odiar a los demás? Es indudable que los habrá, pero ... desde luego, quien así proceda no será por haber ido a misa. Otras "razones" tendrá. Pero la causa de su comportamiento no se debe a su asistencia o no a la santa Misa. 
En realidad, de verdad, hoy en día hay mucha más hipocresía en aquéllos que se las dan de católicos y que, sin embargo, han perdido la fe: no creen en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, comulgan en estado de pecado mortal, no creen en Jesucristo como verdadero Dios y verdadero hombre, no creen en su resurrección, no creen en la virginidad de María y en su gloriosa asunción a los cielos, etc. Y, como consecuencia no cumplen los mandamientos de la ley de Dios: no matarás, no cometerás actos impuros, no robarás, no desearás la mujer de tu prójimo, etc... ¡y presumen de cristianos!
La solución, mi querido Francisco, no consiste en dejar de ir a misa y en ser ateo, sino en cambiar de actitud, en confesarse y en seguir yendo a misa. Eso sí: mejor dispuestos, porque es de ahí, del contacto con Jesús, que se hace realmente presente en el altar cuando se celebra la misa ... y que sigue estando presente luego en el sagrario, es sólo con su Ayuda, como se pueden sacar fuerzas en esta vida para seguir luchando, sin desfallecer, contra el mal y contra todos los enemigos del alma.

San Pablo dice claramente, hablando de Jesucristo, que "ningún otro Nombre hay bajo el cielo, dado a los hombres, por el que podamos salvarnos" (Hech 4, 12). Y es Dogma de fe que fuera de la Iglesia no hay salvación.

Señor Bergoglio, con todos mis respetos ... ¡¡¡No, no es mejor ser ateo!!!
José Martí