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martes, 27 de marzo de 2018

Segunda visita de Francisco (en 5 años) a la Secretaría de Estado (Carlos Esteban)




Que el Papa Francisco tiene un modo peculiar de gobernar la Iglesia es cosa sabida; que no es amigo de las formalidades, también.

En esto último es un hombre muy de su tiempo o, si se quiere, un líder muy de esta época nuestra, tan mediática y amante de la imagen.

Del Papa hemos visto fotos magníficas y enternecedoras de detalles espontáneos que hacen sonreír o conmueven por lo que reflejan de la cercanía del Pontífice. Y, por supuesto, de la cercanía al Pontífice de un buen fotógrafo con una buena cámara.

Es la política de la ‘photo-op’, de esa foto que todos los políticos en campaña anhelan y, siempre que tengan un buen gabinete de comunicación, consiguen infaliblemente.

Sin ir más lejos, estos días ha hecho una visita sorpresa a la Secretaría de Estado, saludando campechano a los asombrados empleados de la sede en el Palacio Apostólico, donde han vivido los Papas inmediatamente anteriores a Francisco, que prefiere habitar en Casa Santa Marta.

La simpática visita ha sido, naturalmente, recogida por el órgano oficial Vatican News, aunque la verdadera noticia debería ser que ésta es la segunda vez en cinco años que el Papa pisa el lugar desde donde se gobierna la Iglesia, estando solo a tiro de piedra.

Esa primera vez, por cierto, reunió a los empleados en la biblioteca para comunicarles que había nombrado un nuevo secretario de Estado, Pietro Parolin, que no se hallaba presente siquiera.

Quien sí estaba presente era Tarcisio Bertone, que se enteraba de tan sorpresiva manera de que había sido cesado.

Pero, ya hemos dicho, este Papa no hace mucho caso de formalidades, tampoco para cuestiones de gobierno. De hecho, aunque el Vaticano tiene una estructura formal para distribuir las competencias de los distintos aspectos de la actividad eclesial, las congregaciones y dicasterios, análogos a los ministerios y subsecretarías, Francisco prefiere tratar con el grupo de nueve cardenales de su confianza -el llamado G9- para tomar las decisiones que considera importantes.

No todo el mundo aplaude, sin embargo, este íntimo conocimiento que despliega Francisco de las formas y modos de la política moderna, especialmente de la política populista. El ‘affair’ de la carta manipulada de Benedicto XVI puede haberse preparado sin su conocimiento, pese a lo que parece más razonable y fuentes vaticanas confirman, pero mantener a Viganò en la misma prefectura con un puesto creado especialmente para él transmite la idea de que Su Santidad no considera especialmente grave el intento de instrumentalización del Papa Emérito, o, al menos, que considera de mayor peso la lealtad ciega de sus colaboradores, ambas posibilidades preocupantes.

Más alarma a algunos observadores veteranos su nueva estrategia de avanzar su anunciadísima ‘renovación’ eclesial a golpe de sínodo, tanto más cuanto de las reuniones sinodales se filtran las noticias de presiones o manipulaciones que las hacen parecer mera escenificación de decisiones tomadas de antemano hasta el último detalle.

Es lo que se ha comentado sobre el presínodo de los jóvenes, cuyas recomendaciones al Papa, supuestamente reflejo de las opiniones de cuantos jóvenes católicos han querido intervenir en el proceso, coinciden al milímetro con las intenciones expresadas por el Papa

¿Quién habló de brecha generacional, cuando veinteañeros de todo el mundo coinciden con un Papa próximo a cumplir los 80 años hasta el punto de repetir al pie de la letra idénticas expresiones, como la de “la lógica de “siempre se ha hecho así”?

Carlos Esteban