BIENVENIDO A ESTE BLOG, QUIENQUIERA QUE SEAS



Mostrando entradas con la etiqueta Monseñor Munilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monseñor Munilla. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de mayo de 2026

Munilla contra los críticos de la campaña episcopal: insinuaciones sin respuesta



Hay una figura retórica que merece nombre propio, porque su eficacia consiste precisamente en no terminarse: la frase inacabada. Don José Ignacio Munilla la maneja con destreza de viejo predicador cuando, en su programa de la mañana de las vísperas de Pentecostés, alude a esos «medios que se dicen católicos» y deja, con la naturalidad del que sabe que el oyente completará solo lo que él prefiere no firmar, la elipsis suspendida en el aire. No hace falta acabar la frase. Todos entendemos lo que sigue: medios que se dicen católicos pero que en realidad son fariseos, violentos, racistas, instrumentalizadores de la fe, agitadores que se recrean en la sangre del adversario. El obispo no lo dice; lo deja dicho, que es una forma más cómoda y considerablemente menos costosa de decirlo, pues le permite la acusación sin el peso de sostenerla y la condena sin la incomodidad de argumentarla. Talleyrand, que de elipsis sabía lo suyo, habría apreciado la economía.

VIDEO DE MONSEÑOR MUNILLA. DURACIÓN 51:53


Conviene, por eso, devolverle al obispo una cortesía que él no se concede a sí mismo, que es la de terminar las frases. Si va a acusarnos —y está en su pleno derecho, faltaría más, que para eso tiene micrófono, diócesis y la robusta certeza de quien nunca duda de hallarse del lado correcto—, que nos acuse del todo. Que diga quiénes, que diga qué, que diga cuándo. Porque la insinuación tiene una ventaja inestimable sobre la afirmación: no se puede refutar lo que no se ha llegado a enunciar, y el que insinúa conserva siempre la salida del «yo no he dicho eso» mientras recoge íntegros los réditos de haberlo sugerido. Es la calumnia con coartada incorporada, el género literario favorito de quienes han descubierto que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.

Pero hay algo más interesante que la cobardía gramatical de la frase a medias, y es la asimetría que la sostiene. Imaginemos por un momento que alguno de esos medios que se dicen católicos —pongamos, por hipótesis, uno cualquiera— se refiriese al propio Munilla, o a cualquier otro prelado de su cuerda, con la fórmula «obispos que se dicen católicos». Imaginemos el escándalo. Imaginemos las invocaciones a la comunión eclesial, al respeto debido al sucesor de los apóstoles, a la prudencia, a la unidad, a la mansedumbre evangélica que un periodicucho resentido jamás sabrá comprender. Y sin embargo la fórmula sería exactamente la misma, con la misma estructura, el mismo veneno y la misma elipsis: obispos que se dicen católicos, pero que en realidad. La diferencia no está en la frase. La diferencia está en quién puede permitirse pronunciarla. El obispo se arroga la facultad de dictaminar quién permanece dentro de los márgenes de la catolicidad y quién ha sido ya cordialmente expulsado de ellos —siempre, claro, los que discrepan de él, en una coincidencia tan perfecta entre la ortodoxia y su propia opinión que uno empieza a sospechar que ambas se confunden en su cabeza— mientras a los expulsados no se les reconoce ni el derecho a devolver la pelota. Hay aquí una teología implícita digna de estudio: la de un magisterio que se ejerce hacia abajo y nunca admite reciprocidad, porque juzgar la conciencia ajena es abuso intolerable cuando lo hacen los otros y discernimiento pastoral cuando lo practica uno mismo.

El vídeo de “Alzad la mirada” y el hombre de paja

Vengamos ahora al fondo, porque el obispo tiene la elegancia de proporcionarnos, en el mismo programa, dos muestras espléndidas de cómo se construye un hombre de paja para tener después el gusto de derribarlo.

La primera es la del vídeo. La Conferencia Episcopal ha lanzado una campaña —»Alzad la mirada»— cuya pieza estrella muestra un vagón de metro lleno de individuos absortos en sus pantallas hasta que una voz los invita a levantar los ojos y mirarse los unos a los otros, a descubrir que el del maletín y el estudiante, la chica de los lunares y el muchacho de enfrente, comparten cansancios, dudas y sueños. Es, técnicamente, una pieza impecable. Es también, y esto importa más, un anuncio que podría servir igual de bien para una compañía telefónica, una entidad bancaria con vocación social o el sorteo de Navidad, y al que únicamente un rótulo final adherido con prisa revela como antesala de la visita del Sucesor de Pedro.

En esos noventa segundos de buenismo terapéutico no aparece Cristo. No aparece su Madre. No aparece la Cruz, ni la salvación, ni la conversión, ni el pecado, ni la gracia, ni una sola de las palabras que distinguen al Evangelio de un cursillo de inteligencia emocional. Aparece, eso sí, la empatía. Mucha empatía. La empatía es la única trascendencia que el algoritmo tolera sin protestar, y no es casualidad que la propia campaña se presente a los anunciantes como una iniciativa «contra la polarización» que «trasciende lo religioso para situarse en el debate social»: lo confiesan ellos, no nosotros.

Esa es la crítica. Esa, y ninguna otra. Que la Iglesia se presente ante España, en la víspera de recibir al Papa, convertida en una agencia de filantropía indefinida que ha decidido prescindir del único nombre que justifica su existencia.

Pues bien: el obispo coge esa crítica, la dobla con cuidado, la guarda en un cajón y saca en su lugar otra completamente distinta, fabricada por él mismo a la medida de su comodidad. Según su relato, quienes critican el vídeo lo hacen porque desean la polarización, porque les conviene la tensión, porque necesitan el enfrentamiento entre españoles para sus turbios fines políticos; y a continuación, con un sentido de la oportunidad que merecería mejor causa, desentierra el micrófono abierto de Zapatero en 2008 —»nos conviene que haya tensión», «voy a empezar a dramatizar»— para insinuar que los críticos del vídeo son los herederos espirituales de aquella estrategia, solo que desde la otra orilla.

La maniobra es tan vistosa como deshonesta. Nadie, absolutamente nadie, ha criticado la campaña por defecto de crispación. A nadie se le ha ocurrido reprochar a la Conferencia Episcopal que el vídeo sea poco beligerante. Lo que se le reprocha es exactamente lo contrario de lo que el obispo finge rebatir: que haya disuelto el anuncio del Evangelio en un caldo de fraternidad genérica donde Cristo sobra.

Pero contra esa objeción no tiene respuesta, y entonces hace lo que hace el polemista cuando la verdad le resulta incómoda: cambia la pregunta. Combate con denuedo una posición que nadie sostiene para no tener que defender la suya, que es indefendible. A las hormigas rojas y negras de su parábola habría que añadir una tercera especie: la que agita el bote y luego predica serenidad.

La falsa equivalencia moral

Y la segunda muestra, la más grave, porque ya no toca la estrategia sino la doctrina. Dice el obispo, con ese aire de equilibrista que ha confundido la equidistancia con la prudencia, que hoy en España no hay ningún partido plenamente identificable con el Evangelio, que todos tienen incoherencias graves, todos, y procede entonces a la enumeración: unos chocan con la defensa de la vida, la familia, la antropología cristiana; otros se alejan en cuestiones de justicia social, migraciones o «dignidad de los pobres»; otros han abrazado discursos belicistas; y prácticamente todos subordinan el bien común a sus estrategias de poder.

La frase tiene la apariencia tranquilizadora de las verdades obvias —por supuesto que ningún partido es la Ciudad de Dios, faltaría más— y esconde bajo esa apariencia un error que la propia Iglesia que el obispo dice servir ha condenado con todas las letras. Porque meter en la misma enumeración, con la misma cadencia y el mismo «todos», el aborto y la política migratoria es no haber entendido —o haber decidido olvidar por conveniencia retórica— la diferencia entre lo que la teología moral llama un mal intrínseco y lo que pertenece al orden del juicio prudencial.

El aborto es la supresión deliberada de un inocente: un intrinsece malum, un acto que ninguna circunstancia, ninguna ponderación, ningún bien ulterior puede volver lícito. Lo enseña Evangelium vitae, lo recordó la Congregación para la Doctrina de la Fe en su nota de 2002 sobre el compromiso político de los católicos, lo precisó Benedicto XVI al distinguir entre valores no negociables y opciones contingentes.

La política migratoria, en cambio —cuántos acoger, con qué ritmo, bajo qué condiciones, en qué equilibrio entre el deber de hospitalidad y la capacidad real de integración que el propio Catecismo somete al bien común de la comunidad de acogida— pertenece al terreno donde caben legítimamente posiciones católicas opuestas, donde el fiel puede discrepar del obispo sin salirse un milímetro de la ortodoxia, y donde el pastor que pretende imponer su preferencia prudencial como si fuera dogma comete exactamente el abuso que tanto le indigna cuando cree advertirlo en los demás.

Igualar ambas cosas, alinearlas en una misma lista de «incoherencias graves», repartir el reproche con la ecuanimidad simétrica del que quiere quedar bien con todos, no es prudencia: es relativismo moral con sotana. Es nivelar la montaña y el grano de arena para poder decir, satisfecho, que al fin y al cabo todo son montículos. Y el efecto último —lo diga o no lo diga el obispo, lo quiera o no— es la coartada perfecta para el votante que prefiere no jerarquizar nada porque jerarquizar obliga, y obligar incomoda.

La condescendencia clerical

Resulta entonces que el prelado que tan severamente nos reprende a los demás por instrumentalizar a la Iglesia ha instrumentalizado, en una sola mañana de radio, la palabra de Acquaviva para vestir de mansedumbre su comodidad, la anécdota de Zapatero para combatir a un adversario inexistente, y la insinuación elíptica para excomulgar sin firmar la sentencia.

Todo ello, naturalmente, con un tono que él juzga caritativo y que en rigor es la forma más refinada de la soberbia: la del que se ha repartido a sí mismo el papel de los amables, los amorosos, los serenos, los que alzan la mirada, y ha asignado a quien le contradice el de los resentidos que se recrean en la sangre.

No hay agresividad en su voz, es verdad. Hay algo peor, que es esa condescendencia clerical, suave como el guante de seda de la máxima jesuita, con la que se palmea la cabeza del discrepante antes de dejarlo, con infinita ternura pastoral, extramuros de la catolicidad.

Alzad la mirada, nos pide el obispo. De acuerdo. Alcémosla. Pero alcémosla del todo, hasta lo alto, hasta la Cruz, que es donde está escrito el único nombre que su campaña olvidó mencionar; y no la detengamos, por caridad, a la cómoda altura de su propia opinión.

Mariano Gaspar

martes, 11 de marzo de 2025

Mons. José Munilla y la misa tradicional



La semana pasada se publicó en Youtube una entrevista al obispo de la diócesis de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla. (En este blog se encuentra en este link: http://www.blogcatolico.com/2025/03/munilla-y-el-dedito-del-listillo.html 

Pasa por ser un obispo conservador; un prelado moderado y bienpensante, alejado de la medianía progresista de sus colegas. Probablemente sea así; no lo conozco lo suficiente y tengo buenos amigos españoles que sí lo conocen. Pero lo cortés no quita lo valiente, y hay que decir que en los minutos que dedica Mons. Munilla a responder la pregunta del periodista sobre la misa tradicional da muestra de una sorprendente ignorancia y, me animaría a decir, de una riesgosa imprudencia que lo impulsa a afirmar lo que no sólo lo que no está probado sino lo que simplemente es mentira. Veamos:

1. “La misa tradicional fue aprobada por el Papa Benedicto XVI para conformar a ciertos grupos que se habían alejado de la Iglesia y para destacar el aspecto sacrificial que tiene la misa”. FALSO.

Joseph Ratzinger, siendo todavía sacerdote, fue un acérrimo defensor de la permanencia de la misa tradicional en la Iglesia, a punto tal que, cuando fue elegido arzobispo de Munich en 1977, muchos sacerdotes de la arquidiócesis obstaculizaron su ingreso en la catedral el día de la toma de posesión justamente porque rechazaban la defensa de la misa de su nuevo obispo. Pero no se trató sólo de este hecho anecdótico. A lo largo de toda su vida, y mucho antes de la aparición de “ciertos grupos alejados de la Iglesia”, Ratzinger se manifestó crítico del novus ordo y defensor del vetus. Por ejemplo, en 1976 —siendo aún sacerdote—, escribía lo siguiente:

El problema del nuevo Misal radica en el abandono de un proceso histórico que siempre fue continuo, antes y después de San Pío V, y en la creación de un libro completamente nuevo, aunque compilado con material antiguo, cuya publicación fue acompañada de una prohibición de todo lo que le precedió, lo cual, por lo demás, es inaudito en la historia tanto del derecho como de la liturgia. Y puedo afirmar con certeza, basándome en mi conocimiento de los debates conciliares y en la lectura reiterada de los discursos de los Padres conciliares, que esto no se corresponde con las intenciones del Concilio Vaticano II. (Wolfgang Waldstein, «Zum motuproprio Summorum Pontificum», en Una Voce Korrespondenz 38/3 [2008], 201-214)

Y treinta años después, siendo Papa, escribió:

En la historia de la liturgia hay crecimiento y progreso, pero no ruptura. Lo que las generaciones anteriores consideraban sagrado, sigue siendo sagrado y grandioso también para nosotros, y no puede ser de repente totalmente prohibido o incluso considerado perjudicial. A todos nos incumbe preservar las riquezas que se han desarrollado en la fe y en la oración de la Iglesia, y darles el lugar que les corresponde. (Carta Apostólica que acompañó a Summorum Pontificum).

A lo largo de esos treinta años, y después también, pueden citarse decenas de intervenciones por el estilo (recopiladas en este sitio), y en todas ellas se muestra que la voluntad de Benedicto XVI fue exactamente la contraria a la que postula Mons. Munilla: no hay mención alguna a los grupos disidentes y no hay mención alguna a una mayor evidencia del aspecto sacrificial de la misa tradicional. Hay algo mucho más profundo y metafísico que el obispo de Alicante no conoce, o es incapaz de ver.

2. “Joseph Ratzinger nunca celebró públicamente después del Concilio la misa tradicional”. FALSO

El cardenal Ratzinger celebró en numerosas ocasiones la misa tradicional públicamente, con pompa y circunstancia. Aquí propongo sólo algunos ejemplos de los muchos que se pueden encontrar en la web:

Misa solemne en el seminario de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (1995).
(Más fotos pueden verse aquí)
Misa solemne en una parroquia de Weimer, en 1989 y 1999 (aquí y aquí)

Misa en el monasterio de Le Barroux en 1995 (aquí)

3. “No es obvio que en la intencionalidad de Benedicto XVI estuviera que la liturgia tradicional pudiera ser celebrada de modo ordinario”. FALSO

Esa intencionalidad es obvia para cualquiera que lee el motu proprio Summorum Pontificum, en el que el Papa Benedicto “libera” la misa tradicional a fin de que pueda ser celebrada de modo ordinario, es decir, diario, por cualquier sacerdote y en cualquier iglesia. Las únicas restricciones que pone son las mismas que tiene la celebración de la misa de Pablo VI: acuerdo para los días y horarios con el rector de la Iglesia. Por ejemplo:

Art. 2.- En las Misas celebradas sin el pueblo, todo sacerdote católico de rito latino, tanto secular como religioso, puede utilizar tanto el Misal Romano editado por el beato Papa Juan XXIII en 1962 como el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1970, en cualquier día, […]

Art. 5 § 2. La celebración [con asistencia de fieles] según el Misal del beato Juan XXIII puede tener lugar en día ferial; los domingos y las festividades puede haber también una celebración de ese tipo.

4. “Es un error decir que el Vaticano II empobreció la liturgia”. FALSO.

Evidentemente, aquí entran en juego diversas opiniones, pero Mons. Munilla se está refiriendo a la enseñanza del Papa Benedicto XVI. Los ejemplos sobre la opinión del pontífice acerca del empobrecimiento de la liturgia posconciliar son múltiples y pueden ser corroborados en el enlace anterior. Pongo un solo ejemplo:

La reforma litúrgica, en su ejecución concreta, se ha alejado cada vez más de este origen [en el mejor del Movimiento Litúrgico]. El resultado no ha sido la revitalización sino la devastación.... En lugar de la liturgia que se había desarrollado, se ha puesto una liturgia que se ha hecho. (Commentary in Simandron—Der Wachklopfer. Gedenkschrift für Klaus Gamber (1919-1989), ed. Wilhelm Nyssen [Cologne: Luthe-Verlag, 1989], 13–15, citado in Theologisches, 20.2 (Feb. 1990), 103–4)

5. “Nos olvidamos lo que dice el adagio lex orandi, lex credendi”. FALSO

En primer lugar, la expresión aludida no es un adagio, ni un refrán, sino que es un principio que posee carácter dogmático y normativo, refrendado por la Tradición explicitada en los Padres de la Iglesia (San Agustín y Próspero de Aquitania, por ejemplo) y en el Magisterio.

En segundo lugar, el Papa Benedicto XVI dice en el comienzo mismo de Summorum Pontificum:

Art. 1.- El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la «Lex orandi» («Ley de la oración»), de la Iglesia católica de rito latino. No obstante, el Misal Romano promulgado por san Pío V, y nuevamente por el beato Juan XXIII, debe considerarse como expresión extraordinaria de la misma «Lex orandi» y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo. Estas dos expresiones de la «Lex orandi» de la Iglesia en modo alguno inducen a una división de la «Lex credendi» («Ley de la fe») de la Iglesia; en efecto, son dos usos del único rito romano.

6. “Si hubiera en el seno de la Iglesia comunidades que celebran diferentes ritos litúrgicos, eso iría en detrimento de la unidad”. ESCANDALOSAMENTE FALSO

En la iglesia católica hay muchos ritos (romano, bizantino, copto, etíope, maronita, armenio, sirio malabar, caldeo, sirio malankar) y jamás a nadie se le ocurrió decir que esta diversidad era un obstáculo para la unidad y, consecuentemente, habría que suprimirlos. Más aún, dentro del mismo rito romano hay otros ritos. A pocos kilómetros de la residencia de Mons. Munilla se celebra el rito mozárabe, por ejemplo. Se trata de un disparate que en el que no es necesario detenerse demasiado.

7. “No sería prudente que todos los domingos se asista a la misa tradicional”. FALSO

En primer lugar, el motu proprio del Papa Benedicto tendía a que en todas las parroquias se celebraran los dos ritos, y los fieles fueran libremente a uno u otro, según les apeteciera. Y eso ocurrió y ocurre todavía en varios sitios. Y no genera división, ni peleas ni desencuentros. Pareciera que Mons. Munilla cae en una actitud rígida y clerical queriendo imponer a los fieles dónde, cómo y cuándo deben asistir a la Santa Misa.

Y en segundo lugar, porque nunca la Iglesia dijo, por ejemplo, en Milán: “No es prudente que los fieles vayan todos los domingos a misa en rito ambrosiano, sino que deben asistir también al rito romano”. Un disparate.

Total que, refutando el título del video publicado (“¿Qué piensa de la Misa Tradicional? - Munilla lo tiene claro”), hay que decir que Munilla no lo tiene para nada claro. La evidencia documental que he mostrado lleva a la conclusión que, o bien Mons. Munilla no leyó Summorum Pontificum o, si lo leyó, no lo entendió: y si lo leyó y lo entendió, lo olvidó. Y se concluye también que el obispo de Alicante, en ocasiones al menos, habla sin saber. Cualquiera sea el caso, es muy preocupante que un obispo considerado faro del pensamiento conservador en España, sea tan débil en sus conocimientos y argumentaciones.

Al obispo mártir San Dionisio lo decapitaron en París los esbirros del emperador Decio en el siglo III, y por eso se lo representa descabezado y con la testa en sus manos. Hay otros obispos, en cambio, que sin ser mártires, también perdieron la sesera, y nadie sabe dónde la han dejado.

Wanderer

viernes, 7 de marzo de 2025

Munilla y el dedito del listillo



Hay una clase de hombres que, cuando ven a otro haciendo algo bueno, lo primero que sienten no es gratitud, sino la necesidad de corregirle. No pueden simplemente reconocer que alguien está dando la batalla, que alguien está poniendo el cuerpo y el prestigio donde ellos no se atreverían. No. Ellos necesitan señalar. Matizar. Añadir su cucharadita de «originalidad».

Monseñor Munilla pertenece a esa estirpe. No puede limitarse a agradecer que un político como JD Vance, en un mundo donde la mayoría de dirigentes se venden al globalismo, tenga la valentía de decir en Múnich que Europa ha traicionado sus propios principios. No puede simplemente asentir y decir: este hombre ha hablado con verdad. No. Munilla necesita poner su notita de color. Porque no hay nada más insoportable para un cierto tipo de clérigo que estar de acuerdo sin más.

Y así, en su carta de Cuaresma, lo que podría haber sido un reconocimiento de una verdad incómoda, se convierte en una lección moralista. Munilla, desde su púlpito clerical, se permite corregir a Vance: sí, sí, tiene razón en parte, pero se ha equivocado en el tiempo verbal, porque en realidad la traición es de todos, también de Trump, también de los suyos, también de nosotros. Y ahí es donde asoma el problema. Porque esa frase no está puesta por justicia, ni por equilibrio, ni por análisis político. Está puesta por vanidad intelectual.

Es el típico ejercicio del dedito listillo que describe Miguel Ángel Quintana Paz: la necesidad de demostrar que uno no es un vulgar aplaudidor, que no está de parte de nadie sin una pequeña corrección, que no es un palmero más. Pero lo que esta gente no entiende es que a veces la inteligencia está en saber callarse. En saber estar donde se debe estar sin la compulsión de demostrar la propia lucidez con una apostilla ingeniosa.

Porque la realidad es esta: JD Vance, con todas sus imperfecciones, está haciendo más por la fe, por las costumbres y por la civilización cristiana de lo que harían cien Munillas en cien vidas. Vance está en la trinchera. Munilla, en la gradería. Y lo mínimo que se espera de alguien que no está en el combate es que al menos respete a los que sí lo están. Que se guarde sus ganas de marcar distancias y que, por una vez, enmudezca el dedito corrector.

Pero no. Porque ser parte de la gradería tiene su propio código. Y una de sus reglas no escritas es que nunca debes parecer demasiado entregado a los que están luchando. Siempre hay que añadir un matiz, una corrección, un «sí, pero». Siempre hay que dar a entender que uno ve las cosas con más perspectiva que los que están en la refriega.

Y así, mientras Vance trata de poner un freno a la disolución de Occidente, Munilla está ahí, no para apoyarle, sino para hacerle un pequeño examen de conciencia en público. Porque, claro, no vaya a ser que alguien piense que él simplemente le da la razón.

Hay clérigos que se han olvidado de lo esencial. De que su misión no es la crítica sutil desde la distancia, sino el apoyo decidido a quienes, con sus errores y defectos, están peleando por lo que es bueno y verdadero. Que a veces, lo más inteligente no es demostrar la propia inteligencia, sino saber callarse y estar del lado correcto sin peros.

JD Vance merece muchas cosas. Pero lo que menos necesita es la corrección condescendiente de un obispo que no ha arriesgado nada. Porque cuando la fe, la verdad y la civilización están en juego, los que más estorban no son los enemigos declarados. Son los que, desde la comodidad de su púlpito, no pueden resistir la tentación de levantar el dedito.

Jaime Gurpegui

lunes, 7 de agosto de 2023

MILAGRO DE JIMENA Evaluación y expectativas tras la JMJ

 En ti confío


Duración 45:36 minutos


Intervención de Monseñor Munilla De 0 a15:15 minutos. A continuación habla un sacerdote y finalmente, de nuevo, habla Monseñor Munilla a partir del minuto 37 hasta el final.

viernes, 30 de junio de 2023

Munilla retrata a Feijóo por su postura favorable al aborto



El obispo de Orihuela-Alicante, monseñor José Ignacio Munilla, ha vuelto a la carga contra el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo por defender el aborto.

Munilla lleva varios meses criticando sin tapujos tanto al PP como a su presidente nacional por abandonar la defensa de la vida y plegarse a los dogmas y parámetros de la izquierda.

El prelado vasco no ha querido dejar pasar la oportunidad de volver a manifestar su disconformidad con el líder gallego tras sus declaraciones de esta semana en el programa El Hormiguero con Pablo Motos.

El obispo Munilla ha compartido en su cuenta de twitter un vídeo de dos minutos con la posición de Feijóo sobre el aborto. El obispo de Orihuela ha destacado una de las frases que dijo Núñez Feijóo sobre el aborto: «cuando una mujer quiere interrumpir su embarazo, no puede haber un poder público que se lo impida».

Ante esta afirmación del candidato popular a la presidencia del Gobierno de España, el obispo Munilla ha lanzado dos preguntas «a quien corresponda»: «1ª.- ¿Y quién defiende el derecho a la vida del ser humano no nacido, en el caso de que haya tenido la mala suerte de no ser deseado? 2ª.- ¿Acaso no existe un deber moral de dar un hijo en adopción antes de recurrir al aborto?»

Dijo @NunezFeijoo en @El_Hormiguero: “CUANDO UNA MUJER QUIERE INTERRUMPIR SU EMBARAZO, NO PUEDE HABER UN PODER PÚBLICO QUE SE LO IMPIDA”. Pues bien, yo planteo dos preguntas a quien corresponda:
1ª.- ¿Y quién defiende el derecho a la vida del ser humano no nacido, en el caso de… pic.twitter.com/GhLXs68R6t

— Jose Ignacio Munilla (@ObispoMunilla) June 29, 2023

Los ‘palos’ de Munilla al PP

Durante estos últimos meses, José Ignacio Munilla ha retratado la postura del PP en numerosos temas y no se ha mordido la lengua a la hora de criticar públicamente al Partido Popular.

En enero de este año el obispo cargó contra la cobardía del PP y denunció la traición de Rajoy a la causa provida. Una traición de la que también acusa al actual presidente del PP.

En febrero de este año, tras el aplauso de Feijóo a la sentencia del Tribunal Constitucional que avaló en España el aborto como un derecho, el obispo Munilla cuestionó que «alguien que tenga una recta conciencia» pueda votar al PP.

Munilla tampoco tuvo reparo en criticar a Feijóo por su postura con los vientres de alquiler. El obispo criticó que el presidente del PP se haya mostrado abierto “a revisar su postura” para aceptar la maternidad subrogada “con el matiz de que no sea a cambio de una contraprestación económica”.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------

NOTA; Al igual que lo hace el obispo Munilla deberían de hacerlo el conjunto de todos los obispos de España. Bravo por la valentía de este nuestro obispo que no tiene pelos en la lengua; y habla y se define conforme a la doctrina de la Iglesia Católica.

viernes, 10 de febrero de 2023

Munilla cuestiona que «alguien que tenga una recta conciencia» pueda votar al PP



El obispo de Orihuela-Alicante, monseñor José Ignacio Munilla, ha dedicado su programa de hoy ‘Sexto Continente’, para comentar la reciente decisión del Tribunal Constitucional que avala la ley del aborto de Zapatero.

José Ignacio Munilla ha vuelto a denunciar lo insólito de que el Tribunal Constitucional no haya dictado sentencia durante 13 años cuando aceptó por vía de urgencia el recurso de inconstitucionalidad que presentó por entonces el PP. 

«Era un caso de prevaricación de facto», ha dicho Munilla quien ha añadido que «hubo unos años en los que unos Magistrados que estaban, se supone, elegidos mayoritariamente por la derecha, no han resuelto esto en 13 años».

José Ignacio Munilla se ha mostrado durante el programa visiblemente molesto por la inacción de unos y la prisa que se han dado los otros para dictar sentencia con el tema del aborto.

El obispo de Orihuela ha aprovechado su intervención para dejar en evidencia la posición de Alberto Núñez Feijóo y del Partido Popular. «La gran novedad ha sido la reacción del señor Feijóo, presidente del PP, ante esta sentencia del Constitucional, porque el Partido Popular puso hace 13 años un recurso de inconstitucionalidad», apunta Munilla.

El obispo vasco ha afirmado que «la reacción de Feijóo ha sido aplaudir la sentencia y afirmar con contundencia que se siente feliz por la sentencia del Constitucional». «Ahora de repente viene el presidente del PP y aplaude la sentencia del Constitucional cuando hace 13 años su partido había puesto un recurso de inconstitucionalidad y ahora viene el PP y lo aplaude», se lamentaba Munilla.

Monseñor Munilla ha leído en el programa varios titulares de prensa que recogen «la felicidad» y «conformidad» de Feijóo con esta sentencia del Constitucional. Uno de esos titulares decía, en palabras del líder del PP, que con esta decisión se cierran las fisuras dentro del partido, a lo que añadía Munilla que «quien piense lo contrario sobre el aborto está sobrando en el PP».

«La traición del Partido Popular a la causa provida es total y absoluta. Ya no se puede ir más lejos. Han asumido todos los parámetros de la izquierda más radical que es reconocer el aborto como un derecho», agrega el obispo.

Munilla no se ha mordido la lengua y ha lanzado un aviso a navegantes: «entramos en la contradicción de que alguien que tenga una recta conciencia, ya no digo un católico, sino alguien que reconozca la vida como algo inviolable, pueda votar a un partido que sostenga esos principios».

Javier Arias