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miércoles, 31 de diciembre de 2025

León XIV, accidentes restaurados, sustancia pendiente



Nuestro admirado Wanderer ha hecho un inventario minucioso —y confieso que en buena medida gozoso— de los pequeños signos de normalidad litúrgica, estética y protocolaria que León XIV ha ido recuperando en apenas unos meses. Y no seré yo quien niegue el alivio espiritual que produce volver a ver una muceta, una faja bordada o una sotana que no transparenta como mortaja de hospital. Hay cosas que, sencillamente, reconcilian con la vista y con la memoria.


El problema no es que esos signos sean irrelevantes. El problema es creer que bastan.

Porque mientras celebramos —con razón— que el Papa vuelve a vestirse como Papa, cuesta no advertir que al mismo tiempo sigue nombrando y sosteniendo obispos abiertamente heréticos, algunos con currículo ideológico impecable y otros con historial pastoral directamente devastador. La muceta está bien; el episcopado que la rodea, no tanto.

Nos alegramos de que la Misa del Gallo haya recuperado una hora sensata, acercando a la medianoche su espesor simbólico, su silencio y su espera. Pero el reloj litúrgico, por muy bien ajustado que esté, no compensa el hecho de que las víctimas de abusos sigan encontrando muros, silencios o biografías oficiales que las retratan poco menos que como un estorbo. La liturgia gana profundidad; la justicia, no.

Celebramos que Castelgandolfo vuelva a tener vida papal, que haya descanso, natación, conciertos y una cierta normalidad humana que Francisco había convertido en sospechosa. Pero ese aire veraniego no disimula que el actual Pontífice haya estampado su firma en uno de los documentos marianos más empobrecedores que se recuerdan, reduciendo a la Virgen a una figura funcional, casi decorativa, cuidadosamente despojada de su papel como Mediadora de todas las gracias.

Es verdad: el escudo pontificio vuelve a estar bordado donde corresponde. Y sin embargo, ese mismo Papa ha equiparado públicamente la pena de muerte con el aborto, colocando en el mismo plano un mal intrínseco absoluto y una cuestión moral compleja ya tratada con precisión por la Tradición. Mucho hilo de oro… y demasiada confusión conceptual.

La sotana, al menos, ya no es transparente. Es más gruesa, más digna, más romana. Lástima que esa densidad textil no se haya trasladado al discurso teológico, donde la corredención de María se diluye hasta casi desaparecer, cuidadosamente minimizada para no incomodar sensibilidades contemporáneas.

Hay gestos que reconfortan: reliquias de mártires de la Cruzada, adoración eucarística con jóvenes, silencio real, rodillas en tierra. Son momentos buenos, auténticos, que uno querría conservar. Pero incluso esos destellos quedan ensombrecidos cuando el mismo pontificado bendice bloques de hielo en clave Agenda 2030, eleva el cambio climático a dogma moral y acoge jubileos identitarios que legitiman, simbólicamente, una antropología incompatible con la fe católica y atraviesan la puerta Santa de san pedro con sus banderas arcoiris.

Sí, el Fiat 500 ha sido aparcado. Ahora hay un coche acorde al rango. Pequeña victoria estética. Pero no hay cambio de vehículo que tape una biografía oficial que ataca vilmente a víctimas de negligencias pasadas, reescribiendo la historia con una frialdad que no se cura con terciopelo rojo ni con madera dorada.

Todo esto no invalida lo que Wanderer señala. Al contrario: lo confirma. Las tradiciones importan. Los signos importan. Los accidentes revelan la sustancia.

El problema empieza cuando los accidentes brillan mientras la sustancia se agrieta.

Agradecemos la muceta. Celebramos la dalmática. Nos alegra el latín, el canto, los candelabros y la cruz central, todavía escorada. Pero la Iglesia no se salva con escenografía, ni con una restauración estética que no va acompañada de claridad doctrinal, justicia moral y verdad sin rebajas.

Con todo el cariño —y precisamente por ese cariño— conviene decirlo claro:

los signos son buenos cuando acompañan a la verdad; cuando la sustituyen, se convierten en coartada.

Y de eso, por desgracia, ya tenemos demasiada experiencia.

Carlos Balén | 31 diciembre, 2025

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Müller cuestiona la política vaticana sobre tradición y diálogo: «hacia su propia gente no muestran respeto»



El cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha acusado al Vaticano de aplicar un doble rasero perjudicial en su insistencia en el diálogo y el respeto, afirmando que estos principios se aplican de forma selectiva y que, con frecuencia, no se extienden a los propios católicos fieles.

En una entrevista reciente concedida a Pelican +, y recogida por The Catholic Herald, el purpurado alemán sostuvo que los enfoques actuales han profundizado las divisiones internas en lugar de sanarlas. Según explicó, mientras las autoridades eclesiásticas subrayan constantemente la apertura y el respeto en su relación con movimientos culturales contemporáneos, esa misma actitud no se mantiene de forma coherente con los católicos practicantes, especialmente con aquellos que desean asistir a la Misa tradicional en latín.

«No ha sido algo bueno»

Las declaraciones del cardenal se producen en el contexto del prolongado debate en torno a las restricciones impuestas a la celebración del rito romano tradicional, una decisión que ha afectado a diócesis y comunidades religiosas en todo el mundo. Preguntado directamente por esta política, Müller afirmó que «no ha sido algo bueno» que el papa Francisco haya suprimido el rito tridentino «de manera autoritaria».

El ex prefecto fue más allá y sugirió que la retórica del pontífice ha estigmatizado injustamente a un sector significativo de fieles católicos. Según Müller, el Papa habría causado «daño y una injusticia» al acusar de forma generalizada a quienes aman la forma antigua del rito de estar en contra del Concilio Vaticano II, «sin una distinción justa entre las personas».

El cardenal subrayó que la unidad de la Iglesia no puede sostenerse mediante medidas coercitivas. «No tenemos un sistema de Estado policial en la Iglesia, ni lo necesitamos», afirmó, añadiendo que «el Papa y los obispos deben ser buenos pastores».

El orden revela lo que realmente se cree

Más allá de la cuestión litúrgica, Müller planteó un interrogante más amplio sobre la identidad y la orientación actual de la Iglesia. La forma en que la Iglesia ordena sus prioridades revela lo que cree sobre la verdad, la autoridad y la persona humana, así como si la doctrina es algo que debe vivirse y enseñarse o simplemente gestionarse y relegarse.

Desde esta perspectiva, las tensiones actuales no se reducirían a un conflicto de estilos litúrgicos o personalidades, sino que reflejarían un cambio más profundo en la cultura eclesial, donde la imagen y el gesto tienden a sustituir a la coherencia teológica. En este sentido, el cardenal rechazó que su crítica sea una nostalgia conservadora por el pasado, y la presentó como el diagnóstico de un patrón más profundo.

«Todo el tiempo hablan de diálogo y respeto hacia otras personas», afirmó Müller, añadiendo que «cuando se trata de la agenda homosexual y de la ideología de género, hablan de respeto, pero hacia su propia gente no muestran respeto».

Un compromiso selectivo

El problema, según explicó, no es el compromiso de la Iglesia con el mundo moderno, algo acorde con su naturaleza universal, sino cuando ese compromiso se vuelve performativo, selectivo y desvinculado del centro doctrinal de la fe católica. Esto revelaría, a su juicio, una incapacidad para distinguir entre un apego legítimo a la tradición y una oposición ideológica al Concilio.

El resultado sería una Iglesia cada vez más cómoda con el espectáculo público, los grandes eventos y una comunicación cuidadosamente controlada, pero menos segura ante el trabajo silencioso y constante de la formación doctrinal. Mientras Roma se llena de congresos, conciertos y actos diseñados para proyectar apertura y relevancia, muchos católicos que piden continuidad, doctrina y tradición —señala la fuente— son tratados como un problema a gestionar, en lugar de como miembros plenos de la Iglesia católica.

martes, 16 de diciembre de 2025

EL ODIUM PLEBIS Y EL CARDENAL FERNÁNDEZ (Bruno Moreno)



Los distintos cánones jurídicos que ha aprobado la Iglesia a lo largo de la historia muestran a menudo una gran sabiduría, que maravilla al lector interesado. Es una sabiduría cimentada tanto en la fe como en la experiencia de siglos y milenios, en criterios a la vez teológicos, jurídicos y de un apabullante sentido común. Un ejemplo podría ser el concepto de odium plebis en lo relativo a los motivos de remoción de un párroco.

Antiguamente, era mucho más difícil que ahora retirar a un párroco de su parroquia. Un buen número de los párrocos, de hecho, tenían la parroquia “en propiedad”, lo que no significaba que fuera literalmente de su propiedad, sino que habían accedido por oposición al cargo de párroco de esa parroquia en particular. En esos casos, el obispo no podía cambiarles sin más de parroquia, como en la práctica sucede ahora, sino que tenía que poner en marcha un arduo proceso canónico de remoción. Como todo tiene sus pros y sus contras, con ello los obispos de entonces tenían menos libertad de acción, pero a cambio los sacerdotes ganaban en seguridad jurídica.

Sea como fuere, uno de los motivos de remoción existentes según el antiguo Código de 1917 era el de odium plebis, es decir, odio del pueblo: el hecho de que el rebaño que debía pastorear el párroco aborreciese al sacerdote en cuestión. Era un criterio practico, porque, si ese aborrecimiento fuera “tal que impidiese el ministerio parroquial útil y no se previese que fuera a cesar en breve” (c. 2147), la labor del párroco se haría imposible y no tendría sentido que continuase al frente de la parroquia.

No se trataba de un castigo al párroco, sino de una cuestión de sentido común. De hecho, se admitía como motivo el odio del pueblo “quamvis iniustum et non universale”, aunque fuera injusto y no afectase a todo el rebaño. Si, por la razón que fuese, una gran parte de los fieles no podían tragar al párroco, probablemente lo mejor fuera buscar a otro que desempeñara el cargo. A fin de cuentas, la ley suprema en la Iglesia es la salvación de las almas, como sigue señalando el nuevo Código de Derecho Canónico, precisamente en relación con la remoción de los párrocos (c. 1752).

En el Código actual ya no se usa el término odium plebis, que ha sido sustituido por la expresión algo más suave de aversio in parochum, “aversión contra el párroco”, junto con la “pérdida de la buena fama a los ojos de los feligreses honrados y prudentes” (can. 1741), pero la sustancia es la misma, incluida la posibilidad de que el motivo de remoción se dé “sin culpa grave del interesado” (can. 1740).

Llevo un tiempo pensando en todo esto en relación con el actual Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Por supuesto, los cánones citados no son directamente aplicables, ya que no se trata de un párroco y, además, los cargos de la curia Romana son de libre disposición del Papa, que puede nombrar y retirar a sus colaboradores a voluntad. Sin embargo, tiendo a pensar que, por analogía al menos, el criterio de odium plebis puede darnos algo de luz en este caso.

Escribo en un medio de comunicación católico y tengo que encargarme periódicamente de la moderación de los comentarios de los lectores, una labor bastante pesada, pero que proporciona una visión privilegiada de cómo está y cómo va cambiando la opinión pública en la Iglesia o, al menos, entre los católicos hispanohablantes. Pues bien, esos comentarios, unidos a lecturas y conversaciones con multitud de clérigos y laicos de diversos países, me indican que existe algo bastante parecido al odium plebis en relación con la figura del actual Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

En InfoCatólica hace bastante que sabemos que, si en una noticia aparece el cardenal Víctor Manuel Fernández, aunque sea porque ha dicho o hecho algo bueno y sensato, los comentarios serán en su gran mayoría fuertemente negativos y, en una buena proporción, insultantes y necesitados de moderación. Algo parecido sucede en las conversaciones privadas con seglares, sacerdotes e incluso obispos. Multitud de artículos en otros medios de comunicación lo corroboran (mencionemos, por ejemplo, al Catholic Herald, al Wanderer o a la Bussola Quotidiana). El hecho es que una buena proporción de los fieles y los clérigos simplemente no acepta nada que venga del cardenal.

Me estoy refiriendo, por supuesto, al auténtico pueblo de Dios, no a aquellos que se dicen católicos, pero se han apartado de la fe de la Iglesia y opinan lo mismo que el mundo. Estos últimos parecen encontrarse a gusto con el cardenal Fernández, creyendo al parecer que introducirá cosas como el divorcio, las relaciones del mismo sexo e inmoralidades similares en la Iglesia, pero su opinión es irrelevante, porque no son católicos más que de nombre. Entre los que tienen fe, en cambio, se observa que cuanto más serios, piadosos y formados son los fieles, más marcado resulta ese odium plebis.

Al margen de cualquier otra consideración, se trata de una situación lamentable, que perjudica significativamente al pueblo de Dios. Precisamente aquellos que son obedientes y a los que les importa lo que diga el Dicasterio para la Doctrina de la Fe desconfían de lo que pueda decir el Dicasterio y ya no se fían de que vaya a ser acorde con la fe de la Iglesia. Esto es la definición de una situación que impide “el ministerio útil” de un Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

Las razones para haber llegado a esta situación son muy numerosas. El cardenal, a fin de cuentas, fue protagonista de las páginas menos brillantes del pontificado anterior. Por ejemplo, es sabido que fue uno de los asesores que estaban detrás del texto de Amoris Laetitia que no solo negaba el dogma de fe de que Dios siempre da la gracia necesaria para no pecar, afirmaba asombrosamente que Dios a veces quiere que pequemos y negaba la doctrina moral básica de que el fin no justifica los medios y la existencia de actos intrínsecamente malos, sino que de hecho introducía el divorcio en la Iglesia. Asimismo, tiene en su haber un documento, Fiducia supplicans, que permitía lo que el mismo Dicasterio había prohibido dos años antes, tuvo que ser “aclarado” solo dos semanas después y fue rechazado públicamente por una gran cantidad de obispos por introducir la ambigüedad en un tema, las relaciones del mismo sexo, en que la Iglesia debe ser clarísima. No podemos olvidar que es responsable de que el Papa firmara un texto en el que se corregía a la misma Palabra de Dios, afirmando que “algunas consideraciones del Nuevo Testamento sobre las mujeres” y “otros textos de las Escrituras […] hoy no pueden ser repetidos materialmente”. Su último documento sobre los títulos marianos de Corredentora y Medianera de todas las gracias han recibido, merecidamente, fuertes críticas por su confusión y escaso nivel teológico y argumentativo, además de por silenciar las enseñanzas de papas y doctores anteriores en contra de su tesis personal. Como prefecto y como obispo ha manifestado en varias ocasiones opiniones claramente erróneas y ofensivas a oídos piadosos. Ya antes de ser obispo tenía fama de heterodoxia, que fue investigada por la antigua Congregación para la Doctrina de la Fe y obstaculizó su nombramiento como rector de la Universidad Católica Argentina, una dificultad que solo se salvó por el empeño personal del cardenal Bergoglio. Es, además, autor de textos (¡y libros enteros!) decididamente impropios para un alto prelado de la Iglesia, con una fuerte carga erótica. Todo esto es lo contrario de lo que conviene para un Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

Es decir, no faltan razones que expliquen esta situación. De todas formas, como hemos visto en el caso de los párrocos, no es necesario meterse en consideraciones de culpabilidad o inocencia del interesado, de que merezca o no merezca lo que sucede. Solo el hecho de la aversión entre el pueblo fiel basta para que convenga que el Papa considere la posibilidad de solucionar este problema, quizá retirando al cardenal de su cargo.

A fin de cuentas, ¿de qué sirve un Dicasterio para la Doctrina de la Fe del que los fieles católicos desconfían? En la Iglesia, si por la razón que sea se pierde la auctoritas, toda la potestas del mundo no hará posible desempeñar un cargo para “la salvación de las almas”, que es la ley suprema. Por desgracia, parece que don Víctor Manuel se ha granjeado el odium plebis, ha perdido “la buena fama a los ojos de los feligreses honrados y prudentes” y ya no tiene la auctoritas necesaria, algo que, lamentablemente y al margen de su responsabilidad personal, le incapacita para ejercer su misión.

Bruno Moreno

jueves, 11 de diciembre de 2025

Esta Navidad en el Vaticano se exhibirá por primera vez un belén “pro vida”.



Leo en LifeSiteNews que la próxima semana, por primera vez en su historia, el Vaticano exhibirá un belén explícitamente pro vida, que también será bendecido el 15 de diciembre por el Papa León durante una ceremonia en el Aula Pablo VI, donde permanecerá expuesto durante todo el tiempo de Navidad y para la clausura del Año Jubilar de la Esperanza.

El pesebre, titulado " Nacimiento Gaudium ", fue creado por la artista religiosa costarricense Paula Senoto con la ayuda de 40 Días por la Vida . Gracias a este evento, los organizadores afirman que también se dará a conocer mundialmente como "el mayor grito de guerra provida jamás escuchado desde el Vaticano".

El artefacto, que combina la iconografía bizantina con estatuillas franciscanas, contará con más de 25.000 cintas en lugar de la tradicional paja, cada una representando a uno de los niños salvados gracias a las oraciones y el testimonio de 40 Días por la Vida . La instalación también contará con una estatuilla de la Santísima Virgen María embarazada hasta el día de Navidad, cuando será reemplazada por una estatua de la Virgen adorando al Niño Jesús, recordando al mundo que Nuestro Señor vino al mundo como cualquier otro niño, sometiéndose a todas las leyes de la naturaleza humana, excepto la concepción.

Parece que este belén ya había sido aprobado por Bergoglio para su exhibición en 2027, pero hace apenas unos meses el Vaticano del Papa León XIV adelantó la fecha a 2025. El belén también será el primero en ser bendecido por él durante su pontificado.

El creador cree que Dios aceleró inesperadamente la fecha de la representación del nacimiento debido a los actos de violencia contra los defensores de la vida, así como al creciente número de católicos que han defendido el aborto (el asesinato de niños no nacidos) durante el último año. Paula Senoto también parece referirse al asesinato del influyente conservador y firme defensor de la vida Charlie Kirk.

Esta mirada a la trágica situación actual es buena, pero sobre todo recordamos que, más allá de la conmemoración del nacimiento del Salvador, la celebración cristiana nos ayuda a revivir la alegría y las gracias espirituales de un acontecimiento de inmenso valor, ocurrido «en la plenitud de los tiempos», en el corazón de la historia, cumpliendo una espera punzante y los planes de Dios.

En cualquier caso, la exhibición de este belén contrasta marcadamente con las exhibiciones recientes de belenes en el Vaticano, algunas de las cuales han sido abiertamente blasfemas. Recordamos con horror el de 2017, condenado eficazmente incluso por el arzobispo Viganò [ aquí ].



En 2017, la "Natividad de la Misericordia" del Vaticano presentó a un hombre desnudo y un cadáver. Más allá del hombre desnudo, esculpido y casi musculoso que acapara todas las miradas, el efecto más perturbador es la cúpula truncada y la sensación general de miseria [ aquí ; también puede ver imágenes de los horribles detalles en este enlace].

Destacamos cómo el énfasis en las obras de misericordia corporales, salpicado de elementos controvertidos (como el ángel con el manto arcoíris), eclipsó las obras de misericordia espirituales, que se ignoran incluso en la práctica común.


Otro belén modernista en el Vaticano, instalado en 2020, representaba figuras que parecían astronautas o eran completamente irreconocibles. La representación fue ridiculizada por los no católicos y horrorizó a muchos fieles. En aquel momento, el arzobispo Carlo Maria Viganò protestó, calificando la representación de «una arrogante imposición de blasfemia y sacrilegio como antiteofanía de la fealdad, un atributo necesario del Diablo».

El abismo entre las modernizaciones de la escena navideña por parte de artistas renacentistas y posteriores, que vistieron la procesión de los Reyes Magos con trajes de época, y la imposición arrogante de la blasfemia y el sacrilegio como antiteofanía de lo Feo, como atributo necesario del Mal, era ahora evidente.

No olvidemos el belén del año pasado [ aquí ], que presentaba a un Niño Jesús envuelto en una keffiyeh —en solidaridad con los cristianos y los musulmanes árabes del Líbano, Siria y Palestina—. La keffiyeh fue retirada rápidamente tras las protestas de la comunidad judía romana y las autoridades israelíes en Italia, por ser un símbolo de la identidad palestina. Aún no se atisbaba el horrendo 7 de octubre ni el infierno que le siguió; pero su inexplicable retirada desató un debate gracias a la aquiescencia del Vaticano. Fue, en cualquier caso, una politización inapropiada del evento espiritual central de la fe católica, ya demasiado secularizado por el consumismo y la secularización...

Concluyo recordando al Vaticano violado por enésima vez, por un pontificado tan inédito y anómalo como el anterior, también por el repetido goteo de migrantes, con una escultura que desfigura el esplendor de la columnata de Bernini. [ aquí ]

¿Podemos realmente esperar que esta atmósfera mefítica esté cambiando no solo en apariencia sino también en sustancia?

(María Guarini)

Consecuencias de la nota Mater Populi Fidelis (Roberto de Mattei)





El pasado 4 de noviembre se publicó la nota doctrinal Mater Populi Fidelis, con la que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe se propone aclarar el sentido y los límites de algunos títulos marianos relativos a la cooperación de María a la obra de la salvación. La declaración ha suscitado consternación entre los fieles de a pie, y también entre los mariólogos, porque objetivamente reduce los privilegios reservados a la Virgen en la Tradición de la Iglesia. Cabe preguntarse las consecuencias que tendrá en la práctica.

La entrevista concedida a Diane Montagne por el cardenal Víctor Manuel Fernández el pasado 27 de noviembre, publicada por la citada vaticanista en su blog el día 27 [en español aquí], resulta muy oportuna para orientarse en el horizonte de confusión creado por el mencionado documento. En su respuesta a la periodista, monseñor Fernández explicó que la afirmación contenida en el párrafo 22 de la nota doctrinal Mater Populi Fidelis, según la cual es «siempre inoportuno» emplear el título de Corredentora para referirse a la colaboración de María en la obra de la Redención de Cristo se refiere exclusivamente al empleo oficial del título de Corredentora en textos litúrgicos y documentos de la Santa Sede, pero no se extiende a la devoción privada ni a los debates teológicos entre fieles.

El momento central de la entrevista es cuando se dice que la expresión siempre inapropiado se aplica al título de Correndentora. Diane Montagne pregunta si dicho título, que según él «es siempre inoportuno el uso del título de Corredentora» (…) «se refiere al pasado, especialmente teniendo en cuenta que fue utilizado por los santos, los doctores y el magisterio ordinario». Y el cardenal responde: «No, no, no. Se refiere al momento actual» (…) La periodista insiste: «Entonces, ¿«siempre» significa «a partir de ahora»? El purpurado confirma: «A partir de ahora, sin duda». La reportera, insatisfecha, pide otra aclaración sobre el sentido de la palabra siempre: «Fernández recalca que no se refiere al pasado sino únicamente al presente, y en un sentido limitado a los documentos oficiales.

Hay que tener en cuenta esta importante aclaración. En la nota doctrinal, el adverbio siempre no tiene el mismo sentido que en el lenguaje de todos los días. Cualquiera que tenga dos dedos de frente sabe que el adverbio siempre indica un periodo de tiempo ininterrumpido, sin excepciones, que abarca el pasado y el futuro. Por ejemplo, la ley divina y natural está siempre vigente, en cualquier época, lugar y situación. En cambio, en la respuesta del cardenal la palabra se redefine como apenas vinculada al presente e, hipotéticamente, al futuro: «A partir de ahora». Pero si, como afirma el Prefecto, siempre significa sólo a partir de ahora, la consecuencia es que, como del pasado al presente se ha dado un cambio, podría también haber un cambio entre el presente y el futuro. Eso quiere decir que Mater populi fidelis, aunque se haya presentado como una nota doctrinal, funda sus argumentos en medidas de índole pastoral que están sujetas a circunstancias de naturaleza histórica. La valoración que hace el documento de los títulos marianos no es absoluta ni definitiva, sino transitoria y contingente.

El cardenal confirma el carácter provisional de la nota con las siguientes palabras: «Esta expresión [“Corredentora”] no se utilizará ni en la liturgia, es decir, en los textos litúrgicos, ni en los documentos oficiales de la Santa Sede. Si se desea expresar la cooperación única de María en la Redención, se expresará de otras maneras, pero no con esta expresión, ni siquiera en los documentos oficiales».

El término que no es oportuno emplear «ni en los textos litúrgicos ni en los documentos oficiales» puede utilizarse legítimamente para todo lo que no entre en tan estrechos límites. La prohibición sólo afecta al ámbito oficial. Si un grupo de fieles comprende «bien el verdadero significado de esta expresión» (la cooperación subordinada de María a Cristo), «ha leído el documento» y está de acuerdo con lo que dice, puede usar libremente el título de Corredentora. En conclusión, los fieles son libres de creer y promover la verdad según la cual María siempre ha sido Corredentora y Mediadora de todas las gracias mientras se esfuerzan por conseguir que dicha verdad sea proclamada dogma de fe. Si ayer no era adecuado el título de Corredentora, podría llegar a serlo mañana. Aunque la verdad de la Corredención de María nunca se ha proclamado como dogma, pertenece al patrimonio doctrinal de la Iglesia. La nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe lo admite, limitando su uso al presente y en unas circunstancias determinadas. Pero, precisamente por esa razón, aunque ese título mariano no se cuente entre los dogmas oficiales de la Iglesia, podría llegar a contarse un día. Es algo que la nota no excluye ni puede excluir.

La definición dogmática del dogma de la Inmaculada Concepción tuvo lugar en 1854, y la de la Asunción en 1950. Desde aquellas fechas, todo católico que rechace estas verdades incurre en herejía, pero la Virgen siempre fue Inmaculada y asunta. Del mismo modo, tenemos libertad para creer no sólo que siempre ha sido Corredentora y Mediadora de todas las gracias, sino para poner todo nuestro empeño en que esas verdades sean proclamadas lo antes posible dogmas de fe, para que todo católico esté obligado a creer por siempre lo que en este momento se considera inoportuno, pero siempre ha sido cierto.

A la última pregunta de la vaticanista, «¿consultasteis (es decir, la DDF) a algún mariólogo para Mater populi fidelis?», el prefecto de Doctrina de la Fe repuso: «Sí, a muchos, muchos, así como a teólogos especializados en cristología».

Sin embargo, el padre Maurizio Gronchi, consultor del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que participó en la presentación de documento junto al cardenal Fernández, declaró a Aciprensa el pasado 19 de noviembre: «No se encontraron mariólogos colaborativos», y señaló que ni los miembros de la Pontificia Facultad teológica Marianum ni los de la Pontificia Academia Mariana Internacional participaron en la presentación junto a la curia jesuita. Silencio que, a su juicio, «puede entenderse como disenso» ().

Un destacado mariólogo ha confirmado indirectamente dicho disenso: el P. Salvatore Maria Perrella declaró que Mater populi fidelis «debería haber sido redactada por personas competentes en la materia», dando a entender con ello que fue redactado por personas carentes de formación mariológica. Y, podríamos añadir con todo respeto, que no saben razonar en buena lógica.

Y ahora que sabemos que Mater populi fidelis no tiene por objeto imponer límites arbitrarios a la devoción mariana ni negar la participación de María en la obra redentora de Cristo, y que la prohibición sólo se aplica al uso del título de Corredentora en los textos litúrgicos y actos de magisterio, y no a la devoción privada ni al debate teológico, es nuestra gran oportunidad de aceptar el reto y salir al ruedo.

Reiteramos lo que dijimos al día siguiente de la publicación del documento: «Tenemos el convencimiento de que actualmente hay en el mundo un puñado de sacerdotes y laicos de ánimo noble y generoso dispuestos a empuñar la espada de dos filos de la Verdad para proclamar todos los privilegios de María y exclamar a los pies de su trono: «Quis ut Virgo?» Sobre ellos se derramarán las gracias necesarias para el combate en estos tempestuosos tiempos. Y quién sabe si, como ha ocurrido cada vez que en la historia se ha intentado opacar la luz, el documento del Dicasterio de la Fe que trata de restar importancia a la Santísima Virgen María confirmará sin proponérselo su inmensa grandeza» ().

Roberto De Mattei

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Rueda de prensa de León XIV: «El Líbano muestra que cristianos y musulmanes pueden convivir y ser amigos»



Durante el vuelo de regreso de Beirut a Roma, al término de su viaje apostólico al Líbano, el papa León XIV mantuvo una rueda de prensa con los periodistas que lo acompañaban en el avión. Ante más de ochenta comunicadores, el Pontífice respondió preguntas sobre la situación en Oriente Medio, la guerra en Ucrania, el papel de Europa en las negociaciones de paz, la crisis en Venezuela y el llamado al diálogo entre religiones, especialmente entre cristianos y musulmanes.

Dejamos a continuación la transcripción completa de las preguntas y respuestas difundidas por Vatican News:

Papa León XIV: En primer lugar, quiero dar las gracias a todos los que han trabajado tanto. Me gustaría que transmitieran este mensaje también a los demás periodistas, tanto en Turquía como en el Líbano, que han trabajado para comunicar los importantes mensajes de este viaje. Todos ustedes también merecen un fuerte aplauso por este viaje.

Joe Farchakh (LBC International): Usted es un Papa estadounidense que está liderando un proceso de paz. Mi pregunta es si utilizará sus contactos con el presidente Donald Trump y con el primer ministro Benjamin Netanyahu. En el avión dijo que el Vaticano es amigo de Israel. ¿Planteará la cuestión de detener la agresión de Israel contra el Líbano? ¿Es posible una paz sostenible en la región?

Papa León XIV: En primer lugar, sí, creo que es posible una paz sostenible. Creo que cuando hablamos de esperanza, cuando hablamos de paz, cuando miramos hacia el futuro, lo hacemos porque es posible que la paz vuelva a llegar a la región y llegue a su país, el Líbano.

De hecho, ya he mantenido algunas conversaciones con algunos de los líderes de los países que ha mencionado y tengo la intención de seguir haciéndolo, personalmente o a través de la Santa Sede, porque el hecho es que tenemos relaciones diplomáticas con la mayoría de los países de la región y, sin duda, sería nuestro deseo seguir elevando este llamamiento a la paz del que he hablado al final de la misa de hoy.

Imad Atrach (Sky News Arabia): En su último discurso había un claro mensaje a las autoridades libanesas para que negociaran. Negociar, dialogar, construir. ¿Hará el Vaticano algo concreto en este sentido? Anoche se reunió con un representante chiíta. Antes de su viaje, Hezbolá le envió un mensaje, no sé si lo recibió, si lo leyó. ¿Qué nos puede decir al respecto? Muchas gracias por visitar el Líbano, era un sueño para nosotros.

Papa León XIV: Un aspecto de este viaje que no fue el motivo principal, porque el viaje surgió pensando en cuestiones ecuménicas, con el tema de Nicea, el encuentro con los patriarcas católicos y ortodoxos y la búsqueda de la unidad en la Iglesia. Pero, de hecho, durante este viaje también tuve encuentros personales con representantes de diferentes grupos que representan a autoridades políticas, personas o grupos que tienen algo que ver con los conflictos internos o incluso internacionales en la región.

Nuestro trabajo no es principalmente algo público que declaramos en las calles, sino que se desarrolla un poco entre bastidores. Es algo que ya hemos hecho y seguiremos haciendo para convencer a las partes de que dejen las armas, la violencia, y se sienten juntas a la mesa del diálogo. Buscar respuestas y soluciones que no sean violentas, pero que puedan ser más eficaces.

(El mensaje de Hezbolá)

Sí, lo he visto, evidentemente hay una propuesta por parte de la Iglesia para que dejen las armas y busquemos el diálogo. Pero más allá de esto, prefiero no hacer comentarios en este momento.

Cindy Wooden (CNS): Santo Padre, hace unos meses dijo que hay mucho que aprender para ser Papa. Cuando llegó ayer a Harissa, con una cálida bienvenida, tenía la expresión de alguien que dice: «¡Guau!». ¿Puede decirnos qué está aprendiendo? ¿Qué es lo más difícil de aprender para ser Papa? Y usted nunca nos ha dicho nada sobre lo que sintió en el cónclave cuando quedó claro lo que estaba pasando. ¿Puede decirnos algo al respecto?

Papa León XIV: Bueno, mi primer comentario es que hace solo uno o dos años yo también pensaba en jubilarme algún día. Evidentemente, usted ha recibido este regalo, mientras que algunos de nosotros seguiremos trabajando (una broma en referencia al hecho de que su colega se jubilará en diciembre, n.d.r.).

En cuanto al cónclave, creo firmemente en el secreto del cónclave, aunque sé que ha habido entrevistas públicas en las que se han revelado algunas cosas. El día antes de ser elegido, le dije a una periodista que me había parado por la calle que había ido a comer con los agustinos. Y ella me preguntó: “¡Se ha convertido en uno de los candidatos! ¿Qué opina al respecto?”. Y yo simplemente respondí: “Todo está en manos de Dios”. Y lo creo profundamente.

Uno de ustedes, que es periodista alemán, me dijo aquí el otro día: “Dígame un libro, además de San Agustín, que podamos leer para entender quién es Prevost”. Hay muchos, pero uno de ellos es un libro que se llama La práctica de la presencia de Dios. Es un libro muy sencillo, de alguien que ni siquiera firma con su apellido, el hermano Lorenzo, escrito hace muchos años. Pero describe un tipo de oración y espiritualidad en la que uno simplemente entrega su vida al Señor y permite que el Señor lo guíe.

Si quieren saber algo sobre mí, sobre lo que ha sido mi espiritualidad durante muchos años, en medio de grandes desafíos, viviendo en Perú durante los años del terrorismo, siendo llamado al servicio en lugares en los que nunca pensé que sería llamado a servir. Confío en Dios y este mensaje es algo que comparto con todas las personas.

Entonces, ¿cómo fue? Me rendí cuando vi cómo iban las cosas y dije que esto podría hacerse realidad. Respiré hondo y dije: aquí estamos, Señor, tú eres el jefe, tú guías el camino.

No sé si dije “guau” anoche (en Harissa). En el sentido de que mi rostro es muy expresivo, pero a menudo me divierte cómo los periodistas interpretan mi rostro. Es interesante, a veces saco grandes ideas de ustedes, porque creen que pueden leer mis pensamientos o mi rostro. No siempre tienen razón.

Estuve en el Jubileo de los jóvenes, había más de un millón de jóvenes allí. Anoche había una pequeña multitud. Para mí siempre es maravilloso. Pienso para mí mismo: “Estas personas están aquí porque quieren ver al Papa”, pero luego me digo: “Están aquí porque quieren ver a Jesucristo” y quieren ver a un mensajero de paz, especialmente en este caso. Por lo tanto, solo sentir su entusiasmo y escuchar su respuesta a ese mensaje es impresionante. Solo espero no cansarme nunca de apreciar todo lo que estos jóvenes están mostrando.

Gian Guido Vecchi (Corriere della Sera): Son horas de gran tensión entre la OTAN y Rusia, se habla de guerra híbrida, perspectivas de ciberataques y cosas por el estilo. ¿Ve usted el riesgo de una escalada, de un conflicto llevado a cabo con nuevos medios como lo denunciado por los líderes de la OTAN? Y, en este clima, ¿puede haber una negociación para una paz justa sin Europa, que ha sido sistemáticamente excluida por la presidencia estadounidense en estos meses?

Papa León XIV: Este es un tema evidentemente importante para la paz en el mundo, pero la Santa Sede no participa directamente porque no somos miembros de la OTAN, ni de todos los diálogos mantenidos hasta ahora. Aunque muchas veces hemos pedido el alto el fuego, el diálogo y no la guerra. Y una guerra con muchos aspectos, ahora incluso con el aumento de las armas, toda la producción que hay, los ciberataques, la energía.

Ahora que llega el invierno, hay un problema grave allí. Es evidente que, por un lado, el presidente de los Estados Unidos cree que puede promover un plan de paz que le gustaría llevar a cabo y que, al menos en un primer momento, no cuenta con Europa. Sin embargo, la presencia de Europa es importante y esa primera propuesta se modificó también por lo que Europa estaba diciendo.

Concretamente, creo que el papel de Italia podría ser muy importante. Cultural e históricamente, Italia tiene la capacidad de actuar como mediadora en un conflicto entre diferentes partes. También Ucrania, Rusia, Estados Unidos… En este sentido, podría sugerir que la Santa Sede fomente este tipo de mediación y que busquemos juntos una solución que realmente pueda ofrecer paz, una paz justa, en este caso en Ucrania.

Elisabetta Piqué (La Nación): Gracias, Santo Padre, por este primer viaje internacional, ante todo. Después, bueno, la bandera del Líbano tiene los mismos colores de la bandera del Perú. ¿Es una señal de, se va a hacer este viaje a América Latina, teóricamente en la segunda mitad del año próximo junto a Argentina y Uruguay que quedaron pendientes? No, fuera de broma, queríamos preguntarle qué viajes está preparando para el año que viene realmente. Y después, hablando de América Latina, está preocupando muchísimo, hay muchísima tensión por lo que está pasando en Venezuela. Hay un ultimátum del Presidente Trump a Maduro para que se vaya, para que deje el poder, y una amenaza a derrocarlo con una operación militar. Queríamos preguntarle qué piensa al respecto. Gracias.

Papa León XIV: En cuanto a los viajes, no hay nada seguro, espero hacer un viaje a África. Posiblemente sea el próximo viaje.

¿A dónde?

África, África. Personalmente, espero ir a Argelia para visitar los lugares de San Agustín, pero también para poder continuar el diálogo, la construcción de puentes entre el mundo cristiano y el mundo musulmán. Ya en el pasado, en otra ocasión, tuve la oportunidad de hablar sobre este tema.

Es interesante, la figura de San Agustín ayuda mucho como puente porque en Argelia es muy respetado como hijo de la patria. Ese es uno. Luego, hay algún otro país, pero estamos trabajando en ello. Evidentemente, me gustaría mucho visitar América Latina, Argentina y Uruguay, que están esperando la visita del Papa. Perú, creo que me recibirán, y si voy a Perú también muchos países vecinos, pero el proyecto aún no está definido.

Sobre Venezuela, a nivel de la Conferencia Episcopal, con el nuncio, estamos buscando maneras para calmar la situación, buscar sobre todo el bien del pueblo porque, muchas veces, quien sufre en estas situaciones es el pueblo, no son las autoridades. Las voces que vienen de Estados Unidos cambian y con cierta frecuencia, a veces, hay que ver.

Por un lado, parece que ha habido una conversación por teléfono de los dos presidentes. De otro lado, hay ese peligro, esa posibilidad de que haya alguna actividad, alguna operación, incluso invadiendo territorio de Venezuela.

Yo no sé más, yo de nuevo creo que es, digamos, mejor buscar maneras de diálogo, quizás presión, incluso presión económica, pero buscando otra manera para cambiar, si es lo que decide hacer Estados Unidos.

Mikail Corre (La Croix): Gracias por este interesante viaje. Usted ha dicho que hay que seguir tendiendo puentes entre mundos diferentes. Me gustaría preguntarle: algunos católicos de Europa creen que el Islam es una amenaza para la identidad cristiana de Occidente. ¿Tienen razón o qué les diría usted?

Papa León XIV: Todas las conversaciones que he mantenido estos días, tanto en Turquía como en el Líbano, incluidas las que he tenido con varios musulmanes, se han centrado en el tema de la paz y el respeto por las personas de diferentes religiones. Sé que no siempre ha sido así.

Sé que en Europa hay muchos miedos, pero la mayoría de las veces son generados por personas que están en contra de la inmigración y que intentan mantener fuera a las personas que pueden venir de otro país, de otra religión, de otra raza. Y en este sentido, me gustaría decir que todos necesitamos trabajar juntos.

Una de las cosas positivas de este viaje es haber llamado la atención del mundo sobre la posibilidad de que el diálogo y la amistad entre musulmanes y cristianos sean posibles. Creo que una de las grandes lecciones que el Líbano puede enseñar al mundo es precisamente mostrar una tierra en la que el islam y el cristianismo están presentes y se respetan mutuamente, y en la que existe la posibilidad de convivir y ser amigos.

Las historias y los testimonios que hemos escuchado en estos dos últimos días son de personas que se ayudan unas a otras. Cristianos y musulmanes, ambos han visto destruidas sus aldeas, por ejemplo, y nos decían que podemos estar juntos y trabajar juntos.

Creo que esta es una lección importante que debemos escuchar en Europa y Norteamérica. Quizás deberíamos tener un poco menos de miedo y buscar formas de promover un diálogo auténtico y el respeto.

Anna Giordano (Ard Radio): La Iglesia en el Líbano también cuenta con el apoyo de la Iglesia en Alemania. Por ejemplo, hay algunas agencias de ayuda alemanas activas en el Líbano. Desde este punto de vista, es importante que la Iglesia en Alemania siga siendo una Iglesia fuerte. Como seguramente sabe, hay un camino sinodal, Synodaler Weg, un proceso de cambio de la Iglesia en Alemania, que está avanzando. ¿Cree que este proceso puede ser una forma de fortalecer la Iglesia o es al contrario? ¿Y por qué?

Papa León XIV: El camino sinodal no es el único en Alemania, toda la Iglesia ha celebrado un sínodo y la sinodalidad en los últimos años. Hay grandes similitudes, pero también algunas diferencias marcadas entre cómo se ha llevado a cabo el Synodaler Weg en Alemania y cómo podría continuar mejor en la Iglesia Universal.

Por un lado, me gustaría decir que hay espacio para el respeto de la inculturación. El hecho de que en un lugar la sinodalidad se viva de una manera y en otro se viva de otra manera no significa que tenga que haber una ruptura o una fractura. Creo que es muy importante recordar esto.

Al mismo tiempo, me temo que muchos católicos en Alemania creen que ciertos aspectos del camino sinodal celebrados hasta ahora en Alemania no representan sus esperanzas para la Iglesia o su forma de vivir la Iglesia.

Por lo tanto, es necesario un mayor diálogo y escucha dentro de la propia Alemania, para que ninguna voz quede excluida, para que la voz de los más poderosos no silencie la voz de aquellos que pueden ser muy numerosos, pero que no tienen un lugar donde hablar y ser escuchados. De este modo, se garantizará que sus propias voces y expresiones de participación en la Iglesia sean escuchadas.

Al mismo tiempo, como seguramente saben, el grupo de obispos alemanes se ha reunido en los últimos años con un grupo de cardenales de la Curia romana. También allí se está llevando a cabo un proceso para tratar de garantizar que el Camino sinodal alemán no se aleje, por así decirlo, de lo que debe considerarse un camino de la Iglesia universal.

Estoy seguro de que continuará. Creo que habrá algunos ajustes por ambas partes en Alemania, pero espero sinceramente que las cosas se resuelvan de manera positiva.

Rita El-Mounayer (Sat-7 International): Somos cuatro canales cristianos diferentes de radiodifusión en Oriente Medio y el norte de África, dos en árabe, uno en farsi y otro en turco. En primer lugar, me gustaría darle las gracias por dedicar su tiempo al pueblo libanés. Yo misma soy hija de la guerra y sé lo que significa recibir un abrazo de Su Santidad, una palmada en la espalda y que te digan que todo irá bien. Lo que me ha impresionado es su lema In Illo Uno Unum. Este lema habla de tender puentes entre las diferentes confesiones cristianas, entre las religiones e incluso entre vecinos, lo que a veces puede resultar un poco difícil. Desde su punto de vista, ¿qué don único puede ofrecer la Iglesia en Oriente Medio —con todas sus lágrimas, sus heridas, sus desafíos y su historia pasada— a la Iglesia en Occidente y al mundo?

Papa León XIV: Me gustaría empezar diciendo que hoy en día las personas han crecido en una sociedad muy individualista. Los jóvenes, que han pasado mucho tiempo (ante el ordenador, n.d.r.) durante la pandemia del Covid y que a menudo tienen relaciones personales muy aisladas, porque solo se comunican a través de pantallas de ordenador o teléfonos inteligentes, a veces se preguntan: “¿Por qué deberíamos querer ser uno? Yo soy un individuo y no me interesan los demás”.

Y creo que aquí hay un mensaje muy importante que transmitir a todas las personas: la unidad, la amistad, las relaciones humanas, la comunión son extremadamente importantes y extremadamente valiosas. Si no por otra cosa, por el ejemplo que usted ha citado de alguien que ha vivido la guerra o ha sufrido y está sufriendo, lo que puede significar para él un abrazo. Esa expresión muy humana, real y sana de cuidado personal para sanar el corazón de otra persona.

A nivel personal, esto puede convertirse en un nivel comunitario que nos une a todos y nos ayuda a comprendernos y respetarnos mutuamente, yendo mucho más allá del simple: “Tú mantente alejado, yo me quedo aquí, tú quédate allí y no interactuemos”. Significa, en cambio, construir relaciones que enriquezcan a todas las personas.

Con este mensaje, sin duda, mi lema es gracias a Cristo in Illo es “en Cristo, que es uno, todos somos uno”. Pero no es solo para los cristianos.

En realidad, es una invitación a todos nosotros y a los demás a decir que cuanto más logremos promover la auténtica unidad y comprensión, el respeto y las relaciones humanas de amistad y diálogo en el mundo, mayor será la posibilidad de que dejemos a un lado las armas de la guerra, que dejemos a un lado la desconfianza, el odio y la animosidad que tan a menudo se han desarrollado, y que encontraremos la manera de unirnos y promover la auténtica paz y justicia en todo el mundo.

Buen viaje a todos y gracias a todos.

domingo, 23 de noviembre de 2025

De Maria nunquam satis




Vivimos en un mundo pusilánime, donde la exaltación de cualquier privilegio recibido por herencia o por gracia de Dios, aparece siempre como un insulto a la igualdad en la mediocridad de todos los hombres.

Siempre los mejores son los menos, la santidad es algo extraordinario, pero la sociedad cristiana supo tenerlos como referencias y la Iglesia como regla de conducta, por eso canonizaba sólo a los mejores, a los que habían llegado más alto, no para halagar la mediocridad del común de los cristianos ni desalentarlos, sino por el simple hecho de que las luces que guían las naves se ponen en alto, y cuánto más alto, mayor es el número de quienes pueden verlas. Es decir, que los espíritus más elevados servirán de guía a mayor número de almas.

A esto se suma el hecho de que los bienes espirituales son comunes, y mientras mejor es un miembro, mejor es la sociedad, todos gozamos del bien espiritual del prójimo, y mientras más son los que participan, mayor es el bien.

Materialistas, egoístas y resentidos como somos, creemos que todo bien del prójimo es algo que yo no tengo, y que todo lo que no se obtuvo con el sudor de la propia frente es robo. Pero como lo que se obtiene por propio esfuerzo es bien poco, creemos estar justificados para descansar en nuestra mediocridad y poder canonizar a aquellos que hicieron “lo que pudieron”, pero que no fueron tan imprudentes como para ponerse por encima de los demás y tratar de guiarlos, porque el colmo de la caridad parece hoy consistir en no herir la profunda pusilanimidad de los hombres y dejarlos arrastrarse por el barro sin decirles que se están ensuciando.

El concilio Vaticano II, al justificar el liberalismo cristiano, significó la canonización de la tibieza cristiana. Ya no más privilegios, todos somos iguales delante de Dios. Si se puede reconocer, sin entusiasmo, algún tipo de privilegio, sólo puede ser de un grupo, y mientras más se diluya mejor. Habrá santos, pero muchos, porque es algo común, cualquiera puede serlo, sin necesidad de hacer mucho.

Los privilegios personales atentan contra la dignidad de los hombres iguales en mediocridad. Y ¡qué decir de privilegios únicos e irrepetibles!

En este mes de diciembre celebramos de un modo particular a la Virgen María, y se concentran en ella las gracias y privilegios más grandes que Dios pueda haber concedido a criatura alguna.

Ella es Inmaculada desde su concepción. Apartada del resto del mundo pecador, fue preservada por un privilegio singular, único e irrepetible, de la ley de condena que pesaba sobre todo el género humano. Nunca, en ningún instante de su vida, su alma fue ensombrecida por la más mínima mancha de pecado. Por el contrario, su alma llena de gracia, fue siempre purísima.

¿Y a qué se debe tan singular privilegio? Dios había decidido desde toda la eternidad, que su Hijo Unigénito, el Verbo Eterno, al hacerse carne nacería de esta Virgen purísima, de esta Madre santísima que sería preparada por la Trinidad con el mayor cuidado, para ser digna de la gran obra de la creación: la encarnación de Nuestro Señor Jesucristo y la redención del género humano.

Puesto que sería la Madre de Dios, convenía que fuese adornada de los privilegios más excelsos que el cielo puedira participarle, de los cuales, el haber sido preservada del pecado original es sólo el primero y el comienzo de todas las maravillas que Nuestro Señor obraría en su alma. No contento con haberla llenado de gracia en su concepción, esta misma plenitud iría aumentando con el tiempo. Si fue el mismo Dios quien nos mandó honrar padre y madre, ¿acaso no cumpliría Él con este deber del mejor modo posible? La Virgen María fue, sin duda alguna, la criatura más honrada por Dios, pues ¿qué mayor honra que ser su madre?

Pero Dios va a pedirle a María su consentimiento en esta obra, su Fiat. ¿Por qué? ¿acaso podría negarse a tanto honor?

“Honor onus”, decían los latinos con su acostumbrada concisión, el honor es una carga, y la Virgen María lo supo bien, se le concedía un honor enorme y al mismo tiempo una carga igualmente grande. Se le pedía ser Madre de Dios, para que por la encarnación, el Hijo Unigénito pudiera obrar la redención de los hombres. Se le otorgaba el bien más grande que la creación pudo contener y se le pedía la entrega más grande que la creación pudo admirar. Y no se le pedía que acepte esta entrega con resignación, sino con amor, voluntariamente. Su Fiat significaba la aceptación de todo el plan de la redención.

Todo ese honor, todos esos privilegios y gracias tomaban de repente una nueva dimensión, ser Madre de Dios no significaba solamente dar a luz al Salvador, sino quedar unida a Él de un modo tan estrecho que le permitiera quedar asociada a la obra de la Redención, mereciendo de congruo lo que Nuestro Señor mereció de condigno, siendo verdaderamente Corredentora con Nuestro Señor Jesucristo Redentor.

Dios da siempre más de lo que pide, pero a Nuestra Señora le pidió que entregara a su Hijo, ¿acaso hay algo más grande que Él? Casi nos atreveríamos a decir que, en esta tierra, Dios quedó en cierta manera en deuda con su Madre, le pidió demasiado y ella lo dio sin esperar recompensa, ¿acaso algo podía recompensar la pérdida de su Hijo Dios?

Su único consuelo era el cielo, la otra vida y a la verdad que debe ser algo enorme, porque Dios no iba a quedar en deuda con su Madre, pero sólo allí, en esa otra vida, pudo encontrar el modo de recompensarla. ¡Tanto escapa la grandeza de la vida Eterna a nuestros espíritus apocados!

Todo buen hijo sabe que de su madre se puede abusar con toda confianza. Nuestro Señor, en el momento mismo en que terminaba de ser inmolado frente a los ojos de su madre, viendo todo su dolor y su amor de madre, le pidó que adoptara como hijos a aquellos por los que había sido entregado…

Hasta aquí aguanta nuestro corazón, querríamos pensarlo como un momento feliz, y lo es para nosotros, pero, al decir de San Bernardo, ¡vaya cambio para nuestra Madre!

Aquí entendemos por qué no somos santos. Dios nos ofrece todo, pone a disposición sus gracias, sus sacramentos, sus luces, sus ayudas y nos colma de privilegios… ¿qué falta? Falta nuestro fiat.

Entre mediocres y cobardes hemos calculado que si pedimos y obtenemos poco, también se nos pedirá poco, y tratamos de acomodarnos en una posición media que nos mantenga bastante alejados del infierno, pero no demasiado cerca de la Cruz. El hombre moderno entendió que los honores son cargas, y decidió abandonar aquellos para no tener estas. Decidió no pedir nada a Dios para que Dios no le pida nada. Y con la excusa de librar a todos los hombres de sus cargas a todos los deshonró. El santo del mundo moderno es ese hombre sin honor y sin gloria, capaz de no generar rechazo ni admiración, la situación más cercana a la nada, que es lo único que nos queda si no tenemos en cuenta a Dios.

La Virgen María fue siempre el rayo de luz que irrumpe en esas almas vacías, para recordarles que la santidad es posible, que todas las entregas y sufrimientos valdrían por el sólo hecho de ser amados de Dios, que siempre hay tiempo para salvarse.

Y es por eso que contra ella se revuelve el demonio y encuentra su mejor aliado en la tibieza del cristiano, que no quiere el pecado pero tampoco la grandeza y los privilegios, porque es amor que exige amor y es por eso que Nuestro Señor dijo de ellos “He aquí que estoy por vomitarlos de mi boca”

RP José Antonio Calderón

sábado, 22 de noviembre de 2025

El mariológo Salvatore M. Perrella cuestiona la solidez doctrinal de Mater Populi Fidelis




El reconocido mariológo italiano Salvatore M. Perrella, una de las voces más autorizadas en el estudio contemporáneo de la Virgen María, ha ofrecido una lectura crítica de la Nota Mater Populi Fidelis, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. En una extensa entrevista concedida al medio suizo RAI, el teólogo advierte que el documento interpreta la mariología desde un marco “excesivamente cristológico” y “demasiado dependiente” de la perspectiva del papa Francisco, dejando fuera dimensiones esenciales para comprender el lugar de María en la economía de la salvación.

Según Perrella, la Nota doctrinal “abre debates necesarios”, pero revela serios desequilibrios internos. A su juicio, el texto reduce prácticamente a cero las dimensiones eclesiológica, antropológica, trinitaria y simbólica de la mariología, tratándola únicamente desde una perspectiva funcional a Cristo. Esta carencia, afirma, empobrece la comprensión de la tradición y dificulta ofrecer una visión integral de la fe.

La importancia de la memoria doctrinal: un vacío que debilita la Nota

Perrella subraya que la explicación magisterial sobre la cooperación de María en la obra redentora debería apoyarse en los desarrollos doctrinales posteriores a la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, donde teólogos y pontífices —de León XIII a Pío XII— reconocieron en María un fruto de la misericordia divina y un sujeto de misión dentro del plan salvífico. Sin embargo, considera que el nuevo documento no recoge adecuadamente esa evolución ni la memoria histórica que la sustenta.

El título “Corredentora”: tradición, matices y reduccionismos

Uno de los puntos centrales de la entrevista es la crítica a la valoración del título “Corredentora”. Perrella se muestra crítico con el término, aunque reconoce su presencia en el magisterio posconciliar, especialmente bajo san Juan Pablo II, quien utilizó tanto el título como expresiones equivalentes. “Como teólogo, no puedo ignorarlo”, afirma.

Sin embargo, condena la forma en que Mater Populi Fidelis descalifica el título recurriendo exclusivamente a afirmaciones de Francisco, sin dialogar con la tradición teológica y magisterial previa. El mariológo recuerda que Lumen gentium optó por un método inteligente: acoger el vocabulario anterior sin absolutizarlo ni repudiarlo. En su opinión, la Nota del DDF hace precisamente lo contrario: estigmatiza algunas expresiones tradicionales sin ofrecer alternativas doctrinalmente más sólidas.

Preocupación ecuménica desproporcionada y pérdida de la “sobrietas” romana

Otro aspecto que Perrella destaca es la preocupación ecuménica, que considera legítima pero desproporcionada. A su juicio, la Nota sacrifica profundidad doctrinal para evitar tensiones con otras confesiones cristianas, algo que califica como “un paso en falso”. Añade que el texto peca de exceso de extensión y de falta de sobrietas, una nota distintiva del Magisterio romano tradicional.

Un argumento inconsistente: ¿explicaciones excesivas?

De manera especial, el teólogo se muestra crítico con el razonamiento del párrafo 22, donde el Dicasterio sostiene que un título que requiere demasiadas explicaciones catequéticas pierde su utilidad. Perrella considera que esta lógica es insostenible, pues con ese criterio también deberían abandonarse títulos esenciales como “Madre de Dios”, “Inmaculada” o “Madre de la Iglesia”, todos ellos necesitados de una extensa elaboración teológica. “Esa es precisamente la tarea de la teología y de la catequesis”, afirma.

La crisis doctrinal actual: María como clave para recuperar la fe completa

El mariológo advierte que el problema de fondo no es María, sino la propia crisis doctrinal contemporánea. “Hoy muchos ya no creen en la Trinidad, ni en la divinidad de Cristo”, señala. En ese contexto, la figura de María “es segunda pero no secundaria”, como recordaba Benedicto XVI, y su correcta comprensión ayudaría a recuperar la coherencia interna de la fe. Sin embargo, acusa al documento de ofrecer una visión “demasiado monofisita”, incapaz de sostener esa tarea.

Falta de especialistas en la elaboración del documento

Perrella lamenta también la ausencia de competencia especializada en la redacción de la Nota. A su juicio, un documento de esta naturaleza debería haber contado con expertos en mariología, dogmática y tradición magisterial. El resultado final, denuncia, no refleja el rigor que históricamente caracterizaba al Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

Crítica severa al uso de las nuevas normas sobre fenómenos sobrenaturales

El mariológo dedica una crítica especialmente contundente al párrafo 75, en el que la Nota remite a las nuevas normas del Dicasterio para el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales. Según él, estas normas —y la dependencia del nuevo documento respecto a ellas— diluyen el patrimonio doctrinal acumulado desde 1978 y rompen con la línea prudente, histórica y profunda que había guiado a la Iglesia hasta la reforma de la Curia impulsada por Francisco.
Tradición, sensus fidelium y devoción: claves que la Nota no recoge

Perrella concluye recordando que la mariología auténtica no nace de ocurrencias teóricas, sino de la Palabra de Dios, de la tradición viva de la Iglesia y del sensus fidelium, donde la devoción popular sigue revelando una sabiduría profunda. Señala que, durante dos milenios, el pueblo cristiano ha invocado a María con títulos ricos en significado teológico, como los de la Salve Regina, que expresan la espiritualidad e intuición del conjunto de los fieles. A su juicio, Mater Populi Fidelis no logra integrar esa riqueza y pierde así una oportunidad para fortalecer la fe del pueblo de Dios.


Dejamos a continuación la entrevista completa traducida al español:

Mater Populi Fidelis. Para muchos, es un documento inapropiado, dañino e inútil…

Sobre la cuestión de su inutilidad, discrepo. Todo es útil de algún modo, incluso un documento controvertido, porque provoca y sostiene el debate. En este caso concreto, la Nota doctrinal abre debates en teología y mariología, especialmente en lo que respecta a las distintas dimensiones implicadas. En ella aflora una perspectiva que interpreta la mariología en un sentido estrictamente cristológico. Pero hay poco, casi ningún espacio para las dimensiones eclesiológica y antropológica. Y las dimensiones trinitaria y simbólica están completamente ausentes. El documento debe, en cualquier caso, entenderse dentro de una perspectiva mucho más amplia.

¿Qué perspectiva?

Detrás de esta Nota, como sugiere el propio documento —y espero que los autores sean conscientes—, hay que considerar el párrafo 20, donde se aborda la postura del papa Francisco sobre el título de Corredentora. La cuestión de los títulos marianos ha estado siempre en la agenda: reaparece y luego se atenúa. Entonces, ¿qué puede decirse? En lo que respecta a los títulos relacionados con la cooperación de María, estos se convirtieron en objeto de reflexión renovada a partir de 1854 con la definición dogmática de la Inmaculada Concepción. Fue precisamente en el marco de la doctrina inmaculista donde se favorecieron interpretaciones más profundas del servicio o munus de María en la obra de la salvación, utilizando una variedad de términos. Algunos, en verdad, eran del todo inapropiados, como Redemptrix o Substitutrix de lo que es propio de Dios. Esto llevó a los teólogos y a los papas, desde León XIII hasta Pío XII, a comprender a la Inmaculada en la obra de la salvación tanto como fruto como misión: el fruto de la misericordia, la misión de María.

¿Qué faltaba, en su opinión, en aquella interpretación?

Ante todo, se pasaba por alto la dimensión creatural de María. Hoy ese aspecto está afortunadamente presente, aunque quizá de manera algo excesiva. En resumen, necesitamos un equilibrio que actualmente falta. En cuanto a la Nota doctrinal, mi opinión —después de leerla y releerla— es que se adhiere formalmente, aunque no siempre con acierto, a la enseñanza del Concilio Vaticano II, especialmente Lumen Gentium 60–62, retomados más tarde por Juan Pablo II en Redemptoris Mater, particularmente en los párrafos 40–42. Estos son hoy los pilares de la doctrina sobre la cooperatio de María. Personalmente, no soy partidario del título “Corredentora”, pero como teólogo no puedo dejar de tener en cuenta que también ha aparecido en el Magisterio posconciliar.

Juan Pablo II, de hecho, utilizó el título Corredentora siete veces. Y aunque —después de la Feria IV del antiguo Santo Oficio el 21 de febrero de 1996— ya no volvió a emplearlo, como señala la Nota, también es cierto que posteriormente utilizó expresiones equivalentes como Cooperadora del Redentor o Singular cooperadora en la Redención. ¿Qué puede decir sobre esto?

Todo cierto. Examinando específicamente el documento Mater Populi Fidelis, lo encuentro inconfundiblemente “franciscano”, en sentido bergogliano. El párrafo 21, que introduce el párrafo 22, recurre a tres afirmaciones del papa Francisco para explicar por qué el término Corredentora es “inapropiado” e “inútil”. Personalmente, yo nunca habría utilizado tales expresiones. Prefiero el enfoque inteligente de Lumen gentium, que tiene en cuenta el vocabulario previo: ni lo estigmatiza ni lo adopta. Además, tengo la impresión de que la Nota está dominada por la preocupación ecuménica. Y esto, creo, es un paso en falso. Dicha preocupación debe estar presente, por supuesto, pero no debe ser predominante. La prioridad debería ser el carácter pastoral de la doctrina. También encuentro la Nota excesivamente larga, en contraste con el Magisterio romano, tradicionalmente caracterizado por la sobrietas, es decir, la concisión.

Lo especialmente problemático es el siguiente pasaje del párrafo 22: “Cuando una expresión requiere muchas explicaciones repetidas para evitar que se desvíe de un sentido correcto, no sirve a la fe del Pueblo de Dios y se vuelve inútil”. Pero desde este punto de vista, títulos como Madre de Dios, Inmaculada o Madre de la Iglesia también parecerían inapropiados, puesto que ellos también requieren amplias explicaciones —tarea que, después de todo, corresponde a la teología y a la catequesis—. ¿No le parece?

Sin duda. La verdad es que estamos en la historia, pero no somos conscientes de ello. Esta desconexión ya era evidente desde el principio con el título Theotokos. Todo el alboroto en torno a los títulos es artificial, porque tienen un único fundamento: la Sagrada Escritura y lo que la Providencia divina, como enseñaba el padre Calabuig, quiso y designó ab aeterno para María. El documento —a pesar de ser amplio y expansivo— carece de memoria histórica. Y eso, por así decirlo, es una pobreza. Incluso el objetivo mismo del documento; es decir, llamar la atención sobre el papel de María en la obra de la salvación —expresado, además, de un modo excesivamente radical—, plantea dificultades. En efecto, deberíamos preguntarnos: ¿Cuál es hoy la preocupación urgente de la Iglesia en materia de fe? Hoy la gente ya no cree en la Trinidad; hay dudas sobre la divinidad y la identidad mesiánica de Cristo. Ahora bien, María es subsidiaria de todo esto. María, para usar una expresión querida por Benedicto XVI, “es segunda pero no secundaria”. Y la Nota, que yo describiría como “demasiado monofisita”, lamentablemente no ayuda a promover la comprensión integral y completa de la fe cristiana que se necesita. A mi juicio, el documento requería una consideración y una elaboración más cuidadosa, pero sobre todo debió ser preparado por personas competentes en la materia.

Al presentar Mater Populi Fidelis, el cardenal Fernández afirmó que ciertos títulos marianos son un tema que “ha causado preocupación a los papas recientes”. ¿Qué piensa de eso?

No me parece que los papas se hayan inquietado por tal cuestión. Su preocupación era algo muy distinto: la receptio inmediata de Lumen gentium y del Concilio. Seguimos viviendo bajo una recepción mítica del Vaticano II, cuyos documentos, lamentablemente, no son profundamente conocidos.

El párrafo n. 75 de la Nota se refiere a las nuevas Normas para Proceder en el Discernimiento de Presuntos Fenómenos Sobrenaturales, sobre las cuales usted ha sido abiertamente crítico. ¿Cuáles son sus razones?

Perdóneme el neologismo, pero ese párrafo es otra “poco preciosa” perla de la Nota. Y lo es precisamente por su estrecha conexión con las nuevas Normas publicadas por el Dicasterio en 2024. Siempre tuve en gran estima las Normas aprobadas por Pablo VI en 1978 y publicadas oficialmente en 2011. Particularmente aprecié el prefacio firmado por el entonces prefecto, cardenal William Levada. En su momento, habiendo sido consultado por la Congregación, animé firmemente a una revisión de las Normas de Pablo VI, pero desde la perspectiva de un sabio profundizamiento, no de un derroche del gran patrimonio retórico y conceptual de lenguaje, contenido y perspectivas.

¿Podría explicar más?

Para comprender las nuevas Normas y lo que ha surgido en estos dos años de prefectura del cardenal Fernández, hay que tener siempre ante los ojos la figura —siempre presente— del papa Francisco, especialmente su reforma de la Curia romana en Praedicate Evangelium. Esa constitución, que quebró todas las costumbres diplomáticas, políticas y operativas del Vaticano, también ha tenido impacto en la mariología y en la identidad mariana de la Iglesia. Con la reforma de la Curia, bajo Francisco, la Secretaría de Estado perdió su primacía y su papel de coordinación, mientras que el dicasterio principal pasó a ser el de Evangelización. Sin embargo, la primacía de la evangelización no puede prescindir de las palabras de Cristo, que no abolió ni la más pequeña letra de la Ley (cf. Mt 5,17-19). Este principio fundamental debería haber guiado —y debería seguir guiando— las declaraciones magisteriales con mayor prudencia, mayor respeto por la historia y por el presente en una perspectiva de futuro, y con cuidadosa atención a otras realidades. Esto también se aplica a la cuestión de los títulos marianos.

El documento también reflexiona sobre la devoción popular. Sin embargo, la devoción popular siempre ha tenido su propio lenguaje —el del corazón, el del sentimiento—. Un ejemplo notable es la variedad de títulos con los que, durante dos milenios, los fieles han invocado a María, Madre de Cristo y de la Iglesia. Piénsese, por ejemplo, en la antífona litúrgica Salve Regina, donde es invocada como Spes nostra y Advocata nostra…

Son títulos que pertenecen propiamente al Espíritu Santo, y sin embargo los atribuimos con razón a María en virtud del principio de analogía. Cuando considero la devoción popular y su lenguaje, recuerdo una espléndida conferencia que el entonces cardenal Ratzinger pronunció en el Marianum sobre la doble caracterización de la mariología y de la dimensión mariana de la Iglesia: a saber, la razón y el sentimiento. De ahí surge la pregunta crucial: ¿Cómo armonizar estas dos exigencias? Ese es el verdadero problema. Por desgracia, hay pocas personas bien preparadas en la Iglesia que puedan ayudar en este sentido. Y así, María continúa siendo explotada, como siempre, a la manera —si se me permite la imagen— de una trabajadora no remunerada. Si realmente queremos conocer a María, debemos hacerlo a través de la Palabra de Dios y del sensus fidelium en el camino de la Iglesia.