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viernes, 1 de mayo de 2026

Ashenden advierte de «la tentación perenne de ser amable en lugar de honesto» en la acogida a la arzobispa de Canterbury


Encuentro del Papa León XIV y la «arzobispesa» de Canterbury 


«Gestos que oscurecen la realidad»

El exobispo anglicano Gavin Ashenden, hoy laico católico y editor asociado de The Catholic Herald, cuestiona la efusiva acogida vaticana a Sarah Mullally y advierte que el ecumenismo no puede construirse sobre gestos que oscurecen la verdad doctrinal.

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Gavin Ashenden, exobispo anglicano convertido al catolicismo y editor asociado de The Catholic Herald, ha publicado en el National Catholic Register un análisis crítico de la reciente visita al Vaticano de Sarah Mullally, primera mujer en ocupar la sede de Canterbury.

Para Ashenden, la efusiva bienvenida del Papa León XIV a la jerarca anglicana plantea serias dudas sobre la coherencia eclesiológica del proceso ecuménico y sobre la aplicación de la doctrina católica relativa a la nulidad de las órdenes anglicanas. La percepción de gran parte de los conversos del anglicanismo al catolicismo es similar y son voces que ofrecen una perspectiva que merece la pena que sean escuchadas.
Un recibimiento que «excede la hospitalidad diplomática»

El analista, antiguo capellán de la difunta reina Isabel II y hoy laico católico, recoge los términos en que el vaticanista Edward Pentin describió el encuentro. Según Pentin, las cortesías dispensadas por las autoridades vaticanas «excedieron la hospitalidad diplomática e incluyeron gestos cargados de significado eclesial»: una audiencia privada con León XIV y la oportunidad, inédita para un arzobispo de Canterbury de visita, de impartir una bendición en la Capilla Clementina de la Basílica de San Pedro, lugar descrito por el periodista como «el sitio mismo del martirio de San Pedro y, por tanto, un espacio donde la sucesión apostólica se concentra visual y espiritualmente».

A juicio de Ashenden, estos gestos no son neutros. Sostiene que la jerarquía católica, al acoger «con tanto fervor» a Mullally, ha mostrado escasa sensibilidad tanto hacia su propio juicio sobre la validez de las órdenes anglicanas como hacia las posiciones doctrinales de la nueva arzobispa. El recibimiento, advierte, supone un agravio particular para los conversos del anglicanismo al catolicismo, que dieron ese paso «por convicción de la falta de integridad de las órdenes anglicanas y del peligro de su heterodoxia ética».

La trayectoria de Sarah Mullally

El análisis dedica una parte sustancial a perfilar a la jerarca anglicana. Ashenden, apoyándose en la reseña que el comentarista episcopaliano George Conger ha hecho de la biografía escrita por Andrew Atherstone, sostiene que Mullally ha recorrido un itinerario que la ha llevado «de la claridad evangélica conservadora al liberalismo progresista de moda» o, en términos teológicos, «de la ortodoxia bíblica protestante al deísmo terapéutico».

Para el autor, ese recorrido explica la rapidez de la promoción eclesiástica de Mullally. Argumenta que en la Iglesia de Inglaterra los evangélicos conservadores son percibidos como «un estorbo teológico, cultural y político» por el establishment, y que alcanzar mayores responsabilidades exige, en su lectura, evolucionar hacia «un agnosticismo políticamente sofisticado con conciencia social» y, con frecuencia, con inclinación política socialista.

Ashenden no afirma que Mullally renunciara deliberadamente a su ortodoxia por ambición secular ―reconoce que «no conocemos la respuesta»―, pero formula la pregunta a partir de la trayectoria pública: una carrera previa en enfermería que la llevó a dirigir la burocracia que supervisaba la profesión en el Reino Unido, seguida de una promoción eclesiástica notablemente acelerada.
Aborto y uniones del mismo sexo

El comentarista subraya las dos posiciones doctrinales que, a su juicio, sitúan a Mullally «en el extremo más alejado de la heterodoxia progresista». Según Ashenden, la arzobispa ha defendido el aborto como «preferencia ética» dentro de la legitimación de la agenda feminista y ha apoyado la bendición de uniones entre personas del mismo sexo, en contradicción con la enseñanza tradicional sobre el matrimonio, el sexo y la identidad.

«La Iglesia católica goza de una reputación de claridad tanto en el aborto como en la naturaleza del matrimonio», escribe Ashenden, «y no se hace ningún favor a sí misma cuando recibe a clérigos de otras confesiones que encarnan preferencias heterodoxas como si tal claridad no importase».

Apostolicae Curae y la cuestión de las órdenes anglicanas

El núcleo eclesiológico de la crítica remite a Apostolicae Curae, la bula del Papa León XIII que declaró nulas e írritas las órdenes anglicanas. Ashenden recuerda que aquel documento dejó claro «por qué las órdenes anglicanas eran nulas e inválidas y por qué siempre lo habían sido», reconociendo a la vez que tal nulidad respondía «a la intención original y deliberada del ordinal anglicano y de la eclesiología politizada de los siglos XVI y XVII».

El hecho, prosigue, de que los anglicanos hayan modificado posteriormente su parecer y busquen «cierto grado de legitimidad por parte de la Iglesia Madre con la que están en cisma no cambia la historia ni sus credenciales».

Verdad frente a cortesía

La parte final del comentario articula el argumento teológico de la crítica: la oposición entre «ser amable» y «ser veraz». Ashenden recuerda que, en el sacramento de la reconciliación, la precondición es que el penitente reconozca la verdad sobre sí mismo. «Resulta extraño», escribe, «que una regla que se aplica con tanta evidencia a la penitencia individual quede suspendida o incluso invertida en el plano institucional o corporativo».

A continuación enumera lo que, en su lectura, sigue separando hoy a la comunión anglicana de la Iglesia católica: los formularios anglicanos «todavía repudian la Misa, todavía repudian la autoridad del Obispo de Roma y todavía repudian el purgatorio y un cierto número de concilios ecuménicos». A ello suma, en clave histórica, la responsabilidad de Inglaterra en «la destrucción de la cultura católica» y la confiscación estatal de los bienes eclesiásticos.

Para Ashenden, el ecumenismo solo puede tener integridad si se construye «no sobre gestos que oscurecen la realidad o suavizan la contradicción, sino sobre una sumisión compartida a la verdad que Cristo mismo encarna». Lo contrario, advierte, «corre el riesgo de convertirse en un teatro de sentimiento más que en una obra de reconciliación». Mientras la primera tarea ecuménica, que sugiere debería corresponder al «Patriarca de Occidente», no se aborde con esa exigencia, encuentros como el de Mullally con León XIV permanecerán, en su diagnóstico, «suspendidos entre la apariencia y la realidad, ofreciendo la forma de la unidad sin su sustancia».

P. Calvo Zarraute - La Arzobispa Mullally en el Vaticano, excomunion a la FSSPX y la pena de muerte



Duración 6:51 minutos

Mons. Bux pide al Vaticano una aclaración por los gestos hacia Mullally

 INFOVATICANA



Las recientes escenas protagonizadas durante la visita a Roma de Sarah Mullally, primada de la Comunión Anglicana, han suscitado una reacción crítica desde el ámbito teológico. El sacerdote y teólogo monseñor Nicola Bux ha advertido de una posible “confusión” entre los fieles a raíz de algunos gestos realizados en el Vaticano en presencia de la líder anglicana.

Según recoge el portal Stilum Curiae, Bux ha cuestionado especialmente la coherencia entre estos actos y la doctrina católica sobre el sacerdocio y la autoridad eclesial.

Una visita marcada por gestos polémicos

La presencia de la líder anglicana en distintos actos —desde su paso por la Capilla Clementina, junto a la tumba de San Pedro, hasta su participación en celebraciones en la iglesia de San Ignacio de Loyola— ha sido interpretada por algunos sectores como un signo de creciente cercanía ecuménica.

Sin embargo, las imágenes difundidas en estos días muestran a Mullally realizando gestos propios de la autoridad espiritual, como la impartición de bendiciones en presencia de fieles y de prelados católicos, lo que ha suscitado interrogantes sobre su significado en el contexto de la doctrina de la Iglesia.

Uno de los momentos más comentados tuvo lugar en la Capilla Clementina, donde, según las imágenes publicadas, monseñor Flavio Pace, secretario del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, se signó como si recibiera la bendición de la líder anglicana.


Una contradicción con la doctrina

Ante estos hechos, monseñor Bux ha planteado una objeción de fondo: la contradicción entre estos gestos y la enseñanza constante de la Iglesia sobre el sacerdocio.

El teólogo recuerda que la Iglesia católica no reconoce la ordenación sacerdotal de mujeres, lo que implica que los actos que simulan o evocan ese ministerio carecen de validez sacramental. En este sentido, considera problemático que tales gestos sean realizados en espacios católicos y en presencia de autoridades eclesiásticas.

A ello se suma, según su análisis, la propia situación dentro de la Comunión Anglicana, donde una parte significativa de sus miembros no reconoce la autoridad de Mullally como primada.

“Ignorancia o mala fe”: una cuestión que exige aclaración

En sus declaraciones, Bux se pregunta si quienes participaron en estos actos fueron conscientes de la gravedad de los gestos realizados o si, por el contrario, actuaron sin valorar sus implicaciones.

Más allá de la intención, advierte de que este tipo de situaciones tienen consecuencias reales: “escandalizan y confunden” a muchos católicos, especialmente cuando no se ofrece una explicación clara.

Por ello, considera necesario un pronunciamiento por parte de la Santa Sede que ayude a clarificar lo sucedido y evite interpretaciones erróneas sobre la naturaleza del sacerdocio y la autoridad en la Iglesia.

domingo, 26 de abril de 2026

Polémica «bendición» de Sarah Mullally en el Vaticano antes de su reunión con el Papa



La presencia de Sarah Mullally, responsable de la sede de Canterbury dentro de la Comunión Anglicana, en la Capilla Clementina —en la cripta de la Basílica de San Pedro— ha generado controversia tras difundirse imágenes en las que aparece realizando un gesto de bendición en uno de los lugares más próximos a la tumba del apóstol.

El episodio adquiere mayor relevancia porque Mullally tiene previsto reunirse el próximo lunes con León XIV, en un encuentro que ya estaba programado y que ahora queda precedido por este gesto de fuerte carga simbólica.

La Comunión Anglicana atraviesa desde hace años una fractura interna profunda, derivada en gran parte de decisiones doctrinales como la ordenación de mujeres y otros cambios disciplinares. Estas decisiones han provocado la ruptura de la comunión entre distintas provincias anglicanas y la aparición de estructuras paralelas.

Desde el punto de vista doctrinal católico, la cuestión está definida de forma precisa desde el siglo XIX. La bula Apostolicae Curae de León XIII, en cuya elaboración tuvo un papel relevante el cardenal Merry del Val, declaró inválidas las órdenes anglicanas. El documento concluye que no existe sucesión apostólica válida en la Comunión Anglicana debido a defectos en la forma y en la intención de los ritos de ordenación tras la Reforma.

En este marco, los gestos que implican actos propios del ministerio sacerdotal en espacios litúrgicos católicos no pueden interpretarse como equivalentes a los de un ministro ordenado válidamente según la doctrina católica.

El episodio en la Capilla Clementina introduce así un elemento de confusión objetiva, al producirse en un lugar de máximo significado dentro de la Iglesia y en un contexto en el que la doctrina sobre el sacerdocio y la sucesión apostólica está claramente establecida. Este tipo de gestos no se corresponde con un ecumenismo basado en la claridad doctrinal, sino que diluye los límites que la propia Iglesia ha definido con precisión.

lunes, 3 de noviembre de 2025

La verdadera fuerza motriz detrás de Fiducia supplicans




¿Cuánto tiempo permanecerán en la Iglesia los católicos bautizados y los conversos?

Una búsqueda en Internet ofrece una larga lista de conversos notables al catolicismo. Muchos de ellos han contado cómo encontraron en las enseñanzas de la Iglesia católica una representación más plena de la verdad que la que hallaron en otras denominaciones cristianas o religiones. Varios conversos, como el padre Richard John Neuhaus y el vicepresidente JD Vance —quien comparó el aborto con el sacrificio de niños—, atribuyen su conversión en parte a la firme postura provida de la Iglesia católica.

Varios ministros que se convirtieron y fueron ordenados sacerdotes católicos —a menudo con esposa e hijos— no quisieron permanecer en una denominación pro-LGBTQ en la que debían rendir cuentas a un obispo gay o lesbiana. Por desgracia, tras convertirse, muchos ministros descubrieron que ahora ejercen el ministerio en diócesis bajo la supervisión de obispos homosexuales que, como el cardenal de Chicago Blase Cupich, el cardenal de Washington Robert McElroy, el obispo electo de Albany Mark O’Connell y otros obispos “de armario”, no tienen reparo en dar la comunión a políticos proabortistas.

Cuando el papa León XIV no se pronunció contra la intención del cardenal Blase Cupich de Chicago de honrar al senador proabortista Dick Durbin; cuando reconfirmó discretamente al cardenal Víctor Manuel “Tucho” Fernández como prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (dossier); cuando no abrogó Fiducia supplicans, que permite bendecir a parejas del mismo sexo, ni Traditionis custodes, que limita la misa tradicional en latín (TLM); y cuando no pidió perdón por la profanación de la basílica de San Pedro durante la peregrinación LGBTQ del 6 de septiembre de 2025 (antecedente), los conversos que habían valorado la adhesión de la Iglesia a las enseñanzas bíblicas provida y profamilia, y su negativa a adaptarse al zeitgeist, han empezado a cuestionar su conversión.

El problema es que, aunque las enseñanzas oficiales de la Iglesia sobre la inmoralidad y pecaminosidad del aborto y de la conducta homosexual no han cambiado —como sí ha ocurrido en la mayoría de las Iglesias protestantes históricas—, la praxis ministerial y la predicación del papa, así como de muchos obispos y sacerdotes, no parecen apoyar esas enseñanzas tradicionales. Esta percepción también quedó expresada en “The God of Dialogue Has No Creed” de Chris Jackson, quien escribió: «Las palabras permanecen en el pergamino, pero la práctica predica más alto. El papado moderno ha descubierto que no necesita revocar la doctrina; puede simplemente sobrevivirla».

La estrategia de Roma para subvertir la doctrina mediante la praxis, inadvertida para la mayoría de los católicos del Novus Ordo (NO) y de la misa tradicional (TLM), fue descubierta y expuesta por el académico de Cambridge y periodista de investigación afincado en Roma, el Dr. Jules Gomes. Él mostró cómo, aunque el papa León XIII declaró nulas e inválidas las órdenes anglicanas, León XIV y sus predecesores recientes han recurrido a gestos performativos para demostrar que no están de acuerdo con León XIII. En un artículo reciente titulado “Pope Leo’s Doublespeak on Whether Anglicans Have ‘Real’ Priests”, Gomes escribió con acierto:

«En 1966, Pablo VI tomó la mano derecha del arzobispo Michael Ramsey y colocó en el dedo del prelado anglicano su anillo episcopal de diamantes (contexto). Desde entonces, los papas han estado otorgando obsequios cargados de peso simbólico a los arzobispos de Canterbury. Juan Pablo II regaló una cruz pectoral al arzobispo Rowan Williams con motivo de su entronización. Juan Pablo II dio al arzobispo George Carey una copia del Codex Vaticanus del Nuevo Testamento. Francisco presentó un báculo al arzobispo Justin Welby, réplica del de san Gregorio Magno (el mismo Gregorio que envió a san Agustín de Canterbury como primer arzobispo a Inglaterra). Estos regalos van más allá de gestos diplomáticos; son semióticamente subversivos y actos de habla performativos (J. L. Austin). En primer lugar, su propósito es reconocer públicamente a los arzobispos de Canterbury como obispos válidos. En segundo lugar, están calibrados con astucia para defenestrar Apostolicae curae. El “teatro de guerrilla” (Amos Wilder) de los papas recientes ha sido un éxito rotundo. La bula de León XIII es ahora como un cañón sin balas. Los católicos tradicionalistas que quieren hacer retroceder el reloj pueden dispararla con pólvora, pero solo lograrán hacer fuertes explosiones sin balas para demoler el objetivo».

La mayoría de las Iglesias evangélicas, como aquellas que apoyaron a Charlie Kirk y su ministerio provida y profamilia, reconocen que la mayoría de gays y lesbianas creen que «los derechos LGBTQ y los derechos al aborto son inseparables». En consecuencia, estas Iglesias nunca bendecirían a parejas del mismo sexo ni permitirían que políticos proabortistas recibieran la sagrada comunión. En apoyo de las enseñanzas bíblicas, la Iglesia Luterana–Sínodo de Misuri, que cree en la Presencia Real de Cristo, negaría la comunión a un miembro si este, como Eduardo Peñalver, nuevo presidente de la Universidad de Georgetown, repudiara públicamente las enseñanzas de su Iglesia sobre la homosexualidad.

Lo que muchos no advierten es que la práctica de bendecir relaciones del mismo sexo no se originó en la comunidad LGBTQ. Los individuos y parejas gays, lesbianas y transgénero no estaban derribando las puertas de las rectorías y cancillerías católicas exigiendo que se bendijeran sus uniones. Fiducia supplicans fue concebida, más bien, por el papa Francisco, el cardenal “Tucho” Fernández y otros clérigos católicos “de armario” que querían que la comunidad católica aceptara la homosexualidad, como ya lo han hecho la mayoría de las Iglesias protestantes históricas. Para quienes llevamos décadas estudiando este asunto, como es mi caso, es evidente que este documento está impulsado por el deseo de clérigos católicos —ocultos y no ocultos— de obtener la aceptación por parte de los laicos de sus «relaciones» homosexuales clericales. Se ha pensado durante mucho tiempo, por ejemplo, que la jerarquía se niega a hablar con claridad llamando a los homosexuales a la conversión en materia de castidad por miedo a la feroz reacción del lobby LGBTQ —notoriamente agresivo— y a ser tildada de “homófoba”. En realidad, la razón del conspicuo silencio de la jerarquía es su propia conducta homosexual, que ahora desean solemnizar con una ceremonia eclesiástica espuria que equivale a buscar «una bendición para las ruedas pero no para la bicicleta».

Parece que Francisco y Fernández no anticiparon la fuerte reacción negativa del episcopado africano, similar a la de los líderes anglicanos africanos —incluida la Iglesia de Nigeria—, que rechazaron a la nueva arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, alegando diferencias teológicas, en particular sobre cuestiones como la ordenación de mujeres y las bendiciones de parejas del mismo sexo.

A diferencia del papa Francisco y del papa León XIV, ni el papa León X (1513–1521), que sufrió una fístula anal como resultado de demasiado sexo anal, ni Julio III (1540–1555), que compartía su lecho con Innocenzo Ciocchi del Monte —de 15 años—, a quien hizo cardenal a los 17, intentaron que los católicos aceptaran la conducta homosexual. León podrá afirmar que no está cambiando la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad, pero su negativa a laicizar a más de 160 obispos acusados de abusos sexuales y su falta de disciplina para con innumerables obispos culpables de encubrir abusos —principalmente contra varones jóvenes— llevan a concluir que está protegiendo a prelados homosexuales (incluidos muchos compatriotas que lo eligieron), igual que innumerables obispos homosexuales han estado encubriendo durante décadas a sus sacerdotes depredadores homosexuales. Sobre la magnitud del problema véase la lista global de obispos acusados.

Una razón por la que Francisco y León se han mostrado más vocales en su apoyo a los miembros de la comunidad LGBTQ es que, en este siglo —a diferencia del XVI—, la inmensa mayoría del clero católico sería homosexual; algunos hablan de “hasta un 80 %” (reseña del libro de Martel). Del mismo modo que cardenales, obispos y sacerdotes “de armario” que trabajan en la Curia romana fueron documentados frecuentando prostitutos en la zona de Roma Termini (ejemplo), también el clero homosexual católico de todo el mundo sigue los pasos de monseñor Jeffrey Burrill (caso) y de miles de clérigos sexualmente activos en Grindr (GrindrGate).

Con base en los nombramientos episcopales de León; su negativa a disciplinar a obispos culpables de abusos o de encubrirlos; sus represalias y el despido impugnado por Ricardo Coronado —el canonista que expuso su encubrimiento de abusos en su diócesis—; y varias otras acciones que no respaldan las enseñanzas de la Iglesia que llevaron a JD Vance y a otros a convertirse a la fe católica, uno no puede sino preguntarse si estos acontecimientos fueron vaticinados por el arzobispo Fulton Sheen cuando escribió:

«Como su religión será la hermandad del Hombre sin la paternidad de Dios, engañará incluso a los elegidos. Levantará una contriglesia que será el simio de la Iglesia, porque él, el Diablo, es el simio de Dios. Tendrá todas las notas y características de la Iglesia, pero al revés y vaciada de su contenido divino. Será un cuerpo místico del Anticristo que en todos los aspectos externos se parecerá al Cuerpo Místico de Cristo…»

El antiguo obispo anglicano de Rochester, Michael Nazir-Ali —convertido al catolicismo—, predijo recientemente que habrá una ola de conversiones anglicanas a la Iglesia católica por la elevación de Sarah Mullally a la sede de Canterbury. En su entrevista con OSV, Nazir-Ali ofrece generalidades vagas sin citar ni un solo nombre de clérigo anglicano que, según él, podría convertirse. Contrariamente a las especulaciones de Nazir-Ali, algunos clérigos anglicanos conversos con los que he hablado personalmente me han dicho que han regresado a la Comunión Anglicana Global precisamente porque León XIV no ha abrogado Fiducia supplicans, y la Iglesia de Roma se halla ahora en la misma situación que la Iglesia de Inglaterra en lo que respecta a las bendiciones de parejas homosexuales.

Si el papa León, prelados como el cardenal Cupich, sacerdotes como el padre James Martin y laicos como Eduardo Peñalver continúan defendiendo y proclamando impunemente posturas que no apoyan la doctrina católica fundada tanto en la Escritura como en la ley natural, cabe anticipar menos conversiones y más abandonos; quizá incluso de conversos como JD Vance, Candace Owens, Mark Wahlberg y otros.

Gene Thomas Gomulka —biografía— es defensor de víctimas de abusos sexuales, periodista de investigación, autor y guionista. Antiguo capitán (O6) capellán de la Marina de los EE. UU., profesor de seminario y director diocesano de Respeto a la Vida, Gomulka fue ordenado sacerdote para la diócesis de Altoona-Johnstown y posteriormente nombrado Prelado de Honor (Monseñor) por san Juan Pablo II.

jueves, 8 de junio de 2023

El placebo ecológico (Bruno Moreno)




Hace muchos años, viajando con un amigo por Europa con las mochilas al hombro, por casualidad vimos una iglesia anglicana. Llevábamos varias horas caminando por una ciudad belga u holandesa, ya no me acuerdo cuál, cuando me fijé en que, según el mapa, había una iglesia anglicana en un parque cercano. Decidimos acercarnos a echar un vistazo, intrigados por aquella herencia de Enrique VIII tan fuera de lugar en un parque de Flandes. Además, las iglesias anglicanas suelen ser bonitas.

Aquella iglesia anglicana en particular era fea con ganas y además estaba cerrada, así que el paseo fue en vano, pero allí vi algo que no he olvidado en todos estos años. Junto a la puerta había un panel de corcho informativo y en él lo único que ponía, el único mensaje que aquellos anglicanos se habían asegurado de transmitir incluso cuando el templo estaba cerrado, era una serie de consideraciones sobre lo importante que era reducir la huella de carbono y sobre las medidas que estaban tomando en ese sentido.

Lo que vino a mi mente en aquel momento, con un escalofrío, fue la terrible frase del Apocalipsis: tienes nombre de vivo, pero estás muerto. Daba igual que el anglicanismo aún contara con miles de iglesias y millones de fieles, estaba muerto y no lo sabía. No solo dejaba traslucir que había cambiado la fe por otra cosa, sino que presumía de ello. Era sal sosa, que no servía más que para tirarla a la calle y que los hombres la pisaran, como profetizó el Señor. Estaba en vías de extinción acelerada.

Recordando aquel día, me duele ver en nuestras parroquias católicas esos mismos cartelitos dedicados a la huella de carbono, que el cardenal relator del Sínodo afirma que limitar a 1,5 ºC el calentamiento es un “imperativo moral” o que Mons. Sorondo asegura que el calentamiento global es “parte del magisterio” de la Iglesia. Me duele ver que el Papa, supongo que con la mejor de las intenciones, habla de ecología a tiempo y a destiempo, ha escrito una encíclica sobre el tema inspirada en Leonardo Boff, afirma que existen pecados “contra la Madre tierra”, nos aseguró que el covid había sido causado por esos pecados y regaña a los “proselitistas” (sea lo que sea lo que quiere decir con eso) a la vez que presume de que “en el Vaticano, el plástico está prohibido” (de nuevo, sea lo que sea lo que quiere decir con eso, porque evidentemente la frase no es cierta). Cuando veo estas cosas, siento el mismo escalofrío que sentí hace tantos años junto a una iglesia anglicana.

No es que la ecología en sí misma sea mala. Al contrario, una sana preocupación razonable por no ensuciar innecesariamente es propia de toda persona decente, cristiana o no. Dicho eso, lo cierto es que la ecología tiene una relación con la fe de tercera categoría, como la tienen el deporte o la importancia de una alimentación equilibrada. Sobre todos esos temas se pueden decir unas pocas cosas desde la fe católica, pero eso es todo y no son cuestiones que ameriten una “conversión” ecológica, deportiva o nutricional. Esto es evidente para cualquiera con dos dedos de frente, pero si se precisa demostración, basta tener en cuenta que nuestro Señor Jesucristo, la Escritura y la Tradición prescindieron por completo de estos asuntos, excepto para anunciar, muy significativamente, que este mundo se va a terminar.

Hay que decir que la obsesión con el tema ecológico que se apoderó hace años de los anglicanos y se está apoderando hoy de la Iglesia Católica consiste en gran medida en desgana por la fe y deseos de cambiarla por otras causas, más del gusto del mundo y menos opuestas a sus planes. Cuanto menos fe y celo apostólico tiene un sacerdote, más le gusta hablar, según las épocas, de lucha de clases, libertad-igualdad-fraternidad, indigenismo, democracia o ecología. Uno sospecha que son tristes placebos para remediar un poco la sensación de vacío cuando se va perdiendo la fe.

¿De verdad no somos capaces de escarmentar en cabeza ajena, teniendo ante nosotros el anglicanismo agonizante? ¿No hay cosas mejores y más urgentes de las que ocuparnos? Especialmente en una época de apostasía masiva, en la que todos los clérigos (y los seglares también) deberían estar aterrorizados por el momento en que vuelva el Rey y pregunte dónde están los talentos que les confió.

En la Inglaterra del siglo XVI, el Mundo empujaba a plegarse a la nueva moda de los reyes absolutos que estaban por encima de la religión y la modificaban a su antojo. En nuestra época, tenemos nuestras propias modas, no menos mundanas. Y hoy, como entonces, son muchos los que las siguen y pocos los que permanecen fieles. Dios nos conceda a todos la fidelidad.
 
Bruno Moreno

martes, 19 de octubre de 2021

Por qué las conversiones son desalentadas



(Dwight Longenecker)- La noticia ha sido que el antiguo obispo anglicano de Rochester, el Dr. Michael Nazir Ali, ha sido recibido en la plena comunión con la Iglesia católica y el rumor es que fue disuadido de dar este paso no tanto por sus colegas anglicanos, sino por prelados católicos de muy alto rango.

Los conversos y aquellos que acompañan a conversos, como Marcus Grodi en The Coming Home Network, pueden dar testimonio de las muchas historias de conversos potenciales -especialmente clérigos- que llaman a la puerta de una parroquia católica local o de la residencia del obispo buscando ser admitidos en la Iglesia católica sólo para ser desalentados, descartados o incluso recibir burlas por su deseo.

Es probable que tengan que escuchar aquello de «Quédate donde estás y trabaja por el reino» o «Ya no hacemos eso». A los clérigos que desean ordenarse se les suele aplicar el «retraso romano» o simplemente se les rechaza como si los obispos católicos no supieran qué hacer con ellos. Los hombres que solicitan un orden religioso o el diaconado son, con demasiada frecuencia, simplemente ignorados o rechazados con un gesto avergonzado.

¿A qué se debe esto?

Hay varias razones, pero como dijo Belloc, “todo debate es un debate teológico”. La razón de fondo por la que se desanima a los conversos a dar el paso es porque los sacerdotes y obispos liberales simplemente no lo consideran necesario. Su actitud está condicionada por las cuatro cabezas de la hidra: el indiferentismo, el universalismo, el falso ecumenismo y el DMT.

El indiferentismo en religión es la actitud de quienes piensan que las diferentes denominaciones no tienen real importancia. Lo único que importa es cuánto amas a Jesús. Detrás del indiferentismo está el odio moderno hacia el dogma. “¡El dogma divide, ¿aún no te has dado cuenta?!”. Que un clérigo protestante se sienta atraído por la fe católica precisamente por sus dogmas es una incomodidad para el típico obispo o sacerdote católico liberal. Es una forma de mal gusto eclesiástico. Se supone que el cristiano moderno (católicos incluidos) es pastoral. Los dogmas nunca se niegan. Simplemente se ignoran.

El universalismo es una de las cabezas de la hidra relacionada con el indiferentismo. Es la opinión de que, al final, todos nos salvaremos. “No hace falta que te conviertas a la fe católica. Estás bien donde estás. Lo conseguirás. No te preocupes. Cristo murió por TODOS. ¡Todos son bienvenidos!”, repiten los sacerdotes o prelados católicos liberales. Y cuando no llegan tan lejos, sostienen esa opinión como cierta respecto de los “hermanos separados”. Están bautizados. Aman a Jesús. Siguen su camino. Dejémoslos en paz.

El falso ecumenismo es la creencia sincera de que cualquier nuevo esfuerzo ecuménico es una pérdida de tiempo. Es una pérdida de tiempo porque el trabajo ya está hecho. Está terminado. Todos somos uno en nuestro bautismo compartido. Por eso se anima a los protestantes a comulgar en la misa católica y se resta importancia a la evangelización y a la conversión, y por eso los líderes católicos de América Latina (por ejemplo) se despreocupan del gran número de católicos que desertan hacia las sectas evangélicas. Vinculado al falso ecumenismo está el «diálogo» interreligioso, que es indiferentismo y universalismo en sentido amplio. Así oímos hablar del obispo «misionero» de Sudamérica que se jacta de no haber bautizado a nadie durante décadas. ¿Y por qué no? Porque ya están bien como están. La religión de la naturaleza, el animismo, el politeísmo -lo que sea- de los indígenas es suficiente -o tal vez incluso superior al catolicismo.

Finalmente, las conversiones son desalentadas por el veneno generalizado del DMT: Deísmo Moralista Terapéutico. Esta horrible parodia de la fe cristiana reduce la religión sobrenatural a moralismo, terapia y deísmo. En otras palabras, hace que el cristianismo no sea más que un sistema de buenas obras (reglas para ser respetable) combinado con una terapia (“Dios te ayudará a superar tus adicciones, te ayudará a arreglar tu matrimonio problemático, a rescatar a tus terribles adolescentes, etc.”) y con un vago deísmo («Dios existe, pero está al otro lado de las nubes echándose una siesta”).

Todo esto crea en la mentalidad del clérigo católico liberal una actitud que desalienta la conversión porque realmente no cree que ésta sea ni necesaria ni útil.
Esta es una de las razones del desastroso declinar de la Iglesia en Occidente. En términos de oferta y demanda, el clérigo liberal elimina la demanda, lo que hace que cualquier necesidad de oferta sea superflua.

sábado, 6 de julio de 2019

SOBRE NEWMAN (Capitán Ryder)


Pública hoy un artículo Luis Fernando Pérez Bustamante a cuenta de la canonización de Newman.
En concreto, las palabras de uno de los promotores de esta canonización, un tal Jack Valero, que parece ha dicho lo siguiente:
“La Iglesia Anglicana ha dicho que les alegra la canonización porque el Cardenal Newman vivió 44 años como anglicano, hizo muchas cosas por esta Iglesia, creció en el anglicanismo. Newman es una figura que une más a los católicos y anglicanos”.
Y añade la noticia:
De hecho, el Cardenal Newman era uno de los principales impulsores del llamado “Movimiento de Oxford”, que trata de demostrar que la Iglesia Anglicana desciende de los apóstoles. Algo que le hizo reflexionar de manera profunda sobre la Iglesia Católica y asumir una postura cada vez más cercana a Roma y que le llevó a convertirse.
Añade, a su vez, Luis Fernando:
Bien, pues para empezar, cuando Newman se convirtió al catolicismo dejó de considerar Iglesia -con sucesión apostólica válida- a la comunión eclesial anglicana. O sea, exactamente lo contrario de lo que pretendía el Movimiento de Oxford
Para continuar, dejó escrito que tenía la convicción de que si seguía siendo anglicano, se condenaría. O sea, aceptó el dogma “Extra ecclesiam, nulla salus”
Hasta aquí el artículo de Luis Fernando. Ahora, un comentario acerca del tal Jack, destripador de La Verdad, Valero.
Sólo hay tres posibilidades sobre sus palabras:
  • No conoce la vida de Newman.
  • Es un sinvergüenza.
  • Tiene la Fe tan deformada que es capaz de ver en la vida y las obras del inglés lo contrario de lo que exactamente fue.
Es probable que sea esta última, es lo que ocurre cuando vas por la vida con unas anteojeras puestas. En este caso, las anteojeras te hacen ver puentes, solidaridad y amor mutuo donde no lo hay. En la década de los 60 veían algunas de estas cosas con LSD. Habrá que preguntar qué drogas toma el catolicismo oficial.
Cualquiera que conozca la vida de Newman sabrá que pocos ejemplos hay más claros de lo que podríamos llamar un ANTI-PUENTE.
Su búsqueda de la Verdad le llevó a destruir, indirectamente, el movimiento de Oxford.
Pasó necesidad por el paso que dio. De niño bonito del anglicanismo a una religión que era considerada por la mayoría de los ingleses como extrajera y traidora a la patria. Alguno de los que lo conoció habla de la vestimenta que usaba, que le hacía parecer un auténtico menesteroso, tal era la necesidad que pasaba.
Una de sus hermanas le retiró la palabra y nunca pudo ver a sus sobrinos.
Podríamos seguir un par de días contando detalles de todos los conversos ingleses de aquella época. Sólo la deformación de la Fe realizada durante décadas puede hacerte que veas como negro lo que era blanco nuclear.
Respecto a lo que comenta la noticia, más de lo mismo, sólo que ahí sí se ve más mala leche. Escogidas cuidadosamente las palabras para no ofender a nadie, porque, efectivamente, como comenta Luis Fernando, esa búsqueda le llevó a la evidencia de que LA UNICA Iglesia que había fundado Jesucristo era la católica. A partir de ahí, sobraba todo lo demás.
Dice el Evangelio que “a los tibios los expulsaré de mi boca”. Pocas cosas más tibias que el catolicismo moderno empeñado en alcanzar La Gloria sin pisar una espina en el camino. Ese tránsito sólo puede conseguirse negando, una y cien veces, al Crucificado.
Con el tiempo estos santos serán molestos, salvo que se deforme su vida para servir a la mercancía que haya que vender en cada momento, lo que hace Jack y AciPrensa con Newman.
Capitán Ryder
Nota: Lo comentado sobre la vida de Newman es extensible, como he dicho, a todos los conversos ingleses de esos años. Algún día comentaremos algunas cosillas sobre el Jesuita-poeta Gerard Manley Hopkins, monseñor Benson y otros. Ninguno de ellos eligió el camino ancho, e hicieron suyas las palabras de Jesús, pues no llevaron la paz a Inglaterra sino la espada, y llevaron la división hasta su propia casa, casi nada.
Sólo se les ocurrió hacer una cosa con el puente…¡BOOOOMMM!