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sábado, 6 de junio de 2026

El Papa invita a los jóvenes a cultivar el silencio, aceptar la vocación y a ser «chispa de una humanidad nueva»



La primera jornada de la visita de León XIV a España concluyó con una vigilia de oración junto a miles de jóvenes reunidos en la Plaza de Lima de Madrid. El encuentro, concebido como un acto que combinó música, testimonios, diálogo y oración, culminó con una adoración eucarística y la bendición impartida por el Pontífice con el Santísimo Sacramento.

Al dar la bienvenida al Papa, el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, presentó al Pontífice «el rostro de una Iglesia» formada por jóvenes llegados de distintos puntos de España. Inspirándose en el lema de la visita, «Alzad la mirada», afirmó que el encuentro buscaba ayudar a las nuevas generaciones a no quedar encerradas «en lo inmediato ni en la desesperanza» y a descubrir que Dios sigue llamando a cada persona.

Cobo recordó que entre los asistentes había jóvenes comprometidos en sus parroquias y movimientos, pero también otros marcados por la precariedad, la soledad, la experiencia migratoria o el sufrimiento personal. «Nos duele especialmente el sufrimiento de aquellos que han perdido la esperanza en la vida y ven el suicidio como salida», afirmó. El arzobispo pidió además al Papa que animara a la Iglesia española a construir «comunidades vivas que sostengan a los jóvenes», capaces de despertar preguntas vocacionales y abrir horizontes de misión.

Un diálogo abierto con los jóvenes

El encuentro continuó con un diálogo abierto entre León XIV y varios jóvenes, que formularon preguntas sobre la vocación, la vida cristiana, la experiencia misionera, el discernimiento espiritual y los desafíos que afrontan las nuevas generaciones.


DURACIÓN 27:26 MINUTOS



(1) Sabemos que San Agustín es muy importante para usted, pero ¿qué otros santos y qué otros referentes le han ayudado en su crecimiento como cristiano?

(2) Querría preguntarle ahora sobre sus años como misionero en Perú. ¿Qué recuerdo o qué experiencia guarda como un tesoro de estos años?

Bueno, en primer lugar: ¡un saludo a todos vosotros! Gracias por estar aquí y gracias por compartir la fe con toda Madrid y con toda España. Para la primera pregunta sobre algunos santos que han sido para mí referentes durante mi crecimiento y mi juventud, pero también como obispo y como Papa… Ya han mencionado a san Agustín —y sabemos todos que san Agustín es una figura muy importante para toda la Iglesia—, pero también he pensado en uno de los Padres de la Iglesia oriental que se llamaba san Juan Crisóstomo, su nombre significa “boca de oro”, un título que este Padre de la Iglesia mereció porque tenía una elocuencia muy hermosa. Antes de su bautismo, que tuvo lugar en el año 368 d.C, él estudiaba filosofía. Después se dedicó a la exégesis de la Sagrada Escritura, junto con otros jóvenes de Antioquía, su ciudad natal. Tras una experiencia como eremita, se entregó al servicio de la Iglesia como sacerdote y luego, como obispo. Y aquí aprovecho para decir a todos vosotros: ¡No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia! Pues Juan Crisóstomo, que llevaba en su corazón este amor por la Palabra de Dios, después de ser sacerdote y obispo, dio un testimonio muy grande, sobre todo con la coherencia de su vida. Si predicaba, era porque vivía ese mensaje. A mí personalmente me han impresionado especialmente sus catequesis, sus sermones, sus homilías y sus escritos que unen el amor por la verdad y la rectitud de su vida. Pero también tenía mucha valentía. No tenía miedo de hablar delante del Emperador, de decir cosas que eran a favor de la justicia y no sólo para complacer al otro. Era un hombre de palabra.

Otro santo que he pensado es santo Tomás de Villanueva, agustino, que fue llamado a convertirse, también, en pastor de la Iglesia. Era español. Estudió en la Universidad de Alcalá y, por su sabiduría, se ganó la estima del emperador Carlos V. Luego fue nombrado obispo de Valencia y emprendió una intensa obra de reforma de la Iglesia, sobre todo del clero, exhortando a sus hermanos a la perseverancia en la oración, en la vida de castidad y en la obediencia. Por su ardiente caridad es conocido hasta hoy como “el Obispo de los pobres”. Pues esta caridad me ha alentado en los momentos de prueba y en los momentos de servicio.

Otro compañero de camino es santo Toribio de Mogrovejo, también español. En el siglo XVI fue misionero en Perú, donde se dedicó con gran celo a la evangelización, estudiando las lenguas locales. Santo Toribio unió una intensa vida de oración al compromiso por la justicia, especialmente frente a los abusos y la corrupción de su época. Por eso, para mí es un modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres, en el nombre de Cristo.

Contemplando la vida de estos santos, como san Agustín, me dije a mí mismo: si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no? (cf. Confesiones, VIII, 27). Una pregunta que también os confío con gusto, invitándoos a escoger ejemplos de vida buena, que resulten atractivos tanto para vosotros como para los demás.

Pues, en cuanto a los años vividos en Perú, como misionero y luego como obispo, recuerdo sobre todo el testimonio de fe de la gente, marcada por muchas dificultades, pero llena de esperanza. Precisamente el encuentro con las heridas y también con las alegrías del pueblo me hizo crecer en el camino del seguimiento de Jesús. Mientras lo anunciaba, también yo era transformado por el Evangelio, transformado por la vida y la fe de estos pueblos, muchas veces materialmente muy pobres, pero ricos en la fe. Y experimentando esta fe en la palabra del Señor, he visto cómo la Palabra de Dios puede convertir el conflicto en paz. Puede ser fuente de reconciliación, de paz y de justicia.

(3) ¿Qué considera que nos ayudaría a reconocer la voz de Dios entre otras muchas voces?
(4) ¿Cómo podemos nosotros, también buscadores, acompañarlos en su proceso de descubrimiento de la belleza de la fe?

Primero, podemos hablar de cómo escuchar esta voz de Dios, cómo discernir si es verdaderamente Dios quien esta hablando u otra cosa, otra atracción, otra dificultad.

Para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos ante todo el silencio, ahí creo que es muy importante que cada uno de nosotros busque desarrollar la capacidad de estar en silencio. Muchas veces vamos con audífonos, vamos con la música, vamos con la distracción y no sabemos estar en silencio. Creo que muchas veces es precisamente en esta experiencia de silencio donde Dios puede hablarnos o donde podemos discernir la voz de Dios. Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer. Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece. Aquí también quisiera subrayar la importancia de buscar la verdad, porque muchas voces, muchas cosas en las redes nos engañan y nos cuentan mentiras. ¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad! ¡No lo olvidéis!

En segundo lugar, tened la certeza de que Dios conoce bien tu voz, vuestra voz: Él os escucha y os responderá. No tengáis miedo de expresar lo que sentís en el corazón. Hay un Salmo que dice: «El que hizo el oído, ¿no va a oír?» (Sal 94,9). Nuestro discurso interior se convierte en oración, alabanza y súplica cuando es confiado al único que puede escucharlo. La oración es una voz libre justamente porque no habla para rendir cuentas, para demostrar que estamos preparados o para hacernos sentir importantes. Cuando nosotros mismos nos convertimos en oración, el Señor nos responde con su Verbo, que se hizo hombre por nosotros, afirmando que nos ama con todo su ser.

En tercer lugar, para reconocer la voz de Dios es necesario escuchar la Palabra. La Palabra de Dios está viva, porque es Cristo, cuya voz sigue resonando en la Iglesia que es su Cuerpo. Él cumple todas las Escrituras, ese testamento antiguo y nuevo dado a los hombres como promesa de salvación. También la adoración eucarística, que esta noche compartimos, es precisamente el lugar adecuado para guardar silencio, liberar el corazón y “estar” nosotros mismos ante el Señor, dialogando con Él, de modo que se haga elocuente en su amor, hecho alimento para toda la humanidad.

Además, queridos jóvenes, para acompañar a otros a descubrir la belleza de nuestra fe, recordad que ninguno de nosotros nació siendo maestro y que, ante el Señor, todos somos discípulos. Compartid pues, vuestro camino espiritual, dando testimonio de él con coherencia de vida: la voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente, sobre todo en la hora del cansancio. En esto es importante ver que nadie esta solo creyendo en Jesús. ¡Mirad cuántos estáis aquí! Y así también, en comunidad, en los grupos de jóvenes, en la familia, podemos todos aprender lo que es la belleza de nuestra fe. Pues compartiendo vuestro camino espiritual la voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente. Él camina a nuestro paso e ilumina nuestro camino. Siguiendo el ejemplo del Maestro: así os invito a actuar, como pastores, educadores, como amigos. Si rezáis con amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. ¡Buscad todos en vuestros corazones este fuego del amor de Dios! Pues ahí está la presencia de Jesús, y la presencia cercana de Jesús se percibe incluso en los momentos de nuestras caídas, porque Jesús no nos abandona. También cuando nos convertimos en mano tendida, abrazo fraterno, cuando buscamos oportunidades para servir a los demás y cuando buscamos cómo tocar la vida del otro con sus heridas, en su tristeza, en sus dificultades. Ahí la fe en Jesucristo se hace viva, y ahí es donde Jesús nos ayudará a sostenernos mutuamente en el camino.

(5) ¿Cómo podemos vivir los jóvenes cristianos comprometidos con esta sociedad?
(6) ¿Cuál es la misión concreta que usted nos pide a los jóvenes de la Iglesia?

Bueno, ¡felicidades por tu matrimonio Fernando! Aquí también he visto a otras parejas que se van a casar: ¡Felicidades y bendiciones! Porque, si antes dije “no tengáis miedo de pensar en una vocación”, el matrimonio también es una vocación ¡No tengáis miedo del matrimonio y de formar una familia!

A lo largo de los siglos de historia de la Iglesia, los cristianos hemos vivido en todo tipo de sociedades, atravesando los cambios de las culturas que hemos compartido y contribuido a formar. Hay un texto antiguo, se llama la Carta a Diogneto, que nos ofrece al respecto una hermosa intuición: «los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo» (VI). Este es nuestro modo de vivir: los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo! Y Cristo nos ha liberado con su amor. Gracias a este amor, somos siempre libres frente a toda coacción y engaño. Somos libres de las modas, porque somos discípulos de la verdad; estamos abiertos al futuro, porque sabemos que no nos espera la muerte. Al contrario, el sentido de la historia culmina en la eterna comunión de vida que Dios prepara para todos. Desde esta perspectiva, sobre todo vosotros, jóvenes, estáis llamados a dar una nueva dirección a la sociedad, convirtiéndoos en protagonistas del cambio a partir de vuestros vínculos cotidianos, aquello que vivís en la familia, en la universidad y en el trabajo. Viéndoos, queridos jóvenes, llenos de este entusiasmo motivado por la fe, me ilusiona pensar en la capacidad que tenéis de testimoniar a Cristo en el mundo, incluida la realidad digital, para comunicar los valores y la belleza del Evangelio (cf. Christus vivit, 105; Saludo en el Jubileo de los misioneros digitales, 29 julio 2025).

Os invito, por tanto, a todos, a ser juntos sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13). Para vivir así, es necesario ante todo interpretar la sociedad presente, viviendo con sabiduría, para poder después transformarla como testigos del Evangelio. El joven cristiano, en efecto, se vuelve luminoso tanto en la alegría como en la prueba, dando sabor a la realidad porque la habita como una persona que disfruta de la vida en su interior, sin esperar que el gusto se lo den la riqueza, el placer o el poder. Esta es nuestra libertad, que tiene su fuente en la fe, que es capaz de dar luz y buen sabor a toda sociedad, a toda experiencia humana. En cambio, cuando la vida no sabe a nada, es como si nos fuera arrebatada: ya no la sentimos nuestra. Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva.

Y entonces, quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo. Cultivando este compromiso, mirad a los Apóstoles, a los primeros cristianos, habitantes de un mundo pagano. Siguiendo su ejemplo, sed misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo, sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad (cf. Ga 5,6). Ésta, queridos jóvenes, es la virtud que cambia la historia más que ninguna otra. ¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor! Muchas gracias.
La adoración eucarística cerró el encuentro

viernes, 12 de julio de 2019

La joven generación, menos ‘tolerante’ con los LGTBI (Carlos Esteban)



Con pocas semanas de distancia han coincidido en prensa la aparición de dos estudios, uno británico y otro americano, cuyas conclusiones alarman a los comentaristas: el apoyo a la causa LGTBI, que no ha hecho más que crecer en las últimas décadas, muestra un parón cuando se consulta a la generación más joven.

El apoyo a la causa gay y sus derivados, que no ha hecho otra cosa que universalizarse socialmente en nuestro entorno desde que irrumpiera en la arena pública a finales del pasado siglo, muestra indicios de ralentizarse e incluso reducirse entre quienes se presume que son el sector más abierto y tolerante de la población: los más jóvenes.

El primer estudio, encargado por el grupo norteamericano defensor de los derechos de los LGTBI GLAAD a la empresa The Harris Poll fue hecho público a finales del mes pasado, y muestra que el número de americanos entre 18 y 34 que se sienten cómodos interactuando con gente LGBTQ cayó del 53% en 2017 al 45% en 2018, el único grupo de edad que muestra un declive, según el estudio anual de Aceleración de la Aceptación. Y cae, sobre todo, con respecto al 63% en 2016.

El segundo estudio, británico, revela que la aceptación de la homosexualidad activa podría haber tocado su techo, ya que la proporción de personas que dicen sentirse completamente cómodas con las relaciones sexuales entre hombres o entre mujeres ha caído por primera vez en más de tres décadas en Gran Bretaña.

Se trata en este caso de un informe parte del estudio de Actitudes Sociales Británicas (BSA), hecho público esta misma semana, en el que se explicita que el país ha alcanzado la cota máxima de aceptación y la está dejando atrás. De las personas consultadas, dos tercios dijeron que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo “no son nada malo en absoluto”, una opinión que el año pasado defendía un 68%, la primera caída desde 1987.

En el caso británico es fácil achacar parte de esa caída a la cambiante fisonomía demográfica de las islas, en las que aumenta desproporcionadamente una población de origen extranjero, en muchas ocasiones con una visión de la sexualidad marcadamente distinta de la que impera ya en nuestras sociedades.

No así en el caso americano, en el que además se insiste en esa paradoja de que sean los más jóvenes, tradicionalmente más abiertos a las novedades, quienes muestren una mayor inclinación hacia posturas consideradas ampliamente como “felizmente superadas”.


Carlos Esteban

lunes, 8 de abril de 2019

El significado de la vida (Cardenal Carlo Caffarra)



Es un joven […] el que le plantea a Jesús la pregunta: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?» (Mt 19, 16). 
Es la pregunta fundamental, porque es la pregunta llena de significado para la vida. Expresa la aspiración más profunda del corazón del hombre y está en el origen de cada decisión y acción humana; es la fuerza secreta que mueve nuestra libertad. 

Es la aspiración a una vida llena de sentido, que no pierde nunca las razones que hacen que vivir sea hermoso, incluso cuando la vida diaria, con frecuencia, es dura

Es necesario que [cada uno] se dirija plenamente a Cristo para hacerle la pregunta: “¿Qué tengo que hacer para no ver nunca la muerte?”. Y esperar Su respuesta, porque sólo Él puede daros la respuesta que es totalmente verdad, porque sólo Él conoce vuestro corazón. 

Cristo, esta noche, os dice a cada uno de vosotros: “Si tú observas mi palabra, no verás nunca la muerte”. ¿Qué significa “si tú observas mi palabra”? 

Significa vivir como vivió Cristo. Vivir significa pensar: observar la palabra de Cristo significa pensar como pensaba Cristo. Vivir significa desear: observar la palabra de Cristo significa tener los mismos deseos/sentimientos que estuvieron en Cristo Jesús. Vivir significa decidir: observar la palabra de Cristo significa decidir/elegir según los criterios que fueron los de Cristo. 

En una palabra: observar la palabra de Cristo significa dar cada día que pasa más espacio en la propia vida a la presencia de Cristo

Si te encauzas siguiendo el sentido de la vida y de las cosas que nos han sido reveladas en Cristo, nunca verás la muerte. ¿Por qué quien vive así no verá nunca la muerte? Y, antes de esto, ¿qué significa “no ver la muerte”? Desde luego, no significa evitar la muerte física. Pero ésta no nos separa de Cristo porque, a partir de ahora, quien observa su palabra participa en la vida misma de Dios. Esta participación en su perfección se realiza después de la muerte; pero en la comunión con Cristo es ya, desde ahora, luz de verdad, fuente de significado para nuestra vida terrena, un saborear la plenitud ilimitada. 

Quien observa la palabra de Dios nunca ve la muerte, sino que posee desde ahora la vida eterna, porque Cristo es la Vida eterna que se ha hecho visible, que se ha puesto a nuestra disposición: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11, 25). 

Entonces, queridísimos jóvenes, si os queréis comprender a vosotros mismos hasta el fondo, si queréis vivir sin disminuir la medida de vuestro deseo, tenéis que acercaros con todo vuestro ser a Cristo, abriros a su palabra, entrar en Él con todo vuestro ser para asimilar toda su plenitud. Entonces podréis decir con verdad plena: «Porque en ti está la fuente viva» (Sal 36, 10).

Caffarra, Cardenal Carlo. No anteponer nada a Cristo: Reflexiones y apuntes póstumos (Spanish Edition) . Homo Legens.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Young People Respond to Passionate Conviction Not to Bergoglio Catholicism


Duración 2:35 minutos

Without God, Christmas is just tinsel, Greg Sheridan, the foreign editor of The Weekend Australian wrote on December 22 in an article for the same newspaper. Sheridan notices that Western secularism keeps the tinsel but suppresses the religious significance of Christmas.

Sheridan appreciates the decision by the Chinese city of Langfang to abolish Christmas this year, and to make Chrismas decorations and celebrations illegal, because this suggests that the Chinese Communists may understand Christmas better than many Westerners. They have realized that they cannot control Christmas because it proposes a higher authority than the Communist party.

Sheridan explains that without religion, everything else about Christmas is just there to distract. Quote, «You cannot come to any meaningful encounter with Christmas without comprehending its supernatural, transcendent, religious claims.» And, «deny Christmas altogether, accept it with all its mystery, or ignore it.»

Could we emphasize all the social goods that came from Christianity, but leave out believing in God, Sheridan asks. His reply is no. Quote, «The social utilitarian view of religion can only appeal to older men. You cannot inspire young people on that basis that this story is untrue or false, but it’s full of merit.»

Sheridan’s conclusion: Young people respond to passionate conviction, integrity and idealism. And, «I found successful Christian movements across many denominations combine three qualities: clear and radical belief, strong leadership and worship that by its aesthetic beauty signals the moral beauty of the teachings.