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miércoles, 4 de marzo de 2026

La siniestra transformación del comunismo contra la fe



El mundo asiste hoy a una siniestra transformación del comunismo que amenaza con borrar los cimientos de la civilización cristiana. Tras la Guerra Fría, la memoria colectiva parece haber olvidado que las ideologías marxistas asesinaron a 61 millones de personas en la Unión Soviética. Hoy, el Partido Comunista Chino (PCCh) recoge ese testigo sangriento con 60 millones de asesinatos y una cifra escalofriante de 330 millones de abortos forzados. Esta maquinaria de muerte no solo ataca la libertad física, sino que busca aniquilar la dimensión espiritual del hombre. El comunismo es un sistema que odia a Dios y esclaviza la conciencia humana bajo un materialismo ateo y despiadado.

El genocidio silencioso y la guerra contra la persona

La sustracción de órganos y el desprecio por la dignidad

La matanza en China persiste bajo formas que desafían la imaginación más perversa. La comunidad de inteligencia alerta sobre un aumento exponencial en la sustracción forzada de órganos durante las últimas dos décadas. El régimen utiliza 93 hospitales militares estatales para ejecutar trasplantes que esconden, en realidad, asesinatos sistemáticos. Estiman que esta práctica horrenda ha provocado ya 3 millones de muertes. Este desprecio absoluto por la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, demuestra que el comunismo moderno es incompatible con cualquier valor ético o religioso.

El adoctrinamiento de una nación hipnotizada

China no practica un «comunismo light»; ejerce una opresión asesina y atea sobre 1.400 millones de ciudadanos. El régimen ha hipnotizado a su población mediante un adoctrinamiento feroz desde el nacimiento. Sus ciudadanos carecen de libertad de expresión y, lo que es peor, sufren un vacío espiritual impuesto. El PCCh busca que sus súbditos odien a Dios para que solo adoren al Estado. Esta guerra contra el Creador es la base de su sistema, pues saben que un hombre con fe es un hombre libre que no se arrodilla ante el tirano.

El control digital y el crédito social

La tecnología actual permite al comunismo implementar metodologías de rastreo que antes eran imposibles. Los sistemas de vigilancia biométrica, el almacenamiento de patrones de comportamiento y la venta de ADN como mercancía configuran lo que muchos llaman el «sistema de la bestia». El sistema de crédito social chino premia la sumisión y castiga la disidencia, eliminando la individualidad y la libertad religiosa. Este modelo de control totalitario ya no se limita a las fronteras chinas, sino que sus muros se ciernen peligrosamente sobre las democracias occidentales a través de la infiltración tecnológica.

La imitación china de la Unión Europea: el fin de la libertad occidental

El Euro Digital y el control financiero absoluto

Resulta alarmante observar cómo las instituciones de Bruselas adoptan, paso a paso, la metodología de restricción del Partido Comunista Chino. El proyecto del Euro Digital no es una simple modernización financiera, sino el instrumento definitivo para el control social. Al igual que el sistema de pago electrónico en China, esta divisa permitiría al Estado rastrear cada transacción, limitando la libertad de compra según el comportamiento del ciudadano. Si la UE logra imponer esta moneda programable, tendrá el poder de congelar los ahorros de quienes defiendan la familia natural o se opongan a las agendas globalistas, imitando el castigo financiero que el PCCh aplica a sus disidentes.

Persecución del disidente y censura digital

La persecución del disidente en suelo europeo ha dejado de ser una distopía para convertirse en una realidad legal. Bajo el pretexto de combatir el «discurso de odio», la Unión Europea implementa normativas de censura que recuerdan al Gran Cortafuegos chino. Estas leyes no buscan proteger al ciudadano, sino silenciar a quienes defienden la vida desde la concepción o la unidad de España. La vigilancia masiva de las redes sociales y la presión sobre las plataformas tecnológicas crean un entorno de autocensura donde la libertad de expresión agoniza. La UE, en su deriva autoritaria, etiqueta como «desinformación» cualquier verdad que contradiga el dogma oficial, estableciendo un sistema de pensamiento único propio de los regímenes maoístas.

El modelo de crédito social encubierto

El control poblacional en Europa avanza mediante un sistema de «crédito social» encubierto. A través de normativas climáticas restrictivas y certificados digitales de comportamiento, la UE condiciona el acceso a servicios básicos según la obediencia del individuo. Este rastro digital permite a la burocracia de Bruselas clasificar a los ciudadanos, beneficiando a los sumisos y marginando a los patriotas. Es una copia fiel de la tiranía atea china: un sistema donde la libertad es un privilegio otorgado por el Estado y no un derecho inherente al ser humano creado por Dios.
La Unión Europea ha decidido importar la tiranía de Pekín, transformando nuestras democracias en una cárcel digital donde la fe y la disidencia son tratadas como delitos.
El deber de resistir al mal

El avance del comunismo y su siniestra transformación en un ente globalista y tecnológico nos obliga a una resistencia firme. No podemos ser tibios frente a un aparato que es inalterablemente anticristiano. La victoria final pertenece a Dios, pero nuestra responsabilidad es proteger a nuestras familias y nuestra libertad de este embaucador que busca la oscuridad del alma humana.
El comunismo no busca solo el poder político, sino la aniquilación total de la creencia en Dios para sustituir al Creador por la tiranía absoluta del Estado.

P. Charles Murr: “En democracia, la mayoría acaba tragando con los principios masónicos liberales”





El P. Charles Murr es un prestigioso escritor, lingüista, educador, y narrador estadounidense. Trabajó estrechamente con el Cardenal Édouard Gagnon en la peligrosa misión que Pablo VI había encomendado a esta eminente figura: investigar la curia del Vaticano para descubrir la pertenencia a la masonería.

El periodista Javier Navascués le entrevista con motivo de su participación en el próximo Congreso de Luz de Trento, el próximo 14 de marzo en Madrid, en el que impartirá una conferencia sobre la infiltración masónica en la Iglesia. Por su interés reproducimos dicha entrevista.

¿Por qué La Masonería ha sido siempre considerada en la Apologética Católica como uno de los mayores peligros para el fiel y para las naciones?

Porque la Masonería en su esencia existe antes del comienzo de la Iglesia. Para ver su raíz hay que ir al jardín del Edén, la tentación diabólica de conocer más que Dios, el árbol del bien y del mal. Luego al principio del cristianismo tenemos el gnosticismo, un grupo de personas que tienen una sabiduría secreta, que la mayoría de seres humanos no pueden entender ni están invitados a conocer. Es para un grupo selecto. Esto atrae mucho al hombre, decirle que se tiene un conocimiento que ellos no pueden alcanzar. Y así todo el mundo lo quiere tener.

La atracción, casi mística, oculta de la Masonería es muy grande para muchas personas. Además estos conocimientos ocultos y secretos son para unos pocos iniciados. Estos conocimientos van radicalmente en contra de todos principios católicos que han regido en la Iglesia durante más de 2000 años. En definitiva, es una organización diabólica porque se basa en la primera tentación que dio el diablo a Eva, comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. En el fondo es una rebeldía profunda contra Dios, que el hombre decida lo que está bien y lo que está mal. Esta tentación para el hombre es más fuerte incluso que la tentación sexual, el ser como Dios, tener todo el poder.

Se habla de la Masonería como uno de los instrumentos de corrupción de costumbres más devastadores para una nación. ¿Cómo influye en la proliferación de los vicios y toda la degeneración de la sociedad?

La Iglesia, nuestra Madre, con todos los defectos de sus miembros, siempre ha trabajado para ennoblecer al hombre, para que la criatura sea llena de gracia. En cambio la Masonería existe precisamente para todo lo contrario, para despojar al hombre de toda su nobleza. La Masonería permite todo tipo de vicios y pecados sin ningún problema. Es una secta muy especial, pues sus miembros no viven según la moral. Además han echado a perder muchas generaciones con la promoción de la pornografía. Es un vicio que psicológicamente es muy difícil de erradicar, es el vicio más fuerte que existe hoy en día. A través de la adicción a la pornografía no solo toman el control del hombre de manera individual, sino también de manera colectiva. Así es mucho más fácil controlar a las naciones.

Incluso algunos católicos dicen que la Masonería no es un grupo tan poderoso e influyente, que sólo es un tema pasado y de conspiranoicos.

La prueba de que la Masonería tiene mucha influencia es que todas las naciones fueron infiltradas por los masones para promover la revolución y terminar con el orden cristiano. Esto se ve claramente en Europa desde la Revolución Francesa y en América. Ellos van a conquistar el poder y desde allí intentar inculcar sus ideas malvadas a todos los hombres. Están detrás de todos los gobiernos y de sus políticas contra la ley de Dios. Pensemos en el aborto, eutanasia, uniones contra natura, ideología de género…y toda la perversión actual.

Muchos Papas han hablado contra el peligro de la Masonería muy duramente…¿Puede poner algún ejemplo?

Ya el Papa Clemente XII condenó formalmente la masonería el 28 de abril de 1738 mediante la bula In eminenti apostolatus specula, marcando la primera prohibición oficial de la Iglesia Católica contra esta organización diabólica.

Y desde entonces han sido muchos Papas los que han condenado abiertamente la Masonería. La Humanum Genus de León XIII fue un documento muy importante de condena expresa a la Masonería. También otros Papas como Pío IX o San Pío X tienen enseñanzas muy claras al respecto. El propio Papa León XIII pagó con su propio dinero una profunda investigación sobre la Masonería.

¿Cuándo empezó la infiltración masónica en la Iglesia?

La Masonería en la Iglesia entró a través del Modernismo para destruir la ortodoxia de la religión católica. El modernismo, de origen protestante, penetró en la Iglesia aproximadamente en el año 1750. Lo más grave fue negar la divinidad de Cristo y negar la Sagrada Escritura. Niegan los milagros para negar que Cristo es Dios y lo reducen a un simple maestro. Por ejemplo dicen que el milagro de la multiplicación de los panes y los peces fue simplemente un milagro de generosidad. De repente todo el mundo se puso a compartir los alimentos que ya traían. Algo absurdo.

El protestantismo permite que cada persona interprete la Sagrada Escritura como quiera, sin ningún límite, ni dirección. Cada uno es su propio Papa. El subjetivismo protestante tuvo una nefasta influencia en muchos filósofos como Kant o Hegel…Este subjetivismo hace que la realidad sea como yo quiero que sea, lo más opuesto al realismo tomista. Por eso Santo Tomás de Aquino es tan odiado.

¿Cuándo empezó a tomar poder la Masonería en la Iglesia?

San Pío X tuvo una actitud noble para acabar con la Masonería en la Iglesia, pero no pudo hacer la limpieza que quiso porque la mayoría de masones se quedaron escondidos, bajaron la cabeza y se quedaron en silencio durante un tiempo. A raíz del Concilio Vaticano II se sintieron más libres para expresarse abusando del espíritu liberal de la época. Ahora lamentablemente la Masonería tomó el poder en la Iglesia y ya son mayoría. Ya a partir de los años 70 tenemos a un masón nombrando los obispos de la Iglesia.

No nombran obviamente a todos los obispos masones, pero sí en su mayoría liberales abiertos a los principios masónicos. Es más peligroso que lo de la Iglesia en China porque ahí se ve claramente al enemigo. Como dice Nuestro Señor, los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz. Aunque yo siempre digo que nadie va a vencer a Nuestro Señor Jesucristo. No hay nadie más fuerte que Dios y con el tiempo todo esto va a salir a la luz. Al final de todo ganará Cristo y su Iglesia. El Inmaculado Corazón de María triunfará. Hay que seguir luchando, resistir y quedarnos dentro de la Iglesia.

Una de las acciones más eficaces de la Masonería fue sacar a los fieles de la Iglesia. Esto lo ha hecho ridiculizando los sacramentos o promoviendo campañas sobre los abusos en la Iglesia, difundiendo la Leyenda Negra contra España y contra la Iglesia. Esto ha hecho mucho daño en toda América latina. Esta Leyenda Negra que empezó como un chisme, ahora ha llegado a los libros de texto de nuestros niños.

¿Cómo se ha extendido el espíritu de la masonería en el mundo?

El espíritu mundial de la Masonería se ha extendido a través del liberalismo. La mayoría de personas que viven en democracia acaban tragando con los principios masónicos liberales (masones sin mandil). Incluso los comunistas en China declaran que ellos son demócratas. O los comunistas de Rusia decían que ellos eran libres para votar, cuando había solo un candidato.

La Masonería no reconoce los derechos de Dios porque ellos no toleran que Dios sea más grande que el Estado y que haya que obedecer a Dios antes que a los hombres.

martes, 3 de marzo de 2026

El parto virginal de nuestra Señora (Bruno Moreno)




No nos merecemos la liturgia de la Iglesia. Es un arca del tesoro incomparable, de la que podríamos sacar lo viejo y lo nuevo, como dice el Evangelio. En cambio, lo habitual es que nos entre por un oído y salga por el otro, sin pena ni gloria y sin que nos enteremos de nada. ¡Qué desperdicio! Me atrevo a decir que, si meditásemos un poco los textos litúrgicos, podríamos saber más teología que la mitad de los que se dedican a enseñar esa materia en las universidades.

Veamos un ejemplo de hace un par de días. En estos tiempos recios en que vivimos, he perdido la cuenta de los supuestos expertos en teología a los que he oído criticar o negar el parto virginal de nuestra Señora, e incluso su virginidad en general, a pesar de que forma parte del credo (“nació de María Virgen”) y, por supuesto, de la Palabra de Dios.

Lo cierto es que la Iglesia ha enseñado siempre, como doctrina de fe, el parto virginal de nuestra Señora, que permaneció virgen antes, durante y después del parto, según la formulación clásica. Ya en el siglo segundo, la virginidad perpetua de María es mencionada en el llamado Protoevangelio de Santiago y la excepcionalidad de su parto en las Odas de Salomón o en la Ascensión de Isaías (todos ellos textos seudoepigráficos datados en los siglos I y II).

En el siglo IV, San Agustín diría, en sus Homilías, que “María fue virgen al concebir a su Hijo, virgen durante el embarazo, virgen durante el parto, virgen después del parto, virgen siempre”. San Jerónimo defendió la virginidad “después del parto” contra los herejes antidicomarianitas. También San Efrén, en Oriente, habla del parto sin dolor de la Virgen, porque de otro modo “no podría ser llamada bienaventurada” y compara la salida de Jesús del seno virginal con su entrada tras la resurrección en el cenáculo “con las puertas cerradas”. El credo de San Epifanio (a finales de ese mismo siglo IV) llamaba a nuestra Señora la “siempre virgen” (aeiparthenos en griego) y, en el año 553, el II Concilio de Constantinopla recogió dogmáticamente esa expresión: “la siempre virgen María, de la que nació el Verbo encarnado”. El Papa Horsmisdas enseñó que Cristo nació “sin menoscabar la virginidad de su madre”, en “un parto sin corrupción”.

Tiempo después, en el siglo XVI, El Papa Pablo IV acuñaría la fórmula clásica de “virgen antes del parto, en el parto y perpetuamente después del parto”. Se trata de una doctrina tan asentada en la Iglesia que incluso Lutero y Calvino, que habían abandonado tantas enseñanzas católicas, la mantuvieron al separarse de Roma.

También en los tiempos más recientes la Iglesia ha reafirmado estas verdades. El Concilio Vaticano II, en la Lumen Gentium, dice que el parto virginal de nuestra Señora, “lejos de menoscabar, consagró su integridad virginal”, y la Iglesia la honra como la “siempre virgen”. El credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI enseña que “creemos que María es la Madre, siempre Virgen, del Verbo Encarnado”. Lo mismo han recordado los papas posteriores.

Como hemos dicho antes, sin embargo, abundan los expertos “teólogos” que niegan la virginidad perpetua y el parto virginal. Para defender sus disparates contrarios a la fe católica, arguyen generalmente (y gnósticamente) que la virginidad es algo meramente “espiritual”, que lo que importa es la “actitud” de la Virgen y no la materialidad corporal de la virginidad. Nos da igual que la Virgen fuera realmente virgen o no, dicen, lo que importa es otra cosa. Al contrario, que el parto de María fuera exactamente igual que el de cualquier otra mujer hace que sea más cercana a nosotros.

Por supuesto, es patente que esa argumentación lo único que encierra es una radical incredulidad, que intenta eliminar todo aspecto sobrenatural del cristianismo porque sus defensores hace tiempo que ya no tienen fe. Conviene, sin embargo, que sepamos responder a esas alegaciones. ¿No importa nada la virginidad corporal de nuestra Señora? ¿Se trata, más bien, de una “actitud” interior? ¿María estaría más cerca de nosotros con un parto igual que todos los demás?

Por suerte para nosotros, la liturgia de la Iglesia nos lo explica en estos días de Navidad. La oración de la Liturgia de las Horas del viernes pasado (repetida en laudes, vísperas, la hora intermedia y el oficio de lecturas, para que penetre bien en nuestra mente), nos decía:


“Dios nuestro, que quisiste que en el parto de la santísima Virgen María la carne de tu Hijo no quedara sometida a la antigua sentencia dada al género humano, concédenos, ya que por el nacimiento de Cristo hemos entrado a participar de esta renovación de la creatura, que nos veamos libres del contagio de la antigua condición”.

Esta oración no tiene desperdicio y responde perfectamente a las capciosas argumentaciones de los pseudoteólogos que niegan la virginidad perpetua de nuestra Señora. En efecto, muestra que, lejos de ser algo sin importancia, la perpetua virginidad material, corporal y real de Santa María es una primicia de nuestra salvación. Es un anuncio que nos confirma que Dios puede salvarnos y nos va a salvar de la muerte y el pecado.

Tras el primer pecado, Dios, el sumo Juez, anuncia a la serpiente, al hombre y a la mujer la sentencia que va a caer sobre ellos. A la mujer le dice: Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Como enseña la Iglesia, esta no es la única consecuencia del pecado para las mujeres posteriores, sino que también perdieron (al igual que los hombres) los dones preternaturales del paraíso, su naturaleza buena quedó dañada e inclinada al mal, se rompió su relación con Dios y la muerte entró en el mundo. Todo eso, para las mujeres, queda resumido en el sufrimiento que conllevará desde entonces lo más profundo de la mujer, que es la maternidad: con dolor parirás los hijos, tantas serán tus fatigas como tus embarazos.

Por eso es inmensamente significativo que el parto de la Virgen sea sin dolor y virginal. El parto excepcional de nuestra Señora es una primicia de la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado, porque anula la condena de Eva. Es precisamente la sentencia para la mujer pecadora proclamada en el Génesis la que ya no tiene poder contra la Mujer totalmente santa, la Nueva Eva. En el parto virginal de María se nos anuncia nuestra propia salvación, se muestra ante nuestros ojos para que podamos tener fe. Si Dios ya anuló las consecuencias de la antigua condena para nuestra Señora, también puede anularlas para nosotros.

Lejos de no importarnos, la corporalidad de la virginidad consagrada de Santa María es prueba fehaciente de la resurrección corporal que Cristo nos ha prometido. Sabemos que Dios tiene poder para resucitarnos con un cuerpo glorioso porque ya ha demostrado ese poder no solo en la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sino también en el parto virginal de nuestra Señora.

En ese sentido, no es cierto que un parto “normal” haría que la Virgen estuviera más cerca de nosotros, porque lo que queremos no es que ella sea como nosotros, sino ser nosotros como ella. Solo así nos veremos libres del pecado y de sus consecuencias, de la muerte, el sufrimiento y el alejamiento de Dios. Ella es la criatura renovada, como dice la oración, que nos proclama que también nosotros podemos quedar libres del “contagio de la antigua condición”. En ella vemos lo que Dios quiere hacer con nosotros y lo que hará en nosotros, si le dejamos.

Todos los dogmas marianos nos ofrecen ese mismo anuncio de la salvación, de la creación renovada tras el daño del pecado de Adán y Eva. Las imágenes de la Inmaculada Concepción la representan pisoteando a la serpiente, porque el misterio que recuerda ese dogma es el cumplimiento de la sentencia contra el diablo: pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y el suya. Ella te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón. La virginidad perpetua y consagrada a Dios de Santa María supera la otra sentencia pronunciada sobre la mujer: sentirás atracción por tu marido y él te dominará. En la Asunción de la Virgen, se anuncia el fin de la condena de Adán: eres polvo y en polvo te convertirás. Finalmente, tanto el parto virginal de nuestra Señora como su concepción inmaculada muestran también que la victoria de Cristo va más allá del tiempo, porque ambas cosas sucedieron antes de la muerte de Cristo en la Cruz, pero como consecuencia de esa misma muerte redentora.

Cristo ha vencido al pecado y a la muerte y nos ha regalado el misterio del parto virginal de Santa María como prenda de esa victoria. ¿Cómo no vamos a alegrarnos de este misterio maravilloso de nuestra fe, que proclama el fin de la “antigua sentencia dada al género humano”? ¿Cómo vamos a dudar de él los que queremos vernos libres del “contagio de la antigua condición”? ¿Cómo nos va a dar igual a los que esperamos la resurrección gloriosa de nuestra carne mortal?

Bendito sea nuestro Señor y Salvador Jesucristo y bendita sea su Madre, siempre, siempre, siempre virgen.

Bruno Moreno