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martes, 17 de febrero de 2026

Otra opinión para salir, o permanecer, en la perplejidad



Hay muchas razones para la perplejidad. Solemos pasar rápido el problema de la crisis de la Iglesia, pero

PRIMERO, no nos detenemos lo suficiente en que la Iglesia de Roma está en estado de irregularidad doctrinal, al punto de que Bergoglio incluyó en las AAS (doctrina oficial) la interpretación de los obispos de Buenos Aires a AL. AL además sostiene que Dios puede querer una situación de pecado, lo que destruye la totalidad de la doctrina moral católica. También es doctrina oficial la bendición a los homosexuales y el documento de Abu Dabi. No se trata de papas adúlteros o simoníacos; son papas que en su magisterio ordinario enseñan el error. Se discute con la FSSPX el asentimiento de voluntad y de intelecto a los documentos del Vaticano II, pero tranquilamente se podría exigir asentimiento de voluntad e intelecto a los errores de Bergoglio, ¿y qué hacemos?

SEGUNDO, esta situación excepcional de la Iglesia, que más o menos se aparta en el Vaticano II de la doctrina de la confesionalidad en teoría del Estado y adopta como doctrina lo que antes era sólo hipótesis práctica, y luego se transmuta en aceptación de los presupuestos modernos liberales, pasando además por un ecumenismo que gradualmente termina con Bergoglio en el más crudo indiferentismo, ya dura 60 años. Esto tiene que llevar a revisar los alcances de la indefectibilidad de la Iglesia. Evidentemente, la indefectibilidad tiene contornos más ácidos de los que los ultramontanos del siglo XIX contemplaban.

TERCERO, los dos puntos anteriores llevan a legitimar la resistencia a las innovaciones. Nada nos puede obligar a aceptar la bendición de sodomitas, ni la comunión de adúlteros, ni la afirmación de que todas las religiones llevan a Dios, ni que Dios puede querer algo aunque sea malo porque es lo que se puede hacer. La resistencia en su faz negativa es legítima e incluso obligatoria para el fiel ortodoxo. Justamente, está en juego la indefectibilidad seular de la Iglesia en su más cabal sentido.

El problema se plantea con las acciones llamémoslas positivas o de no estricta resistencia, como ésta de ordenar obispos. Donde la conexión entre la crisis doctrinal de la Iglesia y la medida tomada tienen una relación mediata. Hay que hacer un loop para vincular ambos temas, dado que la resistencia por definición es restrictiva y no puede extenderse a obliterar las facultades de una autoridad legítima. 

La Fraternidad dirá que la relación es directa, que son necesarios si no de iure, sí de congrúo y en definitiva, un medio providencial para ¨sanar¨congruamente de nuevo, la situación de crisis. Otros no lo vemos así. 

Este es el dilema. Pero es un dilema, y no ayuda en nada banalizar la situación de irregularidad doctrinal de Roma, que es gravísima.

Ludovicus