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sábado, 24 de enero de 2026

Mons. Schneider acusa a Roche de distorsionar la historia para justificar Traditionis custodes

INFOVATICANA


El obispo auxiliar de Astana (Kazajistán), monseñor Athanasius Schneider ha respondido con una crítica severa al último informe litúrgico del cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, elaborado para el consistorio del 7-8 de enero en Roma. En una entrevista publicada por la periodista Diane Montagna, Schneider sostiene que el documento se apoya en “razonamiento manipulador” y llega a “distorsionar la evidencia histórica” para justificar la línea restrictiva de Traditionis custodes.

Les también: Revelan el documento de Roche sobre la liturgia

Un documento distribuido en el consistorio

El texto de Roche —dos páginas presentadas como una “cuidadosa reflexión teológica, histórica y pastoral”— se distribuyó entre los miembros del Colegio Cardenalicio durante el consistorio convocado por el papa León XIV. Aunque no se debatió formalmente por —debemos suponer— falta de tiempo, su circulación posterior generó un rechazo significativo al notarse la manipulación e intencionalidad en el discurso.

Schneider sitúa el problema en el terreno de la intención y del método. A su juicio, el informe “transmite la impresión de un claro prejuicio contra el rito romano tradicional y su uso actual” y parece impulsado por “una agenda orientada a denigrar esta forma litúrgica y, en última instancia, eliminarla de la vida eclesial”.

“Falta objetividad”: la acusación de fondo

El obispo denuncia que “el compromiso con la objetividad y la imparcialidad —marcado por la ausencia de sesgo y una preocupación genuina por la verdad— brilla por su ausencia”. En su lugar, afirma, el texto “emplea razonamiento manipulador e incluso distorsiona la evidencia histórica”.

Schneider resume la exigencia con un principio clásico que, según él, el informe incumple: sine ira et studio, es decir, un enfoque “sin ira ni celo partidista”.

Continuidad o ruptura: Benedicto XVI como referencia

En el núcleo de su respuesta, Schneider niega que la reforma litúrgica moderna pueda describirse sin más como desarrollo orgánico. Por eso cita a Benedicto XVI: “En la historia de la liturgia hay crecimiento y progreso, pero no ruptura”. Desde esa premisa sostiene que el Novus Ordo de 1970 se percibe como una ruptura con la tradición milenaria del rito romano.

“La Misa más fiel al Concilio fue el Ordo Missae de 1965”, recuerda Schneider, y añade que el orden de Misa presentado en 1967 a los padres sinodales —sustancialmente el mismo que se promulgaría después— habría sido rechazado por la mayoría por considerarlo demasiado “revolucionario”.

Ratzinger: “un tipo de prohibición” ajeno a la tradición

Asimismo, Schneider recurre a un testimonio de Joseph Ratzinger. Cita una carta de 1976 al profesor Wolfgang Waldstein, en la que el entonces teólogo denuncia con claridad:

“El problema del nuevo Misal radica en que se separa de esta historia continua —que progresó ininterrumpidamente tanto antes como después de Pío V— y crea un libro completamente nuevo, cuya aparición va acompañada de un tipo de prohibición de lo que existía anteriormente, algo totalmente ajeno a la historia del derecho y de la liturgia de la Iglesia.”

añade la conclusión de Ratzinger, decisiva para su argumento:

“Puedo afirmar con certeza que esto no era lo que se pretendía.”

Quo primum: “unidad no significa uniformidad”

Schneider también combate la lectura que Roche haría de Quo primum (san Pío V). Le reprocha una referencia selectiva que “distorsiona” el sentido del documento y recuerda que el texto permitía continuar legalmente variantes del rito romano con al menos doscientos años de uso ininterrumpido. De ahí su conclusión:

“La unidad no significa uniformidad, como lo atestigua la historia de la Iglesia.”

Pluralismo litúrgico: “manipulador y deshonesto”

El obispo rechaza la idea de que la pluralidad de formas litúrgicas “congele la división”. Sostiene que esa afirmación contradice la praxis bimilenaria de la Iglesia y la califica en términos explícitos:

“Tal afirmación es manipuladora y deshonesta, porque contradice (…) la práctica de dos mil años de la Iglesia.”

Schneider recuerda episodios históricos en los que la uniformidad impuesta no trajo unidad, sino heridas profundas y duraderas, y sostiene que la coexistencia pacífica de formas legítimas evitaría fracturas y permitiría una auténtica comunión.

¿“Concesión” sin promoción? Schneider apela a san Juan Pablo II

Otro de los puntos que rebate es la tesis de que el uso de los libros anteriores a la reforma fue una mera “concesión” sin intención de promoverlos. Schneider lo contradice apelando a la noción de pluriformidad y citando a san Juan Pablo II sobre el Misal de san Pío V:

“En el Misal Romano de san Pío V (…) hay oraciones muy hermosas (…) que revelan la sustancia misma de la liturgia.”

Para el obispo, este testimonio desmiente que se trate de una tolerancia incómoda: el rito antiguo posee un valor espiritual objetivo y forma parte de la vida litúrgica de la Iglesia.

Hacia junio: una vía para restaurar la paz litúrgica

Schneider mira al consistorio extraordinario previsto para finales de junio y sugiere que, ante la falta de formación litúrgica de muchos miembros de la jerarquía, el Papa podría apoyarse en expertos que aporten un análisis más sólido. Propone una salida clara: reconocer a la forma más antigua del rito romano la misma dignidad y derechos que a la forma ordinaria, mediante una medida pastoral amplia que ponga fin a interpretaciones casuísticas y a un trato de hecho discriminatorio hacia muchos fieles, especialmente jóvenes y familias jóvenes.

El cierre: “instrumentalizando el poder y la autoridad”

En el tramo final, Schneider endurece su diagnóstico y describe el documento de Roche como propio de una estructura envejecida que pretende sofocar la crítica, especialmente la que nace de las generaciones jóvenes. Lo expresa así:

“El documento del cardenal Roche es reminiscente de una lucha desesperada de una gerontocracia (…) cuya voz intenta silenciar mediante argumentos manipuladores y, en última instancia, instrumentalizando el poder y la autoridad.”

Frente a esa lógica, Schneider concluye que la autoridad en la Iglesia está ordenada a custodiar la Tradición, no a emplearse contra ella, y por eso reclama que la paz litúrgica se reconstruya sobre bases de continuidad, justicia y respeto.

martes, 31 de agosto de 2021

Michael Fiedrowicz en Traditionis Custodes. "Ni siquiera saben lo que se les ha quitado": "Es una reminiscencia de 1984 de George Orwell"

“Ni siquiera saben lo que se les ha quitado”
Prof. Dr. Michael Fiedrowicz


Tomo de Rorate Caeli , en nuestra traducción, un artículo del Prof. Dr. Michael Fiedrowicz, experto en historia y liturgia de la iglesia y autor de un excelente libro académico sobre la Misa antigua: " La Misa Tradicional: Historia, Forma y Teología de la Clásico del Rito Romano ”(Angelico Press, 2020). Este artículo apareció primero en el “ IK-Nachrichten ” de la asociación Pro Sancta Ecclesia y luego el 30 de agosto en CNA-Deutsch . El profesor Fiedrowicz enseña Patrología y Arqueología Cristiana en la Facultad de Teología de Trier, Cátedra de Historia de la Iglesia Antigua. Es sacerdote de la archidiócesis de Berlín. Aquí el índice de los precedentes y correlaciona.Lex orandi - lex credendi
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Cancelación, damnatio memoriae

El 16 de julio de 2021, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, se promulgó la Exhortación Apostólica en forma de Motu proprio Traditionis custodes sobre el uso de la liturgia romana antes de la reforma de 1970. 

El artículo 1 dice: "Los libros litúrgicos promulgados por los Papas San Pablo VI y San Juan Pablo II de conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II son la única expresión ( la única expresión ) de la lex orandi del rito romano ".

Para apreciar todas las implicaciones de esta disposición, es necesario saber que el término lex orandi - la ley o regla de la oración - es parte de una fórmula más amplia acuñada en el siglo quinto. El monje latino (galo) Prospero de Aquitania, entre 435 y 442, formuló el principio: "para que la regla de la oración determine la regla de la fe" ( ut legem credendi lex statuat supplicandi ). De fondo había una controversia teológica sobre la gracia. La pregunta era si el primer comienzo de la fe ( initium fidei) procedía también de la gracia de Dios o sólo de la decisión del hombre. Se refirió a la oración de intercesión y acción de gracias de la Iglesia, significativa para la doctrina de la gracia: "Pero tengamos también en cuenta los misterios de la oración sacerdotal, que, transmitida por los apóstoles, se ofrece solemnemente de manera uniforme en todo el mundo y en todo el mundo. toda la Iglesia Católica, de modo que la regla de la oración determina la regla de la fe "( indiculus8). Prospero luego enumera varias solicitudes hechas por la Iglesia en sus oraciones oficiales y deduce la necesidad de la gracia divina, ya que de lo contrario la solicitud y la acción de gracias de la Iglesia serían inútiles y sin sentido. Para Próspero, por tanto, la fe de la Iglesia se manifiesta en la oración de la Iglesia, de modo que la oración oficial de la Iglesia es la vara con la que se debe leer la fe de la Iglesia.

Su maestro, Agustín, ya había desarrollado la idea de que la oración de la Iglesia da testimonio de su fe y la hace reconocible. 

El principio lex orandi - lex credendi era ahora parte del entendimiento básico de la doctrina católica. La liturgia, como la Escritura y la Tradición, es un locus theologicus , un lugar de exposición, una fuente de conocimiento y un testimonio de lo que cree la Iglesia. El Papa Pío XII definió la liturgia como "un fiel reflejo de la doctrina transmitida por nuestros antepasados ​​y creída por el pueblo cristiano" (Carta encíclica Ad Coeli Reginam , 1954). Asimismo, subrayó, "la liturgia en su conjunto, por tanto, contiene la fe católica en la medida en que da testimonio público de la fe de la Iglesia" (Encíclica Mediator Dei , 1947).

¿La única expresión de todos los elementos del Rito Romano?

El Papa Francisco, sin embargo, define ahora, o más bien reduce, la liturgia del rito romano a lo expresado en los libros litúrgicos promulgados por Pablo VI y Juan Pablo II. Estos libros son "la única expresión de la lex orandi del rito romano". Si se toma el significado original [es decir, literalmente] de la terminología usada aquí, entonces la lex credendi - lo que se debe creer - también debe tomarse de esos libros solamente. ¿Pero es realmente cierto? ¿Son estos libros realmente los únicos suficientes para poder deducir de ellos la fe católica?

Ciertamente, la carta papal que acompaña al motu proprio sugiere que todos los elementos esenciales del rito romano antes de la reforma litúrgica también se encuentran en el misal de Pablo VI: "Quien desee celebrar con devoción según la forma litúrgica antecedente, encontrará difícil encontramos en el misal romano reformado según la mente del Concilio Vaticano II todos los elementos del rito romano, en particular el canon romano, que constituye uno de los elementos más característicos ”. 

Dejando de lado la experiencia de la práctica litúrgica, donde el Canon Romano casi nunca se usa en el Novus Ordo- ni en las funciones parroquiales, ni en las iglesias episcopales, ni en las liturgias papales - debemos preguntarnos si "todos los elementos del rito romano" se encuentran realmente en los nuevos libros litúrgicos. Sólo quienes consideren obsoleto mucho de lo que ha caracterizado el rito romano durante siglos y constituido su riqueza teológico-espiritual pueden responder afirmativamente a esta pregunta, como es evidentemente el caso del Papa Francisco.

Reforma litúrgica: damnatio memoriae

Esto incluiría cualquier cosa que haya sido erradicada por las fuerzas impulsoras de la reforma litúrgica, ya sea para acomodar a los protestantes en un esfuerzo ecuménico engañoso o para satisfacer la supuesta mentalidad del "hombre moderno".

Para citar algunos ejemplos: En la jerarquía litúrgica las fiestas de los santos fueron abolidas o degradadas. Las oraciones del ofertorio con la idea clara e inequívoca del sacrificio fueron reemplazadas por una oración de bendición en la mesa judía. El Dies Irae , la conmovedora representación del Juicio Final, ya no se toleraba en la Misa de Réquiem . Se ha omitido la advertencia del apóstol Pablo en la epístola del Jueves Santo de que quien comulga indignamente come y bebe su condenación (1 Corintios 11:27). Las Oraciones: esas "joyas más hermosas del tesoro litúrgico de la Iglesia" (Dom Gérard Calvet OSB), que se encuentran entre los componentes más antiguos de su herencia espiritual y están completamente imbuidas de dogma, constituyen prácticamente un 'en pocas palabras, expresando la fe católica de forma plena y concisa ... Sólo los discursos del rito clásico, de los que sólo una parte muy pequeña ha sido incorporada sin modificaciones en el Misal de Pablo VI, contienen y conservan numerosas ideas que han debilitado o desaparecido por completo en versiones posteriores modificadas, pero que pertenecen indisolublemente a la fe católica: desprendimiento de los bienes terrenales y nostalgia de lo eterno; la lucha contra la herejía y el cisma; la conversión de los no creyentes; la necesidad de volver a la Iglesia católica y a la verdad genuina; méritos, milagros, apariciones de los santos; la ira de Dios contra el pecado y la posibilidad de la condenación eterna. Todos estos aspectos están profundamente arraigados en el mensaje bíblico y han moldeado inequívocamente la piedad católica durante casi dos milenios.

Sin embargo, además de estos cambios directos en el propio rito romano, no deben olvidarse los otros aspectos concomitantes que revelan una concepción básica profundamente cambiada de la Santa Misa [una síntesis aquí ]: preciosos altares altos destruidos, reemplazados por tablas; vestimentas preciosas quemadas o vendidas; “ Tinnef y Trevira ” (M. Mosebach) hicieron su entrada, [1] el canto gregoriano y el latín sagrado fueron prohibidos en la liturgia

El enfoque de la reforma litúrgica recuerda en parte a la damnatio memoriae en la antigua Roma, el borrado de la memoria de gobernantes indeseados. Se borraron sus nombres en los arcos triunfales, se fusionaron las monedas con sus imágenes. Ya nada debería recordarnos. Todos los cambios que realmente ocurrieron en el curso de las reformas litúrgicas se asemejan inequívocamente a una damnatio memoriae , un borrado deliberado de la memoria de la liturgia católica tradicional. [ver los efectos subrayados de Michael Davies aquí ]

Paralelos en el siglo IV

En la historia de la Iglesia ha habido varias veces situaciones similares. A mediados del siglo IV se negó la divinidad de Cristo y la del Espíritu Santo: el Hijo y el Espíritu eran sólo criaturas de Dios. Los obispados y las iglesias estaban en gran parte en manos de herejes arrios. Los que permanecieron ortodoxos se reunieron en lugares remotos para adorar. En 372, el obispo Basilio de Cesarea dio una descripción conmovedora de la situación:
Se desprecian las enseñanzas de los padres, se ignoran las tradiciones apostólicas y las iglesias están llenas de las invenciones de los innovadores. Los pastores han sido cazados y en su lugar traen lobos rapaces para despedazar el rebaño de Cristo. Los lugares de oración son abandonados por los que allí se reunieron, los páramos están llenos de gente que llora. Los ancianos se quejan al comparar el pasado con el presente; Los jóvenes son aún más dignos de lástima porque ni siquiera saben lo que se les ha quitado. ( Epístula 9: 2)
Indudablemente, estas palabras del siglo IV también se aplican a las generaciones nacidas después del Concilio: hace mucho tiempo que ni siquiera saben lo que se les ha quitado, porque sólo conocen el aspecto actual de la Iglesia.

¿Dos expresiones o una?

El Papa Benedicto XVI, con el motu proprio Summorum Pontificum del 7 de julio de 2007, ha vuelto a hacer accesibles los tesoros del inmaculado depósito de la fe de la Iglesia, para que las generaciones más jóvenes puedan ahora conocer y testimoniar con su propia experiencia lo que originalmente fue suyo. El entonces pontífice habló de "dos expresiones de la lex orandi de la Iglesia", la expresión ordinaria ( ordinaria expressio ) que se encuentra en el Misal promulgado por Pablo VI, y la expresión extraordinaria ( extraordinaria expressio ) que se encuentra en el Misal Romano reeditado de San Pío V y Juan XXIII (SP, art. 1) [sobre las “dos formas” ver]. 

En su motu proprio más reciente, el Papa Francisco, en la elección de palabras y la estructura de la oración, se refiere directamente a este pasaje (expresión de la ' lex orandi '), pero se opone diametralmente a él, determinando ahora solo un " forma expresiva "( La única expresión ) de la lex orandi válida (TC, art. 1).

Pero, ¿qué importancia puede seguir cobrando la forma tradicional de la liturgia para la conciencia de fe de la Iglesia? Si el motu proprio reciente y la carta adjunta dejan claro de inmediato que el objetivo real a medio o largo plazo es la destrucción total de la liturgia tradicional, y que por el momento todavía se concede un período de gracia con restricciones drásticas que apuntan estrictamente a evitar cualquier posibilidad de su expansión adicional, entonces, si la resistencia decisiva no se materializa, el lamento de Basilio el Grande sobre el destino de la generación más joven de su tiempo resonará una vez más con renovada fuerza: fuera".

Salvar a la novia de Cristo de la amnesia

Las nuevas regulaciones promulgadas recuerdan inquietantemente lo que el autor George Orwell describió como una visión sombría del futuro en su novela de 1948 1984 ... Está la dictadura de un partido, que gobierna en un estado totalitario: "El Gran Hermano te está mirando". 

En este estado hay varios ministerios. El Ministerio de la Paz prepara guerras. El Ministerio de la Abundancia gestiona la economía socialista de escasez. No se menciona un Ministerio de Salud, pero hay un Ministerio de la Verdad, que difunde la propaganda oficial de la mentira: el partido siempre tiene la razón. Para que esto suceda, todos los recuerdos del pasado deben borrarse. Las comparaciones ya no deben ser posibles; todo debe parecer sin alternativas. El Ministerio de la Verdad se compromete a cambiar todo lo que recuerda el pasado y podría hacer posible ese enfrentamiento. 

Orwell escribe:
Ya no sabemos casi literalmente nada sobre la Revolución y los años previos a la Revolución. Cada documento ha sido destruido o falsificado, cada libro ha sido reescrito, cada pintura ha sido repintada, cada estatua, calle y edificio ha sido renombrado, cada fecha ha sido alterada. [2]
Asociar las palabras de Orwell con el reciente Concilio no parece ilegítimo, ya que el Vaticano II ha sido ampliamente celebrado como una "revolución de la Iglesia desde arriba". La situación paradójica se presenta así: para que la Esposa de Cristo, la Iglesia, se salve de la amnesia, de la pérdida de la memoria, los católicos fieles a la tradición ahora tendrán que demostrar que son contrarrevolucionarios, los fieles conservadores tendrán que asumir el papel de los rebeldes, para finalmente ser ellos mismos, ante el juicio de la historia y sobre todo ante los ojos de Dios, los verdaderos y únicos tradizionis custodes , custodios de la tradición, que verdaderamente merecen este nombre.

[Traducción de la Iglesia y postconcilio]
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[1] " Tinnef " significa artículos hechos de plástico reciclado. “ Trevira ” es un tipo de tejido de poliéster.
[2] Signet Classics Edition , pág. 155.

miércoles, 18 de agosto de 2021

Entrevista a Mons. Schneider sobre “Traditionis custodes”

 ADELANTE LA FE


Anton Schneider nació en Tokmok, (Kirghiz, Antigua Unión Soviética). En 1973, poco después de recibir su primera comunión de la mano del Beato Oleksa Zaryckyj, presbítero y mártir, marchó con su familia a Alemania. Cuando se unió a los Canónigos Regulares de la Santa Cruz de Coimbra, una orden religiosa católica, adoptó el nombre de Athanasius (Atanasio). Fue ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1990. A partir de 1999, enseñó Patrología en el seminario María, Madre de la Iglesia en Karaganda. El 2 de junio de 2006 fue consagrado obispo en el Altar de la Cátedra de San Pedro en el Vaticano por el Cardenal Angelo Sodano. En 2011 fue destinado como obispo auxiliar de la Archidiócesis de María Santísima en Astana (Kazajistán), que cuenta con cerca de cien mil católicos de una población total de cuatro millones de habitantes. Mons. Athanasius Schneider es el actual Secretario General de la Conferencia Episcopal de Kazajistán.

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VÍDEO DE DURACIÓN 52:57 minutos


1. Antes de empezar a tratar sobre el Motu Proprio “Traditionis Custodes”, ¿nos podría explicar los puntos substanciales en los que se diferencian la Misa del Novus Ordo y la Misa Tradicional?

La diferencia fundamental entre el Novus Ordo (NO) y la Misa Tradicional (MT) es que el acento principal en la forma de celebración del NO es la comunidad de los fieles reunidos, mientras que el acento principal en la MT es la adoración a Dios. El carácter principal de la adoración de Dios, el Teocentrismo, eso es exactamente lo que sí enseña el Concilio Vaticano II sobre la esencia de la liturgia: “En ella [la iglesia y la liturgia] lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos” (Sacrosanctum Concilium, 2). Este carácter teocéntrico es, al revés, exprimido en la MT, donde el sacerdote, al pie del altar, mirando hacia el altar, en el que está la imagen del Señor crucificado, inicia la Misa diciendo: “En nombre del Padre …”. Mientras, en el NO, el sacerdote, volviéndose hacia el pueblo, inicia la Misa diciendo: “En nombre del Padre …”

Desde el punto de vista ritual y externo, el inicio de la Misa en el NO es un giro visible hacia los hombres y no hacia Dios. Esta es la primera diferencia esencial que le da a toda la celebración una dirección diferente: la celebración del NO comienza, entonces, en el modo claramente antropocéntrico, mientras la celebración, de la MT, comienza en modo claramente cristocéntrico.

La otra diferencia esencial se refiere al carácter sacrificial. En todas las liturgias antiguas de la Iglesia, el ofertorio tiene el significado de señalar la esencia de la liturgia eucarística, es decir, el sacrificio de la cruz y al mismo tiempo expresar la intención de ofrecer este sacrificio a Dios. En la liturgia bizantina, por ejemplo, el sacerdote pronuncia estas palabras en el ofertorio: “El Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, es sacrificado ahora por la vida del mundo y su salvación. Bendice estas ofrendas y recíbelas en tu altar celestial”. El rito tradicional romano tiene las siguientes oraciones: “Acepte, Santo Padre, este sacrificio inmaculado. … Ven, Espíritu Santo, y bendice este sacrificio preparado para Tu Nombre”. El ofertorio del NO tiene un contenido esencialmente diferente, porque no menciona directamente el carácter del sacrificio, sino agradece por los dones terrenales de pan y vino y el banquete, la cena, se enuncia como finalidad e intención del ofertorio, diciendo: “Para que este pan se convierta para nosotros en el pan de vida; para que este vino se convierta para nosotros en bebida espiritual”. El ofertorio del NO es similar al ofertorio protestante del “Book of Common Prayer” anglicano, donde la intención principal del ofertorio se expresa en este modo: “Concédenos, pues, misericordioso Señor, comer la carne de tu amado Hijo Jesucristo y beber su sangre” (El Libro de Oración Común, edición 1662).

Las diferencias más llamativas entre el NO y la MT son, pues, estas: el antropocentrismo y el énfasis principal en el banquete en el NO y el cristocentrismo y el énfasis principal en el sacrificio en la MT.

¿En qué argumentos teológicos se basó San Pío V para decretar con la Bula “Quo Primum Tempore” el “uso a perpetuidad de la Misa Tridentina”; y ¿cuáles fueron los argumentos teológicos que llevaron a Benedicto XVI a publicar el Motu Proprio “Summorum Pontificum” en el que afirmó que es lícito celebrar la Santa Misa según el Rito Tradicional que nunca se ha abrogado?

El principal argumento teológico del Papa V en su bula “Quo Primum Tempore” fue la tradición y, más precisamente, la pureza del culto. Pío V dijo que su Misal es solo una edición de esa forma de celebración que sus antecesores transmitieron durante mucho tiempo. Pío V especificó un lapso de tiempo de al menos 200 años como criterio cronológico para la tradición. El Papa Pío V dijo que la Iglesia no prohíbe las formas litúrgicas tradicionales de más de 200 años. El Papa Benedicto XVI básicamente tiene el mismo argumento principal de tradición. Dijo que la forma tradicional de la Misa debe “gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo.” Y en la carta adjunta, el Papa Benedicto XVI dijo: “Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto.”

El Papa Francisco en “Traditionis Custodes” ¿da algún argumento teológico con el que el busca la pureza del Culto divino, del Santo Sacrificio de la Misa para restringir tanto, y casi imposibilitar, la Misa Tradicional? ¿O es otra su preocupación?

El Papa Francisco cita como argumento por la limitación drástica de la Misa tradicional “la búsqueda constante de la comunión eclesial” y en su carta adjunta el Papa hable que la Misa tradicional representa el “riesgo de la división”. Pero, el Papa Pío V en contraste con el Papa Francisco no dijo, que las varias formas litúrgicas de más de 200 años, serían un “riesgo de la división”.

Papa Francisco dice aún: “Es precisamente el Concilio Vaticano II el que ilumina el sentido de la decisión de revisar la concesión permitida por mis Predecesores”. Básicamente, el argumento principal del Papa Francisco no es la unidad de la Iglesia, mas la ruptura con la tradición, la ruptura con las raíces de la tradición constante y milenaria en la liturgia y en la expresión de la fe. El Papa Francisco retrata de facto el Concilio Vaticano II como una ruptura con el pasado, lo que también refleja, por cierto, la actitud de la mayoría de los eclesiásticos en el período posconciliar. Porque si no hay una ruptura entre la Misa tradicional y el Novus Ordo, entonces no habría necesidad de prohibir la Misa tradicional. El Papa Benedicto XVI en particular enfatizó la unidad y no la ruptura cuando dijo: “Se trata de llegar a una reconciliación interna en el seno de la Iglesia.” (Begleitbrief zu Summorum Pontificum).

El Papa Francisco contradice los hechos cuando afirma: “Quienes deseen celebrar con devoción según la forma litúrgica anterior no encontrarán dificultad en encontrar en el Misal Romano, reformado según la mente del Concilio Vaticano II, todos los elementos del Rito Romano”. De hecho, los sacerdotes y fieles de la Misa tradicional tienen grandes dificultades para encontrar todos los elementos del rito tradicional en el NO. Un elemento importante del rito es el ofertorio. En el NO, el tradicional ofertorio, que tan claramente enfatizaba el sacrificio, ha sido completamente reemplazado por una especie de la Bendición de la mesa, oriunda de la celebración de la cena del sábado judío. El inicio de la misa en el Novus Ordo no es tradicional, porque el sacerdote no reza vuelto hacia la cruz de Cristo, sino hacia la comunidad reunida como en un culto protestante. Con su formulación rígida y categórica, diciendo que el NO es la única forma de la lex orandi de la Iglesia Romana, Papa Francisco contradice, de hecho, la gran tradición de la Iglesia y también al Papa V, a quien cita de manera inapropiada. Porque el Papa V reconoce, con una gran amplitud pastoral, varias formas litúrgicas que tenían más de 200 años, como expresiones iguales de la lex orandi dentro del Rito Romano.

Con su Motu Proprio, el Papa Francisco contradice la actitud de todo su pontificado y de toda la Iglesia posconciliar, donde se enfatizó la importancia de la diversidad de formas de espiritualidad y celebraciones litúrgicas. ¡Qué contradicción flagrante es cuando el Papa Francisco aboga por “una forma unitaria de celebración”, cuando por otro lado aboga por una diversidad de religiones (en el documento de Adu Dhabi del 4 de febrero de 2019)! ¿No le parece irónico el título: “Custodios de la Tradición” cuando casi se aniquila la manifestación orante más sagrada de la Tradición?

Es realmente irónico. El Papa Francisco esconde su rechazo a la tradición detrás de este título de “Guardianes de la Tradición”. El rechazo de una forma litúrgica milenaria ciertamente no es la función de un guardián, que debe sólo preservar, sino de un destructor de la tradición. Recuerdo una canción comunista que tuve que cantar de colegial en la Unión Soviética, donde se decía: “No conozco ningún otro país donde la gente pueda respirar tan libremente”. Así es como se podría describir irónicamente este Motu Proprio: “No conozco ningún otro Motu Proprio que respete tanto la tradición”.

¿Se puede encajar esta decisión del Papa con aquellas expresiones que él tanto repite como: parresía, tender puentes, iglesia de la misericordia y hospital de campaña, atender a las periferias… etc.? ¿O él mismo se contradice?

Con esa expresión Papa Francisco claramente se contradice. En su exhortación apostólica programática Evangelii gaudium, el papa Francisco defiende «ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena» (nº165). Pero al leer el motu proprio y la carta adjunta da la sensación contraria: que en general el documento manifiesta intolerancia espiritual y hasta rigidez espiritual. El motu proprio y la carta transmiten un espíritu que condena y no da acogida.

Se ha hablado de la contradicción interna, mentira, ambigüedad en Traditionis Custodes. ¿Ve usted algo de esto? ¿En qué aspectos puede detectar aquellas contradicciones?

Qué diferencia con las palabras del mismo Papa Francisco cuando él dice: «Es verdad, el Espíritu Santo suscita los diferentes carismas en la Iglesia; en apariencia, esto parece crear desorden, pero en realidad, bajo su guía, es una inmensa riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad» (homilía en la catedral católica del Espíritu Santo de Estambul el 29 de noviembre de 2014).

En vez de promover la unidad mediante la coexistencia de varias formas litúrgicas auténticas, el motu proprio crea dos clases en la sociedad de la Iglesia: católicos de primera y de segunda clase. La clase privilegiada de los que participan de la liturgia reformada, el Novus Ordo, y los católicos de segunda, que a partir de ahora estarán meramente tolerados.

Se dice que aquellos que van a Misa Tradicional, o los sacerdotes que dicen Misa Tradicional, solo lo hacen por “nostalgia del pasado”. Pero, ¿cómo puede ser eso si muchos sacerdotes jóvenes, y muchísima gente que va a Misa Tradicional no la conocieron? ¿No será más bien una cuestión diferencial entre el peso espiritual de los dos ritos, entendidos como alimento para las almas? ¿Por qué el atractivo para los jóvenes?

La admirable, armoniosa y bastante espontánea difusión e incesante aumento de la Misa Tradicional por todo el mundo, hasta en los países más remotos, es sin duda obra del Espíritu Santo, y un verdadero signo de nuestros tiempos. Esta forma de celebración litúrgica produce auténticos frutos espirituales, sobre todo en la vida de los jóvenes y los conversos al catolicismo, ya que lo que precisamente atrajo a éstos fue la fuerza que irradia de este tesoro de la Iglesia. La Misa Tradicional es un tesoro que pertenece a toda la Iglesia, pues se celebra y es objeto de gran estima y amor para los sacerdotes y los santos desde hace al menos un millar de años.

¿Qué cree que pasará con los Institutos de Misa Tradicional ahora que están bajo la competencia de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica?

Aún no es posible decir en términos concretos qué pasará con los Institutos de Misa Tradicional. Ahora también conocemos el procedimiento y cierto espíritu antitradicional de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Algunos dicen que esta Congregación no debería llamarse “Congregación para los Institutos de Vida Consagrada”, sino “Congregación contra los Institutos de Vida Consagrada”.

Sin embargo, de algunas declaraciones en el Motu Proprio y en la carta adjunta del Papa Francisco, se puede concluir que estos Institutos esperan algunas medidas drásticas para ellos, especialmente si se consideran las siguientes declaraciones en estos documentos: “Los libros litúrgicos promulgados por los santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, son la única expresión de la lex orandi del Rito Romano”. Entonces se puede deducir, que la Misa tradicional celebrada por los Institutos de Misa Tradicional no es la lex orandi del Rito Romano y debe considerarse como algo provisorio y tolerado solo temporalmente. Esto también se puede ver en la intención claramente formulada del Papa Francisco cuando el afirma: “Los presbíteros ordenados después de la publicación del presente Motu proprio, que quieran celebrar con el Missale Romanum de 1962, deberán presentar una solicitud formal al obispo diocesano, que consultará a la Sede Apostólica antes de conceder la autorización.”

“Las indicaciones sobre el modo de proceder en las diócesis están dictadas principalmente por dos principios: por un lado, prever el bien de quienes están arraigados en la forma de celebración anterior y necesitan tiempo para volver al Rito Romano promulgado por los santos Pablo VI y Juan Pablo II; por otro lado, interrumpir la erección de nuevas parroquias personales”. “A esta fidelidad a las prescripciones del Misal y a los libros litúrgicos, en los que se refleja la reforma litúrgica deseada por el Concilio Vaticano II, sean educados los seminaristas y los nuevos presbíteros.” “Sobre todo, os corresponde trabajar por la vuelta a una forma unitaria de celebración”.

Se puede concluir de esto que dichas afirmaciones también podrían aplicarse a los Institutos de Misa Tradicional. ¿Cómo deben actuar los sacerdotes, ante el peligro de ser destituidos, suspendidos a divinis, o privados de los medios de subsistencia por seguir diciendo la Misa Tradicional?

Un tesoro litúrgico casi milenario, válido y tenido en alta estima no es propiedad privada de un pontífice para que haga con él lo que le venga en gana. Por tanto, los seminaristas y sacerdotes jóvenes deben pedir que se les conceda el derecho a beneficiarse de este tesoro común de la Iglesia. Y en caso de que se les niegue, pueden celebrar de todos modos clandestinamente. No sería un acto de desobediencia, sino de obediencia a la Santa Madre Iglesia, que nos ha dado ese tesoro litúrgico. Que el papa Francisco rechace tajantemente un rito casi milenario es algo efímero en comparación con el espíritu y la práctica constante de la Iglesia.

Es indudable que con el tiempo irá formándose una red mundial de Misas catacumbales, como suele suceder en tiempos de emergencia y de persecución. Un acto administrativo tan draconiano no podrá violentar la conciencia de las muchas familias católicas y el creciente número sobre todo sacerdotes jóvenes que celebran o quieren celebrar la Misa Tradicional. No servirá de nada decirles a esos sacerdotes que tienen que atenerse a las normas, porque tienen claro que la obligación de obedecer queda sin efecto cuando de lo que se trata es de poner fin a la liturgia tradicional, el gran tesoro litúrgico de la Iglesia de Roma.

Por fin, gustaría dar aliento y coraje. Debemos creer que como la Iglesia es indestructible, así también es la liturgia tradicional: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Nuestra fuerza es la fidelidad a la Misa tradicional, el coraje de difundirla, lo mismo en la clandestinidad, si fuera necesario, lo mismo con sacrificios. Pero, nuestra fuerza mayor es la plegaria. Se puede proponer tal o semejante plegaria: “Señor Jesucristo, ilumina al papa, que él nos devuelva ese gran tesoro litúrgico de la Iglesia. Que él no viole nuestra conciencia forzándonos a una forma litúrgica única y exclusiva. Ilumina al papa para que sea un verdadero padre de familia, que “saca de su tesoro lo nuevo y lo viejo” (Mt 13,52). Señor, abre los ojos del papa, y déjalo probar un poco la belleza celestial que contiene la Misa tradicional. Déjalo recordar su infancia y juventud cuando él rezaba con fe y alegría espiritual las palabras “Me acercaré al altar de Dios. A Dios que alegra mi juventud”. Señor Jesucristo concede al Papa Francisco la gracia indecible de la conversión a la tradición de la fe y a la forma de la liturgia constante y milenario de la Iglesia Romana.”

[Entrevista por el Padre Nilton Bustamante]

lunes, 9 de agosto de 2021

Viganò explica cómo deben responder los obispos a Traditionis custodes

 ADELANTE LA FE



(Maike Hickson LifeSiteNews) — En respuesta a una pregunta de LifeSiteNews (ver texto completo más abajo), monseñor Carlo Maria Viganò insiste en que los sacerdotes tienen perfecto derecho a celebrar la Misa Tridentina, y añade que en ocasiones podrán seguir haciéndolo clandestinamente. Eso sí, lo propio de los santos sería –dice– expresar públicamente su desacuerdo y hasta desobedecer si su obispo les prohíbe seguir celebrando la Misa Tradicional. Al dar esta respuesta, el arzobispo Viganò se comporta como un pastor que trata de ayudar a sus sacerdotes y fieles en una situación muy difícil.

El pasado 2 de agosto monseñor Carlo Maria Viganò publicó un video y una declaración en respuesta al motu proprio Traditionis custodes promulgado por el papa Francisco el pasado 16 de julio con vistas a prohibir la Misa Tridentina o Misa en latín, tal como se ha celebrado durante siglos. En su respuesta, el prelado italiano señaló que este papa se muestra más como un pontífice anticatólico que se propone socavar la Fe en vez de fomentarla.

«Precisamente en el momento en que Bergoglio reconoce a los obispos como custodios de la Tradición, les pide que supriman la más elevada y sagrada expresión orante», escribe Viganò.

Deja claro que la Misa Tridentina es superior como rito al Novus Ordo, y afirma que dichos ritos representan dos iglesias diferentes entre sí, negando con ello la continuidad entre la Iglesia de antes y la de después del Concilio. «Francisco ha desmentido una vez más la piadosa ilusión de la hermenéutica de la continuidad al afirmar que la coexistencia entre el Vetus y el Novus Ordo es imposible porque son expresiones respectivas de dos posturas doctrinales y eclesiológicas irreconciliables», afirma el arzobispo italiano.

Esta respuesta podría ser de mucha utilidad para algunos sacerdotes de muchos países, sobre todo teniendo en cuenta la información recibida recientemente por LifeSiteNews de varias fuentes vaticanas. Como se verá en un informe que publicaremos próximamente, varios observadores y especialistas dan por sentado que dentro de poco el papa Francisco se servirá de una red de espionaje, y en particular del cardenal João Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, a fin de presionar a los obispos de todo el mundo para que acaten el nuevo motu proprio. En vista de esta posibilidad, los sacerdotes y los fieles harían bien en pensarse bien qué hacer en esta situación.

Respuesta completa de monseñor Viganò:

5 de agosto de 2021

Festividad de Nª.Sª. de las Nieves

Estimada Maike:

En respuesta a su solicitud de aclaración le envío algunas consideraciones que espero le dejen más claro lo que pienso al respecto. Esta es la frase de referencia: «Como ministros de Dios o como simple fieles, tendremos el deber de manifestar firmeza y serena resistencia ante semejantes abusos, padeciendo con actitud sobrenatural nuestro pequeño calvario de cada día mientras los nuevos sumos sacerdotes y los escribas del pueblo nos abofetean y nos acusan de fanáticos. La humildad, el ofrecimiento silencioso de las injusticias y el ejemplo de una vida coherente con el Credo que profesamos ameritarán el triunfo de la Misa católica y la conversión de numerosas almas».

Me pregunta: «¿Qué harán los sacerdotes y los fieles cuando los obispos les impongan prohibiciones? ¿Dirán misas clandestinas, o romperán públicamente con sus prelados, desobedeciendo públicamente?» Para empezar, permítame que le diga que ningún sacerdote que siga celebrando la Misa de San Pío V comete el menor acto de desobediencia. Todo lo contrario: ejerce un derecho sancionado por Dios que ni el mismo Papa puede abrogar. Cualquiera que tenga potestad para celebrar el Santo Sacrificio tiene derecho a celebrar según el rito de siempre, como proclamó San Pío V en la constitución apostólica Quo primum al promulgar la liturgia tridentina. Lo reiteró el motu proprio Summorum Pontificum como algo indiscutible. Quien contravenga dicha disposición debe saber «que ha incurrido en la indignación de Dios omnipotente y de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo» (Quo primum).

Evidentemente, la reacción a toda limitación o prohibición de la Misa Tradicional debe tener en cuenta tanto los elementos objetivos como las diversas situaciones: si el ordinario de un sacerdote es enemigo acérrimo del rito de siempre y no vacila en suspenderlo a divinis por celebrar la Misa Tridentina, la desobediencia pública puede ser una manera de dar a conocer claramente que el Obispo ha cometido un abuso, y más si la noticia se divulga en los medios de difusión: los prelados tienen mucho miedo de lo que diga la prensa de ellos, y en algunos casos prefieren abstenerse de tomar medidas canónicas para no salir en el periódico. Por eso, los sacerdotes deberán estudiar qué será más eficaz, una confrontación franca y directa o una actuación discreta y clandestina. En mi opinión, la primera opción es la más directa y transparente, así como la que más se ajusta a la conducta de santos que debemos observar.

Está claro que también habrá ordinarios comprensivos que permitan a sus sacerdotes celebrar según el rito tridentino. Desde luego es importante sincerarse con el Obispo cuando se sabe que éste es un padre y no un funcionario. Desgraciadamente, sabemos que la mayoría de las veces es una cuestión de tolerancia y que casi nunca tratan de fomentar la vía de la Tradición. Ahora bien, en algunos casos, invitar al propio obispo a que él mismo celebre la Misa de San Pío V puede ser un modo de hacerle entender, tocando las fibras sensibles de su corazón y su alma sacerdotal, cuáles son los tesoros reservados a los ministros de Dios que tienen oportunidad de celebrar el Santo Sacrificio según el rito de los Apóstoles. Cuando sucede ese milagro, el Obispo se convierte en aliado de sus sacerdotes, porque además de los aspectos intelectual y racional que hacen preferible la Misa Tradicional, experimentará por él mismo su dimensión espiritual y sobrenatural y verá cómo influye en la vida de Gracia de quienes la celebran.

Espero haberle aclarado los detalles que no llegué a tratar en mi conferencia.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

sábado, 7 de agosto de 2021

Fuentes vaticanas: Bergoglio utilizará un "sistema de espionaje" para suprimir la misa tradicional


Noticias sobre el frente de la Misa antigua. Voces del Vaticano sobre los métodos de implementación de Traditionis Custodes , rebotando desde los EE. UU. Más a menudo , a los que están ligados a la Tradición se les da arbitrariamente la etiqueta de estar 'en contra' del concilio y 'en contra' del Papa, cuando uno no está en contra de nadie y en cambio solo desea poder mantener y vivir la fe de uno ... Aquí el índice de artículos sobre CT.

Fuentes vaticanas: Bergoglio utilizará un "sistema de espionaje" para suprimir la misa tradicional

Extractos del artículo lifesitenews.


En conversaciones con varias fuentes, todos expertos del Vaticano o miembros del Vaticano que deseaban permanecer en el anonimato, LifeSite se enteró de que se espera que el Papa Francisco tenga la intención de implementar su motu proprio Traditiones custodes , esencialmente destinado a suprimir la misa en latín tradicional, con la ayuda de un espionaje. sistema y sobre todo del titular de la Congregación de Religiosos, el cardenal João Braz de Aviz. Braz de Aviz tiene una historia de dura persecución contra las comunidades religiosas de orientación tradicional, en particular los franciscanos de la Inmaculada [ aquí toda la historia de la masacre].

En su motu proprio del 16 de julio (artículo 7), el Papa encomendó a la Congregación para los Religiosos, así como a la Congregación para el Culto Divino, dirigida por el arzobispo Arthur Roche, la tarea de supervisar la implementación de sus instrucciones.

El arzobispo Carlo Maria Viganò, en su nueva respuesta al motu proprio Traditionis custodes del 16 de julio, también habla de la persecución de las comunidades de fieles en curso tanto bajo Braz de Aviz como bajo el Papa Francisco. Aquí se refiere al hecho de que el Papa Francisco ha puesto ahora a las comunidades que mantienen viva la tradicional misa latina bajo la autoridad directa de Braz de Aviz, "como un triste preludio de un destino ya sellado" [ya lo estaba hablando aquí - aquí - aquí ].

“No olvidemos - continúa Viganò - la suerte de las florecientes órdenes religiosas culpables de haber sido bendecidas por numerosas vocaciones nacidas y cultivadas gracias a la odiada liturgia tradicional y la fiel observancia de la regla”.

Dos fuentes le dijeron a LifeSite que el Papa usará un "sistema de espionaje" o una "red de espionaje". Como escribió una fuente del Vaticano: “Utilizarán el sistema de espionaje. En todas partes hay gente demasiado entusiasta que informará a Roma que el rito antiguo se está celebrando en alguna parte, o acusará a los obispos que no intervengan ”. La información recopilada por estos "espías", continuó la fuente, será utilizada contra aquellos obispos que ya son considerados desagradables.

"El mayor daño lo harán el cardenal Braz de Aviz y su secretario", continuó la fuente. Acusarán a la gente de "estar en contra del Concilio Vaticano II o en contra del Papa".

Dice un experto observador del Vaticano que pidió permanecer en el anonimato: “Creo que el Papa castigará de todas las formas posibles a cualquier obispo que lo desafíe directamente. Ha utilizado sus redes de espionaje con buenos resultados a lo largo de su carrera y nunca ha parado ”. Esta fuente cree que el Papa también podría usar las acusaciones de encubrimiento de abuso sexual como una herramienta para silenciar a los obispos resistentes.

Esta fuente teme que los obispos de nuestros días ya tengan una disposición debilitada desde el principio, y que por tanto puedan caer fácilmente. "En este momento tenemos una enfermedad mental en la Iglesia que hace que las personas psicológicamente frágiles quieran demostrar su lealtad mediante el suicidio ritual".

Por ejemplo, esta fuente indica comunidades religiosas que ya han implementado con entusiasmo las directivas papales, incluso si han llevado a la destrucción de sus comunidades, convirtiéndose así en "enemigos de sí mismos para demostrar su obediencia". Esta fuente señala que no solo Braz de Aviz sino también su secretaria están detrás de muchas medidas duras tomadas contra comunidades saludables.

Un observador del Vaticano le dijo a LifeSite que por ahora, durante el verano, "no pasará nada" y que será difícil decir qué pasará. Pero está claro que "el Vaticano es un régimen, y es obvio que Bergoglio quiere eliminar la misa tradicional". Este Papa, continuó la fuente, "tiene un odio ideológico profundamente arraigado" contra esta Misa, y es "un hombre de poder agresivamente autocrático que no acepta la oposición".
“Por tanto - prosiguió este experto vaticano - bien puedo imaginar que debemos prepararnos”.

Incluso el abad Claude Barthe, uno de los organizadores de la peregrinación anual Summorum pontificum que atrae a miles de católicos a Roma, ha emitido algunas advertencias [ aquí ]. Dijo en una entrevista que este nuevo motu proprio Traditionis Custodes “es obviamente muy doloroso. Obstaculizará la difusión de la Misa tradicional. Comenzará nuevas persecuciones ”.

Barthe dijo que las comunidades religiosas que antes estaban bajo la protección de la comisión Ecclesia Dei ahora se verán "afectadas".

“Ellos también están en la mira… El documento lo dice claramente, la carta del Papa lo indica de manera cínica. Se trata de destruir la celebración tradicional de la Misa haciendo que no haya más sacerdotes para celebrarla ”.

El experto en liturgia francés continúa describiendo lo que sucederá bajo el nuevo liderazgo de Braz de Aviz: “La Congregación de Religiosos, presidida por el Cardenal Braz de Aviz, está muy alineada con Francisco y se pondrá a trabajar para poner las cosas en orden. Por ejemplo, realizarán visitas canónicas a los seminarios para verificar que la enseñanza impartida allí sea conforme con el Vaticano II, y para asegurarse de que allí estudian y celebran la nueva liturgia. En resumen: el objetivo será desalentar las vocaciones. Cuando objetamos: pero así haréis secar las vocaciones de estos institutos, responden: pero no necesitamos a estas personas, son inútiles. (¡Esta fue la respuesta real de cierta persona que no nombraré!) ”.

Con respecto a la pregunta de lo que debemos hacer en preparación, aprendimos del obispo Athanasius Schneider [ aquí ] que él espera que muchos sacerdotes y laicos tradicionales continúen la liturgia y las devociones tradicionales de manera clandestina. Lo que esto implicará específicamente está por verse.

Monseñor Viganò [ aquí - aquí ], en su juicio sobre la situación actual tras el motu proprio, escribió que "los obispos, sacerdotes y clérigos incardinados en diócesis u órdenes religiosas saben que la espada de Damocles de la destitución pende sobre ellos, de su destitución del oficio eclesiástico y de la privación de sus propios medios de subsistencia ". - fuente

viernes, 6 de agosto de 2021

Análisis de la carta que acompaña al motu proprio "Traditionis custodes" del Papa Francisco

 CATHOLICVS


Como adelanté en la entrada anterior de este blog, voy a analizar la carta a los obispos que acompañaba al motu proprio "Traditionis custodes".

En primer lugar, casi al principio de la carta, hablando sobre los motivos que llevaron a sus predecesores a posibilitar el uso del Misal Romano promulgado por San Pío V, afirma lo siguiente:
"La facultad, concedida por un indulto de la Congregación para el Culto Divino en 1984 y confirmada por San Juan Pablo II en el Motu proprio Ecclesia Dei de 1988, estaba motivada sobre todo por el deseo de favorecer la recomposición del cisma con el movimiento guiado por Mons. Lefebvre. La petición dirigida a los obispos de acoger generosamente las «justas aspiraciones» de los fieles que pedían el uso de ese Misal, tenía por tanto una razón eclesial para recomponer la unidad de la Iglesia".
Tal afirmación no se ajusta a la verdad, que está expuesta de forma meridianamente clara en los documentos que cita, como ya reflejé en la entrada anterior del blog:
"...con la Carta Apostólica «Ecclesia Dei», dada en forma de Motu Proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad en favor de todos los fieles que lo solicitasen. Después de la consideración por parte de nuestro predecesor Juan Pablo II de las insistentes peticiones de estos fieles...".
Dicha medida no estaba destinada únicamente a los fieles de la FSSPX, sino a TODOS los fieles católicos que ya solicitaban (o a TODOS los que lo hiciesen en el futuro), la celebración según el Rito Romano tradicional. ¿Qué cisma había -o hay hoy en día- entre los católicos que desean asistir a la Santa Misa o recibir los sacramentos según los libros litúrgicos anteriores a la reforma de Pablo VI? Ninguno. Así que, no se puede recomponer un cisma inexistente, y, por tanto, la aludida "razón eclesial para recomponer la unidad de la Iglesia" no es cierta.

Por otro lado, está bien que la carta vuelva a recordar, como ya hiciera el Papa Benedicto XVI, que...
"...el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que nunca se ha abrogado...".
Es decir, el Papa Francisco subraya que el Misal de San Pío V (cuya última edición fue la de Juan XXIII de 1962) no ha sido abrogado nunca. Ahora tampoco.

En la carta que acompañaba el motu proprio "Summorum Pontificum", Benedicto XVI también dejaba bien claro que su intención no iba dirigida a la FSSPX o a aquellos fieles que rechazan el Concilio Vaticano II (sin indicar qué cosa no aceptaban del mismo):
"Muchas personas que aceptaban claramente el carácter vinculante del Concilio Vaticano II y que eran fieles al Papa y a los Obispos, deseaban no obstante reencontrar la forma, querida para ellos, de la sagrada Liturgia".
Y, además, indica uno de los motivos por los cuales dichos fieles pedían entonces (y siguen prefiriendo hoy) el Rito Romano tradicional, aun siendo jóvenes (no, el motivo no es nostalgia de algo que jamás han conocido):
"Esto sucedió sobre todo porque en muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad, lo cual llevó a menudo a deformaciones de la Liturgia al límite de lo soportable".
Trece años después, ¿ha cambiado la situación descrita? No, en muchos casos las celebraciones según el Misal de Pablo VI han empeorado notablemente, pese a los llamamientos y documentos de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI contra las profanaciones y "abusos" litúrgicos. Por ello, los fieles que asisten o desean asistir a la Santa Misa Tridentina van aumentando, sin prisa pero sin pausa, y no porque "rechacen" el Concilio Vaticano II o el magisterio postconciliar. Sin duda, hay más fieles y clero que sólo usa el Misal de Pablo VI que rechaza justamente lo que el presente motu proprio achaca a la minoría que asiste a la Misa Tridentina, y nadie ha leído aún un motu propio de Francisco limitando el uso del Misal de Pablo VI para fomentar la unidad, sobre todo doctrinal, habiendo un número ingente de personas que sólo usan dicho Misal y que rechaza todos los concilios (incluyendo el último), y gran parte del Magisterio de la Iglesia (también el postconciliar). La motivación aducida (vamos, la excusa), pues, no puede ser más mala.

Es cierto que Benedicto XVI dice que con el motu proprio "Ecclesia Dei", Juan Pablo II también quería ayudar a la Fraternidad San Pío X a "reencontrar la plena unidad con el Sucesor de Pedro", pero esa no era ni la única, ni la principal motivación de tal motu proprio, como puede leerse en el mismo. Además, la Iglesia no emite documentos con vistas a que los cumplan supuestos "cismáticos" -si es que se consideraba tales a los miembros y fieles de la FSSPX-, como tampoco emite documentos destinados a que los cumplan los cismáticos ortodoxos. Por razones obvias: si no están sujetos al Romano Pontífice, ¿cómo espera alguien que sean vinculantes para ellos?
Francisco continúa en el motu proprio afirmando -sin presentar ni una sola prueba, porque no las tiene, ni las puede tener- que la "oportunidad" (sic) de usar el Rito Romano de siempre..."...ha sido aprovechada para aumentar las distancias, endurecer las diferencias y construir oposiciones que hieren a la Iglesia y dificultan su progreso, exponiéndola al riesgo de la división".
Resulta paradójico que acuse a los fieles y clero que usan el Misal de San Pío V de exponer a la Iglesia a la división por dificultar su "progreso", cuando está a la vista de todos que quienes dividen son, precisamente, los "progresistas", que rechazan -en todo o en parte- la Fe católica y creen (o quieren que así sea) que ésta ha cambiado hace 50 años, o que puede cambiar ahora (que se lo pregunten a una parte sustancial de la iglesia alemana... de facto, esa sí que está en cisma declarado).

Lo que sigue a continuación en la carta de Francisco parece, simplemente, una broma:
"Me duelen por igual los abusos de una parte y de otra en la celebración de la liturgia".
¿Abusos litúrgicos en la celebración según el Misal de San Pío V desde el motu proprio de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI? ¿Cuáles? ¡Si ni siquiera ha podido señalar uno sólo! Obviamente, eran preguntas retóricas, porque el Papa Francisco sabe perfectamente, como lo sabe todo el mundo, que dichos abusos no existen, a diferencia de los que abundan en innumerables celebraciones con el Misal de Pablo VI.

Luego, vuelve a incidir en que los sacerdotes o fieles que usan el Misal de San Pío V (sin especificar, o sea, todos ellos en bloque), rechazan la reforma litúrgica (lo dice como si hubiera que aceptarla como si fuera el undécimo mandamiento del Decálogo: "No rechazarás la reforma litúrgica de Pablo VI"), o, directamente el Concilio Vaticano II en sí (sin haber preguntado a un solo fiel que asista a Misa Tridentina si lo acepta o no, como tampoco se les pregunta a los que van a la Misa de Pablo VI).

Lo que viene a continuación, es otra mala excusa:
"Dudar del Concilio es dudar de las propias intenciones de los Padres, que ejercieron solemnemente su potestad colegial cum Petro et sub Petro en el Concilio Ecuménico y, en definitiva, dudar del propio Espíritu Santo que guía a la Iglesia".
De lo que se quejan los mal llamados "tradicionalistas" (para que nos entendamos), es justamente de lo contrario que Francisco les achaca: nadie duda de las intenciones de los Padres conciliares, sino que se sabe y se ve (los progresistas también lo saben y lo ven) que se han incumplido dichas intenciones, como puede observarse en el incumplimiento sistemático del documento conciliar sobre liturgia "Sacrosanctum Concilium". ¿Qué tiene que ver el Espíritu Santo con que los innovadores progresistas se pasasen -y se pasen- por el forro, no sólo las intenciones de los Padres conciliares, sino también el propio documento conciliar que resultó de dichas intenciones? Serán ellos, en todo caso, quienes no crean en el Concilio Vaticano II y en las intenciones de los Padres. Parece un poco injusto y bastante poco misericordioso que un padre, cuando uno de sus dos hijos hace algo mal, castigue al otro hijo. O el padre está ciego, o simplemente prefiere al hijo malo y no le importa ser injusto, lo cual no es propio de un padre (al menos, no de un buen padre).

A continuación, como ya ha hecho muchas veces en documentos anteriores, Francisco cita el Magisterio de Papas anteriores fuera de contexto, para intentar darle un significado diferente al que le dieron dichos Papas. En este caso, para acusar a la Misa Tridentina de no cumplir con el deseo de la "participación activa" en la liturgia que supuestamente querían los padres conciliares de acuerdo con la "Mediator Dei" de Pío XII. Pero, ¿qué decía dicho documento de Pío XII al respecto? Vamos a verlo:

Además,
«para que el pueblo torne parte más activa en el culto divino, se debe restablecer entre los fieles el uso del canto gregoriano, en la parte que le corresponde. Evidentemente, apremia el que los fieles asistan a las sagradas ceremonias, no como meros espectadores mudos y extraños, sino profundamente penetrados por la belleza de la liturgia; que alternen sus voces con la del sacerdote y coro. Si esto, por la bondad de Dios, se verificare, no ocurrirá que el pueblo responda a lo más con un ligero y tenue murmullo a las preces comunes rezadas en latín o en lengua vulgar». La multitud que asiste atentamente al sacrificio del altar, en el que nuestro Salvador, juntamente con sus hijos redimidos por su sangre, canta el epitalamio de su inmensa caridad, no podrá callar, ya que «el cantar es propio de quien ama», o, corno dice el viejo refrán: «cantar bien es orar dos veces». Así resulta que la Iglesia militante, clero y pueblo juntos, une sus voces a los cantos de la triunfante y de los coros angélicos, y todos a una cantan un sublime y eterno himno de alabanza a la Santísima Trinidad, según aquello: «y nosotros te rogamos que admitas nuestras voces mezcladas con las suyas»
¿De dónde toma Pío XII dicha cita? ¡Del Prefacio del Missale Romanum! (sí, sí, el de San Pío V). Exactamente la misma intención de Juan XXIII y de los Padres conciliares: que se mantuviera el uso del latín y el gregoriano. Pues los del "espíritu del concilio", ni caso. Así que, la participación activa en la liturgia querida por el concilio no era -ni es, ni será, aunque se incumpla- que toda la Misa sea en lengua vulgar o que los cantos sean profanos, ñoños, horteras, o todo a la vez, sino que los fieles -no sólo los sacerdotes- usen el canto gregoriano de forma habitual. 

¿Dónde dice algún documento del Concilio Vaticano II que la participación activa de los fieles en la liturgia consista, o deba consistir, en cometer o soportar (pasivamente) los abusos litúrgicos que padecemos los católicos desde hace medio siglo? Además, sólo hay que asistir hoy en día para comprobar cómo los fieles que asisten a la Misa Tridentina participan activamente en la liturgia sin abusos litúrgicos de ningún tipo, ni por su parte, ni por parte del oficiante: la Misa es dialogada entre éste y los fieles, cantan y/o recitan las partes del Ordinario que les corresponden (pudiendo seguirlo en su idioma, pues los misales son bilingües), cambian de postura según indican las rúbricas (lo cual se incumple sistemáticamente en las celebraciones con el Misal de Pablo VI, al que se desobedece), etc. Nadie se queda dormido recostado en su asiento ante interminables "homilías" sociales, nadie repite como un loro larguísimos salmos responsoriales que pocos recuerdan, y, sobre todo, nadie se horroriza de las ocurrencias o de la ideología del cura de turno, totalmente ajena a temas religiosos. Como se ve, son dos maneras de entender lo que es la "participación activa" de los fieles en la liturgia: por un lado lo que quiere la Iglesia, y por otro lo que quieren los innovadores -contra lo que dice la Iglesia-.

Después, vuelve a citar de nuevo la Constitución sobre la Sagrada Liturgia "Sacrosanctum Concilium", para defender la aplicación de la reforma litúrgica, entrecomillando lo que dicho documento quería que fuera dicha reforma: «ateniéndose fielmente a la tradición». O sea, justamente lo contrario de lo que se ha visto en el último medio siglo.

De nuevo, vuelve a parecer una broma lo que dice a continuación:
"Quienes deseen celebrar con devoción según la forma litúrgica anterior no encontrarán dificultad en encontrar en el Misal Romano, reformado según la mente del Concilio Vaticano II, todos los elementos del Rito Romano, especialmente el canon romano, que es uno de sus elementos más característicos".
Aparte de que el Misal de Pablo VI no cumplió exactamente lo que pedía el documento sobre liturgia del Concilio Vaticano II -y su aplicación mucho menos-, quienes desean celebrar con devoción según el Misal de San Pío V -porque la forma litúrgica anterior a la reforma de Pablo VI no es ésa, sino el Misal de 1965, conocido por algunos como "Misa híbrida"- no sólo encuentran dificultades para encontrar todos los elementos del Rito Romano en el Misal de Pablo VI, sino que es imposible que alguien los encuentre, pues gran parte de ellos han sido eliminados del mismo (en internet hay muchos estudios y cuadros comparativos donde puede verse qué se eliminó, qué se cambió y qué se creó ex profeso para incluirlo en el nuevo Misal).

Finalmente, vuelve a acusar injusta y temerariamente a todos los fieles que asisten a la Misa Tridentina de rechazar a la Iglesia y a sus instituciones. ¿Qué significa realmente dicha frase? Los fieles que van a la Misa Tridentina... son Iglesia. La Iglesia está formada por todos los fieles católicos, vivos y difuntos, con Cristo a la cabeza. ¿Quién se rechaza a sí mismo?

La siguiente afirmación es de antología:
"Es para defender la unidad del Cuerpo de Cristo que me veo obligado a revocar la facultad concedida por mis predecesores. El uso distorsionado que se ha hecho de ella es contrario a las razones que les llevaron a conceder la libertad de celebrar la misa con el Missale Romanum de 1962".
Para uso distorsionado, el que este documento hace de las intenciones y documentos de todos los Papas hasta el actual: la Misa Tridentina, Gregoriana, Apostólica o tradicional (como se la quiera llamar), no es una concesión de los dos inmediatos predecesores del Papa actual, como él mismo reconoce en este mismo motu proprio, aunque luego se contradiga, sino un derecho concedido a perpetuidad desde que San Pío V promulgara el Misal Romano según el Concilio de Trento hace casi medio milenio. Las razones que llevaron a Juan Pablo II y Benedicto XVI a RECONOCER (no conceder) que nadie había abrogado el Misal de San Pío V, y a su legítimo uso por parte de cualquier sacerdote o fiel católico, nada tiene que ver con ninguna unidad del Cuerpo de Cristo, que rompen, fundamental y sistemáticamente, quienes no creen o rechazan la Fe católica.

Conclusión: que como bien dice el motu proprio, la decisión de limitar la Misa Tridentina y la creciente asistencia de fieles a la misma (asistencia no impuesta, sino voluntaria), se debe a lo siguiente:
"Respondiendo a vuestras peticiones [la de un número ínfimo de obispos que odian el Rito Romano de siempre, porque ni lo conocen, ni sabrían oficiarlo], tomo la firme decisión de derogar todas las normas, instrucciones, concesiones y costumbres anteriores al presente Motu Proprio".
El documento deja bien claro que se refiere a las de Juan Pablo II y Benedicto VI, no a las de Pablo VI ni a las conciliares, que también son anteriores a este motu proprio.

Por último, afirma que...
"...tras el Concilio de Trento, San Pío V derogó todos los ritos que no podían presumir de una antigüedad probada, estableciendo un único Missale Romanum para toda la Iglesia latina".
Bueno, en realidad San Pío V no hizo tal cosa. La intención del Concilio de Trento era impedir y/o erradicar el error y la herejía, por lo que los libros litúrgicos recientes, de los que se sospechaba que podían contener errores o herejías, fueron eliminados, mientras que todos los demás ritos fueron permitidos: el visigótico, el ambrosiano, el bracarense, el dominico, el cartujo, etc. Y el Rito Romano se remontaba en Roma a los tiempos apostólicos, permaneciendo prácticamente invariable desde San Gregorio Magno (s. VI). San Pío V no se inventó nada: sólo codificó en el Misal el Rito Romano ya existente y lo promulgó para que cualquiera pudiera usarlo libremente, pero no obligatoriamente como rito único (se podían seguir usando los otros ritos, y así se hizo desde entonces).

La frase que viene a continuación parece escrita por Perogrullo:
"Durante cuatro siglos, este Missale Romanum promulgado por san Pío V fue, pues, la principal expresión de la lex orandi del Rito Romano".
En realidad son cuatro siglos y medio hasta el día de hoy (algunos se han quedado congelados en los años 60 del siglo XX). Además, el Missale Romanum no era "la principal expresión de la lex orandi del Rito Romano", sino su ÚNICA expresión, al igual que la ÚNICA expresión de la lex orandi del Rito Visigótico era su propio Misal, y del Rito Ambrosiano, el suyo propio, etc.

La supuesta función "unificadora" en la Iglesia que pretende este documento, en el pasado no supuso eliminar ni perseguir las demás expresiones litúrgicas legítimas, ni nadie ha dicho nunca que dichas expresiones no fueran lex orandi (¿qué iban a ser y qué son, si no?). Está meridianamente claro que la unidad que pretende restablecerse en toda la Iglesia de rito romano no es tal: se busca uniformidad, no unidad; y no de acuerdo con el Concilio Vaticano II, ni con ningún documento precedente.

Finaliza el motu proprio recordando a los obispos que, como Ordinarios locales, pueden autorizar en sus Iglesias el uso del Misal Romano de San Pío V, que es lo que están haciendo la mayoría de ellos desde que se publicó este motu proprio, de acuerdo con el deseo del Papa Francisco de "prever el bien de quienes están arraigados en la forma de celebración anterior". Evidentemente, en aquellos lugares donde hay grupos de fieles que asisten a la Misa Tridentina, pues donde no hay fieles ni nadie lo pide, no hay nada que autorizar, ni que prohibir. Se insta a los obispos a no erigir nuevas parroquias personales, a pesar del deseo y voluntad de los fieles que forman el «santo Pueblo fiel de Dios», que hará necesario en un futuro no muy lejano, debido a su aumento, la erección de nuevas parroquias personales, o la vuelta a las parroquias normales en aquellos lugares en los que se haya sacado de las mismas, tarea que probablemente corresponderá establecer a un futuro Pontífice.

Como conclusión del despropósito que supone el motu proprio y la carta que lo acompaña, y que seguramente explique muchas cosas, aquí van algunos datos:

El nuevo Rito de la Misa (Novus Ordo Missae) entró en vigor el 30 de noviembre de 1969, I domingo de Adviento. Jorge Mario Bergoglio fue ordenado sacerdote 20 días después, el 13 de diciembre de 1969. Por tanto, nunca ha oficiado la Santa Misa con el Misal de Juan XXIII de 1962 (la última edición del Misal de San Pío V).

Es el primer Papa que no ha oficiado jamás la Misa tradicional desde que se promulgara la Constitución Apostólica 'Quo Primum tempore' de San Pío V, el 14 de julio de 1570 (entró en vigor un mes después), que fijaba el Misal del Rito Romano como habían establecido los cánones y decretos del Concilio de Trento.

La Constitución Apostólica 'Missale Romanum', promulgada el 3 de abril de 1969 no abrogó la Constitución Apostólica 'Quo Primum tempore', debido a la declaración de irreformabilidad (sujeta a anatema) contenida en la misma.

Desde los tiempos del Papa San Gregorio Magno (590–604) hasta la interpolación de 'San José' por Juan XXIII en 1962, el Canon de la Misa (y todo el Misal Romano desde 1570) ha permanecido prácticamente inalterado. Todas las revisiones del Misal Romano efectuadas por los Papas posteriores a San Pío V, sólo han afectado a las rúbricas o han reformado el calendario litúrgico, no el Rito del Misal propiamente dicho.

Como puede apreciarse, el actual Papa, además de desconocer la liturgia anterior a la reforma de Pablo VI, tiene una visión muy sesgada -cuando no deformada- de la misma, así como de su historia desde tiempos apostólicos hasta la época en que él fue seminarista (nada menos que la de la revolución "sesenta-y-ochera"), o de lo que los Papas han hecho o dejado de hacer en materia litúrgica (si lo conociera, no afirmaría las cosas que afirma, pues no se corresponden con la realidad). Repito: Francisco es el único Papa en casi medio milenio que jamás ha oficiado la Santa Misa Tridentina ni siquiera cuando era un simple cura. Y ya se sabe: ¡no se puede amar lo que no se conoce!

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